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Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por chio.2099 el Jue 23 Feb - 14:41

Woooooo no me canso de decirlo pero estuve mega emocionante y triste y casi lloro aaaa
Primero voy a sacar mi frustracion ....... como es posible que solo les quitaran su apoyo a ese par de bastardos ???????? O sea no se Nate tenia que golpear minimo a jeff hay no se ..... ok son sus hijos pero fueron uno viles reptiles asquerosos .... hay estoy enojada !!!!!
Quiero entender el enfado de los padres de Nate pero se me hizo muy estremo no ???  Lo bueno es que se sintieron peor que mugre al saber todo lo que tuvo que pasas lily 

Nate nate nate mmmmm se me hizo un poco exagerado el decirle """TU MUJER , YO HOMBRE , VIVIR JUNTOS """"  jajajajaja parecia cabernicola reclamandola sin preguntar lo que sentia lily 
 Lily hay pobre, se me apreto el corazon al saber como la habia pasado, lo bueno es que tiene a su adodable y enfadado genio.

Y ahora que va a pasar ?????  
Solo espero que no se metan de nuevo ese par de ratas
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Jue 23 Feb - 15:48

Ok... Gracias por los Capitulos @Julietmo..  jejejejee

solo dire que desgraciados esos hermanos de Nate. Que choque para Lily saber que Nate esta vivo, aunque pienso que Victor se paso de rudo con la pobre hacerle moretones.. Bien comente que tampoco me cae bien el abogadito ese que le recomendo Maxine.

wao  llorón cuanto sufrio la pobre para que Natasha viniera al mundo. 
Nate es la Bomba!!! que decido esta a recobrar su familia y bien merecido el repudio de los padres a los dos idiotas esos.






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Jue 23 Feb - 16:02

La manera en que en estos momentos detesto a Danielle y Jeff es... es... Ajjh!! 
Qué decir de todo lo que sufrió Lily, de lo que sufrieron todos!!


Por otro lado, me encanta Tash!!   Inteligente como el padre, pícara y vivaz como fue la madre y espero que vuelva a serlo pronto.


Ya quiero que Nate se las lleve y comiencen a tener la vida que desde un principio deberían haber tenido! Y quiero ver cómo toman a Fazire!! 


Gracias por la maratón @julietmo!! Si bien ayer extrañé los capis, leerlos hoy de una fue genial!!



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por wordsofthisgirl el Jue 23 Feb - 21:37

Bueno hablando de estos capitulos, realmente no hay palabras para decir la rabia que tengo hacia Danielle y jeffrey desde que fueron nombrados en este libro . como provoca hacerles daño lenta y tortuosamente. 

Lloré y mi corazon se rompio como si fuera el de la propia Lily, pero es que ella lo pidio asi. Ella pido que pasaran por tribulaciones, pero rayos esas tribulaciones duraron mas de 8 años.


   
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Vie 24 Feb - 12:39

16


Laura

Laura estaba sentada bebiendo su té y viendo tanto al amigo de Lily, Fazire, como a su marido, Víctor, enfrentándose silenciosamente.

Y al hacerlo, se preocupó.

Este extraño Fazire, sorprendentemente, no parecía asustado de Víctor. Ni siquiera parecía asustado de Nate y casi todo el mundo estaba asustado de él. Su hijo era esa clase de hombre, dinámico, magnético, alto, fornido. Tomabas un vistazo de él y sabías que, sin importar qué, no debías meterte con él.

Víctor era más viejo, más suave, pero aún mantenía una cierta amenaza por la que sólo Laura y, hace ocho años, Lily, pudieron ver a través.

Por desgracia, parecía que Fazire podía ver a través de ella también.

A Victor obviamente no le gustaba eso. Había puesto una gran

cantidad de esfuerzo en perfeccionar su legendaria amenaza.

—Están tardando mucho. Niña Tash, ve a ver lo que están haciendo

—ordenó Fazire, con los brazos aún cruzados sobre su pecho, su cabeza

todavía inclinada hacia atrás absurdamente para mirarlos bajo su nariz

inclinada, como si estuviera acostumbrado a una mayor altura.

—Déjalos. Tienen cosas que discutir —contradijo Victor mientras

Natasha comenzó a hacer lo que se le pidió. La niña miró a Víctor y luego se acomodó en el sofá de nuevo y se volvió hacia Laura.

—Hay un montón de álbumes de fotos, montones y montones. A Fazire le gusta tomar fotografías. —Natasha explicó su idea de niña de lo que les estaba tomando a sus padres tanto tiempo.

Laura esperaba en silencio que hubiera cientos de álbumes.

Miles.

—No puedo esperar para ver las fotos, mi amor. —Laura le sonrió a su nieta entonces, como había querido hacer desde que la vio, ella tocó la suave piel de su mejilla—. ¿Sabes lo encantadora que eres? —preguntó,sobre todo porque no podía evitarlo.

La respuesta de la niña la sobresaltó y fascinó.

Natasha asintió alegremente.

—Oh sí, mami me llama la chica más hermosa en el mundo entero. — Ella se rió de sí misma ante esta idea, como si fuera divertida, como si no fuera la verdad absoluta.

Laura pensó que ella era la niña más hermosa que había visto nunca. ¿Quién hubiera pensado que las intensamente masculinas facciones de Nathaniel en forma femenina e infantil podrían ser tan sorprendentes?

—Tash —llamó Fazire en advertencia y dejó caer la barbilla para mirar hacia ella de una practicada manera que esperaba obediencia.

—Oh, está bien —cedió Natasha, sonando como si simulara contrariedad y se deslizó hasta el extremo del sofá, se puso de pie y saltó por la puerta.

En el momento en que se perdió de vista sobre el hueco de la escalera, Víctor se abalanzó.

—Ellos necesitan tiempo juntos —le espetó a Fazire. Fazire se volvió hacia Víctor y negó con la cabeza lentamente.

—No lo necesitan. —Cada palabra se dijo con absoluta certeza.

—Hay cosas que Nathaniel tiene que explicar. —Víctor estaba inclinado hacia adelante en la cintura, tratando de mantener la calma.

Una mirada a su marido y Laura dijo con dulzura:

—Victor.

Laura sabía que este Fazire significaba mucho para Lily. Había oído a Lily hablar de él, le contó a Laura historias acerca de él. Era mucho más joven que lo que Laura hubiera adivinado, teniendo en cuenta que estaba con la familia de Lily antes de que naciera y él parecía estar en sus cuarentas.

Eso simplemente no le impediría a Victor irse cabeza-a-cabeza con él en la sala de Lily en esta —su primera y más delicada— visita.

Fazire, aun sin ver ninguna amenaza notoria de Víctor, replicó:

—Entonces él debería explícamelas a mí. Yo fui el que estuvo de pie fuera de su puerta cuando su hija le dijo a Lily que él estaba muerto. Yo fui el que estuvo de pie mirando a los ojos devastados de una chica embarazada de veintidós años, que estaba sola en el mundo, excepto por mí. Yo fui el que llamó a la ambulancia cuando la sangre se derramaba fuera de ella y casi perdió a Natasha. Yo he estado a su lado todos estos años, mientras él vivía a dos horas de distancia y no se molestó en recorrer la distancia para llamar a la puerta de entrada.

El rostro de Víctor se estaba poniendo de un tono alarmante de rojo y Laura se puso de pie para poner una mano en el brazo de su marido. Cada palabra que el hombre dijo resonó en ellos como martillos.

Fazire no había terminado.

—Y yo fui a quien ella llegó después de que se hubiera ido de su casa hace unos días, intentando finalmente decirles sobre Natasha, sobre lo cual ella había estado hablando de hacer desde que nació Tash. Incluso se había sentido culpable por ello, no ir a ustedes, a pesar de que ella ha tenido apenas dos libras con las que arreglárselas durante ocho años. Yo fui el que vio el estado en que se encontraba cuando regresó y yo fui el primero en ver los moretones que tú le provocaste.

El color rojo en las mejillas de Victor estaba allí ahora por otro motivo.

—Pensamos que había... —comenzó Víctor.

—No importa lo que ustedes pensaron —lo interrumpió Fazire—. Cualquier persona que pasa una hora en compañía de Lily sabe que es digna de una caminata por la ladera de un volcán traicionero y amenazante para recuperarla, y mucho menos un paseo de dos horas en automóvil.

Por último, después de haber dicho lo que tenía que decir, Fazire se dio la vuelta y los despidió, sorbiendo delicadamente de su taza de té. Él distraídamente observó como la Sra. Gunderson se paseó en la habitación, le echó un vistazo, parpadeó como si le comunicara que su corto y efectivo discurso estuvo bien declarado y entonces salió de nuevo.

Laura decidió jugar a mediadora.

—Todos tenemos que llevarnos bien, por el bien de Nathaniel y de Lily. Por el bien de Natasha.

La mirada de Fazire se deslizó hacia ella.

—No hay un “Nathaniel y Lily”. Ella no lo aceptará. Lily ya terminó con su hijo. Y, por desgracia, les puedo asegurar que la Lily que conocieron hace tantos años no es la Lily de hoy. Cuando la Lily de hoy no acepta algo, simplemente no sucede.

Laura sintió una sensación de hundimiento en su estómago y sus ojos consternados volaron hacia su marido, pero él estaba mirando a Fazire y Laura vio que Víctor estaba sonriendo.

—Lo que tú no sabes, Fazire —proclamó Victor—, es que cuando mi hijo quiere algo, encuentra una manera de conseguirlo.

Fazire se enfrentó de nuevo con Víctor.

—Ya veremos.

En ese momento, hubo un gran clamor proveniente de la escalera y Natasha bajó, con una sonrisa de oreja a oreja y con un álbum de fotos.

Ella corrió a la sala y lo colocó de golpe en la mesa delante de Laura.

—Aquí está el primero que deberíamos mirar. Es el más reciente pero tiene las mejores fotos, ja...más —anunció.

Lily y Nathaniel la siguieron más lentamente, ambos cargando álbumes. Lily entró en la habitación con sus mejillas sonrojadas, dándole un aspecto más sano y vivo de lo que la habían visto en estos últimos días.

Sin embargo, sus ojos eran cautelosos. Nathaniel, por otra parte, entró luciendo muy complacido acerca de algo.

Laura miró a su esposo y esa sensación de ansiedad se aligeró maravillosamente.

Antes de que alguien pudiera decir algo, otro gran bullicio vino del vestíbulo.

—Llego tarde, llego tarde. —Escucharon antes de ver el cuerpo detrás de la voz—. Sé que llego tarde. Tesco 5 estaba atestado de gente. The Witches Dozen era una casa de locos. Apenas...

Entonces la puerta se llenó de una alta dama mayor, muy bonita, que lucía un poco como Elizabeth Taylor. Llevaba un largo caftán amatista liberalmente hilvanado con plateado. Ella acentuó esto con una gran cantidad de joyas plateadas que tintineaban ruidosamente y zapatillas tipo mulas púrpura de tacón muy alto puntiagudas, adornadas con lentejuelas.

Llevaba una caja de panadería y cuatro bolsas de Tesco colgando. Ella se detuvo en seco ante lo que vio. Primero a Natasha de rodillas en el suelo, abriendo un álbum. Luego sus ojos se dirigieron a Laura.

Luego a Victor de pie junto a Laura. Luego a Fazire frunciendo el ceño ferozmente. Luego a la ruborizada Lily.

Por último, más cercano a ella, divisó a Nate.

Al verlo, sus ojos se desorbitaron cómicamente, su boca cayó abierta y se quedó mirándolo embobada abiertamente.

A segundos de su atónita contemplación, ella apartó su estupefacta mirada de Nate para mirar a Lily. Sus ojos se estrecharon en el rostro de Lily, luego se dirigieron de nuevo a Nate.

Después de un momento, su boca se cerró de golpe otra vez y pareció llegar a alguna conclusión. Entró en la habitación, directo hacia Nathaniel y Laura contuvo el aliento.

—Tú —afirmó, esa única palabra restallando con significado luego inmediatamente su rostro se fundió en una sonrisa absolutamente impresionante—, debes ser Nate.

Ella se inclinó y lo besó en la mejilla. La respiración de Laura salió de prisa y, si no estaba equivocada, también escuchó a Victor hacer lo mismo.

Nate se acercó a la mesa, dejó los tres álbumes de fotos en ella y volvió a la mujer.

—Tomaré eso. —Y sin esperar respuesta, la despojó de la caja y dos de las bolsas.

—¡Galante! —declaró casi en un grito, como si él se hubiese arrojado en persona sobre un charco para que ella no hubiese tenido que mojar sus elaboradas zapatillas tipo mulas. Laura estaba intensamente aliviada de que todos sus años inculcando un comportamiento propio de un caballero en su hijo finalmente estaban dando sus frutos.

—Puesto que Lily parece incapaz de hablar y Fazire no es cortés ni en el mejor de los momentos, voy a presentarme —anunció ella—. Soy Maxine Grant, amiga de la familia. —Estaba mirando a Nate cuando dijo esto, pero entonces sus ojos se trasladaron a Laura—. Tú debes ser Laura —declaró amablemente.

Laura asintió y caminó hacia la otra mujer, con la mano extendida.

Maxine, Laura aprendió rápidamente, no era del tipo de mujer que estrechaba manos. Cuando sus manos se encontraron, las de Maxine se cerraron sobre las de Laura firmemente y, con un fuerte tirón, jaló a Laura hacia adelante y la besó en una mejilla.

Después de esto, sus ojos miraron por encima del hombro de Laura y divisó a Victor. La calidez en su rostro y en su voz se congeló.

—Y, presumiblemente, usted es Victor. Victor, que lo estaba pagando muy caro —incluso Laura tenía que admitir que se lo merecía, sin importar lo mucho que lo amara y comprendiera sus acciones— por su comportamiento de unos cuantos días antes, asintió e interpretó correctamente que él no iba a recibir ningún beso en la mejilla.

—Maxine —proclamó Fazire su nombre como si estuviera a punto de hacer un anuncio real—, olvidas de que esta no es una reunión familiar feliz.

La cabeza de Natasha se alzó de golpe con sorpresa.

—Sí lo es, acabo de ver...

—¡Bien! —gritó Lily, interrumpiendo a su hija, avanzando y colocando sus álbumes en la mesa con los demás—. Es hora de los refrigerios.

Laura vio a Nate sonreír mientras miraba a Lily y ante esa vista, Laura sintió esa sensación de aligeramiento en su vientre mientras ésta volaba a las estrellas.

Lily caminó de regreso hacia Nate, ignoró su devastadora sonrisa, de hecho, ni siquiera lo miró a la cara, y sacó la caja y bolsas de sus manos.

Hizo esto con mucho cuidado, como si el contacto con su piel la quemaría como ácido. Se movió diligentemente hacia la puerta y por encima del hombro dijo:

—Maxine, ¿te importaría ayudar?

Sin más preámbulos, ambas mujeres salieron de la sala. Todo el mundo permaneció de pie y esperó, luego Fazire hizo una peculiar proclamación.

—Yo tengo un poco de canalización que hacer —pisoteó hasta la puerta, se giró y se quedó parado, atravesando a todos y cada uno de los adultos en la sala con una mirada fulminante—, un montón. —Entonces salió dando pisotones.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, Natasha llamó:

—Papi, ven a echarle un vistazo a esto.

La mirada de Nate se movió a su hija y sus ojos se calentaron casi palpablemente. Laura notó que él estaba feliz. Notó que, a pesar de que ella no tenía idea de lo que estaba ocurriendo, sea lo que sea que estuviera ocurriendo, Nathaniel pensaba que eso iba bien.

Laura sintió la tensión aflojarse completamente en ella cuando Nate fue a sentarse en el sofá. Él se estiró y atrajo suavemente a su hija entre sus piernas. Juntos, con sus dos cabezas idénticamente oscuras inclinadas, miraron en el álbum.

Victor se trasladó para unirse a ellos mientras Laura se quedó de pie indecisa.

—Creo —dijo y todos los ojos se volvieron hacia ella—, que iré a ayudar a Lily y a Maxine.

—Hazlo, amor. —Victor le dio un guiño alentador pero Laura esperó la aprobación de Nathaniel.

Las comisuras de su boca se elevaron casi imperceptiblemente y él asintió una vez.

No necesitó más ánimo y casi salió corriendo al pasillo.

Hace ocho años, Lily Jacobs había entrado en sus vidas y todo había cambiado. Laura no habría podido explicar cómo sucedió si alguien la estuviera obligando a hacerlo con una pistola apuntada a su cabeza. Era simplemente un hecho, que Lily se suponía que estuviera con ellos, como parte de su familia.

Ella encajaba.

Entonces sucedió algo terrible —y Laura estaba tratando muy duro de no pensar en lo que era ya que era demasiado doloroso de soportar. Ahora, no sólo Nathaniel, sino todos ellos tenían trabajo que hacer para reconquistar a Lily, ganar su confianza y traerla de vuelta a su legítimo lugar.

A medida que se acercaba a la parte trasera de la casa donde vio la
cocina, aminoró la marcha cuando oyó las voces. Laura no era el tipo de persona de escuchar a escondidas, de hecho, encontraba espantosa la idea en sí. Pero algo sobre las voces susurradas de Lily y Maxine, sus tonos, la hizo detenerse. Ella se apretó contra la pared para no ser vista y escuchó.

—Lily, háblame —le estaba insistiendo Maxine—, dime lo que ha pasado.

—Nada —contestó Lily e incluso Laura, que no podía ver su rostro, supo que era una mentira. También fue dicho en un tono que indicaba claramente que no pensaba hablar de ello.

—No me dijiste que él era tan bien parecido —dijo Maxine y Laura oyó el ruido de las bolsas crujiendo.

—Sí, lo hice —replicó Lily.

—No... lo... hiciste. Él es imposiblemente bien parecido —señaló Maxine.

—Maxine, no quiero hablar de esto —afirmó Lily con firmeza.

—Increíblemente apuesto. —Maxine no se dejó intimidar—. No le hiciste justicia cuando lo describiste.

—¡Maxine! ¡He producido poesía sobre la apariencia de Nate durante años!

Ante eso, Laura sonrió para sí y se acercó más a la puerta, cuidadosa de no acercarse demasiado y ser vista.

—Aun así no le hiciste justicia —murmuró Maxine.

—No voy a hablar de esto —estalló Lily, claramente perdiendo la paciencia.

—Entonces hablaremos de por qué te ruborizas. —Maxine era como un perro con un hueso, no iba, pensó Laura con deleite, a dejarlo ir.

—No me estoy ruborizando —negó Lily y, pensó Laura, mentía.

—¡Sí!

—Maxine, basta. —El tono de Lily estaba lleno de advertencia.

—No. ¿Qué sucedió? ¿Él dijo algo? ¿Hizo algo? Espero que sí haya hecho algo —dijo fervientemente.

—Maxine...

—Lily, cariño, puedes contarle a la vieja Maxie.

—¡Me besó! —pronunció Lily en un incrédulo susurro.

Esto fue recibido con silencio y Laura, ella misma sorprendida de la frontal actitud de su hijo, se inclinó incluso más cerca de la puerta para oír la reacción de Lily.

Finalmente, Maxine rompió el silencio.

—¿Le devolviste el beso?

—¡No! ¡Sí! Bueno, no la primera vez —respondió Lily.

—¿Te besó dos veces? ¿Qué tan tarde llegué yo? —preguntó Maxine en un grito apagado.

Lily no se molestó en responder eso.

—¿No fue agradable? —insistió Maxine.

—Sí, fue agradable. Siempre fue agradable con Nate —dijo Lily con esa voz que dejaba en claro que no estaba feliz con que fuera agradable.

—Apuesto a que fue bueno —murmuró Maxine. Luego lanzó un conjunto de rápidas preguntas—. ¿Hablaron? ¿Se explicó? ¿Dijo algo?

Silencio.

Maxine insistió.

—Debe haber dicho algo, debe haberte contado por qué no vino a ti.

Más silencio.

Maxine insistió con Lily.

—Quiere casarse contigo.

Completo silencio.

»¡En dos meses! —Ahora, Maxine perdía la paciencia.

»No voy a hablar de esto.

—¡Lily!

Hubo un agudo sonido como si algo fuera golpeado contra un mostrador.

»¡Me prometió que nunca me iba a dejar ir! ¡Me dijo que me cuidaría! —siseó Lily.

—Cariño... —Esto fue dicho para aplacar y Laura no tenía que estar en la habitación para ver a Lily para saber qué sentía. Era claramente aparente por la emoción que temblaba en su voz.

—No, Maxine. Tú entre todas las personas deberías saber cómo ha sido, lo que hemos pasado. No. Me lo prometió. —Se interrumpió, incapaz de continuar con su pensamiento, luego continuó—. Durante ocho años, pensé que estaba muerto.

Hubo un sonido de movimiento y luego:

—Lo sé, cariño, pero no está muerto y está aquí y...

Lily interrumpió a su amiga, su voz ahora era amarga y el sonido de la misma rompió el ya herido corazón de Laura.

—Le creí. Confié en él. Y no vino por mí. Pensó que lo había abandonado, así de simple. —Laura oyó algo romperse—. Que yo lo dejé. ¡Es ridículo! Y sin explicación, sin razón, simplemente me levanté y me mudé después de lo que había sucedido entre nosotros. No vino a buscarme. Incluso si pensó que yo lo había abandonado, no vino por mí, para pedirme que le explicara, para convencerme de que regresara a casa. Mintió. Dijo que no me dejaría ir y lo hizo, sin decir una palabra, sin hacer nada para evitarlo.

Maxine habló.

—Quizás deberías hablar con él, quizás tenga una explicación.

Los sonidos de trabajo regresaron.

—Ya es demasiado tarde y no sirve para nada —devolvió Lily—. Hemos tenido dificultados, no... yo he tenido dificultades. Tuve que depender de Fazire y de ti y... y... ¡él tiene a un hombre que puede transferir siete millones de libras en la cuenta bancaria de una persona en un día! ¡Lo has visto! Me arrastró a una habitación con abogados y amenazó con quitarme a mi hija. Pensó lo peor de mí. Pensó que era una frívola y atontada idiota que fue y quedó embarazada y luego se lo escondió durante años. —Laura oyó los decididos sonidos de Lily manteniéndose ocupada—. Él no puede explicar eso. No quiero oír nada de lo que tiene que decir. Se terminó. Nos pondremos de acuerdo en un horario de visitas y tendré que verlo cuando venga a buscar a Tash y cuando la traiga a casa. Eso es todo. El fin.

—Lily, no puedo evitar pensar que estás cometiendo un error — advirtió Maxine y Laura sintió un momento de esperanza.

Luego, ante las siguientes palabras de Lily, su esperanza murió.

—No, ya cometí ese error, hace ocho años. Ahora me estoy protegiendo. No podría resistirlo si sucediera de nuevo y, Maxie, necesito que me apoyes.

Más ruidos y luego un ahogado:

—Sabes que lo haré. Siempre lo he hecho. Quiero lo mejor para ti.

La conversación terminó y Laura se quedó parada en el corredor, preguntándose qué hacer.

Debería, por supuesto, contarle a Nathaniel.

Debería intentar hablar con Lily, contarle de Nathaniel y por qué él pensaría que ella lo abandonaría. Cielos, Laura sabía en su corazón que aunque nunca se lo había dicho, Nathaniel la había dejado ir. Laura quería explicar todo lo que era su hijo porque ella sabía, sabía, que Lily comprendería.

Pero no lo correspondía.

Nathaniel no le agradecería que compartiera la información sobre su
antigua vida. Lo llevaba como una insignia de honor at mismo tiempo que lo escondía como un sucio secreto.

Laura, como Victor, pensaba que Nate podía hacer cualquier cosa.

Ella pensaba esto porque él lo había probado una y otra vez. Él no
necesitaba a nadie, había cuidado de sí mismo desde que había nacido.

Nunca había pedido nada desde que ella lo conocía, si lo quería, lo conseguía. Esta vez, aunque él no lo sabía, necesitaba a su madre.

Y ella iba a estar ahí para él.

Laura esperó hasta que hubo el suficiente tiempo para que las dos mujeres en la cocina se aseguraran de que ella no había oído nada y luego entró, sonriendo brillantemente.

Una vez en la habitación, Laura preguntó:

—¿Puedo ayudar?


Que tu boca no calle lo que tu corazón siente....
Que tus sentimientos no sean una mentira....



 
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por mariateresa el Vie 24 Feb - 12:46

QUE EMOCIÓN  llorón llorón llorón :M-M:MENOS MAL QUE SE DIERON LAS EXPLICACIONES CORRESPONDIENTE, AHORA FALTA SANAR Y PODER FORMAR UNA FAMILIA.
ARGG POCO CASTIGO FUE REPUDIARLOS 


LES HARÍA ALGO PEOR.

Y THAS SACO LO MEJOR DE AMBOS ME ENCANTA  

GRACIAS POR EL CAPITULO....


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Vie 24 Feb - 14:31

Uff, por lo menos no todo está perdido, aunque Tasha es un amor y puede que ayude rápidamente a la Causa de Nate..

Gracias por el capi






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Vie 24 Feb - 16:36

Creo que... No, sé que así como Lily actúa ante la situación, yo lo haría igual... 

Sabemos del pasado de Nate y por qué la dejó ir sin explicación, pero Lily no lo sabe y él le falló, no adrede pero lo hizo, cuando uno confía y cree verdaderamente en otra persona, en una que ama, el que te fallen así sin explicación es devastador, y más con todo lo que debió sufrir.

Veremos si Nate logra en el próximo capítulo hablar con ella y explicarle... O si Lily se mantendrá por más tiempo en sus trece. 

Sin duda Tash va a ser de mucha ayuda para que logre llevárselas a su casa.

Gracias por el capi!!



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Vie 24 Feb - 19:34

17


Lily

Era casi tiempo de cerrar y Lily, atrapada en sus pensamientos — la mayor parte de ellos no muy buenos, el resto de ellos sumamente confusos— estaba sentada detrás del mostrador del “Flash and Dazzle”, la tienda de Maxine y Lily en la ciudad. Lily había comprado la tienda hace varios años usando los fondos sobrantes de la venta de su casa de la infancia. 

Ella los había guardado en caso de que algún desastre ocurriera y en esos días, los desastres sucedían con una alarmante frecuencia: el refrigerador se rompió (dos veces); el embrague se salió del auto; la lavadora se desbordó e inundó la casa. 

Al principio, Fazire se ocupaba de ellos con un movimiento de su muñeca pero el Magnífico Gran Genio Número Uno lo había atrapado y advertido que si lo hacía una vez más, sería considerado como el último deseo de Lily y tendría que dejarlos. Y no había manera de que Lily permitiera que Fazire los dejara, él era la única familia que tenían. Fazire había estado furioso, realmente no podía conseguir un trabajo porque no tenía ninguna habilidad, excepto la magia, y además, él no existía en el mundo humano y no tenía pasaporte ni licencia de conductor. 

Había comenzado su viaje aéreo a Indiana hace ocho años en la botella abierta en el compartimiento de equipaje, se formó y hechizó en el área de pasajeros para sentarse con Lily. No podría conducir un auto, le asustaban. “La maquinaria,” decía con un estremecimiento para ocultar su miedo, “es común”.

En aquellos días, él no podía hacer mucho para ayudar, excepto problemas sin magia.

Sin embargo, tampoco podría ir en contra del Magnífico Gran Genio Número Uno, las consecuencias serían nefastas. Por lo tanto, por años Fazire había estado sin magia a excepción de flotar, por supuesto, y de la creación ocasional de tres helados con chocolate derretido.

 Afortunadamente, Flash and Dazzle había estado volviéndose popular y lo seguía siendo. Cada artículo en la tienda era hecho a mano por diseñadores y artistas talentosos, cada pieza era única de su clase. Dos de sus diseñadores de joyería se habían vuelto inmensamente populares y Maxine había encontrado a esta mujer que hacía los más finos, más encantadores, suéteres hechos a mano que Lily había visto alguna vez. La gente venía desde lejos a comprar un suéter de ese tipo, un vestido o una pieza de joyería. 

Maxie había querido ampliar y abrir una tienda en Bath, pero no tenía el dinero suficiente para hacerlo. Pues ella había ayudado increíblemente a Lily a lo largo de los años, Lily tuvo la oportunidad e invirtió en la expansión de Maxie. Había sido una buena inversión, aumentando sus ingresos solo lo suficiente para hacer que su situación financiera cambiara de “crítica” a simplemente “grave”. 

Maxine ahora pasaba su tiempo yendo de una tienda a otra, deslumbrando a sus clientes con su personalidad extravagante, clientes que vinieron por mercancía pero regresaron por otra dosis de Maxie, y cuidando a sus empleadas como si todas fueran sus hijas favoritas. Lily administraba lo que ahora consideraba como “su” tienda. Ella había estado trabajando allí —a excepción del breve tiempo que vivió en Londres y el tiempo que no había podido trabajar debido a su embarazo de Tash— por casi una década. Amaba el lugar, mantuvo las flores en la jardinera de la ventana y el exterior de las tinas brillantes y alegres todo el año. Ella diseñó las muestras de los artículos con minuciosidad. Se encargó de sus propios empleados y de todos los variados y diversos problemas de chicas como si fueran sus hermanas pequeñas. Era perfecto pues Lily podía caminar al trabajo y así no abusar de su obstinado auto. 

Podía tener sus propias horas. Y podía tener a Tash allí siempre que deseara. 

No era exactamente comparable a ser una novelista galardonada, de alta sociedad, éxito en ventas pero ponía alimento en su mesa. Ese día, como cada día, Lily llevaba ropa y joyería que compró en la tienda al por mayor o no habría sido capaz de pagarlas, Flash and Dazzle era una tienda muy exclusiva.
 El vestido de Lily era color salmón con tirantes finos y delicadas flores rosa fuerte bordadas en él. La blusa le quedaba como un guante en su torso para soltarse ligeramente en las caderas y caía hasta terminar a mitad del muslo.

 Vestía esto con un par de sandalias rosa fuerte y un conjunto de brazaletes de brillantes colores, con incrustaciones de brillo en todos los tonos de salmón, melocotón y color rosa tintineando en su muñeca. 

Lily no tenía ninguna idea de que un vistazo de ella, con estilo deportivo del inventario de Flash and Dazzle, hacía la mayoría de las ventas en la tienda (aunque Maxine sabía esto, con certeza). Tampoco tenía idea de que, incluso en su estado actual de delgadez, su gloriosa belleza no se había desvanecido con los años, de hecho, se profundizó con la madurez. Su angustia había agregado solamente un encanto misterioso. Ella nunca había aceptado su belleza y todavía no sabía completamente que existía. Tenía la sensación de que ya no era el patito feo, sin embargo. No era sorda o ciega y ciertamente no era estúpida. Ella estaba, ese día, evitando su hogar. 

Era sábado, había sido el miércoles cuando Nate y los Roberts habían venido a conocer a Natasha. Nate estaba de regreso hoy, arreglando las lecciones de equitación para Natasha. Éste era el deseo más desesperado de su hija, pero como las lecciones cuestan casi cuarenta libras por hora, Lily no había podido pagarlas. Había estado ahorrando para regalárselas en Navidad. 

El hecho de que Nate podía pagarlas sin pestañear, Lily lo encontraba bastante molesto. 

Ahora, Lily tenía siete millones de libras en el banco, dinero que Alistair estaba arreglando para poner en el fidecomiso de Natasha. Lily no iba a tocar ni un solo centavo. 

Ella decidió esto tercamente, aun cuando Fazire intentó convencerla para mantener algo, para acabar los últimos cuartos en la casa, esto incluía toda la planta baja con jardín, que aún no se había tocado y las tres habitaciones que no había comenzado en el piso superior, por no mencionar su desastre de dormitorio.

 Fazire le dijo que pusiera un poco en los ahorros y le diera más a Maxine, que deseaba abrir otra tienda en Cheltenham. Él intentó, con gran determinación, a través de la conversación, flotando peligrosamente cerca del techo, para convencerle a que invirtiera en su propio futuro.

Lily no quería oír ni una palabra de eso. 

No era su dinero. 

Era dinero de Nate y ahora dinero de Natasha. 

Y eso era todo. 

Y Lily había tomado otra decisión, ésta estratégica. 

Había decidido evitar a Nate por completo y no vaciló en poner ese plan en particular en acción. Lily no había estado en casa cuando Nate llegó esa mañana. Dejó a Fazire vigilando a Natasha y entregársela a Nate cuando llegara. Fazire, de casualidad, convino sinceramente con su “Plan de Evitar a Nate”. Ni siquiera quería reunirse con él en la sala de conferencias con los abogados, en vista de que la vez última la había apoyado contra una pared y había sostenido su cara como si fuera la pieza más fina de cristal. 

Ciertamente no deseaba estar sola con él, teniendo en cuenta que la última vez que habían estado solos, él la besó. 

¡La besó! Fue una locura y era, simplemente, inaceptable. Ella se perdonó para regresarle el beso. 

Había estado deseando besar a Nate por ocho largos años, deseando tocarlo, sostenerlo, tenerlo de vuelta y nunca, nunca dejarlo ir. Se lo permitió dárselo en un momento de debilidad, solo una vez. Pero no otra vez.

 Nunca otra vez. 

El resto de ese día, cuando Natasha conoció a Nate y a los otros miembros de su creciente familia, había ido relativamente bien. Lily se había sorprendido por la aparición de Víctor y Laura pero, si ella podía manejar a Nate, sin duda podría tolerar a Víctor y a Laura por algunas horas. 

Se habían servido las golosinas de Maxine y tuvieron más té y café. La conversación fue incómoda y forzada y en su mayoría hecha por los disparates emocionados de Natasha, las bromas hilarantes de Maxine y los suaves, comentarios cuidadosos de Laura.

 Entonces Laura sugirió una caminata en la orilla de la playa, lo que animó a Lily con gran ilusión, corriendo por las escaleras para arrastrar a su genio fuera de su botella —Fazire furiosamente estaba contactando a sus amigos para contarles el episodio más reciente de la saga de Lily— y planear su estrategia con su siempre útil amigo.

 En el último minuto, Lily explicó que acababa de recordar un recado urgente que tenía que realizar. Nate le había dado una mirada que era a la vez molesta y paciente y, más irritada sabiendo que ella lo había ignorado.

 Dio sus breves despedidas e hizo caso omiso a la mirada decepcionada de Laura. 

Ella corrió hacia su Peugeot, persuadiéndolo para que se encendiera y se fue tan rápido como el pequeño auto la podía llevar, el cual, obviamente, no era muy rápido.

Fazire, tal y como estaba previsto, llamó a su celular cuando la costa estaba despejada. Ella y Fazire habían arreglado cuidadosamente su siguiente táctica para evitarlo. A menos que Fazire la llamara, Lily trabajaba en la tienda todo el día e iba al supermercado después. 

Esto, esperaba, le daría a Nate el tiempo suficiente para tener su visita con Tash e irse.

 Las lecciones de equitación no duraban todo el día, solo una hora. Aun así, más de una botella de vino la noche anterior, Lily y Fazire habían hecho media docena de excusas para que ella se fuera inmediatamente otra vez en caso de que Nate siguiera estando allí cuando llegara a casa —lo cual no haría que él realmente supiera que ella lo estaba evitando. 

Alistair la animó a evitar a Nate, incluso lo exigía. 

Estaba trabajando actualmente con los abogados de Nate para organizar un horario de visitas y dejar claro que Lily no tenía ningún interés en lo que llamaban una “reconciliación”. Los abogados de Nate se negaban incluso a abordar el tema de las visitas, exigiendo la reconciliación y habían llegado tan lejos como para presentarle a Alistair un acuerdo prenupcial. 

Esto, Alistair volvió después de que Jane lo hubiera destrozado. Alistair no lo leyó y ciertamente no le dio a Lily la oportunidad de hacerlo, aunque ella hubiera querido, no lo hizo. 

Trató de no pensar en lo que Nate le había dicho mientras estaban recogiendo los álbumes de fotos a pesar de que no estaba lo bastante satisfecha. Él pensó que ella lo había dejado, lo que era absurdo, y esto la confundió. No había ido tras ella y eso la enfureció. 

Que él no sabía que Jeff y Danielle habían conspirado para mantenerlos separados era obvio. Que él aceptó que lo había dejado sin tratar de descubrir por qué, la dejó pasmada. Sobre todo porque, claramente estaba tratando de tenerla de vuelta. Por otra parte, cuando pensó que ella se había ido, no había ningún niño implicado. Ahora había y si Lily entendía algo, era la importancia de la familia. Lily ni por un segundo pensó que la deseaba a ella sino que las quería a ambas.

 Era más que probable que Tash, con Lily como compañía y compañera de la cama dispuesta ayudara a endulzar el trato. Y Lily no quería saber nada de eso. Era la hora de cerrar y por lo general Lily estaba feliz de ir a casa a Tash y Fazire un sábado cuando comerían pescado y patatas fritas y darían un paseo a orillas del mar o verían un DVD. A Tash le gustaba Pixar, a Fazire le gustaba los Westerns, a Lily no le importaba lo que veían. En cambio, cerró las puertas, muy lentamente, poniendo en orden la tienda, bloqueando la caja registradora y buscó las tareas más duraderas para retenerla.

 Luego fue a Tesco y en vez de correr por la tienda en su frenesí normal de madre ocupada, comprobó etiquetas de los productos, cantidades asignadas y pasó grandes períodos de tiempo contemplando los inventarios de la despensa en su casa antes de decidirse comprar. 
Llenó el auto, colocando cuidadosamente cada bolsa de manera segura en el maletero como si las catalogara por su posición. Era extraño, tener tiempo en sus manos. Era una sensación extraña que no había tenido en mucho tiempo, no podía recordar la última vez que lo tuvo. Sí, podía, cuando vivía en Londres con Nate. 

Luego se acercó de nuevo a la tienda de compras para devolver su carro, tarareando para sí misma de brazos cruzados como si tuviera todo el tiempo del mundo. 

Entonces, contra su voluntad, por primera vez en su vida, se fue a casa. 

Un brillante, elegante, auto deportivo estaba estacionado en el frente de su casa, eliminando toda esperanza de que Nate ya se hubiera ido y Fazire simplemente hubiera olvidado el teléfono. Ella expertamente, con años de práctica, estacionó en paralelo el Peugeot en el lugar detrás del Aston Martin —Nate, vio, no había cambiado su predilección por los autos rápidos—, preparándose mentalmente para lo que estaba por venir. 

Sopesó sus excusas, decidiendo que era mejor, un viaje de emergencia al centro comercial porque su secador de pelo estaba roto, lo cual no era cierto, pero todo el mundo sabía que una mujer no podía vivir un solo día sin su secador de pelo. Sacando tantas bolsas como fuera posible de la cajuela, luchó, con los brazos cargados, a la casa. Estaba apenas a la mitad del camino cuando la puerta se abrió.

—¡Mami! —Natasha salió volando con su fogosidad habitual, seguida con urgencia por Fazire que tenía una mirada en su cara que sólo podía ser descrita como “tormentosa”—. ¡No lo cree... rías! —gritó Natasha emocionada. 

Nate siguió a Fazire y Lily contuvo su reacción al verlo saliendo casualmente de su casa. No podía contar las veces que ella había soñado con que esa misma visión se volviera real.

 Le resultaba enormemente molesto que él fuera más carismático, más atractivo, más apuesto que hace ocho años. 

Llevaba vaqueros y una camisa de cambray de manga larga, las mangas enrolladas parcialmente en sus antebrazos y se veía inmensamente masculino.

 —¿Creer qué? —preguntó Lily, tratando de sonreír a su hija feliz al mismo tiempo, haciendo caso omiso de Nate y encontrándolo difícil. Decidió que eso, también, le molestaba.

 Fazire caminó hacia ella, mostrándole una mirada llena de ira apenas contenida. 

Murmuró mientras pasaba: 

—Tash confiscó mi móvil lo que sea y no me permitió utilizar la línea de casa. 

Entonces, ante ese extraño anuncio, fue hacia la cajuela para obtener el resto de los alimentos.

—Papá ha estado muy ocupado hoy. Ocupado, ocupado, ocupado —le dijo Natasha con deleite—. Fazire quería llamarte, pero no se lo permití porque era una ¡sorpresa! 

Nate se dirigió directamente a ella.

 —Lily —saludó.

 Ella le dio la mirada más breve y empezó a mirar hacia a Tash para preguntar acerca de esta “sorpresa” cuando Nate se inclinó hacia ella. 

Ella había dejado de hablar con Tash, pero ahora se echó hacia atrás para evitar a Nate. Él simplemente se acercó y tomó todas sus bolsas de las cuales había cinco y él le echó un vistazo, de nuevo, molestamente conocedor.

 Luego con calma, como si se hubiera llevado comestibles en su casa todos los días durante los últimos ocho años, se volvió y entró en la casa. Ella le fulminó con la mirada su espalda y decidió que lo encontraba molesto también. 

—¡Ven mira, vamos, vamos, vamos! —instó Natasha emocionada. Tash la agarró de la mano y tiró de Lily hacia adelante.

 Lily lanzó una mirada por encima del hombro a Fazire que llevaba las últimas tres bolsas a la casa. Sus labios estaban apretados y su rostro tenso.

 Fazire, Lily sabía, se tomaba la deserción de Nate personalmente. Fue, pensó, el encargado de traer a Nate a la vida de Lily a través de su deseo. 

A pesar de que Lily trató de convencerle de lo contrario, Fazire se sentía personalmente responsable de todo lo que le pasó a Lily. Sabía que pesaba sobre él y que estaba decidido a castigarse e incluso había ido tan lejos como para prometer la jubilación anticipada desde la hermandad de los genios considerando la enormidad de su error.

 —¡Mamá, vamos! —exigió Tash y Lily se dejó arrastrar a la casa, las escaleras y hasta su dormitorio. Entonces vio su “sorpresa”. En la puerta de su habitación, llegó a un punto muerto. 

Sus ojos se abrieron.

 Su boca se abrió. Y se quedó mirando fijamente. 

—No puedes entrar porque el piso se está secando. Volverán mañana para poner dentro el nuevo mobiliario. ¿No es genial? Es como Changing Rooms, excepto que no han terminado todavía. —La emoción de Tash estaba apenas contenida, prácticamente bailaba de alegría. 

La habitación de Lily se había transformado. 

Todos sus muebles se habían ido, ni siquiera un rastro de ellos en el pasillo. Las paredes lisas y estaban pintadas de azul muy pálido. La carpintería brillaba con una nueva capa de brillo blanco. Un enorme rosetón había sido colocado en el centro, donde también se encontraba una lámpara elegante intrincada llena de glamour. Las cornisas también habían sido reemplazadas, luciendo hermosas, clásicas y limpias. 

Los pisos fueron lijados y rebarnizados. Lily miró su reloj. Se fue esa mañana a las ocho. Ahora eran las seis y media. No podía creer que todo hubiera sido hecho en ese tiempo. Le tomó seis meses pintar el pasillo. 

—Había, como, siete hombres aquí. No podía creer que pudieran entrar todos en tu habitación, pero lo hicieron. Incluso aspiraron y limpiaron cuando se fueron así estaría ordenado cuando vinieras a casa — explicó Tash y luego respiró con asombro—. ¿No es exuberante?

 —Es una maravilla —murmuró Lily, ahora mucho más que molesta. Estar más que molesta, no era divertido.

 Estaba lista para la batalla.

 —Hazme un favor, muñeca, y ayuda a Fazire con los comestibles. — Tash estaba tan emocionada de lo que pensaba que era un gran gesto de su padre, no se dio cuenta de los brillantes ojos azules de su madre—. Y, pregunta a tu padre si puede venir aquí. Me gustaría hablar con él. 

—Está bien —accedió Tash, ciega a la furia de Lily, y corrió por las escaleras. 

Su entusiasmo natural se incrementó de doce niveles a incalculable por toda la buena suerte que creía les había sucedido tras la llegada de su padre. 

Mientras esperaba, Lily paseaba por el rellano. Cada vez que se volvía y alcanzaba a ver su habitación, su temperamento se encendía aún más fuera de control.

 Cuando alcanzó a ver la oscura cabeza de Nate tranquilamente subiendo la escalera, sin decir una palabra, dejó de pasearse y bajó las escaleras que les llevaron a la siguiente planta. 

No iba a enfrentar a Nate en el rellano, necesitaba privacidad para lo que tenía que decir.

 Caminó con enojo a la sala y se detuvo, la mano en la puerta, mientras que Nate la seguía en silencio y entraba en la habitación. 

Cuando lo hizo, ella cerró la puerta con fuerza y se volvió hacia él. 

—¡Cómo te atreves! —gritó, dejando a su rabia liberarse. 

—Lily. —Esto fue todo lo que dijo. 

Había cruzado los brazos sobre su pecho y la observaba detenidamente. Sabía que no se perdía nada. Nunca se perdía nada. No es que ella tratara exactamente de ocultar su furia. Su hermoso rostro, notó ella, su ira golpeaba la estratosfera, era cuidadosamente cauteloso. Ella decidió que su control la molestaba más que nada. 

—¿Dónde están mis muebles? —espetó. 

—Se fueron —dijo en breve. 

—Tráelos de vuelta—exigió. 

—Se han ido —indicó implacablemente como si tuviera todo el derecho de tirar sus pertenencias sin una palabra. 

Caminó hacia ella y, por desgracia, estaba de pie frente a la puerta que ella misma había cerrado. No tenía refugio y se dio cuenta de su error de inmediato.

 En lugar de retirarse y encontrarse atrapada entre su cuerpo y la puerta, lo que sabía, por una experiencia reciente, que iba a hacer, se mantuvo firme y él se acercó a ella y se detuvo. Se encontraba cerca de ella, muy cerca. Tan cerca que podía oler su fuerte y picante, colonia terrosa.

 Tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo. Su vientre amenazaba con tener una lección de gimnasia y resueltamente ignoró su reacción a su proximidad. 

Dejarse ir una vez que se lo permitiera, incluso lo esperaba.

 Ella había estado, desde luego, suspirando por él durante años. Hacerlo de nuevo sería un error catastrófico.

—Los quiero de regreso —dijo, apenas controlando sus emociones.

 —No van a volver. Se fueron. El nuevo mobiliario será entregado mañana. 

—¿En un domingo? —dijo entre dientes con incredulidad. Casi nadie hacía algo un domingo en Inglaterra, excepto comer un asado del domingo y tal vez, hacer un poco de jardinería. Nate se encogió de hombros. 

Por supuesto, el omnipotente Nate McAllister con sus siete millones de libras podría conseguir que cualquiera hiciera cualquier cosa que quisiera. Ella perdió el control de sus emociones precipitadas y lo que es más, no le importó. 

—Te quiero fuera de mi casa —ordenó, con los ojos en llamas, su cuerpo rígido con furia. 

—Vamos a ir a cenar —declaró Nate de forma casual como si acabara de detenerse, ceder y decir—: Oh, bien, lo que desees. Con esto, perdió su mente.

—No vamos a ir a cenar. Tú tal vez puedas llevar a cenar a Tash pero nosotros no estamos haciendo nada —gritó.

—Ya le dije a Natasha que vamos a ir a cenar. Está deseosa. Si no se equivocaba, él se había movido la más mínima pulgada

. Ella permaneció exactamente en donde está. 

—Bueno, entonces, supongo que vas a aprender la dolorosa lección de decirle a tu hija que no puede tener algo que quiere desesperadamente porque no voy a cenar contigo.

 Sus ojos brillaron ante sus palabras, leyendo correctamente lo que Lily había sido obligada a aprender, a lo largo de los años, la insoportable lección de decepcionar a su hija.

 Levantó su mano y ella la miró en estado de shock hasta que la sacó de su vista. Luego trazó su cabello en la sien, empujó su gran peso hacia atrás y lo metió detrás de su oreja. 

Los ojos de él veían el progreso de su mano y entonces se trasladaron a ella. Habló con suavidad, reaccionando a lo que sus palabras habían significado pero obviamente él no iba a negar.

 —Sí, lo vas a hacer. 

—No, lo hago. Se inclinó de nuevo, su mano bajando de su hombro, esta vez su movimiento no podría perderse o confundirse. 

—Sí, Lily, lo vas a hacer. Ahí fue cuando, ella se movió, poniéndose de puntillas para colocar su rosto tan cerca de él así estaba apenas a una pulgada de distancia. 

—Si piensas que puedes aparecer en nuestras vidas y voltearlas al revés con tu dinero y poder y… lo que sea, y… y… —Ella no podía encontrar las palabras. Estaba demasiado enojada para hablar. 

—¿Y qué? 

—¡No sé! —gritó en su rostro. 

—No te iba a tener durmiendo en esa habitación en la forma en la que estaba —declaró. De nuevo, su boca cayó abierta con su osadía y pura arrogancia. 

—¡No es tu elección! —dijo con furia. Su mano se movió para acunar su mandíbula.

 —Nunca te había visto tan enojada. —Su voz era suave y contemplativa. La estaba viendo con calidez en sus ojos oscuros que casi, pero no del todo, le roban en el aliento. 

—Apenas nos conocíamos el uno al otro —espetó—. Nunca me has visto un montón de cosas.

 Entonces comentó en voz baja: 

—Eres increíblemente hermosa cuando estás enojada. Una vez más, lo miró embobada, tan aturdida por su cumplido inesperado, era incapaz de reaccionar cuando él dio un paso adelante obligándola a dar un paso atrás para inmovilizarla contra la puerta. 

Su cuerpo caliente se acercó al de ella y su mano se apretó en su mandíbula, su otra mano se posó en la puerta al lado de su cabeza. 

—Eres increíblemente hermosa siempre, pero enojada, eres magnifica —murmuró en voz baja, su mirada cayó en su boca. 

El ambiente había cambiado y definitivamente ella no estaba preparada para eso. 

—Aléjate de mí —susurró, medio asustada de lo que ella haría, medio molesta por lo que él estaba haciendo.

 —Ven a cenar conmigo —persuadió, su profunda voz como terciopelo. 

—No —negó obstinadamente, negándose a ceder a esa voz y tratando de sacudir de inmediato su cabeza pero en su posición actual, era imposible. 

—Ven a cenar conmigo —repitió, como si el intercambio de palabras que acababan de compartir no hubiera ocurrido en lo absoluto.

 —¡Dije… que… no! —No esperó a que contestara de nuevo, se apresuró a decir—. Necesitas apartarte ahora. Puedes llevar a Natasha a cenar y traerla a casa. Entonces tus abogados necesitan acordar con Alistair un horario para que veas a Tash. No quiero volverte a ver. No te quiero en esta casa. No quiero… 

—Nos vamos a casar —declaró rotundamente, una vez más su voz suave y sedosa, y el equipo de gimnasia en su vientre empezó a hacer sus estiramientos de calentamiento.

 Puso sus manos sobre su abdomen y empujó con todas sus fuerzas. No se alejó, en su lugar, su brazo se cerró a su alrededor como un tornillo, aplastándola contra su cuerpo.

 Su otra mano cayó, llevándola a su alrededor, más alto en su espalda por lo que sus pechos se presionaron contra él. Su cabeza se inclinó por lo que su mirada se quedó fija en la de ella, su boca hermosa y dura liberó una respiración.

 Y entonces habló y su voz ya no era suave y sedosa, ni era gentil o persuasiva. Fue dura, baja y llena de acero y se apoderó de ella como si estuviera viva y respirando. 

—He perdido ocho años de ti. Ocho años. No sé lo que has sufrido en esos años, pero tienes el resto de nuestras vidas para decirme y tengo ese tiempo para compensártelo —declaró con firmeza y luego continuó—. Esto, Lily, te lo seguro que lo haré.

 Le tomó cada parte de fuerza de voluntad que tenía para no dejar que sus palabras penetraran su armadura. Sus manos habían sido alejadas a la fuerza de su estómago cuando él la atrajo y ahora ella agarró la tela de su camisa en su cintura, empujándola hacia atrás tan fuerte como podía. 

—Me has hecho promesas antes, Nate —le recordó vehementemente. 

—Lo sé —dijo entre dientes, sus ojos aun perforando los de ella. —Rompiste esas promesas. No dudó, ni lo negó. 

—Lo sé. 

Ella lo miró, esperando a que continuara, dijera algo, cualquier cosa que lo hiciera mejor. 

No lo hizo.

 —¡Terminamos! —gritó histéricamente, no podía aguantar mucho más. 

—Ni siquiera hemos comenzado —prometió. 

—¡No voy a atravesar por eso de nuevo! —gritó, perdida en su pánico, perdida en sus temores.

 Su ira fulguró y, como de costumbre, se había ido rápidamente y ahora sólo deseaba escapar. 

Su vida puede no haber sido el cielo que había parecido cuando ella había estado con Nate hace tanto tiempo, pero fue una buena vida, una vida feliz y quería recuperarla.

 —No tendrás que hacerlo —exclamó Nate, sorprendiéndola por la pérdida de su propio temperamento. Ya no era frío y casual. Estaba en la agonía de su propia tormenta personal. 

Ella debería haber accedido a la fuerza de la misma porque ésta llenaba la habitación, presionando en ella como una losa de mármol. Pero no lo hizo, no podía, había mucho que perder.

 —No te creo —acusó. —Bien. No me creas. Pero nuestra hija tiene dos padres y por el resto de su vida va a disfrutar de ambos. Juntos. Va a disfrutar de la seguridad de un hogar llego de amor, de sus padres viviendo juntos, cuidando de ella. No llevada de ida y vuelta. Sin ser obligada a ajustarse a dos hogares, dos vidas. La viste cuando nos encontró juntos. Sabes que ella lo quiere. 

—No se puede tener todo lo que quieres, créeme, Nate, lo sé. —Sus ojos se estrecharon peligrosamente ante sus palabras, pero imprudentemente ella continuó—. Es una lección difícil de aprender, pero más vale que lo aprenda temprano, en lugar de criar una irremediable soñadora como su madre y ser aplastada en algún punto del camino. 

Podría haber jurado que su rostro registró el mínimo estremecimiento pero él continuó.

 —No puedes decirme, dado el poder de ofrecer lo que ella más desea, que no moverías cielo y tierra para hacerlo —espetó. 

—Se adaptará —se apresuró a decir, a pesar de que por desgracia, él tenía razón. 

Lily movería cielo y tierra para darle a Tash lo que quería, pero en ese momento no iba a ceder un ápice. 

—Estará devastada —predijo correctamente Nate. —No la conoces lo suficiente para hacer ese juicio. —Lily dirigió a su objetivo y dio en el blanco. Lo supo porque sus ojos comenzaron a brillar con rabia y supo que su control se extendía casi hasta el punto de ruptura. 

—He cambiado de opinión —cortó—. No eres magnifica cuando estás enojada. Eres increíblemente molesta y sorprendentemente terca cuando estás enojada. 

—¡No soy terca! —negó persistentemente. Su rostro, si pudiera dar crédito, se movió más cerca y él cambio de táctica tan rápidamente, su cabeza comenzó a nadar. 

—Me quieres, Lily, y lo sabes. —¡No lo hago! —Incluso sabía que era una mentira. 

—Me quieres —afirmó sin rodeos—. ¿Te lo puedo demostrar?

Agitada, porque ella sabía lo que se aproximaba, amenazó:

 —Bésame otra vez y no me haré responsable de mis acciones. 

—Yo sé cuáles serán exactamente tus acciones. 

Y, sin darle la oportunidad de replicar, sus labios chocaron con los de ella. Esta vez ella no se mantuvo quieta. Esta vez ella luchó, peleó, lo empujó y trató de alejarlo.

 Le enterró las uñas a los costados, desgarrando la tela de su camisa. Su lengua rozó sus labios y una solitaria gimnasta ejecutó una voltereta perfecta y todo su cuerpo se quedó quieto por la repentina gloria de ello. 

Como era usual, él inmediatamente sintió su rendición. Sorprendentemente, se alejó pero no lo suficiente para dejarla escapar. Por el contrario, el medio la cargó, medio la arrastró hacia el sofá y antes de que ella pudiera hacer una buena escapada, la empujó de espaldas hacia este y su pesado y cálido cuerpo aterrizó encima de ella.

 —Detente, Nate —exigió, retorciéndose debajo de él. 

—No —se negó y antes de que ella pudiera decir otra palabra, su boca bajó hacia la de ella de nuevo. 

Su boca no fue gentil.

 Fue dura, insistente, demandante. 

También fue familiar. También fue exactamente lo que ella había querido, deseado y soñado durante ocho años. Ningún otro hombre la había tocado. 

Ella había estado en un sin número de citas sin obtener siquiera un beso de buenas noches —bueno, tal vez, un beso en la mejilla. Lily había estado tan envuelta en su vida, sus problemas, sus responsabilidades. No había tenido tiempo para hombres. Y nadie se comparaba con Nate. 

Era un simple hecho. Su boca se movió para trazar un sendero desde su mejilla hasta su mandíbula. 

—Por favor, detente —susurró en una plegaria. Su enojo se había ido, remplazado por anhelo, ocho terribles, solitarios años de anhelo.

—No. 

—Por favor, Nate —rogó.

 En respuesta, la mano de Nate se movió hacia su pierna, dejando suavemente una caricia todo el camino hacia su muslo, subiendo con ella su falda, su piel estremeciéndose bajo su íntimo toque. Su duro cuerpo se presionó contra el de ella, tan familiar, tan cálido, casi febril. 

Ella no sería capaz de negarle a su cuerpo la atención que tanto deseaba. 

—No podemos —suplicó. 

—Podemos —gruñó contra su garganta, el murmullo de su voz atravesándola hasta hacerla estremecer.

 Él lo sintió, ella lo supo, él no pudo evitar sentirlo y sus bocas se unieron y la besó de nuevo. 

Esta vez, ella no luchó. El minuto en que sus labios tocaron los de ella, se abrieron y la lengua de Nate se abrió paso a través de ellos.

 Y eso fue todo. 

Perdió la batalla y se dejó llevar mientras el equipo de gimnastas en su estómago, ya entradas en calor y listas para empezar, daban el espectáculo de sus vidas. 

Ocho años de dolor y anhelo escaparon de su interior y le devolvió el beso, su lengua peleando con la de él, sus manos moviéndose sobre su cuerpo, vagando por su espalda, por sus caderas, deslizándose sobre su trasero. Ella había olvidado lo duro que era su cuerpo, lo fuerte de sus músculos debajo de su suave piel.

 Ella rasgó su camisa, deseando sentirlo sin que nada se interpusiera en su camino. Una vez libre de sus vaqueros, las manos de ella escarbaron debajo de la camisa para acariciar su cintura y subir por su espalda. 

La piel de él estaba quemando con su toque. 

Era demasiado, demasiado pronto. 

Las lágrimas llegaron desde el fondo de su garganta, quemando mientras su cuerpo ardía por el contacto. Su boca nunca dejó la de ella, entregando su embriagador beso, pero una de sus manos fue hacia su pecho, acunándolo, encontrando su pezón con la yema de su pulgar. 

Ella jadeó contra su boca al sentirlo allí,poderosas ráfagas de placer arrasaron con ella. Con su jadeo, su beso se profundizó y lo que ya era intenso se volvió más intenso. Años de dolor se transformaron en alivio de que él estuviese vivo, respirando, junto a ella de nuevo, tocándola de nuevo, besándola de nuevo. Esta vez, las manos y la boca de ella se volvieron insistentes, demandantes, sus dedos apresurándose por su piel, debajo de su camisa, una de ellas moviéndose hacia su estómago, hacia abajo, hasta que lo sintió duro contra la palma de su mano. Las lágrimas escaparon de sus ojos, cayendo silenciosamente a lo largo de sus sienes mientras él apartaba su boca de la de ella gimiendo por su toque, su boca acercándose a su oreja. 

—¿Aún quieres detenerte? —Su voz estaba áspera por la excitación pero sonaba como si esperara una respuesta. Como si dijera que él se alejaría si eso era lo que ella deseaba. 

Ella no respondió, no pudo responder. La mano de Nate apretó su pecho, su pulgar girando provocativamente. 

—Detenme ahora, Lily, será tu única oportunidad. Aún incapaz de hablar, negó con la cabeza y Nate no lo dudó. 

Su boca tomó la de ella en otro abrasador beso al mismo tiempo que sus manos se movían hacia sus caderas, presionándola contra él, la mano de ella, aun colocada entre ellos, fue forzada a permanecer íntimamente presionada contra su erección. Rápidamente, él dejó ir sus caderas, su boca y su lengua estaban en todas partes, deslizándose por su garganta, su oreja, su clavícula, el borde de su escote.

 El inclinó el rostro mientras que una mano levantaba su falda por sobre sus caderas y sin vacilación su otra mano se metió entre sus piernas al mismo tiempo que su boca se cerró sobre su sensible pezón. 

El hacía ambas cosas sobre su ropa, sus dientes y su lengua trabajando sensualmente en su pezón sobre su vestido, sus dedos presionando contra sus pantis, usando la suave tela como tortuosa fricción, y su cuerpo, ya sin aliento y vivo por su contacto, comenzó a vibrar.

 —Nate —suspiró con anhelo.

Ella había olvidado lo glorioso que podía ser. Creía recordarlo pero lo había olvidado. El subió de nuevo, su boca contra la de ella, su mano se movió hacia el borde de su ropa interior y después se introdujo dentro. 

—He esperado ocho años para volver a escucharte decir mi nombre de esa manera.

 El aliento de ella quedó atrapado con sus palabras, el tono ronco de deseo en su voz, mientras su dedo la encontraba y giraba deliciosamente. Ella se aferraba a él conforme las espirales de placer recorrían el lugar entre sus piernas, sus labios aún se tocaban pero él no la besaba. 

—Dilo de nuevo —exigió. Sus ojos habían estado cerrados para concentrarse en lo que su cuerpo estaba sintiendo y se abrieron al oír su orden, la mirada oscura de él taladrándola. 

—Dilo de nuevo, Lily —ordenó.

 Ella se mordió el labio y la mano de él se movió, su dedo, lenta y hermosamente, se deslizó dentro de ella y ante la sensación de él llenándola de nuevo, incluso con un solo de sus dedos, no pudo contenerse. —Nate. Su boca se encontró con la de ella fuertemente mientras su mano trabajaba en ella y se presionaba contra él, correspondiéndole el beso con desesperado anhelo. Después, sin previo aviso, el levantó la cabeza y su mano, su pulgar en el centro de ella y otro dedo en su interior, se quedaron completamente quietos. 

—Jesús —maldijo, su mano moviéndose rápida pero gentilmente fuera de ella, haciéndola gemir con una mezcla de placer y decepción.

 Él se incorporó ágilmente, llevándola con él. Ella estaba mareada por la pasión, sus piernas temblando tanto que tuvo que recargarse contra él y sujetarse de su cintura.

 —Nate —susurró insegura al mismo tiempo que una de las manos de Nate la sujetaba y la otra colocaba la falda de su vestido de vuelta a su lugar. 

Él levantó la vista al sonido de su nombre y la miró a la cara, una sonrisa de satisfacción jugaba en su boca. 

Su cara, también, estaba descompuesto por la lujuria y al mirarlo, contuvo el aliento.

 Brevemente, presionó sus labios contra los de ella. 

Después murmuró: 

—Alguien viene.

 Y antes de que ese atemorizante pensamiento pudiera penetrar la bruma de deseo en su cerebro, antes de que pudiera controlar sus inestables rodillas, antes de que pudiera apartarse de él, la puerta se abrió y Fazire estaba de pie detrás de ella. 

Su viejo amigo se congeló después de dar dos pasos dentro de la habitación y contemplar a Lily aferrándose a Nate y a Nate sujetando a Lily. Fazire los miró con horror.

 Antes que pudiera pronunciar una palabra, Natasha irrumpió en la habitación. 

—¿Qué pasa? —preguntó inocentemente, sonriendo felizmente por la visión de su madre y su padre juntos, la pareja aparentemente abrazándose amorosamente.

 Lily aún se estaba recuperando. Afortunadamente y desafortunadamente, dependiendo de por qué lado lo miraras, Nate se recuperó rápidamente y sin dudarlo explicó, con su voz aún un poco ronca por el deseo. 

—Tu madre sólo me estaba agradeciendo por la habitación. Con esto, el brazo de Nate se apretó alrededor de su cintura antes de que ella se pudiera alejar.

 Lily miró como el rostro de Fazire se ponía tan morado como las paredes de su dormitorio. Natasha no tuvo ningún problema para procesar esa explicación. 

Fue, de hecho, tan natural que Lily deseó poder agradecerle a Nate por su inteligente gesto.

—¿Saldremos a cenar o qué? —preguntó Natasha, su cabeza inclinándose hacia un lado—. Tengo hambre —continuó explicando antes de que su madre pudiera castigarla por su insolente pregunta.

 La cabeza de Nate se giró para mirar a Lily. 

—¿Lo haremos? —preguntó suavemente y las comisuras de sus labios se levantaron porque, con un solo vistazo a la suave mirada que Lily le estaba dando a su hija, ya sabía cuál sería la respuesta.


Que tu boca no calle lo que tu corazón siente....
Que tus sentimientos no sean una mentira....



 
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por chio.2099 el Vie 24 Feb - 19:56

Debo confesar que no aguante mas y tuve que ir en busca del libro y leerlo de un jalon    lo siento ..... bueno realmente no tanto jajajajjz me encanyo el libro y seguire la lectura y seguire comentando cada capi, tanto me encantk que lo volvere a leer en seguida jejeje




Sigo pensando que Nate es un poco pomposo pensando que Lily tiene que estar dispuesta a lo que el quiere cuando lo quiere y como lo quiere sin preguntar como se siente en realidad.  Ok ella no sabe lo que nosotras siiii pero aun ask llegar arreglar y decir que se van a casas !!!!???????? Por Dios que le de un respiro a la pobre mujer jejeje
Me gusta el enfafo del genio fazire escomo la pimienta de cada comida ok de cada capi jeje y lo vivas que es tash y astuta !!!!!  Eso de escknder el cel de fazire jajajaj y que escuchara a sscondidas Laura solo esperar que si hable con nate.....
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Vie 24 Feb - 20:26

Esta bien que quiera llevárselas, casarse y todo, pero no sería mejor que de una vez le explicara su infancia así Lily lo podría entender  violent así no lucharía tanto y siendo como es ella lo perdonaría  -.-


Gracias por el capi!! Quiero más!!! 



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Vie 24 Feb - 20:29

No entiendo el miedo de Nate a decirle la verdad a Lily, y cree que con esa actitud cavernicola evita que ella pregunte






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por wordsofthisgirl el Vie 24 Feb - 21:01

Solo espero que el corazón de Lily pueda sanar  y que Nate de una vez se digne a contarle de su pasado y asi ella pueda entender porque pensó que lo habia abandonado.

Sufro en serio, con su situación. Todo por culpa de dos personas egoistas que no lo piensan dos veces para hacerle daño a los demas.


   
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Sáb 25 Feb - 12:47

18


Lily

Lily caminó a través de las pesadas puertas para entrar a las lujosas y elegantes oficinas de la compañía de Nate. Los últimos cuatro días habían sido una agitación de actividad y a pesar de todo, Lily solo tenía una cosa en mente. 

Mover el cielo y la tierra para hacer feliz a Tash.

El sábado en la noche, todos habían salido a cenar. Natasha y Nate estaban claramente formando un vínculo, eso era claro de ver. Ella estaba de alguna manera sorprendida de cuan fácilmente Nate demostraba afecto hacia su hija. No era abundante o llamativo. No estaba desesperado por atención o aprobación. Era genuino y hermoso y Tash había respondido a este inmediatamente. Esto molestaba visiblemente a Fazire pero el genio amaba a Tash mucho como para demostrarlo (demasiado). Un día, ellos eran pocos: la familia entera de Natasha compuesta por una madre ocupada, un genio–de–figura–paterna quien era más un compañero de juegos —sin embargo, Fazire había aprendido con los años a hacer la colada, era muy hábil planchando y podía hacer un guiso de atún— y la extravagante Maxine. 

Al día siguiente, literalmente, Tash tenía un apuesto, rico y obviamente cariñoso padre y abuelos complacientes. Lecciones de equitación fueron de ella con solo pedirlo. 

Un fondo de siete millones estaba esperando que ella cumpliera veintiuno haciendo que nunca quisiera más. Las habitaciones pudieron ser transformadas en una semana como por arte de magia

 Pero esta era la magia de Nate en lugar de la de Fazire, quizás esa fue una de las razones por las que a éste le disgustaba Nate tan intensamente, ya que él podía, también, conceder deseos, incluso aquellos que no habían sido expresados. El mundo de Tash se había duplicado, abriendo ante ella una belleza extraordinaria. Era simplemente un milagro. 

El deseado, esperado, anhelado, pero nunca previsto, milagro. 

Natasha estaba encantada y Lily no pudo evitar sentirse encantada por ella. Y Natasha quería una familia, eso estaba claro. Había oído las historias por años, no solamente de lo glorioso que era Nate, Fazire y Lily también le habían dicho de Sarah, Rebecca, Will y los veranos que pasaron flotando en el estanque, de sus extravagantes vacaciones, y un millón y una de otras cosas, tanto grandes como pequeñas, que hacían a una familia tan maravillosa. 

Tash, con razón, quería eso para sí misma. Natasha no tenía idea de qué estaba ocurriendo con sus padres y su confusión seria extraordinaria, incluso devastador —como Nate había predicho— si su madre, quien le había transmitido tantas historias de su amado Nate, no lo aceptara de vuelta alegremente y darle a Tash la familia que ansiaba. 

Y Lily, sabiendo cuán preciosa era la familia, no podía evitar dárselo. Luego de cenar, Tash y Lily habían caminado con Nate hacia el auto porque Tash la había hecho ir con un tirón de la mano, los tres caminaron juntos, Natasha en medio sosteniendo la mano de ambos. Una vez allí, él levantó a Tash como si no pasara más que una pluma y a sus siete, casi ocho años y siendo una niña alta, considerando a sus padres, ella pesaba mucho más que eso. 

Lo besó de lleno en la boca y le echó los brazos al cuello en uno de sus feroces abrazos.

 —¿Cuándo vas a volver? —preguntó ella soltándolo parcialmente, con los brazos aun descansando en sus anchos hombros.

 —Muy pronto —le respondió con una sonrisa devastadoramente apuesta a la que Tash, al igual que su madre, reaccionó de inmediato. 

—¿Mañana? —Ella intentó que el intento de Lily de evadir-a-Nate-atoda-costa se desvaneciera en la memoria. 

Los ojos de Nate se deslizaron hacia Lily, quien estaba intentando controlar su expresión.

 —Quizás no mañana —objetó él—, pero pronto. 

Fue entonces que Tash frotó su nariz contra la de Nate. Lily observó fascinada como Nate cerraba sus ojos y algo pasaba por su rostro, algo tan intenso que lo sintió atravesar su propio cuerpo como una descarga eléctrica.

 —¿Prometido? —demandó Tash en un susurro, su rostro aun cerca del de su padre.

 —Lo prometo. —La profunda voz de Nate fue casi un gruñido, y Lily se encontró a sí misma tragando las emociones que la traicionaban.

 Algo sobre ese gruñido, la emoción, toda la intensidad de Nate hicieron que el corazón de Lily aleteara, su pecho se apretara, y, por último, la hizo tener mucha, mucha, mucha curiosidad de su causa. 

Estaba de pie con ellos en la acera junto a la puerta del lado del conductor del auto de Nate. Cuando él bajó a Natasha, antes de que ella supiera su intención, su brazo salió disparado, enganchando su cintura y atrayéndola hacia él.

Ella emitió un sonido de sorpresa que fue ahogado cuando él llevó su boca a la de ella en un duro, pero breve y desafortunadamente eficaz beso.

 —Te quiero aquí cuando vuelva —le dijo cuando dejó de besarla, aun sosteniéndola contra su duro cuerpo y ella se dio cuenta de que había caído en el Plan de Nate. 

Ella dudó, intentando no mirar a Natasha quien sabía que los estaba mirando alegremente.

 Entonces murmuró: 

—Ya veremos. Aparentemente, eso era lo suficientemente bueno para que la dejara ir, se metiera en su costoso auto y se fuera. 

—Él es la bomba —dijo Natasha, usando un término que Maxine utilizaba con frecuencia, viendo a su padre irse. 

Lily se quedó parada mirando a su hija ver el auto de su padre desaparecer y vio los años extendiéndose delante de ella. Años de Nate llevando a Natasha a casa, dejándola y luego desapareciendo de su vida otra vez por días o semanas, solo para volver a su vida por breves periodos de tiempo.

 Entonces su hija sería forzada a verlo irse una vez más.

 Y Lily se preguntó a sí misma, ¿podría hacerle eso a Tash? Lily se puso de cuclillas detrás de su amada hija, atrayendo su espalda hacia su pecho, y descansó la mejilla sobre el hombro de Tash.

 —¿Feliz, muñequita? Natasha estaba muy feliz, ni siquiera podía hablar, solo asintió. 

Era la primera vez desde que Tash había pronunciado sus primeras palabras que se había quedado muda. Lily sintió la emoción arrastrarse por su garganta, ya sabiendo en algún profundo lugar dentro de ella lo que debía hacer, pero todavía incapaz de permitirse a sí misma hacerlo. 

Domingo, su nuevo mobiliario no solo sería entregado y ensamblado sino que subirían al primer piso donde habían estibado sus pertenencias —las que no habían sido tiradas por Nate— y las regresarían a su habitación, así Lily no tendría que hacerlo. La cama era enorme, nunca había visto una cama tan grande. Estaba hecha de pesado roble brillante. Un armario masivo del doble del tamaño de su anterior guardarropa e intrincadamente tallado como la cama, se alzaba junto a la pared. Preciosas, delicadas, lámparas que combinaban con el exquisito accesorio del techo habían sido puestas en las mesitas a los lados de la cama. Cortinas de gasa, de un azul más pálido que el de las paredes flotaban en las ventanas con más pesadas, ligeramente más oscuras, cortinas azules colgando afuera, todo esto en impresionantes barras de hierro forjado. El suelo estaba cubierto por un intrincado patrón, una alfombra con flecos que Lily estaba bastante segura por su brillo que había sido hecha con seda e importada de Turquía —estuvo segura de esto cuando Fazire se lo afirmó, él sabía una o dos cosas sobre alfombras de Turquía. 

Dos fotos fueron fijadas en las paredes, marcos de color negro con estampados caprichosamente dibujados de zapatos que, a primera vista, incluso Lily tenía que admitir que amaba, eran tan femeninos y perfectos que no podía evitarlo. La cama estaba cubierta por una colcha mullida color marfil, adornada con el azul de las paredes y cortinas, y había dos juegos de tres emplumadas almohadones estándar, apilados lado a lado en la cabecera, envueltas en los distintos azules y marfil en frente de los cuales se alzaban gigantes cuadrados europeos con suaves fundas que tenían un hermoso remolino como diseño. 

—Es her… moo… soo —soltó Natasha mientras ella y su madre estaban en la puerta mirando. Era más que hermoso, era la clase de habitación en la que los sueños se hacían realidad. El cuarto, de todas maneras, era solo el comienzo. Lunes, llegó a casa de la tienda con Maxine, quien iba a cenar todos los lunes por la noche. Maxine sabía que Fazire era un genio, además era adicta al guiso de atún de éste y a su mano igualmente hábil para asar una salchicha y hacer el puré de patatas más suave de la historia. Maxine había tenido también una emocionada llamada de Tash y estaba impaciente por ver la nueva habitación de Lily. Natasha, lo cual se estaba convirtiendo en un hábito, salió disparada de la casa cuando llegaron, con su cabello negro ondeando tras ella y su rostro inundado de alegría.

 Fazire, lo cual se estaba convirtiendo en un hábito, se precipitó fuera de la casa, su cabello negro era un revoltijo como si sus manos lo hubieran arrancado repetidas veces y su rostro estaba inundado de furia. Tash se detuvo a sesenta centímetros de distancia de su madre, levantó su brazo y señaló hacia la calle. 

—Mira, mami. Con curiosidad, Maxine y Lily se voltearon para mirar. Lily vio a su Peugeot estacionado tristemente pareciendo como si estuviera pidiendo ser sacado de su miseria y llevado al depósito de chatarra. 

—¿No es lujoso? —preguntó Tash. 

Confundida, Lily miró. El Peugeot, aun si Lily tuviera suficiente dinero para tener un valet, nunca podría ser descrito como “lujoso”. 

—¿De qué estás hablando, dulzura? —preguntó Maxine.

 —¿No lo ves? ¡Mira! Detrás del auto, mami. Papá lo hizo entregar hoy, es un regalo para mamá. Las llaves están en casa.

 Los ojos de Lily se movieron detrás de su auto y vio un elegante, apuesto, brillante, deportivo, convertible azul Mercedes. 

—Cielo querido. —Maxine exhaló en una subestimación inusual. Lily sintió como si hubiera estado corriendo durante millas, para entonces, de repente, estrellarse contra una pared. Su respiración, de repente, había salido de ella como por un golpe. 

—Querido, querido, querido. —Tash cantaba y bailaba en el auto, lanzó sus brazos y luego ella realmente lo abrazó.

 Con la misma rapidez, se volvió hacia ellos y preguntó—: ¿No es papá el mejor? 

Lily se salvó de contestar cuando oyó el timbre del teléfono. 

—Me encargaré de eso —murmuró Fazire detrás de ellos. Lily todavía se estaba recuperando del auto mientras seguía a Tash que estaba saltando alegremente en la casa en frente de ellos. 

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Maxine, su voz preocupada y llena de asombro. 

—No lo sé —respondió Lily y de hecho no lo hacía. 

No podía devolver el auto y tenía que usarlo. Natasha había abrazado el maldito auto, por el amor de Dios. 

—Es para ti. —Fazire estaba caminando por el pasillo, sosteniendo el teléfono entre el pulgar y el dedo índice como si fuera un pedazo de basura podrida. Se lo dio y Lily, todavía aturdida por el auto, lo puso en su oído. 

—Hola —saludó. 

—Lily. —Era Nate y su voz de terciopelo al decir su nombre la hizo estremecerse.

 No necesitaba esto ahora mismo.

—Nate —respondió ella.

 Emociones conflictivas la atravesaron. 

No sabía si debía ir contra él ya que estaba usando a su hija en su contra, no podía negar eso. 

O si debía darle las gracias porque la habitación era fantástica, el colchón firme pero cómodo y mucho mejor que el anterior, que no era comparable, y Dios sabía que necesitaba un auto, aunque un Mercedes fuera definitivamente excesivo.

 O, por último, si debía decirle que llamara a Alistair si quería hablar con ella y luego colgarle, que era lo que debía hacer, sabía esto porque Alistair se le dijo más de una vez, de hecho, al menos una docena de veces. Ella pensó que estaba llamando para preguntar si consiguió los muebles, el auto, tal vez tener un poco de charla. Estaba equivocada. Él la llamó porque estaba enojado. Su voz retumbaba y casi podía sentirlo a través de la línea telefónica.

 —Tu abogado le dijo al mío que has puesto los siete millones en un fideicomiso para Natasha. 

Ella vaciló. Por qué esto lo haría enojar, no podía comprender. 

—Por supuesto —murmuró. 

—Yo me encargaré de Natasha. Ya he creado un fideicomiso para ella —espetó. 

Lily se puso de pie en su sala, sus encantadoras luces de colores parpadeantes en las escaleras. No vio esto. Ya aturdida, quedó inmóvil por la sorpresa. 

Su hija, hace poco más de una semana, tenía algo de ropa en su armario, una buena cantidad de juguetes, una selección de los osos caros que Maxine le había dado y el amor de tres personas.

 Ahora tenía dos fondos fiduciarios. Lily no tuvo oportunidad de expresar una reacción, incluso antes que hubiera sido capaz de llegar a una, Nate continuó. 

—Ese dinero era para ti —cortó

 Apenas podía encadenar dos pensamientos juntos, ciertamente no podía ir cabeza a cabeza con Nate. 

—Yo… —empezó, no sabía que era para ella.

 Ni siquiera podía creer que fuera para ella. No comenzaba a saber qué hacer con siete millones de libras. 

—Libéralo del fondo —ordenó.

 Demasiado asombrada para pensar con claridad, respondió con sinceridad. 

—No puedo. Es imposible tocarlo hasta que Tash tenga la mayoría de edad y sólo ella puede llegar a él. 

Él no dudó. 

—Habrá más transferido para mañana. 

—¡No! —exclamó al instante, horrorizada.

 Hizo caso omiso de su estallido.

 —Si das esto, voy a transferir más. 

—Nate… 

—¿He sido claro? —exigió. 

—No quiero tu dinero. —Estaba empezando a emerger de su estupor. Realmente, ¿qué sigue? ¿Iba a ir a casa en un jet personal estacionado en una pista flotando en el canal de Bristol detrás de su casa? 

—Aparentemente no, pero lo tendrás —declaró Nate, esto, reconoció Lily de inmediato, no era una amenaza. 

Era una promesa. 

Sin una palabra de adiós, él le colgó.

 Según lo prometido, otros siete millones de libras —ella llamó a su banco, Maxine lo hizo— fueron transferidos a su cuenta bancaria al día siguiente. 

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Maxine de nuevo la noche siguiente, cuando cerraban Flash & Dazzle. 

—No sé —murmuró Lily de nuevo, y todavía no lo sabía. 

—Dulzura… —dijo Maxine con cautela

—Creo que me está dando un dolor de cabeza.

 Esto era cierto. Aunque no era una de sus migrañas, era sin duda un dolor de cabeza. 

Se sentía mal usando esa estratagema pero sabía en su corazón que Maxine la quería asentada y feliz y no tan sola. Y ayudó que la persona que Lily quería fuera imposiblemente apuesto, un héroe de novela romántica que cobraba vida. 

Y en ese momento, no podía hacerle frente a la discusión. Con el mero pensamiento de uno de los dolores de cabeza de Lily, Maxine retrocedió. 

—Llega a casa, ten un buen baño y no pienses en nada de esto. 

Maxine la besó en la mejilla, se metió en su diminuto, viejo Mini que ella había pintado de rosa y del que se negaba a desprenderse a pesar de que era una carcacha peor que el Peugeot, y se fue. 

Lily se fue a casa y trató de no pensar en “nada de esto”, pero fue imposible. Como le instruyó Maxine, tuvo un baño. Durante éste, permitió que los pensamientos y preocupaciones se apiñaran en su mente. 

Entonces tomó una decisión. Le tomó menos tiempo de lo que esperaba, pero, de nuevo, no había mucho más. 

Casarse con Nate o no casarse con Nate. Sólo había dos opciones y realmente sólo una, cuando llegas a fin de cuentas. 

Fazire, que vivía en una niebla temporal de felicidad que ningún gran gesto más había sido hecho por Nate —que no sabía sobre el dinero y Lily no estaba a punto de decirle—), hizo dedos de pescado y guisantes blandos para la cena, favorito de Tash, aunque Lily lo detestaba. 

Después de la cena, Lily subió a lo alto de las escaleras a la sala descuidada donde guardaban su ordenador. Había tenido sueños, cuando compró la casa, de hacer de la sala su oficina y escribir sus novelas más vendidas allí. 

Era la parte posterior de la casa y tenía una magnífica vista del canal, el muelle y Flat Holm y las islas Steep Holm y, por supuesto, la costa de Gales.

Sin embargo, la habitación estaba todavía lúgubre, con la vieja alfombra manchada en el piso y astillas de madera en las paredes. No un lugar para inspirar una novela brillante, para contar historias de viudas de guerra y genios, fotógrafas glamorosas y sus intensos, amantes leales. 

Encendió el ordenador, entró a Internet, encontró los horarios de los trenes a Londres y planeó su viaje. Pasó algún tiempo pagando facturas y archivando papeles, sólo para mantener su mente ocupada y evitar la llamada que tenía que hacer. Sin nada que hacer para retrasar la llamada, llamó por teléfono a Alistair a su casa —él dijo que ella podía. 

—¿Estás loca? —gritó cuando ella le había dicho su decisión. 

—Alistair, estoy pensando en Tash. 

—Cásate conmigo —declaró al instante.

 Por segunda vez en dos días, el aire fue eliminado de ella sin un golpe físico para causarlo. Como si sus palabras no fueran una locura —¡apenas lo conocía!—, Alistair continuó. 

—Si quieres estabilidad para Natasha, cásate conmigo. No tengo tanto dinero como McAllister pero quiero hijos y ambas estarán seguras. Y mierda, sabes que no hay manera en el infierno en que te dejaría alguna vez ir. 

Ella se quedó en silencio. No sabía qué decir. Él le había pedido una cita, pero esto era ridículo. 

—Alistair, el padre es Nate —le recordó Lily 

—Dos visitas y tú estás saltando ante la posibilidad de volver con él — respondió Alistair con brusquedad.

 Ante esas palabras, tomó una rápida inhalación. 

—Puedo estar pagando tus cuentas pero tú no tienes por qué hablarme de esa manera —dijo ella tranquilamente. 

—Lily, me senté aquí escuchando tu historia, escuchando lo que él hizo, a lo que él renunció, por lo que tú pasaste y… —Se detuvo a sí mismo, incapaz de seguir.

 Luego dijo—: Piensa en ello, Lily, sólo piensa en ello. Estoy hablando muy en serio. 

Él sonó muy serio, de eso no había duda. Después colgó. Decididamente, empujó esa conversación fuera de su cabeza porque tenía mucho con lo que lidiar, luego llamó a Maxine y le contó su plan, un poco preocupada ante lo que Maxine diría. 

Alistair era un abogado, él tenía la cabeza sobre sus hombros y espetó una propuesta de matrimonio. Maxine era un personaje, ella podría disparar hacia la luna. 

Y lo que Maxine dijo la hizo sobresaltar. 

—Pienso que eso es acertado —dijo Maxine suavemente y sin un toque de drama. Lily suspiró con alivio y luego admitió: 

—Creo que estoy loca. 

—No importa lo que pase, Lily, siempre tendrás a Tash, siempre tendrás a Fazire y siempre me tendrás a mí —respondió Maxie.

 Lily asintió, su corazón moviéndose directamente a su garganta por lo que las palabras no podrían llegar incluso si ella las tenía que decir. Maxine, obviamente, no pudo ver su asentimiento pero supo que estaba allí. 

—Lo cubriré para ti en la tienda mañana. 

—Gracias, Maxie —susurró ella. 

—Estará bien, pequeña —respondió Maxine—. Esta vez, creo que estará bien. 

El dolor de cabeza que evitó con el baño volvió con venganza, así que Lily fue a la cama temprano.

 También hizo esto para evitar contarle a Fazire del plan. Él habría comenzado a flotar, hablando pomposamente, haciendo grandes declaraciones o incluso tal vez haciendo amenazas graves y ella no estaba para eso.

La mañana siguiente, mantuvo sus negocios como de costumbre. Se estaba acercando el final de la escuela y Tash estaba poniéndose inquieta por sus vacaciones de verano. Fazire la acompañaba a la escuela en las mañanas cuando Lily tenía que ir a la tienda temprano, ella les contó que lo tenía que hacer ese día y Lily los vio partir.

 Cuando entró de nuevo en la casa, no hubo tiempo suficiente para sacarse el pequeño vestido que se puso para engañar a Fazire y Tash para que pensasen que iba a trabajar. Ella prefería vestir algo como de negocios y formal, como un traje, pero sólo tenía uno de esos y ya lo había usado en una reunión con Nate. Por lo tanto, el vestido tendría que ser. Este era un vestido que usaría normalmente en la tienda, un profundo color frambuesa con un corpiño cruzado y una cintura de imperio. Se acomodaba a su cuerpo cómodamente todo el camino hasta rozar sus rodillas. Llevaba esto con un par de sandalias de tacón alto doradas a la moda que Maxine le dio el año anterior por su cumpleaños. Eran buenas para pasar muchas horas sentadas detrás del contador de la tienda, pero no había manera de que ella viajaría a Londres o cualquier lugar en esos tacones altos. 

Sin embargo, si ella no se iba inmediatamente, no podría tomar el tren. Y si no se iba inmediatamente, podría cambiar de opinión. Y si ella cambiaba de opinión, ¿qué clase de madre sería? Tomó el Mercedes, la primera vez que lo tocaría, principalmente porque ella no tenía tiempo que perder en caso de que el Peugeot decidiera ser desagradable. Necesitaba llegar a Londres, hablar con Nate y volver antes de que alguien se diese cuenta. Ella necesitaba tiempo y privacidad para soltar las noticias para Fazire y hacerle saber a Nate que el lugar de Fazire en su familia era sólido o no había acuerdo. Resueltamente no pensó acerca de cuán diferente era manejar el Mercedes a su Peugeot. Tendría mucho tiempo para pensar en los lujos, de cómo su vida estaba a punto de cambiar, acerca de un montón de cosas. En ese momento, necesitaba hacer frente a su situación.

 Necesitaba tomar medidas para proteger a su hija y diferentes medidas para protegerse a sí misma. Y necesitaba hacer esto pronto antes de que perdiera su valentía.

Durante sus dos horas de viaje, pensó en todas las razones para no casarse con Nate. Apenas lo conocía. No era probable que lo conociera porque rara vez hablaba. Él le prometió cosas importantes y había incumplido esas promesas en unas semanas. Él hizo de su deseo a Fazire, algo que ella había esperado sin aliento por una década, una pesadilla y esto dañó a Fazire y Lily nunca quiso herirlo. Nunca. Él tenía dos hermanos que eran, claramente, engendros de Satán.

 Él le hizo crear esperanzas de un futuro brillante y luego no hizo nada cuando esto se puso peligroso lo que hizo que esa esperanza fuese arrebatada. Seguía un poco asustada ante el temperamento de su padre. Y, finalmente, estaba claro que esperaría que la boda fuera un matrimonio y todo lo implicado, no un acuerdo. Luego pensó en las razones para casarse con Nate. Era el padre de Natasha y obviamente, incluso después de dos visitas, la adoraba. Y todo niño necesitaba un padre. Lily amó a Will más de lo que podría explicar y lo extrañaba cada día de su vida. Si tuviera la oportunidad de tener a Will de vuelta vivo, respirando, caminando, hablando, saltaría a ésta, sacrificaría un poco de sí misma (incluso mucho) para tenerlo de vuelta. Y no podría hacer menos por Tash. 

Además, Nate esperaría hasta la boda para ser un matrimonio, lo que significaría, al menos por un tiempo, que Lily tendría un compañero, un socio, alguien a quien darle la carga. 

Y luego estaba lo otro, definitivamente los pedazos más placenteros de estar casada, casada con Nate. Pedazos, que ella no podría negar, especialmente después de las dos veces en que ellos estuvieron solos, algo que ella todavía deseaba mucho. Ella hizo su elección. 

Y sabía que esto le estaba costando. El estrés y la tensión entraban sigilosamente en ella y lo sintió. Cuando el tren se detuvo en Paddington, sintió el dolor llegando.

 El dolor de cabeza, por suerte, estaba apagado, sin rugir. Pero estaba aquí y sabía que se estaba anunciado. No buscó una merienda por temor de que volviera después para atormentarla si vomitaba, pero tomó dos pastillas para el dolor y rezó para estar equivocada con su predicción. Usó dinero precioso que un día atrás nunca hubiese utilizado pero lo hizo, por supuesto, en tacones altos y tratando de pelear contra una inminente migraña y tomó un taxi en vez del metro hasta las oficinas de Nate. 

Él le había dejado una tarjeta con Tash, diciéndole que lo llame siempre que lo necesitase. Lily no sabía si Tash había tomado esta invitación, pero se encontró a sí misma con la esperanza de que su hija lo hiciera. Habría sido la conversación perfecta con Tash raramente manteniendo su boca cerrada y Nate raramente abriendo la de él. 

Le dio al conductor la dirección y se concentró en mantener su dolor de cabeza en suspenso. Sin embargo, cuando caminó a través de la puerta a las lujosas oficinas, sintió las náuseas construyéndose en su estómago y luchó contra ellas de nuevo.

 En su cabeza, trató de planear una estrategia para tratar con su migraña. Trató de medir el tiempo de la reunión con Nate. ¿Podría esto tomar unos minutos? ¿Quince? ¿Una hora? Esperaba que no una hora. Y trató de evaluar la posibilidad de que el palpitar se intensificara hasta el punto de hacerla inválida, preguntándose si podría tomar un tren de vuelta a casa. Cuando el dolor se intensificó, decidió que no podría. 

Necesitaría una habitación de hotel por un par de horas sólo para descansar y dejar que la migraña siguiera su curso. Estaría mareada y no sería ella misma cuando esto terminara pero pensó que probablemente sería capaz de llegar a casa a tiempo.

Lily no le contó a Nate que venía. Quería el elemento sorpresa. Estaba dispuesta a ceder pero él lo tenía que hacer también. No era estúpida y no iba a cometer el mismo error dos veces. No se iba a mudar de Clevedon. 

Si él quería a Tash, él tendría que venir. Caminó al escritorio de recepción que se veía a una distancia insufrible desde la puesta principal.

 Las paredes eran una especie de brillantes paneles de madera, eso Lily lo encontró demasiado brillante para sus ojos sensibles. El escritorio de la recepción era un enorme semi círculo hecho de la misma madera donde fácilmente podrían sentarse cinco personas. 

Pero sólo una mujer muy bonita estaba sentada tras este. 

Hola —saludó Lily, peleando otra vez con la sensación de malestar en su estómago—. Soy Lily Jacobs, estoy aquí para ver al Sr. McAllister. 

Los ojos de la chica recorrieron a Lily de arriba a abajo pero Lily no lo notó. Ella tuvo que poner su mano en el escritorio para estabilizarse mientras veía destellos de luz en sus ojos. No, no, no, pensó, no tan pronto.

 Estaba viniendo a ella rápidamente, mucho más rápidamente de lo normal. Muy probablemente el estrés de las últimas semanas, todas las sorpresas, las emociones. 

—¿La está esperando? —La mujer irrumpió en sus pensamientos. —No, pero es importante. Si está libre, quisiera hablar con él.

La chica miró a Lily por un momento y preguntó: 

—¿Está bien? Con esfuerzo, Lily se enfocó en ella. 

—Sólo un dolor de cabeza. 

Ella lentamente evaluó a Lily y dijo:

 —Llamaré a su oficina, será un segundo. —Su voz era amable y momentos después siguió—: Hola Jennifer, hay una señorita Lily Jacobs aquí para ver al señor McAllister. Dice que no tiene una cita pero que es importante. 

Lily apoyo más de su peso en la mano que estaba en el escritorio de la mujer. Pronto, sabía, no podría ser capaz de mantenerse erguida.

 La recepcionista estaba en espera y puso su mano sobre el micrófono del teléfono y le dijo a Lily: 

—¿Por qué no se sienta? Jennifer le está llamando ahora, yo le… — 

Ella dejó de hablar y Lily se enfocó en su cara. Si no lo hacía vomitaría. 

Los destellos de luz en sus ojos se estaban acercando y el dolor en su cabeza se estaba amplificando alarmantemente. Los ojos de la mujer se abrieron con sorpresa y sus labios se separaron con lo que fuera que hubiera escuchado en el teléfono.

 A Lily no le importaba. No lo iba a lograr. Necesitaba encontrar un lugar donde recostarse inmediatamente. 

Algún lugar callado, fresco y muy, muy oscuro. 

—El señor McAllister está bajando —susurró la recepcionista como si Dios todopoderoso la hubiera llamado para invitarla a un picnic.

 Estaba mirando a Lily con nuevo interés pero no le gustaba lo que veía—. No se encuentra bien —acusó, pero fue una ligera, preocupada acusación y se levantó de su silla y rodeó el escritorio. 

Lily se movió para estar viendo directamente hacia el escritorio y puso ambas mano sobre éste para sostenerse. Dejó caer su cabeza y empezó a tomar respiraciones profundas. 

Sintió las manos de la mujer en su espalda e intentó no moverse bajo su toque. El tacto no era bueno. 

—¿Hay algo que pueda hacer? —preguntó—. ¿Necesitas un vaso con agua? Vamos a sentarte. 

Lily asintió, un asiento era bueno. Estar parado era malo, muy, muy malo. Ella estaba más allá del habla, más allá de cualquier cosa, el dolor estaba en su sien izquierda, inexplicable, indescriptible, dolor rasante. 

—Lily. —Escuchó el retumbe profundo de la voz de Nate diciendo su nombre, pero no se giró. 

—Señor McAllister, creo que algo está mal con ella —murmuró la recepcionista. Nate estuvo a su lado en menos de un segundo.

 Nate estuvo a su lado en menos de un segundo. Ella lo sintió en vez de verlo, sus ojos apretados con fuerza. 

—Jesús, Lily —murmuró, su pesada, cálida mano remplazando la de su recepcionista en su espalda y su otra mano fue a su cintura donde gentilmente giró su cara hacia él. Al hacerlo, le había dado una gran cantidad de su peso mientras quitaba sus manos del escritorio. 

Su cuerpo se tensó ante la inesperada carga y las manos de ella se movieron a los lados de su cintura para aferrarse con fuerza. El la jaló hacia sí con una mano, tomando su peso contra su cuerpo mientras su otra mano iba debajo de su barbilla y levantaba su cara hacia él. 

Sin ver y sin enfocar, ella miró en la vaga dirección de su cara.

 —Nate, creo que es necesario que me acueste —susurró. Él se movió de repente y ella chilló. 

El movimiento repentino no era bueno. Ningún movimiento era bueno. Pero después fue liberada de sostener su peso porque fue levantada en sus brazos. 

Ella descansó un brazo alrededor de sus hombros, una mano en su pecho y su cabeza en la curvatura de su cuello. Este era un mucho mejor lugar que estar parada. 

—Llama a Jennifer —ladro él, alejándose caminando. El hecho de caminar no fue tan bueno. Era movimiento y ella hizo un sonido de protesta en el fondo de su garganta. Al sonido de este, sus zancadas se ralentizaron—. Dile que quiero a mi doctor en mi apartamento inmediatamente. Y dile que quiero que llame a la señora Roberts, que le diga a mi madre que Lily está aquí y que está enferma.

 Ellos iban a alguna parte, no sabía a donde pero esperaba que llegaran pronto o vomitaría sobre el lindo traje de Nate. 

—Lily ¿sabes que está mal? —preguntó él. 

—Dolor de cabeza —fue todo lo que logró decir y esto lo dijo muy calladamente, con esperanzas de que él entendiera la indirecta y dejara de hablar tan fuerte. O, mejor aún, dejara de hablar. 

—Esto no es solo un jodido dolor de cabeza —respondió lacónicamente, su voz ronca con preocupación.

 Ella no respondió. Él tenía razón por una vez y por otra, odió tener que abrir la boca. 

Llegaron a algún lugar y él la puso en sus pies pero no le hizo cargar su peso mientras él la sostenía contra su cuerpo, después la cambió de lugar y finalmente estaba sentada. En un auto. Con terror, ella salió del auto, chocando directamente con él.

 —¡No! —gritó y el dolor se disparó a través de su cabeza como una bala. Hizo una mueca sin saber que su ya pálida cara se volvió ceniza. 

—Lily, por el amor de Dios, ¿qué está mal? —Ella lo miró, intentó enfocarse a través del extenuante dolor y Nate miró su cara—. ¡Cristo! La palabra fue una explosión. 

Ella se encogió con el ruido de su voz. 

—Migraña, Nate. No puedo viajar en auto. El movimiento me hará enfermar. No puedo soportarlo. No puedo lidiar con el movimiento. Necesito recostarme, ahora —explicó ella y el esfuerzo de hablar la dejó completamente exhausta. 

—Necesitas entrar en el auto, cariño, estamos en un estacionamiento. Estaremos en casa pronto —le aseguro él, su voz de nuevo gentil. 

—El estacionamiento está bien. —Y en ese momento, perdida en el dolor, era verdad. Se habría recostado en cualquier lugar, con que estuviera recostada, estuviera silencioso y no tuviera que moverse—. Sólo me acostaré junto al auto. 

Él no la escuchó, la empujó dentro del auto, delicadamente pero a la fuerza, y antes de que pudiera salir de nuevo, él le puso el cinturón.

 No perdió tiempo en subirse al asiento del conductor y ponerlos en movimiento. Nate, justo como lo recordaba, manejó rápido y duro, esta vez por necesidad.

 Lily se inclinó hacia adelante, puso sus codos en sus rodillas y su cabeza en sus manos para mantenerse lo más quieta posible. Y finalmente, Lily perdió el control del dolor y no tenía idea de que estaba gimiendo, emitiendo bajos, escalofriantes, sonidos de animal de pura agonía.


Que tu boca no calle lo que tu corazón siente....
Que tus sentimientos no sean una mentira....



 
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Sáb 25 Feb - 13:09

19


Nate

Nate llevó a Lily hasta su ático, todo el tiempo mantuvo la cabeza presionada en su cuello con tanta fuerza que él sintió su pulso latir contra ella. Y no había dejado de hacer ese ruido horrible.

 El ascensor se abrió en el piso superior, su piso, ya que era propietario de todo éste. Como si esperara por el sonido del ascensor, la puerta solitaria en la sala pequeña pero opulenta se abrió y Laura estaba allí de pie. 

En el momento en que ella los vio, o más al caso oyó a Lily, la sangre se drenó de la cara de su madre. 

—Oh, Dios mío —susurró Laura. 

Sin dudarlo, Nate la pasó de largo, a través de la sala de estar, el pasillo y directamente a su dormitorio.

 Al lado de la cama, puso a Lily de pie, pero mantuvo su peso apoyado contra él.

 —¿Qué le pasa? —preguntó Laura pero Nate no respondió, estaba mirando a Lily y ella estaba estremeciéndose. 

—Sin luz —susurró Lily.

 Inmediatamente, Nate ordenó a su madre: 

—Cierra las cortinas. 

—¿Perdón? —preguntó Laura. 

—¡Las cortinas! —le espetó, su voz impaciente y cortante.

Laura corrió hacia las ventanas mientras la mano de Nate fue a la cremallera en la parte trasera del vestido de Lily y tiró hacia abajo suavemente. 

—¿Qué podemos hacer? —preguntó a Lily suavemente. 

—Sin luz —repitió ella cuando él terminó con su cremallera y cuidadosamente guio la falda de su vestido por encima de sus caderas. 

Ella sabía lo que estaba haciendo y levantó los brazos en sumisión, pero él podía decir el movimiento tomó un gran esfuerzo

—Sin ruido. El ruido, muy malo. Franela fría y húmeda —terminó.

 La habitación quedó a oscuras cuando Laura cerró las cortinas de las ventanas del techo al suelo que se alineaban a un lado de la habitación. 

Entonces se apresuró hacia ellos mientras Nate sacaba el vestido por los brazos de Lily, todo el tiempo llevando su peso contra la longitud de su cuerpo. 

—Iré a buscar algo para que se ponga —se ofreció Laura, tomando el vestido de su mano y lanzándolo a través de la parte inferior de la cama. 

—Sin ropa. No puedo soportarlo —murmuró Lily y la mano de Nate se trasladó al cierre de su sujetador y lo desabrochó hábilmente mientras Laura renunciaba a su misión ofrecida y se inclinaba y retiraba las mantas de la cama. Nate le deslizó el sujetador por los hombros. 

—Ve a por una franela fresca —le ordenó a su madre y Laura corrió al baño. 

Puso a Lily en la cama y se puso a trabajar en sus zapatos, que, decidió con fastidio, independientemente de lo sexy que eran, podrían ser utilizados por los bancos para mantener el dinero seguro, las correas eran muy complicadas.

 Una vez que sacó ambos y los dejó caer al suelo, le cubrió con las mantas. 

—¿Tienes alguna medicación? —le preguntó. 

Ella negó con la cabeza y se estremeció, entonces la presionó contra las almohadas como la había presionada contra su cuello mientras él la llevaba hasta el ático. 

—Nada funciona —respondió ella.

—El médico está viniendo —dijo Nate mientras se sentaba en el borde de la cama y le apartaba el pelo suavemente del cuello.

 —No ayudará —murmuró ella. 

Sintió una oleada de furia frustrada pasar a través de él. Se dio cuenta vagamente de que esto había estado bajo la superficie desde que la vio inclinándose sin poder hacer nada contra el escritorio de su recepcionista, pero por fin, logró soltarse.

 Él lo controló, pero apenas.

 —Lily, dime qué puedo hacer —instó. 

—Lo estás haciendo —susurró ella, presionando la cabeza más en las almohadas. 

Laura regresó a la habitación y le entregó a Nate la franela. La dobló y la apretó contra la frente de Lily y ella hizo un ruido, esta vez no de dolor.

 —Sí —susurró con tal oleada de alivio que fue como si le hubiera dado el elixir de la vida. 

Levantó la mano y apretó la franela contra su frente con tal fuerza que él podía ver el color de la carne de sus dedos largos y elegantes cambiando de rosa a un rubor fuerte mezclado con blanco.

 Sonó el timbre y Laura murmuró: 

—Yo voy. 

Lily susurró después de que Laura hubiera salido de la habitación: 

—Llama a Fazire, por favor. 

—Por supuesto —le aseguró en voz baja. 

—Dile que no venga. 

Nate no respondió. 

—Querrá venir, pero dile que tú cuidarás de mí. —Sus ojos se abrieron y se deslizaron a los de él, pero su cabeza no se movió

—Dile que yo dije eso.

 Nate debería haber reaccionado a la importancia de sus palabras, quería hacerlo, pero en ese momento no podía. Escuchó a su médico personal, el Dr. Sims, entrando a la habitación con Laura. 

Lily cerró los ojos y Nate se levantó de la cama para permitir entrar al médico. 

—¿Qué ha pasado? —preguntó el Dr. Sims.

 —Ella dice que es una migraña —respondió Nate, sus palabras entrecortadas. 

—¿Las tiene a menudo? —continuó el médico.

 Nate no pudo responder porque no lo sabía. Y esto hizo que el control que tenía sobre su furia cayera un nivel. Si hubieran tenido los últimos ocho años juntos, él lo habría sabido. 

—Sí —fue Lily quien respondió. 

—¿Con qué frecuencia? —le preguntó el Dr. Sims suavemente, tomando su pulso.

 —No muy a menudo. 

—¿Conoce los factores desencadenantes? —le preguntó, su voz suave y baja. 

—Estrés —respondió ella y la furia de Nate se mezcló inmediatamente con una oleada de culpa que causó que cayera otro nivel—, a veces mi período. 

—¿Está en su ciclo ahora? —preguntó el Dr. Sims. 

—Va a venir. El dolor sólo viene justo antes —respondió ella. —Vamos a resolverlo. —El médico miró a Nate luego a Laura. 

Su significado claro, tenían que irse. 

—No me voy a ir —declaró Nate con firmeza.

 El Dr. Sims se alejó y le indicó a Nate que le siguiera, lo que hizo, pero se detuvo antes de que incluso llegaran cerca de la puerta. 

—Los enfermos de migraña necesitan tranquilidad, oscuridad, descanso. Le daré algo que la ayudará a dormir. Hablaremos fuera, pero ahora necesita estar sola y tenemos que hacer que duerma. Es lo mejor, a veces la única cosa para ello.

Nate observó a Lily todavía presionando la franela contra su cabeza y luego miró al médico. Deseando sólo acelerar el proceso de su recuperación, él asintió y salió de la habitación. Laura ya se había ido.

 En la sala de estar, Laura estaba recogiendo sus cosas, oyó más que vio a Nate entrar en la gran sala.

 —Voy a ir a las tiendas, comprarle un camisón, una muda de ropa… —Laura necesitaba algo que hacer y no tenía nada, por lo tanto, estaba creando cosas con las que mantenerse ocupada.

 Nate detuvo su salida precipitada. 

—Necesito que llames a Fazire. Dile que ella está aquí y que no está bien. Dile que estoy cuidando de ella. Por favor, dile que Lily lo dijo. 

Ante las palabras “te necesito”, la cabeza de Laura dio la vuelta. Al oír la palabra “por favor” su cara se derritió y sus ojos comenzaron a brillar con lágrimas.

 Nate nunca le había dicho lo primero a ella en su vida. Y esta última alguna rara vez se la había dicho a alguien. Inmediatamente, dejó caer su bolso y corrió hacia la cocina diciendo: 

—Voy a hacerlo ahora. —Entonces se detuvo y se dio la vuelta—. ¿Cuál es el número?

 Él le sonrió a su madre, sentimientos de inmensa gratitud porque esté allí cuando la necesitaba, cuando Lily la necesitaba, combatiendo su ira. Nate le dijo el número que sólo había usado una vez, pero, como de costumbre, había memorizado.

 Ella lo murmuró una y otra vez para sí mientras corría a la cocina. Nate se detuvo de tomar un trago que de veras necesitaba. No podía sacarse el lloriqueo atroz de Lily de la cabeza y no podía perder la furia en este sentimiento de impotencia.

 Este no era un sentimiento al que estuviera acostumbrado y no le gustaba mucho. Pero no podía tomar un trago. Era antes del mediodía y, además, Lily podría necesitarle.

Laura regresó a la habitación. 

—Fazire dice que quiere que le llame Lily cuando esté mejor. Quiere que sepa que va a cuidar de Natasha. Y quería saber por qué ella estaba aquí —informó. 

Nate se pasó la mano por el pelo y luego la detuvo en su cuello para hacer desaparecer con un apretón un poco de la tensión que se había instalado allí. 

—No tengo ni idea de por qué está aquí. Ella se presentó en mi oficina y en el momento que llegué a la recepción, apenas podía mantenerse en pie. 

Cuando su secretaria le había dicho que una Lily Jacobs estaba esperando en la recepción, inmediatamente pensó que era una buena señal. Siempre había sido inflexible sobre lo de hablar a través de sus abogados. 

Su abogado era un pit bull, demandas constantes, amenazas constantes y a Nate se le dijo en términos inequívocos —a través de sus propios abogados, por supuesto— que se mantuviera alejado de Lily. 

Lo que Nate ignoraba.

 La llegada de Lily a Londres fue una sorpresa inesperada. Sabía que había hecho un avance en su primer día con ella. Ella respondió a él y lo que es más, Tash también, espectacularmente. También sabía, por la manera en que Tash habló, y en gran cantidad, acerca de lo que su madre le había dicho acerca de él, que Lily había estado suspirando por un Nate “muerto” durante años. 

Y, por último, Nate definitivamente sabía que se había perdido en él la última vez que estuvieron juntos. Uno no consigue estar tan enojado como ella, sin sentir algo.

Nate sabía unas pocas cosas claras sobre la ira. 

Era del tipo mezquino y era del tipo emocional. Lily no tiene un hueso mezquino en su cuerpo. La ira de Lily era emocional, algo profundo dentro de ella la estaba conduciendo. Y cualquier cosa que sea, la condujo a reaccionar a su beso y a su toque, en su forma familiar, sin inhibiciones. 

Ese algo, lo que fuera, en este punto era todo para Nate.

Nate podría trabajar con algo. 

Por otra parte, con una mirada a la esperanzada y feliz cara de su hija, ella había entrado a una cena familiar. Él había sabido hace ocho años que ella nunca habría separado una familia y él apostaba por el hecho de que no había cambiado. 

Cuando su secretaria le había dicho a Nate que ella estaba allí, no perdió tiempo en ir hacía ella. Pero, a pesar de esto, la razón de su visita era un misterio todavía. 

Podría ser un sí o podría ser un no. Contaba con un sí. Dejó caer el brazo y sacudió sus pensamientos. Él sabría muy pronto y Nate era un hombre paciente. 

Vio como Laura miró al pasillo que llevaba a su dormitorio y luego a Nate. 

—¿Crees que Natasha la ha visto así? —preguntó en voz baja. 

Nate pensó en su hija y el escudo de teflón que Lily, obviamente, había cuidadosamente elaborado en torno a Natasha, para protegerla de cualquier cosa que pudiera afectar el gran espíritu y buen humor de su hija. 

Tenían poco, pero Natasha no precisaba de nada y no tenía idea de lo que se estaba perdiendo o, de hecho, por su personalidad, cualquiera de las luchas y sacrificios de su madre. Dudaba seriamente que Lily quisiera exponerla a lo que acababa de presenciar. Negó con la cabeza en respuesta a la pregunta de su madre. 

Fue entonces cuando el médico entró en la habitación y se dirigió hacia ellos. 

—¿Cómo está? —preguntó Laura, su voz recubierta con preocupación. 

—Le di un sedante suave. Por desgracia, no hay mucho que podamos hacer sino esperar. Ella dice que desaparecerá después de dormir. Es solo encontrar el sueño a través del dolor.

 —La voy a comprobar. —Laura se dirigió hacia el pasillo, pero se detuvo con las siguientes palabras del médico y se volvió.

—No lo haga. Ella necesita paz y, sobre todo, necesita tranquilidad. Tiene que luchar contra esto por su cuenta. Me dijo que sólo duran unas pocas horas, sólo necesita dormir.

 —¿Qué lo causa? —preguntó Laura. 

—Una variedad de cosas. —Estaba empacando eficientemente su bolsa. Había sido llamado en un horario con muchos pacientes. Sin embargo, cuando Nate McAllister llama, cualquier persona que haya recibido la llamada, inmediatamente, obedecía sus órdenes, incluso médicos generales.

 El tono de Laura se revistió con preocupación cuando preguntó: 

—¿Es… podría ser algo serio? Algo… 

—Sra. Roberts, probablemente sea nada —aseguró el Dr. Sims—. Ella dice que ha estado sufriendo de ello desde que era niña. Si está preocupada, llévela a un neurólogo, obtenga una resonancia magnética. 

Nate habló por primera vez desde que el doctor entró en la habitación. 

—Arréglelo. El Dr. Sims movió sus sorprendidos ojos a Nate. 

—¿Perdón? 

—Refiérala a un neurólogo —ordenó. 

—Puede que ya haya visto uno. A veces el dolor es persistente y puede que no sea capaz de decir mucho. Ella, obviamente, conoce sus disparadores, y cómo hacerles frente. 

—Hazlo —cortó Nate. A su tono, y a la mirada dura puesta en el rostro de Nate, el Dr. Sims asintió. 

—Mañana —exigió Nate. 

—Por supuesto —el médico acabó asentando su bolsa—, ella debería estar bien en un par de horas. Si pasa cualquier cosa, llámeme. 

Luego se fue.

Laura estaba de vuelta con su bolso de mano, recogiendo sus cosas.

 —Voy a hacer unas compras. Ella debería permanecer contigo esta noche —dijo Laura con decisión—. Me aseguraré de que esté cómoda. 

Su madre se acercó a Nate y le dio un beso en la mejilla y luego ella también se había ido.

 En estas salidas repentinas, Nate descubrió que tenía tiempo para pensar. Sin embargo, Nate no quería pensar.

 No quería pensar en Lily sola y luchando contra el dolor en su cama. No quería pensar en Lily sufriendo de esa manera otra vez, mucho menos en que ella lo había hecho desde que era una niña. No quería pensar en lo poco que la conocía a pesar de que recordaba incluso el más ínfimo detalle de cada uno de los momentos que había compartido con ella. Por lo tanto, él no pensó. Llamó a su oficina y ellos tenían el trabajo de mensajería para él, pero les dijo que bajo ninguna circunstancia hagan sonar el timbre. Se quitó la chaqueta y la corbata, aflojando los botones de su camisa en la garganta. 

En silencio, comprobó a Lily dos veces, ambas veces, por suerte, estaba durmiendo.

 Su madre llegó varias horas después con suficientes bolsas de compra para que Lily se quede por un mes, y no solo por una noche. Y a través de ese tiempo, Nate mantuvo su mente en su trabajo y esperó.

 Mantuvo un silencio absoluto. Se mantuvo cuidadoso, un control deliberado de su furia. Horas más tarde, se alejó de la mesa del comedor, donde había establecido su oficina temporal en lugar de trabajar en su estudio, que estaba al otro lado del departamento y demasiado lejos de Lily. Entró en el dormitorio para encontrar un cambio de ropa, con la esperanza de que Lily duerma a pesar de cualquier ruido. 

Cuando llegó, la cama estaba vacía. Lily se había ido. Se quedó inmóvil en la puerta, una extraña sensación de malestar llenándolo, a pesar de que sabía que no podía haberse ido realmente. 

Entonces oyó un ruido y su cabeza dio la vuelta.

Llevaba su bata y estaba de pie en la puerta del cuarto de baño. Estaba apoyada contra la jamba de la puerta, su antepie presionando contra la parte superior del otro. 

Recordó su postura, exactamente igual que hace ocho años. Nate se acordó de esa visión de ella, su primera noche juntos, una y otra vez en los últimos años. Ese recuerdo, una vez doloroso, cortó a través de él. 

Si Lily estaba en Londres para decirle “no”, entonces él tendría este recuerdo para agregarlo a su inventario tortuoso. Con determinación, puso a un lado ese pensamiento.

 —¿Te sientes mejor? —preguntó en voz baja. 

Ella asintió, se apartó de la jamba de la puerta y se acercó a la cama. Caminó hacia ella y, mientras lo hacía, él habló. 

—¿El dolor se ha ido? 

—Sí. Me siento rara después. Exhausta pero capaz de funcionar. No sé, se siente como si hubiera estado en una especie de batalla.

 Se detuvo junto a la cama, se inclinó y agarró su vestido. Se detuvo junto a ella, extendió la mano y tiró suavemente de su vestido de sus dedos. 

—Lo estuviste —indicó directamente. Ella estaba mirando el vestido en su mano y, ante sus palabras, sus ojos se levantaron a los suyos. 

—No. No es gran cosa, es sólo un dolor de cabeza. —Ella estaba tratando de hacerlo pasar como si no fuera nada. Nate nunca olvidaba nada pero incluso si tuviera ese lujo, nunca iba a olvidar el sonido de su lamento. 

—Confía en mí, sí estuviste. Te vi hacerlo. Claramente no deseaba discutir, cambió de tema y le preguntó en voz

 —¿Puedo tener mi vestido, por favor? Lo arrojó sobre la cama deliberadamente fuera de su alcance inmediato. Observó su aterrizaje y no hizo ningún comentario. 

Fue entonces cuando Nate se dio cuenta que ella parecía un poco aturdida. 

—Laura te compró un camisón, o, si las bolsas en la otra habitación son una indicación, veinte de ellas —dijo. 

Un fantasma de su peculiar sonrisa jugó sobre sus labios y Nate lo registró en su mente, al igual que su cuerpo reaccionó al instante al dulce y familiar espectáculo de la misma. 

—A Laura le gusta ir de compras, ¿no es así? —susurró Lily como para sí misma y sus palabras sonaron casi afectuosas.

 Ella no esperaba una respuesta a su pregunta y Nate, incapaz de controlarse a sí mismo por más tiempo, la atrajo hacia él con cautela y deslizó sus brazos alrededor de ella. 

Su cabeza se inclinó hacia atrás, pero, sorprendentemente, no se resistió a su abrazo. En cambio, ella levantó sus manos para descansarlas en su bíceps. 

—¿Estás bien? —preguntó ella, sus ojos mirándolo de cerca a través de la oscuridad de la habitación. 

—No, no estoy bien. —Se sorprendió al responder con honestidad. 

Ella contuvo el aliento bruscamente y luego preguntó: 

—¿Qué pasa? ¿Es Tash? ¿Fazire?

Él la interrumpió. 

—Eres tú. —¿Yo? —Sus ojos se ensancharon.

 En respuesta, soltó una risa baja, sin sentido del humor, que la llevó a acercarse a él, su rostro cambió cuando la preocupación lo llenó.

 —¿Nate? 

—¿Por qué estás aquí? —preguntó de repente

Ella no estaba siguiéndolo, su preocupación se volvió confusión. 

—¿Aquí?

 —En Londres, ¿por qué has venido a verme? Una vez más, su rostro cambió, esta vez a una especie de tristeza. 

—Nate, creo que estás cambiando el tema. —Su voz fue tan suave, que si ella estuviera aún más lejos que en sus brazos, él no habría escuchado. 

Él no contestó. 

—Dijiste que no estás bien —le recordó—. ¿Por qué no estás bien? 

Aún no respondió. Algo lo detuvo. No sabía lo que era, pero fuera lo que fuera siempre lo detenía.

 Le impedía hablar, le impedía dejar que nadie se acercara, lo detuvo de confiar a nadie con sus pensamientos, sus sentimientos, nada de él. 

Incluso Lily. 

Ella esperó. 

Su paciencia disminuyendo y observó en silencio. Entonces explotó: 

—Maldita sea, Nate, ¡habla conmigo! ¿Qué pasa? En su arrebato, la repentina intensidad de su voz después de que él había colocado un precio tan alto al silencio debido a su dolor, sin mencionar el hecho de que se sentía, después del episodio de horas antes, como si pudiera romperse en un millón piezas y perderse de nuevo, pero esta vez para siempre, admitió escuetamente: 

—Me asustaste terriblemente. Su rostro cambió de nuevo, está vez entendiendo. Y ella no se apartó de él. Él pensó que lo haría al escuchar su admisión, pero no lo hizo. Sus dedos se apretaron en sus brazos para tranquilizarlo.

 —Oh Nate, es sólo un dolor de cabeza —susurró Lily.

 —Deja de decir eso, Lily, no es sólo un dolor de cabeza. Nunca he visto algo así en mi vida Ella, para su completo asombro, intentó bromear 

—Entonces debes haber vivido una vida muy protegida. 

—No, Lily, no la he tenido —respondió Nate al instante, cada palabra entrecortada y de inmediato se dio cuenta de su error pero no le permitió preocuparse por ello. 

En su lugar, le informó—. Tienes una cita con un neurólogo mañana. 

—¿La tengo? —Esta vez, su expresiva cara se llenó con sorpresa. Y fue entonces, inusualmente tarde, que cayó en la cuenta de que su rostro era expresivo de nuevo.

 Su guardia estaba abajo, ella estaba de pie con sus brazos ligeramente presionados contra su cuerpo y no tratando de alejarse. 

Ella estaba hablando con él y no se había mencionado una vez el nombre de “Alistair”. Sus brazos se apretaron, llevándola más profundo en su cuerpo.

 —Sí, la tienes —dijo suavemente, sintiéndolo en lugar de saberlo. La razón por la que ella estaba allí. 

—¿Por qué? No hay nada que puedan hacer. He estado en el médico —le dijo. 

—Sígueme la corriente —devolvió.

 —Nate… 

—Hazlo por Tash —murmuró, llevando su mano hacia arriba para meter un pesado mechón de su extraordinario cabello detrás de su oreja.

 —No tengo que hacerlo, Nate. He tenido los dolores de cabeza desde que era una niña, sólo unos cuantos. Vinieron más a menudo cuando comenzó mi período. Uno que otro mes antes de mi ciclo y cada vez que tengo exceso de estrés. 

—¿Lily? 

—¿Sí? —Esta discusión ha terminado —afirmó rotundamente. 

Ella lo miró fijamente, la expresión de su rostro tornándose rebelde y luego se dio cuenta de lo mucho que la echaba de menos. Sabía que la echaba de menos.

 Él lo sabía. 

Había vivido con ello durante años, sobre todo el último par de semanas.

 Pero ahora que estaba de vuelta, ahora que ella era verdaderamente Lily, su sonrisa única, su cara diciéndole exactamente lo que estaba pensando antes de que abriera su boca para hablar, sintió su pérdida como un golpe. Y su regreso como una bendición. 

Inclinó la cabeza para rozar sus labios contra los de ella y ella sólo se tensó ligeramente en sus brazos. Progreso.

 —Vamos a hablar de por qué estás en Londres —sugirió en un tono que decía que era para nada una sugerencia. 

—¿Puedo vestirme? 

—No. Ella se quedó sin aliento.

 Entonces, un momento después, ella suspiró. 

—¿Podemos hacerlo en otra habitación? —preguntó de mal humor. 

—No. 

—Nate…

 —Ahora tú estás evitando el tema. 

Sus labios se fruncieron y sus ojos se deslizaron lejos de él. Cualquier furia residual en su ineficacia ante su dolor menguó de él cuando sintió la victoria. 

—Antes de decir lo que voy a decir —sus ojos se acercaron y sus manos llegaron entre ellos para moverse inquitas contra sus pechos—, voy a advertirte que tengo ciertas condiciones. 

Sus brazos se movieron de alrededor de ella, se apoderó de sus manos entre las suyas y tiró de ellas suavemente detrás de su espalda, presionando su suave cuerpo completamente contra el de él. 

—¡Nate! —exclamó.

 —Sólo di lo que tengas que decir Lily.

 —Deja mis manos. Ella estaba evitando el tema. 

—Las estabas moviendo inquietamente —le informó. 

—¿Y? —Era una distracción.

 —Créeme, vas a escuchar lo que tengo que decir. 

—No me estaba distrayendo, te estaba distrayendo. Su cabeza se sacudió bruscamente, ella lo miró un momento y luego la sonrisa peculiar jugó sobre sus labios, pero no salió con toda su fuerza. 

—Eres demasiado perspicaz para tu propio bien —se quejó ella, pero no lo decía en serio, había un toque de admiración en sus palabras y en cualquier otro momento de su vida se habría permitido sentir placer en ello. 

No en este momento, sin embargo. Este momento era demasiado valioso como para permitir que su mente divague a otra cosa excepto ella. 

—Lily. —Su voz contenía una advertencia. 

—¿Y ahora qué? —preguntó. 

—¿Tienes algo que decir? —apuntó. 

—Muy bien, muy bien —murmuró, pero luego no dijo nada. Él esperó. Ella mantuvo la calma. Él esperó. 

Ella frunció los labios y apartó sus ojos de nuevo. Él esperó. Ella deslizó sus ojos de nuevo y lo miró, abrió la boca y luego la cerró de nuevo. 

—Lily —repitió Nate entonces no pudo evitarlo, sintió que su cuerpo empezaba a temblar de risa.

 —¿Te estás riendo? —se quejó ella, desviándose a otro tema para esquivar el que ella estaba evitando. Soltó sus muñecas, pero la sostuvo donde estaba él quieto. Inclinó la cabeza y enterró su cara en el perfumado cabello en su cuello.

 —Sólo dime que te casarás conmigo —exigió contra su cuello, su voz llena de diversión, su cuerpo temblando con ello y algo muy cercano a la sensación que había tenido cuando su hija lanzó por primera vez sus brazos alrededor de él robó su corazón.

 —Me casaré contigo —susurró y los brazos de él, ya rodeándola, se tensaron como bandas de acero. 

Algo poderoso e innato surgió a través de él, algo enorme y profundo e increíblemente agradable. Mejor que el orgasmo más intenso que había tenido (un clímax que había tenido con Lily, lo recordaba con claridad, la quinta vez que hicieron el amor).

 —Pero tengo condiciones —le informó. 

Él levantó la cabeza y la miró fijamente ya decidiendo que estaría dispuesto a rendirse a cualquier cosa. Casi.

 —No vamos a trasladarnos a Londres —dijo ella—, tendrás que mudarte a la casa en Clevedon. Sin dudarlo, Nate respondió: 

—Hecho.

 Lily parecía sorprendida por su rápido acuerdo y la confundió por un momento, pero luego se recuperó. 

—Tienes que aceptar a Fazire, no importa qué.

 Esta vez él vaciló y ella abrió la boca para hablar, pero antes de que pudiera decir una palabra, espetó: 

—Bien. 

—Y que viva con nosotros.

Nate asintió. Él aceptaría a su extraño amigo Fazire. 

Viviría con todo el ejército británico acampado en su sala de estar si eso significaba estar con ella, tenerla en su cama y con su hija al final del pasillo.

 —Dilo —exigió ella. 

—Bien —concedió. 

—Y si algo me sucede, él se queda con Tash, siempre y cuando ella lo quiera. 

Nate la miró detenidamente. 

Encontró esta demanda más que un poco extraña, como si Fazire fuera una posesión. Leyendo correctamente en su cara que esto significaba mucho para ella, estuvo de acuerdo con otra inclinación de cabeza.

 Ante eso se relajó contra él. 

—¿Eso es todo? —preguntó, encontrándose aliviado. Ella podría haber pedido más, mucho más, diamantes y perlas, vacaciones, chalets de montaña en los Alpes. 

Pero no pidió nada de eso y esta vez ella asintió. 

—Ahora vamos a discutir mi condición —le dijo.

 Lily se tensó de nuevo inmediatamente. 

—¿Qué condiciones? 

—No condiciones, condición —respondió Nate—. Solo tengo una.

 Ella lo miró fijamente, sus ojos abiertos se habían estrechado. Nate siguió. 

—No más niños. Si quieres otro bebé, vamos a adoptar. Sus ojos se abrieron al instante ampliándose de nuevo. 

—Nate, fue sólo un mal embarazo. No hay ninguna razón por la que no pueda… 

Él la interrumpió. 

—¿Sólo un mal embarazo como tus migrañas son sólo dolores de cabeza?

Su boca se cerró y frunció los labios. 

Luego preguntó de repente: 

—¿Estás en control de la natalidad? 

—No. Este anuncio lo sorprendió. 

—¿Utilizas otro método anticonceptivo?

 Empezaba a retorcerse y se veía más que un poco incómoda. No podía importar menos su incomodidad. 

—Respóndeme, Lily —exigió Nate, dándole una sacudida leve. 

—No.

 —¿Por qué no? —espetó.

 Ella lo fulminó con la mirada, pero no respondió. 

—Respóndeme. —Nate empezaba a enojarse.

 Se había graduado de Oxford, por el amor de Cristo, no era estúpida. Casi había muerto durante su último embarazo, infierno, murió. 

Debía protegerse. Odiaba la idea de otro hombre tocándola, sobre todo porque, al principio sólo había sido suya. Pero por mucho que lo detestaba, comprendió que tenía que dejar de lado eso ahora.

 Ella estaba de regreso, Natasha era de ellos, toda su atención se centraba en su futuro. 

—¿Ellos lo utilizaron? —preguntó, no exactamente emocionado por hablar de sus amantes, pero tenía que saber. 

Considerar los anticonceptivos no era algo que le había enseñado en el breve tiempo que tuvieron juntos, de hecho, él lo había evitado con propósito calculado pero podía imaginar que había aprendido mucho en ocho años. 

—¿Quién? —preguntó, viéndose perpleja. 

—Los hombres con los que has estado.

Incluso en el cuarto oscuro, vio su rostro pálido. Se mantuvo su silencio por un momento y luego dijo:

 —Nate, realmente no creo que sea de tu… 

La sacudió de nuevo, esta vez ligeramente más-que-suave.

 »¡Nate! 

—Lily, vas a ser mi esposa. Teniendo en cuenta mi condición ante nuestras nupcias inminentes, este tema finalmente vendría.

—No estuve de acuerdo con tu condición —le dijo.

 —No te embarazarás de nuevo —replicó.

 —Realmente, yo… 

Él la interrumpió. 

—Te llevaremos a un médico de cabecera mañana también y arreglaremos algo. 

Había decidido renunciar. Ella era definitivamente más terca de lo que recordaba y había otras maneras en las que deseaba pasar estos momentos, formas mucho más agradables, no discutiendo sobre control de natalidad y definitivamente no pensando en sus otros amantes.

 Aun así, no pudo dejar de murmurar: 

—Es impresionante, como alguien tan inteligente como tú, obviamente, sería tan inmensamente densa ante protegerse con anticonceptivos. 

Se puso rígida en sus brazos.

 —No soy densa.

 —Teniendo en cuenta el hecho de que casi moriste en el parto, sí, diría que eras densa —espetó Nate secamente porque el tema era tan importante, teniendo en cuenta lo que pasó con Natasha y la despreocupación de Lily sobre algo tan importante era intensamente molesto, por lo tanto, al instante decidió que le gustaba la idea de discutir sobre control de la natalidad.

—Difícilmente necesité llenar mi cuerpo con píldoras o tener… un… algún tipo de aparato ¡si no llevaba a nadie a mi cama! —espetó ella, sus ojos con fuego y un rubor tan feroz que pudo verlo en la oscuridad trepando por sus mejillas. 

Su cuerpo se quedó inmóvil y apretó sus brazos.

 —¿Qué dijiste? 

—Me escuchaste. 

—Está bien, haré otra pregunta. ¿Qué querías decir?

 Pareció perdida por un momento, claramente su agitación y su recuperación de la migraña frenaba sus procesos. Luego volvió en sí.

 —Eres demasiado inteligente para tu propio bien, ¿sabes eso? — preguntó irritada. 

—No cambies el tema y responde la pregunta. Miró hacia el cielo y por primera vez se apretó contra sus brazos para alejarse. 

—Esto es humillante —dijo al techo.

 Entonces lo supo. No podía creerlo pero lo supo. 

Era casi tan increíble como el hecho de que no había sido tocada cuando por primera vez la tuvo. Esto era imposible de creer. 

—No ha habido ningún otro —afirmó y sus ojos volaron hacia él—. ¿Verdad? —preguntó en voz baja.

 Ella dudó un momento y luego dijo: 

—Sé que piensas que soy la más, bueno, que yo… —Hizo un extraño, ruido frustrado antes de soltar—: ¡simplemente no había tiempo!

 Se dio cuenta de que inventaba excusas como si esta noticia fuera algo malo. Como si esto no fuera un regalo de los dioses, como su regreso, como Natasha, como el hecho de que aceptó casarse con él. 

—Lily. —Su voz fue baja, pero estaba empezando a enloquecer.
—Siempre había algo. Cuando Tash era pequeña, me recuperaba después de eso, estaba demasiado cansada. Luego estaba el trabajo, lavandería, Tash, Fazire, el maldito auto. Quiero decir, no había tiempo. Nate intentó y falló al interrumpirla pacientemente al murmurar: 

—Lily. 

Ella lo ignoró.

 —Y luego está buscar a alguien. Quiero decir, Nate, hay un montón de perdedores. Muchos. No lo creerías. Ella subrayaba sus palabras de nuevo como él recordaba que hacía cuando estaba agitada. Era tan Lily, no una calmada, Lily hastiada, sino su Lily, alegre y divertida. El cuerpo de Nate empezó a temblar de risa y alivio y lo que había sentido antes, algo que no reconoció, pero ahora sabía que el triunfo se mezclaba libremente con alegría. 

—Lily. —Su voz estaba impregnada de alegría. Lo ignoró y rodó sus ojos al techo. —Y algunas de las cosas que decían. Un tipo incluso me dijo que tenía ¡buen aliento! Felicitó mi respiración como una línea de flirteo. Por favor, dime que nunca has hecho eso. —Su mirada volvió hacia él con duda, por fin sintió que su cuerpo temblaba y sus ojos se estrecharon—. ¿Qué es tan gracioso? Decidió que no quería leer sus pensamientos en la habitación a oscuras y con esfuerzo la dejó ir, pero entrelazó los dedos con los suyos. Se acercó a la ventana, arrastrándola con él y abrió las cortinas. Entonces inmediatamente la atrajo de nuevo en sus brazos. 

—Te pregunté, ¿qué es gracioso? —preguntó. Él le sonrió y su rostro cambió cuando lo vio. Notó algunas de las viejas expresiones que solía llevar cuando lo miraba y brillaba, la alegría que sentía se intensificó exponencialmente. 

—Cariño, tanto como odio la idea de que estuvieras sola con Natasha durante ocho años, odio la idea de ti con cualquier otra persona. Así que, espero que me perdones cuando te digo que me alegro de que no hayas compartido tu hermoso cuerpo con nadie más que yo. 

—¡Bien! —Resopló, claramente sin nada qué decir y apartó su cara de él para que no pudiera ver su expresión. La inclinó con una mano en su mandíbula y vio la confusión en sus ojos, confusión y alivio.

 —Ahora que eso está claro, ¿estás de acuerdo con mi condición? 

Una vez más, se veía adorablemente confundida cuando él cambió a un tema anterior y notó para futuras consultas que estaba distraída después de una migraña. Luego su expresión se aclaró. 

Ella suspiró. Enormemente. 

—Supongo —cedió. Sus brazos se apretaron y su cabeza descendió. 

—Si somos capaces de adoptar —interrumpió su descenso.

 —Vamos a adoptar —dijo contra sus labios.

 —Está bien —susurró ella, su cuerpo se fundió contra el suyo y, por último, con gratitud, la besó.


Que tu boca no calle lo que tu corazón siente....
Que tus sentimientos no sean una mentira....



 
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por Maga el Sáb 25 Feb - 16:16

Saludos chicas, muchas gracias por seguir la lectura. Espero que la estén disfrutando. 


Abrí un tema donde celebraremos los cumpleaños y otras cositas de todas las que participen en club de lectura. Así por favor pasen y dejen en los comentarios el mes y el día de su cumpleaños para anotarlas en la lista. 





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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Dom 26 Feb - 4:46

Qué feo sentir ese tipo de dolor, esas migrañas dónde lo único que lo calma de a poco es la tranquilidad, la oscuridad, el silencio y el dormir...

Lily aceptó casarse con él, pero me sigue molestando mucho que lo haga aunque aún no le explicó absolutamente nada!!  



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Dom 26 Feb - 4:48

Maga Pali escribió:
Saludos chicas, muchas gracias por seguir la lectura. Espero que la estén disfrutando. 


Abrí un tema donde celebraremos los cumpleaños y otras cositas de todas las que participen en club de lectura. Así por favor pasen y dejen en los comentarios el mes y el día de su cumpleaños para anotarlas en la lista. 




Qué lindo!! Genial idea!! Very Happy Very Happy



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Dom 26 Feb - 14:58

HOLAAA!!! gracias por el capitulo

si bien Nate parecia un elefante en una tienda de ceramicas cuando volvio a la vida de Lily, bien es cierto el amor que les tiene y lo decidido que esta a ganar su familia, como a forjado un lazo con Tasha, aunque todavia no sabe tratar a la madre. por otro lado odio al abogado  me da mala espina, ya anda mostrando la costura jejeje.

en otro sentido que mal las migrañas de Lily y el miedo de Nate cuando la vio tan enferma me encanto pero sobretodo el miedo que tiene de perderla es muy radical porque eso de no tener mas hijos.

que pasara con el abogado ese?,

otra cosa Nate no fue un santo durante esos ocho años e interrogando a Lily. jejejej estos hombres






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Dom 26 Feb - 15:04

20


Lily

Lily se despertó sola en la colosal cama de Nate.

 Jamás había visto una cama tan grande en toda su vida. Era incluso más grande que la cama que él le había comprado y pensaba que esa era la cama más grande que jamás había visto. 

Escuchó durante un momento el silencio en la enorme habitación y se preguntó dónde estaba Nate. 

Rodó a un lado para ver si había algún reloj y vio que casi eran las nueve y media. Pestañeó ante la sorpresa. No había dormido hasta tan tarde en años. 

Lily ni siquiera pensaba que tenía la capacidad para dormir más tarde de las siete en punto. Se rodó sobre su espalda y contempló el techo y la suavidad de las sábanas de Nate, que eran de una suavidad de otro mundo. 

Nate, se dio cuenta, si era como solía ser, debía estar en el trabajo. Echó a un lado las sábanas y se dirigió al baño mientras pensaba con satisfacción en la noche anterior y, sobre todo, más que con satisfacción, en esa mañana. 

Sorprendentemente, Nate no le había hecho el amor después de que accedieran a casarse. Por fin la había besado —después del mortificante intercambio sobre la anticoncepción que no quería recordar, jamás. 

Pero eso había sido todo.

 Bueno, no todo exactamente ya que la había besado durante la noche, la había abrazado por detrás y la acarició con la nariz mientras hablaba con Fazire —por suerte, Fazire sabía que normalmente estaba desorientada después de una migraña por lo que no la presionó con que por qué estaba, de repente, en la casa de Nate en Londres— y entrelazó sus dedos con los de ella mientras comían lo que él había pedido.

 Más tarde, por fin se fueron a la cama, Lily llevaba uno de los camisones que Laura le había comprado. Ella no había comprado veinte camisones, había comprado tres, cuatro juegos de ropa interior, dos trajes, tres pares de zapatos y dos grandes bolsas llenas hasta arriba de cosas para el cuarto de baño y cosméticos de todos los tamaños, formas y colores. 

Laura podía comprar para Inglaterra en las Olimpiadas y ganar la medalla de oro, sin duda. Una vez en la cama, Nate puso la espalda de ella contra su parte delantera y envolvió su brazo en su cintura. Entonces presionó su cara en su pelo, como solía hacer y en ese momento Lily se había dado el momentáneo lujo de permitirse que los ocho años se desvanecieran.

 Entonces, se tumbó en la cama esperando. Nada. 

—Um… ¿Nate? —había susurrado en la oscura habitación.

 —¿Mm? —El sonido murmurado sonó detrás de ella y su brazo se apretó en su cintura. 

No sabía qué decir. 

Entonces dijo: 

—No importa. Se dio cuenta que estaba ligeramente decepcionada.

 Entonces también que estaba más que ligeramente decepcionada. No había ido exactamente allí para lanzarse sobre él y juntar a su familia.

 Pero habían acordado su fidelidad. Sin duda una consumación de celebración hubiera venido bien. 

—No eres tú misma —dijo Nate dulcemente. 

—¿Qué? —preguntó Lily. 

—Te haré el amor cuando estés recuperada. Ahora mismo, aún no eres tú misma.

 —Oh —susurró ella. Algo en eso hizo que su corazón palpitara. No entendía completamente por qué pero sintió que era importante.

—Duérmete, querida —murmuró en su pelo. 

Decidió que le gustaba cuando la llamaba querida. Sabía que no debería hacerlo pero eso no cambiaba el hecho de que era así. Exhausta por los eventos del día, de hecho, los eventos de las dos últimas semanas y su cómoda cama con su calor detrás de ella, cayó en un profundo sueño como no había tenido en años.

 Se despertó, lo que pareció un año más tarde, descansada, relajada, contenta… y excitada.

 —¿Nate? —murmuró somnolienta.

 Aparentemente Nate había decidido que era ella de nuevo porque, con el sonido de su voz, apartó su mano la que había estado en el dobladillo de su camisón, acunó su pecho con dos dedos acariciando su pezón. 

Le dio la vuelta y en un instante él se convirtió en su mundo. Sus manos, su boca, su lengua, estaban por todos lados y la sensación vaga de relajada, contenta, excitada, se evaporaron en segundos mientras el caliente deseo flotaba a su alrededor. 

Disfrutó de ello, había esperado años para ello y ahora sabía que se debía a por fin ser suya. En minutos había hecho que su escasa vestimenta saliera de su cuerpo y el calor salía de ella como un incendio.

 Ella gemía su nombre, con las manos en su pelo mientras su boca estaba al principio atormentando un pecho, luego el otro, luego abajo, abajo… Entonces se detuvo y su cabeza se irguió quitando sus manos. 

De repente su cuerpo se fue para un lado, su peso salió de ella y su inmenso calor abandonando a Lily hizo que se sintiera con frío de repente. Desorientada, bajó su barbilla para ver qué le había detenido y su cuerpo se quedó inmóvil por lo que vio. 

Nate estaba tumbado a un lado, apoyado en un codo y sus ojos miraban fijamente su barriga. 

Habían pasado ocho años desde que alguien la había visto desnuda y en el calor del momento, la emoción de las sensaciones, se había olvidado por completo. No era la mayor fan de su cuerpo, de hecho, básicamente lo ignoraba, era lo que le decían la mayor parte del tiempo y era lo único que necesitaba. Ahora, se sentía vulnerable y avergonzada, sobre todo que él estuviera viendo su estómago. No era precisamente su zona favorita de su cuerpo, no es que tuviera una.

 La cara sonrojada de Lucy empezó a arder y bajó la mirada para ver lo que había captado su atención y entonces vio la cicatriz de la sección de Tash. 

No era horrorosa pero era una cicatriz y las cicatrices nunca eran muy atractivas. Vio la mano de él acercarse y ella la agarró por vergüenza antes de que pudiera tocarla. 

Quería cubrirse con las sábanas pero sus ojos se movieron hacia los de ella. 

En el instante en el que la miró, se olvidó de todo. Estaban brillando por algo que no podía entender pero, fuera lo que fuera, hizo que se olvidara de su vergüenza por completo.

 —¿Tash? —preguntó, con voz ronca.

Ella asintió, preguntándose en qué estaba pensando. Entonces para su asombro, su cabeza se inclinó y sus labios tocaron la cicatriz en un extremo y recorrió lentamente toda su longitud. 

—Nate —susurró, observando su gesto gentil, las lágrimas de repente cayeron, obstruyendo la garganta, haciendo que su voz fuese ronca. 

Y entonces no podía pensar en llorar, no podía pensar en su gentileza porque había movido su cuerpo y su cabeza estaba más abajo, su boca encontrándola entre sus piernas y lo único en lo que podía pensar era en lo que le estaba haciendo, lo que estaba haciéndola sentir y la belleza absoluta de ello. 

Hizo que llegara al clímax con su boca y mientras estaba en las últimas agonías de ello, las olas de placer deslizándose por su cuerpo, él se adelantó y la llenó. 

Gritó su nombre mientras se introducía en ella, sin ser gentil en absoluto, sus empujes era una violencia controlada.

 Era una posesión, una reclamación y su mano fue entre ellos, fue exactamente al centro sensibilizado de ella antes de que pudiera completar su orgasmo, trayendo otro instantáneamente. 

Ella estaba jadeando, agarrándose a su espalda, susurrando su nombre entre los jadeos, rodeando con las piernas su cintura mientras las gloriosas sensaciones la rasgaban al tenerle de nuevo.

 Le encantaba la sensación de él dentro de ella como había soñado tantas noches e incluso soñaba despierta durante las horas de luz. Y por fin, cuando estaba segura que viviría eternamente en el espasmo de su clímax, su mano salió de entre los dos, sus manos subieron a su cintura y se adentró en ella una vez más, jadeando su liberación en su boca.

Después, Lily se quedó tumbada ahí, con el peso de Nate presionándola, con la cara hundida en su cuello, sus extremidades a su alrededor y se permitió tener un pequeño momento de felicidad de que ellos por fin, después de años y años, tuvieran esa belleza de lo que solían compartir. 

La cabeza de él se movió y su boca buscó la de ella. 

—Más dulce de lo que recordaba —murmuró en sus labios y ella estaba tan cansada que lo único que podía hacer era asentir.

 Lily no recordaba que él le hubiera contado que lo recordaba todo. Por lo tanto, no tenía ni idea de lo que significaban sus palabras. No hubiera importado de todas maneras, acababa de tener un orgasmo múltiple mientras copulaba con un amante, no simplemente un amante, el hombre de sus sueños que pensaba que llevaba muerto ocho años. 

Estaba lejos de procesar la importancia de las frases después del clímax. En lugar de eso, empezó a quedarse dormida. Sus ojos estaban cerrados y Nate estaba apartando el pelo de su sien.

 Pensó que era agradable. 

—¿Lily? —Oyó la voz dulce y suave aún lleno de deseo. 

—Sólo voy a descansar mis ojos un poco —murmuró algo que su abuela Sarah solía decir antes de dormir la siesta. 

Envolvió sus brazos y piernas más apretadas en torno a él, él todavía estaba sobre ella, todavía dentro de ella y acarició su cara en su cuello.

 En su viaje a la tierra de los sueños, sintió el temblor del cuerpo de Nate con diversión y, normalmente habría encontrado esto irritante, pero en ese momento, estaba mucho, mucho más allá de la irritación. 

Había, pensó Lily, mientras tomaba una ducha en su cabina de ducha en la que podrían caber fácilmente tres —o incluso más— personas, sido un pedacito de cielo. 

Mientras frotaba en su piel el gel de baño con esencia de peonía, que Laura le compró, con una esponja suave y esponjosa, que Laura también le compró, miró a su alrededor al baño de arte de Nate —le tomó cinco minutos para encontrar la manera de usar los grifos de la ducha— y distraídamente se dio cuenta de que era más grande que la habitación de Natasha. 

Esta suntuosidad trajo otras cosas a su mente. Casarse con Nate, pensó Lily, podría no ser tan malo. En primer lugar, Natasha tendría a su padre. 

En segundo lugar, Natasha aprendería a montar a caballo, en efecto, a la velocidad en que iba Nate, probablemente tendría uno para el final de la semana. En tercer lugar, tal vez, solo tal vez él se haría cargo de ellas.

 Desde luego, dejó todo para cuidar de Lily ayer. Había visto su trabajo esparcido a través de su mesa de comedor enorme de doce puestos anoche. Podía imaginar lo que costaba un ático, por no hablar de la posibilidad de deshacerse de catorce millones de libras en una semana, comprarle un Mercedes y todo lo que Nate había dispuesto para el fondo fiduciario de Tash.

 Hace ocho años, había trabajado despiadadamente doce horas al día, e incluso, a veces, hacía llamadas de negocios a diferentes zonas horarias en las noches. 

Es probable que no fuera tan fácil para Nate McAllister el dejar todo porque la voluntariosa madre de su hija había pasado por una visita sorpresa y luego tuvo una semi emergencia médica. Salió de la ducha y agarró la toalla, envolvió la toalla gruesa alrededor de su cabello y ordenando los tubos y botellas varias de Laura, al menos un suministro de dos años para Lily, aunque pudiera haberse permitido esas marcas, que no podía. 

Mientras Lily aplicaba loción su cuerpo y pasó a ponerse en su cara, también resueltamente hizo a un lado cómo Nate se hizo cargo de ella ayer. No pensó en su suave voz o el intenso sentimiento que fluyó a través de él cuando habló.

 No pensó en cuando llevó al auto apremiantemente o presionó una franela en la cabeza o la instó a decirle cómo podía ayudar. Y, por último, trató de no pensar en su admisión de que ella lo asustó como el infierno y lo que eso podría significar. 

Serían marido y mujer para que pudieran ser madre y padre para Tash, una familia entera por fin, al igual que la que Lily tuvo mientras crecía. Lily estaba feliz de aceptar todo lo que venía con ello, la compañía —si duraba—, hacer el amor —que era muy agradable y siempre lo había sido—, la seguridad —claramente, Nate podía cuidar de ellas económicamente, lo más probable es que nunca tendría que preocuparse por la nevera dañándose y lo que eso significaría para su presupuesto de comestibles.

 Ella lo dejaría, de hecho, ser bienvenido en su casa, su vida, su familia y en su cama. 

Pero iba a tener que cuidar su corazón. 

Nate no iba a dejarla entrar en el suyo, era claro.

 Prácticamente había tenido que rogarle para que le dijera que lo había asustado con su migraña.

 Por lo tanto, no lo dejaría, no podía dejarlo entrar al suyo. No otra vez. Eran, pensó mientras se ponía uno de los conjuntos de Laura, extraños que de alguna manera parecían ser más cercanos, tener más historia de lo que realmente tenían, simplemente porque todo había sido tan intenso, tan comprimido en un corto período de tiempo. Pero eran extraños y Lily tenía que recordar eso. Peinó su cabello mojado por última vez dado que Nate no tenía secador de pelo —por desgracia—, lo revolvió con sus dedos y se miró a sí misma con su nuevo conjunto en el espejo. 

La falda era tan larga que era llegaba hasta los tobillos, era blanca, fluida y con un bonito top diáfano verde menta, que era casi tan fino que se podía ver a través de él.

 El amplio escote caía de su hombro, dejando al descubierto la correa de la camisola verde pastel y sujetador a juego que llevaba debajo.

 La parte superior estaba ceñida a la cintura con un pedazo de tela ancha que hacía juego con la blusa. Laura tenía un gusto exquisito.

Lily trató de no pensar en el costo de la ropa, conocía los nombres de diseñador en las etiquetas y se estremeció ante el costo probable. Decidió que encontraría una manera de pagarle a Laura y pronto. Realmente no quería estar en deuda con los Roberts. Lily se ató las sandalias doradas que llevó el día anterior y salió de la habitación al pasillo en busca de comida para sofocar el gruñido en su estómago. 

Se preguntó si Nate todavía tenía sus víveres entregados, pero pensó que probablemente lo hacía, la idea de Nate vagando por los pasillos de una tienda de comestibles era tan absurda, que la hizo sonreír. 

Perdida en sus pensamientos, la sonrisa aún en los labios, entró en el gigantesco salón de Nate y se detuvo en seco al ver tanto a Nate como a Víctor de pie alrededor de todo el trabajo que aún se extendía por toda la mesa del comedor de Nate.

 La cabeza de Nate dio la vuelta cuando la vio entrar en la habitación.

Tenía en la mano un archivo abierto, los papeles arqueados hacía él para leerlos y su rostro había estado ilegible. 

Sin embargo, en el momento en que la vio, sus labios se curvaron en una de sus impresionantes sonrisas que a un gimnasta solitario en su vientre le gustó particularmente, y por lo tanto, ejecutó un salto mortal perfecto cuando lo vio. Lily ignoró al gimnasta y sus travesuras y sus ojos se posaron en Victor.

 También le sonreía, mucho más tentativa. 

No sabía qué hacer por lo que asintió con la cabeza hacia él en silencio.

 Nate se acercó a ella, sus largas piernas devorando la distancia rápidamente y ella inclinó la cabeza hacia atrás, ya que, en cuestión de segundos, estuvo a su lado. 

—Buenos días —dijo mientras lo miraba a los ojos. 

—Buenos días. —Su voz grave retumbó y su cabeza bajó para darle un breve pero duro beso. 

Su mano fuerte se estableció en su cintura y flexionó allí y su mano se acercó para posarse en su hombro para empujar hacia atrás, no deseando participar en una exhibición pública de afecto al estilo de Nate delante de su padre.

 Alzó la cabeza y él ignoró por completo la presión de la mano. 

—¿Cómo te sientes esta mañana? —preguntó. 

—Mejor —Miró sus ojos negros llamear y de inmediato tomó su significado—. Bien —susurró a sus oídos solamente y sintió el rubor en sus mejillas al igual que si fuera una virgen de veintidós años y no la madre de una niña de siete años. 

—¿Bien? —Su voz tenía un débil tono burlón que al gimnasta solitario también le gustó, mucho, y las comisuras de sus labios se levantaron en una sonrisa perezosa.

 Ella se inclinó hacia él con complicidad, sus ojos moviéndose alrededor de su hombro a Víctor y luego de vuelta a él.

 —Tu padre —dijo, en voz baja, recordándole que tenían compañía.

 Por alguna razón, esto hizo que la arrebatara en sus brazos y enterró su rostro en su cabello mientras él se reía entre dientes contra su cuello. 

Y de alguna manera, haciéndole reír, Lily sintió que acababa de llegar a la cima del Monte Everest, incluso hasta el punto de tener problemas para respirar mientras alcanzaba tal altura.

 Él la dejó ir, aunque sentía que era de alguna manera con renuencia, cuando el teléfono móvil en la mesa del comedor comenzó a sonar. Nate se acercó de nuevo a la mesa y lo vio alejarse, pensando que tenía una poderosa marcha de tal manera que era hermosa, como el poder entrenado de un atleta. Luego sus ojos se posaron sobre Víctor. 

Se sentía rara alrededor de Víctor. Le había hecho daño en más formas que poner sus manos sobre ella con violencia hasta el punto de hacerle moretones. 

Él había roto su confianza al hacerlo. Pensó en él, cuando ella lo conoció, como una especie de figura paterna en ausencia de Will.

 Ahora Will desapareció y ambas, Tash y Lily, se quedaron con Víctor, y Lily no sabía qué pensar de eso.

 Había hecho lo que había hecho por amor y lealtad a Nate, pero todavía no cambiaba el hecho de que había perdido los estribos hasta el punto de maltratarla. 

—Lily —saludó Víctor en voz baja mientras caminaba hacia él con cautela. 

Sus ojos se movieron a Nate que habían respondido a su teléfono. Él estaba hablando en el móvil, y también mirándola, viéndolos, y no perdiéndose nada.

 No era, esta vez, la inspección de un bicho en el microscopio. Los ojos oscuros de Nate estaban activos, comprometidos y conscientes.

—¿Quieres un café? —Víctor señaló un servicio de plata y Lily asintió. 

—Mataría por un café —respondió, y Víctor se trasladó para conseguir una taza—. Dos cucharaditas de azúcar y leche —dijo. —No me sorprende que te guste dulce —murmuró Víctor para sí mientras le servía una taza—. Laura lo hizo, por lo que no tienes que preocuparte, tiene buen sabor. Acabas de perderla. Se fue hace cinco minutos. 

Él le ofreció la taza y Lily la tomó. 

—Por favor, dale las gracias por mí, por lo que hizo ayer, por la ropa. —Extendió su brazo para mostrarle su atuendo—. Si me entrega los recibos, voy a pagar… 

—Basura —espetó y ella se tensó de inmediato, sus ojos volaron a Nate que, notó, sin tener en cuenta que estaba hablando por teléfono, estaba mirando tan detenidamente que no podía imaginar que oyera una palabra de lo que había dicho la persona en la línea. 

Movió su mirada de nuevo hacia Víctor y se detuvo de dar un paso hacia atrás ante la intensidad que vio en sus ojos. 

—Te debemos más que una bonita falda —le estaba diciendo.

 —¿Disculpa? 

—Jeff, Danielle… yo. Te debemos más que unos trozos de tela. —Lily contuvo el aliento ante sus palabras y él levantó ambas manos en un gesto de agitada frustración, para luego hablar con sorprendente franqueza—. ¿Cómo uno le paga a una chica por ocho años de su vida, marcándola con moretones? —Estaba siendo intenso pero parecía, debajo de todo ello, perdido e inseguro.

 Ella estuvo sorprendida por su honestidad, sorprendida y conmovida. 

—Víctor… —Se movió hacia él, respondiendo a la parte “perdido e inseguro” y sin dar un sorbo, puso la taza de café de nuevo en la mesa.

 Estaba a sólo treinta centímetros de él cuando Víctor anunció: —Los repudié. 

Ante esas palabras, Lily se quedó inmóvil. Entonces murmuró:

—¿Qué? 

—Jeff y Danielle, los repudié sin un céntimo. Los testamentos ya están cambiados, Nate, tú y Natasha lo heredarán todo. Lily parpadeó.

 —Pero son tus hijos —protestó, olvidándose, por ese momento, lo verdaderamente horrible que habían actuado, tomando su nota, sin decirle a Nate que sus padres habían muerto, contándole a Lily que Nate murió. 

Ese no era un comportamiento de gente buena y amable. Pero, ¿repudiarlos? Sarah siempre había amenazado con repudiar a Lily o Becky o Will, dependiendo de quién le enfureciera más pero siempre fue una amenaza vacía y de todas maneras, ella no tenía mucho que dejarles, no como los Roberts.

 Pero, ¿ir tan lejos como hacerlo? 

—Sí —respondió con firmeza Víctor—, son mis hijos y por esa razón tienen lo que queda en sus fideicomisos y los he dejado para que vivan con una buena educación para hacer algo de sí mismos, finalmente. Lily dio otro paso hacia delante. 

—Espero que dejaras la puerta abierta, sólo una rendija, en caso de que se arrepientan y regresen —dijo ella con voz suave y vacilantemente puso su mano suavemente en su brazo. Él miró su brazo donde había apoyado su mano y luego a ella. La intensidad se había escurrido de sus ojos y el Víctor que ella conocía lo reemplazó. 

—Tienes un corazón amable, Lily —le dijo en voz baja—. Los recibiré sólo si convencen a Nate y a ti de perdonarlos. No antes y si tú no lo haces, nunca jamás. Ella le apretó el brazo y se movió hacia él varios centímetros. 

—¿Laura? Víctor puso su mano sobre la de ella en su brazo. 

—Ella está de acuerdo.

Lily cerró los ojos mientras el dolor de otra madre la atravesaba. Los volvió a abrir y dijo: 

—Tuvo que costarle. Entonces él dijo algo extraño, algo que hizo a Lily inmediatamente curiosa, la hizo morirse del susto, la sacudió hasta la médula. Lo dijo en una voz baja, y tranquila que significaba que no debía ser escuchada afuera de su conversación íntima. 

—Nathaniel ha sufrido bastante en su vida. No tenía necesidad de sufrir los últimos ocho años. Laura sabía eso y yo también. Es nuestro hijo, ellos lo lastimaron, ¿qué íbamos a hacer? Por el segundo más breve pensó que eso se trató de una declaración en forma de pregunta pero entonces se dio cuenta que él esperaba una respuesta. Que le dijera que ella lo aprobaba, darle alguna orientación o mostrarle otra manera. Ella sacudió la cabeza y debido a que su respuesta no valía la pena, se volvió hacia él y cerró los brazos alrededor de sus hombros, envolviéndolo en un abrazo.

 Ella cerró los ojos con fuerza y susurró en su oído: 

—No sé qué decir. Sus brazos la envolvieron y hubo violencia en ello, un afecto muy fuerte, que le quitó la respiración. Un afecto y una intensidad que era igual a los de su padre. 

—Tan sólo sé feliz —murmuró en su oído, su voz temblando de emoción y ante el sonido de ello, la sensación de su abrazo, ella estalló en llanto. Deseó no hacerlo pero era demasiado, no pudo evitarlo. 

Estaba tan perdida en las emociones, que apenas registró cuando Víctor la giró en los brazos de Nate y lloró en la fuerte pared de su pecho. 

Lloró por su credulidad, lloró por haber creído en Jeff y Danielle, lloró por lo que ellos le costaron a todos, incluyendo Laura y Víctor, lloró por lo que les costó y lloró por, bueno, todo.

 Finalmente, cuando gastó todas las lágrimas, se arqueó contra el brazo de Nate y lo vio tomar algo de Víctor, y entonces le entregó un pañuelo. Se limpió los ojos pero él permaneció con la mano levantada para deslizar el pulgar a lo largo de su pómulo. 

—¿Estás bien ahora? —preguntó con una voz suave y ella asintió. Después de asentir, ella contradictoriamente negó con la cabeza y los ojos oscuros de él parpadearon con preocupación.

 —Tengo hambre —admitió con voz temblorosa. Observó mientras él sonreía, la preocupación de sus ojos desapareció e inclinó la cabeza y rozó sus bellos labios sonrientes contra los de ella. 

—Te llevaré a conseguir algo de comer y luego al neurólogo —le dijo y se apartó. 

—Déjame arreglar mi cara. —Comenzó a darse la vuelta pero se detuvo, dudó y luego se inclinó para besar a Víctor en la mejilla. 

Esto sacó una sonrisa sorprendida del hombre anciano y de ninguna manera fue una incierta. Lily sintió, inexplicablemente, como si un importante trozo de su vida, pensó perdida y boquiabierta, hubiera sido puesto de vuelta, ceñido y reconfortante, en el lugar.

 Entonces salió apresurada del cuarto mientras escuchaba a Nate preguntar: 

—¿Estarás bien aquí? 

—Sí —contestó Víctor. 

—¿Sabes qué hacer? 

Y entonces Lily se encontró lejos para escuchar, pero no estaba escuchando de todos modos. Las palabras, Nathaniel ha sufrido bastante, comenzaron a resonar en sus oídos.  

********************************

—¿Todavía tienes una moto? —preguntó Lily. 

—Sí —respondió Nate.

—Entonces tengo otra condición. 

Lily vio a Nate sonreír. Estaban en su Aston Martin, regresando a Somerset. 

Fue luego del delicioso brunch en una pastelería elegante en Kensington, la cita con el neurólogo —completa con un MRI costoso e innecesario— y la cita con el médico clínico —ella ahora estaba en posesión de pastillas anticonceptivas pero, como tomaba un mes que fueran plenamente efectivas, también estaba equipada con un diafragma. 

Después de todo esto, esperaba no tener que ver a otro médico en al menos veinte años. Aunque tuvo que admitir lo destacado de su experiencia médica. Al salir de la sala de examen del médico clínico, vio a Nate sentado y esperando por ella.

 El tobillo de una de sus largas piernas apoyado encima de la rodilla de la otra, su cabeza sombría y apuesta inclinada para estudiar una pila de papeles en su regazo. 

Era completamente ajeno a todas las mujeres en la sala mirándolo fijamente con miradas de deseo y subrepticias. Y entonces, como sintiendo que ella estaba allí, su cabeza se alzó y la observó acercarse a él, sus ojos moviéndose perezosamente desde la punta de su cabello a la punta de sus pies. 

Su rostro registró una especie de satisfacción triunfante que ella pudo jurar que él, rico, poderoso, alto, delgado, urbano, apuesto Nathaniel McAllister estaba orgulloso de estar con ella, protegida, simple, inocente, chica provinciana Lily Jacobs. El pensamiento casi la hizo tropezarse en sus elegantes sandalias de tacón alto y caer de cara. 

Por suerte, no lo hizo, porque eso habría arruinado el momento y él se levantó cuando ella se acercó. Nuevamente, como se estaba volviendo su costumbre, la mano de él se movió para apoyarse en su cintura, sus dedos presionándose en ella en ese lugar como si deseara marcarla. 

—¿Todo listo? —murmuró, sus ojos y voz cálidas. Ella asintió y, no pudo evitarlo, lo hizo con felicidad. 

También pudo jurar, a medida que se iban, con la mano de Nate en su espalda, guiándola a través de la sala de espera, que vio a la madre de un niño enfermo, y con la nariz congestionada inclinada hacia otra sentada al lado de ella, mover la cabeza con frustración en dirección  de ellos y murmurar: 

—Imagínate. Habían llegado al auto y fueron directamente a Clevedon. Lily había estado sorprendida de esto y quiso regresar al ático a buscar sus cosas pero Nate le aseguró que “se había encargado”. 

—¿Cuál es tu condición? —preguntó Nate sacándola de su ensoñación y ella reaccionó a su sonrisa. 

—Si llevas a Tash en moto, no puedes conducir en la manera que lo hiciste cuando estábamos juntos. Tienes que tener más cuidado —le dijo. 

—Estoy de acuerdo —respondió al instante, entonces continuó—, pero ¿qué hay de llevarte a ti en moto? 

—Oh, soy demasiado vieja para motos —respondió Lily airadamente, su cuerpo emocionándose un poco ante el pensamiento de estar en una de nuevo, en especial con Nate. Esta emoción que ella apisonó con firme resolución. 

Ante sus palabras, él soltó una carcajada que llenó el auto y ella sonrió para sí al escucharlo. 

—Tú ya rompiste tu condición en todo caso. —Ella estaba dejando salir fácil su broma para relajarse aún más. No se había sentido tan despreocupada en, bueno, desde la última vez que estaba con Nate. 

—¿Te ruego me disculpes? 

—Esta mañana cuando nosotros… cuando tú… —Se interrumpió y pensó como decirlo con delicadeza—. No usamos ningún tipo de protección —le informó. 

—Sí lo hicimos. Ella estaba mirando el paisaje pero, con sus palabras giró su cabeza para mirarlo. 

—¿Lo hicimos? 

—Lo hice —se corrigió. 

—¿Lo hiciste? —le preguntó con asombro.

—Obviamente lo hice bien —murmuró para sí mismo. 

¿Cómo…? —murmuró luego siguió—. Olvídalo, no quiero saber.

 Su respuesta fue tomarle la mano de su regazo y levantarla hasta su boca, rozando los nudillos con los labios al tiempo que sus ojos no se apartaban del camino. 

A la gimnasta solitaria en su vientre le gustó eso, cuando él también se lo hizo. Más tarde, Nate expertamente estacionó paralelamente frente a la casa de Lily y antes de que él la ayudara a bajarse, Natasha había salido volando por la puerta abierta de la casa y fue corriendo hacia ellos.

 —Maaaamiiiii —gritó y Lily había dado justo el paso sobre la acera cuando el cuerpo de Tash se estrelló contra ella y sus delgados brazos se cerraron alrededor de las caderas de Lily.

 —Hola, muñequita. —Lily se inclinó para besar la coronilla de su brillante pelo negro, el azul en este brillaba aun por el fuerte sol.

 —¡Papá! —Se desenganchó y arrojó a Nate para darle uno de sus fabulosos abrazos. 

Él se inclinó también pero para recogerla. La meció delante de él y sus piernas se cerraron alrededor de su cintura y unió sus tobillos detrás de su espalda mientras posaba sus brazos sobre sus hombros. 

—Natasha —murmuró Nate.

 —Llegaron tus cosas —le informó Tash alegremente y una mirada contenida, ahora asustada de Lily se movió de su hija a Nate. 

—Bien. —Él estaba sonriendo a Tash. 

—¿Qué cosas? —preguntó Lily, vagamente dándose cuenta que Fazire también había saludo de la casa y emanaba una gran rabia de genio, desde el fondo de su acera delantera. 

Nate no respondió, pero sus ojos se trasladaron a Lily.

 —¿Qué cosas? —repitió. Le había preguntado a Nate pero Tash respondió:

—Sobre un millón de maletas y algunas cajas. Hay un par de cosas para ti en algunas bolsas brillantes pero casi todas las cosas son de papá. 

Ante las palabras de su hija, Lily se cruzó de brazos frente a ella, comenzó a golpear con la punta del pie y miró hacia Nate. 

Él bajó a Natasha y los ojos de Lily se entrecerraron en su hija. 

—Ve un segundo adentro, Tash, necesito hablar con tu padre. Tash le dio un ceño de niña. 

—Siempre necesitas hablar con mi papá. 

Lily levantó las cejas y Tash leyó el significado con rapidez después de años de ver que su mamá le diera esa mirada, tenía mucha práctica en leerla, por desgracia, Lily no había aprendido esa táctica de levantar la ceja hasta que fue muy tarde.

 Tash corrió adentro y Fazire, de un tirón, la siguió y cerró la puerta detrás de ellos. Lily se volvió hacia Nate. 

—¿Quieres decirme qué está pasando? —le espetó. 

—¿Vamos a tener esta conversación en la acera? —preguntó con suavidad, incluso preguntando, sonaba como si todo fuera lo mismo para él.

 Los vellos de ella se alzaron. No había nada que penetrara su armadura. 

—Sí, lo haremos. 

—Me dijiste que me mudara a Somerset —le recordó.

—Pero no quería decir que hoy. 

—¿A cuándo te referías? Ella cerró la boca y lo fulminó con la mirada porque pensó que era su apuesta más segura teniendo en cuenta que no tenía una respuesta a su pregunta. 

Sus ojos cambiaron, se convirtieron en duros y brillantes y ella sintió un escalofrió de miedo ante la visión.

—He perdido ocho años. Ocho años de ti y siete de mi hija. Si está dentro de mi poder no perder ningún otro día, no lo perderé —le dijo, la fuerza detrás de su profunda voz casi como algo físico—, y está dentro de mi poder.

 Ella tuvo que admitir que tenía un punto, a pesar de que no iba a admitirlo ante él. 

—Parece que todo está dentro de tu poder —se quejó quizás muy poco convincente. Nate no respondió. 

—Así que eso es entonces, un día vives en Londres, el próximo vives en Somerset. ¿Tan fácil como eso? —le preguntó Lily. 

—Tú lo hiciste por mí —dijo con toda naturalidad. 

—¡Yo no tenía un ático y una empresa de multi-tropecientas libras que dirigir! —replicó. Dio un paso hacia ella y lo llevó a unos centímetros de ella. Su mano fue a su mandíbula y ella inclinó la cabeza hacia atrás para mirarlo. 

Sus ojos habían perdido su acero y estaban brillando con algo completamente diferente.

 —¿Estás preocupada por mí? —preguntó en voz baja. 

—Bueno, ¿qué vas hacer? —estalló—. Tú no puedes viajar diariamente dos horas y media exactas de trayecto. Estarías cinco horas al día en la carretera. Vas a llegar a casa a tiempo para besar la frente de Tash mientras duerme. 

—Voy a averiguarlo. 

Su mano se encontraba en la cintura de ella de nuevo, sus dedos apretándose allí. Ella volvió la cabeza y miró a su casa. Tal vez no había pensado en eso. Quizás él estaba en lo correcto. 

Más valdría empezar esta cosa de la familia inmediatamente, sin ningún retraso si no había necesidad, excepto que Nate estaría pagando el precio. 

Ella había tenido a Tash todo el tiempo, Fazire y Maxine siempre fueron de gran ayuda, ella no había estado sola. 

Él no había sido afortunado como ella. 

Había tenido a Jeff y Danielle —y Víctor y Laura, pero eso no venía al caso. Y no se podía sacar de la cabeza las palabras de Víctor. Había estado dándoles vueltas todo el día.

 Nathaniel ha sufrido bastante. ¿Qué, exactamente, había sufrido? 

—Tal vez deberíamos ir a Londres —murmuró Lily, mirando su pecho. 

—Natasha está establecida aquí —respondió Nate al instante—. Con el tiempo voy a pasar a algunos de mi personal a las oficinas de Bristol. Funcionará, Lily. Ella no estaba muy convencida. 

—Deberíamos hablar de esto.

 Sus ojos subieron a su cara mientras los brazos de él se deslizaron alrededor de su cintura. 

—No vas a renunciar a nada más por mí y ciertamente menos por Natasha —declaró para luego prometer—. Funcionará. Lily suspiró y luego advirtió.

 —No estoy segura cómo Fazire va a hacer frente contigo aquí. Los labios de Nate se torcieron. 

—Él se va ajustar. Ella volvió a suspirar. 

—Supongo. La atrajo hacia su cuerpo y la miró con una intensidad que causó que todas sus gimnastas despertaran de su siesta y se pusieran a dar volteretas. 

—Esto va a funcionar —prometió Nate, esa vena de acero yendo a través de sus palabras.

Lily levantó las manos, apoyadas en su pecho, se inclinó hacia él y cedió. 

—Está bien. 

Debido a que no había nada más que decir.


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Dom 26 Feb - 15:06


me derreti con Lily y Nate jejejeje

que bueno que mas o menos resolvio la situacion con victor


Última edición por eilyno el Dom 26 Feb - 15:07, editado 1 vez






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Dom 26 Feb - 15:06

chicas...espero se pongan al día...

la historia est amuy bonita....

aunque a Nate le falta que diga muchas cosa...eso le va a costar....pero Lily tiene un gran corazonasi que no dudo todo se ira aclarando y comprendiendo....


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Dom 26 Feb - 19:00

Supongo que ahora que se arregló con Víctor y él le dijo eso sobre Nate, Lily estará más atenta a lo poco que el demuestre y ahondará en sus sentimientos...


Jejej me encantan los y las gimnastas internos de Lily!!! Jejejje


Gracias por el capi!!!



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por mariateresa el Lun 27 Feb - 10:33

JAJAJAJJA SI LILY TIENE TODO UN CERTAMEN DE GIMNASTAS POR NATE, ESO ES MUY DIVERTIDO, MUY BUENO QUE ESTE RECUPERANDO SU RELACIÓN CON VÍCTOR EL PUEDE SER UN GRAN ALIADO A LA HORA DE ENTENDER A NATE.
GENIAL QUE SE VAYAN A VIVIR JUNTOS  EMPEZANDO ESTA FAMILIA..

GRACIAS POR EL CAPI @JULIETMO


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Lun 27 Feb - 11:15

21


Lily

Lily tuvo que admitirlo, Nate tenía razón como de costumbre, funcionó. De alguna manera, si no contaba a Fazire y una variedad de otras cosas. Bueno, quizás un gran número de otras cosas. Está bien, quizás pareció solo estar funcionando para Nate y Tash.

 Y Tash era lo más importante así que Lily trató de no preocuparse demasiado por ello. Sin embargo se preocupó, solo que no demasiado, en lugar de preocuparse veinticuatro horas al día, solo lo hizo durante las horas en vela, las cuales pensó que eran “no demasiado”. 

Después de que Fazire escuchó la noticia de que Lily y Nate se iban a casar y que Nate se iba a mudar, hubo un estallido de genio que tuvo que debió mover la Escala de Richer Genio por cerca de doscientos once.

 —¿Has olvidado estos últimos ocho años, pequeña Lily? —Estalló Fazire después de quince minutos de rugir y gritar. 

Estaba flotando tan cerca del techo que tuvo que inclinar su cabeza a un lado para adaptarse a su altitud. 

Todo esto lo hacía mientras Nate estaba llevándose a Tash por un obsequio a The Witches Dozen para darle tiempo a Lily de dar las nuevas noticias en privado. 

—¿Por qué todo el mundo sigue mencionando los últimos ocho años? No estuve sola, te tuve a ti y a Maxie. Nosotros no pasamos hambre o vivimos en la calle en una caja de cartón, ¡por Dios! —exclamó ella 

—Eso es fácil para ti decirlo. Tú no te observabas desvanecer lentamente, día a día, año tras año. —Fazire regresó, sus ojos oscuros entrecerrándose con rabia. 

—¿Qué se supone que significa eso? ¡Me hice cargo de Tash y de ti bastante bien! —El temperamento de Lily estaba saliendo a la superficie. 

Fazire no respondió, simplemente flotó hacia su botella.

 —Sólo recuerda mis palabras, si esto vuelve a ocurrirte de nuevo, Fazire no estará aquí para recoger los pedazos.

Asombrada y enojada, Lily susurró: 

—Fazire, no puedo creer que digas eso.

Lily estaba aturdida y a ella realmente le disgustaba cuando él se refería a sí mismo en tercera persona. No es que pudiera ir a alguna parte hasta que ella tuviera su deseo final pero el hecho que amenazara con ir a algún lugar era impactante, por no decir más.

 Él giró su cabeza lejos de ella con un magnifico puchero de genio y su cuerpo empezó a evaporarse pero las palabras seguían en el aire. 

—Tengo alguna canalización que hacer. ¡Los otros genios simplemente no van a creer esto! 

Por la siguiente semana, Fazire mantuvo con determinación su puchero a pesar que era como si Nate ni siquiera estuviera ahí. 

Nate se levantaba a una hora infame cada mañana, despertaba a Lily —sólo parcialmente— con un beso, y se iba a Londres.

 Volvía a casa a una infame hora cada noche, besaba a Tash —quien no se despertaba por nada— y giraba a la durmiente Lily a sus brazos.

 Lily no sabía cómo podía hacerlo, se estaba consumiendo a sí mismo. Pero lo hacía, día tras día (tras día). Aunque Nate no estaba allí, todo era como si definitivamente estuviera. Los trabajadores llegaron el día después que Nate se mudó con la orden de terminar la casa de acuerdo a los planos de Nate y las especificaciones de decoración de Lily. 

No había ni uno o incluso dos sino una docena de trabajadores pululando alrededor de la casa, lo cual, de acuerdo con Fazire, era otra marca negra contra el nombre de Nate en el Libro de Fazire, ya que Fazire raramente dejaba la casa y no le gustaba mucho la compañía. 

Y entonces allí estaban los diseñadores de interiores, tres de ellos, mostrándole muestrarios de pintura, muestras de tela, sosteniendo sus catálogos de una vertiginosa selección de accesorios para baños, muebles, recubrimiento de paredes y artículos similares.

 En medio de todo esto, ella estaba para elegir, coordinar y darle su “visión”. Nate también ordenó que cada artículo en la casa que tenía un enchufe y que tenía más de un año de viejo, los cuales eran todos, fuera remplazado por el más reciente, de la gama más alta.

 También decretó que cualquier pieza desgastada o artículo de apariencia barata —y por lo tanto probablemente desgastada— en la casa, los cuales eran la mayoría, fuera remplazado. Los diseñadores anduvieron a través de la casa señalando hacia este sofá.

 —Eso tiene que irse. Y hacia esa estantería de libros. 

—Eso tiene que irse. Y la otra silla. 

—Esto nunca debió haber sido creado en primer lugar. Fue en parte hilarante, parte humillante y parte irritante, sobre todo la última parte. Lily llamó a la oficina de Nate en Londres.

 —Es demasiado pronto —le dijo ella mientras observaba a los muebles de su comedor siendo acarreados fuera de la puerta. 

—Es un poco tarde —replicó Nate con firmeza. 

Era totalmente evidente que ellos estaban en un punto muerto. E incluso mucho más evidente, que no iban a discutirlo porque no tenían tiempo de discutir nada y probablemente no discutirían nada incluso si lo tuvieran.

Lily había transferido su carga financiera firmemente sobre los muy duros hombros de él principalmente porque él había demandado que ella lo hiciera. 

Siete millones de libras en el banco o no, todas las cuentas fueron inmediatamente pasadas para ser debitados desde las cuentas de él.

 Esto, por alguna bizarra razón, se lo había ordenado para que lo hiciera muy temprano la primera mañana que despertó al lado de Lily en su nueva cama. 

Como esta era una hora infame y ella había estado medio dormida en ese momento, no protestó mucho y simplemente le dijo donde guardaba los archivos de la casa. 

—No me gusta esto —dijo Fazire, parándose fuera de la puerta de una habitación en el último piso.

 Solía ser un cuarto para guardar chucherías. Ahora tres trabajadores estaban diligentemente convirtiéndolo en el baño adjunto de una suite principal para Lily y Nate, que ocuparía la mayor parte del último piso. Lily trató de engatusarlo. 

—Cuando esto esté terminado, solo tendrás que compartir el baño con Tash. Fazire la miró fríamente, poco impresionado. Lily siguió tratando. 

—Puedes tener mi habitación cuando nos mudemos, es agradable ahora. 

Los ojos de Fazire se volvieron de piedra por el recordatorio de la pomposidad de Nate.

—Fazire, estoy haciendo todo esto por Tash —susurró ella finalmente. Los ojos de él parpadearon por un momento y entonces le susurró de vuelta: 

—Te conozco, pequeña Lily. Perderás tu corazón.

 —No, no lo haré, lo prometo Fazire. Sé exactamente qué puedo perder y no voy a travesar por eso otra vez —replicó fervientemente, tan fervientemente que se creyó a sí misma a medias, pero la otra mitad ya no estuvo tan segura. 

En pocos días, Nate estaba demostrando, de cada manera, que estaba haciendo el intento de cuidar de ellos y agotarse a sí mismo y — probablemente— yéndose a la quiebra con el fin de hacerlo. 

Fazire la observó detenidamente por un momento, asintió, aunque era muy fácil ver que ella no estaba convencida, probablemente viendo la fuerza de la otra mitad y luego él bajo flotando las escaleras a pesar de que ella le había pedido que no hiciera ninguno de sus trucos de genio en frente de los trabajadores. 

A Fazire realmente no le gustaban las escaleras, subir o bajar. Por suerte, los trabajadores estuvieron demasiado ocupados para notarlo. La siguiente semana, la oficina temporal de Nate en Bristol estaba lista para él y la vida cambió nuevamente en la casa adosada frente al mar. Nate era una fuerza de la naturaleza que no vivía en la casa. 

La llenaba con su dinámica tranquila cuando realmente pasaba tiempo allí. Los pucheros de genio de Fazire cambiaron inmediatamente a abierta hostilidad. Si hubiera tenido permitido hacer magia, habría sido un infierno. En su lugar, él quemó la tostada de Nate toda la semana a pesar de que las de Tash y Lily estaban perfectas, accidentalmente extravió las llaves del auto de Nate dos veces y siguió moviendo el celular de Nate a varios lugares recónditos de la casa.

 La última vez le salió el tiro por la culata, Nate llamaba a su teléfono desde el celular de Lily y Tash corría alrededor de la casa tratando de encontrarlo como si fuera un juego. Fazire observó esto con una expresión que claramente decía “frustrado”. Tash, por otro lado, pasó directamente de crecer bajo el adorable cuidado de una posible familia completa y unida, a crecer gloriosamente cuando esa familia se volvió una realidad. 

Nate siguió trabajando a horas infames, pero siempre estaba ahí para el desayuno, incluso despertaba a Tash primero para ir a la escuela, esto no solamente permitió a Lily dormir, también tuvo la ventaja sin precedentes que Tash en la mañana, usualmente gruñona, saliera de la cama llena de energía y buen humor.

 Y él estaba siempre en casa lo suficientemente tarde para llevar a Tash a la cama. Esto lo hacía acostándose con ella, poniendo su gran cuerpo estirado sobre el edredón femenino de Tash, sosteniendo un lado de su libro mientras ella apoyaba su cabeza sobre su pecho y tomaba el otro lado. Y en esa posición él la escuchaba leer.

 Él podía y lo hacía, para el deleite de Tash, era una lectora superior para su edad y le gustaba mostrar sus habilidades, leyendo por horas. Leían hasta después de su hora de dormir con el permiso de Lily, diciéndole que estaban pasando tiempo juntos. Lily los observaría disimuladamente, no podía evitarlo. 

Su hija estaba tan llena de disfrutable felicidad; era un placer verlo. Y secretamente Lily amaba ver a Nate y a Tash. Había soñado con ello por años, pensando que nunca sería realidad. Y la realidad, para Tash, era mejor que cualquier sueño que Lily hubiese creado. 

Mientras que para Lily, Nate estando en casa tan seguido significaba pasar el tiempo de una manera totalmente diferente. Al igual que ocho años antes, no compartían sus más profundos secretos, esperanzas, deseos y sueños durante románticas cenas o charlas de almohada. 

Al igual que ocho años antes, apenas hablaban. Pero igual que ocho años antes, hacían el amor. Mucho. Nate parecía no tener suficiente de ella. Lily entendía esto porque ella también parecía quererlo más luego de cada vez que estaban juntos. Pero ahora era diferente. Ella se mantenía lejos o lo intentaba, era difícil.

 Era Nate, su deseo, su romántico héroe en vida (de nuevo). Esta vez ella disfrutó la belleza de su vida sexual, participó en ello, le permitió enseñarle cosas nuevas y llevarla a alturas a las que nunca se permitía ir, o mayormente no lo hacía, buenos, quizás algunas veces se las arregló para pensar en tratar de no dejarse ir antes de hacerlo.

 Y a veces, a veces ocurría. 

Algo profundo y extraordinario. Algo que Lily no entendía pero quería desesperadamente incluso a pesar de que se había dicho a sí misma una y otra vez que no debía. Alguna puerta se abriría al alma fuertemente custodiada de Nate, permitiéndole echar un vistazo y luego cerrándose antes de que ella pudiese examinar el interior. 

Como cuando el pasaba sus labios por la cicatriz en su estómago. Una vez, en el momento más caliente, con la mano de él entre sus piernas y besándola de una manera que le detuvo la respiración y luego desplazándose sobre ella.

 En un movimiento rápido y suave, había entrado en ella y había adorado tanto tenerlo dentro. Había puesto sus manos a ambos lados de su rostro, perdida en el momento de estar unida a él. Lo miró a los ojos y dijo exactamente lo que estaba en su corazón.

 —Eres tan hermoso. 

Todo su cuerpo se detuvo, convirtiéndose en una estatua y la miró antes de decir algo extraño y desgarrador. 

—Solo tú ves eso, Lily. 

Fue el turno de Lily de volverse una estatua pero Nate no le permitió estar de esa forma mucho tiempo. Su boca atrapó la de ella en un beso feroz y sus manos persuadieron a su espalda de retorcerse debajo de él. 

Después, cuando la llevó de vuelta frente a él y enterró la cara en su pelo, ella pensó en lo que le había dicho. Lily no podía imaginar que Nate, tan confidente, tan poderoso, pensara que solo ella, Lily, veía su belleza. 

Era evidente para todo el mundo, especialmente mujeres. Al menos tenía que saber cómo se sentían Victor y Laura sobre él. 

Y ahora Tash. 

Ella quería hablar con él sobre eso, intentó encontrar las palabras pero tres cosas la detuvieron. Primero, Nate en sí. 

Incluso si hubiese encontrado las palabras. Él no hubiese respondido. Él no se abriría ante ella, no lo había hecho antes y no lo haría ahora. No es que Lily lo hubiera intentado pero no podía soportar la idea de la puerta cerrándose en su cara. 

No tenía idea por qué la había dejado ir tantos años antes. Incluso a pesar de que él creía que ella lo había dejado, ¿por qué no había ido tras ella en busca de respuestas, como era debido? Nadie solo viene y se va sin razón. No era simplemente la forma correcta.

 Lily aun encontraba la idea de ella dejándolo absolutamente ridícula. 

Pero él pensó que lo había hecho y Lily tenía la fuerte sensación de que estaba relacionado con el por qué era tan cerrado. Segundo, no estaba segura de querer saber lo que había en su alma. 

Luego de las terribles palabras de Victor, Lily le temía, lo que sea que fuera. Aunque quería saber desesperadamente, tan desesperadamente como no quería. Eso la llevaba a la tercera razón, cómo reaccionaría si supiera lo que estaba detrás de esa puerta resguardada de su corazón. 

Preocuparse por eso significaba que ella tenía sentimientos por él y lograr que él se abriera podría significar que ella abriera la suya. Y no estaba segura de poder hacerlo de nuevo a pesar de que, si quería ser honesta consigo misma, sabía que ya estaba ocurriendo. 

Era, simplemente, Nate. 

Todo esto hizo que quisiera gritarle, rogarle que hablara con ella, que confiara en ella con lo que sea que fuera que había detrás de la puerta cerrada de su alma. Porque si él simplemente se lo dijera, si diera el primer paso, entonces sabría que confiaba en ella. Sería como un regalo. 

Casi como el regalo de Tash. También la hizo querer golpearlo en la espinilla que él fuese tan poco cooperador. Lily no le gritó ni lo pateó en la espinilla por mucho que quisiera hacer ambas. En lugar de eso, hizo lo siguiente mejor.

Habló con su madre. No quería hacerlo, pero sucedió de cualquier manera. Y no fue nada bien. Los Roberts habían decidido ir los fines de semana. Lo decidieron sin mucho aporte de Nate o Lily, simplemente iba a suceder.

 Esto, Lily sabía, era para ver y llegar a conocer a Tash. Pero también era para ver a Nate. Desde que lo habían adoptado, había sido algo regular en sus vidas. 

Sin sus otros dos hijos, eran ellos solos.

 Acercándose a la segunda semana que Nate estaba en Somerset, él estaba extrañamente tenso. 

Siempre parecía consciente, en el borde, en sintonía con todo lo que le rodeaba. Sin embargo ese fin de semana se magnificó y todo parecía enteramente centrado en Lily.

Nate ahora tenía el hábito ocasional de poner una mano en su cadera, con los dedos mordiendo la carne como si quisieran fusionarse con su piel.

 Pero ese fin de semana, en cualquier momento que ella se encontraba al alcance de su mano, esta iba a la de ella, sus dedos presionando contra los suyos. 

Además, parecía incapaz de dejarla fuera de su vista, su oscura mirada en ella como si quisiera inmovilizarla en el lugar, como si esperara que desapareciera en una nube de humo en cualquier minuto. 

—Te digo, Victor está haciéndome subir por las paredes —se quejó Laura, rompiendo la ensoñación de Lily mientras caminaban por el paseo marítimo para conseguir cafés y pasteles en The Witches Dozen.

 Nate y Tash se paseaban a la cabeza del grupo, tomados de las manos. Esta visión le dio a Lily una sensación de satisfacción que se dijo que sentía por Tash.

Victor y Fazire daban zancadas detrás de Nate y Tash. Había habido una seria animosidad entre Victor y Fazire, incluso más debido a que Fazire se la había agarrado con Nate, pero estaba comenzando a perder la batalla.

 Era difícil seguir siendo hostil contra alguien que no reaccionaba, en absoluto. Sin embargo ese día, Fazire y Victor parecían haber llegado a una distensión.

 Una distensión que fue erosionando rápidamente mientras Victor intentaba convencer a Fazire de convertir su obsesivo amor por el béisbol al fútbol. 

Laura, Maxine y Lily fueron quedando atrás, muy atrás, y Lily estaba manteniendo un ojo sobre Fazire quien, ella podía notar, estaba a punto de estallar. Laura y Lily no habían necesitado palabras para poner su relación de nuevo en marcha.

 El sábado antes, cuando los Roberts fueron de visita, sin una palabra Lily había puesto sus brazos alrededor de Laura y esta de inmediato se echó a llorar. 

Lily se le unió, habían llorado en los brazos de la otra, luego se habían echado atrás, se habían mirado y habían reído. Eso había sido todo. Laura siguió con su perorata. 

—Se supone que debía estar medio retirado pero ha ido a la oficina todos los días. Ahora, sin Nate allí, él no va. En lugar de eso, se queda en casa y hace preguntas “Laura, ¿dónde está tal y tal?” o “Laura, ¿dónde está esto y aquello?”. Y luego “¿Por qué en el maldito infierno mantienes eso allí?” A pesar de que ha estado allí por veinticinco años y nunca lo cuestionó antes. 

Maxine estaba riendo en voz baja y Lily observó como Víctor comparaba a George Best con Ryne Sandberg y la cara de Fazire se volvía alarmantemente púrpura. 

—Entonces lo mueve donde cree que está mejor ubicado y luego yo no puedo encontrarlo y tengo que preguntarle a él. No es broma; he trazado su asesinato ayer, mientras comía una bolsa llena de Malteasers. Es el asesinato perfecto y estoy segura que podría salir impune de ello.

 Maxine soltó una estridente carcajada y Lily sonrió mientras tomaba la mano de Laura para darle un apretón tranquilizador. Nate y Tash se dieron la vuelta ante el sonido de la risa de Maxine y Lily transfirió su sonrisa a su hija. Luego se volvió hacia Nate y vaciló. Él no le devolvió la sonrisa.

 No parecía estar disfrutando de su paseo en un día soleado de verano. Tampoco parecía feliz de que toda la familia estuviera junta. Lucía desconfiado, vigilante, o más de lo habitual, e incluso preparado para la acción.

 Qué acción sería, Lily no podía imaginarlo.

 —Creo que hay algo mal con Nate —soltó Lily y Maxie y Laura la miraron con ojos asustados ante el sonido de preocupación en su voz en lo que parecía un día tan feliz.

 Vio como Nate se daba la vuelta y guiaba Tash a la cafetería justo cuando Fazire gritó: 

—Sandberg fue un All Star, Guante de Oro, JMV 7 . ¡Podía hacer mucho más que patear un balón con su pie! Ante las palabras de Fazire, el rostro de Víctor comenzó a ponerse alarmantemente púrpura.

 —¿Qué quieres decir, Lily? —preguntó Laura, apartando la atención de Lily del intenso arrebato de Fazire y la no sorprendente respuesta Víctor.

 Lily se detuvo en la acera y vio a Nate y Tash desaparecer en The Dozen. Laura y Maxie se detuvieron también y Lily se volvió hacia ellas, mirando de una mujer a la otra.

 —No sé, no puedo describirlo. No es la persona más feliz y despreocupada en el mundo. Siempre está al borde de alguna manera. Pero últimamente, parece algo… —Hizo una pausa, luchando por palabras y no encontrándolas—, más en el borde. —Terminó sin convicción. 

Tanto Laura y Maxine movieron sus miradas a la puerta de la cafetería por la que Víctor y Fazire caminaban, los brazos de ambos hombres gesticulando salvajemente.

 Entonces las miradas de las mujeres volvieron a mirarse la una a la otra. Luego se trasladaron a mirar a Lily.

—Lily —dijo Laura—, mi hijo es un… —Parecía estar falta de palabras también y continuó—, hombre intenso. 

—Puedes decir eso de nuevo —murmuró Maxie.

 —Lo sé. —Lily levantó la mano para apartarse el pelo de la cara y la sostuvo en la parte posterior de su cabeza, tirando suavemente en frustración—. No puedo explicarlo, así que voy a demostrarlo. Ambas mujeres asintieron alentadoramente en sincronía perfecta. Lily continuó. 

—Cada vez que está lo suficientemente cerca para tocarme, pone su mano en mi cintura así… Lily bajó la mano y puso una en las caderas de ambas mujeres, al igual que Nate hacía, sus dedos presionando contra su piel. 

Mientras las manos de Lily se alejaban, Maxine dijo amablemente:

 —Creo que, cariño, Nate es algo, eh… —Su mirada se deslizó a Laura y luego de vuelta a Lily—, posesivo. 

—¡También sé eso! —exclamó Lily y luego continuó—: Pero no es eso. Te juro que es como si quisiera fundirse conmigo. No puedo explicarlo, pero no es sólo eso. Comenzó a mirarme como, no sé, como si pensara que voy a… a… desaparecer, esfumarme. ¡Poof! —exclamó, levantando ambas manos a los lados de su cara y extendiéndolas dramáticamente con un silbido. 

El rostro de Laura lentamente se iluminó con entendimiento y Lily se abalanzó sobre este inmediatamente. 

—¿Qué? Laura miró hacia la cafetería y luego de vuelta a Lily. Su comprensión ahora tiñéndose con algo agridulce y alarmantemente triste, haciendo al corazón de Lily golpear un poco más rápido con la esperanza de aprender algo y con el temor de lo que pudiera aprender. 

—Es su aniversario —susurró. 

—¿Mi qué? —preguntó Lily, que no esperaba escuchar eso. Sin embargo, lo que fuera de lo que Laura estaba hablando también hizo a Maxine caer en la cuenta.

 —Querida, eso es. —Maxine respiraba y ella también miró en la dirección de The Dozen, con el rostro contemplativo. 

—¿Qué? —exclamó Lily. Laura estiró su mano para tocar el brazo de Lily. 

—Mi querida, la última vez… antes… —Se interrumpió y sacudió la cabeza como para despejarla. Luego cerró los ojos por un largo momento claramente luchando consigo misma por algo. Cuando los abrió, eran brillantes y directos—. Tú desapareciste después de dos semanas. Lily la miró aún confusa.

—¿Y? La mano de Laura apretó el brazo de Lily. 

—Y ya han pasado dos semanas —terminó Laura como si eso lo explicara todo. Lily negó con la cabeza, todavía sin comprender y Laura se acercó a ella. 

—La última vez que estuvieron juntos, desapareciste en el aire después de dos semanas. Nathaniel se fue de casa por la mañana y tú estabas allí. Regresó en la noche y te habías ido, sin dejar rastro de tu partida, como si hubieras desaparecido en una nube de humo. —Hizo una pausa mientras los ojos de Lily se abrieron en comprensión—. Ahora han estado de nuevo juntos durante dos semanas y Nathaniel, bueno, Nathaniel sabría el significado de eso. Él lo recordaría, recuerda todo. 

—Pero Laura, yo no desaparecí. Nosotros… —Lily se detuvo y se mordió el labio, y luego siguió adelante—. No tenemos que entrar en eso. Pero Nate sabe que no fui a ninguna parte entonces y no voy a ninguna parte ahora. Maxine intervino. 

—La mente nos juega malas pasadas, cariño. Podemos saber algo racionalmente pero no creerlo. Confía en mí, soy la persona más irracionalmente racional que existe, ¿o es la más racionalmente irracional? —le preguntó a Laura y esta le dio una débil sonrisa.

 —Esto es ridículo, Nate no puede pensar… —No terminó, no podía comprenderlo. Él estaba allí, ella estaba allí, Tash estaba allí, los Roberts, incluso Fazire parecía estar comportándose, o tanto como podría comportarse. 

Entonces ella comenzó de nuevo—. No voy a ir a ninguna parte. Laura interrumpió.

 —Hay cosas sobre Nate que no conoces. 

Fue ante estas palabras que la frustración de Lily al no saber acerca de Nate, sin entender por qué sus escudos se levantaron, por qué la armadura impenetrable envolvía su corazón, se abrió paso como un cohete. 

—Sí, tienes razón. Hay mucho que no sé de Nate —dijo en una baja y enojada voz—. Mucho que no dice, mucho que no comparte. Él no me dejó entrar hace ocho años y no me está dejando ahora. Y no dejarme entrar antes significó que me dejó ir. ¿Sabes lo que eso significa ahora? ¿Cómo me hace sentir eso? ¿Sobre todo ahora, con Tash? ¡Estoy viviendo con un completo extraño! 

—Lily… —interrumpió Laura pero Lily continuó, en una diatriba y era difícil detener una de las diatribas de Lily. 

—No confiaba en mí entonces y no confía en mí ahora, y te digo, estoy harta de eso. No puedo preguntar, porque no me lo dirá. No puedo…

—Lily… —Fue Maxine esta vez, pero Lily no iba a ser detenida.

 —Es como… como, está encerrado en hielo y un traje de acero. No lo puedo alcanzar. Incluso si tuviera que tratar de removerlo, derretirlo con un soplete, de alguna manera él sólo… simplemente… es distante. Laura se acercó más, agarró los dos brazos de Lily y le dio una pequeña sacudida. 

—¡Lily, tranquila! —susurró con urgencia—. Estás haciendo una escena y ellos podrían salir.

 —¡No me importa! —A Lily como que le gustó bastante la idea de una escena. Tal vez si hacía una escena podría llegar a alguna parte. Laura negó con la cabeza y comenzó a lucir en pánico. Entonces Lily agarró a Laura de la misma manera en que Laura la estaba sosteniendo. 

—Tienes que decirme, Laura. Si sabes lo que es, lo que hay detrás de esa puerta que Nate ha cerrado tan firmemente, tienes que decirme. Laura negó con la cabeza, su pánico cambió extrañamente al miedo.

—Por favor, debes —rogó Lily. 

—No puedo. No es mi lugar. Él nunca me lo perdonaría. Él lo esconde. Pone tanto esfuerzo en ocultarlo, como si fuera malo, como si fuera sucio. Sin embargo, parece de alguna manera… orgulloso de ello. Pero él nunca me perdonaría si te dijera, nunca. Y, Lily, no podía soportar la idea de perderlo, es el único hijo que me queda. 

Allí estaba otra vez, “malo” dijo Laura, “sucio”. Y Víctor había dicho “Nathaniel sufrió”. Todas estas palabras ominosas que lo describían a él, y Lily, con quien se suponía que él se casaría, con quien pasaría el resto de su vida, quien era la madre de su hija, no parecía tener el derecho a saberlas. 

Había tenido suficiente de los secretos, consejos, encubrimientos y silencio, estaba harta de ello. Sea lo que fuera, le hizo perderlo hace ocho años y estaba tirando de ella con firmeza apartándola de él ahora. 

O, mejor dicho, manteniendo su distancia. Nate, ella decidió al instante, no era el único que podía cerrarse. Dos podían jugar a ese juego. Lily de repente soltó a Laura y se volvió por donde vinieron. 

—Voy a volver a la casa. 

—¡No! —exclamaron Laura y Maxine al mismo tiempo—. No puedes volver atrás. Tienes que quedarte con él. Si regresas él estará preocupado —continuó Laura. 

—Déjalo que se preocupe —estalló Lily—. Por lo menos eso significará que siente algo. El rostro de Laura cambió de nuevo, esta vez a maternal decepción.

 —Lily, sabes que eso no es justo. Sabes que Nathaniel siente todo, especialmente por ti.

 —No, Laura, no sé eso. Si lo hace, él confiaría en mí respecto a lo que es este horrible secreto. 

—Laura cerró los ojos con desesperación y Lily no esperó a que los abriera de nuevo—. Sólo diles que tengo un dolor de cabeza y que volví. Sin esperar una respuesta, se dio la vuelta y prácticamente volvió corriendo a la casa —tanto como podía correr en chanclas. 

 vez que Lily llegó a su casa, se detuvo en la entrada y miró alrededor. No sabía qué hacer. No tenía nada que hacer ya. Ninguna tarea doméstica, ni recados, nada. 

Y eso hizo que su temperamento tenso se desintegrara completamente. La alcoba principal, como Fazire la había nombrado sarcásticamente, que Nate había ordenado que no fuera terminado hasta la próxima semana. 

Su oficina, la única otra habitación de arriba ahora, debido a la enormidad de la suite principal, la sala de estar había sido trasladada a la planta baja con jardín, que Nate le había ordenado que decorara, no estaba terminada aún. 

Nate había contratado a un ama de llaves que venía una vez a la semana y limpiaba y hacia la lavandería y el planchado, lo que hizo a Fazire no muy feliz.

—¿Y ahora qué? —le había exigido saber—. ¿Un chef, así no tengo que ser capaz de cocinar tampoco? Nate pagó las cuentas. Nate hizo entregar los víveres. Su secretario configuró una cuenta en Internet con la tienda online Waitrose, nada menos, y todo lo que Lily tenía que hacer era clic en sus opciones y ¡voilá! llegaban al día siguiente. 

Ella estaba, sencillamente, abrumada por él. Él estaba en todas partes, tomando el control de todo. O cuidando de todos. Excepto que él no estaba allí en absoluto. 

—¿Lily? 

Era la voz de Nate, ella se dio la vuelta y lo fulminó con la mirada, automáticamente decidida a hacer algunos avances, penetrar en sus escudos, obtener alguna reacción de él, cualquier reacción.

 Estaba de pie en la puerta interior, la sala estaba oscura, la luz del sol entraba detrás de él y no podía ver su rostro.

 —¡Tú! —gritó sin sentido. Él comenzó a avanzar, la poderosa gracia masculina de su movimiento, y la admiración de Lily, de alguna manera irritando sus nervios y él ignoró su extraño arrebato.

 —Laura dijo que tenías dolor de cabeza. ¿Es una migraña? —Su voz era suave y normalmente habría pensado que su preocupación era dulce. Pero estaba más allá de eso ahora. 

—¡No, no es una maldita migraña! —gritó, golpeando su pie en señal de frustración.

 Nate se detuvo a menos de un suspiro de distancia, llevó la mano a su cintura y sus dedos se quedaron allí. Lily podía ver su rostro y su preocupación era clara como el día. 

Y aun así, no se detuvo. 

—¿Qué es? —preguntó, en voz baja, con tono reservado. Debería haber leído, haber sido más considerada con sus palabras, pero no estaba de humor.

 Ella tomó su mano de su cintura y la puso entre ellos.

—¡Es esto! —exclamó—. ¡Es el ama de llaves, los obreros, los decoradores! ¡Es todo! —Terminó con un—: ¡Eres tú!

 Con eso, ella de repente soltó la mano y observó las persianas bajar al instante en sus ojos, resguardando sus pensamientos, interrumpiéndola. 

—Eso es todo, Nate, ciérrate. No esperaba menos. —La voz de Lily se estaba haciendo amarga. Él se movió hacia ella y Lily se mantuvo firme. 

—¿Qué es esto? —Su voz era aún más baja, un tipo nivel más bajo, un estruendo que fue tan letal que se deslizó a través de su piel como la lámina de una cuchilla. 

—¡Dime tú! —gritó, inclinando la cabeza hacia atrás y moviéndose hacia él en un intento fallido de ser amenazante. 

Él no dijo nada. 

Ella esperó.

 Él todavía no dijo nada.

 Entonces dejó de esperar, se apartó y corrió por las escaleras hasta su dormitorio, abrió los armarios en un tono histérico y comenzó a tirar su ropa en la cama.

 No tenía ninguna razón para hacer esto, pero le pareció un buen intento de un gran gesto. 

Si él estaba preocupado de que se fuera, le haría creer que se iba, forzaría la confrontación que deberían haber tenido hace ocho años. Lily decidió que hacer un gran gesto era lo único que conseguiría una reacción de Nate. 

Y, por alguna razón, necesitaba una reacción por parte de Nate. La necesitaba desesperadamente. Había pensado que podía hacer esto, vivir juntos y mantener su corazón aparte. Pero, al parecer, no podía. 

Simplemente no estaba en ella. Debido a que este era Nate. Había sabido al instante en que puso sus ojos en él, que era suyo. Y él era suyo.

 Excepto que, no lo era. En su segundo pase al armario, la mano de Nate tomó su muñeca y le dio la vuelta, la ropa volando por todas partes. 

—Háblame, maldita sea —gruñó, sus ojos oscuros brillando con amenaza y algo más que no podía leer 

—Eres magnífico al decirme a mí que hable contigo. Si fueras un superhéroe, te llamarían Hombre Silencioso —gritó Lily. Él utilizó su muñeca para atraerla más cerca y se apoyó en ella, su rostro apenas un centímetro del de ella. 

—Estabas hablando con Laura, ¿qué dijo? —le espetó y Lily se dio cuenta de que estaba enfadado. 

No, furioso. Y estaba apenas contenido y eso la asustó enormemente. Ya no parecía sofisticado y urbano. Él era peligroso y depredador.

 Pero aun así, Lily no hizo caso de la mirada de advertencia en sus ojos negros. 

—¡Nada! —le gritó a la cara—. Ni una sola maldita cosa. ¡Le pregunté acerca de ti, pero ella no dijo una palabra! Vio un destello de alivio cruzar su rostro antes de que lo ocultara y ella realmente gruñó. 

—¿Qué es? —exclamó, torciendo la muñeca para liberarse y agarrando puñados de su camisa en el pecho—. ¿Cuál es el maldito secreto sobre ti que todo el mundo está tan decidido a mantener? 

Las manos de Nate golpearon su cintura y la atrajo más cerca, pero ella se resistió. Ganó, como es lógico. 

—No es nada —indicó, su voz volviendo a la calma. 

—¡Es algo! —exclamó, tirando de su camisa. 

—¡No es nada! —gruñó Nate, toda la calma desaparecida en un parpadeo. Lily saltó ante la ferocidad de su voz, pero todavía no se detuvo y lo atrajo aún más cerca de ella, su cara a un suspiro de la suya.

 —Bueno, Nate, es algo para mí. Sea lo que sea, lo guardaste de mí durante ocho años. Sea lo que sea, te hizo pensar que me iría. Sea lo que sea, hizo que me dejaras ir. ¡Sea lo que sea, lo estás conteniendo de mí ahora! 

Cuando terminó su dramática última declaración, Nate se apartó de ella y se dio la vuelta. 

Lily abrió la boca para decirle que no habían terminado, pero se detuvo en la puerta y tiró un golpe vicioso a los cuadros en la pared estremeciendo sus marcos. 

Ante esto, ella saltó de nuevo y no pudo hacer nada, más que mirar fijamente con la boca abierta. Definitivamente depredador. Y definitivamente peligroso. 

Se dirigió directamente a la cama, se inclinó y con un golpe de su brazo, mandó a su ropa a volar. Ante esto, sus ojos se abrieron con alarma.

 Entonces él se acercó, con determinación, a Lily que estaba clavada en el suelo. 

La agarró por las caderas y la levantó. Ella lanzó un grito de sorpresa, lanzó sus piernas alrededor de sus caderas y agarró sus hombros para mantener el equilibrio mientras él la volvió a la cama. 

Entonces ella estaba cayendo, sosteniéndose a él mientras iba hacia atrás, su espalda golpeó la cama y Nate aterrizó encima de ella.

 —¿Crees que me estoy conteniendo? —gruñó, sus ojos brillando de nuevo peligrosamente, su rostro apenas a un centímetro de distancia.

 Independientemente de todo lo que acababa de presenciar, ella lanzó la precaución al viento. Fue un gran gesto después de todo y ella lo empezó. Tenía que ser valiente para seguir adelante y ver dónde terminaba o podría perderlo todo. 

Así que le lanzó: 

—¡Sí! Y entonces sintió su mano tirando la falda de su vestido alrededor de su cintura. 

—¡Nate! —gritó al darse cuenta de su intención y enterró la cara en su cuello, convenientemente escondiéndose de su vista.

 —Tienes más de mí de lo que he dado a nadie —gruñó contra la piel sensible en la base de su oreja y luego sintió su lengua allí.

 Ella trató de alejarlo mientras las gimnastas, quienes no parecían preocuparse por los dramáticos acontecimientos que los habían llevado a esta situación, empezaban a calentar con volteretas.

 Ante las payasadas de las gimnastas, Lily dejó de intentar apartarlo y deslizó un brazo alrededor de él y la otra mano en su cabello, tratando suavemente de mover su cabeza y así poder ver su cara. 

—No me refiero a esto. No me refiero a aquí, en el dormitorio — susurró. 

Fue como si no hubiese hablado, una de sus manos rozaba con deliciosa intención desde su vientre, hasta su pecho, su pulgar expertamente buscando su pezón a través de la tela y lo frotó tentadoramente.

 A pesar de que trató de controlarlo, Lily sintió que sus entrañas se derretían. 

—Te he dado más de lo que di a mi familia adoptiva —murmuró, su voz se volvió sedosa y todavía estaba en su oído, el profundo timbre disparó temblores a través de ella. 

—Nate, no hagas esto. Siempre hemos sido buenos en esto. Habla conmigo —rogó Lily. Él la ignoró y sus labios se posaron desde su mandíbula a su barbilla, mientras que su mano fue entre medio de sus cuerpos, provocando en el borde de sus bragas de encaje.

 Con sus labios contra los de ella, dijo: 

—Más de lo que di a mi madre. 

Ella se quedó sin aliento cuando se dio cuenta que no se refería a Laura. Era la primera vez que había hablado de su madre biológica, bien, la única otra vez que él había hablado de ella desde su primera cita en el parque. 

Su jadeo fue cortado por sus labios tomando posesión de ella en un brutal y exigente beso, un beso que estaba destinado a decirle algo, un beso que coincidía exactamente con sus dedos deteniendo su tentador juego. 

Empujaron la delicada tela de su ropa interior a un lado y dos de ellos entraron en una hermosa invasión.

 Inmediatamente gimió contra su boca, instantáneamente respondiendo a su toque. Sus brazos lo rodearon, sus manos tirando de su camisa fuera del pantalón para poder pasar sus dedos a lo largo de los duros músculos de su espalda, así ella podría sentir el inmenso calor de su piel. 

—Tan húmeda —murmuró contra sus labios—, sólo para mí. 

Y tocándola, parecía de algún modo lejos de la tensa conversación, su voz casi reverente, incrédula.

 El sonido de la misma, rompió el corazón de Lily. Sus dedos comenzaron a moverse, no podía pensar en otra cosa, no en su discusión, no en sus secretos, solo en lo que su mano estaba haciendo con ella.

 —Solo tú, Nate —ella estuvo de acuerdo en voz baja. 

A sus palabras, dejó caer su frente contra la de ella y cerró sus ojos, esa mirada viniendo de él, tan cruda e intensa, sacudió a Lily hasta la médula.

 Mantuvo sus labios contra los de ella y su mano obró su magia, pero no la besó. Abrió sus ojos y se clavaron en los de ella, su mano envió ondas de choque electrizantes de placer a través de su cuerpo. 

Por último, dijo contra su boca, mientras su pulgar giraba, y ella gritó fuertemente cuando él la acercó más, demasiado cerca. 

—No me vas a dejar, Lily. Ella negó con la cabeza. 

—Dilo —gruñó. Se apretó contra su mano, tan cerca, estaba casi allí.

 —Por favor, Nate. 

—¡Dilo! —exigió. 

—Nate —susurró contra su boca, una mano subió a hurgar en su cabello, sosteniendo su cara en la de ella. 

—Lily. —Su voz fue un ruido sordo, de terciopelo.

 Ella abrió sus ojos medio cerrados y miró directamente a sus ojos negros.

—No te voy a dejar, Nate. Nunca te dejaré —declaró Lily, su voz temblando, con la sensación de que eso no tenía nada que ver con lo que sus dedos estaban haciendo. 

Una sensación que tenía mucho que ver con lo que había en su corazón. Lo que había estado en su corazón desde que tenía catorce años de edad y supo que era su deseo hecho realidad cuando Nate la había salvado del carterista. Y luego su boca se estrelló contra la de ella y la dejó elevarse, su mano llevándola a alturas gloriosas, donde siempre la llevó.

 Su boca absorbió su grito de placer mientras sus manos se aferraron a él, sus caderas presionando en sus dedos. Mientras los estremecimientos retrocedieron, él se quedó a su lado, gentilmente acercándola a él y arreglando su falda al mismo tiempo. Entonces él la acunó en sus brazos de manera protectora, acariciando lentamente su espalda. 

Su rostro fue presionado contra su garganta y se sentía vulnerable y expuesta. La había llevado a un lugar hermoso pero él no se unió a ella ahí. 

Aún distante. Siempre distante, de una u otra manera.

 —¿Nate? —murmuró contra su garganta. 

—¿Mm? —Él estaba en sí mismo otra vez, sus propios pensamientos, lejos, muy lejos de ella. 

Estaba empezando a reconocer cuándo estaba con ella y cuando él se había ido. 

Tranquilamente, en una voz tan pequeña que le sorprendió que la haya oído, le susurró escasas palabras que contenían un profundo significado: 

—Te necesito aquí, conmigo. Su mano dejó de acariciar y sus brazos se apretaron alrededor de ella, tomando su respiración.

 —Me tienes. Ella negó con la cabeza en su cuello, negando en silencio sus palabras. 

—Me tienes, Lily. Lo prometo.

Ella sabía que no. Pero Lily experimentó un colosal cambio de opinión. 

Uno que cambia vidas.

 Incluso uno trascendental. En lugar de poner todas sus energías en guardar su corazón contra él —lo que claramente no estaba funcionando, se trataba de Nate—, iba a tratar de que abra su corazón a ella. 

Iba a usar todo lo que estaba en su poder, tanto como era, tal vez incluso ir tan lejos como para utilizar su último deseo para abrir su corazón.

 No tenía idea de si iba a tener éxito pero, Lily determinó en ese instante, estaba malditamente bien el tratar.


Que tu boca no calle lo que tu corazón siente....
Que tus sentimientos no sean una mentira....



 
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

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