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Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Lun 27 Feb - 13:00

Me pareció perfecto que Lily se pusiera firme para lograr que Nate hable, aunque le duró poco, y me frustra mucho que a pesar de todo él todavía no le cuente de su pasado!!
violent
No quiero que tenga que usar su último deseo para lograr que él lo haga, por más que en un principio quería un Nate para mí, no me parece justo que Lily tenga que perder a Fazire para que deje de ser tan obstinado, siento que a pesar de todo no lo vale!! 



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LuVelitta

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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Lun 27 Feb - 13:15

Bueno, estara derribando algo del muro de Nate, Lily






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eilyno

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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por mariateresa el Mar 28 Feb - 9:50

HOOO QUE HORROR NO PUEDE USAR SU ULTIMO DESEO  Loco Loco Loco FRAZIER SE IRIA 

LILY TENDRÁ QUE SER FUERTE Y DERRIBAR LOS MUROS DE NATE 

GRACIAS POR LOS CAPITULOS


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mariateresa

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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Mar 28 Feb - 11:11

22

Nate

Nate dejó la oficina pronto deseando llegar a casa.

 Casa. 

Donde estaban Lily y Natasha. 

Y, por supuesto, Fazire. 

Tash había llamado, diciéndole que había una sorpresa esperándole.
 No podía imaginar qué clase de sorpresa podría ser, en el mes desde la diatriba dramática de Lily, completa con ropas sacadas del armario, su vida había estado llena de sorpresas. Sorpresas agradables. 

Sorpresas extraordinarias.

 La clase de sorpresas y la posible intención tras ellas siendo algo que apenas creería, pero descubrió, tras años de experiencia y decepción, que no era así.

****************************

Había empezado la mañana siguiente después de la escena de Lily. Ella se había despertado muy, muy temprano. Se había deslizado en silencio de la cama obviamente haciendo un esfuerzo para no molestar a Nate. 

Este esfuerzo no valió nada al golpearse dos veces con la cama, maldiciendo en voz baja y casi cayéndose mientras se vestía. 

 que estaba teniendo cuidado por él, Nate mantuvo los ojos cerrados cuando lo que quería era devolver su cuerpo caliente a la cama. Cuando pasó el tiempo y no regresaba, Nate se levantó, se colocó un par de vaqueros y fue en su búsqueda.

 La encontró en la cocina llevando unos pantalones muy cortos, finos, de rayas rosas y moradas que mostraban sus largas piernas. 

Con esto, llevaba una camisola rosa y una rebeca vieja y gris que había tenido días mejores y que él decidió reemplazar inmediatamente con otra cosa, algo nuevo, algo hecho de cachemir.

 Estaba de pie en el medio de la cocina con las manos en las caderas mirando la encimera con lo que parecía ser confusión. 

Preguntándose qué clase de humor tendría después de su pelea el día anterior, Nate se acercó por detrás en silencio con los pies desnudos y con cuidado deslizó sus brazos alrededor de su cintura. La tarde anterior ella había prometido no abandonarle, dijo que jamás se marcharía, pero Nate no confiaba en ello. Había aprendido pronto en no confiar y no había pasado nada en su vida que cambiara esa lección.

Sabía que ella quería más de él, lo quería todo y él no podía dárselo. Sintió, como ocho años antes, que estaba viviendo un tiempo prestado, que cuando ella descubriera quién era realmente no simplemente querría alejarse de él sino también mantenerle alejado de Tash. 

Y Nate no lo permitiría. Y para evitar que ocurriera, haría lo que sea que tuviera que hacer, incluyendo mantener en secreto su pasado a las dos. 

No es que Lily le estuviera dando todo.

 La Lily de corazón abierto que dejaba que su emoción por la vida saliera con la más mínima provocación se había ido.

 La Lily sonriente que contaba historias sobre su encantadora familia había desaparecido. 

No importaba lo que él hiciera para rectificar sus errores pasados, para borrar los ocho años de ella subsistiendo, aún era diferente. Cautelosa, atenta y cerrada. 

Ella saltó cuando él la tocó y giró, casi golpeándose contra su barbilla con la cabeza y su dulce pelo se encontró en su cara.

 —¡Nate! —gritó, su expresión claramente era de decepción al verle y sintió algo tambalearse de dolor en su garganta.Miró por encima de su hombro en la encimera y luego de nuevo a él y anunció con un puchero exagerado—. Me has estropeado la sorpresa.

Entonces le sorprendió al deslizar sus manos por su cintura y ladear la cabeza a un lado, la decepción desapareció al darle ella una de sus sonrisas poco convencionales.

Al verla, se quedó sin respiración y sintió cómo cada músculo se tensaba. 

Su sonrisa era exactamente como la recordaba. Sin ser cautelosa, vigilante y cerrada en ningún sentido. Abierta, feliz y una de las vistas más dulces que había visto en su vida. Se dejó caer suavemente sobre él, con los pechos frotando su pecho desnudo, su barbilla obligada a echarse hacia atrás para que pudiera mirarle a los ojos. 

—Te estaba preparando el desayuno para la cama —le informó con alegría. 

Miró por encima de su hombro a las pruebas que, de hecho, él había interrumpido la preparación de la comida. Sabiendo las intenciones y entendiendo que su anterior decepción no iba dirigida a él, Nate no sabía qué hacer.

 No era la clase de hombre que no sabía qué hacer y no le gustaba. Ninguna mujer le había preparado el desayuno en la cama, ninguna mujer le había preparado ni siquiera el desayuno. Ni una sola de sus amantes había hecho nada para él, ni darle un regalo, traer una botella de vino o prepararle la cena.

 Le gustaban que él invitara a cenar, comprara regalos, incluso vacaciones pero las mujeres de su vida estaban acostumbradas a ser cuidadas, a ser mimadas. Nate había jugado el juego masculino porque si no era así, se quejarían y exigirían. 

Había aprendido que así la vida era más pacífica y además, podía permitírselo. Esta era una experiencia totalmente nueva. Lily pareció no darse cuenta de su sorpresa.

 —Aunque una vez que empecé, no sabía qué hacer. Nunca comentas tus comidas, no dices qué te gusta. Simplemente… comes. —Su sonrisa no se había alterado, de hecho, su voz sonaba provocadora. Gentilmente se alejó de él y apuntó con su brazo a la comida en la encimera—. Decidí que bacón, huevos y tostada era mi mejor apuesta. A todo el mundo le gusta el bacón, los huevos y las tostadas. ¡Entonces me di cuenta que ni siquiera sé cómo te gustan los huevos!

Rió dulcemente, encontrando esto divertido y volvió hacia él, colocando sus brazos alrededor de su cintura de nuevo y descansando todo su cuerpo sobre su pecho fuerte. 

—¿Sabes? Siento que te conozco de hace años pero solamente te conozco de hace pocas semanas. ¿No es gracioso? —Dejó caer los hombros y echó la cabeza hacia atrás para mirarle con sus extraordinarios ojos, con azules muy claros, tan profundos, tan abiertos que Nate se perdió en ellos. 

Perdido en sus ojos, perdido en su humor, perdido en Lily, tan perdido, no respondió. 

—Entonces —susurró ella—, ¿cómo te gustan los huevos? Su pregunta le alejó de su observación silenciosa. Parecía que la respuesta lo sería todo para ella. 

La miró cautelosamente, con el cuerpo rígido, sin saber si aliviarse por su nueva actitud o preocuparse por lo que escondería detrás.

 —Me gustarán de cualquier manera que me los hagas —respondió, sin comprometerse. Algo que él no pudo entender se encendió en sus ojos, algo que parecía como determinación y sus brazos se pusieron rígidos en su cintura. —¿Revueltos? —preguntó. —Servirá —respondió Nate. Su sonrisa regresó. —¿Y qué tal fritos? ¿Te gustan más así que revueltos? 

—Los dos —respondió.

 —¿Hervidos? 

—Vale. 

Ante estos, sus ojos se encendieron y meneó la cabeza y se rió, todo su cuerpo vibrando. 

Durante un segundo dejó caer su frente sobre su pecho, entregándose al momento extraño y entonces levantó la cabeza de nuevo, casi golpeando su barbilla. 

Levantó las manos a ambos lados de su cara, acercándola a la suya y le sorprendió al besarle brevemente, con la risa aún en sus labios. No le había tocado por decisión propia fuera de la cama desde que se habían reencontrado. 

—¿Qué voy a hacer contigo? —farfulló, claramente sin querer una respuesta mientras seguía, con la voz muy suave—. ¿Cómo te gustan más los huevos, Nate? Por favor, dímelo. Esta información trivial sí que significaba algo para ella así que él suspiró y respondió: 

—Hervidos. 

Ambas manos de ella se alzaron en el aire como si hubiera marcado un gol en un partido de futbol americano. Con este gesto, su espalda se arqueó, acercándose más a él. 

—¡Éxito! —gritó feliz y en alto, con la cara iluminada ante el triunfo y Nate sintió que la mañana quebradiza se había ido. Un instante más tarde la cara de ella cayó dramáticamente y exclamó—. ¡Oh, no! 

—¿Qué pasa? —respondió él. 

—No sé cómo hervir un huevo.

 Fue entonces cuando Nate empezó a reír, todas las tensiones habían desaparecido, todo el borde tenso suavizado y sus brazos se apretaron a su alrededor mientras las manos de ella bajaban para abrazarle a cada lado de su cuello. Se echó hacia adelante y lo besó de nuevo. 

No temas —declaró ella, alejándose de él y dándose la vuelta hacia la encimera—. Vi a alguien hacerlo en un programa de cocina una vez. Creo que tienes que hacer que el agua se quede ahí y romper el huevo. Ya me las apañaré. —Abrió la bolsa del pan. Nate se permitió un momento para mostrar su alivio. Se lo permitió porque, con su espalda hacia él, Lily no podía verlo.

 Parecía tan feliz, tanto a la antigua Lily que él quería tiempo para disfrutarlo. 

Se acercó y la arrastró de vuelta en sus brazos, enterrando su cara en el cabello a un lado de su cuello. No era muy a menudo que Nate sintiera esperanza así que cuando la sintió, sabía que era algo precioso. 

Y en ese momento, sintió esperanza.

No una clase de esperanza para siempre. Esa mierda de esperanza, sabía, que no existía, pero una esperanza por ahora.

—¿Nate? —Ella estaba tirando suavemente lejos en un esfuerzo por ver su cara pero no librarse de sus brazos—. ¿Te pasa algo? 

Levanto la cabeza y beso su nariz. 

—Nada. 

De nuevo, algo brillo en sus ojos pero en vez de su rostro cerrado como normalmente lo hacía cuando él no le dio la respuesta que quería, ella se recostó contra él.

 El azul medianoche en su iris exterior se había movido hacia la pupila. 

—Ahora que tenemos el desayuno semi-ordenado, ¿quizás me das un beso de buenos días? —lo impulsó ligeramente, su voz tímida pero sus ojos eran invitadores. 

Esta no era la vieja Lily. Esta no era ni siquiera la nueva Lily. Esta era una Lily totalmente desconocida. 

Ella nunca había pedido un beso antes y Nate no necesitaba que se lo pidieran dos veces. 

Tanto Fazire como Víctor llegaron a la cocina al mismo tiempo interrumpiendo un beso de buenos días que se había vuelto agradablemente intenso. 

—Perdón, perdón… regresaremos. —Victor retrocedió cuando Nate a regañadientes levantó su boca de Lily y volvió su mirada a los dos hombres.

 —¡No voy a volver! —refunfuñó Fazire, flagrantemente ignorando la escena que acababa de interrumpir y pisando fuerte—. Necesito café inmediatamente. 

Lily se apartó de Nate y se acercó a su amigo. 

—¡Fazire! —Agarro a Fazire por las mejillas y tiró su cabeza a ella, inclinándola hacia abajo y besándola en la coronilla—. A Nate le gustan sus huevos hervidos —impartió esto en su amigo como si ella había sido la primera en descifrar la maquina enigma.

Después de ser liberado, Fazire miró de Lily a Nate y de nuevo a Lily.

 Se encogió de hombros por su desinterés en las noticias y se dirigió a la cafetera. Nate apoyó su cadera en el mostrador y asintió a su padre quien se rezagó vistiendo su pijama y una bata. 

—¿Quién hizo esto? —exigió saber Fazire, estaba sosteniendo la cafetera en alto y mirando a Nate furiosamente decidiendo que tenía que ser el culpable, su labio se curvó en disgusto. 

—Yo lo hice —respondió Lily, afanosamente alineando tocino en la sartén. Por la admisión de Lily, Fazire no fue disuadido en su ira. 

—Esto se parece al agua —acusó Fazire, trasfiriendo sus ojos furiosos a ella. 

—Esto no se parece al agua. Solo porque no puedes masticarlo, Fazire, no quiere decir que no es nada bueno. —Ella sacudió la cabeza y miró por encima del hombro a Víctor quien había decidido sentarse en la mesa de la cocina para ver el espectáculo—. A Fazire le gusta su café fuerte. 

—Lo he deducido —comentó Víctor. 

Lily lanzó una sonrisa sorprendentemente brillante a Víctor y regresó a trabajar.

 A pesar de que ella le había dado la espalda, Víctor la miró con asombro congelado por un momento y entonces sus ojos se deslizaron a Nate. 

Entonces el padre de Nate sonrió y lentamente le guiñó un ojo a su hijo. 

*****************************

Esa tarde, después de que Víctor y Laura se habían ido, Fazire había desaparecido en su habitación y Nate había escuchado a Tash leer antes de que él la arropara para dormir, Nate se había ido a encontrar a Lily. 

Ella estaba sentada en la habitación del sol en un nuevo lounge de mimbre con un cojín azul brillante de un borde en un beige suave, suspiernas dobladas debajo de ella, su cabeza inclinada, leyendo un libro. La señora Gunderson estaba durmiendo dentro de un apretado cuerpo de gato enrollado a su lado. Con el dinero de Nate y las elecciones de Lily, todo en la habitación era de mucha más mejor calidad y enormemente mejorado de estilo.

 Los muebles eran de mimbre, tejido gruesamente con abundantes cañas oscuras. Las ventanas habían sido reemplazadas con madera enmarcada, brillantes cristales doble-acristalamiento. 

Las paredes habían sido repintadas en un limpio lino y grandes palmeras en macetas se colocaron atractivamente alrededor de la habitación. El día era gris afuera pero la habitación tenía un suave resplandor de las lámparas con bulbo, bases beige con nítidas sombras posadas en mesas de mimbre junto al lounge y entre las dos sillas de enfrente.

 Una mesa cuadrada, con tapa de cristal, de mimbre se encontraba en el centro manteniendo un enorme globo de cristal de un florero alto lleno con lirios.

 Nate sintió una sensación de satisfacción al ver a Lily sentada tranquilamente leyendo con su gato. Este era el tipo de habitación en la que Lily debía estar, costoso y elegante y era el tipo de cosa que Lily debería estar haciendo, leyendo y descansando, no corriendo por todas partes cuidando de todos. Había estado estudiándola por un rato cuando ella lo sintió, su cabeza subió y su cara, que estaba concentrada en su libro, relajó en una pequeña sonrisa. 

—¿Tash está durmiendo? —preguntó. 

Nate sintió algo desenroscarse dentro de él por su simple pregunta.

 No era importante; no era profundo, solo una madre preguntando a un padre si su hijo estaba durmiendo. Sin embargo, para Nate, esta era la pregunta más íntima que alguien alguna vez le había pedido.

 —Sí —respondió él. Lily puso su marca páginas en su libro y lo dejó a un lado pero ella no se levantó. 

—Ella ama leer para ti, pienso que es el punto culminante de su día. Nate no dio una respuesta verbal pero esa cosa desplegando en su pecho se aflojó aún más al escuchar su comentario. 

Finalmente habló. 

—No quiero interrumpir tu lectura. —Ella negó con la cabeza para indicar que no le importaba y él continuó—. He querido decirte que mañana por la mañana tenemos una cita en la oficina de registro para iniciar el proceso… 

No terminó mientras repentinamente Lily se lanzó fuera del lounge y cruzando el corto espacio se arrojó físicamente a él, balanceándolo sobre sus talones. La señora Gunderson salió volando en un enojado maullido de gato por su rápido movimiento.

 Los brazos de Lily fueron alrededor de sus hombros y con un pequeño salto, sus piernas fueron alrededor de sus caderas y él instintivamente puso sus manos bajo su trasero para mantenerla contra él.

 Ella estaba presionando su mejilla contra la suya y abrazándolo con fuerza. 

—¿Qué es esto? —le susurró al oído. Su cabeza se echó hacia atrás y lo miró, sus ojos brillantes y lágrimas estaban brillando en sus bordes inferiores. 

—Tú dijiste en la sala de conferencias de Alistair que ibas a casarte conmigo pero entonces no dijiste nada acerca de eso otra vez. Dijiste dos meses. ¡Eso ha sido casi un mes ya! —No tuvo oportunidad de responder a su reacción abrumadora mientras ella continuó con entusiasmo—. Vamos a arreglar una cita mañana, ¿no? —preguntó y el asintió, encontrándose satisfecho por su respuesta extremadamente positiva.

 Se inclinó hacia él y de nuevo puso su mejilla contra la suya.

 —¡Tengo tanto que hacer! Tengo que encontrar un vestido y Tash necesita uno. Y tenemos que conseguir invitaciones. —Su cabeza se echó hacia atrás y lo miró de nuevo, todo rastro de lágrimas habían desaparecido, sus ojos estaban brillando y bailando—. ¿Una pequeña boda? ¿En la oficina de registro? 

A su pregunta, el asintió de nuevo y con un tirón suave, ella liberó las piernas de sus caderas y la dejó ir. 

Observó como ella seguía hablando con entusiasmo y caminando alrededor de la habitación, apagando las lámparas. 

—Fazire necesitará algo de ropa y luego están las flores. Pienso que peonias, mamá amaba las peonias. Esta es la flor del estado de Indiana, ¿sabías eso? —Ella lo miró mientras hacía la pregunta, ni espero por una respuesta. 

—Vamos a necesitar un fotógrafo. No quiero uno de esos fotógrafos Nazi que tienen diecisiete horas para posar todas las fotos. Debería ser un día de diversión. Deberíamos estar bebiendo y comiendo, no gastando todo nuestro tiempo teniendo nuestras fotografías tomadas. ¿Qué te parece? Antes de que pudiera responder, ella se detuvo y se irguió de pronto después de apagar la segunda lámpara.

 —¡Ya sé! ¡Fazire puede tomar las fotos! —Aplaudió con sus manos enfrente de ella con entusiasmo y Nate se acordó de ella haciendo exactamente lo mismo cuando había cedido a su paseo en moto en su primera y única cita.

 La vista de eso hizo expandir su pecho de una manera que nunca había sentido antes, era caliente, era agradable y no tenía idea de lo que significaba. No tenía ni idea de que anunciaba la alegría y la seguridad, dos cosas que nunca había sentido en su vida. 

Ni siquiera había entrado en la habitación y todavía estaba de pie en la entrada. 

Se apoyó en la jamba y continuó mirándola. No se quedó mucho tiempo en su posición. Lily caminó hacia él, agarró su mano y lo condujo fuera de la habitación a través de la sala de estar y subió la escalera a su dormitorio. 

Durante todo el tiempo, ella hablaba y planeaba. Le preguntó si quería bailar entonces no esperó por su respuesta y decidió que debería bailar.

 Ella le preguntó si quería usar un traje de mañana entonces no esperó por su respuesta y decidió que era demasiado sofocante para una oficina del Registro.

 Ella le preguntó si quería un discurso luego decidió que debía haber un discurso. En la habitación, después de haber cerrado la puerta, ella volvió a sus brazos.

—Solo déjamelo a mí. Me encargaré de todo. Voy a llamar a Laura y Maxie y lo tendremos resuelto en poco tiempo —Presionó su dedo índice en su pecho—. Tu solo necesitas ser responsable por la luna de miel. ¿Puedes hacer eso? Sus brazos se apretaron y sonrió a su cara sonriente. 

—Creo que puedo manejar eso. Ella inclinó su rostro hacia él y sonrió.

***********************************

Tres días después, Nate estaba en sus nuevas oficinas en Bristol en una reunión, dos de su personal trasladado, sentados en sillas frente a él esperando sus instrucciones, cuando empezó a sonar el teléfono. 

Cuando estaba en una reunión, el timbre de su teléfono nunca sonaba. 

Nunca.

 Nate no era un jefe cruel, pero era uno exigente. 

Esperaba que su personal trabajara duro e sea inteligente, que fuera ambicioso, pero no codicioso ni apuñalara por la espalda y fuera comunicativo con sus buenas ideas y críticas constructivas. Los recompensaba por esas cosas. 

Mientras más lo demostraran, mientras mejor lo demostraran, más los recompensaba. Si ellos fallaban, se iban.

 No era amigable con su personal. No salía con ellos a tomar algo. No les compraba regalos de navidad aunque sí les daba unos generosos bonos navideños. 

No compartía su vida personal con ninguna alma en la oficina o fuera de ella, para el caso. No fomentaba este comportamiento entre sus directivos ni con sus empleados. 

Esperaba que el trabajo fuera trabajo, esperaba profesionalidad absoluta y los lideraba con el ejemplo. Él no era el padre cariñoso de una familia corporativa. Él era el respetado comandante retirado del ejército corporativo muy bien dirigido que día–tras–días lograba resultados notables. 

Era un edicto de que nunca fuera perturbado durante una reunión a menos que fuera urgente. Un edicto que como todos sus edictos fue siempre estrictamente obedecido. 

Por lo tanto, cuando el teléfono sonó, tanto él como su personal saltaron por la sorpresa. Nate apretó el botón el teléfono 

—¿Sí? —La señora Jacobs para usted. —Su secretaria, Jennifer, le dijo por el intercomunicador, adhiriéndose a su mandato que en cualquier momento que Lily llamara, cualquiera, se la tenían que pasar directamente. 

Nate no les echó a sus dos empleados ni siquiera una mirada —si lo hubiera hecho, habría visto cómo sus ojos se abrían con sorpresa—, simplemente tomó el teléfono.

 Lily lo había llamado una vez para quejarse que sus muebles de la sala de estar habían sido llevados. Tash por otro lado, lo llamaba cada día cuando llegaba del colegio y le contaba cada detalle de cosas nuevas que ella sentía que eran importante compartir lo cual era prácticamente cada detalle de su día. Nate esperaba las llamadas de su hija. 

Natasha era conversadora pero inteligente, increíblemente inteligente. Usaba un gran número de palabras, y las usaba bien y seguido, mucho mejor que mucha gente que triplicaba su edad.

 Estaba claro que Tash era muy avanzada y Nate ya había buscado colegios especiales para ella, pensó vagamente, realmente tenía que discutirlo con Lily. 

Nate había aprendido rápidamente que las llamadas de Tash eran hechas en un horario regular y había hecho que Jennifer le tuviera despejado el horario en esa hora, sin excepción. Pero Lily solo lo había llamado una vez. 

No había más muebles que fueran llevados y la mayoría del trabajo estaba casi completado esa semana. No tenía ni idea por qué Lily podría llamarlo y lo que a él se refería no eran buenas noticias.

 —Lily —la saludó. 

—Hola, ¿estás ocupado? —respondió ella alegremente, su alegría tomándolo por sorpresa. Nate estaba ocupado. Siempre estaba ocupado. 

—No —respondió. 

Hubo una pausa.

 Luego ella preguntó: 

—¿Que estás haciendo? —Y ella habló como si lo estuviera llamando solo para hablar, como si lo hiciera todos los días. 

Se recostó en la silla, sorprendido por este último acontecimiento que fuera la nueva Lily y preguntándose sobre sus intenciones. 

Su mirada se deslizó más allá de sus dos empleados que estaban fingiendo —mal— no oír la conversación sin precedentes de su jefe, que normalmente era frío e indiferente con los desconocidos, con la señora Jacobs, una mujer que lo interrumpía en una reunión sin siquiera la más mínima vacilación.

 Los ignoró. 

—Trabajando —respondió Nate. 

Ella dejó escapar una risa despreocupada luego comentó: 

—Por supuesto.

 —Lily, ¿hay algo…? Ella lo interrumpió.

 —Tash va a estar de vacaciones escolares pronto y pienso que deberíamos planear un paseo familiar. Nate se congeló antes sus palabras inesperadas. 

Había tenido vacaciones familiares con Victor y Laura mientras Victor trabajaba constantemente, habían sido pocas y distantes entre sí. 

Durante esos días de vacaciones, Jeff había aprovechado todas las oportunidades para atormentar a Nate en su manera especial, mientras Danielle había tomado sus propias oportunidades para atormentar a Nate en formas completamente diferentes. 

Nate no tenía buenos recuerdos de sus vacaciones en familiaPor otra parte, Nate tenía muy pocos buenos recuerdos, la mayoría de ellos centrados en torno a dos semanas hace ocho años atrás y los más recientes tres. 

Sin saber nada de eso, Lily continuó. 

—Estoy pensando en Disney París. Tash ha estado queriendo ir allí siempre y yo nunca he… —Se detuvo bruscamente y luego rápidamente se desvió, tratando de cubrir su referencia a lo que ella y Natasha habían hecho a través de los años, una referencia que sabía que podía poner a Nate en el borde—. De todos modos, todos vamos a ir unos días y luego Fazire puede llevar a Tash al parque y quizás tú y yo podamos ir a París por un día o dos, solo los dos. Nunca he estado en Paris. 

Nate se quedó en silencio ante esta sugerencia de unas vacaciones en familia estereotipada con la inclusión de una escapada íntima de pareja.

 Lily también estaba en silencio.

 El silencio de Lily era expectante. 

Nate estaba sorprendido. 

Y contento. 

Ella finalmente rompió el silencio. 

—Bien, ¿qué te parece? 

—Voy a poner a Jennifer a arreglarlo —respondió Nate. 

—¡Yupi! —gritó tan fuerte que tuvo que alejar el teléfono de su oreja y no pudo evitar que una pequeña sonrisa se formara en sus labios al oír la alegría no disimulada.

 Nate también estaba relativamente seguro que sus dos empleados escucharon su alegría sobre todo porque se miraron el uno al otro con miradas de complicidad y sin duda vieron una sonrisa que hasta ahora no habían visto. 

—Me tengo que ir —dijo Nate, su sonrisa desapareció y envió una mirada fría a su personal que de inmediato borró cualquier especulación en sus caras.

 —Oh, bien. —Su voz sonaba decepcionada y ante eso, Nate sintió esa extraña y relajante sensación en su pecho—. ¿Cuándo vas a estar en casa esta noche?

—La hora de costumbre. 

—Oh, está bien —repitió ella y luego suspiró profundamente y si no se equivocaba, de manera significativa, entonces dijo—. Adiós. 

—Te veo luego. 

Esperó a que colgara, ella no lo hizo.

 —¿Lily? 

—Nate. 

—Cuelga —ordenó. 

—Cuelga tú —replicó ella.

 Sus ojos se levantaron a sus empleados y uno de ellos bajó su cabeza para mirar su regazo y el otro estaba mirando su cara a un lado y sus labios temblaban.

 —Lily, tengo a dos de mi personal en mi oficina conmigo. 

—¡Oh! —exclamó—. Si estabas ocupado ¿por qué tomaste mi llamada? 

—Me he perdido bastantes llamadas tuyas en el pasado, no voy a perder otra —respondió y el acero de su voz, mucho más familiar para ellos, causó que ambos empleados pusieran sus caras en blanco. 

El tono de Lily fue cálido y suave. 

—Nate.

 Lily diciendo su nombre en ese tono fue directamente a través de él. 

—Me tengo que ir —repitió, esta vez con reticencia que se leía en su voz. 

—Adiós —dijo ella, esa sola palabra dulce e íntima y Nate la sintió casi como si fuera un toque físico y algo en su pecho se aflojó un poco más. 

**************************************

Dos fines de semana después, un sábado en la tarde llegó lo más profundo de un mes lleno de sorpresas. Nate y Victor habían terminado de repasar algunos negocios en el nuevo estudio de Nate en la planta baja con jardín. Padre e hijo fueron en busca de los demás y los encontraron en la oficina de Lily en la planta superior.

 La casa estaba completa, los trabajadores y decoradores se habían ido, los muebles y electrodomésticos reemplazados y ahora era lo que Nate consideraba un adecuado hogar para Lily y Natasha, una casa en consecuencia y calidad para su familia. 

Un hogar que él había provisto para ellas. El tipo de casa que ellas se merecían, el tipo de hogar que trabajaría hasta la muerte para asegurarse que siempre tuvieran. La hipoteca ahora se había resuelto y Lily era dueña de la casa libre y limpia.

 Los muebles y accesorios eran todos de primera línea e incluso si algo le sucediera a él, no había que reemplazarlos por décadas. Lily había sellado con su estilo peculiar que era tanto refinado y poco convencional, colores apagados con negro; mobiliario clásico elegante hermanado con antigüedades de estilo cottage; las paredes y la mayoría de las superficies adornadas con fotos tomadas por Fazire y su madre enmarcadas de su familia y ella en su hogar en Indiana.

 Lily había decorado su oficina en blanco cáscara de huevo con muebles tapizados en verde hierba con lila y almohadas de amarillo sol acentuadas y contrastantes. La habitación usualmente ordenada estaba cubierta de revistas abiertas y catálogos con páginas despegadas y esparcidas por todo el lugar. También había muestras de telas rotas y deshilachadas dispersas por el suelo y varias superficies. Fazire estaba reclinado en su usual sillón y estaba, por alguna razón, parcialmente cubierto en una enorme pieza de tafetán del color de una berenjena. Maxine, llevaba un turbante del color casi parecido a la pieza de tafetán de Fazire pero no formaba parte de la sesión planificadora de la tarde, en cambio, como parte de su propia bizarra vestimenta, estaba sentada en el escritorio blanco y de patas delgadas de Lily, pasando foto tras foto en la laptop de Lily. Laura estaba reclinada en la silla larga de Lily, con un enorme libro abierto en su falda exponiendo las selecciones de tarjetas de invitación.

—Púrpura no —decretó Lily cuando Victor despejó la puerta y Nate se detuvo en ella, observando la escena. 

—¡Tiene que ser púrpura! —gritó Maxine en un tono que decía que ella absolutamente expiraría si lo–que–sea–que–estuvieran–discutiendo no era de color púrpura. 

—Estoy de acuerdo —anunció Fazire arrogantemente. 

—Púrpura no —repitió Lily. 

—¡Rosado! —gritó Tash por encima de la conversación. 

Lily estaba de rodillas en el suelo, su trasero descansando en sus pantorrillas que estaban dobladas debajo de ella. 

Cuatro revistas estaban abiertas en frente de ella y piezas de tela en todos los colores del arcoíris estaban dispuestas alrededor y entre las revistas. 

Tash estaba de pie detrás de Lily, su cuerpo presionado en contra de la espalda de su madre y sus brazos alrededor del cuello de Lily. Lily estaba sosteniendo los codos de Tash casualmente, manteniendo a su hija cerca. 

—Rosado no, muñequita —dijo Lily suavemente, luego inclinó su cabeza para besar un lugar justo encima de la muñeca de Natasha y a causa de esto Nate sintió calidez filtrarse a través de él, comenzando en su estómago y emanando hacia arriba. 

—Gris. Un gris paloma, delicado y suave —sugirió Laura—, nunca nadie usa gris. 

—¿De qué están hablando? —Victor se sentó al lado de Laura en la silla verde larga de Lily. 

—Sobre los colores de la boda —contestó Maxine—. Fazire y yo acordamos en púrpura. Es el único color que tiene más de un voto.

 —Púrpura no es muy Lily, Maxie —indicó Laura. 

—Gris paloma definitivamente no es Lily —declaró Fazire firmemente. 

Nate inclinado en contra del marco de la puerta y con los brazos cruzados sobre su pecho, observaba la escena con una vaga sensación de satisfacción.

Los ojos de Lily se levantaron hacia él, cayeron a donde estaba recostado en contra del marco de la puerta y de nuevo a su cara.

 En ese punto fue atrapado cuando una sonrisa secreta e íntima jugó en las comisuras de su boca antes de alejar su mirada. 

—Es la boda de Lily, ella debería escoger los colores —señaló Victor lógicamente. 

—Lily, ¿puedo hablar contigo en privado? —interrumpió Nate en la discusión, decidiendo calmar su curiosidad acerca de su sonrisa y la respuesta detrás la cual él tenía muchas ganas de saber, en vez de esperar por la determinación de cuáles serían los colores para su boda y cuya respuesta no le importaba en lo más mínimo. 

Todos se volvieron para mirarlo pero sin asomo de dudas, Lily besó el brazo de Natasha otra vez, gentilmente se desenlazó de su hija, se puso de pie y lo siguió fuera de la habitación, por el pasillo y dentro de su recién terminado dormitorio. 

Ella había decorado la habitación en colores de un rico azul, un fuerte bermellón y violeta profundo, de alguna manera consiguiendo hacerlo tanto cómodamente masculino como suavemente femenino, un lugar en su hogar que Lily fue capaz de hacer para los dos, para cuando estuviesen juntos o separados. Una vez que cerró la puerta detrás de él, ella deslizó sus brazos alrededor de su cintura e inclinó su peso en su torso, un hábito que había formado en las últimas semanas. 

Era algo que hacía muy seguido, de hecho, cada vez que estaba cerca de él.

 —¿Cuál es tu color favorito? —preguntó, su cabeza echada hacia atrás y esa extraña, conocedora sonrisa todavía visible en su rostro. 

Uno de sus brazos fue alrededor de ella, la otra mano ahuecó su mandíbula, su dedo pulgar corriendo a lo largo de su mejilla.

 Vio, que la nueva Lily, estaba de vuelta. 

Ella era una mezcla de su dulce Lily, la Lily que había salvado del carterista, la madura, pero ya no la Lily perdida o rota y algo totalmente diferente.

 Ella era alegre, juguetona, bromista, amorosa y relajada. También era alguien distinta, tenía algo fascinante y misterioso, como si tuviera un secreto, pero no uno malo, sino uno delicioso.

Había comenzado a pasar las noches en su oficina escribiendo, usando la laptop que Nate le había comprado o escribiendo largo y tendido en sus cuadernos. Natasha se sentaría con ella y vería la televisión en la nueva pantalla plana usando sus audífonos o Tash se sentaría en el estudio de Nate cuando él estaba ahí, mirando la televisión pantalla plana y usando sus audífonos.

 Fazire seguidamente se les uniría cuando estaban en la oficina de Lily, Fazire sentado en el sillón verde hierba de Lily, sus pies encima de la otomana, leyendo uno de sus libros (Fazire no se le uniría a Tash en el estudio de Nate, sin embargo). Lily también había comenzado el hábito de llamar a Nate regularmente a su oficina, no todos los días, pero varias veces a la semana.

 No tenía nada que decir y no quería saber mucho de nada. Preguntaría qué le gustaría para cenar (él nunca tenía una preferencia, comida era comida). Cuándo estaría en casa (estaba en casa a la misma hora cada noche, excepto cinco minutos más temprano cada vez). Qué estaba haciendo en ese momento en particular (siempre trabajando).

 Si quería comida China esa noche (otra vez, comida era comida). Si le gustaría Solomillo Wellington servido en la recepción de su boda (solo le importaba que Lily estuviese atada a él legalmente, no le importaba qué comieran después de eso). Estaba claro que a ella no le importaban realmente sus respuestas, de hecho, no las demandaba así como tan seguido él no las daba. 

Parecía, en cambio, como si simplemente quisiera hablar, como si quisiera una breve conexión con él durante el día y esta conexión no tenía ataduras. No había nada pesado en su conversación, no había respuestas equivocadas que podría dar, simplemente era su manera de establecer una conexión, cualquier conexión.

 Cada vez que ella llamaba, él despechaba a quien fuese que estuviera en su oficina con un brusco asentimiento de su cabeza, volteaba su silla para enfrentar la ventana, se sentaba hacia atrás y descansaba su tobillo sobre su rodilla. Luego la dejaba hablar tonterías, igual que dejaba hacer a su hija cuando llamaba. Cuando Lily llamaba, eso, también, fue conocido en la oficina como interrumpible. Bajo ninguna circunstancia. Y durante las últimas dos semanas después de que Tash estaba

dormida, hubo tres ocasiones cuando Lily le pidió a Nate que fuese al local con ella. Caminaban juntos por el camino marítimo hacia su local. Ahí, se sentaban afuera cerca del mar, Nate bebiendo vodka con hielo, Lily una copa de vino blanco. Con el tiempo, ella se inclinaría hacia él y descansaría su cabeza en su hombro, su brazo se deslizaría alrededor de ella y juntos verían el agua.

 No hacía preguntas curiosas, no demandaba detalles de su pasado. 

Frecuentemente, algo en sus pensamientos la haría suspirar pero él no le preguntaba sobre eso y ella nunca ofrecía ninguna explicación. 

Otras veces rompía el silencio y le hablaba acerca de su familia, de su padre, de su madre, de su abuela, de su vieja casa de piedra caliza. Estas historias podían ser dulces, podían ser graciosas, pero siempre estaban teñidas con su dolor. 

Luego de varias bebidas, ambos caminarían lentamente a casa, tomándose su tiempo y sosteniendo sus manos, y él llevaría a Lily a la cama e incluso le haría el amor más lentamente.

 Después de esas tres noches, Nate notó que había tenido las noches de sueño más apacibles que podía recordar y podía recordar cada noche de su vida. Una vez, cuando tenía mucho trabajo por hacer, necesitando hacer detalladas notas antes de una reunión el día próximo, se había quedado hasta tarde en su estudio pidiéndole a Lily, por primera vez desde que había estado en Somerset, que dejara que Tash le leyera a ella para que así pudiese terminar. 

En las primeras horas de la mañana, Lily bajaba y tocaba su puerta. Cuando le daba permiso de pasar, ella saltaba y se sentaba a un lado de su escritorio y comenzaba un interrogatorio dulce y extraño, haciéndole preguntas acerca de lo que estaba haciendo y de qué se trataba su trabajo.

 Él calmadamente, pero no muy informativo, respondía.

 Tenía trabajo por hacer, era tarde, quería terminar y acompañarla a la cama y él sabía que ella debía estar en la tienda temprano la mañana siguiente. 

Estaba tratando de ignorar la suave piel de su muslo que descansaba justo al lado de su antebrazo. Estaba tratando de ignorar que cuando se inclinaba hacia adelante apuntando a un gráfico en un documento y hacía preguntas, su escote se mostraba ante sus ojos. 

Trataba de ignorar cuando lo miraba tranquilamente, sus ojos cálidos, su pulgar entre sus dientes desnudos, su mente obviamente en alguna otra parte, en algún lugar mejor cuando veía sus labios formar breves palabras para contestar sus preguntas. 

Eventualmente, se reía, tiraba sus manos al aire y miraba por un momento al techo. Luego, saltaba fuera del escritorio, agarraba sus muñecas y las abría para así poder deslizarse en su regazo.

 Luego hacía unas cuantas preguntas finales que rápidamente terminaba con la interrogación nocturna. 

—¿Qué tiene que hacer una chica por aquí para seducir a su prometido? O sea, ¿cuán obvia debo ser? ¿Debería hacer un striptease? ¿Rodar sobre tu escritorio desnuda? Ella no terminó, no pudo, ya que su boca cortó en seco sus palabras. Y sí acabó desnuda sobre su escritorio pero no tuvo que rodar por encima de él. 

En su dormitorio, con la totalidad de ambas familias en la puerta conjunta, la mano de Nate vagó desde su mandíbula para meter su cabello detrás de su oreja.

 —¿Mi color favorito? —repitió. 

—Sí, tú elige nuestros colores de boda —demandó, su tono juguetón.

 —Lily, mi color favorito es el rojo —le dijo, sus ojos se agrandaron y estalló en carcajadas, su cuerpo presionándose más cerca al suyo. 

—¡La boda de Drácula! —gritó y Nate esperó que Laura no oyera, su corazón podría explotar—. ¡Me encanta eso! Usaré negro con una falda rojo sangre y llevaré rosas rojas y tú puedes usar un esmoquin con una de esas cruces en tu cuello. Seremos la comidilla del pueblo. Nate sonrío a su desvergonzada sugerencia mientras ella se acurrucaba más cerca.

 —Preferiría que no —respondió con sequedad. 

—Yo tampoco. —Su sexy y conocedora sonrisa se había ido y su sonrisa especial estaba de regreso—. ¿Sobre qué querías hablar conmigo? 

—Nada —respondió. Por alguna razón, su hilaridad y la pérdida de su sonrisa hicieron su curiosidad retroceder. Sus brazos se apretaron alrededor de él y lo besó en la parte inferior de la mandíbula. 

Luego ella dijo: 

—Vamos, Nate. ¿Tienes algo que preguntar? 

—No es importante. —Él dejó caer su otro brazo hacia su cintura, pero, para su sorpresa, ella dejó escapar un ruido exasperado, alejándose y luego, bruscamente, lo empujó hacia la cama con ambas manos en su pecho. 

Él no se movió. 

—¿Qué estás haciendo? —preguntó cuándo ella plantó un pie atrás y empezó a empujar con todo sobre su pecho, haciendo palanca con su peso en su empujón. Él aún no se movía. Ella ignoró su pregunta y murmuró para sí misma: 

—Olvídalo, no vas a ceder. —Y luego dejó de empujarlo y empezó a desabotonar su camisa. Ante su extraño e inexplicable comportamiento, su voz estaba inquieta y le agarró ambas muñecas. 

—Lily, ¿qué, en el sangriento infierno, estás haciendo? Su cabeza se acercó y ella se inclinó hacia él, ignorando su tono y permitiéndole sostener sus muñecas, pero ahora presionando su pecho tentadoramente contra el suyo.

 —Te estoy haciendo hablar —le explicó con una sonrisa vivaz. 

—¿Perdona? Sin advertencia, su cabeza se dobló a la mitad de su pecho donde se las había arreglado para tener su camisa desabotonada.

 Él sintió su lengua en su piel y fuego barrió a través de él. Él la tiró ligeramente para atrás por sus muñecas.

—Entonces mejor hablas pronto antes de que te viole. —Ella se inclinó otra vez y pasó sus labios a lo largo de la parte inferior de su mandíbula y él sintió la reacción inmediata de su cuerpo incluso cuando él contuvo una sonrisa.

 —¿Violarme? —dijo, diversión en su voz. Sus manos aflojaron sus muñecas y ella las puso en buen uso, sacando su camisa de sus jeans. 

—¿Piensas que no puedo hacer eso? —Su cabeza se acercó con desafío y la media noche casi se había apoderado del color azul pálido de sus ojos. Él deslizó su mano por su pelo hasta el lado izquierdo de su cabeza y suavemente lo empuñó en la parte trasera para sostener su cara inclinada hacia la suya. 

Su cabeza descendió y gentilmente, sobre sus labios dijo:

—Oh sí, cariño. Pienso que tú puedes hacer eso. Él sintió, más que ver, su sonrisa y ese sentimiento rodó sigilosamente a través de él. 

—Dime por qué querías hablar conmigo —engatusó, sus manos subiendo ligeramente a la piel de su espalda. Él no era resistente a su estado de ánimo juguetón y cedió.

 —Dime porqué estabas sonriendo. Sus ojos estaban a menos de tres centímetros de los de ella y los vio tornarse confusos cuando su ceño se frunció. —Estaba sonriendo porque admitiste simplemente que yo podía violarte… —empezó ella.

 Él sacudió su cabeza y la besó suavemente, luego dejó sus labios deslizarse por su majilla hasta su oído. 

—Antes, en tu oficina, cuando me viste en la puerta. Ella se movió hacia atrás y lo miró, y eso era, esa sabionda mirada en sus ojos, la sonrisa tocando sus labios. 

—¿Esa? —preguntó. Asintió. 

—Esa. La sonrisa se profundizó, y si eso fuera posible, sus ojos se calentaron más. Entonces ella lo explicó.

 —¿Recuerdas cuando nos conocimos por primera vez, después de que Victor me trajo de vuelta a su casa y yo estaba bajando las escaleras cuando la policía estaba allí? Por supuesto que lo recordaba. Lo recordaba como si hubiese pasado hace tan solo una hora. 

—Sí. —Bueno, tú estabas apoyado en la pared como un héroe en una novela de romance entonces y estabas haciendo eso que estás haciendo justo ahora. Y recordé cuando hiciste eso entonces y lo mucho… lo… —Se detuvo por alguna razón y empezó otra vez—, lo mucho que quería que me notaras cuando te vi apoyado en la pared como un héroe romántico. Y, bueno, luego tú lo hiciste, eh… notarme me refiero. Su observación lo sacó del estado de ánimo juguetón, sus palabras sacudiéndolo y se quedó quieto. 

—¿Perdona? —preguntó. Ella le sonrió, sus ojos seductores y danzantes.

 —Eres igual que el héroe en una novela de romance. Debería saberlo, he leído cientos de ellas. Maxie también tiene, puedes preguntarle. 

Te lo prometo, estará de acuerdo conmigo. 

Antes de que él pudiese responder, ella se apartó, levantó sus manos entre ellos y empezó a contar cosas, cosas acerca de él, cosas hicieron que su estómago se apretase, su pecho doler y que su garganta se apretara. Al mismo tiempo él sintió todo esto, a la inversa, también sintió como si fuese a estallar en risas.

—Primero, eres inconcebiblemente, imposiblemente apuesto —empezó ella—, y te inclinas muy bien. 

—¿Me inclino bien? —preguntó incrédulamente. 

Asintió vigorosamente. 

—Muy bien —le aseguró ella como si inclinarse bien fuera un rasgo similar a la honestidad, integridad, diplomacia y generosidad, todo en uno—. Y eres alto y oscuro y tienes las caderas estrechas… 

—¿Estrechas qué? —interrumpió Nate, pero Lily lo ignoró.

 —Y eres muy listo, mucho más que listo, eres brillante. Y trabajas duro. Eres viril e intenso… 

—Lily… 

—Y rudo… Él no pudo evitarlo, empezó a reír. ¿Rudo? 

—Lily… —trató de interrumpirla de nuevo pero ella había dejado de marcar su lista hilarante y puso sus manos a los lados de su cara y lo que dijo después hizo a toda la diversión huir.

—Eres todo lo que nunca busqué. Eres exactamente lo que deseé cuando tenía catorce años. Exactamente. Le puedes preguntar a Fazire, le dije lo que quería y luego, años después, allí estabas tú. Y eras perfecto. Lo supe en el momento en que puse mis ojos en ti. Supe quién eras y supe que te quería y que eras mío.

 Nate se endureció, su cuerpo inmóvil, y sacudió su cabeza, alejándose de ella, poniendo distancia entre ellos y sintió sus defensas subir.

 Él no las puso, ellas fueron automáticamente.

 Suavemente, como una advertencia, le dijo: 

—No tienes idea de quién soy.

 Ella no le permitió apartarse.

 Cerró la distancia y envolvió sus brazos alrededor de su cintura, aferrándose fuertemente. 

—Sé exactamente quién eres.

Sacudió su cabeza otra vez, una vez, una negativa definitiva, pero ella se mantuvo hablando, esta vez su voz fue fuerte y no había un tono acerado en sus palabras. 

—Eres Nathaniel McAllister, eres mi amante, el padre de mi hija, cuidas de tu familia, nunca nos dejarás de nuevo y nunca me dejarás ir otra vez. —Ella se aplastó contra él y levantó sus labios contra los suyos—. Nate, eres mío, me perteneces y yo te pertenezco. 

Él sintió sus palabras cortar a través de él. Si ella supiese de él, sus palabras no serían tan apasionadas, tan determinadas.

 Él levantó sus manos a cada lado de su cara.

 —Estás en lo correcto, Lily, nunca te dejaré ir, pero no tienes idea de quién soy. 

Ella lo besó silenciosamente y luego dijo suavemente: 

—Puedes tener tus secretos, no me importan. Me los puedes decir o los puedes guardar. Pero Nate, sé quién eres. Puedo sólo haber aprendido tu color favorito pero te conozco, nunca me lastimarías otra vez. Y no lo habrías hecho antes si hubieras pensado que estaba dentro de tu poder. — Su mirada, que había sido profunda, se aligeró y ella terminó—. Por cierto, Jeff no se inclina. Él camina con los hombros caídos.

 Ante su rápido cambio de tema, su tono moviéndose de apasionado a juguetonamente informativo, extraordinariamente, Nate perdió la pista de la conversación. 

—¿Perdón? 

Con una sonrisa cruel ella dijo: 

—Jeff, tu hermano, no se inclina como un sexy héroe romántico, como tú lo haces. Él deja caer los hombros, como un enojado niño de secundaria. 

Con esto, Nate finalmente se permitió ceder a la risa, dejando el resto de eso ir, enterrándolo profundamente así después de que ella sepa, después que ella se alejara, podría sacarlo y saborearlo. 

Dándole un manotazo, él echó la cabeza atrás y rugió de risa, sosteniéndola cerca  Nate, ni Lily, tenían idea que los habitantes de la siguiente contigua estaban en silencio y escuchándolo reír. 

Dos de ellos sonriendo. 

Uno escondiendo su risa. 

La última frunció el ceño.

 En su cuarto, la boca de Lily estaba en el cuello de Nate, cuando paró de reír, ella dijo tranquilamente sobre su piel:

 —Algo más que deberías saber, yo nunca te dejaré ir. 

Y Nate sintió sus palabras eran menos palabras y más un voto y sus brazos se apretaron a su alrededor.

******************************

Ahora estaba camino a casa, a su más reciente sorpresa, otro día que lo traería más cerca del final, otro día que tenía que disfrutar mientras esperaba que su buena suerte se agotara.


Última edición por julietmo el Mar 28 Feb - 19:47, editado 1 vez


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por wordsofthisgirl el Mar 28 Feb - 13:20

Ok, ya me puse al dia.
Analizando los capítulos, Obviamente NAte es un hombre muy cerrado en si mismo, todavía tiene heridas que sanar, tiene sentimientos de rechazo y problemas de abandono; y es tanto asi que Lily se alegro solamente cuando le dijo como le gustaba comer los huevos; ¿A donde llevara eso? No lo se. solo espero que pronto le diga como realmente se siente y le cuente sobre su pasado y lo deje ir.

Mala suerte


   
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por chio.2099 el Mar 28 Feb - 15:09

Entiendo que al pobre de Nate sera dificil abrirse y mas siendo un hombre muy muy cerrado pero tiene que hablar con Lily si no ella va a estallar literalmente.  Y el correr a casa y hacer la finta de irse es el principio, aun que es un corazon andando Lily por que solo es cuestion de que le cierre los ojitos nate y ella se derrita.   Como es posible que casi haga una fiesta por saber que le gustan los huevos hervidos !????
Laura y victor entiendo su poscicion de no decir ni pio pero deverian ver e, sufrir de lily o al menos alentar a nate oara hablar.
Y fazire .... me encanta su mal genio h su trabesura de esconder su cel y llaves jajaja
Que gran cambio en casa, de vivir bueno medio vivir por 7 años y de repente ..... todo nuevo y lujoso. 
Me parecio estremo que se enojara por meter el dinero que le dio nate para nash pero bueno asi es el y au  que no es  mi protagonista favorita asi aun lo quiero
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Mar 28 Feb - 21:50

Definitivamente Lily tiene muuuuucha paciencia, es una santa de la paciencia que le tiene 


Está bien que Nate sea su deseo vuelto realidad, pero esto ya es mucho!! Si tuvo que insistirle para saber cómo le gustaban los huevos, por Dios!!


Una cosa es que se resigne y decida amarlo a pesar de todo, y otra es que Nate solo sepa comprarle cosas porque no se anima o no sabe demostrar su amor de otra manera!! Me exaspera!! 



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por mariateresa el Miér 1 Mar - 12:42

LILY POR FAVOOOOOOOORRRR PRESIONALO MAS A EL Y A SUS PADRES SI NO VA HACER MUY DIFÍCIL LA CONVIVENCIA SI NI SIQUIERAS SABES SUS GUSTO QUE ES LO MAS BÁSICO EN UNA RELACIÓN.


EL ENOJO DE FRAZIER SE ENTIENDE EL FUE QUIEN AYUDO A LILY DURANTE LOS AÑOS QUE NATE NO ESTUVO COMPRENDO SU ENOJO Y ME GUSTA LA FORMA EN QUE LO EXPRESA 


GRACIAS POR EL CAPI....@JULIETMO


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Miér 1 Mar - 12:55

ahhh odio la terquedad de Nate, entiendo sus inicios, su vida delictiva, pero Lily se enamoro de el, y le ha dicho de una forma clara lo que ama de el y el miedo de el no lo deja ser feliz. 

Realmente Lily tiene la paciencia de Job!!! ella no le pide la luna






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Miér 1 Mar - 18:04

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Lily, Fazire y Nate 




¡Papáááá! —gritó Tash, y la oyeron pasando a través de la casa para llegar a la puerta principal. 

Lily estaba en la cocina ayudando a Fazire a preparar la cena. Ante el grito de su hija, supo que Nate estaba en casa. Lo supo porque Tash había convertido en un ritual nocturno la llegada de Nate a casa, sin embargo esta noche había un poco más de emoción detrás de la loca carrera.

 Los ojos de Lily volaron hacia Victor que estaba sentado en la mesa de la cocina concentrado en unos papeles. Era jueves, Víctor y Laura no debían visitarlos hasta el sábado pero Lily había reclutado a Víctor en su última estrategia para conseguir que Nate confiara en ella, en su familia, en la felicidad.

 Ella no le estaba mintiendo cuando le dijo que no quería saber sus secretos. No quería saberlos, no le importaba de lo que se trataran.

 Lo que sea que fueran no le importaría en lo más mínimo. Sólo quería que él creyera, creyera en ella, creyera en su familia y creyera en sí mismo. Sabía que no lo hacía.

 Fue sorprendida por ese conocimiento pero sabía que todo era lo mismo. Se contenía, lo retenía de ella, lo mantenía apartado y ella quería, no, se había convertido en una necesidad, ella lo necesitaba. 

Lo necesitaba por Tash y lo necesitaba por sí misma. No estaba haciendo muchos progresos, no importaba lo mucho que lo intentaba —y había estado tratando con mucha fuerza— de modo que había decidido sacar la artillería pesada y reclutar a Laura y Víctor.

 Era una medida desesperada, pero no le importaba eso. No era lo demasiado orgullosa como para admitir que estaba desesperada.

 Era de su familia de lo que estaba preocupada, Lily haría cualquier cosa. 

Atrapando su mirada, Víctor sonrió. Lily agarró un paño de cocina y se secó las manos rápidamente, lanzando una nerviosa sonrisa hacia Víctor, y luego una hacia Fazire. Fazire la estaba observando de cerca. Él, Lily notó por el último par de semanas, lo estaba observando todo de cerca, más cerca de lo normal, especialmente a Nate. Lily no tenía tiempo para preocuparse de Fazire. Salió corriendo de la cocina y por el pasillo, sintiéndose nerviosa. Por qué, no lo sabía.

 Ella quería que esto fuera perfecto, que fuera significativo, que hiciera un hueco en esa armadura alrededor del corazón de Nate, para ver sólo una gota derretirse del hielo que lo encerraba. Laura entró corriendo por el pasillo de la sala de estar, con los ojos muy abiertos y emocionados. Cuando ella vio a Lily, le dio una risita. Al mismo tiempo, las manos de las dos mujeres buscaron las de la otra y las entrelazaron con fuerza saliendo por la puerta principal. Tash estaba bailando alrededor de Nate y de la nueva y brillante moto Ducati de color rojo que estaba parada en la acera, y un brillante lazo rojo aún más grande adornándola. Víctor había escogido la moto porque Lily no sabía nada de Ducatis. Nate tenía una, por supuesto, en Londres, pero no tenía una en Somerset.

 Víctor había asegurado que esta moto era la mejor, la más cara, la primera de la lista y ciertamente lo parecía —y lo costaba. Víctor lo había arreglado para que fuera entregada y Lily la había pagado de sus siete millones de libras.

 Era la primera vez que tocaba el dinero. Víctor también había decidido que él y Laura tenían que venir para ver la presentación, seguro que sería sobrecogedor.

 Fue verdaderamente sobrecogedor. Nate estaba mirando la motocicleta. 

Tash estaba gritando. 

—¡Mamá la ha comprado para ti! ¿No es bonita? Dijo que me llevarías a montar. ¡Ha obtenido cascos y todo! ¡Uno para ti, uno para ella, uno para Fazire e incluso uno pequeño, para mí!

Los ojos de Nate pasaron de la moto hacia Lily, que se había parado enfrente de la puerta principal y Laura que se había detenido a su lado.

 Lily sintió a Fazire y Víctor moverse detrás de ellas. Ella sonrió hacia Nate. 

Nate frunció su ceño. 

—¿Te gusta? ¿Te gusta? ¿Te gusta? —cantaba Tash, aun bailando alrededor de la moto. Nate seguía mirando a Lily, aparentemente congelado en el lugar. 

Lily estaba confundida ante su mirada y su sonrisa vaciló. 

—Me gustaría hablar contigo en privado —anunció Nate, su voz sonando controlada, formal.

Él se movió y se dirigió hacia ella.

—Nate… —comenzó Lily pero él ya estaba ahí, agarrando su mano y tirando de ella hacia la casa, pasando a Víctor y Fazire, yendo tan lejos como para empujar a su padre fuera del camino. 

—¡Le gusta! Papá siempre habla con mamá en privado cuando está feliz —gritó Tash.

Lily se sintió aliviada porque lo que Natasha había dicho era cierto. Nate había protegido cuidadosamente a Tash de cualquiera de sus muestras más amorosas del afecto. 

Él era abiertamente cariñoso con Lily delante de todos, sosteniendo su mano, tocándola, rozando sus labios contra los suyos.

 Pero si quería algo más profundo y significativo, lo hacía a puerta cerrada. Nate arrastró a Lily por las escaleras, por todo el camino hasta su dormitorio.

 Él la empujó dentro y luego cerró de golpe la puerta, golpeándola con tanta fuerza, que pareció que sacudía la casa.

 Lily se detuvo a varios pasos de él, inclinando la cabeza para mirarlo y sonrió, lamentablemente malinterpretando la intensidad detrás de sus acciones.

 —Supongo que te gusta la motocicleta —dijo a través de su sonrisa. Nate la miró, sus ojos sin verse felices.

 De hecho, parecía enojado. 

Muy enojado.

Su sonrisa vaciló. 

—¿Quién pagó por esa motocicleta? —preguntó Nate, su voz peligrosamente en calma.

 Ella parpadeó, de nuevo confundida y la sonrisa se derritió de su rostro. 

—Yo. Es un regalo de mi parte —respondió ella. 

—Ya tengo una motocicleta. 

Lily sintió que se le encogía el corazón.

 —Lo sé, pero no está aquí y pensé… 

Él la interrumpió. 

—¿Qué dinero usaste para pagar esa motocicleta? Su cuerpo se sacudió y se dio cuenta, demasiado tarde, dónde se había equivocado. De repente el gesto parecía tonto, de hecho, era una tontería. 

Había pagado por su propio regalo. 

—He utilizado el dinero que me diste —respondió en voz baja. 

Ella sintió que las lágrimas empezaban a picarle los ojos. Esto no iba nada bien. 

—Lily, te dije, que este dinero es para ti. —Una vez más, su tono de voz era tranquilo, incluso, bajo y aún peligroso y ella se dio cuenta de que él estaba enfadado. 

—Sí, lo sé —continuó ella—. Es mío, por eso es que compré un regalo con ello, eh, para ti. Él mantuvo su cuerpo quieto y lejos entre ellos. 

Ella podía decir que le tomó un esfuerzo, podía decir que él quería acercarse a ella y, por alguna razón, sacudirla para darle algo de sensatez y de repente sintió miedo.

 —No uses ese puto dinero en mí. No necesito una maltita motocicleta. Pensé que expliqué esto, pero voy a explicarlo de nuevo —continuó, con paciencia, lo que parecía ser paciencia extrema—. Ese dinero es tuyo. Lo usas para ti. 

—Nate… —empezó ella, sólo para ser interrumpida de nuevo y estaba claro que su paciencia se había ido rápidamente. 

—¡Tengo todo lo que necesito aquí en esta jodida, maldita casa!

 A pesar de que las palabras de Nate eran bonitas —de alguna forma— , Lily se estremeció por dos razones.

 La primera, él había perdido su temperamento y su voz se había elevado, de hecho, él estaba gritando y nunca lo había visto tan enfadado.

 Estaba, simplemente, enfurecido. 

La segunda, él estaba maldiciendo descaradamente.

 No evitaba el uso de una mala palabra pero tampoco las usaba muy a menudo. Y desde luego no en voz alta para que pudieran ser escuchadas por su hija, por quien él hacía grandes esfuerzos para protegerla de cualquier cosa que sentía que podría ser inadecuado.

 Sorprendentemente, considerando que Nate no hablaba mucho, no había terminado y cada vez se volvía más ruidoso. 

—Y no lo uses en Natasha. Yo me encargaré de nuestra hija.

 —Nate… —trató de nuevo, con lo que esperaba que fuera una voz suave, pero él la interrumpió de nuevo y habló aún más fuerte.

 —Y no lo uses en Fazire. Está claro que te hiciste cargo de Fazire y de cualquier cosa de la que te solías encargar, ahora, me ocupo de eso. ¿Lo has entendido? 

Lily estaba perdiendo su miedo y empezaba a enojarse. Por lo tanto, no respondió porque estaba tratando de controlar su propio temperamento.

 Él dio un paso gigante hacia adelante, lo que quería decir, cuando se detuvo, que estaba a unos tres centímetros de ella, y bajó su cara a la de ella. 

Obstinadamente y con rabia, ella se mantuvo firme.

 —¿Ha quedado jodidamente claro? —rugió Nate y ella había tenido suficiente. Estaba tratando de hacer algo bueno. Estaba tratando de derretir su corazón. Sólo estaba tratando de hacerlo feliz. 

—¡No me grites! —gritó.

—¡Dime que me has entendido! —gritó. 

—¡No puedo usar siete millones de libras en mí! —volvió a gritar Lily igual de fuerte, con la cabeza inclinada hacia atrás, las manos apretadas en puños en sus costados y en su cara—. ¡Tú lo pagas todo! ¡Los alimentos! ¡Mi auto nuevo! ¡Me compraste una chaqueta de cachemir que ni siquiera necesito hace apenas una semana! ¡Incluso pagaste la hipoteca! ¿Qué voy a hacer con siete millones de libras? 

—Ve de compras. Ve a un spa. Vuela hasta la maldita París, mira las colecciones y compra cada prenda de ropa de Chanel. Hazte la manicura cada día. No importa, ¡sólo úsalo… en ti! —gritó Nate. Sus ojos se estrecharon en él. 

—Ve… ve… ¿quieres que me vaya de compras con siete millones de libras? —farfulló (aun fuertemente)—. ¿Hacerme una manicura de siete millones de libras? —gritó sin sentido. Él dio un paso atrás, con los ojos todavía brillando con ira, pero ella podía decir que estaba tratando de controlarse a sí mismo. 

—No me importa una mierda, simplemente no lo gastes en nadie más que en ti —exigió, también en voz alta, y luego comenzó a alejarse, hacia la puerta, como si hubieran terminado de hablar, o más concretamente, gritar, lo que ellos no habían hecho.

 Entonces se giró—. Voy a transferir el dinero de la moto a tu cuenta. 

—¡No te atrevas! —gritó, pero lo hizo a su espalda, él ya había abierto la puerta y desaparecido.

 Se quedó mirando al espacio donde su espalda había estado, y se dio cuenta de que estaba respirando pesadamente, su corazón latía con fuerza y nunca había estado tan enojada en toda su vida.

 Lily respiró hondo y luego una segunda vez, entonces oyó otro portazo en algún lugar lejano, pero todavía sacudió la casa. El estudio de Nate. 

Ante el sonido, dejó de tratar de calmarse y pisoteó fuera de su habitación. 

Entonces pisoteó por las escaleras. 

Y después el segundo tramo de escaleras, pasó por el lado de Víctor, Laura, Fazire y Tash e incluso a la señora Gunderson, quien estaba sentada al lado de Tash moviendo la cola. 

Todos estaban de pie en el pasillo, sus ojos, al unísono, viendo su progreso mientras rodeaba el descansillo de la planta baja y pisoteaba hasta el nivel del jardín. 

Luego caminó hasta la puerta cerrada del estudio de Nate y sin llamar la abrió, entrando dando pisotones y luego cerrando de golpe. Él estaba de pie detrás de su escritorio, papeles en sus manos, por alguna razón, la caja de plástico de colores que guardaba sus archivos domésticos estaba abierta y en la parte superior de su escritorio.

 Hizo caso omiso a la caja e ignoró la mirada ardiente que se dirigía a ella. 

—No hemos terminado —anunció. 

—Hemos terminado —respondió Nate.

 —¡No lo hemos hecho! —chilló Lily. 

Con calma, él volvió a mirar a los papeles de sus manos, despidiéndola. 

Ante esto, Lily echó la cabeza hacia atrás y gritó a viva voz. Cuando terminó, alzó la barbilla de nuevo y lo miró. Sin duda la estaba mirando con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido. 

—¡Bien! —espetó—. Tengo tu atención. Luego avanzó hacia él, rodeando el escritorio. Él se giró hacia ella y ella se detuvo a un pie de distancia y levantó su dedo. 

—Son mis siete millones de libras. ¡Me las diste a mí! —gritó y con cada palabra subrayada verbalmente, ella le dio un golpe en el pecho—. Si quiero comprarte una moto con eso, malditamente voy a comprarte una motocicleta. Si quiero comprarte un preciado pedigrí King Charles Spaniel que cueste la luna, te lo compraré. Si quiero encargarles a unas monjas ciegas de un convento de las profundidades de las montañas de los Pirineos las más finas camisas a medida hechas de seda de cierta especie en extinción de gusanos de seda, ¡lo haré! Ahora, ¿lo has entendido?

 Después que dejara de gritar, Lily vio emociones en conflicto en su cara y no podía trabajar sobre cualquiera de ellas, pero pensó que vio diversión, así como ira allí, y algo más, algo que definitivamente no podía leer. 

—Si me pasa algo, quiero que estés protegida. No quiero que gastes ese dinero en mí —le dijo, con voz mucho más suave, pero sus ojos oscuros eran intensos. 

—Nada va a pasarte —espetó, sin sentirse un poco menos intensa ni su voz siendo ni un ápice más suave.

 Finalmente, él la tocó. Dejó caer los papeles que tenía en sus manos sobre la mesa y las puso a ambos lados de su cuello, uno de sus pulgares se movió para acariciarle su mejilla. Cuando volvió a hablar, su voz fue suave. 

—Si llega un momento en tu vida cuando ya no esté en ella, quiero saber que no te faltará de nada. 

—¡Eso no va a pasar! —chilló, ahora con sus sentimientos más furiosos e incluso más intensos sabiendo que no había hecho la más mínima mella en su armadura, ni siquiera un rasguño. Además, estaba empezando a asustarla. ¿Por qué habría un momento en el que él no estaría en su vida? 

—Nate, no te voy a dejar ir —declaró Lily, frunciendo el ceño hacia él para ocultar su miedo—. Lo que sea que está pasando en esa cabeza tuya, olvídalo. No voy a dejar que te vayas. No me vas a dejar ir. No importa qué. 

—Lily… 

—¡No! ¡No importa qué! —espetó ella—. Ahora hemos terminado de hablar. 

Apartó sus manos de su cuello y salió dado pisotones hacia la puerta, sintiéndose relativamente satisfecha consigo misma, sintiendo que había marcado un punto. 

—Lily —la llamó y ella se detuvo, con la mano en la puerta y dándose la vuelta para mirarlo, sin querer perder terreno. Aunque ella no había hecho ni un rasguño en su armadura, tendría que ser una idiota para no entender lo que acababa de decir y Nate no era idiota. 

—¿Qué? —dijo.

Él la miró un segundo y se dio cuenta que cualquier emoción que lo había sobrepasado se había ido. Sabía esto porque sus labios temblaban. 

—Después de… esto —comenzó, su voz ya no estaba enojada, no había intensidad y no había gentileza tampoco, él estaba definitivamente divertido—. No me atrevo a hablar de dinero de nuevo, pero tienes una cuenta bancaria separada con una buena cantidad en ella. —Señaló el papel sobre la mesa que había estado estudiando cuando ella llegó.

 Ella pisoteó de vuelta alrededor de la mesa hasta su lado, cogió el estado de la cuenta bancaria y lo miró. Era el fondo para la escuela de Tash.

 —Está claro que podrías haber usado este dinero, me pregunto por qué… —comenzó. 

—Nunca toco eso. Ese es el dinero para la escuela de Tash — respondió Lily a su pregunta no formulada, lanzando el estado de la cuenta sobre su escritorio. Él la miró, con los ojos en blanco. 

—¿Perdona? Se volvió hacia él y puso una mano en su cadera. 

—El dinero de la escuela de Tash. Tash es una niña superdotada. No sólo se trata de mí pensando como una madre cariñosa, también lo hacían sus maestros. Me dijeron que ella se beneficiaría de una escuela especial. Estas escuelas cuestan dinero, un montón de dinero. He estado ahorrando…

 Algo cambió en la habitación y algo emanaba de Nate y el poder de eso hizo que Lily dejara de hablar

. Era algo que ella no entendía pero Nate ya no parecía divertido, tampoco parecía sin expresión. Sus ojos ardían de una manera tan intensa que sintió como si quemaran su piel.

 —¿Ahorraste dinero para que Natasha pudiera ir a una escuela de niños superdotados? —preguntó.

 Lily sintió un escalofrío atravesándole la piel ante el tono de su voz. Una vez más, no podía precisarlo, no sabía qué era pero eso significaba algo para él, algo profundo.

—Por supuesto —dijo Lily en voz baja, sabiendo, por su experiencia con las familias, por su experiencia con las personas, una experiencia que no sabía que era muy diferente a la suya, que cualquier madre haría lo mismo. 

Esas dos palabras fueron dichas con el tipo de seguridad de cuando alguien que declara que el cielo es azul y que la tierra es redonda

—  ¿Puedo gastar mis siete millones en eso? —se aventuró con cuidado. 

Tash podría ir a la mejor escuela del mundo con siete millones de libras. Nate no le respondió. En otro brusco cambio de humor, él la tomó en sus brazos y la abrazó con tanta fuerza que no podía respirar.

 Enterró su cara en el pelo de su cuello y por un largo momento no habló y no la soltó. 

—Nate —susurró Lily—, no puedo respirar. Ante sus palabras, sus brazos se aflojaron, pero todavía no la dejaron ir. 

Finalmente, después de minutos enteros pasados, él levantó la cabeza y miró sus ojos y lo que vio la hizo incapaz de respirar de nuevo. Era cruda, dolorosa y el peso de ello cayó sobre ella como una avalancha. 

—No —dijo él suavemente—. Pagaré por la escuela de Tash. Ella asintió de inmediato, sin querer hacer nada para profundizar ese dolor en sus ojos.

 —Ya he notado que es avanzada para su edad —prosiguió. 

—Significativamente avanzada —dijo Lily. Él sonrió, esa horrible mirada afortunadamente desvaneciéndose de su rostro, se animó y él inclinó su cabeza para besarla suavemente.

 —Significativamente avanzada —estuvo de acuerdo contra su boca. 

—Como su padre —continuó Lily, mirando de cerca los ojos de él. 

—Como su madre —defendió Nate. Ella sacudió la cabeza y puso la mano en su mejilla. 

—¿Qué voy a hacer contigo? —susurró. 

—Ayúdame a seleccionar una escuela para nuestra hija —respondió él sin dudarlo—. Ya he hecho una lista.

 Los ojos de ella rodaron ante el anuncio entonces sonrió y se inclinó hacia él, bajó la mano de su mejilla y envolvió ambos brazos alrededor de su cintura. 

—Está bien —respondió ella. Lily presionó la mejilla contra su pecho y lo sintió apoyar la suya en su coronilla. 

Y, Lily se dio cuenta, con alegría comenzando a brotar en su corazón, que había hecho algo hace eras, algo que era para Tash, algo que ni abrazos, ni llamadas por la tarde a su oficina, ni motos caras podían hacer. 

Lo que ella había hecho por su hija, la hija de él, rasgó un enorme, enorme agujero en su armadura. Cerró los ojos con fuerza y sintió esperanza. 

—¿Lily? —llamó contra su pelo. 

—¿Sí? —susurró ella, sus ojos abriéndose. 

—Por favor, no me compres un King Charles Spaniel. No soy aficionado a los perros pequeños. Ella cerró los ojos de nuevo, esta vez con una carcajada.

****************************

La moto rugió en la parte delantera de la casa, el alto y delgado cuerpo de Nathaniel en la parte delantera, el pequeño y delgado cuerpo de Tash, sosteniéndose firmemente a él en la parte posterior. 

A Fazire no le gustaban las motos. No le había gustado la de Will y no le gustaba la de Nathaniel. Lo que estaba en la cabeza de Lily cuando compró esa moto, Fazire no lo sabía.

 Para Fazire, las motos eran una muerte segura sobre dos ruedas. Después de que su padre detuviera la moto, la apagara y empujara hacia abajo el soporte, Tash saltó de la parte trasera y se quitó su casco como si hubiera estado haciendo exactamente lo mismo todos los días desde el día en que nació.

 Fazire, Laura, Victor y Lily estaban de pie en la parte delantera de la casa viendo la pareja de padre e hija. Lily se adelantó mientras Tash corría hacia ella.

 —¿Te gustó, muñeca? —preguntó Lily cuando llegó junto a su hija. 

—Me encantó. ¡Me encantó, me encantó, me encantó! —gritó Tash, lanzando sus brazos alrededor de Lily y saltando arriba y abajo, sacudiendo a Lily con su entusiasmo. 

Entonces dejó de saltar y se echó hacia atrás, con los brazos aún alrededor de la cintura de Lily—. Traté de hacerle ir más rápido, pero papi no lo hizo, sin importar cuánto le rogué y supliqué —terminó dramáticamente.

 —Gracias a Dios por eso —murmuró Laura, con sentimiento, en voz baja. Los ojos de Fazire volvieron a Laura y compartieron su primera mirada de completo acuerdo. 

—Tu turno —escuchó Fazire la voz profunda de Nathaniel decir y sus ojos se movieron de nuevo al hombre alto y vio que Nathaniel estaba mirando a Lily. 

—¡Oh, no! —dijo Lily, retrocediendo un paso, luego dos—. Soy demasiado vieja para las motos. 

—¡Oh mami, debes ir! ¡Debes! —gritó Tash, rodeando a su madre y poniendo las dos manos detrás de Lily y empujando hacia adelante mientras Lily todavía se retiraba, Nathaniel avanzando hacia ella. 

—Nate… —dijo Lily en advertencia y Fazire entendió por qué. El rostro de Nathaniel tenía una mirada decidida y estaba sonriendo. 

Fazire suspiró. Lily iba a ser la siguiente en la moto. 

Fazire oyó un chillido, seguido rápidamente por otro cuando Nathaniel llegó a Lily y la levantó, girándola y con pasos largos y rápidos la llevó hacia la moto. 

El primer chillido fue de Lily, el segundo grito fue de Tash y la niña estaba saltando arriba y abajo otra vez, aplaudiendo.

 —¡Vamos, papi, vamos! —animó

—¡No olvides su casco! —gritó Laura, volviéndose para apresurarse a la casa. 

—En su primera cita, la llevó en su moto —dijo Victor a su lado y los ojos de Fazire se movieron al hombre a su lado. 

Victor sonaba como si estuviera hablando consigo mismo y Fazire se dio cuenta de que esto era cierto cuando vio la mirada perdida en el rostro de Victor—. Nunca la trajo de vuelta y sabía que no lo haría. Esa noche, después de que él me llamara para decirme que ella no iba a venir a casa, nunca habría pensado que iba a terminar tan pronto. —De repente, Víctor dejó de hablar.

 Si esto se debía al dolor del recuerdo o algo más, Fazire no sabía, pero algo brilló en el rostro del otro hombre mientras miraba sus ojos y los de Fazire oscilaron de vuelta a Nathaniel y Lily. 

—Oh mi… —susurró Laura, ahora de vuelta y sosteniendo el casco de Lily. 

Nathaniel estaba subiendo la cremallera de la chaqueta de cuero que llevaba Lily y por alguna razón, Fazire vio que esto trajo lágrimas a los ojos de Lily.

 Después de que Nathaniel terminó con la cremallera, Lily echó los brazos alrededor de su cuello y lo besó. No un beso suave y recatado, sino un beso del tipo que la pequeña Tash no debería ver. 

Sorprendentemente, porque Fazire sabía que Nathaniel era muy cuidadoso con estos asuntos sensibles y privados, los brazos de Nathaniel se cerraron alrededor de Lily, tirando de ella profundamente contra su cuerpo, con la cabeza inclinada, y se convirtió en un beso que la pequeña Tash realmente no debería ver.

 —Jodido infierno —murmuró Victor, palabras que Tash no debería oír pero que había escuchado mucho ese día también de su padre. El brazo de Fazire salió disparado y jaló a Tash hacia él y cubrió sus ojos con la mano.

 —¡Fazire! —gritó Tash, tratando de alejar su mano y Lily y Nathaniel se dieron cuenta de lo que estaban a punto de hacer, sus labios se separaron, aunque sus brazos no, y la pareja miró a su público. 

Fazire pudo ver a Lily sonrojarse. 

—Hay niños presentes —espetó Fazire a través de la distancia, dejando caer su mano de los ojos de Tash.

 La mirada de Nathaniel golpeó a Fazire pero aparte de eso no respondió.

 —¡Fazire! —gritó Tash otra vez, plantó las manos en las caderas y le dirigió una mirada enfurruñada.

 Él la miró directamente de nuevo.

 Estaban encerrados en un concurso de miradas que Fazire ganaría porque tenía mucha práctica con Becky, Lily y siete años con Tash sin mencionar, que era inmortal por lo que tenía todo el tiempo del mundo.

 Laura se adelantó con el casco y Tash perdió el concurso cuando se volvió, cruzó los brazos sobre su pecho y miró a sus padres. 

—¿Puedes dejar a Tash leerte esta noche? Podríamos tardar un rato —le dijo Nathaniel a su madre. 

—Por supuesto —respondió Laura, claramente satisfecha con la oferta de pasar más tiempo con su nieta.

 Nathaniel se volvió hacia Natasha y no tuvo que decir una palabra. Ella avanzó corriendo y dio abrazos y besos de buenas noches. El de Lily fue un abrazo por la cintura y un beso de su madre, que se inclinó para hacerlo. 

Nathaniel la levantó, Tash envolvió sus brazos y piernas alrededor de él y lo besó completamente en la boca antes de que ella apretara la mejilla contra su hombro y, después de unos momentos ensimismados con Lily mirando, una sonrisa en su cara, Nathaniel la bajó.

 Entonces Tash retrocedió para tomar la mano de Laura. Nathaniel subió a la moto, Lily subió detrás, envolvió sus brazos alrededor de él con fuerza, puso la barbilla en su hombro y salieron disparados de la acera mucho más rápido y mucho, mucho más peligroso de lo que había ido cuando Tash estaba en la moto con él.

 —Él es la bomba —susurró Tash, observándolos irse. 

Fazire había tenido suficiente. Se volvió hacia Víctor. 

—Tenemos que hablar —anunció. 

Entonces, sin esperar a que Victor respondiera, Fazire entró a la casa dando pisotones, por las escaleras hacia la nueva sala de estar.

 Era igual a la vieja sala salvo que ésta tenía un sofá en la esquina más grande, más esponjoso, y más atractivo con una gran otomana en frente en la que podrían dormir tres niños pequeños y activos. A Fazire le gustó este sofá, el viejo era cómodo pero él podía acostarse en este sofá 

Este era más cómodo que los miles de cojines que hacían de su botella un hogar. También había una enorme televisión de pantalla plana adherida a la pared. A Fazire también le gustaba eso. Sus Westerns cobraban vida en esa tv. Clint Eastwood se veía como si de verdad se encontrara en la sala. También había estanterías más bellas, más firmes y más atractivas por lo que tenía mucho más espacio que llenar con álbumes de fotos y poner fotos enmarcadas. 

De hecho, a Fazire le gustaba la casa entera. Le gustaba la batidora y licuadora KitchenAid. También el nuevo refrigerador, el cual era como los de Estados Unidos, con suficiente espacio para caber alimentos dentro para más de un día.

 También le gustaba la oficina de Lily y el hecho de que ella tuviera tiempo de escribir. Le gustaban muchas cosas respecto a Lily.

 El hecho de que ella estaba sonriendo nuevamente, que estaba riendo otra vez, que ahora raras veces se veía demacrada y preocupada por el dinero, por Tash o cualquier cosa. Cualquier cosa, excepto cuando miraba a Nathaniel.

 Fazire había decidido que hizo un buen trabajo: sólo que tomó mucho tiempo poder realizarse. Como un período de gestación para los bebés. Lily le había pedido, con su deseo, que ella y su enamorado pasaran por pruebas y tribulaciones. Desafortunadamente, Fazire era demasiado bueno en conceder deseos —siempre lo había sido, pensó con poca humildad. Cuando ató la vida de Lily a la de Nathaniel con su deseo, había escogido al hombre correcto y le había dado a ella todo lo que deseó. Sin embargo, a los catorce años, ella no entendía que todos esos terribles problemas que las heroínas de sus libros atravesaban en la vida real lastimaban. 

Que las palabras eran sólo frases en una página, pero en la vida real, el dolor era inmenso. Las pruebas y tribulaciones para probar tu amor eran exactamente eso: pruebas y tribulaciones. Y Lily no había acabado con las suyas. 

Tampoco Nathaniel.

 Todavía no. Victor siguió a Fazire a la sala y cerró la puerta detrás de él. 

—¿Ahora qué? —preguntó Victor, con los ojos recelosos puestos en Fazire.

Fazire quería flotar. De verdad, realmente quería flotar pero mantuvo los pies en el suelo por el momento. 

—Cuéntame —ordenó en su mejor voz de genio.

 —¿Contarte qué? —preguntó Victor, no, desafortunadamente en la manera de pensar de Fazire, un humano al que le gustara ser ordenado. 

—Cuéntame sobre tu muchacho.

 El cuerpo de Victor se tensó y no respondió.

 —Puedo solucionarlo —anunció Fazire.

 —¿Qué dijiste? —preguntó Victor. 

—Puedo solucionarlo. Cuéntame de él, lo que lo está deteniendo de entregarse a Lily, puedo decírselo a Lily y ella puede desear que yo pueda arreglarlo —explicó Fazire.

 Fazire no quería hacer esto, ni en un millón de años. No quería regresar a su botella y pasar al siguiente humano codicioso, avaro, y vengativo. Quería ver crecer a Tash. Quería ver a la hija de Tash crecer. Y a la hija y… 

—Estás loco —interrumpió Victor los pensamientos lúgubres de Fazire. 

—No estoy loco. Estoy aquí por una razón. Sé que ustedes, los humanos, piensan que soy extraño y no me importa. Creo que ustedes son extraños porque lo son. Sin embargo, tengo un propósito en la vida de Lily y estoy dispuesto a… 

—¿Nosotros, los humanos? —preguntó Victor, observando a Fazire atentamente.

 Fazire asintió, se cruzó de brazos sobre su vientre e inclinó la cabeza para mirarlo desde arriba, o más bien, alzar la nariz en dirección a Victor. 

—Sí, ustedes, los humanos.

 —¿Y qué eres tú? —preguntó Victor. 

Soy un genio —anunció Fazire.

 El ceño de Victor se frunció, miró con fijeza y entonces su rostro dio un poco de miedo incluso para Fazire, que no temía a nada. 

—Crees que eres un genio —dijo Victor lentamente y sin poder creerlo. 

—Soy un genio. 

—Crees que eres un genio y estás viviendo con mi nieta, Lily, mi hijo… 

—Soy un genio —repitió Fazire.

 Victor se lo quedó mirando por un largo momento para luego cruzar sus brazos sobre el pecho y decir en voz calma:

 —Tal vez tengamos que encontrarte una casa, algún lugar cómodo… 

—Tengo una casa. Este es mi hogar y también está mi botella y… 

—Santo Dios —susurró Victor, su ceño alisándose y ya no parecía aterrador sino más bien preocupado. 

Fazire suspiró.

 Si no quedaba otra. 

Entonces flotó.

Cruzó las piernas debajo de él y chasqueó los dedos para que sus ropas humanas cambiaran de inmediato a las ropas de genio incluyendo el fez, los brazaletes de oro y los aretes. 

La mirada preocupada de Victor se había ido.

 Su cabeza estaba inclinada hacia atrás para mirar a Fazire suspendido un metro y medio en el aire y la boca de Victor se había abierto. 

—Sarah, la abuela de Lily, fue mi primera ama. Ella le dio sus deseos a su hija, Becky, la madre de Lily —explicó Fazire, mirando a un Victor atónito y mudo—. Becky no podía tener bebés por lo que pidió un deseo y le di a Lily. La hice perfecta y dulce, tal cual la vez. Pero quería que fuera humilde…

 Fazire le explicó cómo solía ser Lily, incluso un álbum de fotos salió mágicamente flotando, un acto que sorprendió a Victor y lo hizo retroceder dos pasos, y pasó las páginas de la derecha para que Victor pudiera ver a una Lily de adolescente, gordita y simple, algo más que hizo a Victor parecer como si no pudiera creer en sus ojos. Entonces Fazire le contó a Victor sobre el deseo de Lily y dónde entraba Nathaniel en el embrollo.

—Fue el deseo más complicado —le informó Fazire a Victor—. Ahora él ha regresado y parece que su deseo se ha hecho realidad. Fui canalizado anoche y me dijeron que fui nominado para el Premio el Mejor Deseo del Siglo. En lo que va de este siglo, soy el único nominado. Supongo que podría ganar. Nadie nunca ha hecho un deseo como ese.

Victor permaneció mudo, sin proferir sonido a lo largo de la explicación de Fazire. Fazire flotó más cerca de él y más cerca del suelo. 

—Ahora —dijo suavemente en vez de ordenarlo porque significaba mucho, mucho para Lily. Y aunque podía significar que Lily usaría su último deseo y él se iría, quería darle esto a ella, quería arreglar a Nathaniel, quería hacerlo por Lily y, estas últimas semanas, observando al hombre alto, inteligente y orgulloso y la manera en que miraba y trataba a Lily y a su hija, lo quería por Nathaniel también—. Cuéntame sobre tu muchacho para que pueda solucionarlo. 

Victor cerró los ojos lentamente. Entonces volvió a abrirlos, se sentó en el sofá y puso su cabeza en las manos.

 Fazire chasqueó los dedos y estaba con sus ropas humanas. Flotó bajo hasta que sus pies tocaron el suelo. 

Se acercó, se sentó en el extremo opuesto del sofá de Victor y esperó. Entonces la cabeza de Victor se levantó y miró a Fazire. Pareció sorprendido por un segundo como si no se hubiera dado cuenta de que Fazire se había cambiado de ropas pero se recobró con rapidez. 

—No puedo creer que seas un genio —susurró Victor. 

—Si se lo dices a alguien, tendré que matarte —mintió Fazire.

 Esto era completamente falso pero siempre había querido usar esa oración.

Victor sacudió la cabeza. 

—¿Tash sabe que eres un genio? —preguntó Victor. 

Fazire asintió.

 —¿Nathaniel sabe que eres un genio? —continuó Victor.

Fazire sacudió la cabeza.

 —Jodido infierno —susurró Victor.

 —De verdad no deberías usar ese tipo de lenguaje, especialmente con una adolescente en la casa —amonestó Fazire.

Victor simplemente siguió mirándolo. 

—Cuéntame sobre Nathaniel —instó Fazire. Victor finalmente cedió. 

—Te contaré sobre él pero tienes que darle tiempo. Si no parecen estar trabajando en resolver las cosas ellos solos… 

—Les daré tiempo —interrumpió Fazire. 

—No puedes decirle a Lily inmediatamente —presionó Victor.

 —No se lo diré inmediatamente —espetó finalmente con exasperación Fazire—. ¡Soy un genio! Sé lo que estoy haciendo.

 De verdad, ¿qué podía ser tan malo sobre Nathaniel? Era obvio para cualquiera que era un buen hombre. Fazire incluso quiso que le desagradara pero no pudo sostenerlo más que unas semanas y Fazire era realmente bueno guardando rencor.

Una vez pasó trescientos años guardando rencor contra otro genio. 

Era famoso por ello. Victor interrumpió sus pensamientos y comenzó a hablar. Mientras escuchaba la terrible historia, Fazire dejó de pensar. 

Cuando Víctor dejó de hablar, Fazire inmediatamente dijo: 

—Debo decirle a Lily. 

—Si le dices, voy a tener que matarte —amenazó Victor y aunque Fazire era inmortal, todavía sintió un escalofrío de miedo. 

—¿Por qué él…? —comenzó Fazire. 

—No tengo idea —interrumpió Victor. 

—Pero no es nada de qué avergonzarse… —continuó Fazire. 

—Lo sé —interrumpió Victor de nuevo

—No puedo arreglar eso —admitió Fazire y era verdad. 

No podía.

 Nadie podía arreglar eso.

 Excepto una persona.

 —Lily puede —dijeron Fazire y Víctor al unísono. 

*******************************

Nate estaba acostado en la cama, sábanas hasta la cintura, unos papeles en la mano con los que debería haber pasado la noche en lugar de tomar a su hija y Lily para pasear en moto.

 En lugar de leerlos, estaba pensando en los paseos, los balbuceos emocionados de Tash en su oído, el cuerpo de Lily apretado contra el suyo. También estaba pensando en el único regalo que jamás había recibido de nadie fuera de su familia adoptiva. Un regalo de Lily. Ella no le había comprado una corbata o un reloj; ella le había comprado una motocicleta. 

No hay medias tintas con Lily, estaba descubriendo. Por último, se preguntaba si había monjas ciegas en los Pirineos que hicieron camisas a medida de seda raras y esperaba que Lily no tuviera su número de teléfono. 

Lily salió del baño vistiendo otro par de pantalones cortos de pijama de cordón, era de color azul claro con lunares verdes y estaba sobre una camisola verde. Se estaba frotando loción en sus manos y brazos, que hizo que la habitación tuviera olor a almendras. Se dio cuenta, y se alegró de ver, que ella había ganado algo de peso en las últimas semanas, su cuerpo demasiado delgado se estaba llenando de exuberantes curvas con las que estaba más familiarizado y prefería enormemente.

 La vio caminar hacia la cama, elegante e inafectada, sin tener idea de que, incluso en pijama, era más elegante que cualquier mujer que había conocido nunca.

 Ella saltó y aterrizó de rodillas al final de la cama, sentándose en sus pantorrillas. Sus ojos encontraron los suyos y le sonrió, pero Nate notó que su sonrisa era cálida pero cautelosa. Él renunció a toda pretensión de lectura y arrojó los papeles sobre la mesa de noche.

—¿Qué tienes en mente? —preguntó, leyendo correctamente su cara. Sus ojos se iluminaron con una mirada de complicidad, no la sorprendió que el supusiera los pensamientos que la afligían y le preguntó acerca de ellos. Para la forma de pensar de Nate, el tiempo era demasiado valioso para no ir al grano de inmediato, especialmente en cualquier momento con Lily.

 Ella inclinó la cabeza hacia un lado y se mordió el labio.

 Entonces, soltándolo, dijo:

 —¿Me prometes que no te enfadarás? Nate tuvo ganas de reír, pero no lo hizo. Lily estaba en el extremo de la cama sonriéndole, sin embargo cautelosa, Tash estaba abajo dormida y agotada de un emocionante día que se centró alrededor de la generosidad de Lily, sus padres en la antigua habitación de Lily, ahora el dormitorio de invitados, con todo eso, no había prácticamente ninguna manera de enfadarse.

 Por supuesto, después de lo que él esperaba que ella consideraba su respuesta irracional a darle un regalo, una respuesta que sabía que no era en absoluto irracional, él podía entender su preocupación. 

—No me voy enfadar —le aseguró en voz baja y luego, decidió que estaba demasiado lejos, le ordenó con voz aún más suave—. Ven aquí.

 Ella negó con la cabeza, su sonrisa se desvaneció y él sintió que algo se contrajo en su pecho mientras era testigo de su pérdida.

 —Tengo que decirte algo y creo que será mejor hacerlo desde aquí. 

Se mantuvo en silencio y sintió que sus escudos subían mientras la miraba con recelo. 

Ella respiró hondo. 

—Es mi culpa —declaró. Se quedó en silencio ante su extraña declaración. Vaciló y luego volvió a hablar. 

»Todo lo que nos ha pasado, todo es mi culpa.

Él todavía no hablaba, esta vez porque no podía imaginar cómo Lily había cambiado las cosas en su cabeza para pensar que cualquier cosa que haya hecho pudo lograr que lo que les pasara fuera su culpa. 

—Ya ves —continuó—, estos últimos ocho años, sabía que debí, quise, pero siempre algo se puso en el camino, pero siempre supe que debí ir a Victor y Laura y no lo hice.

 Finalmente entendió su preocupación. Sus escudos bajaron y él rompió su silencio. 

—Lily, querida, ven aquí. 

Ella negó con la cabeza, su cabello rubio rojizo rozando sobre su hombro. 

—Necesito que sepas, necesito decir esto. Nate, no lo podía permitir. Podría haberlos llamado, pero ¿qué les diría? Estaba enferma, al principio, pero eso no es excusa. Quiero decir, me mejore entonces en esos años…

—Lily… —interrumpió él pero ella estaba en una verborragia y poniéndose agitada. Lo sabía porque saltó de la cama y comenzó a caminar.

 »Yo les escribí cartas, decenas de ellas, tratando de explicar. Pensé que podía hacerlo mejor escribiéndolo. Soy una buena escritora, hace mucho tiempo, incluso gané premios. Nunca te lo dije. 

—Se detuvo ella y lo miró como si esa admisión la avergonzara, entonces alzó sus manos y sus dedos comenzaron a inquietarse, abriéndose y cerrándose—. Si yo hubiera ido a ellos, si hubiera llamado, solo enviado una carta, ni siquiera puedo entender por qué no envié… 

Nate decidió que era suficiente. Se quitó las mantas, tirándolas sobre la cama y avanzó hacia ella. No iba a permitir que se culpara a sí misma por el engaño de Danielle y Jeffrey, no después de lo que había pasado. 

Ella no se retiró, pero cuando sus brazos la rodearon, mantuvo sus manos entre ellos y las apretó contra su pecho. Inclinó la cabeza hacia atrás y lo miró, sus ojos estaban atormentados. Ante esa vista, sintió que la furia ardía a través de él, pero, como le había prometido, se mantuvo firmemente bajo control.

 Ella continuó silenciosamente:

—Pensé que sabían sobre mis padres muertos, pensé que sabían y que no se preocupaban por mí lo suficiente como para… Sus brazos la apretaron pero sus manos se empujaron contra él para mantener cierta distancia. 

—Lily, no quiero oír… —comenzó. Ella sacudió la cabeza de nuevo. —Tienes que saber qué es lo que pensaba, aunque suene horrible. Pensé que podrían ser como Jeff y Danielle, ya sé que no estaba bien, pero una parte de mí… 

Vio las lágrimas en sus ojos y decidió que era bueno que probablemente nunca vería a su hermana y hermano otra vez porque no quería ser responsable de lo que haría. 

—Tengo que explicarles, tengo que disculparme —continuó Lily. Sus brazos fueron alrededor de ella y envolvió sus dedos alrededor de sus muñecas, tirando de sus manos entre sus cuerpos, suavemente la maniobró contra su longitud. Cuando la soltó, ella deslizó sus brazos alrededor de su cintura y se inclinó hacia él y enmarcando su rostro con las manos. 

—Déjalo estar —dijo en voz baja. 

—No puedo —respondió ella—. Tienen que estarse preguntando. Nate, hace siete años que tenían una nieta y ni siquiera te he dicho sobre mi deseo todavía. Cuando lo haga, vas a entender, todo es mi culpa…

 Por el tormento en sus ojos, Nate quiso lanzar algo al otro lado de la habitación. Quería hacerle a alguien —y sabía exactamente a quién— daño corporal. En cambio, se mantuvo bajo cuidadoso control de estas reacciones y calló a Lily tocando sus labios con los suyos.

 Cuando se había movido unos tres centímetros de distancia, la miró profundamente a los ojos y repitió: 

—Déjalo estar, Lily.

 Ella, notó, no estaba dispuesta a dejarlo estar. 

—Puedo mostrarte las cartas. Todavía las tengo, todas y cada una de ellas. Y tengo que decirte sobre Fazire, lo que deseé, cómo todo esto se reduce a mí.

 Una solitaria lágrima se deslizó por su mejilla. Nate la apartó con el pulgar y decidió que la conversación hubiera terminado. Él no iba a permitir que Lily se culpara a sí misma por su pérdida y definitivamente no iba a quedarse allí y verla llorar. 

—Ya acabó, todo el mundo sigue adelante —explicó en voz baja Nate— . No hay ninguna razón para volver. Sólo déjalo estar. 

Sus ojos cambiaron de una manera que podía jurar que el miedo estaba apenas enmascarado. Ella se apoyó aún más en él, con los brazos apretándolo alrededor. 

—¿De verdad lo harás? —preguntó ella. 

—¿Haré qué? —regresó. —¿Lo dejarás estar? ¿Dejarás de esforzarte hasta la muerte para probarle a todos que lo sientes por algo que no hiciste? ¿Dejarás de preocuparte por todos y te darás cuenta que estamos en esto juntos? ¿Que se supone que nos cuidemos entre nosotros? Que somos una familia, tú, yo y Tash. Y tus padres. Y Fazire. ¿Sabes que se terminó y que seguiremos adelante? ¿Lo dejarás estar? 

Raramente para Nate, no lo había visto venir, no se había dado cuenta que ella estaba negociando con él hasta este pase. No la había notado bajando su guardia, golpeando sus escudos y entrando por su asesinato suave y tierno. 

—Lily… —Su voz sonó áspera para sus propios oídos y sintió su pecho empezar a expandirse y relajarse. Nunca había tenido una familia, una unidad funcional donde las personas se preocuparan por las demás. Tenía a Laura y a Víctor, pero les debía a ambos su vida y todo lo que era. 

Jeff y Daniel nunca habían sido familia. Pero, por supuesto, no podía decirle a Lily algo de eso. 

—Por favor, no transfieras el dinero de tu moto a mi cuenta, Nate — susurró, interrumpiendo sus pensamientos—. Por favor, déjame hacer algo lindo por ti. 

En lugar de decir su respuesta, él apretó sus manos sobre su rostro y ella mostró que entendía su asentimiento no verbal apretando sus brazos alrededor de su cintura. 

Se puso de puntillas, su boca contra la de él, en una voz tan suave que apenas pudo escucharla, murmuró:

 —Por un montón de razones, porque hay un montón de razones, te amo, Nate. Él sintió e hizo todo al mismo tiempo. Una ráfaga de alegría voló a través de él tan fuerte que pensó que había quemado un rastro a través de su vientre directo a su corazón. Antes de que pudiera caer de rodillas, se inclinó y deslizó un brazo bajo el suyo. Levantándola, cargándola hacia la cama, su boca tomando la de ella en un beso caliente y demandante. 

Al mismo tiempo, por voluntad propia, sus escudos maltratados se alzaron de golpe y bloquearon en su lugar. Sus brazos fueron alrededor de su cuello y ella le devolvió el beso mientras la plantaba en su cama, colocándose sobre ella. 

Cuando su boca se movió hacia su mandíbula, oreja, cuello, ella repitió:

 —Te amo, Nate.

 Las palabras rasgaron a través de él y la silenció con su boca, tirando de su ropa, empujándolas hacia abajo, jalándolas hacia arriba, apartándolas. Cuando terminó, ella presionó su glorioso cuerpo desnudo contra él, pasando sus manos sobre su piel febril, envolviendo una pierna alrededor de su cadera, deslizando sus labios a través de su mandíbula, mordisqueando su hombro con sus dientes. 

—Te amo —dijo contra su cuello. 

—Calla, Lily —gruñó, tomando su boca en otro duro beso, trabajándola con sus manos y dedos, rozando sus labios con los suyos, forzando su silencio. 

Cuando se estaba retorciendo debajo de él, sus uñas de una mano arañando la piel de su espalda, su otra mano moviéndose entre ellos para envolverla alrededor de él, fue entonces que pensó que era seguro quitar su boca de la de ella y usar sus labios, dientes y lengua en formas que sabía que la enviarían a las alturas. 

—Nate, te amo… —Su boca regreso a la de ella para detener sus palabras. Para asegurar su silencio, él separó sus piernas, se posicionó y golpeó en su húmeda suavidad.

 Ella jadeó contra su lengua ante la repentina y salvaje invasión pero su cuerpo instantáneamente empezó a moverse con el suyo. Ella enterró sus talones en la cama para levantar sus caderas, invitando y absorbiendo sus violentos empujes.

 Él sabía que iba a suceder, lo sentía creciendo en él a la vez que crecía en ella, la sintió tensarse alrededor de él, su respiración saliendo en cortos y rápidos jadeos, sus brazos apretándolo. 

Experimentó otro tipo de regocijo cuando la escuchó gritar su nombre cuando llegó al clímax. Solo entonces dejó ir el control que tenía en su cuerpo, moviéndose contra su dulce suavidad hasta que encontró su propia liberación.

 Le permitió sentir su peso por un leve momento, quedándose conectado a ella íntimamente, cuidadosamente guardando en su mente la sensación de ella debajo de él, envuelta alrededor, antes de rodar lejos de ella. Nate escuchó su suave gemido de protesta mientras se alejaba, algo que hacía cada vez como si la pérdida de él quitara una parte importante de ella. Archivó el sonido entre sus muchos recuerdos mientras suavemente los acomodaba en la cama, tirando de las cobijas sobre ellos y sosteniéndola cerca de su lado.

 Ella no habló, así que él lo hizo. 

—No transferiré el dinero —dijo, dándole eso ya que él se llevaría todo lo demás. La sintió sonreír contra su hombro y ella se acercó para acurrucarse. Él sabía que pensaba que estaba acercándose a su dulce victoria de la guerra que había estado saldando por el pasado mes. 

—Gracias —susurró y, por el tono de su voz, Nate entendió que significaba el mundo para ella. También se dio cuenta de que había cometido un error colosal. 

Nate había sido egoísta. Lo había querido todo cuando hasta él sabía que no podía tenerlo, no debería tenerlo, pero lo tomó de todas formas. Lo supo en el minuto en que la había observado bajar las escaleras de Laura para hablarle a la policía después de que el hombre había intentado robar su cartera. Supo que no era semejante a él.

 Lo supo entonces y lo sabía ahora. Ella pensaba que el drama de esos ocho años había sido todo su culpa pero él sabía que había sido una inocente, confianzuda, y virgen chica de Indiana que nunca había tenido novio. Fue Nate quien había tomado todo lo que ella estaba dispuesta a darle y todo lo que estuvo dispuesta a dar fue todo. 

La forzó a dormir con él en su primera cita, la forzó a mudarse con él luego de una noche, la embarazó a propósito para atarla a él y luego la dejó para enfrentar las consecuencias de sus acciones por su propia cuenta.

 Luego, cuando la encontró de nuevo, entró a la fuerza en su vida, su casa, su cama, su familia y tomó más aún.

 Ahora lo tenía todo y no lo merecía.

 Debería haber arreglado visitas con Natasha. Debería haber tomado solo lo que Lily estaba dispuesta a dar y permitirle mantenerlo alejado. Debería haber trabajado en proteger su corazón en vez de dejarla enamorarse de un hombre que no existía. Un héroe romántico, en su mente, que era, Nate sabía, ningún héroe romántico. Ahora ella pensaba que estaba enamorada de él pero no sabía quién era él, lo que era, de dónde venía. 

Cuando se enterara, y eventualmente, Nate sabía con certeza, lo haría, sería todo más devastador para ella. 

De esa forma, tenía que cometer un último acto de cuidado hacia ella, protegerla a ella y a su hija. Sintió el peso de Lily apoyarse sobre él pero Nate no durmió esa noche.

 En vez de eso yació despierto, sintiendo su suave y cálido cuerpo presionado a su lado, escuchando su respiración, acariciando su piel y cabello y creando a propósito un último y preciado recuerdo.


Que tu boca no calle lo que tu corazón siente....
Que tus sentimientos no sean una mentira....



 
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Miér 1 Mar - 18:12

Diosss Nate se forma una tormenta en su cabeza, nada mas falta flagelarse. Jaja que show Fazire, entiendo que este molesto con Nate ama demasiado a lily y el es bien sanguineo.






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por chio.2099 el Miér 1 Mar - 19:17

En verdad tengonganas de golpearle la cabeza a Nate  grrrr por qhe es asiiii ???!!!!
Deveria hablar de una vez con ella, ezta tomandonuna decicion mala 

Adoro a fazire !!!!  Queriendo arreglar al muchacho de victor awww fue ternurita total.

Me gusto que supiera que lily se preocupa muchisimo por su hija y tenia dinero para mandar a su hija a la escuela de superdotados..
Me dio una risa todo lo que lily le compraria si ella quisiera el perro la camisa de gusanos jajajajaja
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por wordsofthisgirl el Miér 1 Mar - 22:08

Jajajaj lo de la monja y los pirineos.

EL oscar a mejor deseo por Nate.

Fazire
Sin embargo, a los catorce años, ella no entendía que todos esos terribles problemas que las heroínas de sus libros atravesaban en la vida real lastimaban. 



POr favor con eso ultimo, no me digan que Nate se desaparece, se va; 
Rayosm, tiene un fuerte sentimiento de rechazo.

Mala suerte


   
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Jue 2 Mar - 0:13

Creo que esto lo vengo diciendo en cada uno de estos últimos capítulos pero sinceramente no puedo creer que Nate siga siendo tan cabeza dura y no dar brazo a torcer contándole sobre su pasado  violent


 Amé a Fazire en este capítulo!! Es absolutamente divino!!



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por mariateresa el Jue 2 Mar - 11:01

JAJAJA ME IMAGINO LA CARA DE VICTOR A VER A FRAZIER CON SU ATUENDO DE GENIO... :YouThink:AUNQUE NO QUIERO QUE EL LO ARREGLE ESO SERIA OCUPAR SU ULTIMO DESEO Y SE IRÍA...
Y NATE POR FAVOR FUE SOLO UN REGALO TANTO LE CUESTA ACEPTAR QUE LO AMAN?? NECESITA AYUDA PARA SUPERAR TODAS SUS TRANCAS. 
AHORA QUE TIPO DE SOLUCIÓN PENSÓ?? OJALA ALGO BUENO PARA TODOS ELLOS.

GRACIAS POR EL CAPI


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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Jue 2 Mar - 20:05

24


Lily

Lily estaba aterrorizada. Era el día previo a su boda, y durante toda la semana anterior entre ella y Nate había ido mal, terriblemente mal, completamente mal, catastróficamente, descorazonadoramente mal. 

—¿Nate ha hecho arreglos para dormir esta noche en otra parte? Es de mala suerte ver a la novia el día de la boda —dijo Maxie, portando otro caftán suelto de tono amatista, este amarrado cruzado al frente con cuentas que combinaban.

 Sonreía, pero con cautela, sin ser consciente del contenido de los pensamientos rampantes de Lily pero sabiendo que estaban ahí.

 —Sí —contestó Lily tranquilamente, apartando sus ojos pero sintiendo tanto los ojos de Maxie como los de Laura sobre ella.

—¿Lilly? —preguntó Laura con cautela Lilly se levantó del sillón en la sala de estar frontal y empezó a pasearse, sin tener idea que su práctica habitual de pasearse cuando estaba ansiosa hablaba más que un millón de palabras y no era que tuviera los miedos pre-maritales usuales sino algo más.

 —Nate ha hecho los arreglos —anunció Lily—. He insistido que lleve a Tash con él. Nos encontrarán mañana en la Registro Civil en Bath. 

—¿Tash se irá con Nate? —preguntó Maxie lentamente.

 —Sí, creo que será bueno para ellos tener este tiempo a solas juntos. Aunque también Fazire estará con ellos —se contradijo y luego recordó el anuncio de Victor después de la noticia de que Nate se quedaría en otro lugar, que él también lo acompañaría—. Y, para que sepan, Victor irá con ellos también, por lo que en realidad Tash no estará sola con Nate, tal cual.—Ahora estaba balbuceando y teniendo poco sentido. Maxie y Laura se miraron entre sí. 

—Fazire. ¿Por qué? —preguntó Laura. Lily no respondió. No iba a decir que no necesitaba a Fazire en ese momento. Apenas podía salir adelante con la gentil preocupación de Maxie y Laura. Fazire estaba ansioso por hablar con ella. 

Había esperado por ese momento durante una semana, encontrando a Lily bloqueándolo en cada paso.

 Lily sabía que su paciencia, la poca que tenía, se estaba terminando. Pero Lily había cambiado de opinión, iba a pasar por esto y no quería que Fazire la persuadiera 

*********************************


Había pasado más de una semana desde que le dio la motocicleta a Nate.

 Lily había estado tan segura de que había hecho un progreso con la forma en que él había reaccionado ante su ahorro de dinero para la escuela de Tash y la forma violenta, tormentosa y descontrolada con que le había hecho el amor después de que le dijera que lo amaba. Luego había cedido y la había dejado comprarle la moto sin devolverle el dinero. 

Había estado tan segura de que estaba derritiendo su corazón. Había estado tan segura de que había rasgado agujeros en su armadura. Sin embargo, a la mañana siguiente, todo cambió.

 Drásticamente. 

Él había mantenido su rutina normal, despertando a Tash, tomando el desayuno con ellas, pero fue distante, más distante de lo normal, estaba completamente distante. 

Lily lo sintió y eso la hirió. Antes de irse, había recogido a Tash para su rutinario beso de despedida en los labios con ella envuelta alrededor de Nate, dándole a su hija una cálida sonrisa. Luego, extrañamente, solo le había dado a Lily un beso en la mejilla. A pesar de eso, Lily tenía la incómoda sensación que lo había hecho por el bien de Tash. Nate llegaba a casa más tarde que su costumbre —Lily estuvo notando que había estado viniendo a casa más y más temprano cada noche. Le leería a Tash pero luego se iría directamente a su estudio sin una palabra para Lily. Lily decidió darle espacio; había ganado terreno y no quería forzarlo. Llegó tan lejos como irse a la cama sin decir buenas noches. Había hecho una rutina de visitarlo en su estudio por un beso de buenas noches si trabajaba hasta tarde, algo que sabía o pensaba que ambos disfrutaban. Nate había aparecido mucho más tarde que lo normal pero ella había estado despierta, yaciendo en la oscuridad esperándolo.

 Él no se giraba hacia ella, no le hacía el amor, no atraía su espalda contra su pecho y enterraba su rostro en su cabello. 

En lugar de eso, giraba su espalda hacia ella y se dormía, justo… así. A través del fin de semana, Nate trabajó en su estudio todo el día cada día y también durante la noche. Incluso evitó a Victor y a Laura a pesar que aceptó que Tash se sentara y mirara televisión en su estudio.

 No le hizo el amor a Lily o la jaló hacia él cuando finalmente buscaba su cama. Victor, Laura y Fazire lanzaban miradas extrañas y conocedoras entre ellos, pero Lily sabía que era mejor no preguntar.

 Aunque tenía que admitir que encontraba peculiar que Fazire estuviera participando en este comportamiento, especialmente con Victor. 

Fazire se había encariñado un poco con Nate pero nunca con Victor.

 Cuando los tranquilos y ahora abiertamente preocupados, Victor y Laura, se fueron en la tarde del domingo, Lily dejó tranquilo a Nate hasta que él salió de la habitación de Tash después de que ella se hubiera preparado para dormir y él se dirigiera directamente a su estudio.

 Lily lo siguió, llamó a la puerta cerrada y entró tras su permiso.

 Él apenas la miró cuando entró y ella sintió su sangre enfriarse.

 —¿Nate? —¿Qué pasa, Lily? 

—preguntó, sin levantar sus ojos hacia ella después de su primer vistazo breve, su pregunta sonando como si no le importara mucho su respuesta y su sangre fría se hizo más lenta mientras se formaban cristales de hielo. —¿Te pasa algo? —Su voz fue tímida e insegura y su cabeza se levantó ante el sonido. Ella sintió el destello de esperanza ante la cálida mirada que pensó captar en sus ojos pero luego él los cerró. —Estoy ocupado, Lily. Nos casaremos el próximo sábado y luego nos iremos dos semanas de luna de miel. Tengo una tremenda cantidad de cosas por hacer. Eso parecía creíble y Lily le dio una aliviada pero débil sonrisa y caminó hasta el lado de su escritorio y se detuvo, queriendo tocarlo pero por primera vez en mucho tiempo, asustada. —¿Puedo hacer algo para ayudar? —preguntó suavemente. Ante esto, por alguna razón, se rió sin humor, la aguda carcajada de su risa fue severa y rechinó contra sus ya exaltados nervios.

 —Podrías dejarme en ello —sugirió cuando terminó con su carencia de diversión, sus ojos puestos en ella, duros y sin emoción, diciéndole claramente que era una distracción no bienvenida. 

Lily recordaba esa mirada. Había visto esa mirada. Él se la había dado a Danielle en numerosas ocasiones. 

Su corazón se sacudió en su pecho pero asintió y se alejó lentamente. 

Muy lentamente.

 Tan lentamente como el paso de un caracol. 

Moviéndose mientras esperaba que la llamara de vuelta por un beso, un toque, algo, lo que sea. No lo hizo.

 Tampoco se giró hacia ella cuando finalmente llegó a la cama. Se había ido antes de que ella despertara, no despertó a Tash pero dejó una nota corta y sin afecto para Lily —y una nota larga y muy afectuosa para Tash— diciendo que se iba temprano a la oficina. 

Esa tarde, sentada detrás de la registradora en un momento tranquilo en Flash and Dazzle, lo llamó a la oficina. 

Había dicho que nunca perdería otra de sus llamadas y no lo había hecho.

 Ella esperaba que sus llamadas llegaran a horas en que estaba ocupado pero siempre las tomaba, ahora sabía, que siempre tomaba las llamadas de Tash cuando lo llamaba llegando a casa de la escuela. —Oficina del señor McAllister —contestó Jennifer, la secretaria de Nate. —Hola Jennifer, soy Lily. ¿Puedo hablar con Nate? Jennifer estuvo callada por un momento y Lily sintió la ahora familiar sacudida en su corazón. Estás últimas semanas, Lily había charlado con Jennifer y aunque nunca se habían conocido, habían construido una buena relación. Esta vez, sin embargo, Jennifer no invitó ni siquiera una pequeña charla, en cambio, dijo suavemente: 

—Lo siento, Lily. El señor McAllister dijo que no fuera molestado bajo ninguna circunstancia. Lily tragó y asintió aunque Jennifer no podía verla.

 —Está bien —contestó Lily, tratando de hacerlo con alegría y temiendo haber fallado—. ¿Puedes decirle que llamé?

 —Definitivamente —le aseguró Jennifer. 

Cuando Lily regresó a casa de Flash and Dazzle, encontró que el edicto de Nate respecto a no ser molestado no aplicaba a Tash quien, como siempre, la inundó con noticias sobre su conversación telefónica con su padre.

 Aunque no eran noticias de Nate, como Lily sospechaba Nate no dijo palabra alguna y no lo intentaría de todas formas.

 Eran más como noticias en forma de: 

—Le dije a mi papi… —y—. Luego cuando lo describí, papi rió. En lugar de que Nate recibiendo las llamadas de Tash y se riera con ella hiciera sentir feliz a Lily, hizo que su miedo y alarma se volviera enojo que cuidó silenciosamente toda la noche bajo la mirada vigilante de Fazire.

 Nate no llegó a casa para leerle a Tash, ni llamó para decir que llegaría tarde. 

Lily monitoreó muy de cerca a su hija para ver si sus muy astutos sentidos notaban algo diferente entre su madre y su padre. Sin embargo, Nate escudaba a Tash de esta situación y la trataba exactamente igual incluso cuando su comportamiento hacia Lily era significativamente diferente. Mientras Lily apagaba todo en la casa por la noche, Nate todavía no estaba en casa, Fazire se aproximó a ella en el salón. 

—Niña-Lily… —empezó gentilmente, sus suaves ojos sobre ella.

 —No, Fazire —Levantó la mano para descartarlo—, ahora no. Luego antes que pudiera presionar como Fazire solía hacerlo, corrió escaleras arriba. 

Se alistó para la cama pero no se metió en ella, en lugar de eso caminó de un lado a otro. 

Y esperó. 

Y su mente le daba vueltas a sus pensamientos, ninguno de ellos bueno.

 Muy tarde, oyó a Nate entrar en la casa, pero él no se acercó y, como los minutos pasaban, fue en su busca. Lo encontró en el jardín trasero, ahora profusamente decorado con jardineras, macetas y lechos llenos de flores y vegetación, todo bien cuidado por un jardinero semanal.

 Ella se sorprendió al verlo de pie en la barandilla junto al acantilado mirando hacia el muelle victoriano, fumando un cigarrillo. No lo había visto fumar un cigarrillo u olido a éste desde la noche en la escalinata de Laura y Victor. Se puso de pie justo fuera de las nuevas puertas francesas del jardín y lo llamó.

 —¿Nate? Su cuerpo se estremeció y su cabeza giro para mirarla a través de la oscuridad. 

Ella estaba tan sobresaltada por haberlo sorprendido. Él siempre estaba a alerta a cualquier cosa, pero más específicamente a ella. A veces sentía que se estaba acercando en una habitación, incluso antes de que ella se acercara a la puerta.

 No podía imaginar qué le hizo perderse tanto en sus pensamientos, pero ella quería saberlo, necesitaba saberlo y malditamente lo iba a saber. 

Cruzó el jardín y se detuvo frente a él.

 —Estás fumando. —Su voz fue una acusación queda. 

—Sí, Lily, estoy fumando. Y tú estás de pie en el jardín en pijamas — respondió como si su transgresión fuera tan mala como la suya.

—¿Cuándo empezaste a fumar? —ignoró su comentario. —Cuando tenía nueve años —respondió de inmediato, compartiendo con indiferencia un pedazo de su historia con ella como si lo hiciera todos los días y esta información la golpeó como un puñetazo. 

Querido Dios, ¿quién empieza a fumar a los nueve? pensó, pero él no le permitió responder, continuó.

 —Entra a la casa

 Ella parpadeó, momentáneamente golpeada por la dureza de su voz al expresar su orden tan rápido luego de haber compartido algo personal acerca de sí mismo, algo que ella no tuvo que sonsacarle. 

Decidida a llegar al fondo de lo que lo estaba molestando, decidió ignorarlo. 

—Tenemos que hablar. Algo…

 —Lily, vuelve a la maldita casa. Ninguna mujer debería estar afuera apenas vestida, especialmente no tú. Eres la madre de mi hija, por Dios. Esta es una casa adosada, los vecinos te pueden ver. Tuvo que sacudir la cabeza intentado entender sus palabras, su tono, su significado. 

—Nate, es casi media noche, nadie…

 —Vuelve a la puta casa —gruñó salvajemente, perdiendo la paciencia e inclinándose hacia ella tan amenazadoramente, que no pudo evitar dar un paso atrás. Vaciló, su corazón deteniéndose de nuevo. Luego enderezó sus hombros, determinada a tratar el asunto incluso aunque fuera media noche y estuviera en pijama. 

Sí, era pijama y sí, no era discreto, pero ella no se describiría a sí misma como “apenas vestida” por Dios. 

—No me hables de esa manera —le espetó—. Tenemos que hablar. Algo pasa contigo y quiero saber qué es.

 Sin responder, él se apartó de ella y volvió a contemplar el muelle. Con esta acción, ella trató una táctica diferente. 

Entró en su línea de visión y le puso la mano en el brazo.

—Nate —dijo en un tono suave—, por favor, habla conmigo. Él la miró como cuando estaba parado en el vestíbulo de sus padres y Victor la estaba sacudiendo, como cuando estuvieron en la sala de conferencias ese horrible día hablando de la custodia de Natasha, como si fuera un bicho no muy interesante que estaba viendo arrastrarse por el suelo. 

Tomando todo su valor como un escudo, lanzó todo su orgullo al viento y se inclinó hacia él, poniendo sus brazos alrededor de él a pesar de que nada la invitaba a esas acciones. 

—Háblame —instó, todo su amor por él en esas palabras.

 Él no la tocó. En cambio, calmadamente encendió un cigarrillo sobre el acantilado como si ella estuviera a un kilómetro de distancia en lugar de sosteniéndolo entre sus brazos. 

—¡Nate! —gritó, empezando a entrar en pánico—. Háblame. 

Fue entonces cuando él la tocó.

 Sus dedos entraron en su cabello a cada lado de su cabeza y la sostuvo allí mientras su boca chocaba contra la de ella en el primer beso que le había dado en días. No fue un beso de amor, fue duro, insistente, codicioso, tomando todo sin dar nada a cambio. Ella estaba muy feliz de que la estuviera tocando, besándola, para dejar que eso se registrara. 

Simplemente abrió la boca bajo la suya y le dio todo lo que siempre había dado. Lily oyó su gemido y estuvo encantada por eso, pero inexplicablemente él se arrancó de su boca. Entonces estaba siendo levantada, llevada, no a su habitación, sino a la planta baja a la sala de estar. Durante todo el tiempo él la beso de esa manera horrible, su boca moviéndose luego a su cuello, hombros, detrás de su oreja, sus dientes hundiéndose en su carne de una manera peligrosa, erótica. 

Pateó la puerta a la sala de estar para cerrarla tras ellos y la arrojó en el sofá, siguiéndola hacia abajo. 

Le quitó la ropa, luego la suya, sus acciones no eran gentiles, ni su boca ni sus manos sobre su cuerpo desnudo y finalmente se deslizó en su conciencia que él no era el mismo.

 Esta no era una violenta y tormentosa pasión. Era egoísta y devorador 

—Nate… —susurró ella, tratando de detenerlo, tratando de llegar a él. 

—Cállate, Lily —gruñó contra su boca y con esas palabras feas, el cambió.

 En lugar de tomarla, él estaba dando pero no en su forma habitual. Era como si estuviera obsesionado en obligarla a responder, dobló su cuerpo a su voluntad y maldita sea, ella lo amaba demasiado como para negarse. Dio entonces aún más. Y él lo tomó todo, todo. Hasta que estuvo ahí, esperando, necesitando que se viniera en su interior, su corazón latiendo, su respiración entrecortada, su cuerpo ardiendo por él. 

—Nate… —susurró de nuevo con urgencia, con sus manos en sus caderas trataba de llevarlo hacia ella, pero él se apartó. 

Abrió los ojos y lo miró y sintió su corazón rasgarse en dos con lo que vio. Estaba ciego pero sus manos se movían entre las piernas de ella seductoramente y sus caderas, por propia voluntad, presionaban contra él. 

—Ruega —demandó, su voz áspera y cortante. 

Lily lo miró y luego parpadeó, pensando por un momento que no lo había oído bien. 

—¿Qu… qué? 

—¿Me deseas, Lily? —le preguntó, a continuación, su cabeza descendió y su boca se movió a lo largo de su mejilla a su oído. 

Mientras lo hacía, ella asintió. 

—Quiero que me ruegue entonces —dijo en su oído. Ella sintió su pecho crecer mientras la emoción la llenaba incluso mientras la manipulaba con su mano y su cuerpo la traicionó. 

—Nate… 

—Quiero escuchar que lo digas. Di “por favor Nate, fóllame”

Con su impactante demanda, una demanda para nada como Nate fue aterradora, las lágrimas se arrastraron hasta su garganta y la boca de él se movió de su oído al pecho, chupando el pezón bruscamente, enviando ondas de placer a través de ella. 

Luego hizo rodar su lengua alrededor de este, con su pulgar simultáneamente rodando en el centro de ella, sabiendo, por lo que ahora eran meses de experiencia, que amaba eso, que respondía a eso, que eso la disparaba.

 Esta vez, luchó con él.

 —Por favor, no hagas esto —declaró y volvió sobre ella. 

—¿Quieres saber mis secretos? —preguntó y su cabeza se sacudió. Ella no podía lidiar con los cambios de ánimo tan rápidos como un rayo de él, su cambio de temas, su comportamiento sorprendente. 

Su mano todavía trabajaba sobre ella, y estaba cerca de llegar al orgasmo, podía sentir que venía. Cerró los ojos, arqueó su cuello, esperando que viniera así podía terminar con todo y con suerte, podrían hablar. 

Entonces su mano se alejó. Sus ojos se abrieron de golpe y su barbilla se sacudió mirándolo. 

—¿Quieres saber mis secretos? —repitió. 

—¡No! —gritó, más fuerte de lo que debería en una casa llena de gente durmiendo, una de ellas su hija.

 Su boca la hizo callar y luchó pero su mano volvió, atormentándola y su cuerpo rápidamente ascendiendo en necesidad, incluso mientras continuaba luchando contra él. Con un esfuerzo supremo, liberó su boca. 

—Para, Nate. 

Su pulgar se arremolinaba y ella no pudo evitarlo, se sentía tan bien, gimió bajo en su garganta. 

—No quieres que me detenga —se burló cruelmente al gemir ella—. Como nunca, vas a rogar por esto. 

Ella se mordió el labio, sabía que tenía razón y se odiaba por ello. No podía dejar de presionar sus caderas contra su mano, no podía dejar de pasar sus manos por su espalda mientras sus ojos se cruzaban con los suyos en la oscuridad.

 Podía verlos como arder en ella, no con amor o con pasión sino con determinación implacable de tener exactamente lo que quería.

 —Estos son mis secretos, Lily. Esto es quien soy. 

Ella sacudió la cabeza con fuerza. No creía, no podía.

 —Sé quién eres. Desearía… 

—Ruega —interrumpió Nate sus palabras con su demanda. 

Ella sacudió la cabeza una vez más. Y entonces él sonrió, una terrible sonrisa que la cautivó incluso a la vez que le repelía. Luego la hizo rogar. 

Con una fuerza bruta y una habilidad sin piedad, él la llevó al borde del clímax y más allá, una y otra vez, hasta que no pudo soportarlo más y sintió, que si no tenía liberación, su cuerpo se haría añicos. 

Sosteniéndolo más fuerte, envolviendo sus brazos alrededor de su espalda, sus piernas alrededor de sus caderas y llevando sus labios a los suyos, susurró, la humillación en guerra con el deseo y la pérdida absoluta: 

—Por favor, Nate, por favor, fóllame.

 Y así lo hizo.

 Fue duro, fue rápido, fue brusco y no hubo amor en ello y ella llegó a su clímax tan magníficamente que sintió por un momento que se hizo añicos, gloriosamente.

 Y después de que no se odiara por eso, se detestó a sí misma, a su debilidad y parte de eso era porque se sentía, deslealmente, como si ella lo detestara a él. Nate. Su deseo. Su hombre ideal. 

Su todo. 

Inmediatamente después de que él terminara, salió rápidamente de ella sin tener en cuenta su cuerpo sensible, se puso la ropa y, mirándola, dijo: 

—Me voy a Londres. Vuelvo el viernes.

 Entonces se fue.

 Y Lily siguió acostada desnuda y expuesta, mirando hacia la oscuridad, en el espacio donde él había estado, intentando todavía calmar su mente, después, tratando de formar un pensamiento y fallando en ambas.

 Por último, envolvió una manta alrededor de su cuerpo, se acurrucó en una pequeña bola y lloró. 

Luego se durmió. Para entonces esperar. Y tratar de tener esperanza

**************************

El miércoles, ella llamó a su móvil. Sabía que él estuvo hablando con Tash, aun protegiendo a su hija de lo que sea que estuviera cayéndose a pedazos entre ellos. 

Pero él no contactó a Lily. Llamó a su móvil en la mañana sin desear pasar por otro episodio humillante con Jennifer.

 Pero él no contestó. Y entonces ella lo llamó a media mañana, luego por la tarde. 

Todavía sin respuestas, sintió la esperanza morir rápidamente a medida que él se perdía llamada tras llamada que prometió jamás perderse. 

Después salió de la tienda temprano y se aseguró de estar en casa cuando Tash llegara de la escuela para así poder arrebatarle el teléfono cuando Tash terminara de hablar con su padre. 

—Mami quiere hablar contigo —dijo Tash entre risitas mientras observaba a Lily pasear de un lado a otro en la cocina, con los ojos de Fazire sobre ella evaluándola, comprobándola desde su asiento en la mesa.

 Lily casi le arrebató el teléfono de la mano a su hija cuando Tash se lo ofreció a ella. Lily había estado pensando en ello, tratando de encontrar una razón para su cambio brusco a tal comportamiento hostil y se había convencido de que había empujado demasiado duro, se acercó demasiado, hizo un lío de las cosas al tratar de abrirse paso y estaba lista para retirarse.

 Incluso no tener a Nate era mejor que esto. 

—Nate, yo… 

—Lily, no tengo tiempo para esto ahora mismo —la interrumpió antes de que ella empezara—, llámame más tarde.

 Entonces, sin decir una palabra más o esperando a que ella responda, colgó.

Se quedó mirando al teléfono teniendo dificultades para respirar, su corazón tartamudeando tanto que sintió como si se hubiera detenido.

 Luego miró a Tash que había estado sonriéndole pero su sonrisa desapareció cuando Lily puso el teléfono en el receptor.

 —Papá no… —comenzó Tash

. —Papá está muy ocupado, muñequita. Preparándose para nuestra luna de miel —explicó Lily en voz baja, sin creer una palabra de lo que decía, pero esperando que Tash sí.

 Por suerte, su hija se creyó su mentira, su sonrisa volviendo a toda prisa y saltó fuera de la habitación. 

—Niña Lily —dijo Fazire y comenzó a flotar y Lily sabía lo que eso significaba y no estaba preparada para nada de eso. Lily negó con la cabeza y cuando oyó a Tash arrullando a la señora Gunderson en alguna parte de la casa, sólo dijo una palabra a Fazire, sabiendo que él sabría lo que quería decir: —Tash

. Entonces corrió, corrió por la puerta principal, corrió por la calle, corrió más allá del muelle, por el paseo marítimo, directo a la glorieta y se detuvo. 

Frenó a sus pies, su corazón y pensamientos, y comenzó a caminar, rápido, respirando con dificultad, haciendo que su cuerpo trabaje duro para que su mente no lo hiciera. 

Caminó hasta que sintió que caería luego se volvió hacia la casa.

 Más tarde esa noche, cuando Fazire y Tash estaban dormidos, intentó llamar a Nate una vez más. Él respondió a su móvil y en el fondo, ella oyó lo que sonaba como un club repleto o un restaurante. 

—¿Qué pasa, Lily? —preguntó en lugar de saludarla, obviamente viendo su nombre aparecer antes de contestar el teléfono. 

—Sólo quería decir… —comenzó tímidamente, sin saber lo que quería decir, pero necesitando decirlo de todos modos. 

Entonces oyó, en una ronroneante, voz femenina que estaba muy cerca al teléfono: 

—Nate, nuestra mesa está lista. 

Nate ni siquiera trató de cubrir la boquilla cuando respondió: 

—En un minuto, Georgia.

 Las piernas de Lily se doblaron bajo sí y sin poder evitarlo, se dejó caer y se sentó en la cama. 

Sintió como si le llevara todo un año girar la cabeza y mirar el reloj de la mesilla de noche. 

Eran pasadas las diez de la noche y Nate estaba fuera con Georgia, su antigua novia, una mujer de la que Jeffrey había pensado que él estaba listo para casarse. 

Estaba lejos de Lily la semana antes de su boda, en Londres, en la ciudad con otra mujer.

 —Lily —oyó su nombre en su oído como si viniera de muy lejos pero se había recompuesto lo suficiente para notar que la voz de Nate sonaba impaciente.

 —Es… —Se aclaró la garganta, su cuerpo entumecido, su mente en blanco y no tenía ni idea si su voz traicionaba exactamente cuán rota se sentía—, no es nada, Nate. Diviértete.

 Entonces presionó el botón de colgar, incluso cuando le oyó empezar a decir su nombre otra vez. El móvil sonó en su mano casi inmediatamente, pero ella lo abrió y cerró, colgándole a Nate sin decir una palabra. 

Después lo apagó. 

El teléfono de la casa sonó y lo tomó desde la cama, apretó el botón para “encendido” y entonces presionó el botón de “apagado” y luego “encendido” otra vez, escuchando el tono de timbre insistente hasta que se tornó urgente y aún más prolongado para luego silenciarse. 

Entonces se puso de lado en la cama, empujó la almohada sobre su cabeza y una vez más, mantuvo sus pensamientos a raya con un esfuerzo extremo de voluntad, lloró hasta quedarse dormida de esa forma, dándose cuenta, que era al parecer la única manera en que podía dormir. 

A la mañana siguiente en la tienda, Maxie la acorraló. 

—¿Qué diablos está pasando? Fue todo un esfuerzo pero Lily levantó sus ojos para encontrar los de Maxine.

—Nada —mintió a través de sus dientes—. ¿Por qué lo preguntas?

 —¿Por qué lo… por qué…? —farfulló Maxie—. Te vas a casar con el hombre de tus sueños en dos días y te ves como el infierno. Lamento decirlo, pero es así. Te ves pálida, tus ojos están hinchados. Deberías saber que, Fazire me llamó… 

—No hagas caso a Fazire. Él no sabe lo que está pasando —añadió Lily. 

—¿Tú sabes lo que pasa? —contestó Maxie.

 Lily respondió automáticamente. —Nate es un hombre importante, mucha gente depende de él. 

No ha tenido unas vacaciones… —Lily se detuvo. No tenía ni idea de la última vez que él había tenido unas vacaciones. No tenía ni idea acerca de un montón de cosas acerca de Nate. Lo que sí sabía era que él era precavido. 

Lo que sí sabía era que él tenía secretos. Lo que sí sabía era que, hace ocho años, exigió que se mudara con él y luego le prometió el mundo.

 Dos semanas más tarde, cuando ella más lo necesitó, él rompió todas sus promesas y la dejó ir. Ahora, ocho años después, sucedió lo mismo con ligeras diferencias. Y, dos meses más tarde… 

¿Qué? Él le había advertido, lo sabía. Había permanecido distante.

 Había mantenido su distancia. Había planeado todo para un momento en el que ella no estaría en su vida, casi le dijo que habría un momento, pero tan tonta como era, al creer en genios, sueños y deseos, ella no había escuchado.

 Por primera vez en años, sintió que su confianza en ella se hizo jirones. Sintió que no había cumplido con cualquier promesa que Nate había visto en ella cuando él la recuperó.

 Que este brillante, rico, sofisticado, hombre, imposiblemente apuesto nunca podría encontrar lo que necesitaba en ella. Nunca. 

—Simplemente, por favor, Maxie. No hablemos de esto. Me está dando dolor de cabeza —terminó Lily con otra mentira, algo que estaba haciendo con una frecuencia alarmante en estos días. 

Maxine se apresuró hasta ella y miró a Lily a los ojos.

 —No me vengas con esa cosa del dolor de cabeza, sé que algo no está bien y… 

Antes de que pudiera terminar, el móvil de Lily sonó. 

Estaba puesto boca arriba en el mostrador y tanto Maxie como los ojos de Lily giraron hacia él.

 La pantalla decía: Nate llamando. 

Tanto Lily como Maxie alcanzaron el teléfono. Por suerte Lily llegó primero, sabiendo que Maxie, en su estado de ánimo actual, probablemente haría que los terribles asuntos fueran mucho, mucho peor. 

Lily saltó de su taburete y rápidamente rodeó el mostrador, abriendo su teléfono y poniéndolo en su oreja.

 —¿Nate? —respondió ella.

 —Nunca vuelvas colgarme la maldita llamada y a apagar los teléfonos. 

Lily se detuvo en seco de su huida de Maxie cuando las furiosas palabras de Nate llegaron a su oído, su rabia vibrando a través de su cuerpo como una corriente letal. Él era el que había salido con una ex novia. 

Él fue el que la humilló en su propio sofá de la sala de estar o, más al punto suyo, ya que él lo había comprado, pero aun así, estaba en su casa y ella no había hecho que se deshicieran del antiguo. Él era el que estaba fumando cigarrillos a escondidas en el jardín a medianoche. 

Él era el que no estaba hablando con ella. Él era el que estaba destrozándole el corazón en pedazos. Lily no pudo aguantar más, se rompió.

 —¡Cómo te atreves! —gritó en el teléfono. 

—Tienes a mi hija en esa casa y si algo pasara, yo no podría comunicarme. Me la ocultaste por siete años, Lily. Nunca juegues ese maldito juego de nuevo.

 El cuerpo de Lily se volvió sólido como una roca y ella contraatacó:


—No puedo creer que me hayas dicho eso. Él la ignoró. 

—Estaré en casa esta noche.

 —Ni te molestes —respondió Lily mordazmente.

 —Estaré en casa esta noche —repitió, entonces él le colgó a ella.

 Lily se quedó parada con el teléfono en la oreja, la ira, la humillación y el dolor atravesándola tan fuertemente, que le tomó un largo momento antes de darse cuenta de que Maxine estaba de pie justo frente a ella. 

Cuando los ojos de Lily se centraron en ella, Maxine ya no lucía enojada y decidida a llegar al fondo del asunto, Maxine lucía asustada. 

—¿Qué acaba de suceder, cariñito? —preguntó, su voz suave, dulce, persuasiva. Ante el tono de su amiga, la lucha se escapó de Lily y su visión se disolvió cuando las lágrimas inundaron sus ojos. Los brazos de Maxine la rodearon, abrazándola con fuerza.

 —No sé —susurró—. No sé. —Entonces lo repitió una y otra vez. 

—Calma, cariñito. Calma —murmuró Maxine y le acarició el cabello. Cuando Lily se recompuso, Maxine le dio un pañuelo lila con bordes de encaje para secarse los ojos y dejó estar el asunto, pero la mirada asustada nunca abandonó su rostro.

 Para el momento en que Lily llegó a casa, aterrorizada de que Nate ya estuviera allí, su mentira sobre el dolor de cabeza se había hecho realidad. 

No era una migraña pero estaba cerca. Fazire, ella notó de inmediato, estaba envalentonándose y listo para estallar pero le echó una mirada y, como había hecho en innumerables ocasiones, la condujo a su habitación. 

Le consiguió una bebida fría, algunas pastillas, le preparó un baño y luego mantuvo a Natasha ocupada para que no extrañara a su madre mientras Lily luchaba contra el dolor.

 Lily tomó los analgésicos, tomó su baño, cerró las cortinas y se fue a la cama con una toallita fría en la frente, luchando contra el dolor de cabeza hasta que el medicamento funcionara y finalmente encontrara el sueño. 

—¿Lily? —Fue la voz de Nate, suave, inquisitiva y por un momento ella pensó que estaba soñando. Entonces abrió los ojos y vio su musculoso muslo en la cama. 

Por supuesto Nate se dio cuenta de inmediato que estaba despierta, a pesar de que había cerrado sus ojos casi tan rápidamente como los había abierto. 

—Fazire dice que tienes un dolor de cabeza. —La voz de Nate era tan suave, estaba hablando de una manera que parecía como si pensara que sus palabras estaban vivas y podrían causarle daño. 

—Estoy bien. —Lily mantuvo los ojos cerrados y su voz neutral.

 —¿Es una migraña? —preguntó Nate y ella sintió sus dedos metiendo su cabello detrás de su oreja. Lily cerró los ojos con fuerza ante su toque dulce, suave y familiar, y el dolor se disparó de nuevo en su sien por lo que se vio obligada a preparar su cuerpo para relajarse.

 Ella no podía seguirle al ritmo y no tenía la fuerza para intentarlo. Sospechaba que a pesar de que había perdido interés en ella, no quería que el cerebro de la madre de su hija estallara.

 —Estoy bien, Nate. No es una migraña. —Llevó la mano hasta la toallita, la arrojó a un lado y se volteó de modo que quedara de espaldas a él, todo esto lo hizo sin mirarlo—. Ve con Tash. Ella te extraña. 

—¿Puedo ofrecerte algo? —No había sido disuadido por el hecho de que le diera la espalda, ahora estaba acariciándola desde el cuello hasta la cintura, apartando las cobijas del camino para hacerlo. 

Quería moverse hacia su mano, lo quería tanto que podía saborearlo en su boca, sentirlo en cada poro de su piel.

 En su lugar, se fortaleció en contra de ello. 

—No. Como dije, estoy bien. 

—Lily… 

—Vete, Nate. —Quería sonar exasperada, pero en lugar de eso, sonó como algo más e incluso a sus propios oídos, estaba bastante segura de que sonaba derrotada.

 Él no se fue y tampoco dijo nada más. Lo que hizo fue moverse en la cama para poder sentarse y acariciar su espalda. Ella mantuvo el cuerpo tenso. 

Sintiendo las lágrimas en su garganta, se las tragó. No era rival para su atención —este era Nate— y poco a poco, su cuerpo se relajó, y por último, se volvió a quedar dormida. Cuando se despertó de nuevo, era medianoche. 

El frente de Nate estaba presionado a su espalda, su brazo estaba envuelto apretadamente alrededor de ella y él había enterrado el rostro en su cabello. Lily se quedó allí un segundo, permitiéndose a sí misma, por última vez, fingir.

 Entonces se apartó, se levantó y salió de la habitación en silencio. Después de perderse la cena, encontró que tenía hambre y se preparó un sándwich. Luego se dirigió a la sala de estar, encendió el televisor y comió.

 Sin embargo, no vio la televisión. Su mente estaba en otras cosas. Estaba en su hermosa casa, sus hermosos electrodomésticos y muebles, su hermoso auto nuevo, su cuenta bancaria llena con más dinero del que alguna vez podría gastar. 

Nate había hecho un excelente trabajo. Podría vivir sin él y, al hacerlo, darle a su hija una hermosa casa, llevarla por ahí en un costoso auto y asegurarse de que tuviera todo lo que su pequeño corazón deseara. Él no había estado enojado de que, al ella apagar los teléfonos, no pudiera comunicarse con ella si algo hubiese sucedido. Todo había sido por Tash, se dio cuenta, el dolor y la amargura ardiendo a través de ella. Todo ello. De hecho, no le sorprendería que él le hubiese dicho a Danielle que le dijera que había muerto hace tantos años, cansado de la ingenua y empalagosa chica de granja y listo para despedirla. Ella probablemente había sido una diversión interesante, una virgen inexperta. 

A los hombres les gustaba eso. Pero una vez que había conseguido lo que quería, la parte interesante obviamente dejó de serlo.

 Pero al enterarse de que tenía una hija y también enterarse de que Lily iba a dar batalla, una batalla en la que sería difícil para él ganar — teniendo en cuenta lo que ahora estaba convencida era su comportamiento, sus mentiras, su engaño, igual que su hermano y su hermana—, se dedicó a ganar de otra manera. 

Y disfrutó del botín de la victoria mientras tanto. Pero cuando le había dicho que lo amaba, eso era algo que no necesitaba, que no quería e inmediatamente y sin piedad, se deshizo de ella. Ahora que conocía su lugar, ahora que él había dejado descaradamente claro con esa debacle en la misma sala en la que estaba recostada en ese momento, él sabía que la tenía donde quería.

 La había abrazado en la noche, había tomado todo de ella cuando quiso y la había dejado cuando no lo hizo.

 Ella seguía siendo nada más que una ingenua muchacha de granja de Indiana y no para gente como él, excepto por el tedioso hecho que ella era la madre de su hija. Comprender esto lo hacía más fácil, se dijo (pero realmente ella misma no se lo creía). Sabía dónde estaba parada. 

Sabía por qué él no le daba lo que necesitaba, por qué no le daba nada de sí mismo.

 Porque no era suyo para tener.

 Tal vez, esperaba, un día él se lo daría a Tash. Con este pensamiento, se quedó dormida en el sofá sólo para ser despertada en lo que parecieron minutos después, porque estaba siendo levantada en el aire. 

Automáticamente, sus manos se movieron alrededor de los hombros de Nate.

 —¿Qué…? —empezó ella, notando vagamente que él había apagado la televisión y la luz. 

—Tú duermes conmigo. —La voz de Nate era dura de nuevo, ida ahora la suavidad que le había mostrado cuando tenía el dolor de cabeza. 

—No creo… —comenzó ella de nuevo mientras él desocupaba la sala y se dirigía a las escaleras. Trató de empujarse fuera de sus brazos, pero se apretaron como bandas de acero. 

—Tú duermes conmigo —repitió, otra vez bruscamente y en un tono que no aceptaba negación.

—Bájame —exigió Lily y él lo hizo, en el rellano de la planta baja, pero le tomó la mano y la llevó a rastras por los siguientes dos tramos de escaleras. A medida que se acercaban a las habitaciones de Fazire y Tash, Lily no hizo ni pío y no se apartó. Una vez en su habitación, él cerró la puerta y la arrastró directamente a la cama donde los hizo detenerse. 

—No entiendo por qué… —Lily se volteó hacia él, pero la interrumpió de nuevo. 

—¿Qué pensaría Tash si te viera durmiendo en el sofá? —espetó Nate. Sintió como si le hubiese dado un puñetazo en el estómago y al mismo tiempo, su corazón se hizo añicos.

 —Por supuesto —murmuró ella—, Tash. 

Todo era por Tash.

 Rememorando los últimos dos meses, supo que todo lo que él hacía era por Tash. Una madre y un padre, viviendo juntos, por Tash. 

Ella tomó su decisión. 

Sorprendentemente esta vez no fue difícil.

 Tiró de su mano de la de él y se subió a la cama en su lado donde él los había detenido, haciendo su camino hacia su propio lado y acomodándose, su espalda hacia él. 

Él se unió a ella en la cama, colocó las mantas sobre ellos y la rodeó por la cintura, arrastrándola a través de la cama y hacia la calidez de su cuerpo.

 Ella trató de zafarse pero en su oído, él siseó:

 —Quédate quieta. 

—A Tash no le importa cómo durmamos, Nate —gritó Lily de vuelta, su tono amargo. 

Dio un tremendo jalón y se escabulló. Luego esperó, tensa, que él la jalara de vuelta.

 No lo hizo. 

Ella no se durmió pero escuchó —pensó, pero no estuvo en lo correcto— cuando él lo hizo. 

Luego, horas después, cuando era el momento, ella se levantó, tomó su ropa, su maquillaje y todo lo que necesitaba y se encerró en el baño y no salió hasta que estuvo lista para enfrentar el día y para enfrentar a Nate. 

Cuando abrió la puerta del baño, era Nate quien se estaba paseando. Vestía un pantalón de pijama azul oscuro, lo que había estado vistiendo la noche anterior cuando la había arrastrado a la cama y pasaba una mano a través de su cabello. Ante la abertura de la puerta, se detuvo y se deslizó hacia ella. Su mano no cayó sino que se quedó en su nuca y la miró. No como si fuera un bicho bajo su escrutinio, ni en blanco, ni indiferente, pero ella no podía decir qué leía en su rostro y ya no le importaba.

 Trató que no le importara cuán hermoso era, de pie ahí con su torso musculoso, estómago apretado, cabello oscuro, ojos oscuros e intensos y cuerpo poderoso, pero no pudo. Tal vez, pensó distraídamente, con práctica sería capaz de hacerlo. Algún día. Sus ojos la miraron de arriba a abajo y luego se quedaron en los de ella y se miraron el uno al otro por lo que parecieron horas pero que probablemente fueron minutos.

 Finalmente, dejó caer su brazo.

 —Tenemos que hablar —le dijo a ella. Ella sacudió su cabeza y caminó dentro de la habitación, dejando sus cosméticos sobre el tocador, luego se giró hacia él. 

—El tiempo para hablar se terminó —contestó ella, sintiendo extrañamente que a pesar de que habían sido solo algunos días desde que le habría rogado que hablara con ella, le rogó que hablara con ella, se sentía como una eternidad. Caminó hacia la puerta pero él la detuvo con una mano sobre su brazo, sus dedos cerrándose alrededor de este dolorosamente mientras la giraba para enfrentarlo. 

—Vas a escucharme —le exigió.

 Ella tiró de su brazo y cuando se movió para volver a agarrarla, ella cortó con una voz horrible, una voz que nunca había escuchado pasar sus labios en su vida.

 —No me toques. Ante su tono, Nate se quedó completamente quieto.

Lily continuó, hablando en esa voz. —Me voy a casar contigo mañana como quieres, por Tash. Dormiré en la misma cama contigo y fingiremos que somos una familia amigable. Puedes irte a Londres y hacer lo que necesites hacer con las mujeres que necesites ahí y yo… —titubeó, sin saber qué decir, luego se tranquilizó y le dijo honestamente—. Hazlo sin mí. 

—Lily… —interrumpió pero ella siguió. —Lo he hecho antes, lo haré de nuevo. Estará bien. Todo estará bien y Tash nunca lo sabrá. —Escúchame… 

—¡Nunca lo sabrá! —dijo Lily fervientemente pero su voz baja que ni Tash ni Fazire la escucharían—. Nadie lo sabrá alguna vez —dijo como si estuviera tratando de convencerse a sí misma. Luego, sintiendo que había hecho su punto, se giró y tenía su mano sobre el picaporte de la puerta, sintiendo el escape, pero fue frustrada cuando la giró de vuelta, sus brazos cerrándose alrededor de ella apretadamente, trayéndola contra su cuerpo y para su sorpresa, su rostro fue hacia el cabello al lado de su cuello. 

—Lily, quiero decirte sobre… Su cuerpo se puso rígido como una tabla.

 —Quita tus manos de mí —dijo ella. Él quito sus brazos de alrededor de ella pero su esperanza que hiciera lo que le pidió fue arruinada cuando inmediatamente enmarcó su rostro con sus manos. 

—Necesitas escucharme. Necesitas saber quién soy antes de que te cases conmigo mañana. Necesitas saber así puedes tomar la decisión correcta y la que sea que sea, yo… 

—Sé quién eres, Nate. Me lo mostraste el lunes en la noche, ¿recuerdas? Él cerró sus ojos pero no antes (ella lo podía jurar) que viera ese familiar dolor deslizarse a través de ellos. Él dejó caer su frente en la de ella luego los abrió de nuevo y admitió, su voz severa pero no con enojo con emoción: 

—Trataba de alejarte. Pensé que era lo correcto por hacer pero cuando escuchaste a Georgia, tu voz, Cristo, Lily, tu voz. No puedo sacarla de mi cabeza. Estaba fuera con sus padres, han sido amigos de la familia por años. No se suponía que ella estuviera ahí. Lily sacudió su cabeza y trató de liberarse de sus manos. Esto no funcionó así que se mantuvo firme y lo miró, ahora eran sus escudos los que eran impenetrables o al menos, se dijo eso, limpiaría estas heridas en particular más tarde. —Lily, mi madre era… —comenzó él. —¡Basta! —gritó, y con un esfuerzo sobrehumano sacó la cara de sus manos y dio un paso atrás. Ya no le importaba quién se encontraba en la casa. Tenía que salir de allí. Tenía que salir de allí y alejarse de Nate tan pronto como pudiera. Nunca pensó que se sentiría como si necesitara estar lejos de Nate, pero en ese momento lo necesitaba más que al aliento. 

—Ya no me importa, Nate —mintió, importándole más que nada, pero muy buena en mentir con toda la práctica que había tenido recientemente. Sus ojos se estrecharon. Por supuesto, él veía a través de ella y ella sabía que él no le creía, pero mantuvo su distancia, y aunque la distancia entre ellos no era mucha, estaba agradecida por ello.

 —El momento para decirme era hace ocho años —le informó—. Ya no me importa. Lo entiendo, Nate. Lo entiendo. Yo sólo soy la llana, tonta chica de campo que se enamoró de quien ella pensaba que era su héroe romántico. —En ese momento, Lily río, el resentimiento ácido en el sonido causando que las facciones controladas de Nate hicieran una mueca de dolor y él se acercara a ella de nuevo, pero ella rápidamente retrocedió, levantando la mano para mantenerlo a raya. Sus ojos cayeron a su mano y se detuvo. Abrió la boca para hablar, pero Lily llegó primero. 

—Fui tan estúpida como para pensar que me desearías. —Gesticuló entre ellos—. Estúpida, estúpida, estúpida. Tú, el apuesto y brillante, rico e imposiblemente apuesto héroe, queriendo a una tonta como la yo de antes. La Lily Jacobs don nadie. Gorda, estúpida, fea Lily Jacobs. —Ella se tragó su risa esta vez con las lágrimas obstruyéndole la garganta, ya sin saber siquiera lo que estaba diciendo, sus ojos brillando con lágrimas que ella se negaba a soltar y por lo tanto perdiéndose la mirada atónita de Nate de incredulidad y continuando—: Quien eres ahora es el padre de mi hija. Eso es todo. Fin. Tienes que seguir fingiendo y encontrar un lugar donde quedarte esta noche y llevarte a Tash y Fazire contigo. Así no tendrás que verme antes de la boda. 

Mala suerte. —Se río de nuevo, por completo sin humor.

 Luego terminó con—: Te veré mañana. —Y dijo esto con finalidad, esta vez su tono no admitía respuesta. 

Le dio la espalda, abrió la puerta y huyó tan rápido como sus pies la llevaron (que no se veía muy rápido, con fines de fomentar la confianza, porque ella se había puesto un par de sandalias de fantasía rosa fuerte, de tiras y con tacón alto con una gran flor en el dedo del pie y para ir a juego, un vestido de verano al cuerpo rosa intenso). Nate no la siguió.

 Era su turno de dejarle una nota a Tash, diciendo que tenía que ir a trabajar temprano. Luego subió a su sofisticado Mercedes nuevo y se fue. No fue a trabajar, no hasta que ya era hora, simplemente condujo. Dejando su mente en blanco e instalando una armadura alrededor de su corazón ya congelado.

***********************************

Ahora estaba de vuelta en casa, esperando a que Nate viniera a recoger a Tash y Fazire. Armándose de valor para pasar una noche alegre con Laura y Maxie, celebrando su última noche de libertad antes del gran día.

 Habían planeado champán y una orgía de comida y Maxine habían traído CDs con los que más tarde bailarían borrachas como Lily y Maxine ya a menudo habían hecho con Fazire en el pasado. 

Lily estaba muy lejos de las celebraciones con champagne y el baile, no era divertido. De hecho, no estaba segura de que jamás fuera a reír de nuevo. La puerta se abrió y Fazire se estrelló con su fiesta aún no iniciada.

 —Niña-Lily, tengo que hablar contigo ahora —ordenó grandiosamente.

Los ojos de Lily fueron a la ventana y vio a Nate salir de su Aston Martin. Inmediatamente entendió la imperiosa y poco asustada demanda de Fazire. 

Sintió la emoción familiar correr a través de ella al ver a Nate moverse con gracia hacia la casa pero la aplastó y miró de nuevo a Fazire.

 —Ahora no, Fazire, estamos en medio de una despedida de soltera. — Eso, también, era una mentira. 

Fazire miró a Lily, a Laura, a Maxine, al champagne que residía en su cubo de hielo sin abrir, las copas sin llenar alrededor de él. 

Entonces sus ojos volvieron a Lily. 

—No seré negado. Mi habitación. Ahora. —Luego se precipitó fuera de allí y ella sabía que tenía ganas de flotar, por lo que muy dentro se sintió un poco mal por él. Lily se levantó y lo siguió a la puerta, la cerró y giró hacia Maxine y Laura.

 Maxine conocía las consecuencias de desobedecer a Fazire y su boca se abrió de horror. Laura, que no sabía, seguía viéndose un poco asustada. 

—Cariño, deberías ir con él —urgió Maxie. 

—No —respondió Lily. Maxine y Laura se miraron entre sí otra vez. 

—Paaaaapi. —Escucharon el alegre grito de Tash en el pasillo. Lily se fue directo al champagne e inició los preparativos para abrirlo, decidiendo que emborracharse, muy borracha y rápido, era posiblemente el mejor camino para solucionar esta crisis.

 Una vez más, Maxine y Laura miraron horrorizadas como Lily ignoró la inminente llegada de su esposo, aparentemente amado más allá de la razón, a la hermosa residencia que él le había proporcionado, haciendo el trabajo de cinco años en dos meses a un mejor ritmo del que Lily, por mucho, podría haber gestionado o permitido. 

—No vas a, emm… —dijo Laura indecisamente—, ¿saludar a Nathaniel?

—Él sabe dónde encontrarme —manifestó Lily con profunda y falsa indiferencia y luego descorchó la botella justo cuando la puerta se abrió abruptamente de nuevo.

 —Yuupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii —gritó Natasha y corrió a través de la habitación—. ¿Puedo tomar un poco de champagne, mami? ¡Por favor, por favor, por favor! Nate entró a la habitación detrás de su hija y Lily también lo ignoró. La señora Gunderson entró tranquilamente saltando al lado de Maxine e instalándose para el show. 

—Pregúntale a tu padre, muñequita, es posible que él tenga algo especial planeado para esta noche. —Finalmente los ojos de Lily se encontraron con los de Nate—. Y a él no le gustaría que se retrasaran — terminó ella con disimulado malestar, lo que significaba que esperaba que Nate llegara y se fuera rápidamente. 

Las cabezas de Laura y Maxine voltearon a mirar a Nate mientras la señora Gunderson, se retorcía expectante al show.

 Él estaba de pie en su caro traje gris oscuro de magnifico corte luciendo imposiblemente, insoportablemente apuesto. Tash corrió hacia él arrojando sus brazos alrededor de su cadera, recostando la mitad de su cuerpo hacia atrás y gritó. 

—¿Puedo, papi? ¡Por favor, por favor, por favor! 

Lily observó mientras la mano de Nate se posaba sobre la coronilla de la cabeza de su hija y entonces la deslizó para acariciar suavemente su mejilla, todo el tiempo la observaba con una suave expresión en su rostro. 

Ella se endureció, también, contra el cálido rubor que la hizo sentir lo que veía.

 Ella no lo había visto desde que huyó de su sermón esta mañana. 

Tampoco lo había escuchado y no le importó. Esto, también, era una mentira, en ese momento ella estaba mintiéndose a sí misma y no le importaba nada (eso, también, era una mentira). La cabeza de él se levantó y sus ojos se fijaron en los de Lily, inmovilizándola en el suelo, para ser más precisos. 

—Por supuesto puedes tomar un poco de champagne —le dijo a Tash y Lily notó la intensidad de sus ojos pero también que ellos eran imposibles de leer.

 Todo lo que vio fue que ellos no estaban vacíos o indiferentes pero sí ardiendo. Laura y Maxine —y la señora Gunderson— giraron sus miradas de vuelta a Lily. 

—¡Por supuesto! —exclamó Lily, demasiado alto—. Todos nosotros tomaremos champagne. Qué esplendida idea, Nate. Tú de todas las personas sabes que tenemos mucho que celebrar —terminó ella maliciosamente y la fealdad se sentía extraña sobre su lengua.

 Laura, Maxine y Gunny voltearon su mirada de nuevo a Nate pero antes de que él respondiera, Fazire entró como una tormenta. Él le dio una mirada rápida a Nate, dándole un asentimiento con la cabeza y luego miró de nuevo a Lily.

 —Pensé que te dije que íbamos a hablar en mi cuarto —espetó él. 

—Fazire, justo a tiempo —dijo Lily, aplaudiendo con fingido deleite—, estamos bebiendo champagne antes de que tú, Nate y Tash se vayan para Bath. Es una idea de Nate. ¿Él no es la bomba?

 Fazire miró con ojos entreabiertos a Lily y Tash reía, su hija fallando en leer el sarcasmo de su madre aunque ciertamente los otros no. La mirada de Fazire fue también de regreso hacia Nate. Lily ignoró a todos y extendió su mano hacia su hija.

 —Vamos, Tash.

 Traigamos vasos extra. Tash revotó hacia ella y su pequeña mano se cerró alrededor de la de Lily y por primera vez en el día. Lily sintió una pizca de consuelo. No importa lo que su vida le haya traído, no importa los nuevos horrores, ella siempre tendría a Tash y ahora Tash tendría todo; una familia, abuelos, un hogar estable —de cierta forma— que era lujoso y elegante, con fondos financieros confiables, clases de equitación. Todo. 

Si, Lily decidió que viviría por eso.

Y con ese pensamiento, su rostro se hizo más suave y ella le dio a su hija una genuina e inestable sonrisa y estaba tan envuelta en su miseria que no tuvo absolutamente ninguna idea del efecto que tenía en la habitación, particularmente a uno de sus habitantes, el imposiblemente apuesto. 

—Solo un sorbo, mi bebita —le advirtió mientras ella y su hija dejaban la habitación. 

—Está bien. —Tash estaba entusiasmada de tener el decadente premio y era suficientemente inteligente como para no presionar. Se encontraron con Victor en su camino a la cocina, que estaba subiendo del estudio. La mirada que le dio a Lily fue amable y muy, muy preocupada. 

—Vamos a tomar champagne en la sala de estar antes de que todos se vayan a Bath —anunció Lily alegremente mientras caminaba directamente hacia él. 

—Lily, ¿podemos tener un momento a solas? 

—Nop. Champagne y luego se van. No hay mucho tiempo para charlas —respondió Lily con una deslumbrante y falsa sonrisa arrojada sobre su hombro. Luego ella prácticamente escapó a la cocina y trató de pretender que no había visto el rostro preocupado de Victor. 

Tomaron champagne y Lily sintió intensamente, aunque agradecida pues Tash pareció no notarlo, la tensión en la habitación. Todos brindaban por el futuro de Lily y Nate. Todos ellos trataron de estar felices. Luego de que el champagne fue bebido, Nate y Victor cargaron los autos, Tash iba en el Aston Martin y Fazire en el Jaguar de Victor. Lily se fue detrás de Nate y Tash.

 Le dio a su hija un abrazo y un beso poniéndola en el interior del vehículo. Cerrando la puerta diciéndole adiós lanzándole un beso, giró y casi se chocó con Nate. Antes de que ella supiera lo que él haría, su brazo estaba alrededor de ella, dio un paso hacia atrás, arrastrándola con él, un paso, dos, tres antes de que ellos se alejaran del auto pero aun a la vista de todos y todos viéndolos. 

Entonces su otro brazo fue alrededor de ella, los acomodó de tal forma que estaban dándoles la espalda a la audiencia y Lily estaba protegida, protegida de todos menos de Tash.

 Entonces la besó.

Fue un beso real, no falso, no fingido, no demandante ni codicioso, un beso real de Nate que la dejó sin aliento. Cuando él levantó su cabeza, sus ojos atravesaron los de ella, su intensidad arraigándola en su sitio.

 —¿Estarás allí mañana? —Era una pregunta. 

—Por supuesto —respondió automáticamente. —Sin importar nada, ¿estarás allí mañana? 

Ella seguía tratando de recuperarse del beso pero supo que podría haber escuchado miedo en su voz. Esto, se dijo ella, tenía que ser el champagne aunque solo se haya tomado un vaso.

 No tenía idea a donde iba él con esto. Los cambios de humor de él eran suficientes para marearla, si su beso no había hecho eso ya.

 —Sí, Nate —replicó ella, cavando profundamente y encontrando su armadura, la armó, lo hizo con un propósito y con seria determinación—. Nunca decepcionaría a mi hija.

 Los ojos de él llamearon pero en lugar de dejarla ir, volviéndose enojado o hablarle, él la besó de nuevo. 

Esta vez un real, real beso de Nate, con la boca abierta marcándola, un beso como el que nunca le había dado enfrente de Tash, mucho menos cuando su hija estaba solo a un metro de distancia y probablemente observando ávidamente. 

—Lily… —empezó él pero se detuvo. Ella parpadeó hacia él, la recuperación del último beso tomándole un poco más de tiempo.

 —¿Qué? —susurró ella cuando él no continuó. 

—Mañana nosotros empezaremos… —dijo él y Lily lo miró fijamente, sin saber, a que se refería, luego terminó—: de nuevo. 

Con esto, la dejó ir. 

Ella casi se tambaleó al perder su fuerte agarre pero se enderezó. 

Giró y lo observó subir al auto y lo despidió aturdida con la mano mientras se llevaba a su hija lejos, Victor y el ceñudo de Fazire los siguieron. 

Maxine y Laura llegaron por el otro lado de ella.

—Lily, pienso que es tiempo que yo… —dijo Laura. 

—¡Fiesta! ¡Es hora de la fiesta! —gritó Lily y entonces, sin importarle qué pensaran, corrió al interior de la casa.


Que tu boca no calle lo que tu corazón siente....
Que tus sentimientos no sean una mentira....



 
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Jue 2 Mar - 20:51

Por Dios Nate se pasa, idiota el cree que puede decidir x lily. Y de donde apararecio la ex, sinceramente yo hubiese utilizado el deseo pa matarlo jeje, mentira






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por mariateresa el Vie 3 Mar - 9:32

OH POR DIOS , OH POR DIOS, NATE ES UN HDP INSENSIBLE SE MERECE QUE LILY NO SE PRESENTE A LA BODA, SE RETRAE POR SER UN COBARDE Y NO CONTARLE  SU PASADO TODO LO QUE HACE ESTA MATANDO EL AMOR QUE LILY SIENTE POR EL.



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por LuVelitta el Vie 3 Mar - 10:03

Nate es un idiota!! Si no fuera por Tash y yo fuera Lily hace rato me hubiera ido y que él se quede con su pasado y sus cosas!! 



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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por wordsofthisgirl el Vie 3 Mar - 16:18

hasta cuando Nate? 

Lily ha sido muuuuy paciente, era horea de que ya no se calara las estupideces de Nate.


   
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por chio.2099 el Vie 3 Mar - 16:26

Lo digo en serio deseo patear sus pequeños kiwiws de Nate !!!!!!
A mi tambien me cansan sus estados de animo ....
Y lily ..... se que hace mal a hacer algo solo por su hija pero al final del dia aun ama con todo su ser a Nate.

Fazire me encanta su tono de autoridad jejeje
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Vie 3 Mar - 16:29

@chio.2099 escribió:Lo digo en serio deseo patear sus pequeños kiwiws de Nate !!!!!!
A mi tambien me cansan sus estados de animo ....
Y lily ..... se que hace mal a hacer algo solo por su hija pero al final del dia aun ama con todo su ser a Nate.

Fazire me encanta su tono de autoridad jejeje
pienso igual que tu a Nate por muy bueno que esta quiero 






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por chio.2099 el Vie 3 Mar - 17:04

@eilyno escribió:
@chio.2099 escribió:Lo digo en serio deseo patear sus pequeños kiwiws de Nate !!!!!!
A mi tambien me cansan sus estados de animo ....
Y lily ..... se que hace mal a hacer algo solo por su hija pero al final del dia aun ama con todo su ser a Nate.

Fazire me encanta su tono de autoridad jejeje
pienso igual que tu a Nate por muy bueno que esta quiero 

Abusa totalmente de que lily tiene un alma buena. 
Siempre sin importar que amo a todos los protagonistas, pero nateaa pesar de que fue el deseo de lily y fazire se lucio en cumplir el deseo, es un hijo de su ..... madre!!!!
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por eilyno el Vie 3 Mar - 17:08

jajajajaja sii @chio.2099






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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

Mensaje por julietmo el Vie 3 Mar - 17:27

25
 
Nate
 
Tenían habitaciones en el Hotel Royal Crescent en Bath. Nate los había llevado a cenar y luego caminó junto a su exuberante y emocionada hija por la opulenta ciudad georgiana con un tranquilo Fazire y Victor siguiéndolos.
 
 De vuelta en sus habitaciones, Nate dejó que Tash leyera para él antes de que se fuera a dormir en una de las dos habitaciones en su suite. Esto no fue una tarea fácil, teniendo en cuenta su previsión para las festividades del día siguiente. A través de todo esto, había mantenido un estricto control sobre sus pensamientos y se puso al día con Fazire, quien sabía estaba apenas conteniendo su deseo de hacer alguna gran declaración, y su padre, quien también estaba apenas conteniendo su deseo de tener una charla sincera con su hijo.
 Nate se deslizaba sobre el puro miedo impulsado por la adrenalina. No había sentido miedo desde que era un niño. Pero recordó lo que sentía, aunque el temor a una paliza de uno de los amantes drogadictos de su madre nada tenía que ver con el miedo desgarrador que tenía por perder a Lily. De nuevo. Su demente, equivocada y absurda decisión a demostrarle quién era en su manera única, obscena, para mantenerla resguardada en contra de su propio corazón amoroso, había sido el error más extraordinario que había cometido en su vida. Y recordaba cada uno que alguna vez había hecho.
 Vívidamente. Y pensaba que el último, el no seguir a Lily a Indiana cuando su vecina le había dicho que había ido a casa, era bastante malo. Éste había sido peor. Esta vez no tenía a Danielle ni a Jeffrey para culpar.
 Esta vez le había hecho daño por su cuenta. El vaso de vodka que sostenía se rompió en su mano, sintió los fragmentos rasgar a través de su carne y observó, distante, mientras la sangre se formaba y goteaba mezclada con el vodka a la alfombra. A medida que observaba, desinteresado, como sangraba vino un golpe en la puerta. Este fue un fuerte golpe, pero fue rápidamente seguido por uno dominante o, más acertadamente descrito, una sucesión de golpes prepotentes.
Su padre y Fazire. Nate sacó su pañuelo y lo envolvió alrededor de su mano. Haciendo caso omiso del vaso, el vodka y la sangre en el suelo, fue a abrir la puerta. Ambos hombres estaban afuera. El rostro de Victor lucía severo.
 El de Fazire, notó Nate de manera distraída, era el mismo. Fazire también sostenía un álbum de fotos.
—Tenemos que hablar —anunció Victor.
Sin dudarlo, Nate asintió y se hizo a un lado. Fazire y Victor se miraron sorprendidos, pensando claramente que encontrarían alguna resistencia. Nate estaba más allá de la resistencia, no tenía la energía para ello
 Los dejó en la puerta, se dirigió a la sala de estar y se sentó en un sofá.
 —¿Qué le has hecho a tu mano? —preguntó Victor alarmado y Nate vio como su padre se contuvo de correr hacia delante.
—Vaso roto. —Nate hizo un gesto con calma al vidrio en el suelo y no explicó más.
No necesitaba hacerlo.
Tanto Fazire como Victor observaron los cristales y luego se miraron entre sí una vez más. Victor cerró la puerta; avanzaron al unísono y se sentaron frente a él.
—¿Está todo bien entre Lily y tú? —preguntó Victor y ante su  pregunta, Nate echó atrás la cabeza y rió.
Era muy parecida a la risa de Lily esa mañana, más fuerte, pero igual de triste y amarga. Cuando terminó, disparó su oscura mirada a su padre y vio que Victor se había puesto pálido.
—No —respondió con sinceridad.
—No lo creía —murmuró Victor, mostrando, para sorpresa de Nate, que no sabía qué hacer a continuación.
 Fazire no fue tan incierto.
El amigo extravagante de Lily dejó de golpe un álbum de fotos en la mesa entre ellos.
—Es tiempo —anunció.
 —Fazire… —intervino Victor. La mirada de Fazire giró con altivez a su compatriota.
—Es tiempo —insistió Fazire. Victor se echó hacia atrás y miró a Nate.
—Hijo, prepárate —le advirtió en un tono grave.
Nada, pensó Nate, podía penetrar el temor de lo que mañana traería, ni siquiera Fazire. Pero una vez más, Nate se equivocó.
Fazire empezó a hablar y Nate volvió sus ojos al hombre extravagante.
—Hace muchos años, un hombre compró mi botella…
 —¿Tu botella? —interrumpió Nate.
 La mano de Fazire se alzó.
—No me interrumpas, Nathaniel.
 Nate miró a Victor y entonces se encogió de hombros.
Lo mejor era terminar con esto para que así pudiera servirse otra copa, y luego otra, y luego otra hasta que se emborrachara lo suficiente para dormir y para que así pudiera tener suficiente resaca para mañana, cuando Lily volviera en sí, y él tuviera algo más para pensar cuando ella lo dejara en el altar proverbial.
—Como estaba diciendo —continuó Fazire—, un hombre compró mi botella y la envió a una mujer, su esposa. Ella vivía en Indiana y se convirtió en mi amiga. Su nombre era Sarah… Después, durante media hora, Fazire habló. Le contó a Nate que él era un genio. Le dijo a Nate sobre los padres de Lily, Becky y Will. Le dijo a Nate sobre los juegos de béisbol y estar acostado en tubos inflables flotando en los días calurosos de verano lejos en un estanque. Le contó a Nate que en realidad él había creado a Lily.
Entonces había abierto el álbum de fotos y mostró a Nate lo que Fazire llamó su “mayor error”.
 La mirada un tanto alarmada de Nate volvió a las fotos de Lily, fotos que nunca, a simple vista, reconocería eran Lily si no hubiera mirado de cerca lo suficiente para ver sus extraordinarios ojos azules, o, en algunas de las fotos, su sonrisa peculiar.
Aturdido por las fotos de la gordita y sencilla —pero no del todo poco atractiva, no con esos ojos o esa sonrisa— chica que era su Lily, Nate escuchó más sin interrupción a Fazire contándole sobre la obsesión de Lily por las novelas románticas.
 Acerca de los niños siendo cruel con ella en la escuela —esto, Nate no tuvo problemas para creer, a pesar de que todo lo demás que Fazire decía tenía que ser los desvaríos de un lunático—, del chico por el que tenía un flechazo insultándola y rompiendo su corazón de catorce años de edad.
 Entonces Fazire dijo a Nate de su deseo, su deseo por él, su deseo por un héroe romántico que la amaría más que a nada en la tierra y pensaría que era hermosa. Cuando terminó de hablar, Nate lo miraba fijamente.
—Estás loco —susurró Nate, preguntándose si tal vez debería llamar a un médico, ahora.
Fazire miró a Victor y éste asintió. Entonces Fazire chasqueó los dedos y Nate oyó un tintineo de cristal. Su mirada volvió a los fragmentos rotos en el suelo y los vio saltar alrededor para luego, en un abrir y cerrar de ojos, desaparecer junto con las manchas de sangre y vodka. Poco a poco, Nate se puso de pie.
—¿Qué demonios? —murmuró
—Soy un genio —anunció Fazire.
 La mirada de Nate giró hacia Fazire y se estrechó.
—Has estado cuidando a mi hija —declaró Nate con una voz tan controlada, que tenía un borde letal.
—No le haría daño a Tash. He creado a su madre, por el amor de Dios —bramó Fazire pero Nate no iba a seguir con esto.
Había tenido suficiente de este extraño hombre y no iba a continuar con algún mago extraño afirmando ser un genio viviendo con Lily y Tash. Sabía por Lily al mencionar en varias ocasiones su “deseo” de que Fazire también la hubiera convencido, de que él era un genio. Nate lo miró enfurecido.
—Vete —exigió, sabiendo en ese momento que si Fazire no se iba, Nate lo expulsaría de su vida y de su familia—, ahora mismo.
Fazire chasqueó sus dedos otra vez y la habitación se llenó con una voz, una voz que era dolorosamente familiar. La voz de Lily, pero joven, la voz de una niña convirtiéndose en una mujer.
 —Fazire, me gustaría encontrar a un hombre como los de mis libros. Tiene que ser igual que en uno de mis libros. Y tiene que amarme, más que a nada en el mundo. Lo más importante de todo, tiene que pensar que soy hermosa. Nate se congeló ante las palabras sin cuerpo que parecieron danzar a través del aire. No había grabadora ni altavoces, las palabras simplemente colgaban en el aire, viniendo de la nada, de ningún lugar, pero estaban alrededor de ellos. —Tiene que ser alto, muy alto y moreno, de hombros anchos y caderas estrechas.
Los dedos de Nate se cerraron en puños e ignoró el dolor de su mano lesionada al oír las palabras que Lily le había dicho a él hace apenas unas semanas, sonriendo, bromeando, diciéndole que era su héroe romántico de “caderas estrechas” que podía “inclinarse bien”.
 —Y tiene que ser apuesto, increíblemente apuesto, imposiblemente apuesto con una fuerte mandíbula cuadrada y pómulos marcados, piel  bronceada y hermosos ojos con exuberantes pestañas gruesas. Tiene que ser listo y adinerado, pero muy trabajador. Tiene que ser viril, feroz, despiadado y rudo.
—Basta —exigió Nate en la palabra “rudo” y la dulce voz de Lily diciendo la misma palabra con la que lo llamó semanas antes pero dicha años antes, en un deseo.
 La voz implacablemente continuó. —Y tiene que ser duro y frío y quizás algo prohibido, un poquito malo con un corazón roto que tendría que reparar o uno cubierto de hielo que tendría que derretir o mejor aún, ¡ambos! Nate cerró los ojos ante la esperanza de su voz, deseando también poder parar sus oídos para no oír.
 —Tendemos que pasar por algunas pruebas y tribulaciones. Algo que ponga a prueba nuestro amor, que lo haga fuerte y digno. Y…y… él tiene que ser atrevido y muy masculino. Poderoso. Que la gente le deba respeto, tal vez que le teman. Debe tener gracia y ser ágil, como un… ¡como un gato! O un león. O algo por el estilo. Y tiene que ser un buen amante. El mejor, uno muy bueno, que casi pueda hacerme el amor con sólo usar sus ojos.
Ante eso, Nate abrió los ojos y se echó a reír, esta vez sin amargura. Se dejó caer de nuevo en el sofá y escuchó a una joven Lily describiendo su deseo más profundo, su más sincero deseo.
A él.
 —¿Eso es todo? —Nate oyó a la voz de Fazire preguntar—. ¿Segura de que quieres que este sea tu deseo? —Hubo un titubeo y entonces Fazire continuó—. Muy bien.
La voz de Lily lo interrumpió.
—No te olvides de la parte de que tiene que amarme más que a nada en la tierra. Sus palabras y su tono ferviente atravesaron el estómago de Nate.
—¡Y! —Nate la oyó estallar con desesperación—. La parte de que piense que soy hermosa.
—Lily, serás hermosa, ya lo eres. —Nate oyó la incorpórea voz de Fazire tranquilizándola, sus ojos se dirigieron hacia el extraño hombre y por primera vez lo miró con respeto descuidado.
—Sólo no olvides esas partes, son las más importantes —le recordó Lily a su genio, su voz temblorosa y, Nate pensó, terrible e inolvidablemente triste.
—No voy a olvidar nada de eso. —Nate oyó a Fazire prometer a su amada chica de catorce años, una chica que había acompañado a través de sus pruebas y tribulaciones, una chica de cuyo lado nunca se fue—. Lily, querida, tus deseos son órdenes para mí.
 A continuación la sala se llenó con el sonido de un chasquido y luego se silenció. Todos se quedaron sentados en un silencio atónito. Víctor, aunque todavía estaba pálido, estaba sonriendo hacia Nate. Los ojos de Nate se movieron hacia Fazire que, a este punto ya no debería estar sorprendido pero lo estaba, lo vio flotando y llevando un traje ridículo de colores turquesa y uva, incluyendo un fez y zapatos de dedos en punta.
 Fazire estaba mirando por encima de su nariz hacia Nate
. —Nathaniel, soy muy bueno en mis deseos y si no haces algo y pronto, voy a perder el premio por el Deseo del Siglo —declaró.
 —No estamos nada cerca del final del siglo, Fazire —explicó Víctor.
—El tiempo vuela cuando eres inmortal —replicó Fazire—. La competencia se está calentando, ayer… Nate no le dejó terminar.
No había tiempo para procesar el hecho de que Lily tenía su propio genio personal.
Él solo miraba al hombre flotando, con las piernas cruzadas, en el aire (algo, notó Nate, de lo que su padre no parecía para nada sorprendido).
 —Fazire —interrumpió Nate y cuando tuvo la atención de este, simplemente dijo—, Tash. Fazire asintió.
—Claro. Entonces Nate agarró las llaves del auto y con largos pasos y sin mirar hacia atrás, caminó hacia la puerta. Nate abrió la puerta de entrada de la casa de Lily, su casa, su hogar. Era tarde pero no lo suficiente para que la despedida de soltera hubiera terminado, pero oyó, de pie en el vestíbulo de entrada, que no había voces riendo, no había vasos tintineando, ni música y nada de alegría.
 Esto no le sorprendió. Una semana antes él se había puesto la tarea de forzar a Lily a desenamorarse de él así cuando ella se enterara de quién era él no fuera destruida. Ante el silencio de la casa y el reciente comportamiento de Lily se preocupó de que, como de costumbre, lograra rápida y profundamente su objetivo.
 Abrió la puerta interior de cristal y se detuvo en seco. Laura, que llevaba una bata de raso gris perla, su cara sin maquillaje, el pelo recogido, estaba sentada en las escaleras esperándolo.
Madre e hijo mantuvieron la mirada durante un largo rato y luego Laura se puso de pie y se acercó.
Ella levantó su mano hacia la mejilla de Nate y suavemente dijo:
 —Sabía que vendrías.
 Ante su tranquila seguridad que ella innatamente sabía que él iba a hacer lo correcto, de que ella creía en él y Nate se dio cuenta que siempre lo había hecho, los brazos de Nate la rodearon. Laura apoyó su mejilla contra su pecho.
 Finalmente ella inclinó la cabeza hacia atrás para mirarlo.
—Lily está arriba. Decidimos terminar la noche temprano.
 Nate asintió y se retiró. Luego tomó el codo de su madre y la acompañó hasta la puerta de la habitación de huéspedes donde la besó en la mejilla y la observó entrar. Cuando cerró la puerta, se volvió con determinación hacia su dormitorio y el de Lily.
 La puerta estaba cerrada y cuando abrió, la habitación estaba a oscuras, las cortinas corridas y pudo ver la forma de Lily durmiendo en la cama.
 Se acercó a su lado y la miró, notando en la tenue luz que estaba enroscada alrededor de su almohada, abrazándolo cerca de ella. En silencio, se quitó la ropa, dejándolas caer al suelo y apartó las sábanas. Se metió en la cama con cuidado y apartó la almohada, colocándola detrás de su cabeza y situando su cuerpo en su lugar.
Por desgracia, antes de haber completado su tarea, ella se despertó.
 —¿Nate? —murmuró con voz ronca por el sueño. Su brazo la rodeó rápido y apretadamente contra su cuerpo y él la acercó y encendió la luz. Ella alzó su mano en su pecho y parpadeó hacia él mientras su otro brazo se cerraba alrededor de ella, llevando su cuerpo sobre el de él, así ella estaba acostada encima de él
. —¿Qué es esto? —preguntó, todavía parpadeando pero su rostro se estaba despejando—. ¿Es Tash?
—Tash está bien —le aseguró Nate en voz baja.
Lily lo miró y entonces sus ojos cayeron hacia el reloj de la mesita de noche, luego volvieron hacia él y él vio, en ese corto tiempo, que ella puso sus escudos en alto. Ella lo miraba cautelosamente y trató de apartarlo.
Sus brazos la agarraron con más fuerza.
 —¿Qué está pasando? —Lily preguntó.
—¿Sabías que… —empezó coloquialmente, después de haber ensayado mentalmente sus palabras en el auto, haciendo esto con el fin de alejar los pensamientos y recuerdos que habían estado desollando su cerebro con saña durante la semana pasada—… hasta que Laura y Victor me adoptaron, yo no sabía mi fecha de nacimiento?
 El cuerpo de Lily se calmó y dejó de tratar de apartarse.
—¿Disculpa? —preguntó, su cara cambiando de molesta y vigilante a confundida.
 Confundida, pensó Nate, era bueno. Nate podía trabajar con confundida. Así que continuó. —No sabía la fecha de mi nacimiento hasta que Laura y Víctor me adoptaron y me la dijeron. Es el catorce de septiembre.
Su cabeza se sacudió ante esa noticia, pero se recuperó con rapidez y se mordió el labio y luego lo soltó.
—¿Cómo podías… —sus ojos se desplazaron y él podía decir que ella estaba tratando de decidir cómo responder. Curiosidad, él estaba contento y esperando verla, aparecer. Confundida era bueno, curiosa era mucho, mucho mejor.
 Ella continuó—: no saber tu cumpleaños?
—Mi madre nunca me lo dijo —respondió Nate con la mayor naturalidad. Los ojos de Lily se abrieron como platos por la sorpresa, la cautela y la reserva desaparecidas.
Lo miraba con incredulidad no disimulada.
—¿Por qué demonios tu madre no te lo diría? —Lily sostenía su cuerpo inmóvil, tenso y él percibió que no estaba segura de cómo reaccionar a su intercambio sin precedentes.
 No le sorprendió. Él había estado comportándose erráticamente, apartándola y acercándola, sosteniéndola con el brazo extendido y luego exigiendo su atención, gritándole cuando le compró regalos, conteniéndose con ella y luego, finalmente, brutalmente mostrando quién era.
O quien pensaba que era. Y no hizo esto durante los últimos dos meses; lo hizo desde que se conocieron.
—Nunca pregunté —respondió Nate sofocando sus pensamientos para centrarse en la cuestión muy importante en la mano—. Probablemente no lo recordaba considerando que la mayoría de las veces estaba borracha y cuando no lo estaba, estaba drogada o, más a menudo, los dos. Vio como cerró y abrió los ojos lentamente, como si esto estuviera más allá de su comprensión.
—¿Drogada? —susurró Lily.
—Era una adicta a las drogas, Lily —respondió Nate en voz baja, entonces, antes de que pudiera reaccionar o poner sus escudos en su lugar, continuó—. Su nombre era Deirdre. Con más noticias de su vida, su historia, saliendo a la luz, los ojos de Lily se volvieron suaves y antes de que pudiera controlarlo, dijo con una reverencia horrorizada, como si le hubiera mostrado la fuente de la juventud y fluyera sangre:
—Deirdre. Nate vio su oportunidad y sin demora incansablemente siguió. —Hasta que fui a la escuela, yo no sabía que se lavaba la ropa. —Oyó la rápida ingesta de aire de Lily y fue alentado por el hecho de que no escondiera sus reacciones. Habló por sobre su jadeo—. Los profesores me reportaron a Servicios Sociales y vinieron a visitar a mi madre. Hizo un espectáculo para ellos y desde entonces me hacía llevar la ropa a la lavandería para que no volvieran. Hasta que me fui a vivir con Victor y Laura, sin embargo, no sabía que se suponía que limpiaras tus sabanas.
 Sintió como su cuerpo se tensaba por el horror. Luego susurró con voz temblorosa:
—¿Tu madre te hizo lavar la ropa? Siguió presionando, sintiendo que ganaba una ventaja, sabiendo que Lily tenía un corazón bondadoso y, después de todo, ella lo había deseado, tomó ventaja, pero ignoró su pregunta.
—Robé comida. Tuve que o no comería. Tomaba leche y cereales para el desayuno, el almuerzo y la cena. No conocía de nada mejor —dijo y sonrió—, y un montón de caramelos. Los caramelos eran fáciles de robar, caben en un bolsillo.
 Lily no sonrió y claramente no encontrado nada de lo que Nate decía divertido.
 Tragó saliva, no alejándose, no conteniéndose por él, él la sentía fundiéndose en su cuerpo pero no habló. Simplemente lo miró fijamente, sus ojos ya no reservados, labios suaves entreabiertos, el rostro suave.Fue entonces cuando Nate decidió que era el momento para hacerle saber todo.
 —Cuando tenía once años, fui a trabajar para uno de los amantes de Deirdre. Tenía un montón de ellos y aprendí temprano, porque ella no quería ocultarlo, lo que tener un amante significaba en el sentido físico. — Nate observó a Lily de nuevo morder su labio ante esta noticia, pero no dudó y siguió—. Les robé a sus amantes también. A veces me atrapaban, lo cual no era bueno, así que aprendí a evitarlos, ser invisible o lo suficientemente rápido como para escapar de ellos. Si no lo hacía, ellos me golpeaban. A veces, golpeaban Deirdre y trataba de detenerlos atrayendo su atención a mí. Deirdre nunca trató de detenerlos.
—No trató de detener… —repitió Lily pero Nate siguió hablando.
 —Scott, uno de los amantes de Deirdre, me puso a trabajar haciendo entregas y recogiéndolas. No sé lo que entregaba, pero no me importaba. Él me daba dinero y nunca teníamos dinero. Al final, Scott se fue y tomé un trabajo directo con su jefe. Su jefe no era un buen hombre, era un hombre peligroso, pero me pagaba más dinero del que jamás había visto antes. Era bueno en eso…
 —Detente —susurró Lily y su voz y ojos eran torturados.
—Tienes que saber —respondió Nate en silencio. Odiaba ver la mirada en sus ojos, pero creía con todo lo que era que tenía razón, ella tenía que saber.
—No tengo que saber —repitió ella, contradiciendo su creencia, su voz cada vez más fuerte.
—Era un criminal —le dijo Nate sin rodeos—. Desde que puedo recordar, he robado, yo… De repente y con fuerza se liberó de él pero no para escapar. Se sentó y lo miró.
—¡No eras un criminal! —espetó. Nate siguió.
 —Lo era, Lily. Trabajé para un gánster. Lo que estaba en esos paquetes…
—¡Tenías once años, por el amor de Dios! —gritó y él sabía que estaba agitada.
 Lo sabía porque estaba hablando en voz alta a pesar de que Laura estaba en la casa y Maxine también pasaría la noche.
También se removía en la cama con intención y antes de que pudiera saltar y empezar a caminar, él la capturó en su brazo. La empujó de espaldas y le dio la vuelta con su cuerpo. Luego continuó. Tenía que decirlo todo, sacarlo para que pudiera tomar su decisión.
—No cambia lo que hice, quién era yo y esa persona es el padre de tu hija y mañana, si no te arrepientes, será tu marido.
Lily miró.
 —¿Eres un gánster ahora?
Nate sacudió la cabeza, pero respondió:
—Lily, hay más que necesitas saber.
—¿Tuviste una fiesta de cumpleaños? —preguntó, cambiando de repente el tema, lo que Nate pensaba no tenía sin sentido y la miró fijamente, confundido por un momento, antes de responder.
—Lily, estamos hablando de que era…
 —¿Alguna vez has tenido una fiesta de cumpleaños? —le interrumpió, retorciéndose debajo de él para escapar.
—¿Qué importa? —preguntó, presionándola para mantenerla donde estaba.
 —¡Importa! —gritó y dejó e retorcerse con el fin de fruncir el ceño hacia él.
—¿Por qué?
—Yo… —espetó—. No sé por qué, simplemente lo hace. ¿Alguna vez has tenido una? —Nunca quise una —contestó.
 —Bueno, recibirás una este año —declaró en una rabieta—. No puedo creer que nunca hayas tenido una fiesta de cumpleaños. ¿Cuál es tu tipo favorito de pastel? —le disparó su pregunta, los ojos entrecerrados.
—Lily, tengo que decirte el resto.
—Nate, no me importa el resto. ¿Qué tipo de pastel es tu favorito?
 Nate dejó de hablar y miró a su casi esposa. Él le estaba diciendo cosas de gran importancia, cosas que necesitaba saber antes de que legalmente se uniera a él. Le estaba contando cosas que nunca había dicho a nadie, ni siquiera a Laura aunque sabía que Víctor lo sabía y suponía que le había dicho a Laura, era probable que Víctor le dijera todo a Laura.
Pero Nate le estaba diciendo cosas a Lily que había escondido de todo el mundo, todos sus secretos horribles, y Lily hablaba de pasteles.
—No tengo un pastel favorito —respondió Nate.
—Todo el mundo tiene un pastel favorito, Nate —le informó Lily.
—Pastel es pastel —replicó Nate, impaciente por volver al tema.
—Pastel no es pastel. Hay pastel de ángel y tarta Victoria. Hay pastel de café. Hay pastel de streusel. Hay pastel de queso. Ni siquiera empezaré con el pastel de chocolate. Tiene que haber cientos de diferentes tipos de pastel de chocolate. —Vaciló y Nate, pensando que había terminado con su extraña letanía de pasteles, abrió la boca para hablar, pero entonces ella siguió—. Chocolate alemán, pastel negro, pastel de hoja de chocolate, pastel de chocolate mocha…
Finalmente, perdió la paciencia y le interrumpió en una explosión silenciosa:
—¡Lily, por amor de Dios!
Fue entonces cuando sus manos se acercaron a ambos lados de su cara y ella lo miró a los ojos. Se dio cuenta que no lo miraba con una expresión cautelosa ni con sus escudos. Tampoco lo miraba horrorizada y rechazando que hubiera dormido en sábanas sucias, tenía una madre que era una drogadicta borracha y cometió delitos antes de que fuera adolescente. En cambio, planeaba su fiesta de cumpleaños.
 Y lo miraba de la forma en que solía mirarlo, con una mirada de asombro, maravilla, como si fuera un conquistador de naciones, creador  de mundos.
Esto lo golpeó con el peso de una docena de yunques, sintió ese peso y un retorcijón en su pecho cuando sintió el calor extenderse a través de su vientre y su voz era áspera cuando él murmuró:
—Lily.
—Voy a hacerte un pastel —prometió suavemente—, todas las semanas hasta que sea tu cumpleaños para que puedas elegir el que más te guste.
Ante sus suaves palabras, él sintió liberarse el agarre en su pecho, completa y finalmente, dejándolo libre por primera vez en su vida para solo respirar. La jaló apretadamente en sus brazos, enterrando su rostro en el lado de su cuello y girando en su espalda, llevándola con él así ella estaba arriba.
—Y vamos a tener una gran fiesta —continuó ella hablando suavemente en su oído—. Y vamos a tener una gran Navidad. Pero, antes de eso, tendremos una fiesta del cuatro de julio y Acción de Gracias…
—Te amo, Lily —susurró él en su cuello.
—Y vamos a… ¿qué? Él inclino su cabeza hacia atrás en la almohadas y miró sus hermosos ojos azules.
 —Te amo, Lily, más que cualquier otra cosa sobre esta tierra.
 Por un momento sólo lo miró, sus ojos muy abiertos y llenos con preguntas. Luego él observó, fascinado, cuando brillaron con lágrimas.
—¿En serio? —susurró ella. Manteniendo sus ojos fijos en los del otro, Nate levantó su cabeza y rozó sus labios contra los de ella.
—En serio —dijo él ahí.
—¿Me… amas? —preguntó ella, como si fuera imposible de creer.
 Dada la historia de Fazire, él ahora entendía su incredulidad en  cuanto a que él pudiera amarla incluso aunque todavía lo sorprendiera y Nate sabía que tendría que hacerla creer. Su mano se levantó y metió un mechón de su pesado cabello detrás de su oído.
—Sí, te amo —dijo él, su voz ronca con sentimiento.
 —Pero… —Empezó ella y él continuó, descansando su palma contra la mandíbula de ella pasando su pulgar a través de su mejilla manchada con lágrimas.
—Te amé en el minuto que te vi, elegante, intocable, hermosa y nada parecida a mí —le dijo con completa honestidad.
—¿Hermosa? —susurró ella. —Cuando te vi por primera vez, fuiste la mujer más hermosa que había visto alguna vez y recuerdo todo Lily, cada mujer sobre la que he puesto mis ojos alguna vez. Eras extraordinaria, magnifica, tantas cosas más que ni siquiera me podía mover.
—Nate observó mientras sus lágrimas cayeron más rápido y su otra mano subió a enmarcar su rostro y limpiar la humedad con su pulgar.
Cuando él susurró—: Todavía lo eres, querida. Su rostro se nubló y se alejó ligeramente.
—Tengo que decirte… —susurró ella vacilante y continuó con precaución—. Todo es un deseo… realmente no me ves. Ves lo que Fazire…
—Sé sobre Fazire —la interrumpió Nate—. Sé lo que es. Sé sobre tu deseo y no me importaría. —Observó sus ojos abrirse como platos y continuó—: Si no hubiera deseo, magia y genios, pensaría lo mismo. Te veo Lily, tu elegancia natural, tus hermosos ojos, tu fantástica sonrisa, tu lujurioso cuerpo…
 —Detente —interrumpió ella y frotó sus dedos por sus mejillas, tratando de quitar las lágrimas mientras empujaba lejos las manos de él pero él las sostuvo con rapidez.
 —Eres hermosa, pero no te amo porque seas hermosa. Se quedó inmóvil de nuevo para poder mirarlo.
—¿Por qué me amas? —susurró ella y él contestó inmediatamente.
 —Porque tienes el coraje para saltar sobre la espalda de un carterista.
Porque tienes un aborrecimiento antinatural a la basura. Porque actúas como si un paseo en una motocicleta fuera como recibir las llaves de un reino de los sueños. Porque tienes la habilidad de hacer que todas las personas que te rodean te quieran incluso cuando apenas te conocen. Porque inspiras lealtad. Porque hiciste feliz a nuestra hija incluso cuando tú no lo eras. Porque creaste un hogar cómodo y amoroso para ella a pesar que no tenías dinero.
 —Nate, no… —interrumpió apretando sus ojos cerrados como si eso borraría sus palabras pero él no escuchó
. —Porque sabes bien y te sientes incluso mejor. Porque me miras como nadie más lo ha hecho alguna vez.
 —Detente —interrumpió ella a la fuerza, sus ojos abriéndose—. Quiero decirte por qué te amo. Él sintió a su cuerpo tensarse.
—¿Lo haces? —preguntó él tranquilamente.
—¿Hacer qué? —preguntó en respuesta.
 —¿Todavía me amas? Él observó a sus cejas juntarse.
—¿Por qué no lo haría? Él le sonrió y supo que era una sonrisa llena de arrepentimiento.
 —No lo sé, querida —contestó suavemente—, tal vez porque te dejé ir, rompí mis promesas, no cuidé de ti, te hice rogar por…
Ella levantó una mano entre ellos y la agitó en el aire mientras decía: —Ah eso. Ya lo superé.
Ante ese anuncio despreocupado y su actuación como si sus constantes traiciones de confianza fueran tan fáciles de olvidar como si sacaras la basura, Nate no pudo haberse detenido aunque lo hubiera intentado, lo que no hizo, y su cuerpo empezó a sacudirse con risa.
Decidió instantáneamente que también amaba eso de ella, su habilidad de perdonar aunque, en ese mismo instante, juró que nunca haría nada que ella tuviera que perdonar y olvidar, nunca más.
Su risa se terminó cuando escuchó jadear a Lily.
 —¿Qué le pasó a tu mano? —gritó, retrocediendo, agarró su muñeca y miró el sangrante trapo atado alrededor de su mano.
 —No es nada. Ella levantó sus ojos de su mano hacia su rostro y lo miró e incluso con ese brillo de enojo, podía haberla besado.
—Cierto, nada. Como mis migrañas son solo dolores de cabeza — espetó ella.
 —Lily. Se arrastró sobre él, su mano aferrada a su muñeca y lo sacó de la cama.
—Quiero ver —dijo ella, jalándolo hacia el baño.
 —Lo dije, no es nada. Ella se detuvo y se giró hacia él.
—Quiero ver. —Subrayó sus palabras verbalmente y ahí estaba ella. Supo en ese instante que finalmente, irrevocablemente, la tenía de vuelta.
Lily.
Suya.
Ella lo había deseado a él
A él.
Nathaniel McAllister.
 Él estaba destinado para ella y ella estaba destinado para él, se pertenecían entre ellos, se pertenecían juntos. Alivio barrio a través de él, le dio a su muñeca un rápido tirón. Sacándola de balance y hacia sus brazos, su cabeza descendió y su boca tomó la suya en un rápido y duro beso. Cuando terminó y vio que el azul oscuro en el borde de sus irises trepaba hacia la pupila, murmuró en una voz que decía, claramente, que ella no tendría opción en el asunto.
—Puedes verlo cuando termine de hacerte el amor.
Sin vacilación estuvo de acuerdo.
—Está bien. Fue entonces cuando empezó a reír de nuevo pero ésta, también, fue corta porque Lily se levantó en sus puntas, lanzó sus brazos alrededor de su cuello y le dio un duro beso. Pero el de Lily no fue rápido.
Mucho más tarde, la espalda desnuda de Lily está presionada sobre su parte delantera, Nate hundió el rostro en su cabello fragrante.
 Él no había hecho el amor, ella lo había empujado sobre su espalda y ella le había hecho el amor, su boca y manos en él mientras hablaba en voz baja, labios contra su piel, diciéndole todas las razones porque lo amaba.
No porque él era rudo, de caderas estrechas y rico con el corazón roto que necesitaba —y lo hizo— reparar. Sino porque él era, dijo ella, brillante. Él era fuerte y las personas lo respetaban.
 La besó bien y ella mencionó algo acerca de gimnastas haciendo volteretas y volteretas hacia atrás en su vientre pero no le prestaba mucha atención ya que, en el momento que ella estaba diciéndolo, su lengua estaba trazando las crestas de su estómago y se encontró con que no podía concentrarse en sus palabras. Ella le dijo que tenía una hermosa sonrisa. Le informó, para su sorpresa, que a sus padres les habría gustado. Explicó que era un buen hijo de Laura y Victor. Dijo que era bueno en el cuidado de ella cuando estaba enferma. Y finalmente, terminó con el hecho de que la hacía sentir segura y era un excelente padre. Con sus palabras finales, la hizo rodar sobre su espalda y se hizo cargo de hacer el amor con tal intención rigurosa, que ella no pudo hablar en absoluto.
 Cuando terminaron, lo había sacado de nuevo de la cama para ver su mano. Limpiándola, vendándola y él lo había permitido, sin soltar que ella era la primera y única persona que había alguna vez dejado que cuidara de él.
Ni siquiera había permitido que Laura lo atendiera pero no compartiría eso tampoco.
Lo haría, pero no en este momento. Había otras cosas que necesitaba compartir. Entonces la guio de vuelta a la cama.
 Allí la tiró de vuelta sobre su frente y silenciosamente, compartió con ella el resto de su vida, diciendo más palabras en un momento de lo que nunca había hecho. Le dijo de crecer con Deirdre, de su madre no enviándolo a una escuela especial cuando los profesores le dijeron que debería, de su asesinato, de la parte de Victor salvándolo, luego de Laura, de la atención no deseada de Danielle y la malicia de Jeffrey.
Durante todo esto, ella no dijo nada, simplemente descansó su brazo en su cintura y entrelazó los dedos con los suyos. A menudo su cuerpo se tensaría pero no lo interrumpió.
 Finalmente, cuando estaba terminando y en silencio, ella susurró:
 —¿Por qué no me dijiste? Era su turno para que su cuerpo se tensara.
—Pensé que si lo sabías, te marcharías.
 —¿Por qué? —preguntó ella. —Probablemente nunca has visto una jeringa llena de heroína o retenido el cabello de tu madre cuando estaba tan borracha que estaba enferma en el retrete —explicó.
—¿Pensaste que me iría porque tuviste una terrible, espantosa, horrible, inútil, indeciblemente mala madre? —preguntó ella y en cualquier otro momento Nate podría haber sonreído a su descripción dramática de su madre pero no era el momento para sonrisas.
 —Pensaba que te irías porque hice cosas malas.
—No sabías —lo defendió.
—Yo sí sabía. Era joven pero no era estúpido —respondió Nate.
—No tenías elección —respondió ella inmediatamente.
Nate no respondió porque esto era cierto.
Finalmente dijo:
—No es una bonita historia de genios y deseos mágicos o incluso holgazaneando lejos los días de verano flotando en los estanques.
 —No —admitió ella—, pero te hizo… tú.
—Sí. —Nate tuvo en cuenta que esto también era cierto.
 —Y te amo —continuó ella. Esta vez su brazo se tensó, tirando de ella más profundamente en su cuerpo.
—Sí —murmuro él.
—Y no cambiaría nada acerca de ti, excepto para borrar lo que has pasado —le dijo ella, acurrucándose aún más cerca.
—No quiero que te toque —compartió Nate—. Fue feo, sucio y no quiero que sea una parte de tu vida.
—Fue feo y sucio pero no eras tú —respondió Lily en una voz vibrando con sentimiento y registrándose tan bajo, que tuvo que inclinar su cabeza más cerca para oír y lo que dijo a continuación lo sacudió tan profundamente, que cualquier armadura restante que tuviera alrededor de su corazón cayó lejos (aunque, no que quedaba mucha) y el hielo rápidamente derritiéndose a su alrededor se hizo añicos—. Estoy orgullosa. Estoy orgullosa de quién eras, de cómo sobreviviste y en lo que te has convertido. Y estoy orgullosa de que fuiste una inspiración para que Víctor viera que debían cambiar su vida para que tú, él y Laura pudieran tener una mejor. Y estoy orgullosa de que me ames y de que hicimos juntos a Tash.
Nate cerró sus ojos y contuvo el aliento. Por todo ello, había estado temiendo este momento tanto. Tuvo una última admisión para hacer esa noche.
—Lily, hay algo más que necesitas saber.
—De acuerdo —dijo ella confiadamente y, ahora vulnerable, sabiendo que había llegado hasta aquí, ella había dado tanto y él la tenía de espaldas, se armó de valor contra su reacción ante sus siguientes  palabras.
—Quise dejarte embarazada —anunció. Se quedó completamente quieta y Nate sintió su pecho apretarse
. Luego se volvió en sus brazos y lo miró a los ojos, ellos estaban desconcertados.
—Lo hice con intención —continúo Nate, sintiendo que ella tenía que saber y odiándose a sí mismo por hacerlo así como el hecho de que tenía que decirle—. Quería unirte a mí, sabía cómo te sentías acerca de la familia y pensé que dejarte embarazada significaría que nunca te marcharías. No sabía que estabas embarazada cuando te fuiste pero hice todo lo que pude cuando nosotros…
—Gracias a Dios —exhaló, sorprendiéndolo en silencio con sus palabras.
 Luego le mostró su extravagante sonrisa y Nate la miró fijamente, estupefacto por su reacción.
Se movió, rozando sus labios contra los suyos y se volvió de nuevo, recostándose satisfecha en su cuerpo.
—Si no lo hubieras hecho —continuó ella con voz somnolienta, claramente no molesta en cualquier forma en que la había cruelmente embarazado en un esfuerzo egoísta para atarla a él para luego dejarla llevar al niño sola a través de un embarazo difícil y un nacimiento que la hizo morir durante dos minutos y treinta-ocho segundos y luego, durante siete años, había criado a Tash bajo circunstancias sumamente difíciles todo sin ayuda de Nate—, no tendríamos a Tash y, bien, de todos modos… gracias a Dios.
Y eso, Nate se dio cuenta con una profunda sensación de alivio, que era todo.
Enterró su cara en su cabello, se quedó en silencio y escuchó cuando Lily se quedó dormida.
Entonces la abrazó.
 Luego, por primera vez en su vida, en paz consigo mismo, en paz con su pasado, Nate durmió.
 Se despertó antes del amanecer y con cuidado se alejó para no despertarla pero ella se enrolló en él y lo rodeó con los brazos.
 Levantó sus ojos llenos de sueño.
 —¿A dónde vas? La besó suavemente y murmuró:
—Tengo que ir por Tash. Vuelve a dormir, cariño.
Ella asintió, le dio una sonrisa somnolienta y lo dejó ir. En el minuto en que salió de la cama, ella agarró la almohada a su lado.
 Nate se vistió, se sentó en el borde de la cama y le metió el cabello detrás de la oreja.
—Me has visto en el día de nuestra boda —murmuro ella en la almohada, no abriendo sus ojos. Nate se inclinó y tocó con su boca la piel en la parte posterior de su oreja
. —Creo que hemos tenido toda la mala suerte que hay que tener —le aseguró Nate. Sus labios se acercaron en una media sonrisa antes de que cayera de vuelta dormida. Nate se permitió un momento para observarla, un momento para sentir la alegría que había sustituido la opresión en su pecho, llegando a un acuerdo con su nuevo sentido de alegría, seguridad, pertenencia.

Entonces dejó a su futura esposa y se fue por su hija


Que tu boca no calle lo que tu corazón siente....
Que tus sentimientos no sean una mentira....



 
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Re: Lectura #2F Three Wishes-Kristen Aishley

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