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Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

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Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por Maga el Mar 14 Feb - 20:53

Iniciamos con esta nueva lectura, pero primero quiero agradecer a las que siguen el club de lectura. Mil gracias por estar presente. TIERNO1  
Les recuerdo que las que sigan las lecturas ganaran medallas y puntos. 


Por favor pasen y lean las normas del club  aquí




Esta lectura estará a cargo de @julietmo 







PD: pronto se abrirá propuesta para lecturas del mes de marzo. 


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Maga

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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por berny_girl el Miér 15 Feb - 22:36

Voy a tratar de seguir el hilo con esta historia... Y no desaparecer como la primera
Cuando inicia?


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por Maga el Jue 16 Feb - 15:38

ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN 



Bienvenidas a todas, @julietmo se presentará a partir de mañana, por ello presentaré la lectura. Primero que nada unas cuantas informaciones.

1. Me he dado cuenta que a muchas les cuesta seguir día a día los comentarios de la lectura. Por ello decidí que en Marzo solo leeremos un libro para probar como nos va y así no sea tan pesado. 

2. RECUERDEN que deben dejar un comentario de su opinión con respecto a los capis leídos para cada día. No pueden solo dejar un gracias o tres palabras, ya que se deben ganar los puntos y medalla, pero si los comentarios son solo: "gracias" o "que lindo" "que triste"; los mismo no serán tomados en cuenta. No pido que comenten un testamento pero si algo razonable.  

3. Al final de cada lectura la moderadora revisará el tema completo y publicará la lista de las lectoras que ganen los puntos y medallas. 

4. Ya está abierto el tema para las propuestas para el mes de marzo pasen AQUÍ para dejar su propuesta. 


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por Maga el Jue 16 Feb - 15:40

El cronograma lo llevaremos así. 


16 febreroBienvenida – Capi 1
17 febreroCapi 2 y 3
18 febreroCapi 4 y 5
19 febreroCapi 6 y 7
20 febreroCapi 8 y 9
21 febreroCapi 10 y 11
22 febreroCapi 12 y 13
23 febreroCapi 14 y 15
24 febreroCapi 16 y 17
25 febreroCapi 18 y 19
26 febreroCapi 20
27 febreroCapi 21
28 febreroCapi 22
1 marzoCapi 23
2 marzoCapi 24
3 marzoCapi 25
4 marzoCapi 26
5 marzoCapi 27 + epilogo


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Sinopsis

Mensaje por Maga el Jue 16 Feb - 15:44



Sinopsis 

Cuando Lily Jacobs nació, heredó a Fazire, un genio. Su familia tenía tres deseos y solo habían usado uno, por lo que Fazire estaba atrapado en el mundo humano. Esto funcionó ya que él se había vuelto un miembro más de la familia.
Pero incluso con un genio, la joven vida de Lily no fue perfecta. Para escaparse de los chicos haciéndola miserable en la escuela, se enterró en las novelas románticas. Hasta que un día, cuando los chicos se burlaron de ella, Lily pidió un deseo:
—Un día, desearía encontrar un hombre como el de mis libros. Tiene que amarme, más que a nada en el mundo. Lo más importante de todo, tiene que pensar que soy hermosa. Tiene que ser alto, apuesto, viril, feroz, inteligente, rico y trabajador. Tiene que ser duro y frío, y quizás un poco malo con un corazón roto que tendría que reparar o uno cubierto de hielo que tendría que derretir, o mejor aún… ¡ambos! No te olvides que tiene que amarme más que a nada en la tierra… y aparte, ¡que piense que soy hermosa!
Nathaniel McAllister tuvo una vida llena de drogas, crimen y abandono. Estuvo haciendo recados para un gánster antes de ser adolescente, y a pesar de que la vida y el trabajo duro lo condujeron a la riqueza y la respetabilidad, siempre supo, profundamente, que estaba sucio. Cuando Nate conoció a Lily, supo que no era bueno para ella, pero Nate tampoco era rival para la atracción dulce e inocente de Lily.
Lamentablemente, el deseo de Lily también incluyó que tenían que pasar por pruebas y tribulaciones para poner a prueba su amor. Y Fazire no solamente era un muy buen genio sino que amaba a Lily, así que le dio exactamente lo que quería.


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Capítulo 1

Mensaje por Maga el Jue 16 Feb - 15:55

Parte 1


1
Sarah, Fazire y Rebeca




Abril de 1943


Sarah leyó el telegrama en su mano otra vez y suspiró.
Sólo se permitiría un suspiro. No tenía sentido preocuparse por lo que no sabía. No todavía, de todos modos. Eso es lo que Jim le diría. Tenía suficiente por lo que preocuparse hoy. Se permitiría preocuparse por ello mañana. O tal vez al día siguiente. O tal vez (lo que esperaba) no había nada de qué preocuparse en absoluto.
Caminó por la casa que Jim le había construido con sus propias manos, bueno, la mayor parte de todos modos. Una dulce, un poco llena de rincones, casa de piedra caliza de Indiana rodeada por diez bellamente exuberantes hectáreas. Justo en el patio delantero había un gran estanque. Cada ventana, a pesar de que la casa estaba muy lejos de ser lo suficientemente grande para quedarle bien, era de losas de mármol. Jim había querido que ella tuviera algo espectacular y elaborado. La única parte en la que pudo darse el lujo de hacerla elaborada con el sueldo de un maestro eran esas losas de mármol italiano, y maldición, él las consiguió para ella.
Entró en la habitación del fondo, se acercó a la cuna y se quedó mirando a Rebecca que estaba tomando su siesta de la tarde. Sus labios de bebé se fruncieron en un ceño dulce como si ella también supiera el contenido del telegrama.
Sarah sintió que las lágrimas se arrastraban insidiosamente hasta su garganta y se las tragó con determinación.
A Jim no le gustaría si lloraba.
Se preocuparía de eso mañana.
Tal vez.

Mayo de 1943

El paquete llegó y estaba tan maltratado que Sarah estuvo segura de que lo que sea que llevara estaría roto y sería inútil.
Esto la molestó muchísimo porque era de parte de Jim.
Sarah pensó que la llegada de este paquete era una buena señal, aunque la carta que había escrito era de hace meses y meses, semanas antes de que su avión hubiera sido derribado sobre Alemania y él desapareciera. Todavía no sabían dónde estaba, si sobrevivió y fue capturado o si estaba luchando para encontrar un camino a casa o si... algo más.
Para su sorpresa, el artículo en el paquete estaba sano y salvo, una bonita botella de aspecto frágil, hecha de un color uva arremolinado y vidrio turquesa. Era elegante, elaborada y espectacular. Tenía una base completa, un tallo delgado que daba lugar a una gran burbuja que entraba en otro tallo delgado y hasta otra, burbuja más pequeña luego un esbelto cuello en la parte superior del cual había un extraordinario tapón retorcido.
Era hermosa.
Jim escribió una carta que iba con la botella y le dijo que la encontró en un mercado en algún lugar de Londres y pensó que simplemente tenía que tenerla.
Jim, como siempre, tenía razón.
A Sarah encantó.
Sin embargo, podría haber sido la pieza más espantosa de bric-a-Brac1 en la tierra y a Sarah todavía le habría encantado.
La puso, en el lugar de honor, en el mueble del comedor.
Cada vez que limpiaba, desempolvaba cuidadosamente la hermosa, exótica, botella frágil.
Y pensaba en Jim.
Y esperaba que estuviera bien y que pronto, viniera a casa.


Diciembre de 1945


La guerra había terminado y muchos de los chicos estaban en casa.
No Jim.
Sarah esperó, pero no hubo noticias.
Llamaba por teléfono, todavía sin noticias.
Ella escribió y no hubo noticias.
Visitó la oficina de guerra.
Sin noticias.
Jim, temía, había desaparecido.
Lloraba mientras desempolvaba la botella, su último regalo para ella, la última cosa que él tocó y que ella también tocaría. Sarah había perdido peso, sus ojos estaban hundidos en su cabeza y ojeras profundas se habían trasladado para quedarse bajo ellos.
Rebecca, de tres años, jugaba en el suelo del comedor mientras a ciegas y no tan cuidadosamente como siempre, Sarah desempolvaba la botella. La frotó frenéticamente, tal vez un poco enojada, casi como si quisiera quitar el color de ella.
El trapo del polvo cayó de su mano y no se dio cuenta. Seguía frotando la botella con sus manos, sus dedos, frotando, frotando, frotándola. Pensó un poco histéricamente que simplemente podría frotarla por siempre.
El tapón se cayó y ni siquiera se dio cuenta.
Rebecca, viendo el bonito tapón, tambaleándose, lo agarró y de inmediato lo puso en su boca.
Pero Sarah no se percató de su hija, ella siguió frotando.
Y luego dejó de frotar porque en un gran puf de humo color uva y turquesa que salió disparado del cuello de la botella, se había moldeado una forma.
La forma era un hombre gordo y de aspecto jovial, vestido con un fez uva con una pequeña, borla turquesa en la parte superior. Tenía un extravagante traje turquesa y uva con un bolero uva bordado y pantalón turquesa ondulante. Los pantalones terminaban en zapatos púrpura que tenían pequeños rizos en las puntas de los pies. Tenía largas bandas de oro fijas en sus muñecas que subían por sus antebrazos, fuertemente incrustadas con piedras preciosas azules y púrpuras y gruesos aros de oro colgaban de sus orejas. Tenía una mata de pelo negro azabache y una barba de chivo negra azabache que apuntaba con arrogancia desde su barbilla. Tenía brillantes ojos marrones inclinados hacia arriba en las esquinas y parecía que estaban delineados con lápiz de ojos negro.
Flotaba en el aire, los brazos y las piernas cruzadas, y la miraba desde su sitio cerca de sesenta centímetros por debajo del techo.
Sarah pensó que finalmente se había vuelto loca. Tal vez, debió haberse preocupado por Jim en el minuto que vino ese horrible telegrama. Tal vez, debió haber dejado de desear, esperar y pensar que todo iba a estar bien para Jim, para Rebecca y, por último, para Sarah. Tal vez, debió haber aceptado la pérdida de su querido Jim, estar sola, dormir sola, comer sola y criar a una niña por su propia cuenta, soltera, con el salario de un maestro. Tal vez, ya que no lo hizo, todo se apoderó de ella a través de los años y la volvió loca.
Porque sólo las mujeres locas veían hombres flotando en su comedor llevando fez, zapatos rizados y barba.
—Usted, mi señora, tiene tres deseos —dijo el hombre.
La boca de Sarah cayó abierta y si hubiera estado mirando, se habría dado cuenta de que Rebecca lo hizo también y el tapón cayó de la boca infantil de Becky y rodó, sin ser visto, bajo el gabinete.
—¿Quién eres? —susurró Sarah.
—Soy Fazire. Soy un genio. Y estoy aquí para concederte tres deseos —afirmó grandiosamente y, más bien, pomposamente.
Sarah miró fijamente. Luego cerró los ojos y negó con la cabeza mientras murmuraba para sí:
—Me he vuelto loca.
—No se ha vuelto loca. Soy un genio. Estoy aquí…
—¡Escuché lo que dijiste! —espetó Sarah al genio asombrado, luego se inclinó y levantó a su niña del suelo y sostuvo a Becky protectoramente contra su cuerpo tembloroso. Retrocedió lentamente, susurrando—: Vete.
—Soy Faz… eh, ¿qué? —empezó a decir con su voz exagerada de genio pero tartamudeó deteniéndose por sus palabras. Nadie le había dicho alguna vez que se fuera.
Nunca.
Por lo general, estaban muy felices de verlo y eran bastante rápidos con sus deseos. Gran riqueza que él podía hacer, en un chasquido, literalmente. Larga vida, un poco más difícil, y la vida eterna no se le permitía en el Código del Genio. Venganza, no le gustaba hacer eso, pero un deseo era un deseo. Y así.
Pero nunca nadie le había dicho que se fuera.
Jamás.
Y nunca nadie le había gritado.
A menos, claro, que desearan algo tonto y se volviera contra ellos, pero eso no era culpa de Fazire.
Lo intentó de nuevo.
—Tienes tres deseos. Tus deseos son mis órdenes.
Ella todavía estaba retrocediendo. Y parpadeando. Mucho. Cada vez que ella cerraba los ojos y luego los volvía a abrir, parecía que se sorprendía al verlo.
Entonces salió corriendo de la habitación.
Él flotó tras ella, repitiendo una y otra vez las muchas declaraciones de introducción que le habían enseñado en la Escuela de Entrenamiento de Genios. Lo estaba ignorando. Tanto así que, horas más tarde, ella empacó sus maletas, llevó a la linda niña con ella, se metió en su auto y se marchó.

Dos días después


Sarah se acercó con cautela a su bonita casa de piedra caliza. Parecía tranquila y normal.
Ella y Rebecca se habían quedado con su madre. Sarah había despotricado, e incluso, de alguna manera para su horror, pero no pudo evitarlo, blasfemado.
Luego había llorado, un día y una noche completos.
Y luego había dormido mientras su madre se ocupaba de su hija.
Y ahora estaba en casa.
Y su corazón estaba roto.
Porque sabía que Jim nunca estaría en casa.
Y decidió que si Hitler no estaba muerto ya, lo cazaría por sí misma y retorcería su tonto y pequeño cuello.
Invadir Polonia, ¿qué clase de idea tonta fue esa? ¿No sabía el problema que causaría? Tantas vidas, destruidas. Familias enteras, desaparecidas.
Y Jim, el vital, fuerte, alto, inteligente y maravilloso Jim. Él nunca jugaría de nuevo tenis como estaba haciendo la primera vez que lo vio.
Nunca cambiaría de nuevo el suelo rico y oscuro en el jardín. Nunca le ofrecería uno de sus deliciosos tomates de Indiana. Nunca la sostendría en sus brazos. Nunca posaría sus ojos en su hermosa hija.
Tenía que culpar a alguien así que culpaba a Hitler. Era, por supuesto, el culpable de muchas cosas y Sarah estaba feliz por su religión (aunque había maldecido a Dios sólo el día anterior). Estaba feliz por ella porque su religión significaba que podía visualizar, felizmente, a Hitler extendido sobre un pozo de carbón, girando en un asador, asándose en agonía por la eternidad.
Independientemente de sus pensamientos vengativos, Sarah todavía estaba cansada, inmensamente triste y siempre y para siempre rota, tal era su amor por Jim.
Pero, pensó, ya no estaba tan loca como para ver genios flotando en su casa.
Apenas abrió la puerta y entró con su hija en el interior, cuando el genio flotó hacia adelante y algo malhumorado gritó:
—¿Dónde has estado?
Ella se sobresaltó y luego se volvió para ir directamente hacia la puerta de nuevo.
—¡No, no te vayas! Sólo dame tus tres deseos, luego voy a concederlos y volver a la botella. —Ella vaciló y el genio siguió—. Así es cómo funciona. Vuelvo a la botella. Pones el tapón y luego me regalas, o vendes… o lo que sea. Sólo no puede ser a un miembro de tu familia de sangre o a un amigo y no puedes decir a nadie lo que hace la botella. Tengo que ir a alguien que no conozcas y no pueden saber lo que hago. Y nunca puedes decirle a nadie que estuve aquí o mil maldiciones caerán en tu línea de sangre para siempre. Esas son las reglas.
Sarah nunca había pensado que los genios tendrían reglas. Nunca había pensado que existían los genios en absoluto.
No, sacudió la cabeza, todavía no pensaba que los genios existieran en absoluto.
Fazire la observó y se dio cuenta de que todavía no iba a creer en él.
Cansado, porque por lo general su tarea le llevaba cerca de cinco
minutos, no días (las personas sabían exactamente qué desear y no perdían el tiempo en conseguirlo), dijo:
—Sólo desea algo, te voy a mostrar lo que puedo hacer.
Sarah no lo dudó.
—Quiero a Jim de vuelta.
El cuerpo de Fazire levitó hacia abajo unos sesenta centímetros al ver el crudo dolor en su rostro.
Por arte de magia, por supuesto, sabía exactamente lo que ella deseaba y sacudió la cabeza.
Eso, por desgracia, así como la paz mundial y la erradicación de toda enfermedad, pobreza, ignorancia, fanatismo (que también era simplemente ignorancia), peste, plagas, bla, bla, bla, no podía hacerlo.
Esas eran las reglas. Las Grandes Reglas en el Código del Genio que nadie rompía.
El Jim que podría traer de vuelta, si rompía las reglas, no sería el tipo de Jim que ella realmente quería de vuelta.
—¡Quiero a Jim de vuelta! —gritó cuando Fazire no respondió—. ¡Deseo que mi Jim regrese! Eso es lo que deseo. Eso es todo lo que deseo… que Jim regrese.
Después de que ella le gritara, su voz mitad dolor, mitad un grito apasionado, se desplomó en el suelo y acunó a su niña en sus brazos, meciéndola de un lado a otro cuando los labios de la linda y pequeña niña comenzaron a temblar de miedo ante el ataque de nervios de su madre.
Fazire se encontró flotando más abajo del piso (no le gustaba flotar bajo y hacía años desde que sus pies tocaron la tierra en realidad, la sola idea le hizo estremecerse de asco). Aun así, algo en ella obligó a Fazire a acercarse.
—Mujer, no puedo hacer lo que me pides, tu Jim se ha ido —le dijo suavemente—. No lo puedo traer de vuelta. Debes desear otra cosa.
Ella sacudió la cabeza en silencio.
—¿Fama, tal vez?
Más meneos de cabeza.
—¿Riquezas más allá de tus sueños más salvajes?
Aún sacudió su cabeza.
—¿Buena salud? —intentó Fazire.
Ella se limitó a sacudir la cabeza, todavía sosteniendo a su hija cuidadosamente y meciéndola hacia atrás y hacia adelante.
—Sólo quiero a Jim. —Su voz salió rota y Fazire estaba confundido. No se había encontrado con este tipo de humano antes. Por lo general, sólo veía los codiciosos o los que se volvían codiciosos, avariciosos y odiosos en el momento en que se daban cuenta de que podían tener cualquier cosa que desearan.
Esta era una experiencia completamente nueva para Fazire.
No sabía qué hacer. Pensó en volver a su botella y canalizar al Magnífico Gran Genio Número Uno para preguntar, en lugar de eso, Fazire siguió sus instintos.
Y, a medida que los años pasaron, hubo muchas veces cuando pensó que lamentaría esto, pero en realidad, fue lo mejor que nunca hizo en su muy larga vida de genio.
Él extendió la mano y acarició su lindo cabello blanco-dorado.
Nunca había tocado a un ser humano en sus cientos y cientos de años.
Para su completa sorpresa, ella giró la cara en su mano y frotó su mejilla contra su palma.
—Lo extraño —susurró.
—Lo sé —susurró él en respuesta, a pesar de que no sabía porque nunca había extrañado a nadie, pero podía notarlo por el horrible tono de su voz.
—Voy a darle mis deseos a Rebecca —dijo en voz baja.
Fazire se echó hacia atrás unos centímetros y miró fijamente a la niña pequeña.
—¡Pero apenas puede hablar! —objetó Fazire.
Sarah se puso de pie, dejó a la niña gatear en alguna dirección infantil con alguna desconocida intención infantil en mente mientras, con horror, Fazire la observó marcharse.
Entonces Sarah se enderezó, cuadró los hombros y miró a Fazire.
—Bueno, creo que vas a estar por aquí por un tiempo —dijo en voz baja.


Julio, muchos años después


Fazire estaba tomando el sol en el patio delantero sosteniendo el espejo de tres paneles con respaldo de cartón, que Sarah consiguió para él, bajo su barbilla para tener acceso doble de sol en su rostro. Los rayos de oro centelleaban felizmente fuera del estanque y hacía más calor que las bisagras del infierno y Fazire sabía que esto era cierto. Había tenido un amigo que visitó a uno de sus amos en el infierno y le había descrito el calor excesivo a Fazire durante una canalización, y el calor húmedo de Indiana en julio sonaba exactamente como lo que describió su amigo.
Él había estado allí años y ni Sarah ni Becky habían utilizado un solo deseo, ni habían mostrado ningún signo de hacerlo.
Al principio, la mayoría de sus amigos genios pensaron que esto era hilarante, Fazire estando atrapado con una familia en un pequeño pueblo agrícola en Indiana, de todos los lugares, y se burlaron de él.
Fazire, caminando sobre el suelo como los simples mortales.
Fazire, vestido con ropa de verdad como los humanos hacían.
Fazire, comiendo muffins de arándanos y pastel de fresas al igual que las personas.
Fazire, consiguiendo una media llena de golosinas en época navideña.
Fazire, llevando a su joven Rebecca en el autobús a los juegos de béisbol (A Fazire le gustaba… no, amaba el béisbol y Becky absolutamente vivía por ello).
Entonces Fazire les explicacó cómo sabían los muffins de arándanos caseros, recién salidos del horno y untados en mantequilla de verdad. También entró en gran detalle acerca de lo que recibió en su media. Y podría deshacerse en elogios sobre un grand slam home run2 por más de quince minutos.
Cuando les contaba estas historias, sus amigos genios se ponían un poco más tranquilos cuando se burlaban. Luego se ponían celosos. Entonces se sentían cómodos y no podían esperar a que Fazire canalizara para contarles lo que estaba planeando.
Y Fazire siempre estaba tramando algo, por lo general con Becky.
Fazire se inclinó a su izquierda y tomó la toalla húmeda, el vaso transpirando de dulce Kool-Aid, con sabor a uva, su bebida humana favorita, hay que aclarar que en el verano; le encantaba el chocolate caliente de Becky con esponjosos malvaviscos fundidos en la cumbre cuando era invierno. Sorbió un gran trago del vaso frío y divisó a Becky caminando hacia él.
Ella era redonda y jovial, al igual que él, y muy alta. También era encantadora con bonitos ojos verdes y el cabello blanco-dorado de su madre. Fazire, aunque no lo admitiría en voz alta a nadie, genio o humano, pensaba en ella un poco como su hija. Él había ayudado a criarla a su manera, si meterla en problemas y persuadirla a hacer cosas traviesas la criaba, lo que Fazire prefería pensar que hacía.
Ahora ella era fotógrafa a tiempo parcial (había ganado algunos premios e incluso le había enseñado a Fazire cómo tomar fotos) y estaba casada con Will Jacobs que pensaba que el sol salía y se ponía en ella.
A Fazire le agradaba Will. Éste se había mudado con ellos en lugar de alejar a Becky de ellos y Fazire aprobaba esto. Descubrió que le gustaba mucho tener un montón de gente alrededor de la casa y un montón de conversación y más comida en la mesa. Will era un poco intenso, pero sólo de la mejor manera. Amaba profundamente, pensaba más y se preocupaba más por las personas que, bueno, casi más de lo que Sarah y Becky hacían. También podía guardar bastante rencor así que Fazire trataba de permanecer en su lado bueno.
Y sabía lo que era Fazire y no le importaba ni un poco.
Y, por último, le gustaba el béisbol.
Sí, Will estaba bien en el Libro de Fazire y Fazire, de hecho, tenía un libro.
Becky saludó a Fazire y luego se desplomó en el césped al lado de él. Iba descalza y llevaba un bonito vestido. Sonrió con esa sonrisa peculiar y dulce, que casi te quitaba el aliento. A ella también le gustaba el sol, al igual que a Fazire, y solía pasar horas fuera en los veranos asándose.
—Buen día, señora Becky —saludó Fazire con descaro.
—Deja de llamarme así —dijo ella, pero no de una manera desagradable. De hecho, tenía una sonrisa en su voz. Él sólo la llamaba así porque le molestaba y ella era muy fácil de molestar. Y a veces, cuando ella estaba harta de ser molestada, la hacía sonreír o reír e incluso el mejor deseo hecho de Fazire era nada comparado a una de las sonrisas o risas de Becky.
Ella era su señora y él trataba de explicarle esto tan a menudo, que perdió la cuenta.
—Te estás volviendo marrón —observó ella, bajando la mirada al cuerpo bien bronceado, aceitoso y muy redondeado de Fazire expuesto por el traje de baño.
—¿Quieres ir a nadar? —preguntó esperanzado. Él y Becky habían ido a nadar en el estanque más veces de las que podía recordar. Y hoy, un día tan caluroso, sentía que era la idea perfecta.
Ella se puso de lado y sacudió la cabeza. Él se dio cuenta por primera vez que algo estaba en su mente.
Arrojó a un lado su espejo reflejante de sol y se puso de costado también.
Cuando Becky tenía algo en mente, Fazire siempre estaba allí para escuchar.
No dijo una palabra. Él sólo esperó.
—Fazire… —empezó y luego apartó la mirada—. Tengo miedo incluso de preguntar —susurró.
—Puedes preguntar cualquier cosa, Becky. —Y era verdad. Él no sabía mucho y ella lo comprendió hace años, teniendo en cuenta que era muy inteligente, se dio cuenta de que él pasó la mayor parte de su existencia viviendo en una botella de dos pisos, pero él haría todo lo posible.
Ella asintió y lo miró de nuevo, sus ojos verdes cálidos pero, de hecho, asustados.
—Will y yo hemos estado tratando de tener un bebé durante años.
—Lo sé. —Fazire asintió sabiamente, había hablado con él acerca de esto antes. Ella habló con Sarah de ello también. Había intentado e intentado tener un bebé, pero cada vez que lo intentaba, lo perdía. A veces esto era doloroso, a veces sangraba. Mucho. A veces, no, en realidad cada vez, era muy aterrador para Will, Sarah y Fazire.
La pérdida de un bebé siempre la entristecía y era peor y peor cada vez.
—Quiero tener un bebé —dijo apurada, casi como si tuviera miedo de las palabras, miedo de la esperanza, de desear—. No voy a ser codiciosa, sólo uno. No me importa si es un niño o una niña. Ni siquiera tiene que ser perfecto, simplemente alguien a quien amar, alguien que Will y yo hagamos, alguien…
Fazire siguió callado.
Todos estos años…
—¿Estás pidiendo un deseo, Becky?
Ella lo miró con cuidado, en silencio, luego asintió.
No podía creerlo, después de todos estos muchos, muchos años. Era mayor que la mayoría de las mujeres que tenían bebés en estos días, pero este, este era un deseo que podía conceder.
Él le sonrió y extendió la mano y tocó su vientre.
La miró directamente a los ojos y dijo:
—Tus deseos son órdenes para mí.
Pero Fazire no hizo exactamente lo que dijo.
Él la hizo perfecta.
La hizo brillante, divertida y muy, muy talentosa.
La hizo dulce, atenta y muy, muy comprensiva.
La hizo generosa, amable y muy, muy cariñosa.
Decidió no hacerla hermosa, al menos no al principio, porque ella debía conocer la humildad y no crecer con presunción.
Aunque, se convertiría en una belleza, una espléndida belleza incomparable.
Sólo que… después.

1 Bric-a-Brac: Objetos pequeños, usualmente ornamentales, valiosos por su antigüedad, rareza, originalidad, o asociación sentimental.
2 Término utilizado en béisbol, un home run con las tres bases llenas.


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Jue 16 Feb - 16:34

ME UNO....
MMMM QUE HIZO fAZIRE???






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por Walezuca Segundo el Jue 16 Feb - 17:01

Genial este no lo he leído, así que me uno !!! Smile


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Jue 16 Feb - 17:10

Ay qué lindo!!!! No entiendo qué es lo que estoy haciendo mal para no conocer estos libros, con el de Archer me pasó lo mismo, había escuchado sobre él, y no le presté atención...  
Y me estaba perdiendo de una historia hermosa!!! 

Dejando de divagar... Primer capítulo y ya puedo decir que me encanta!! 

Sentí la desesperación y tristeza de Sarah por querer de vuelta a Jim!! 

Y Fazire, creo que sí a mi me saliera un genio, al principio reaccionaría igual de desconcertada e incrédula, supongo que todos en realidad reaccionarían así, salvo que lo esperaran

El que Sarah decidiera dárselo a Rebeca, fue genial, y que después de tanto tiempo, convirtiendo a Fazire en parte de su familia, el deseo que pida sea tan tan del corazón me encantó!!  La desesperación y angustia de intentar una y otra vez y de igual modo perder a todos los bebés, por Dios!!  Mala suerte Cuánta fortaleza!!

Es un deseo muy bien pedido!!   Y ya siento que adoro a Fazire!! 
Creo que no hace falta aclarar que me recontra uno a esta lectura también!! 



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por mariateresa el Jue 16 Feb - 18:32

MUY TRISTE LA FORMA EN QUE LLEGO EL FAZIER, QUE BECKY NO HAYA CONOCIDO A SU PADRE POR LA GUERRA PERO TAMBIÉN LE HIZO COMPAÑÍA A SARA.
GRACIAS LO ENCONTRÉ MUY TIERNO... 



HABÍA ESPERADO ESTE LIBRO POR UN PEQUEÑO TIEMPO ME ENCANTA ESTA ESCRITORA


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por Artemiza Fernández el Jue 16 Feb - 19:46

en verdad me sorprendió, no soy de gran gusto por la literatura fantasiosa, pero me gusto la trama, creo que mezcla drama con comedia.
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Artemiza Fernández

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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por marilorem el Jue 16 Feb - 23:12

Gracias
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marilorem

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Capítulo 2

Mensaje por Maga el Vie 17 Feb - 13:20

2

Fazire y Lily
Octubre, muchos más años después

Fazire observó a Lily empujar su bicicleta a través del sendero que estaba inundado con los vibrantes colores del otoño que tanto le gustaban en Indiana.
Él fruncía el ceño y lo hacía porque veía que Lily estaba triste.
No le gustaba que Lily estuviera triste pero ella lo estaba la mayor parte del tiempo en estos días.
Ella nunca solía estar triste.
Era muy amada, tan amada, que en el minuto en que nació (bueno, un par de horas más tarde, porque afortunadamente Fazire no había estado presente en el nacimiento, había escuchado historias sobre eso y sintió que su ausencia fue un deseo concedido a él), Becky le había dado sus dos últimos deseos a su nueva hija.
Lily era muy inteligente, caminó antes de que lo hicieran otros bebés, habló antes que los demás. Después, aprendió a leer antes de que lo hicieran los otros niños. Ahora estaba dos grados por delante de los otros niños en la escuela, era muy inteligente.
Y era sumamente vivaz, feliz, sonriente y amorosa. Un abrazo de Lily y todo tu mundo se volvía dorado. Ella daba los mejores abrazos.
Y el minuto que pudo encadenar tres palabras juntas, comenzó a contar historias. Y eran siempre las mejores historias… siempre.
Si hablaba sobre algo que realmente sucedió, podría hacer que el acontecimiento más mundano fuera entretenido. Pero era incluso mejor cuando inventaba historias desde cero, ésas eran absolutamente lo mejor de lo mejor.
Y era divertida. Podía hacer que incluso la anciana Kravitz riera y la anciana Kravitz nunca reía.
Todo el mundo amaba a Lily, incluso la anciana Kravitz.
Hubo una gran cantidad de amor. Lily era, simplemente, perfecta.
Excepto…
Fazire tuvo que admitir que había cometido un pequeñito, pequeño error cuando curó la matriz de Becky y la hizo fértil y determinó el deseo que sería Lily.
Tendría que haberla hecho convertirse hermosa un poco más rápido.
O, por lo menos, bonita.
Él utilizó la excusa ante sí mismo de que no lo sabía.
Había sido creado por el Divino como un genio en plena madurez. Entonces había ido a la Escuela de Entrenamiento de Genios en donde tenías que prestar atención porque si no lo hacías y estropeabas un deseo o no seguías el Código del Genio, bien, no soportaba pensar en las consecuencias.
Fazire nunca había ido a la escuela humana. No sabía lo crueles que los niños podían ser.
Y Lily, aunque no era fea, era simple. Y siendo tan inteligente hacía que los otros niños pensaran que era extraña. Y se reían de ella.
Sarah, Becky y Will se preocuparon por Lily. Bueno, Sarah y Becky lo hacían, esto hizo que Will se volviera más loco que los Dickens3 (ésta, una frase Sarah le había enseñado y Fazire todavía no sabía cuáles “eran los dickens” pero se imaginó que era bastante malo por la forma en la que lo dijo Sarah).
A medida que fueron pasando los años de escuela, más veces Lily llegaría a casa como lo hizo hoy.
Triste.
Él se ocultó mientras ella entraba en la casa (como lo hacía la mayoría de los días) y la observó disimuladamente robar las tres barras de caramelo Baby Ruth (nombradas así por uno de los héroes de Fazire, Babe Ruth, gran jugador del béisbol que estaba casi tan redondo como Fazire).
Ella recogió su siempre presente libro (otro de un centenar de novelas de romance que sabía que ella leyó) y volvió a salir de la casa. Fazire la miró caminar por el inclinado césped para esconderse en los árboles en el fondo junto a la curva del carril cubierto con grava.
Él sabía exactamente lo que ella haría. Comería las barras de caramelo. Podría incluso robar algunas más. Entonces tendría una gran cena y un postre. También, tal vez, robaría algo más para comer antes de que se fuera a la cama.
A Fazire le gustaba su comida pero a Lily no. Ella no comía porque le gustara, comía porque… bueno, Fazire no sabía por qué.
Y Lily se estaba volviendo rechoncha. No se estaba volviendo más rechoncha, ella estaba más que rellenita.
Y leía esos libros como, bien, él sabía el porqué porque Becky le dijo. Eran su escape.
De alguna manera, Fazire sabía, que esto era todo debido a los niños en la escuela.
Ahora era la primera vez que él deseaba que una de sus dueñas pidiera venganza. Si alguna vez oía a uno de los niños diciéndole cosas crueles a ella como lo que Will le dijo a Fazire que probablemente estaban diciendo, puede ser que cumpliera un deseo para sí mismo (lo cual estaba prohibido en el Código del Genio) y al diablo las consecuencias.
Estúpidos, ignorantes, niños celosos.
Esperó hasta que ella comió las barras de caramelo y ocultó las envolturas como sabía que hacía, entonces caminó para unirse a ella.
Estaba sentada en una cama de secas hojas caídas de colores rojo, marrón, amarillo y anaranjado, algunas incluso tenían cuatro colores, en una sola hoja. Su espalda estaba recargado contra el tronco de un árbol. Su rubia blanca cabeza estaba inclinada sobre su novela romántica.
Pero no estaba leyendo, estaba llorando.
—¿Qué sucede, Lily? —preguntó en voz baja Fazire.
Ella saltó y lo miró fijamente, las lágrimas brillando húmedas en su rostro.
—¡Fazire! —Intentó ocultarlo detrás de su sonrisa pero era inestable. La había visto poner su máscara de falsa felicidad cientos de veces pero él la atrapó antes de que pudiera ponerla firmemente en su lugar.
—No intentes esconderte de mí, niña Lily. Es Fazire con quien estás hablando. Lo sé todo —afirmó pomposamente con su mejor voz de genio-de-una-botella.
Para su sorpresa, ella no hizo una broma u otro intento de ocultarlo. Estalló en incontrolables, temblorosas lágrimas de niña de catorce años de edad.
—Oh, Fah… Fah… Fazire. Fue horrible.
Sin dudarlo, se sentó al lado de ella en las hojas (oh, sus amigos genios simplemente estarían aterrorizados de él poniendo su trasero más grande en la tierra de los genios en una cama de hojas muertas), tiró de ella en sus brazos y la dejó llorar.
—Háblame sobre eso Lily. Sácalo. Tu abuela me dijo que no quería hablar de su Jim desaparecido en la guerra y debió haberlo hecho inmediatamente cuando supo lo que sucedió. No lo guardes, mi amor. ¡Sé sobre todo lo que se guarda!
Ella se rió un poco y sacudió la cabeza, consiguiendo ponerse bajo control.
—Es una tontería, Fazire. —Intentó ser valiente pero no tuvo éxito—. Simplemente, un muchacho en la escuela dijo algo sobre mí… sobre, bueno, sobre mí siendo gorda. —Se estremeció un poco y continuó mirando la tierra.
—¡Tú no estás gorda! —exclamó Fazire indignado aunque, no era exactamente cierto, ella estaba más allá de rechoncha pero nunca la describiría como gorda.
Sus ojos se movieron a los suyos y su boca hizo algunos movimientos divertidos, como si no supiera si reír o llorar.
—Estoy gorda, Fazire —dijo en voz baja, y luego sacó los envoltorios de dulces Baby Ruth del bolsillo de sus vaqueros y se los mostró.
—Ay, pequeña Lily —regañó e hizo un poco de magia de genio, magia que le era permitida, a nadie le gustaba la basura, ni siquiera a los genios, y con un chasquido de dedos las envolturas se habían esfumado.
Ella le observó la mano. Sabía que él era un genio, pero siempre era un poco sorprendente confrontar la magia, incluso aunque ya lo hubiese visto una docena de veces.
—¿Quieres usar uno de tus deseos para que así pueda hacerle algo a ese chico? ¿Ponerle cuernos y una cola? ¿Hacerlo tan grande como un dirigible? —preguntó Fazire esperanzado.
Negó con la cabeza, definitivamente su boca se estaba moviendo del modo de esa sonrisa peculiar que había heredado de su madre.
Sus ojos, siempre habían sido bonitos sin importar lo que los demás dijeran (eran azul pálido en el interior del iris, y oscuros, ahumados, azul medianoche en los bordes) se volvieron reflexivos. Fazire creía que sus ojos eran sorprendentes y encantadores, y Will juraba que venían de su lado de la familia, aunque a Fazire le gustaba tomar la mayor parte del crédito por todo lo que era Lily, sólo que no se lo decía a Will. Ahora observó dentro sus extraordinarios ojos y esperó.
—Quiero pedir un deseo —susurró.
Fazire estaba sorprendido.
¡Dos deseos!
Si pedía un deseo sería el segundo usado, dejándola sólo con uno.
Lo que significaba, que si utilizaba el último tendría que desaparecer.
—Lily, piensa en ello, encanto. Piensa en ello antes de desperdiciar uno de tus deseos en un estúpido chico —advirtió sabiamente Fazire, aunque parecía que lo dijo sólo para él.
Ella seguía mirándolo a los ojos.
—El chico que me llamó gorda hoy, me gustaba. Me refiero a que me gustaba de verdad. Es el más guapo de la escuela. El más popular. El… —Se detuvo y por algún motivo, recogió su novela romántica que luego se acercó al pecho como un escudo que podría protegerla del mal.
Fazire había leído mucho desde que se convirtió en un genio de alguna manera humano. Sin embargo, nunca había leído una novela romántica. Prefería a Louis L’Amour.
—Fazire, deseo… —empezó.
—Pequeña Lily… —interrumpió, pero era como si no lo escuchara, pues siguió hablando.
—Un día, me gustaría encontrar un hombre como los de mis libros. Tiene que ser igual que en uno de mis libros. Y tiene que amarme, más que a nada en el mundo. Lo más importante de todo, tiene que pensar que soy hermosa.
—Lily, tengo que decirte algo. —Fazire iba a decirle sobre el deseo de Becky y su error, y así dejarla vislumbrar algo, dejarla vislumbrar algo de la incomparable belleza en que se convertiría.
Sobre todo, tenía que detener su deseo ahora. No quería que lo gastara en una idea tonta. Quería que fuera especial, perfecto, que hiciera mejor su mundo, como el que había hecho con el de Becky y Will y, también, de él.
Pero una vez más, no le escuchó. Sus ojos brillaban y estaban fijos en los suyos.
—Tiene que ser alto, muy alto y moreno, de hombros anchos y caderas estrechas.
Fazire la miró. Ni siquiera sabía qué significaba “caderas estrechas”.
—Y tiene que ser apuesto, increíblemente apuesto, imposiblemente apuesto con una fuerte mandíbula cuadrada y pómulos marcados, piel bronceada y hermosos ojos con exuberantes pestañas gruesas. Tiene que ser listo y adinerado, pero muy trabajador. Tiene que ser viril, feroz, despiadado y rudo.
Se estaba aprovechando. No creía que existiera tal cosa como imposiblemente apuesto. O cómo podrían ser unos pómulos marcados, Fazire no lo sabía. Incluso estaba pensando que tendría que buscar “viril” en el diccionario que Sarah le había dado.
—Y tiene que ser duro y frío y quizá algo prohibido, un poquito malo con un corazón roto que tendría que reparar o uno cubierto de hielo que tendría que derretir o mejor aún… ¡Ambos!
Fazire pensó que esto se estaba poniendo un poco ridículo. Era el deseo más complicado que había oído jamás.
Pero aún no había acabado.
—Tendremos que pasar por algunas pruebas y tribulaciones. Algo que ponga a prueba nuestro amor, que lo haga fuerte y digno. Y… y… él tiene que ser atrevido y muy masculino. Poderoso. Que la gente le deba respeto, tal vez que le teman. Debe tener gracia y ser ágil, como un… ¡como un gato! O un león. O algo por el estilo.
Estaba perdiendo el ritmo y Fazire tuvo que admitir que estaba agradecido por ello.
—Y tiene que ser un buen amante —dijo Lily conmocionando a Fazire—. El mejor, uno muy bueno, que casi pueda hacerme el amor con sólo usar sus ojos.
Fazire sintió que se ruborizaba. Tal vez debería echarle un vistazo a esos libros que estaba leyendo y mostrárselos a Becky. Lily era una chica muy lista, afilada como una tachuela (otro de los dichos de Sarah, aunque Fazire no podía imaginarse que una tachuela fuese jamás tan inteligente como Lily) pero era demasiado joven para estar leyendo acerca de cualquier hombre que hiciera el amor con los ojos. Fazire nunca había hecho el amor, jamás, los genios simplemente no lo hacían. Pero estaba bastante seguro de que las chicas de catorce años no deberían estar pensando en ello.
Aunque, estaba equivocado en eso, o al menos Becky se lo diría más tarde.
Entonces Fazire se percató de que había dejado de hablar.
—¿Eso es todo? —preguntó.
Ella pensó un poco, por supuesto no quería dejar nada fuera.
Entonces, asintió.
—¿Segura de que quieres que este sea tu deseo? —preguntó Fazire.
Lo observó directamente a los ojos. Su mirada era sombría y directa.
Entonces volvió a asentir.
—Muy bien —dijo Fazire en un suspiro.
Abrió la boca para hablar, pero ella levantó su mano para detenerlo, dejándola descansar en su brazo.
—No te olvides de la parte de que tiene que amarme más que a nada en la tierra.
Asintió en reconocimiento.
—¡Y! —exclamó, apretando su brazo para dar énfasis—. La parte de que piense que soy hermosa.
—Lily, serás hermosa, ya lo eres.
Su barbilla tembló y él supo que estaba a punto de llorar.
—Sólo no olvides esas partes, son las más importantes —le recordó, con voz temblorosa y, pensó Fazire, terriblemente, inolvidablemente triste.
Su mano cubrió la de ella en su brazo.
—No voy a olvidar nada de eso.
Entonces Fazire levantó la mano, la puso sobre la cabeza de ella y dijo en voz baja:
—Lily, querida, tus deseos son órdenes para mí.

3 Dickens: es un eufemismo para palabras como “diablo” o “Infierno”. La frase traducida sería “Más loco que el demonio”.


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Capítulo 3

Mensaje por Maga el Vie 17 Feb - 13:26

3

Fazire y Lily
Ocho años más tarde, Lily tenía ahora veintidós…


Era, sencillamente, el peor momento de su vida entera de genio.
Y como Fazire había vivido milenios eso era decir mucho.
Pensó que lo peor fue cuando Sarah falleció hace dos años.
Fazire nunca había conocido a nadie que haya muerto y había conocido a Sarah durante décadas. Ella fue su compañera de cuarto, su protectora, su amiga.
Había tenido un buen y largo tiempo con Sarah y tuvo la suerte de tenerlo. Él lo sabía.
Eso no lo hacía extrañarla menos.
Ella era amable con él, se hizo cargo de él incluso con su sueldo de maestra. Lo mantuvo alimentado, vestido, feliz y colmado de boletos de béisbol y bronceador. Sarah nunca, jamás, a pesar de que era su derecho, pidió una sola cosa de Fazire en todos sus años. Sólo le dio y le dio y le dio.
La primera y única humana que cualquier genio en toda la Historia de la Raza de los Genios había tenido como ama pero no había pedido un solo deseo.
Sarah, en La Tierra de los Genios, era una leyenda como Fazire pensó que muy bien debía ser.
Había por lo menos, antes de morir, visto la belleza escandalosa en la que Lily se había convertido, la ahora perfección bien redondeada que era simplemente Lily. Socializando por todo el mundo, o por lo menos en Inglaterra, donde ella fue a la universidad y luego decidió quedarse. Volviéndose sofisticada y cosmopolita pero nunca perdiendo sus raíces, el encanto y espíritu de una chica de Indiana.
El cabello de oro blanco de Lily había cambiado. Todavía era de oro con hebras de blanco pero también, excepcionalmente, tenía mechones de rubio rojizo, así como de cobre. Y sólo para hacerlo un poco más interesante, no es que pudiera ser mucho más interesante, aquí y allá había hebras de color caoba.
Había sido galardonada con una beca para ir a estudiar en algún lugar llamado “Oxford” en Inglaterra después de que ganó algunos concursos de escritura, creando magníficas historias que parecía que todo el mundo quería leer.
Una vez en Inglaterra, se volvió más interesada en lo que ella llamaba “senderos” y andar por ahí en catedrales, castillos y todos los museos en Londres (y unas cuantas tiendas de feria) y escribir más de sus maravillosas y entretenidas historias, que en comer. Ella estaba ocupada, ocupada, ocupada y su peso se evaporó.
Alta, como su madre, su padre y su abuelo antes que ella, incluso aunque Fazire apenas había visto fotos del guapo y delgado Jim, Fazire sabía que él era alto, Lily era curvilínea con una cintura muy pequeña y una figura de reloj de arena preciosa.
Había madurado en su cara simple. Su piel siempre fue impecable, pero una vez que la grasa de bebé se fue, su inteligencia y humor la arreglaron con extraordinaria elegancia y belleza.
Y ahora, con esos ojos milagrosos, bueno…
Era, sencillamente, impresionante.
Lily era el orgullo de todos ellos, Sarah, Becky, Will y Fazire.
Y ella no tenía la menor idea. Ninguna en absoluto.
Lily se miraba al espejo y veía a la vieja Lily, no la belleza en la que se había convertido.
Así que Fazire realmente había hecho su trabajo, ella definitivamente tuvo humildad y ni la más pequeña pizca de vanidad.
Pero ahora Lily parecía vencida y él estaba muy seguro de que este era el peor momento de toda la vida humana de ella también.
Estaba enferma cada mañana, podía oírla vomitando en el baño y él iba, al igual que lo hizo cuando ella era una niña y tenía gripe o uno de sus terribles dolores de cabeza que le daban tanto dolor que se ponía violentamente enferma. Luego acariciaba su espalda y sostenía su largo, grueso y glorioso cabello.
Fazire entendía por qué estaba enferma, tenía el corazón dolido por la pérdida de sus padres tan cerca después de la de su abuela.
Un accidente de avión. Un horrible y espantoso accidente de avión. Ellos ni siquiera recuperaron los cuerpos.
Un día, Becky y Will estaban en Hawái para unas merecidas vacaciones. Estaban tomando un viaje de un día a otra isla en un pequeño avión bimotor (esto, Fazire no podía imaginarlo, un avión, pensó, siempre necesitaba mucho más que dos motores).
Al día siguiente, se habían ido.
Fazire había tenido que usar el teléfono para llamar a Lily en Inglaterra. Él sabía cómo usarlo, por supuesto, no había estado viviendo como un humano durante años y no aprendido cómo pedir una pizza. Pero había tomado mucho tiempo para seguir su rastro. Ella tenía algún trabajo en una tienda y compró una casa destartalada en alguna ciudad costera en Somerset llamada Clevedon a lo que ella llamaba “nada de dinero en absoluto” la cual, dijo Will, daba testimonio a lo deteriorada que estaba. Una casa que ella estaba decidida a restaurar a toda su belleza victoriana.
Llamada tras llamada, ella no respondió y Fazire finalmente decidió que no estaba en su morada destartalada.
Se había graduado de Oxford y declaró que no podía dejar Inglaterra. A ella le encantaba allí. Fazire podía ver por qué en las fotos que envió a casa. Se veía hermosa.
Sin embargo, Fazire lo odiaba. Se llevó a Lily y él la quería en casa.
Y ahora ella estaba en casa, aunque él nunca la hubiera querido en casa de esta manera.
Después de ponerse en contacto con una de las amigas que Becky tenía en su libreta de direcciones, una mujer llamada Maxine, Fazire había finalmente encontrado a Lily. Maxine dijo que estaba alojándose en algún lugar de Londres y dio a Fazire el número.
Lily había contestado el teléfono y había estado tan emocionada de contarle algo, su voz simplemente goteando de felicidad. Él no podía soportarlo, el sonido de su voz feliz mientras él llevaba su terrible noticia. La había cortado antes de que pudiera juntar tres palabras y le dijo sus noticias sombrías.
Ella había, por supuesto, tomado el primer vuelo a casa.
Se sentó junto a él en el funeral, vestida con un traje negro muy elegante que parecía a la moda y sofisticado y toda la gente a su alrededor no sabía qué hacer con ella. Ella no era mucho la Lily que se había ido a los dieciséis años para ir a Oxford. Era como una princesa moderna, elegante, hermosa, refinada e intocable.
Se mantuvo de manera regia que puso a Fazire tan orgulloso de tenerla en su brazo que casi apartó su amarga tristeza por la pérdida de su Becky y Will.
Lily era muy valiente y amable con la gente, asintió y sonrió. Después del servicio, regresaron a la casa de piedra caliza de Sarah, que era ahora de Lily y ella interpretó a la anfitriona muy bien, haciendo a la gente sentirse cómoda y en casa, a pesar de que Fazire sabía, por su piel pálida y ojos hundidos, que estaba exhausta.
Había tanta comida, estaba en todas partes y por primera vez en su vida no comió un bocado. Tampoco Lily.
Todo el mundo conocía a Fazire, había estado alrededor por décadas y, por supuesto, no había envejecido un solo día. Pensaron que era extraño pero asumieron que era de algún país extranjero y muchos de ellos nunca dejaron el Medio Oeste así que, ¿qué sabían ellos acerca de cómo envejecían los extranjeros? Así lo habían aceptado. Siendo un genio y por lo tanto, superior a los simples mortales, él no se mezclaba con ellos muy a menudo, y ahora lo hizo sólo como su deber a Becky y Will y, por supuesto, a Lily. Ayudó a Lily a interpretar al anfitrión y amable figura de tío (“tío” era el término que Sarah usó para explicar su presencia en la familia y a Fazire le gustaba, siempre lo había hecho).
Finalmente, horas después de lo que él pensaba que era apropiado, el último de ellos se fue y Fazire había limpiado con un chasquido de sus dedos porque sabía que Lily estaba demasiado agotada para hacerlo. La acostó y le acarició el pelo hasta que se durmió.
—¿Fazire? —susurró justo antes de que caer en tierra de los sueños.
—¿Sí, mi preciosa?
Cuando ella respondió, seguía susurrando pero su voz tenía una tristeza profunda que marcó el corazón de Fazire.
—Nunca voy a desear mi último deseo por lo que te quedarás conmigo para siempre.
Por primera vez en su vida, sintió las lágrimas pinchar sus ojos y tal vez finalmente entendió un poco de lo que estaba sintiendo Sarah cuando la conoció.
—Está bien por mí —susurró Fazire, pero su agotamiento ya la había entregado al sueño.
Los próximos días se levantó y se puso inmediatamente enferma. Por otra parte, en cualquier momento que el teléfono sonó, su rostro se iluminó con una extraña mezcla de esperanza y alivio y corría hacia él. Pero siempre estaba claro que no era quien Lily esperaba que fuera, sólo un amigo o familiar que deseaba dar su condolencia o preguntar cómo estaba. Su cara caía dramáticamente, como si la persona que llamaba le hubiera dicho que el mundo estaba a punto de llegar a su fin.
Los días se volvieron semanas y el apresurarse al teléfono de Lily se hizo más desesperado. Ella también hacía llamadas tranquilas una y otra vez, pero, de cualquier manera, la hacía aún más desolada.
Fazire se encontró preocupado.
Ni Lily ni Fazire hicieron algo para averiguar qué hacer a continuación. Ninguno de ellos había ido ni a la habitación de Becky y Will, no podían hacerle frente. Y había muchas pertenencias de Sarah todavía allí que debían ser ordenadas.
Lily le había dicho que no quería volver a Indiana y él, bueno, nunca había estado en un avión. Tampoco quiso después de la horrible desaparición de Becky y Will, no es que él pudiera morir, pero ella sí podría. Podía y lo hizo (muy a menudo, sobre todo con el fin de canalizar sus amigos genios), volver a su botella y viajar de esa manera. Pero después de que tuvieran esta breve conversación, ningún plan surgió.
Algo más inquietaba a Lily, algo que tenía que ver con el teléfono y sus náuseas tempranas que todavía venían todos los días.
Finalmente, no pudo soportarlo más. Ella había estado en casa durante un mes y ambos fueron a la deriva a través de la casa, Lily leía la mayoría de las veces, Fazire se preocupaba.
Esta simplemente no era Lily.
Ella siempre había tenido un propósito, mantener su cuarto ordenado, ayudar en las tareas domésticas, conseguir su tarea hecha a tiempo, impulsada a presentar sus escritos para las competiciones, ayudar con la cocina. Era muy buena cocinera, pero por otra parte, era muy buena en todo, Fazire la hizo de esa manera. Era una buena chica de Indiana educada, amable, y trabajadora.
Ahora estaba cansada todo el tiempo, aún más irritable que Fazire (y Fazire era el rey del mal humor, al menos así era como Becky lo había llamado), de mal genio y completamente desmotivada.
Este nuevo comportamiento, Fazire pensó, no podía ser.
Alguien tenía que cuidar de él después de todo. Él no podía esperar a que lo hicieran.
Decidió que era hora de enfrentarse a ella. Sabía que todavía tenía que estar sufriendo por sus padres, al igual que él, pero no podía continuar así para siempre. Ella ya no estaba escribiendo.
—Lily, tenemos que hablar —anunció Fazire un día que la había encontrado leyendo de nuevo.
Había decidido flotar durante la conversación. Lo hacía en ocasiones como práctica. También lo hacía cuando tenía la intención de poner a alguien en su lugar, como la iba a poner a Lily ahora. Sabía que ella estaba de duelo, pero la vida tenía que seguir adelante. Sarah había dicho eso después de haber llegado a un acuerdo con la pérdida de Jim, y Becky lo había dicho después de perder a Sarah por lo que, teniendo en cuenta que Fazire pensaba que Sarah y Becky eran los seres humanos más inteligentes, se imaginó que debía ser verdad. Y se dio cuenta sorprendentemente, que él era la única familia que le quedaba a ella. No había nadie más para sacarla del estado en que se encontraba.
Solo él.
—Fazire, estoy en medio de una parte buena —murmuró distraídamente sin siquiera mirarlo y haciendo girar un mechón de pelo alrededor de su dedo como lo había hecho mientras leía o veía televisión desde que era una niña.
Él utilizó su magia para tirar el libro fuera de sus manos, levitó el marcador que estaba en la mesa, lo pegó en el lugar del libro y luego voló el libro por la habitación y lo fijó bien lejos de ella.
Ella se levantó de golpe del sofá.
—¡Fazire!
—Tienes que decirme lo que está pasando —exigió en su mejor voz de mando-genio.
—Estaba leyendo —respondió ella, siendo deliberadamente obtusa, en su elegante rostro se estableció una mirada descontenta con encanto que no, en absoluto, funcionó en él (habría funcionado en Will, su padre era un blandengue cuando concernía a Lily).
—No me refiero ahora, quiero decir contigo.
Una sombra cruzó sus ojos. Una sombra que era sólo una parte de perder a sus padres en un accidente de avión hace seis semanas.
—Lily —continuó—, no sé si te das cuenta de esto, pero me tengo que quedar en este mundo y no es mi mundo. Puesto que no vas a utilizar el deseo, entonces no puedo ir a otra persona. Ni siquiera quiero. Pero mientras tanto, dependo de ti para cuidar de mí. No puedo flotar alrededor de esta casa viéndote leer tus libros y girar tu pelo para siempre. Tenemos que tener un plan y ya que no sé nada de ustedes los mortales, tú vas a tener que hacer el plan.
—Sabes mucho más de lo que revelas —acusó.
Él fue al grano (otro de los dichos de Sarah que Fazire utilizaba pero no entendía).
—De hecho, lo hago, pequeña Lily, sería prudente recordar eso. ¿Qué te preocupa?
Su hermoso rostro se cerró con rebeldía. Fazire había olvidado que ella podía ser en lo más mínimo rebelde y más que un poco obstinada. Fazire no le dio eso, eso lo recibió de su madre y su padre.
Él floto más cerca.
—Lily, dime.
—Yo… yo, Fazire, no sé lo que está pasando. Se suponía que debía llamar. Tuve que salir tan rápido y le escribí una nota, le di mi número de aquí, le dije lo que pasó, le dije a su hermano lo que pasó para que él pudiera decirle y no ha llamado. —Dejó de mirar a Fazire y se quedó mirando el piso—. No puedo creer que no haya llamado, no después de lo que he explicado que les pasó a mis padres. Y le he llamado y el número no está funcionando. Sé que es el número correcto pero ha sido desconectado. Llamé a su oficina, pero él no está regresando mis llamadas —terminó, hablando como para sí misma.
—¿Quién? —preguntó Fazire
Sus increíbles ojos azules se levantaron y había un mundo de preocupación y daño en ellos.
Luego dijo:
—Nate.
—Dime, ¿quién, es Nate?
Ella jugueteó con sus manos, dejando caer su cabeza para mirar a sus uñas.
—¿Te acuerdas de mi deseo? — preguntó.
¿Cómo podría olvidar alguna vez el deseo más complicado de la historia?
—Sí —respondió Fazire.
Sus ojos se alzaron de nuevo y en ellos había algo que hizo que el corazón de genio de Fazire latiera un poco más rápido. 
—Bueno, se hizo realidad. Su nombre es Nathaniel McAllister y él es el hombre más maravilloso jamás. Y, creo que… Fazire, estoy bastante segura de que voy a tener a su bebé.
Fazire inmediatamente dejó de levitar y cayó pesadamente al suelo.
Entonces gritó:
—¿Qué?
Lily sacudió la cabeza y se mordió el labio antes de decir:
—Fue… no lo sé. No puedo pensar con claridad. Todo sucedió tan rápido. Un segundo yo estaba, bueno, en Londres haciendo mis cosas normales de Londres. Yendo a museos, comprando un poco…
Fazire dudaba de que “comprara un poco”. Lily podría comprar como Jackie Robinson, el beisbolista, podía robar una base.
Ella siguió hablando.
—Lo siguiente que supe es que iba a cenas de lujo, él me llevaba a restaurantes románticos y paseos a medianoche en el parque e hicimos el amor una y otra y otra vez y fue tan, fue… —se inclinó hacia delante, sus ojos se iluminaron antes de que le susurrara fervientemente—, espectacular. Alucinante. Ni siquiera lo puedes imaginar.
Fazire intentó de nuevo flotar pero sólo pudo alcanzar un metro del suelo. Esto se debió principalmente a que la mayor parte de su concentración se iba en evitar que sus oídos se quemaran y, posiblemente, sangraran de que su niña Lily hablara de hacer el amor alucinantemente.
—Entonces mamá y papá… —Ella no pudo terminar. Ambos todavía no podían hablar de ello.
—Él no ha llamado —terminó Fazire por ella.
—No.
—¿Él ha llamado, tal vez, a tu cosita, como se llamaba? —intentó Fazire.
—¿Mi qué?
—Lo que graba voces en el teléfono.
—¿Mi contestador automático?
—Sí, eso.
—Oí mis mensajes, ninguno era de él. No sabe mi número de todos modos. Siempre estuve en Londres con él, nunca me tuvo que llamar por teléfono y no estoy en la lista.
Fazire pensó por un rato. Él era, aunque fuera de práctica, muy bueno en lo que hacía. A veces los genios podrían pasar años y años sin que su botella se frotara así que sabía que podría haber retrasos mágicos y cualquier buen genio estaba bien preparado para ellos. Fazire, si lo creía, era muy, muy bueno con sus deseos.
Y se había asegurado absolutamente de que el de Lily fuera el mejor de todos.
Algo más debía estar pasando con esto… Nate.
Fazire miró a su ama y tomó una decisión.
Decisión hecha, declaró:
—Entonces, tenemos que ir a buscarlo.
*********************************************************
Fazire subió por la escalera corta a la hermosa casa blanca que Lily le dijo era algo que se llamaba “georgiano”. Tenía contraventanas negras y en cada ventana jardineras tan llenas de sorprendentes rojos geranios, que no se podía decir donde una flor acababa y la otra comenzaba. Cada caja arrastraba hiedra verde. Había lujosas cercas de hierro forjado enfrente de cada casa, todas pintadas de un brillante, negro perfecto.
Todas las casas se veían exactamente iguales. Era casi como si tuvieran un pacto que todo en la calle tendría los mismos colores y geranios con hiedra arrastrándose por lo que la calle se veía ordenada y esplendorosa.
Fazire tenía muchas ganas de odiar este lugar llamado Inglaterra y estaba bastante seguro de que realmente odiaría Londres pues, aunque Jim había encontrado su botella en un mercado en Londres, Fazire vino de un bazar en Marruecos y nunca fue liberado en Europa. Pero a pesar de que algo de Londres era bastante chocante, ocupado, sucio y lleno de graffitis, esta calle era bastante bonita.
Durante su aterrador viaje en avión (ni Lily ni Fazire pasaron un buen momento en el avión después de lo que pasó con Becky y Will, y tenía mucho más de dos motores), Lily le dijo que personas que vivían en esta casa conocían a su Nate, un hombre y mujer llamados Victor y Laura. Dijo que eran buenas personas, amables, cariñosos y que la cuidaron después de que Nate le había salvado la vida. O bien, había subestimado la historia cuando Fazire se quedó mudo ante la idea de que su vida estuviera en peligro, y explicó que este Nate la salvó y a su bolso de un carterista.
Lily estaba nerviosa, podía verla temblar y se quedó dos pasos detrás de ella. Estaba seguro de que todo iba a estar bien. Nate había llegado a ella a través de la voluntad de Fazire así que por supuesto que iba a estar bien.
Llamó, usando el aro que pasaba por la cara de la nariz de un león de bronce. Fazire pensó que era peculiar, nunca había visto un león con un aro a través de su nariz, pero pensó que mencionaría ese chisme tal vez más tarde como una práctica de apertura en una conversación futura con el Nate de Lily.
Una mujer de pelo oscuro abrió la puerta. Fazire se sorprendió de que fuera joven, no mucho mayor que Lily. Ella también estaba llorando, con el rostro bañado en lágrimas y moteado de rojo por la fuerza de su emoción. Fazire pensó que podría haber sido linda sin la cara llena de lágrimas, pero luego decidió que no cuando miró a Lily y su rostro se contorsionó con repugnancia y sus ojos se llenaron de odio.
—Oh, hola, Danielle, yo… —Lily hizo una pausa y luego preguntó—: ¿Estás bien?
Lily dejó de hablar y Fazire oyó que su voz era preocupada mientras perdía la noción de su búsqueda y preguntaba por la chica que la miraba con tanto veneno. Fazire quiso agarrar a Lily pero se quedó dónde estaba con el fin de dejarla hacer lo que tenía que hacer.
—No, no estoy bien —espetó la chica—. ¿Qué estás haciendo aquí, Lily?
Fazire se encontró pensando que estas personas que vivían aquí no eran muy amables y atentas del todo.
Lily vaciló, de alguna manera no se sorprendió por la reacción de la mujer, entonces continuó:
—Esto es un poco embarazoso, pero tuve que dejar la ciudad inesperadamente y ahora que estoy de vuelta, fui a casa de Nate y su portero dice que no vive allí. Sólo estaba…
La mujer no permitió que terminara, su cara cambió a lo que parecía un tanto socarrona y cruel para Fazire pero perdió esos pensamientos con las siguientes palabras que dijo.
—Nate está muerto —les informó Danielle con frialdad.
Entonces, sin más preámbulos, cerró la puerta directo en la cara de Lily.
Lily se quedó mirando la puerta, congelada en el lugar.
Fazire se encontraba detrás de ella, igualmente congelado.
Y luego, después de lo que pareció una eternidad (y Fazire había vivido muchas de ellas, así que sabía exactamente cómo se sentían), poco a poco se giró y se detuvo y simplemente lo miró, el poco color había desaparecido de su rostro.
Hace dos años había perdido a su querida abuela. Hace apenas dos meses había perdido a sus padres. Ahora su nuevo novio amado, el héroe romántico que se suponía iba a animarla, y el sonido de su encuentro y el cortejo ciertamente lo hizo, y amarla más que nada, estaba muerto.
Ella tenía veintidós años, embarazada, solamente con un genio al que llamar familia.
Y la expresión de su rostro mostraba cada parte de ese dolor y agonía.
Fazire ascendió los dos últimos pasos y puso cuidadosamente su brazo alrededor de sus frágiles hombros tensos.
—Vamos a casa —murmuró a su pequeña Lily.
Ella no se movió. De hecho, parecía clavada en el suelo.
Entonces susurró:
—Pero Fazire, ¿dónde es casa?
No tenía respuesta para eso, porque no lo sabía.
Entonces se le ocurrió.
—Dondequiera que la hagamos, mi preciosa.


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Vie 17 Feb - 14:04

Waoo!! primeramente gracias por los capitulos @mega Pali, tratare de comentar algo, no soy de mucho hablar jejee.

mmm a causa del deseo de Fa de no hacerla linda de una vez que problemas de autoestima le crearon a la pobre Lily, por eso de atiborrarse a comida.

que pena que murieran Sarha y los padres de Lily, pero sobre todo que mal que muriera el hombre del que se enamoro y que pena como la tipa esa fue tan perra para decirselo y Lily embarazada.






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Vie 17 Feb - 15:01

Chicas reporatndome!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 
Ya me puse al día...y solo puedo decir...  que historia...
imaginense tener un genio....!!!!!!!! 

pero que pena lo que va sucediendo a esta familia...como todas hay cosas tristes...y ahora estará Nate muerto...??? derrepente es esa una de las tantas dificultades de las que pidio Lily  ....pero como se le ocurre querer dificultades!!!  ...yo creo que no querría!!!!....ja!

pero de solo pensar en mi genio   que pediria???



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por beth el Vie 17 Feb - 16:12

hola. me uno, muy buena pinta esta lectura, gracias..
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por Maga el Vie 17 Feb - 17:38

Maga Pali escribió:
El cronograma lo llevaremos así. 


16 febrero
Bienvenida – Capi 1
17 febrero
Capi 2 y 3
18 febreroCapi 4 y 5
19 febreroCapi 6 y 7
20 febreroCapi 8 y 9
21 febreroCapi 10 y 11
22 febreroCapi 12 y 13
23 febreroCapi 14 y 15
24 febreroCapi 16 y 17
25 febreroCapi 18 y 19
26 febreroCapi 20
27 febreroCapi 21
28 febreroCapi 22
1 marzoCapi 23
2 marzoCapi 24
3 marzoCapi 25
4 marzoCapi 26
5 marzoCapi 27 + epilogo


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por Maga el Vie 17 Feb - 17:40

Maga Pali escribió:
ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN ATENCIÓN 

1. Me he dado cuenta que a muchas les cuesta seguir día a día los comentarios de la lectura. Por ello decidí que en Marzo solo leeremos un libro para probar como nos va y así no sea tan pesado. 
2. RECUERDEN que deben dejar un comentario de su opinión con respecto a los capis leídos para cada día. No pueden solo dejar un gracias o tres palabras, ya que se deben ganar los puntos y medalla, pero si los comentarios son solo: "gracias" o "que lindo" "que triste"; los mismo no serán tomados en cuenta. No pido que comenten un testamento pero si algo razonable.  
3. Al final de cada lectura la moderadora revisará el tema completo y publicará la lista de las lectoras que ganen los puntos y medallas. 
4. Ya está abierto el tema para las propuestas para el mes de marzo pasen AQUÍ para dejar su propuesta. 


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Vie 17 Feb - 19:36

Lily ya está embarazada!?! Y sola en el mundo con Fazire!?!   Nah...

Veamos,   Lily, y no sé en qué pensaba, en su deseo pidió pasar tribulaciones   
Se supone que  Nate es una persona importante, poderosa, que infunde respeto y temor en los demás, por lo tanto...   Nate está metido en problemas y se está haciendo pasar por muerto!! Esa es mi teoría!! 



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por wordsofthisgirl el Vie 17 Feb - 21:02

@Luvelitta a mi me paso lo mismo con Archer´s voice, lo vi por ahi y no le preste atención hasta que lo trajeron al club de lectura y no me arrepiento.

Wow, no puedo creer que iba a dejar pasar la oportunidad de leer este libro!

Ok, hasta ahora el narrador es Fazire ya que cumple un rol importante en el libro.

Lo que no puedo entender es el desprecio de la cara de la mujer hacia Lily, ¿Que realmente habra pasado?

¿Nate sera parte de una mafia o de verdad murio?

¿De que trabaja"ba"? ya que Lily no lo menciono.


   
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Vie 17 Feb - 21:39

bienvenida @beth ...seguro disfrutas con nosotras la lectura...y claro esperamos todos tus opiniones....

aja!!!a eso iba yo tambien @LuVelitta...nate no puede estar muerto con todo lo que deseo lily, seguro algo ha sucedido y con todos los problemas que deberán vivir... esto es parte de ello...


jajaja @wordsofthisgirl ...seguro esa mujer solo quiere alejarla de Nate  o sabe algo ... o lo quiere para ella....o , o , o, .... no sé algo!!!! pero fue una bruja por decirlo asi...imaginate dar una noticia de esa manera!!!  


yo había querido leer este libro por varios meses atras, me decía ya lo leeré y nada ....así que aproveche y lo lance a votaciones y no me arrepiento...que bueno leerlo con todas ustedes!!! 


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Sáb 18 Feb - 11:54

4

 Nathaniel

No había genios en la vida de Nathaniel McAllister.

El padre de Nathaniel murió antes de que él naciera. Una pelea a cuchillo en una reyerta de bar que había comenzado a causa del mal carácter de su padre y su afición por los puñetazos, y terminó con él en un charco de su propia sangre. 

No es que la madre de Nathaniel, Deirdre, habría sabido que era su padre. Podría haber sido uno de los tres, tal vez incluso cuatro, candidatos. Ella lo descubrió de una manera confusa a medida que él crecía y observaba a su hijo y tenía algún recuerdo de esa noche de borrachera, alimentada por la droga con su alto, delgado, musculoso y de buen aspecto padre. 

Sin genios o un padre que no estuviera ebrio o incapacitado debido a las drogas todo el tiempo, Nathaniel aprendió pronto cómo cuidar de sí mismo. Su madre estaba normalmente durmiendo la mona cuando debería levantarlo, limpiarlo y darle de comer. El instinto de supervivencia le enseñó a hacer las tareas más básicas y nunca podía recordar una vez en la que no hacía todas esas cosas por sí mismo.

De hecho, una gran parte del tiempo tenía que robar del bolso de su madre o, algo más peligroso, de la cartera de su amante, para ir al quiosco y comprarse un poco de leche y comida. Si su madre no tenía dinero o no había un amante alrededor, que a menudo era este caso, pero por suerte, dependiendo de cómo lo vieras, no el anterior, a veces tenía que robar la leche y la comida del quiosco. Sin embargo, aprendió rápidamente a escoger los más alejados de casa. Nathaniel McAllister aprendió todo rápidamente.

Sin embargo, su madre lo metió en la escuela y le gustaba. Era inteligente, muy inteligente. Lo sabía porque los profesores se lo decían. Incluso el director lo llevó a su oficina para tener lo que el jefe llamaba “una charla”. Ellos trataron de decírselo a su madre. Nathaniel, dijeron, debería ir a escuelas especiales. Él era mucho, mucho más brillante que la mayoría de los niños, mucho más avanzado, tal vez incluso un genio.

 Nathaniel recordaba todo, absolutamente todo, y sólo necesitaba que se lo dijeran o mostraran una vez y ya lo sabía de memoria. Dijeron que era extraordinario. Lo llamaban “superdotado”.

 Deirdre no tenía dinero para las escuelas especiales para su hijo y ningún interés en su hijo en absoluto, superdotado o no. Así que no hubo escuelas especiales para Nathaniel. No hubo nada especial para Nathaniel. Así que, obligado a aprender como un niño normal no superdotado, Nathaniel se aburría y se volvió inquieto. Los profesores intentaron ayudar pero no había mucho que pudieran hacer. No faltaba a la escuela, no al principio, eso vino después. Estar en la escuela era mejor que estar en la calle y sin duda mejor que estar en casa.

 Deirdre era una belleza bastante singular y se mantuvo así mucho más tiempo de lo que otras lo hubieran hecho, sin importar el alcohol y las drogas que vertía, tragaba, fumaba, inhalaba o inyectaba en su cuerpo. Podría no haber cuidado de sus pulmones, fosas nasales, venas e hígado, pero se preocupaba de su apariencia. También tenía la ventaja de su buena, fuerte sangre escocesa. Atraía a hombres como un imán y los utilizaba lo mejor que podía por cualquier cantidad de dinero, comida, pastillas, bebida o cualquier otra cosa que pudiera sacarles. 

Les permitía utilizarla, degradarla, abusarla, intimidarla y golpearla, mientras estas cosas estuvieran disponibles en tanta abundancia como fuera posible. También les permitía intimidar a su hijo, que, después de un tiempo, se hartó y aprendió a esquivar los puños ágilmente y, más tarde, defenderse hábilmente con los suyos propios. 

Por último, cuando Nathaniel tenía once años, se consiguió a sí misma un hombre que se quedó un tiempo. Este hombre se llamaba Scott. Se quedaba sobre todo porque le gustaba Nathaniel o Nate, como él lo llamaba. Scott era el tipo de hombre que reconoció la promesa en el chico y pensaba que estaba destinado a hacer grandes cosas. O el tipo de grandes cosas que ocurrían en el mundo de Scott. Scott no estaba equivocado, o al menos, no del todo.

Le dio a Nate “trabajos“. Trabajos en los que le pagaba a Nate por hacer cosas incluso hasta veinte libras. Por lo general, sólo era llevar paquetes y dejarlos en lugares o con personas. Esto pasaba todo el tiempo a la luz del día, incluso durante las horas de escuela, o la oscuridad de la noche. 

A pesar de que un adulto en su sano juicio, a pesar de que Nate conocía a muy pocos adultos en su sano juicio, enviaría a un niño de once años en las primeras horas de la mañana a las peligrosas calles de Londres, Scott no tenía ningún reparo en esto. Nate era rápido como un rayo y aprendió rápidamente a fundirse con las sombras, por no hablar de que podía cuidar de sí mismo. Nate era joven y no conocía el miedo. 

Y Nate era muy, muy inteligente. Una noche, meses después de que Scott llegara a la vida de Nate, la entrega no fue bien. Nate sintió el peligro con un instinto que no sólo fue educado, sino que nació en él. Fue cauteloso, fue tranquilo y se hizo invisible mientras observaba. Cuando supo que la entrega había sido un fracaso, salió de la escena de manera rápida y sin ser visto. En lugar de entrar en pánico, mantuvo la cabeza fría, encontró uno de sus muchos escondites y escondió el paquete. Cuando volvió a casa, Scott estaba furioso. 
—¿Qué quieres decir con que no hiciste la entrega? ¡El Sr. Roberts va a perder la puta cabeza! —había gritado Scott. 

Nate nunca había visto a Scott enojado. Esto no lo encontró inquietante, no había mucho que molestara a Nate. Hacía tiempo que había aprendido a lidiar con los golpes, a menudo literalmente. 

—¿No lo perdiste verdad? —le exigió saber Scott. Nate negó con la cabeza. No hablaba mucho. También hacía tiempo que había aprendido a mantener la boca cerrada. 

—¿Lo tienes? —preguntó Scott. Nate negó de nuevo. 

—¿Está a salvo? —gritó Scott. Nate asintió.

Scott hizo algunas llamadas. Estaba hablando por teléfono en un tono respetuoso y asustado que Nate nunca lo había oído usar. Cuando terminó, se volvió hacia Nate. 

- Llévame al paquete. Nate negó de nuevo con la cabeza. No era tan estúpido como para renunciar a uno de sus escondites. Incluso a las once años, casi doce, se imaginaba que tenía una vida enorme delante de él en la que necesitaría muchos escondites.

 —¡Eso no fue una pregunta! —gritó Scott. —Yo iré por el paquete, te lo traeré —ofreció Nate—, sólo dime dónde. Scott lo miró fijamente. 

Scott, no era tonto (o al menos no del todo tonto), sabía que Nate era un cliente difícil. Por eso le gustaba el chico. Pero él no sabía de qué se trataba esto, cuán importante era.

 Nate no tenía la menor idea de en cuántos problemas estaba metido Scott. Observando al chico, Scott supo que no tenía elección. Se puso al teléfono y dio embarazosas explicaciones apresuradas. Entonces él tenía sus órdenes. Nate, le llevaría el paquete al Sr. Roberts. Cuando Scott compartió esto con Nate, se encogió de hombros. Un encargo, pensó, era igual a otro. 

Asegurándose de que no lo estaban siguiendo, Nate fue a buscar el paquete y lo llevó a donde Scott le había dicho que lo llevara. Se sorprendió cuando, en la esquina de la calle sucia, allí había una elegante, brillante y larga limusina. Por alguna razón, Nate no le temía a esto y audazmente se acercó al auto. La ventana se bajó lentamente pero Nate no vio a nadie en el interior. 

—Maldita sea, Scott. ¿Un niño? —Nate oyó una voz de hombre áspera decir desde el interior.

 —Sr. Roberts —escuchó la voz asustada de Scott. 

—Sal. —La voz áspera vino de nuevo.

—Pero, Sr. Roberts… 

—Fuera. Esa única palabra debería haber asustado a Nate, el tono en la que fue dicha habría asustado a cualquiera. 

Nate salió tranquilamente del camino de la puerta. Scott bajó del auto y bajó la mirada hacia el chico. 

—Lo siento, Nate —dijo en voz baja y luego tomó la oportunidad y corrió. Nate nunca vio a Scott de nuevo.

 —Entra al auto. Nate, siendo un chico muy listo, hizo lo que se le dijo. Se sentó frente a un hombre como ninguno que hubiese visto antes. Él tenía grueso cabello castaño, ojos marrones y un rostro de duros ángulos. Vestía un traje. No del tipo barato y reluciente, un traje que parecía dinero. 

Tenía un bonito y llamativo reloj, y Nate podía decir que incluso su cabello no era cortado en la clase de peluquerías en las que cortaban el de Scott (su madre cortaba el suyo y no muy bien). Nate también tenía gustos muy exigentes. Solo que no lo sabía en ese momento. 

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó el hombre.

 —Nate. —Tu nombre completo. Él no vaciló. No le tenía miedo a ese hombre. 

—Nathaniel McAllister. 

—Eso está mejor. —La voz áspera mantuvo la aprobación—. ¿Cuánto tiempo has estado haciendo las entregas por Scott? Nate se encogió de hombros. Hubo un silencio. Nate sintió algo en el auto que no entendió. No lo asustó pero otra persona hubiese tenido miedo, definitivamente un niño y la mayoría de los hombres. Él, de cualquier manera, se sentó cómodamente y esperó. 

Finalmente, luego de observarlo por un momento, el hombre dijo: —Le pagué a Scott trescientas libras por cada entrega que hiciste. Esto penetró el escudo blindado que Nate tenía alrededor de sus emociones y reacciones. Instantáneamente, se enfureció y lo demostró. 

—¿Cuánto te dio? —preguntó el hombre. Nate se encogió de hombros de nuevo pero esta vez fue diferente, fue brusco y con ira. Había sido algo bueno que Scott no volviese a verlo.

El hombre se quedó sentado observándolo. Nate luchó para controlar sus emociones. La lucha no duró mucho. Cuando manejó su ira, el hombre sonrió. 

—Soy el Sr. Roberts y de ahora en adelante, Nathaniel, trabajas para mí.

******************************************************

Y lo hizo. Por un año trabajó para el Sr. Roberts. Hizo encargos, entregó mensajes. Hizo muchas cosas y le pagaron mucho más que veinte libras. Deirdre estaba encantada. Nate comenzó a pagar la renta de un piso, pagaba todas las cuentas a tiempo y había comida en el refrigerador todos los días. Ahora ella comenzó a robarle a él. No le importaba, había en abundancia o al menos muchísimo más de lo que estaban acostumbrados. 

A los doce años, Nathaniel McAllister era quien ganaba el pan, el hombre de la casa. Había sido así desde que podía recordar, limpiaba, ordenaba, le sostenía su cabello cuando se excedía y vomitaba en el baño, la arrastraba y la ponía en la cama cuando se desmayaba en el pasillo. Pero ahora, realmente era el hombre de la casa.

Ella, por desgracia, se volvió estúpida por su o, yendo más al punto, la buena fortuna de Nate. Se jactaba a cualquiera que escuchara que su hijo estaba trabajando con el Sr. Roberts. No estaba orgullosa de su genio o del florecimiento de la buena apariencia que se había estampado en sus facciones o del alto y delgado muchacho en el que se había convertido pero ella estaba orgullosa porque a los once años se había convertido en el chico de encargos de un mafioso. Ese orgullo le causó la muerte. Ebria y presumiendo a su nuevo novio, un vago perezoso desempleado y bueno para nada, o al menos así lo había llamado ella una y otra vez. 

Su hijo trabajaba para el Sr. Roberts. Su hijo llevaba a casa montones de dinero. Le compró vestidos, le dio vodka. Considerando que su novio estaba borracho, drogado, y era estúpido y tacaño, no se tomó esto muy bien. Se hartó rápidamente de ella y extrajo el aliento de su garganta hasta que no hubo más, lo cual, por supuesto, detuvo su voz chillona. 

Entonces dio otra gran esnifada de cocaína que el dinero de Nate había comprado y se bebió el resto de la botella de vodka, y esperó al chico. Nate ni siquiera entró al departamento para saber que algo estaba mal, pero lo hizo de todas maneras. Ella era su madre. Había cuidado de ella toda su vida. Era un hábito. Abrió la puerta y vio el cuerpo sin vida de su madre. Eso fue todo lo que necesitaba ver. El novio de ella intentó hacerle un gancho, pero ni siquiera pudo acercarse. Nate fue más rápido, él era vapor. Se desvaneció. Por una semana. Y se perdió dos entregas programadas. 

Siete días más tarde lo encontraron, lo agarraron y lo llevaron con el Sr. Roberts. Él se sentó en la parte trasera de la limusina. Había visto a su empleador dos veces desde que se conocieron, ambas había sido amigable y cordial. Ahora no lo era. 

—¿Puedes decirme que está ocurriendo, Nathaniel? —Su voz era muy fría y Nate sabía que esto no era una solicitud. 

—Yo mamá está muerta. Esto fue recibido con silencio. 

Luego: —Mi mamá, Nathaniel. 

Nate giró sus ojos ardiendo hacia el Sr. Roberts. No la extrañaba realmente, pero ella era todo lo que tenía.

 —Mi mamá —repitió sarcásticamente, quizás la única alma viva, además de los dos hijos del hombre, que tuvo el coraje de hablarle con sarcasmo. 

En lugar de enfadarse, el Sr. Roberts encontró eso admirable en Nathaniel. 

—¿Dónde está tu padre? —No conseguir uno. 

—Tener uno, Nathaniel. —Eso tampoco. El Sr. Roberts ahogó una risa. No era el momento para reír. —¿Tías, tíos? El chico negó con la cabeza. 

—Tus abuelos entonces. Nate lo miró directo a los ojos y declaró: —Ninguno. 

En su línea de trabajo, el Sr. Roberts había aprendido a tomarrápidas decisiones. Le gustaba el chico. Había algo acerca de él. Algo especial. 

Tomó una decisión rápida. Una vez hecha, declaró: 

—Vienes a casa conmigo.


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Sáb 18 Feb - 11:59


Nathaniel

Victor y Laura Roberts adoptaron a Nathaniel McAllister. 

No tomó su apellido, esa fue su decisión y ellos se la permitieron. 

Quería recordar de dónde venía, no podía olvidar. Siempre tenía que recordar lo que era, quién era, así no regresaría a serlo. Hubiera sido fácil olvidar con su nueva vida. 

Era casi como si un genio saliera de una botella y le concediera su más grande deseo. 

Eran ricos. Victor y Laura (nunca los llamaba mamá y papá, aunque Laura quería que lo hiciera) vivían en una hermosa casa sobre una calle en donde todas las casas eran de un blanco brillante, todos los barandales eran de negro lustroso y todas las jardineras de las ventanas estaban llenas con geranios más rojos que el rojo y colgantes hiedras verdes. 

Tenían dos hijos, Jeffrey y Danielle. Jeffrey odiaba a Nate con pasión Danielle lo amaba de la misma forma.

 Contrariamente, el primero era una bendición, la segunda era una pesadilla. Jeffrey y Danielle tenían todo lo que alguna vez quisieron, todo lo que pedían, todo lo que deseaban. 

Tenían dos padres que los amaban y los consentían mucho, demasiado. Tenían una casa bonita, ropa bonita, comida para comer que no tenían que robar o cocinar y sirvientes que ponían sábanas limpias y frescas en sus grandes camas e incluso planchaban su costosa ropa.

 Nunca habían tenido necesidades, nunca habían estado hambrientos, nunca habían robado, nunca había esquivado un golpe tirado por un hombre grande y borracho y nunca habían sostenido hacia atrás el cabello de su madre mientras vomitaba. 
Jeffrey sabía por el acento áspero de Nate quién era y de dónde venía y nunca dejó que Nate lo olvidara.

 Nunca. 

Y eso era bueno, Nate no quería olvidar. La voz de Jeffrey era elegante por educarse en escuelas especiales. 

Jeffrey tenía la misma edad que Nate, pero habría durado cerca de dos segundos en el antiguo vecindario de él. Jeffrey sabía esto y también su padre lo sabía. 

El padre de Jeffrey, comprendió (a pesar de que nunca le fue dicho) había sido como Nate cuando era joven. Victor, Jeffrey había escuchado a su padre decirle a su madre una noche, se vio a sí mismo en Nate. 

Victor lo admiraba.

 Jeffrey pensaba que su padre incluso tenía predilección por él, y no estaba equivocado. Jeffrey despreciaba a su padre incluso antes de que Nathaniel McAllister llegara a sus vidas.

 Era grosero y rudo incluso aunque trataba de ser elegante y refinado. Y despreciaba a Nate e hizo todo lo que pudo para hacer que la vida del nuevo hijo de su padre fuera un infierno. Nada de lo que hizo perforó la armadura del chico.

 En todo caso, parecía que Nate encontraba que Jeffrey era divertido. Sin embargo, Nate no encontraba divertido a Jeffrey. Nate observaba a Jeffrey cuidadosamente. 

Empujaba a Jeffrey lo más lejos que podía lanzarlo. Jeffrey mantenía a los instintos de sobrevivencia de Nate finamente entonados.

 Danielle, dos años más joven que Nate, dio un vistazo al apuesto joven e instantáneamente se enamoró.

Lo quería; iba a casarse con él. Supo esto a la edad de diez. 

Y todo lo que Danielle alguna vez había querido, se le había dado. 

Así que después de poner los ojos en él, decidió que Nate le pertenecía. 

Y no era una chica a la que le gustara compartir. Tomó a Nate sólo unos meses entrar en sus vidas. 

Era un camaleón. 

A pesar de que por dos años apenas había ido a la escuela, se puso al corriente así que suavemente se convirtió inmediatamente en el consentido del profesor. Perdió su acento áspero en dos meses, perdió sus maneras duras durante una cena en su espectacular y brillante mesa del comedor simplemente observando lo que hacían e imitándolo. Vestía su ropa costosa con una gracia casual que puso furioso a Jeffrey e hizo que el corazón de Danielle se saltara un latido. 

Aprendió a jugar tenis, cómo montar un caballo, cómo jugar cricket, rugby, fútbol y en no mucho tiempo fue el mejor. Mejor que Jeffrey, mejor que Victor, mejor que cualquier otro chico en la escuela o incluso los entrenadores. Jeffrey lo odiaba. Danielle lo amaba. Laura lo adoraba, adoraba al chico, su nuevo hijo. Le entregó su corazón desde el primer momento. Victor había enviado a algunos hombres a averiguar la historia de Nate y después la había compartido con Laura. Nate le recordaba tanto a su amado esposo. Ella se dio cuenta rápidamente que el orgullo y la historia de Nathaniel no le permitirían mimarlo, cosa que ella quería hacer. Por el contrario, ella lo trató con respeto, casi como a un adulto, y él respondió a eso. 

Jamás había tenido una madre realmente y, al principio, había desconfiado de Laura, pero después de un tiempo ella se lo ganó. Esto ocurrió gracias a que ella no lo trataba como a un niño, no lo trataba como si fuera estúpido sino que lo trataba como si se preocupara por él porque lo hacía. Victor llegó a amar al chico con una fiereza que no había sentido con sus otros hijos. Se sentía culpable al respecto pero mientras él había estado ocupado limpiando la escoria de su piel, la suciedad de debajo de las uñas, erigiendo una vida de privilegios y dándoles todo de lo que ellos habían carecido, ellos nunca, ni una sola vez, le dieron las gracias.

 Ellos, ni una sola vez, hicieron otra cosa que exigir por más. Esto era parcialmente su culpa. Había querido darles todo lo que él no había tenido.

Y no había estado presente muy a menudo, no había sido un buen padre. Él lo sabía. 

Victor Roberts tampoco era un buen hombre ni un hombre atento, era un hombre peligroso. Era por necesidad y era en lo que Nate podría haberse convertido. 

Pero Victor amaba a sus hijos, aunque fuera duro algunas veces. Adoraba a su esposa. Pero lo mejor que había hecho, además de haberse casado con Laura, había sido traer a Nate a sus vidas. Y decidió que su fortuna, sus negocios, todo lo que poseía sería de Nate. 

Victor se haría cargo de Jeffrey y Danielle, con toda seguridad, ellos nunca se habían interesado por nada. 

Pero él sabía que Nate no dejaría que todo el trabajo duro de Victor, su sacrificio y las cicatrices negras que había grabado en su propia alma fueran por nada. En el minuto que la adopción de Nate fue legal (después de que algunos hilos fueran jalados, se cobraran algunos favores y manos fueran estrechadas), Victor Roberts lo hizo legítimo. No encasillaría a Nate en una vida glorificada por la delincuencia. 

Nate se había convertido en el hijo de un mafioso a los once años, sería un hombre, un caballero, a los veintiuno. Y así, la nueva vida de Nate lo llevó por diferentes retos: elegantes colegios en los que Jeffrey se aseguró de que todos los niños conocieran el pasado de Nate, esto también mantuvo afilados los instintos de Nate al ser provocado constantemente a peleas desagradables sólo para que otros chicos pudieran probar sus habilidades contra el pandillero Nate (los otros chicos siempre perdían, por mucho); Cambridge del cual Jeffrey fue expulsado por faltas terribles; clubes de campo en donde Danielle había tratado de engatusar a Nate para que le quitara su virginidad, cosa que el no hizo, y un salvavidas terminó haciéndolo mientras ella se convencía a sí misma de que Nate los miraba celosamente mientras que en realidad Jeffrey los observaba y se reía; partidos de rugby los domingos en donde Nate, para el deleite de Laura y Victor, siempre lideraba a su equipo a la victoria.

 Todo esto, mientras Victor preparaba a Nate para su futuro. A su vez, Victor hacía lo mismo con Jeffrey, quien no mostró ningún interés y eventualmente se marchó recibiendo un puesto nominal que incluía una muy buena oficina donde podría seducir a una gran variedad de mujeres. 

Victor aprovechó su propia astucia y brillantemente de la de su nuevo hijo genio y juntos encontraron legitimidad y respeto, hicieron masas de dinero y forjaron una relación más estrecha que la sangre. Victor sabía que el futuro de Nathaniel era brillante. Él había pasado por muchas molestias para asegurarse de ello. 

Nathaniel conseguiría un buen matrimonio si dejara de revisar todas las faldas que se arrojaban ante él, Laura empezaba a angustiarse. Él tendría hermosos hijos. Viviría en un bello hogar. Siempre cuidaría de Jeffrey y Danielle por el deber y respeto a Laura y Victor. Y se haría cargo de asegurar el legado de Victor. Victor lo daba por sentado. 

Pero Nate jamás olvidó de dónde provenía, jamás olvidó quién era, jamás olvidó qué era, jamás confió en lo que tenía y siempre supo que no lo merecía. Por lo que trabajó muy duro, más duro que cualquier hombre, para mantenerlo, construirlo y hacerlo más fuerte. 

Así nunca lo perdería. 

Así nunca miraría atrás. Así nunca lo destruiría.

Y él estaba empezando a sentir su éxito. 

Y entonces llegó Lily Jacobs.


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Sáb 18 Feb - 14:04

Mmmm. Ya entiendo el odio de Danielle, es que ella quiere a nate para si, por eso el odio hacia Lily. Que interesante la vida de Nate como se forjo asi mismo con el bagaje que lleva encima.  Que perro el hijo de victor, Jeffrey el envidioso, y que fuerte lo de la muerte de la madre






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eilyno

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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

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