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Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por wordsofthisgirl el Jue 9 Mar - 21:41

Cap. 9. LA musica es capaz de sanar el espiritu; Y el espiritu de Blue esta muy herido, creo que por eso se sintió tocada.
. “Gracia asombrosa, cuan dulce el sonido que salvó a un desgraciado como yo…”

Esta cancion surgio como un poema cristiano de 1773, es cantado en la iglesia donde me congrego y la versión que cantamos dice:

Sublime Gracia escribió:Sublime gracias del Señor, que a un infeliz salvo...
este himno trata sobre la misericordia, perdón y bondad de Dios.(es uno de mis favoritos)


Blue escribió:—Eres muy lindo cuando estás enojado. —Quería alterarlo, pero salió sonando coqueto
 

Quiero saber que pasa con ellos en el siguiente capi!


   
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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por eilyno el Vie 10 Mar - 11:25

10


Cobalto

     Caminamos por varios minutos con sólo el repiqueteo de los tacones altos de mis botas para romper nuestro silencio.
—Nunca vas a hacer seis kilómetros en esos zapatos —comentó Wilson pesimista.
—Lo haré porque tengo que hacerlo —repliqué con calma.
—Una chica dura, ¿eh?
—¿Tiene alguna duda?
—Ninguna. Aunque las lágrimas de esta noche me hicieron dudar. ¿Qué fue todo eso?
—Redención. —La oscuridad hizo fácil la verdad. Wilson dejó de caminar. Yo no.
—Nunca lograrás nueve kilómetros con ese violín sobre tu espalda —repetí, cambiando suavemente de tema.
—Lo haré porque tengo que hacerlo. —Se burló él—. Y es un violonchelo, boba. —Sus largas zancadas lo tenían andando a mi lado otra vez en cuestión de segundos.
—No digas boba. Suenas jodidamente ridículo.
—Muy bien, entonces. No digas jodidamente. Los americanos suenan tontos cuando dicen jodidamente. El acento está todo mal.
Silencio.
—¿Qué quieres decir con redención?
     Suspiré. Sabía que él volvería a eso. Seis kilómetros era demasiado tiempo para esquivarlo, así que pensé por un momento, preguntándome cómo podía expresarlo con palabras sin decirle por qué necesitaba redención.
—¿Alguna vez has orado? —cuestioné.
—Claro. —Wilson asintió como si no fuera gran cosa. Probablemente oraba por la mañana y la noche.
—Bueno. Nunca lo he hecho. No hasta esta noche.
—¿Y? —insistió Wilson.
—Y se sintió... bien.
     Sentí los ojos de Wilson sobre mí en la oscuridad. Caminamos en sincronía durante varias respiraciones.
—Por lo general, la redención implica rescate, ser salvos. ¿De qué eras salvada? —preguntó, su voz cuidadosamente neutral.
—Fealdad.
     La mano de Wilson salió disparada, tirando de mí hasta pararme. Buscó en mi cara, como si tratara de recoger el significado detrás de mis palabras. —Eres muchas cosas, Blue Echohawk, incluso puedo nombrar doce. —Él sonrió un poco—. Pero fea no es una de ellas.
     Sus palabras me hicieron sentir rara por dentro. Fui sorprendida por ellas. Había asumido que nunca me había notado en un nivel físico. No sabía si lo quería. Sólo negué con mi cabeza, lo obvié y empecé a caminar de nuevo, respondiéndole como lo hice.
—He tenido un montón de fealdad en mi vida, Wilson. Últimamente lo feo ha llegado a ser más de lo que puedo soportar.
     Retomamos nuestra marcha constante a través de la dormida calle. Boulder City era increíblemente tranquila. Si Las Vegas era la ciudad que nunca dormía, entonces Boulder lo compensaba. Dormía como un borracho en una cama de plumas. A nosotros ni siquiera nos habían ladrado.
—Bien. Así que eso es dos más. Estamos en catorce. Has tenido una vida fea, pero tú no eres fea. Y disfrutas orando en pasillos oscuros en el medio de la noche.
—Sip. Soy fascinante. Y esa es la quince.
—Pensaría que después del tiroteo, la escuela sería el último lugar al que irías por oración... o redención.
—Realmente no elejí el lugar de celebración, Wilson. Estaba varada. Pero si Dios es real, entonces él es tan real en la escuela como lo es en la iglesia. Y si no lo es... bueno, entonces tal vez mis lágrimas eran para Manny, y todo el resto de los inadaptados perdidos que andan solos por esos pasillos y podría necesitar un pequeño rescate.
—“Desde el momento de la niñez no he sido como eran los otros; no he visto como los otros veían; no pude sacar mis pasiones de un manantial común” —murmuró Wilson.
     Lo miré expectante.
—“Alone” de Edgar Allan Poe. Inadaptado. Solitario. Poeta.
     Debería haberlo sabido. Me hubiera gustado haber sabido las líneas que citó, podría continuar el poema en donde lo dejó. Pero no lo sabía y no podía, así que el silencio reinó una vez más.
—Así que dime por qué no sabes cuándo naciste —dijo Wilson, abandonando a Poe.
—¿Disfruta recogiendo las costras? —respondí.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Porque sigue recogiendo las mías, y de alguna forma duele —me quejé, esperando que mis patéticas súplicas de “ay” pusieran fin al interrogatorio.
—Ah, bueno, entonces. Sí. Supongo que me encanta recoger costras. Fuera con eso. Tenemos al menos tres millas que recorrer.
     Suspiré profundamente, haciéndole saber que no creía que algo de eso fuera de su incumbencia. Pero procedí a decirle de todos modos. —Mi madre me abandonó cuando tenía dos o algo así. No sabíamos exactamente cuántos años tenía. Simplemente me dejó en la camioneta de Jimmy Echohawk y se fue. Él no la conocía, y yo no era lo suficientemente mayor como para decirle algo. No sabía qué hacer conmigo, pero tenía miedo de que de alguna manera él estaría implicado en algún tipo de delito, o que alguien pensaría que me había robado. Así que se decidió. Me llevó con él. No era exactamente convencional. Vagó alrededor, haciendo tallados para ganarse la vida, vendiéndolas a diferentes tiendas para turistas y algunas galerías. Y así fue como vivimos durante los siguientes ocho años. Él murió cuando yo tenía diez u once años. Una vez más, no tengo ninguna idea de cuántos años realmente tengo, y terminé con Cheryl, quien es la media hermana de Jimmy.
     »Nadie sabía quién era yo o de dónde venía, y pensaba que Jimmy era mi papá. Cheryl no me dijo que no lo era por otros tres años. No había registro de mí, así que con la ayuda de los tribunales, me consiguieron un certificado de nacimiento, un número de seguro social, y soy oficialmente Blue Echohawk, nacida el 2 de agosto, que es el día que Jimmy me encontró y el día que marcamos como mi cumpleaños. Servicios sociales pensaba que yo tenía unos diez años, lo cual era más o menos lo que pensábamos Jimmy y yo. Así que ellos estimaban que nací en 1991. Y eso es todo. Alocado. Tengo diecinueve... tal vez incluso veinte por ahora, quién sabe. Un poco mayor para el último año de la escuela secundaria, ¡pero oye! Tal vez por eso es que soy tan inteligente y madura. —Sonreí.
—Absolutamente —dijo Wilson en voz baja. Parecía estar procesando mi cuento improbable, dándole vueltas en su cabeza, diseccionándolo—. Mi cumpleaños es el 11 de agosto, lo que me hace tres años mayor que tú, casi el mismo día. —Él me miró—. Supongo que es un poco tonto que te llame señorita Echohawk.
—No me importa mucho todo eso, Darcy. —Sonreí inocentemente, incluso dulcemente. Él resopló ante mi comentario. La verdad era, que no me importaba. Cuando decía “Señorita Echohawk” en esa manera engreída suya, me hacía sentir como si me hubieran dado una actualización o un cambio de imagen. Señorita Echohawk sonaba como alguien que me gustaría ser. Alguien sofisticada y con clase, alguien que podía aspirar a ser. Alguien muy diferente a mí.
     Mi teléfono vibró contra mi cadera, y lo saqué de mi apretado bolsillo. Era Mason. Consideré no contestar, pero pensé en los kilómetros que Wilson y yo todavía teníamos que caminar.
—¿Mason?
—Blue. Nena... ¿dónde estás? —Oh, hombre. Él sonaba tan borracho—. Vine a buscarte. ¿Estás enojada conmigo? Estamos en tu camioneta, pero no estás aquí. No estás aquí, ¿verdad? —De repente parecía dudoso, como si yo fuera a saltar de alguna parte.
—Mi batería está muerta. Estoy caminando a casa, Mason, por Adams. ¿Quién está contigo? —Esperaba que alguien menos bebido.
—Ella está con Adam. —Escuché a Mason decirle a alguien, y el teléfono fue dejado caer. Alguien maldijo y el teléfono fue empujado hacia atrás y adelante.
—¿Quién es Adam, Blue? ¿Es por eso que te fuiste tan pronto? ¡Apestosa! —La voz de Colby resonó en mi oído. Él se rió, una carcajada estridente, y aparté el teléfono de mí. Estaba bastante segura de que Wilson podía oír la conversación, la voz de Colby era tan fuerte.
—Estoy en Adams... la calle, Colby —dije tan claramente como pude.
     La conexión se perdió. Impresionante.
—Bueno. Podemos ser rescatados —le dije seriamente—. Pero puede que no. Y tal vez sea mejor si no.
—Así opino yo. —Wilson negó con la cabeza—. Este día ha sido uno para los libros de registro.
     No pasó mucho tiempo antes de que luces nos apuntaran, y nos volvimos para enfrentar el vehículo aproximándose. Tiré del brazo de Wilson. No quería que fuera atropellado por el equipo de rescate.
Era la camioneta de Mason, y él conducía. Colby colgaba por la ventana del pasajero como un gran perro, su lengua aleteando y todo.
—¡Hola, Adam! ¿Conseguiste un pedazo de culo también? —Se rió Colby, y sentí el disgusto retorcerse en mi vientre. Disgusto por mí misma, y disgusto por el chico que pensaba que podía hablar de mí como si yo fuera basura.
—¿Son estos tus compañeros? —dijo Wilson rígidamente, izando su violonchelo más arriba en su espalda.
Asentí una vez, brevemente, demasiado humillada para mirarlo.
—Entra, Blue —gritó Mason al otro lado de Colby. Colby abrió la puerta y me hizo una seña. Yo me quedé en la acera.
—Esos muchachos están completamente bebidos —dijo Wilson con cansancio—. No reconozco a ninguno de ellos. No están en ninguna de mis clases.
—Ellos se graduaron. Mason es de la misma edad que tú. Colby es un año más joven. —Ambos salieron de la secundaria hace años. Lamentablemente, ninguno de ellos había ido más allá del campo de fútbol, en donde ambos habían sobresalido.
—Tienes que dejarme conducir, Mason. ¿De acuerdo? —Sabía que si me ponía agresiva, se marcharía, lo que era preferible a conducir con él en este momento, pero en realidad no deberían haber estado conduciendo en absoluto.
—Claro, nena. Puedes sentarte en mi regazo. Voy a dejarte dirigir. ¡Sé que te gusta manejar la palanca! —gritó Mason, todo el tiempo mirando a Wilson como si quisiera darle una paliza.
     Empecé a caminar. Ellos podían estrellarse y arder. Mason gritó para que me detuviera y salió de la camioneta, tambaleándose detrás de mí. La camioneta se detuvo. Al parecer, Mason no lo había quitado de la velocidad antes de que decidiera perseguirme.
Wilson estuvo sobre Mason en un instante, y con un rápido golpe, la cabeza de Mason rodó sobre sus hombros y se dejó caer en un montón. Wilson luchó por mantener su peso.
—¡Mierda! —Colby estaba a mitad de camino fuera de la camioneta, una pierna dentro, una pierna en el suelo—. ¿Qué hiciste con él, Adam?
—¡Mi nombre no es Adam, joder! —gruñó Wilson—. Ahora ven a ayudarme a meter a tu estúpido compañero en la... devastada... camioneta, o como sea que la llamen. —Wilson aparentemente había tenido suficiente.      No tenía idea de lo que había hecho para someter a Mason. Pero estaba agradecida.
     Corrí a su lado, ayudándolo a medio arrastrar, medio llevar a Mason a donde Colby estaba congelado en un estupor de ebriedad. Bajé la puerta trasera, y nos las arreglamos para rodar a Mason por la compuerta de la camioneta. Desafortunadamente, incluso con Mason inconsciente en la parte de atrás, tuve que sentarme aplastada entre Colby y Wilson, quien sorprendentemente sabía cómo conducir una caja de cambios. Colby pasó su brazo a lo largo del respaldo de mi asiento, apoyando su mano en mi hombro posesivamente. Le di un codazo en el costado y me moví tan cerca de Wilson como pude, montándome sobre la palanca de cambios. El brazo derecho de Wilson se apretó contra mí e hizo una mueca cada vez que cambiaba de marcha, como si odiara tocarme. Lo siento. No me sentaría junto a Colby.
     Regresamos a la escuela, y Colby se sentaba en silencio, enfurruñado mientras conseguíamos que mi camión funcionara. Hasta que él decidió enfermarse, eso es, y vomitó todo el lado del pasajero de la camioneta de Mason. Wilson sólo apretó los dientes y se metió de nuevo en la cabina, bajando su ventana con tirones enojados.
—Te seguiré a la casa de Mason —espetó él, como si todo el lío fuese mi culpa. Yo dirigía la marcha en mi camioneta, manteniendo a Wilson en mi retrovisor. Cuando llegamos a la casa de Mason, lo sacamos de la camioneta y atravesamos la puerta del sótano de la casa de sus padres. No había manera de que lo subiéramos por las escaleras a su apartamento encima del garaje. Pesaba cerca de 90 kilos, y todo era peso muerto. Lo dejamos en el sofá, y sus brazos cayeron teatralmente.
—¿Va a estar bien? —Miré su pecho elevarse.
     Wilson palmeó las mejillas de Mason enérgicamente.
—¿Mason? ¿Mason? Vamos, muchacho. Tu chica está preocupada de que te haya matado. —Mason gimió y empujó las manos de Wilson
—¿Ves? Él es brillante. No pasa nada. —Wilson salió de la casa. Colby se dejó caer en el sillón y cerró los ojos. La diversión había terminado. Yo cerré la puerta del sótano detrás de mí y corrí detrás de Wilson. Él sacó su chelo de la parte trasera de la camioneta de Mason.
—Sus llaves están en el tablero, pero he cerrado las puertas. Eso le servirá si no tiene otro juego. Estoy esperando que esto lo detenga si él y su compañero deciden rescatar a alguien más esta noche, o, mejor aún, vengan a buscarte. —Él me miró fijamente, brevemente, y transfirió su violonchelo a mi camioneta. Se subió en el lado del pasajero, y me deslicé detrás del volante, enojada porque él estaba enojado. Salí del camino de entrada de Mason, mi temperamento quemando con el chirrido de mis ruedas.
—No es mi culpa que hayas dejado encerradas TUS llaves en TU auto. Eso no tiene nada que ver conmigo.
—Por favor, sólo llévame a casa. Huelo como a cerveza y pizza vomitada. Numero 16, Blue tiene gustos horribles en compañeros.
—¿Son todos los británicos así de desgraciados alrededor de la medianoche, o eres sólo tú? ¿Y qué hiciste allí atrás de todos modos? ¡Eres un maestro de escuela y tocas el violoncelo! Eres el nerd más grande que conozco. No se supone que sepas Kung Fu.
     Wilson me frunció el ceño, al parecer, no apreciando el comentario de nerd.
—Sinceramente, no sé qué hice. Fue pura suerte. Sólo lo golpee en la mandíbula. Él cayó. —Los dos estábamos en silencio, contemplando las probabilidades—. Se sintió jodidamente increíble.
     Sorprendida por su admisión, mi cabeza giró bruscamente y mis ojos encontraron los suyos. No sé quién empezó a reír primero. Tal vez fui yo, tal vez fue él, pero en cuestión de segundos estábamos resoplando y aullando de risa. Apenas podía conducir, estaba riendo tan fuerte. Y se sentía jodidamente increíble.
     Acabé llevando a Wilson a su casa para recoger sus llaves y luego lo regresé a la escuela para buscar su auto. Vivía en una gran y vieja monstruosidad que estaba remodelando. La mayoría de las casas más nuevas en la zona de Las Vegas eran de estuco, y sería difícil encontrar un puñado de casas que fueran de ladrillo. Pero en Boulder City había menos igualdad y razonamiento, más viejo que nuevo, y menos planificación comunitaria.
     Algunas estructuras más antiguas aún dominaban Buchanan Street, donde se encontraba la casa de Wilson. Ésta había sido incluida en la sociedad histórica, hasta que la falta de fondos hizo imposible mantenerla. Wilson me dijo que era una ruina cuando la había comprado un año antes. Le informé que todavía lo era, sonriendo al notar el aguijón de mis palabras. Pero podía ver el encanto.
     Era un enorme edificio de ladrillo rojo, hecho en un estilo que parecía más adecuado para un campus universitario del este que a un barrio en una pequeña ciudad del desierto. Wilson dijo que todo en Inglaterra era viejo, y no sólo de setenta años, como esta casa, sino de cientos y cientos de años de antigüedad. No quería vivir en una casa donde no había ninguna historia, y su casa tenía tanta historia como ibas a encontrar en una ciudad del oeste. Debería haberlo sabido.
     Cuando llegamos hasta los escalones de la entrada, me di cuenta de que él había colocado una pequeña placa en la puerta, del tipo con letras doradas que por lo general indica la dirección de la casa. Decía Pemberley. Eso era todo.
—¿Nombraste a tu casa Pemberley? —El nombre era familiar, pero no podía ubicarlo.
—Es una broma —suspiró—. Mis hermanas pensaron que sería divertido. Lo habían hecho y Tiffa me sorprendió en mi cumpleaños. Sigo diciéndome que lo quitaré, pero... —Su voz se desvaneció y lo dejé pasar. Tendría que buscar Pemberley cuando tuviera la oportunidad, sólo para meterme en la broma.
     Una gran parte del trabajo se había hecho en el interior. Las puertas delanteras se abrían a un vestíbulo dominado por un amplio juego de escaleras que se curvaban hacia el segundo piso. Era hermoso, pero creo que era la madera oscura y pesada que me conquistó. Los pisos combinaban con la enorme barandilla de caoba que corría con gracia hasta el segundo nivel, donde se convertía en una barandilla gruesa que hacía un amplio círculo debajo del techo abovedado.
     Había dos apartamentos totalmente terminados, uno en el segundo piso y uno en el nivel principal. Otro estaba todavía en construcción, comprometido a ser terminado en breve, según Wilson. El apartamento de la planta baja estaba ocupado por una señora anciana de quien Wilson parecía bastante aficionado. No la conocí. Era más de medianoche, después de todo. Wilson vivía en el otro. Tenía curiosidad por ver como se veían sus alojamientos pero me quedé atrás, preguntándome si él querría que me quedara fuera. Era mi maestro, y casi todo lo que había sucedido esa noche le podría costar su trabajo, o al menos meterlo en problemas, a pesar de que había sido una víctima inocente de las circunstancias.
     Parecía aliviado de que yo no entrara, pero dejó la puerta abierta. Pude ver que los suelos de madera oscura se extendían hacia su apartamento, lo que él llamaba su “piso”. Las paredes estaban pintadas de un verde pálido. Dos impresiones enmarcadas, de mujeres africanas llevando cuencos sobre sus cabezas, colgaban en el largo pasillo que conducía hacia el resto del espacio. Agradable. No sabía lo que había esperado. Quizás estantes y estantes de libros y una silla de terciopelo de respaldo alto donde Wilson podría fumar una pipa, vestido con una chaqueta roja de esmoquin mientras leía grandes libros polvorientos.
     Wilson intercambió su violonchelo por un segundo juego de llaves y una camisa limpia y pantalones vaqueros. Él no había sido salpicado por el vómito, pero insistió en que apestaba a este. Nunca lo había visto en otra cosa que pantalones y camisas de vestir. La camiseta era de un cómodo y suave azul, y sus pantalones estaban desgastados, aunque se veían caros. No los había comprado en Hot Topic. ¿Por qué es que tú puedes ver el dinero incluso cuando viene envuelto en una camiseta y pantalones vaqueros?
—Lindos pantaloncillos9 —comenté mientras me acercaba a la puerta.
—¿A-ah? —Tartamudeó Wilson. Y luego sonrió—. Oh, eh. Gracias. Quieres decir mis pantalones.
—¿Pantalones?
—Sí. Los pantaloncillos son ropa interior, ves. Pensé... um. No importa.
—¿Ropa interior? ¿Tú llamas a los pantaloncillos ropa interior?
—Salgamos, ¿está bien? —Él hizo una mueca, ignorando la pregunta y cerrando la puerta detrás de él. Se veía tan diferente, y traté de no mirar. Él era... ardiente. ¡Uf! Rodé los ojos para mí misma y regresé pisando fuerte a mi camioneta, sintiéndome repentinamente taciturna. Me pasé el viaje de vuelta al auto de Wilson en callada contemplación, que Wilson no interrumpió hasta que llegamos a la escuela.



9 Pantaloncillos: En el inglés original Blue habla de pants para señalar los pantalones pero en el inglés británico eso hace referencia a la ropa interior y de ahí el error de Wilson, ya que él nombra a los pantalones trousers, que también son pantalones, por eso se coloca pantaloncillos, para hacer alguna diferencia entre uno y otro.



     Antes de que se bajara, Wilson me miró serio, los ojos grises cansados a la mísera luz del techo disparada por la puerta abierta. Entonces extendió su mano y agarró la mía, dándole una breve sacudida.
—Aquí está la redención. Nos vemos el lunes, Blue. —Y salió de mi camioneta y se dirigió a su Subaru. Lo abrió con facilidad y saludó con la mano.
—Aquí está a la redención —me repetí, esperando que tal cosa existiera.






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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por carolbarr el Vie 10 Mar - 13:47

Gracias!!! Que gran corazón el de Blue, primero yo ni le hubiese contestado el telefono a Mason y mucho menos intentar montarme en su carro.

Que pensará el Profesor de la historia de Blue, no es comun conseguir personas con una vida tan diferente.

Jajajaa me gusto lo del Kung Fu!!!

Cuantos capítulos son?
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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por eilyno el Vie 10 Mar - 14:28

@carolbarr escribió:Gracias!!! Que gran corazón el de Blue, primero yo ni le hubiese contestado el telefono a Mason y mucho menos intentar montarme en su carro.

Que pensará el Profesor de la historia de Blue, no es comun conseguir personas con una vida tan diferente.

Jajajaa me gusto lo del Kung Fu!!!

Cuantos capítulos son?
LA LECTURA DURARA TODO EL MES!! JEJEJEJE UNO POR DIA






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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por citlalic_mm el Vie 10 Mar - 17:09

X
 
Redención,  liberación, salvación,  como sea que lo quieras llamar todos alguna vez la necesitamos y lo encontramos, justo como Blue cuando y menos donde lo esperó
 
Caballero de brillante armadura, preocupándose por que los “amigos" y por ella lleguen a salvo a casa…
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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por micafp_2530 el Vie 10 Mar - 17:46

Muy bien, estoy de regreso...

Lamento estar atrasada otra vez, pero ahora no es tanto, es que he estado un poco ocupada, o bastante.
Pero aquí estoy y tengo que decir que este libro me agrada, bastante! Wink
Primero adoro a Blue !!
Me gusta mucho, quiero saber que sucede en los siguientes capítulos.
Me agrada tanto el profesor, es como si siempre supiera lo que debe hacer, decir o en que lugar estar. No lo sé, me emociona...

Por otro lado, que Blue hiciera todo eso por Malcom, a pesar de todo, me dice que ella de verdad es una buena personita.
No se si yo sería capaz de hacer algo así.
Ahora, lo lamento, pero tengo que irme, tengo un par de capítulos más con los que adelantarme hoy.


'Sra. Maddox!

  
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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por Yani el Vie 10 Mar - 20:01

Esa profe es una caja de sorpresas, también es bueno para las piñas   y Mason se lo merecía, de verdad espero que B.ue se aleje de él, independientemente de la relación que tuvieran, él debería respetarla y no tratarla como una cualquiera frente a otro hombre solo porque está celoso...Colby es un mamarracho.

   Y ya es hora de que Blue encuentre belleza en su vida, para ello deberá dejar lo feo atrás, empezando por Mason


Última edición por Yani el Vie 10 Mar - 20:02, editado 1 vez




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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por wordsofthisgirl el Vie 10 Mar - 20:02

Jajajaja ay Dios, este par son una broma seria.
Blue escribió:Él era... ardiente. ¡Uf! 

Blue is falling 


   
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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por Isa el Vie 10 Mar - 21:29

Me parecio tan triste lo de Manny en la escuela con la pistola como fue hacer algo asi .
Darcy alias Adam... en serio estan mas qe borrachos y tontos Mason y Colby, Blue les dice el nombre de la calle donde esta y ellos piensan que es un hombre con el que esta que si esta con uno pero no como ellos piensan, son unos borrachos groseros y pelados.
Espero que Blue encuentre la redencion que tanto ansia. Y pueda saber su pasado por lo menos su nombre y su verdadera fecha de nacimiento.





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INFORMACIÓN IMPORTANTE

Mensaje por Maga el Vie 10 Mar - 23:38

AVISO - NOTIFICACIÓN  AVISO - NOTIFICACIÓN   AVISO - NOTIFICACIÓN 




Para todas aquellas chicas que participaron en las lecturas de febrero se les notifica que sus medallas y puntos ya fueron otorgados. Muchas gracias y disculpen la espera. 



Hay cambios en las normas, así que pasen a leerlas de nuevo. Los puntos aumentaron y quedaron así a partir de este mes: 
Por moderación 1500 puntos.
Por participar en una lectura  750 puntos.
Por participar en todas las lecturas 1800 puntos.


Pueden leer las normas AQUÍ dejen su comentario. 

PD: si ven a @R♥bsten por favor de verdad regálenle un ranguito por las nuevas y hermosas medallas que hizo para el club de lectura. 


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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por Maga el Vie 10 Mar - 23:58

Pasen a decidir cuantas lecturas leer en Abril Vota


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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por LuVelitta el Sáb 11 Mar - 2:47

No hubo una sola parte de este capítulo que no me encantará... Desde la conversación de Blue con Darcy, me encanta el nombre!! 
Y la actitud de ambos en tooodo el capi!!

Lo amé!!! Gracias!! Esta lectura de a poco me va comprando!!!



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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por Veritoj.vacio el Sáb 11 Mar - 17:03

cap 10 y 11
Blue y Wilson se van conociendo mas, y me alegro mucho que porfin vieran sus obras, que la empezaran a conocer por algo mas. Las cosas pra Blue empiezan a cambiar, solo espero que no se nos vaya a caer otra vez.


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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por eilyno el Sáb 11 Mar - 21:12

11


Tiffany

     El Café de Beverly se encontraba en Arizona Street, en el centro de la ciudad de Boulder, un restaurante reformado en la parte antigua de la ciudad, fundado en la década de 1930 cuando la presa Hoover se estaba construyendo. Boulder City era una ciudad construida con un plan maestro, completamente construida por el gobierno de Estados Unidos para albergar a los trabajadores de la presa después de la Gran Depresión. Todavía tenía la mayor parte de las estructuras originales, junto con un hotel limpio, no muy lejos de Bev, que había sido construida en esos primeros días. Boulder City era una extraña mezcla de grandes ciudades soltando amarras, y tradiciones del Viejo Oeste que hacen que la mayor parte de las personas se rasquen la cabeza. No está muy lejos de Las Vegas, pero el juego es ilegal. Esta tiene el encanto de una pequeña comunidad pueblerina de la que Las Vegas no puede presumir.
     Conocía a Beverly, la dueña del café, desde mis días con Jimmy. Ella tenía una pequeña tienda de regalos en el café que estaba llena con arte del sudoeste; pinturas, cerámica, cactus, y varias antigüedades. Ella había tomado el trabajo de Jimmy por comisión, y a Jimmy siempre le había parecido gustarle. Jimmy mantuvo mi existencia bastante discreta, pero Beverly había sido amable con él y amable conmigo. Él había confiado en ella, y era uno de los lugares en donde bajábamos nuestra guardia un poco. Yo había comido en las grandes cabinas de cuero rojo muchas veces.
     Hace unos años, cuando tenía la edad suficiente para conducir y moverme por mi cuenta, me acerqué a Beverley buscando un empleo. Ella era una mujer en el lado pesado de agradablemente regordeta, con el pelo rojo y una manera acogedora. Su risa era tan grande como su pecho, el cual era bastante impresionante, y era tan popular entre sus clientes como lo eran sus batidos y hamburguesas dobles con jalapeños. No me había reconocido hasta que le dije mi nombre. Entonces su mandíbula había caído y salió de detrás de la caja registradora y me abrazó con fuerza. Había sido la expresión más genuina de preocupación que alguien me hubiera mostrado desde... desde, bueno... nunca.

—¿Qué pasó con ustedes dos, Blue? Jimmy me dejó con cinco esculturas, y las vendí todas, pero nunca regresó. Tenía gente buscando su trabajo, preguntando por este. Al principio me quedé perpleja, preguntándome si yo había hecho algo. Pero tenía dinero para él. Seguramente habría vuelto por su dinero. Y entonces me preocupé. Han pasado por lo menos cinco años, ¿no?
—Seis —la corregí.
     Beverly me contrató ese mismo día, y había trabajado para ella desde entonces. Nunca había dicho nada acerca de mi apariencia o mi gusto en hombres. Si ella pensaba que mi maquillaje era un poco grueso o mi uniforme un poco apretado, nunca lo dijo tampoco. Yo trabajaba duro, y era confiable, y ella me dejaba ser. Incluso me dio el dinero de la venta de las esculturas de Jimmy de seis años antes.
—Eso es después de que tomé un veinte por ciento, más seis años de valor de intereses. —Había dicho ella con la mayor naturalidad—. Si tienes más de sus tallas, me quedaré con ellas.
     Fueron quinientos dólares. Yo los había usado para comprar herramientas y asegurar la unidad de almacenamiento detrás del apartamento. Y había empezado a tallar en serio. No más incursionando como lo había hecho desde que Jimmy murió. Ataqué el arte con una ferocidad de la que no sabía que era capaz. Algunas de mis esculturas eran horribles. Algunas no lo eran. Y conseguí mejorar. Me separé de un par de las tallas de Jimmy, y terminé las que él no había tenido la oportunidad de completar. Entonces las vendí todas con su nombre, mi nombre también, Echohawk, y cuando todo estaba dicho y hecho, había hecho otros 500 dólares. Con eso, y los intereses de los ahorros de un año, me compré mi pequeña camioneta. Estaba muy golpeada, y tenía 160.000 kilómetros. Pero corría y me daba las ruedas que necesitaba para ampliar mis capacidades de recolección de madera.
     Había practicado en cada tronco, rama y árbol que pude tener en mis manos, pero no era como que hubiera extensos bosques rodeándome. Vivía en un desierto. Afortunadamente, Boulder City estaba más arriba de la base de las colinas, con mezquite creciendo en suficiente abundancia para que pudiera recoger y prácticamente tomar lo que quería. Me volví bastante buena con una motosierra. Nadie se preocupaba por los matorrales de mezquite de todos modos. Y tengo que admitir, cortarlo era terapéutico de una manera muy visceral. Un año después de conseguir un trabajo en la cafetería, había vendido algunas de mis piezas y tenía una decena o más de piezas recubriendo las estanterías de la pequeña tienda de Beverly en todo momento. Tres años más tarde, tenía un respaldo de varios miles de dólares.
    Estaba trabajando en el turno de la cena del jueves, una noche, cuando el Señor Wilson entró en el café con una mujer bonita en un abrigo de piel. Su pelo era una masa de rizos rubios sujetado sobre su cabeza, y usaba pequeños diamantes en las orejas, así como tacones negros muy altos y medias de red. Ella estaba ya sea viniendo de algún lugar súper lujoso o era una de esas mujeres que nunca habían superado el disfrazarse. El abrigo de piel estaba tan fuera de lugar en la decoración del suroeste del café que me encontré tratando de no reírme cuando me acerqué a su mesa para tomar su orden. Ella se quitó el abrigo y me sonrió brillantemente cuando les pregunté si podía traerles algo de beber.
—¡Estoy tan sedienta! ¡Voy a pedir toda una jarra llena de agua, amor, y una orden enorme de nachos si los tiene sólo para comenzar! —dijo con una súplica acentuada. Era británica también. Miré de Wilson a la mujer y viceversa.
—Hola, Blue. —Wilson me sonrió cortésmente—. Blue es una de mis estudiantes, Tiffa —dijo, presentándome a la mujer frente a él.
Las cejas de Tiffa se dispararon con incredulidad mientras me daba una rápida mirada una vez más. Tuve la sensación de que pensaba que no parecía un estudiante. Su mano salió disparada, y la tomé vacilante.
—¿Eres tú la que agarró el arma de ese pobre muchacho? ¡Wilson me ha contado todo sobre ti! ¡Qué hermoso nombre! Soy Tiffa Snook, y soy la hermana de Darcy, eh, del señor Wilson. ¡Vas a tener que decirme qué pedir! ¡Podría comerme un unicornio y limpiar mis dientes con su cuerno! Estoy absolutamente hambrienta. —Tiffa se estremeció toda por cerca de dos segundos exactos, y me agradó ella, a pesar de su abrigo de piel. Si no hubiera mencionado la conexión de familia, habría pensado que a Darcy le gustaban las mujeres mayores.
—Tiffa siempre está hambrienta —agregó Wilson secamente, y Tiffa resopló y tiró su servilleta hacia él. Pero ella rió y se encogió de hombros, concediendo el punto.
—Es cierto. Voy a tener que correr durante horas para eliminar esos nachos, pero no me importa. Así que dime, Blue, ¿qué vamos a pedir?
     Le sugerí varias cosas, preguntándome todo el tiempo por qué si Tiffa Snook se ejercitaba ella usaba medias de red y un abrigo de piel para comer en la cafetería. Podía visualizarla trotando en la cinta en tacones y un traje de ejercicio bordeado de piel de foca bebé. Ella era tan delgada como una vara y bastante alta, y emanaba energía. Probablemente necesitaba comer como un caballo, o un unicornio, sólo para alimentar su nivel de energía.
     Me encontré observando a Wilson y a su hermana a través de su comida, y no era sólo porque fuera su camarera. Parecían disfrutar de la compañía del otro, y sus risas llenaron su esquina con frecuencia. Tiffa era la que parecía hacer la mayor parte de la conversación, sus gestos y movimientos de manos acentuaban todo lo que decía, pero Wilson la tuvo riéndose incontrolablemente más de una vez. Cuando finalmente señalaron que querían su cuenta, Tiffa se acercó y tomó mi mano como si fuéramos viejas amigas. Era todo lo que podía hacer para no darle un tirón.
—¡Blue! ¡Tienes que arreglar esto por nosotros! Darcy aquí dice que tú sabes algo acerca de esculturas. Hay algunas esculturas fabulosas en la tienda de ahí, que vi en el camino. No sabes nada de ellas, ¿verdad?
     Fui aquejada con repentina timidez, y por un minuto no supe cómo responder.
—Ah, ¿qué le gustaría saber? —respondí con cautela.
—Darcy dice que es tu apellido el que está tallado en la base de cada una. Le dije que ellas posiblemente no podían ser tuyas. No te ofendas, amor, pero son experimentadas, si eso tiene algún sentido.
—Son mías —solté—. Si eso es todo lo que necesita, aquí está su cuenta. Puede pagar en la caja registradora. Gracias por venir. —Me apresuré a alejarme, sin aliento, y me metí en la cocina como si alguien estuviera detrás de mí. Me encontraba en realidad buscando algún lugar para esconderme, como si Wilson y su hermana en realidad me perseguirían y me tumbarían al suelo. Después de un minuto de acobardarme, reuní el valor suficiente para mirar a través de las puertas de vaivén separando la cocina del comedor.
     Paseaban por la tienda de regalos, deteniéndose junto a varias de mis piezas. Tiffa pasó sus dedos a lo largo de una de ellas, comentándole a Wilson, aunque no podía oír lo que decía. Fui golpeada de nuevo por la timidez, horror y júbilo en guerra en mi pecho. Me di la vuelta, no quería ver más. Estaba cerca de la hora de cierre, y la cafetería estaba casi vacía, así que me las arreglé para esconderme en la cocina, haciendo mis deberes de cierre, esperando a que ellos se fueran.
     Una media hora más tarde, Jocelyn, la directora nocturna, irrumpió a través de las puertas dobles en la cocina, con la cara envuelta en sonrisas.
—¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío, Blue! ¿Esa señora en ese dulce abrigo de piel? Ella acaba de comprar todas tus esculturas. ¡Cada uno de ellas! Las puso en su tarjeta de crédito y dijo que enviaría un camión para recogerlas en la mañana. ¡Acabas de hacer como 1.000 dólares! ¡Había diez de ellas! Me hizo caminar detrás de ella con una calculadora, y las sumamos todas, además, añadió una propina de 200 dólares para ti porque dijo que estaban “patéticamente por debajo del precio!” —Ella movió sus dedos, indicando comillas para citar.
—¿Las compró todas? —chillé.
—¡Todas, excepto una, y eso fue porque el chico que estaba con ella insistió en que él la quería!
—¿Cúal?
—¡Todas!
— No, quiero decir, ¿cuál quería el chico?
—La más cercana a la salida. ¡Ven acá! Te voy a mostrar donde estaba. Se la llevó con él.
     Gritó como una niña y se volvió, corriendo desde la cocina mientras yo me escabullía detrás de ella. Estaba un poco sorprendida por su evidente entusiasmo por mí.
—¡Ahí! ¡Estaba justo ahí! —Jocelyn señaló un gran espacio vacío en un estante a la altura de los hombros—. Tenía un título raro... ¿El Arco? ¡Sí! Creo que ese era.
     Wilson se llevó “El Arco”. Sentí una emoción de que él lo hubiera reconocido como lo que era. Yo había encontrado un pedazo de mezquite que ocultaba una curva en su línea. Poco a poco, había cortado la madera, formando la insinuación de una mujer de rodillas, la espalda curvada como un gato, profundamente inclinada en adoración o sumisión. Su cuerpo formaba un arco, sus brazos extendiéndose más allá de una cabeza que casi besaba el suelo hacia manos que se cerraban en puños apretados en señal de súplica. Como con todas mis piezas, era completamente abstracta, la insinuación de la mujer simplemente eso, una pista, una posibilidad. Algunos podrían ver simplemente la madera muy brillante, formada en largas líneas y huecos provocativos. Pero como yo la había tallado, todo lo que podía ver era a Juana.
    Todo lo que podía oír eran sus palabras. “Vivir sin fe es un destino peor que la muerte”. Mi Juana de Arco. Y esa era el que Wilson había comprado.



     Una semana más tarde entré en el aula de Wilson y me detuve tan de repente que la gente que caminaba detrás de mí chocó como fichas de dominó humanos, creando un pequeño atasco de tráfico en la puerta. Fui empujada y regañada mientras mis descontentos compañeros de clase hicieron su camino alrededor de mi cuerpo inerte. Mi escultura estaba asentada en una mesa en el centro de la habitación. Wilson se paraba por su escritorio, hablando con un estudiante. Me quedé mirándolo, deseando que levantara la mirada, para explicar cuál era su juego. Pero no lo hizo.
     Caminé lentamente a mi escritorio, al frente y al centro, poniéndome directamente en frente de la escultura que había creado con mis propias manos. No tenía que mirar las largas líneas o la madera brillante para saber dónde había parcheado un agujero de gusano o cortado más profundamente de lo que había planeado. Podía cerrar los ojos y recordar cómo se había sentido formar la sugerencia de curvas femeninas arqueadas como Atlas con Francia en su espalda.
—¿Blue? —Dijo Wilson desde donde todavía estaba junto a su escritorio. Volví mi cabeza lentamente y lo miré. No creía que la expresión de mi cara fuera especialmente amable. Él no reaccionó ante mi mirada, pero con calma me dijo—: Ven aquí, por favor.
     Me acerqué con cuidado y me detuve frente a su escritorio, mis brazos cruzados.
—Quiero que le hables a la clase acerca de tu escultura.
—¿Por qué?
—Porque es brillante.
—¿Y? —Ignoré el placer que inundó mi pecho ante su apreciación.
—Tú la nombraste “El Arco”. ¿Por qué?
—Tenía hambre... pensaba en McDonalds, ¿sabes?
—Hum. Ya veo. Como en los arcos dorados. —Una pequeña sonrisa torció en las comisuras de la boca de Wilson—. No has escrito más de un párrafo en tu historia personal. Tal vez hay otras maneras de compartir quién eres. Pensé que tal vez esta pieza fuera sobre Juana de Arco, lo cual la haría especialmente relevante. Consideré la posibilidad del crédito adicional... el que, francamente, tú necesitas.
     Consideré responder con la famosa frase, “Francamente, querido, me importa un bledo”. Pero eso no era cierto. Me importaba. En un muy pequeño rincón de mi corazón, la idea de hablar de mi escultura me llenaba de júbilo. Pero el resto de mi corazón estaba aterrorizado.
—¿Qué quieres que diga? —susurré, el pánico rezumaba y arruinaba mi postura de chica dura.
    Los ojos de Wilson se suavizaron, y se inclinó hacia mí a través del escritorio. —¿Qué te parece si te hago algunas preguntas y tú las contestas. Te voy a entrevistar. Entonces no tendrás que pensar en qué cosas decir.
—No me preguntarás nada personal... por mi nombre o mi papá... ni nada de eso, ¿verdad?
—No, Blue. No lo haré. Las preguntas serán sobre la escultura. Acerca de tu misterioso don. Porque, Blue, tu trabajo es brillante. Tiffa y yo quedamos impresionados. Ella no puede dejar de hablar de ti. De hecho. —Wilson metió la mano en el bolsillo de su camisa y sacó una tarjeta—. Tiffa me pidió que te diera esto.
     Esto era una tarjeta de color negro brillante con letras de oro. Tiffany W. Snook–The Sheffield era todo lo que decía. Un número de teléfono y una cuenta de correo electrónico adornaban la esquina derecha. Pasé mis dedos sobre las letras grabadas y luego miré hacia él con recelo.
—The Sheffield es el gran hotel en el extremo sur de la franja que parece una finca inglesa, ¿verdad? ¿En dónde trabaja tu novia?
—Tiffa es una conservadora, tanto para el museo de arte como para la galería. Ella compró nueve de tus piezas la noche del viernes. ¿Sabías eso? Habría comprado las diez, pero yo le rogué que me permitiera tener una sola.
—Sé que las compró. No sé por qué, sin embargo. Todavía no estoy segura de lo que hago.
—Quiere colocar un par de tus piezas en la galería y ver cómo les va. El Sheffield tendrá una comisión si se venden. Pero ella te dará lo que quede, menos lo que ella ya pagó.
—Pero las compró. Puede hacer lo que quiera con ellas.
Wilson negó con la cabeza. —Llámala, Blue. Si no lo haces, va a cazarte. Es muy persistente. Ahora, la clase está esperando.
     Los chicos detrás de mí, no estaban esperando. Estaban disfrutando ruidosamente del hecho de que la clase no había empezado, pero no discutí con él. Volví a mi asiento, preguntándome cuánto tiempo pasaría hasta que Wilson me avergonzara. No pasó mucho tiempo.
—Muchos de ustedes probablemente se preguntan acerca de esta escultura impresionante. —Me hubiera gustado que se abstuviera de las descripciones entusiastas y me encogí un poco. Se giró hacia un chico que estaba sentado a mi derecha llamado Owen Morgan.
—Owen, ¿puedes leer la palabra tallada aquí abajo en la base de la escultura?
Owen se puso de pie y se agachó así él podía ver la palabra que Wilson señalaba.
—Echohawk —leyó Owen—. ¿Echohawk? —repitió con una inflexión sorprendida. Owen giró la cabeza hacia mí, con las cejas arqueadas dubitativo. Realmente, realmente no me gustaba mucho Wilson en ese momento.
—Sí. Echohawk. Esta pieza se llama “El Arco”, y fue tallada por Blue Echohawk. Blue ha accedido a responder a algunas preguntas acerca de su trabajo. Pensé que todos podrían encontrarlo interesante.
     Me puse de pie y me moví junto a Wilson, pero mantuve mis ojos fijos en la escultura así no tenía que hacer contacto visual con nadie en la habitación. La clase había caído en un silencio atónito. Wilson comenzó haciendo algunas preguntas básicas acerca de las herramientas y los diferentes tipos de madera. Respondí con facilidad, sin adornos y me encontré relajándome con cada pregunta.
—¿Por qué tallas?
—Mi... padre... me enseñó. Crecí viéndolo trabajar con madera. Hizo cosas bellas. Tallar me hace sentir cerca de él. —Hice una pausa, reuniendo mis pensamientos—.Mi padre decía que tallar requiere mirar más allá de lo que es obvio hacia lo que es posible.
     Wilson asintió como si entendiera, pero Chrissy elevó la voz desde la primera fila.
—¿Qué quieres decir? —preguntó, su rostro torcido mientras giraba la cabeza de un lado al otro, como si estuviera tratando de averiguar lo que veía.
—Bueno... toma esta escultura por ejemplo —le expliqué—. Era un enorme trozo de mezquite. Cuando empecé, no era hermoso en absoluto. De hecho, era feo y pesado y un dolor en el culo para meterlo en mi camioneta.
     Todo el mundo se echó a reír, e hice una mueca y murmuré una disculpa por mi lenguaje.
—Así que dinos acerca de esta escultura en particular. —Wilson ignoró la risa y continuó, reorientando la clase—. La llamaste “El Arco”, lo que encuentro fascinante.
—Encuentro que si algo está realmente en mi mente... tiende a salir por mis manos. Por la razón que sea, no pude sacar la historia de Juana de Arco de mi cabeza. Ella apeló a mí —confesé, echando una mirada de reojo a Wilson, con la esperanza de que no creyera que estaba tratando de adularlo—. Ella me inspiró. Tal vez fue lo joven que era. O lo valiente. Tal vez fue porque era dura en un momento en que las mujeres no eran especialmente valoradas por su fuerza. Pero ella no sólo era dura... ella era... buena. —Terminé con timidez. Tenía miedo de que todo el mundo se riera de nuevo, sabiendo que “buena” era algo que nunca se había aplicado a mí.
     La clase se había vuelto tranquila. Los chicos que normalmente palmeaban mi trasero y hacían sugerencias lascivas estaban mirándome con expresiones confusas. Danny Apo, un chico polinesio caliente con el que me había besado una o dos veces, estaba inclinado hacia adelante en su silla, sus cejas negras bajadas sobre ojos igualmente negros. Él seguía mirando de mí a la escultura y luego de vuelta otra vez. El silencio era inquietante, y miré a Wilson, esperando que lo llenara con otra pregunta.
—Tú dijiste que tallar es ver lo que es posible. ¿Cómo sabías por dónde empezar siquiera? —Él tocó el agraciado balanceo de la madera, pasando un largo dedo sobre la cabeza inclinada de Juana.
—Había una sección del tronco que tenía una ligera curva. Parte de la madera se había podrido, y cuando lo corté todo lo que pude ver fue un ángulo interesante que imitaba esa curva. Seguí cortando, creando el arco. A mí ésta me parecía la columna vertebral de una mujer... como una mujer orando. —Mis ojos se dispararon hacia Wilson, preguntándome si mis palabras le trajeron a la mente la noche en que me había descubierto en el pasillo oscuro. Sus ojos se encontraron con los míos brevemente y luego se reorientaron hacia la escultura.
—Una cosa que noté, cuando vi todo tu trabajo en conjunto, fue que cada pieza era única, como si la inspiración detrás de cada una fuera diferente.
Asentí. —Todas ellas cuentan una historia diferente.
—Ahhh. ¿Oyen eso clase? —Wilson sonrió ampliamente—. Y ni siquiera le dije a Blue que lo dijera. Todo el mundo tiene una historia. Cada cosa tiene una historia. Se los dije.
La clase se rió y rodaron sus ojos, pero estaban dispuestos a la discusión, y su atención permaneció conmigo. Una extraña sensación se apoderó de mí mientras miraba por encima a las caras de la gente que había conocido durante muchos años. La gente que había conocido, pero nunca conocido. La gente que a menudo había ignorado y quienes me habían ignorado. Y fui golpeada por la idea de que me estaban viendo por primera vez.
—Todo es cuestión de perspectiva —le dije vacilante, dando voz a mi repentina revelación—. No sé lo que todos ustedes ven cuando miran esto. —Asentí hacia mi talla—. No puedo controlar lo que ven o cómo interpretan lo que ven más de lo que puedo controlar lo que piensan de mí.
—Esa es la belleza del arte —sugirió Wilson en voz baja—. Todos tienen su propia interpretación.
     Asentí, mirando hacia el mar de rostros. —Para mí, esta escultura cuenta la historia de Juana de Arco. Y contando su historia... supongo que digo la mía propia, hasta cierto punto.
—Gracias, Blue —murmuró Wilson, y me arrastré hasta mi asiento, aliviada de que había terminado, el calor de tanta pesada atención en mi piel.
     La habitación estuvo en silencio por un instante más, y luego mis compañeros comenzaron a aplaudir. El aplauso fue modesto y no estremeció la habitación en un estruendoso aplauso, pero para mí, fue un momento que no olvidaré en tanto tiempo como viva.



     Resultó que Pemberley era el nombre de la casa del señor Darcy en Orgullo y Prejuicio de Jane Austen. Esa fue la broma interna. Tiffa había nombrado Pemberley a la casa de Wilson para meterse con su nombre. Eso hizo que me agradara ella aún más. Y mi respeto por ella no tenía nada que ver con el hecho de que parecía amar mis esculturas, sin embargo, eso sin duda no dolía.
     Llamé al número en la tarjeta que Wilson me dio y disfruté de diez minutos de efusivos elogios en muy buen inglés. Tiffa estaba convencida de que podía vender todo lo que había comprado en la cafetería y en precios significativamente más altos. Me hizo prometerle que seguiría tallando y se comprometió a tener un contrato, enviándolo para que lo firmara. El Sheffield aceptaría un porcentaje saludable de todo lo que se vendiera en su galería, lo que incluiría el porcentaje de Tiffa, pero yo conseguiría el resto. Y si las piezas se vendían a los precios que Tiffa estaba segura que se venderían, mi parte todavía sería más sustancial de lo que yo había conseguido por ellas ahora. Y la exposición sería invaluable. Tuve que seguir pellizcándome a través de la conversación, pero cuando todo terminó, estaba convencida de que en la lucha por convertirme en una Blue diferente, mi fortuna estaba cambiando también.
     Ese viernes por la noche, en lugar de tallar, miré cada versión de Orgullo y Prejuicio que pude tener en mis manos. Cuando Cheryl se arrastró a casa de trabajar ocho horas más tarde, yo todavía estaba sentada en el sofá mirando la televisión mientras los créditos rodaban. El acento inglés había hecho muy fácil sustituir a Wilson en cada representación del señor Darcy. Incluso él tenía los ojos tristes del actor que lo interpretó junto a Keira Knightley. Me encontré a mí misma viéndolo en cada escena, enojada con él, llorando por él, medio enamorada de él cuando todo estaba dicho y hecho.
—¿Qué estás viendo? —Se quejó Cheryl, viendo a Colin Firth pasando a través de la pantalla del menú una y otra vez, esperando a que yo apretara reproducir.
Orgullo y Prejuicio —solté, resintiendo la intrusión de Cheryl en mi resplandor posterior a Darcy.
—¿Para la escuela?
—No. Sólo porque sí.
—¿Te sientes bien? —Cheryl me miró de soslayo. Supongo que no podía culparla. Mis preferencias generalmente se balanceaban hacia El Transportador y viejas películas de Duro de Matar.
—Estaba de ánimo para algo diferente —le dije sin comprometerme.
—Sí, supongo que sí. —Cheryl miró dubitativa a la pantalla—. Nunca me llamó la atención esas cosas de epoca. Tal vez fue porque en esos días yo habría sido la única fregando las ollas en la cocina. Demonios, chica. ¡Tú y yo habríamos sido las chicas que el Duque perseguiría alrededor de la cocina! —Cheryl se rió para sus adentros—. Definitivamente ningún material para Duquesa, eso es seguro. —Cheryl me miró—. Por supuesto somos nativos, lo que significa que no habríamos estado cerca de Inglaterra, ¿verdad? Incluso ellos no nos habrían dejado fregar las ollas.
     Apunté el control remoto hacia la pantalla y el Señor Darcy desapareció. Puse mi almohada sobre mi cara y esperé hasta que Cheryl entró en su dormitorio. Ella había arruinado ocho horas perfectas de fingir en diez segundos. Y peor aún, tenía que recordarme que “yo no era material para Duquesa”.
     Pisotee hacia mi habitación, defendiéndome mentalmente. Era perfectamente aceptable tener un enamoramiento con un personaje de ficción. ¡La mayoría de las mujeres lo hacían! ¡Cheryl, a pesar de toda su insistencia en darme una probada de la realidad, tenía una cosa por los vampiros, por Dios santo!
     Pero ese no era el problema, y en el fondo era demasiado honesta para negarlo. Era perfectamente posible tener un enamoramiento con el señor Darcy de ficción, pero no era aceptable tener una cosa por el real. Y me gustaba mi joven profesor de historia. No había duda al respecto.






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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por LuVelitta el Sáb 11 Mar - 23:21

Awww me encantó!! El que los demás puedan apreciar su arte y a través de este Blue logré darse cuenta que a pesar de lo que cree sí tiene y puede contar historias, su historia es genial!!!



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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por eilyno el Sáb 11 Mar - 23:35

Ya vamos, viendo que blue y Wilson se van acercando más






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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por citlalic_mm el Dom 12 Mar - 5:47

(upps llegando un poco tarde pero aquí está mi coment )

XI

Una más que se preocupó por ambos y que no sabia que fue de ellos por seis años?? Enserio?? , Beverly, y gracias a ella tiene un respaldo económico por la venta de esculturas y su trabajo en la cafetería, Bien!!!!

Tiffa, que raro nombre, todo lo contrario a Mr. Darcy y ahora entra en escena para “salvarla” de una forma en que ella ni se lo esperaba, ojala no le vea el lado malo a esto, se merece algo bueno después de todo…
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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por carolbarr el Dom 12 Mar - 8:19

Como la música el arte a veces necesita empujoncito de suerte, el de Blue se llama Tiffa (Tiffany) y a veces uno nace con un don otras como Blue se aprende y muy bien

Gracias por el capitulo




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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por Yani el Dom 12 Mar - 9:56

Gracias Eilyn! Me encantó este capítulo, me agradó mucho Tiffany que resultará ser el genio de la suerte para Blue, ahora podrá triunfar en lo que hace, su arte será reconocido...Y le sale la pasión por lo que hace cuando habla de su obra, me gusta que se haya abierto a todos un poco más.
Cheryl es la típica persona tóxica que si estás bien te hunde, Blue ya es mayor de edad y tiene sus ahorros, por qué no se larga a vivir sola?
Está naciendo el amor entre el profe y su alumna




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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por eilyno el Dom 12 Mar - 15:27

12


Brezo


     La prueba fue positiva. Tomé varias más en los próximos días, hasta que ya no pude convencerme de que todos los resultados estaban equivocados. Estaba embarazada. Al menos ocho semanas de embarazo, según mis cálculos. Había dormido con Mason la noche en que Wilson y yo habíamos estado varados en la escuela, y lo había evitado desde entonces. Él había llamado y enviado mensajes de texto, pero aparte de algunos mensajes de enojo en mi buzón de voz, haciendo insinuaciones sobre Adam, se mantuvo al margen.              Probablemente se sentía culpable por la imagen, pero realmente esperaba que él pudiera seguir adelante.
     Yo había cambiado, pero la vida me había enviado a toda velocidad hacia atrás. Y estaba devastada. Me perdí una semana de clases, me reporté enferma al trabajo, y dormía constantemente, incapaz de enfrentarme a la verdad. Las náuseas que me habían obligado a enfrentarme a la posibilidad de que podría estar en problemas en primer lugar descendieron sobre mí como una venganza, por lo que fue más fácil revolcarme y ocultarme. Cheryl estaba en su mayoría inconsciente, pero después de una semana de no salir de mi casa, sabía que tendría que “recuperarme” o arriesgarme a tener que explicarle a Cheryl lo que pasaba conmigo. Todavía no me encontraba preparada para esa conversación, así que recuperé el control y volví a la escuela y reanudé mis turnos normales en el café. Pero el conocimiento era como una astilla dolorosa tratando de trabajar su salida, siempre allí, justo debajo de la superficie, imposible de escapar, imposible de erradicar, y en poco tiempo, imposible de ignorar.
 



     Hablamos de la inquisición española durante una semana, y la correlación entre las cacerías de brujas y la inquisición había sido el monólogo de Wilson para empezar el día.
—Pensamos en la brujería como un fenómeno mayormente medieval, pero unas 100.000 personas fueron juzgadas por brujería entre los siglos XV y XVIII. De los juzgados, aproximadamente 60.000 fueron ejecutados. Quemados en la hogueras en la mayoría de las veces. 75% de los ejecutados eran mujeres. ¿Por qué los números desproporcionados? Bueno, las mujeres son más susceptibles a la influencia del diablo, ven. —Las cejas de Wilson se arquearon mientras las chicas de la clase inmediatamente tuvieron problema con su declaración.
     »¿Qué? —Levantó las manos en señal de protesta—. Todo comenzó con Adán y Eva, ¿no? Al menos esa era la lógica de la iglesia a lo largo del período medieval y de ahí en adelante. Muchas de las mujeres que fueron acusadas eran pobres y ancianas. También las mujeres que trabajaron en las áreas de partería y la curación. Ellas fueron las que cocinaban y se preocupaba por los demás, así que la idea de ellas cocinando una poción, o veneno, o lanzando un hechizo era una etiqueta más fácil de poner en una mujer que un hombre. Los hombres establecían las cosas con sus puños, pero las mujeres eran menos físicas y más verbales, quizás más propensas a dar una reprimenda que podría ser interpretada como la maldición de una bruja. Me parece interesante que en la pasado todo lo que uno tenía que hacer para desacreditar a una mujer era etiquetarla como una bruja. ¿Cómo podemos desacreditar una mujer fuerte hoy en día?
     La clase se quedó mirando a Wilson, sin comprender. Y entonces se hizo un clic.
—La etiquetas como una perra —le ofrecí audazmente.
     La clase se quedó sin aliento, como era de costumbre cuando alguien dejaba salir una mala palabra. Aunque Wilson no se inmutó. Él sólo me miró pensativo.
—Sí. A menudo es la misma cosa. Vamos a comparar. A lo largo de la historia, las mujeres han sido definidas por la belleza. Su valor ha estado ligado a la cara, ¿no es así? Así que cuando una mujer envejece y su belleza se desvanece, ¿qué le sucede a su valor?
     La clase estaba siguiéndolo ahora.
—Su valor disminuiría, pero ¿qué pasa con su libertad? En cierto modo, una mujer que ya no es bella, ya no compiten por la mano del hombre más rico o más elegible que podría tener menos que perder. Una vieja de cincuenta años de edad, en la década de 1500 podría no tener el miedo de decir lo que pensaba como una chica de quince años de edad, quien siente la presión para casarse y casarse bien. De esa manera, la mujer menos atractiva podría ser más libre, más independiente, que la hermosa chica.
     »Hoy en día, las mujeres siguen siendo juzgadas de acuerdo a sus atributos físicos, más que a los hombres. Pero los tiempos han cambiado, y la mujer no necesita un hombre para proveerse de ellos. Las mujeres de hoy tienen menos que perder por decir lo que piensan, y llamar a alguien bruja es bastante ineficaz. Por eso, utilizamos las mismas tácticas que se utilizaron hace mucho tiempo, sólo que con diferentes palabras. Me parece interesante, sin embargo, que la etiqueta utilizada para desacreditar a una mujer fuerte, independiente sólo ha cambiado no más que mi carta.
    »La clase se echó a reír, y Wilson sonrió con nosotros antes de que se moviera. Lo que nos lleva a nuestro proyecto de fin de año. ¿Qué etiqueta es la que llevas? ¿Por qué la usas? Muchos de ustedes serán personas mayores y se trasladarán hacia un mundo más grande. No tienen que seguir usando la etiqueta que han usado. ¿Van a elegir arrastrándola junto con ustedes y ponerla en sus nuevos círculos, o van a elegir un deshacerse de ellas y hacer un nuevo nombre para ustedes mismos? —Wilson miró a los rostros atentos que lo rodeaban.
     »Lamentablemente, en la escuela, y a menudo en la vida, nos definimos por nuestros peores momentos. Piensen en Manny. —La habitación estaba en silencio con la contemplación, y Wilson hizo una pausa, como si el recordar que era difícil para él también.
     »Pero para la mayoría de nosotros, que nos componemos de las pequeñas elecciones, los pequeños actos, los pequeños momentos que forman parte de nuestras vidas, día tras día. Y si ustedes lo miran de esa manera, las etiquetas son bastante inexactas. Todos tendríamos que usar un millar de etiquetas con un millar de diferentes descripciones para representarnos honestamente a nosotros mismos. —Wilson se dirigió a su escritorio—. Aquí. Toma uno y pásenlo de nuevo. Vamos. —Wilson entregó una pila de páginas blancas pasadas a las primeras personas de cada fila. Cada página tenía unas veinte etiquetas en ella. Tomé una página y le entregué el resto al chico detrás de mí.
     »Si les dijera que tomaran cada etiqueta y se las pegasen a ustedes mismo y luego caminaran por la habitación y dejaran que diferentes personas escribieran algo acerca de ustedes, una sola palabra, como bruja, por ejemplo, en la etiqueta, ¿qué creen que ellos escribirían? ¿Deberíamos intentar eso?
Sentí una piscina de pavor en mi vientre como la cera caliente. Hubo un malestar general en el salón de clases, y la gente empezó a quejarse y murmurar bajo sus respiraciones.
—No les gusta esa idea, ¿eh? Por suerte para ustedes, no me gusta tampoco. Para empezar, la gente seria ya sea demasiado agradable o demasiado brutal, y podríamos conseguir muy poca honestidad. En segundo lugar, aunque importa lo que otros piensan de ustedes... sí, lo dije, sí importa —Wilson hizo una pausa para asegurarse de que estábamos escuchando—, a todos nos gusta tirar esos clichés de peluche que no son así, pero en un sentido comercial, en un sentido de relación, en un sentido real, sí importa. —Enfatizó el sí y nos miró de nuevo.
    »Así que, aunque es importante, no importa tanto como lo que pensamos de nosotros mismos, ya que, como hemos comentado anteriormente en el año, nuestras creencias afectan nuestras vidas de forma muy reales. Afectan nuestra historia. Así que. Quiero que se etiqueten a sí mismos. Veinte etiquetas. Sean lo más honestos posible. Cada etiqueta debe ser una palabra, dos como máximo. Que sea corta. Las etiquetas son sólo eso... cortas e implacables, ¿no es así?
     Wilson abrió una enorme caja de Sharpies negros y procedió a entregar una a cada estudiante en la clase. Marcador permanente. Vi como todo el mundo se puso a trabajar a mí alrededor. Chrissy había evitado la Sharpie para usar sus plumas de gel y estaba ocupado escribiendo palabras como “impresionante” y “linda” en sus etiquetas. Quise escribir PATEAME en una de mis etiquetas y pegarla en su culo. Luego me gustaría escribir PÚDRETE en el resto de ellas y ponerlas una por una en la frente de Wilson. ¡Era tan agravante! ¿Cómo es posible que alguien que me gusta tanto me haga enojar demasiado?
     La imagen de Wilson con etiquetas en la frente me hizo sonreír por un segundo. Pero sólo por un segundo. Esta asignación era gravemente desordenada y seriamente degradante. Miré hacia abajo a los pequeños rectángulos blancos frente a mí, a la espera de que les dijera las cosas como son. ¿Qué iba a poner? ¿Embarazada? ¿Preñada? Eso sería calificar. ¿O qué tal rara? Puede ser... ¿PERDEDORA? ¿Qué tal Arruinada? ¿Acabada? ¿Terminada? ¿Fuera del juego? La siguiente palabra que me vino a la cabeza me había hecho estremecer. Madre. Oh diablos, no.
—¡No puedo hacer esto! —dije en voz alta, con énfasis.
     Todo el mundo me miró, los Sharpies se detuvieron, bocas abiertas. Y realmente no había estado hablando acerca de la asignación en absoluto. Pero me di cuenta de que no podía hacerla tampoco. No lo haría.
—¿Blue? —preguntó Wilson en voz baja.
—No voy a hacer esto.
—¿Por qué no? —Su voz era aún tan suave, tan suave. Deseé poder grítale de nuevo.
—¡Porque es un error... y es... estúpido!
—¿Por qué?
—¡Debido a que es muy personal! ¡Es por eso! —Lancé mis manos en el aire y empujé las etiquetas en el suelo—. Podría mentir y escribir un montón de palabras que no significan nada, palabras en las que no creo, pero entonces ¿cuál sería el punto? Así que no voy a hacerlo.
     Wilson se apoyó contra el pizarrón y me miró fijamente, con las manos a apretadas.
—Así que lo que me estás diciendo es que te niegas a etiquetarte. ¿Verdad?
     Le devolví la mirada con frialdad.
—¿Te niegas a etiquetarte? —preguntó de nuevo—. Porque si ese es el caso, entonces acabas de pasar esta pequeña prueba con creces. —Una protesta comenzó a mi alrededor, los chicos se sintieron como si les hubiera dado el extremo corto de la vara, porque habían hecho lo que se les había pedido hacer. Wilson simplemente los ignoró y siguió adelante—. Quiero que tiren las etiquetas. Rómpanlas, rásguenlas, garabatéenlas, tírenlas a la basura.
     Sentí el calor de la confrontación dejar mi cara y mi corazón retomo un ritmo más normal. Wilson apartó la mirada de mí, pero yo sabía que aún estaba hablándome, sobre todo para mí.
—Hemos escrito nuestras historias a lo largo del año. Pero ahora quiero que piensen en su futuro. Si ustedes predicen su futuro en base a su pasado, ¿qué ven en su futuro? Y si no les gusta la dirección en la que se dirigen, ¿de qué etiqueta se tienen que deshacer? ¿Cuál de esas palabras que han escrito para describirse a sí mismos, debe ser abandonada? ¿Todos ellas? ¿Qué etiqueta es la que quieres para ti? ¿Cómo te etiquetarías si las etiquetas no se basaran en lo que piensas de ti, sino lo que quieres para ti? —Wilson recogió una pila de carpetas. Una por una, empezó a repartirlas.
—He combinado cada página de su historia en esta carpeta. Todo lo que han escrito desde el primer día. Esta es la última página de su historia personal. Ahora. Escriban su futuro. Escriban lo que quieran. Desháganse de las etiquetas.
     Había una vez un pequeño mirlo que fue empujado fuera del nido, no deseado. Desechado. Luego un halcón lo encontró, bajo en picada y lo llevó lejos, dándole un hogar en su nido, enseñándole a volar. Pero un día, el halcón no vino a casa, y el pájaro estaba solo de nuevo, no deseado. Él quería volar lejos. Pero mientras se levantaba hasta el borde del nido y miraba hacia el cielo, se dio cuenta de lo pequeñas que eran sus alas, cuan débiles. El cielo era tan grande. Algún otro lugar era tan lejos. Se sentía atrapado. Podía volar lejos, pero ¿A dónde iría?
     Él tenía miedo... porque sabía que no era un halcón. Y no era un cisne, un hermoso pájaro. No era un águila, digna de admiración. No era más que un pequeño mirlo.
   Él se encogió en el nido escondiendo la cabeza debajo de sus alas, deseando ser rescatado. Pero nadie llegó. El pequeño mirlo sabía que podría ser débil, y podría ser pequeño, pero no tenía otra opción. Tenía que intentarlo. Él volaría lejos y nunca miraría hacia atrás. Con una respiración profunda, desplegó sus alas y se empujó hacia el gran cielo azul. Por un momento voló, estable y en alza, pero luego miró hacia abajo. El suelo se elevó rápidamente a su encuentro con él mientras entraba en pánico y rodó como un carrito hacia la tierra.
     Me imaginé que el ave se tambalea al borde del nido, tratando de volar, y luego cayendo y golpeando el hormigón a continuación. Una vez había visto un huevo que se había caído de un nido en un enorme árbol de pino cerca de nuestro complejo de apartamentos. Un pájaro bebé, parcialmente formado, había permanecido en la cáscara agrietada.
     Tiré mi lápiz y me levanté de mi escritorio, respirando con dificultad, sintiendo como si me fuera a romper y piezas cortadas de Blue fueran a llover en la habitación en una horripilante exhibición. Agarré mi bolso y corrí hacia la puerta, necesitaba salir. Oí a Wilson llamándome detrás de mí, diciéndome que esperara. Pero corrí hacia las salidas y no miré atrás. No podía volar. Ese fue la patada. El pequeño pájaro en la historia ya no era yo. Mi historia era ahora de otra persona por completo.


     Estuve en Planificación familiar antes. Conseguí el control de natalidad allí, aunque la última ronda obviamente me falló. Busqué en Google todas las posibles razones del porque el control de la natalidad fallaría. Tal vez eran los antibióticos que había tomado después de la Navidad, o el hecho de que había tenido inexplicablemente una pastilla extra y no había más días, lo que significa que me había perdido una en alguna parte. Cualquiera sea la razón, la prueba era positiva, y yo todavía no había tenido el período.
     Llamé días antes e hice una cita para después de la escuela, a pesar de que escapar de la clase me dio tiempo suficiente para llegar con tiempo de sobra. Aunque la señora de la recepción no le importaba ser amable. Llené un formulario médico, respondí algunas preguntas y luego me senté en una silla de metal con un cojín negro y volví las páginas de una revista llena de “las mujeres más bellas del mundo”. Me preguntaba si alguna de ellas había ido a Planificación familiar. Sus rostros miraban hacia mí desde las brillantes páginas, resplandecientes en su colorido plumaje. Me sentí pequeña, fría y fea, como un pájaro con plumas mojadas. ¡Basta de pájaros! Empujé ese pensamiento y volteé la página.
     Me preguntaba si mi madre llegó a un lugar como este cuando estuvo embarazada de mí. La idea me detuvo en seco. Nací en los noventa. Muy poco ha cambiado en los últimos veinte años, ¿no? Habría sido casi tan fácil para ella obtener un aborto como lo sería para mí. Así que ¿por qué no lo había hecho? De lo poco que sabía de ella, mi nacimiento no era conveniente para ella. Definitivamente no quería. Tal vez ella no sabía nada de mí hasta que fue demasiado tarde. O tal vez tenía la esperanza de usarme para conseguir su novio de vuelta, para que la amara, para que cuidara de ella. ¿Quién sabe? Yo desde luego no lo haría.
—¿Blue? —Me llamaron, con una gran pregunta al final, como siempre era el caso cuando alguien leía mi nombre. La gente estaba siempre segura de que les jugaban una broma. Agarré mi bolso y me dirigí a la puerta donde la enfermera se encontraba, esperando a que me uniera a ella. Sin esperar siquiera a que la puerta se cerrara detrás de nosotros, me informó que iban a necesitar una muestra de orina y me dio una taza.
—Cuando haya terminado, escriba su nombre en la etiqueta, adjúntelo a la muestra, y dámela a mí directamente. Vamos a probar embarazo y enfermedades de transmisión sexual. Tendrá su resultado de embarazo hoy, pero los resultados de las enfermedades llevarán más tiempo. —Me acompañó al baño y esperó hasta que entré y cerré la puerta. Miré a la etiqueta que tenía que adjuntar a la taza. Había un lugar para mi nombre y una sección para el momento, la temperatura, y la fecha de la muestra, que supuse sería completada después de que la regresara para su inspección. La conferencia de Wilson acerca de las etiquetas llenó mi cabeza.
—... Y si no te gusta la dirección en la que te diriges, ¿qué etiqueta necesitas tirar? ¿Cuál de esas palabras que has escrito para describirte, debe ser abandonada?
     Iba a poner mi nombre en una taza de orina. Iban a decirme que estaba embarazada. Luego iban a aconsejarme abortar, ya que era por eso qué me encontraba aquí. Pronto, sería capaz de soltarme metafóricamente de la etiqueta de embarazada, garabatearla, tirarla a la basura y terminar con ella. Ya no sería verdad. Y sería capaz de cambiar la dirección en la que me dirigía. Etiqueta abandonada. Como mi madre me había abandonado.
     Rodé los ojos ante la comparación que mi cerebro demasiado emocional inmediatamente saltó a hacer. No era lo mismo en absoluto. El abandono de un niño, el abandono de un embarazo. Me dije a mí misma que los dos no eran ni siquiera comparables. Me apresuré y tomé la muestra, escribí mi nombre en la etiqueta, y di una palmada en la taza caliente que me hizo muy consciente de que probablemente tenía que beber más agua, y muy avergonzada de que la enfermera pensara lo mismo.


—Felicitaciones.
     La prueba no tomó mucho tiempo. Me pregunté si usaban la misma prueba desechable que utilicé diez veces en casa.
—¿Felicidades?
—Sí. Estas embarazada. Felicidades —dijo la enfermera, sin expresión.
     No sabía qué decir. Felicidades parecía completamente la palabra equivocada, teniendo en cuenta que recibí   asesoramiento sobre los servicios de aborto por teléfono cuando hice mí cita. Pero no sentí burla. Este era, obviamente, sólo la respuesta estándar, o segura... supuse.
—Veo que ha hablado con... —Ella miró a su portapapeles—. Uh, Sheila... ¿acerca de sus opciones?
Sheila era la chica en el teléfono cuando llamé para una cita. Fue agradable. Estuve agradecida de tener a alguien con quien hablar. Deseé que Sheila estuviera conmigo ahora. Esta enfermera era tan... seca con sus felicitaciones enlatados. Necesitaba pensar.
—¿Esta Sheila aquí?
—Uhhhh... no —dijo la enfermera, claramente confundida por mi pregunta. Luego suspiró—. Tendrá que programar otra cita para su procedimiento si eso es lo que decide hacer.
—¿Puedo tener mi pis por favor? —la interrumpí, repentinamente desesperada, con ganas de irse.
—¿Q-qué?
—Sólo necesito, quiero decir, no quiero que mi pis esté allí con mi nombre en él. ¿Puedo tenerlo por favor?
La enfermera me miró como si estuviera loca. Luego trató de tranquilizarme. —Todo es completamente confidencial. Lo entiende, ¿no?
—Quiero irme ahora. Hagame el favor de darme mi pis.
     La enfermera se levantó y abrió la puerta, con los ojos de un lado a otro como si buscara algo.
—¡Y no hay tal cosa como totalmente confidencial! —Salí de la pequeña habitación, con el bolso en la mano, en una misión para encontrar mi muestra marcada. De repente sentí como si mi vida se hubiera reducido a la etiqueta, a mi nombre en una etiqueta blanca, pegaba a una muestra de orina. Estaba cruzando el Rubicón. Esto era todo. Y esa etiqueta era en todo lo que podía pensar.
     La enfermera pareció aturdida pero no discutió conmigo. Me dio mi muestra, y sus manos temblaban. La tomé y corrí, como un ladrón en una tienda, esperando que nadie me pudiera identificar, sabiendo que la probabilidad de ser libre era prácticamente nula, sabiendo que mi problema acababa empeorar diez veces. Sin embargo, como un ladrón, me sentía llena de adrenalina, aturdida por la decisión que tomé. Eufórica con el poder que tenía para tirar mi vida por los tubos... o proteger una vida, se mirara como se mirase. Hablando de tirar, todavía agarraba la muestra de orina cerca de mi pecho. La puse en el salpicadero en mi camioneta y miré mi nombre bajo la luz tenue.
     Blue Echohawk. Fecha: 29 de marzo de 2012. Hora: 17:30. Fuera del interior de mi camioneta, estaba oscuro ya. En Las Vegas en el invierno, el sol bajaba alrededor de las cinco de la tarde. Era de noche ahora. Miré mi nombre otra vez. Pensé en las palabras de Cheryl aquel terrible día cuando ahogarme había parecido ser una alterativa más aceptable que la vida sin Jimmy.
—Ni siquiera sabía tu nombre. Dijo que sólo decías Blue, Blue, Blue. Así que es así como te llamó. Es un poco tonto, supongo.
     Blue Echohawk no era mi nombre. En realidad no. Tal vez me habían llamado Brittney o Jessica o Heather. Tal vez Ashley o Kate o Chrissy, Dios no lo quiera. Yo soy nadie. ¿Quién eres? El poema se burló de mí. De repente me molestó que pudiera tener un hijo, y ese niño no sabría el nombre de su madre tampoco. El ciclo continuaba. Tomé la etiqueta adhesiva de la muestra y la metí en mi camisa, necesitaba declarar quién era yo, sólo por mi propia tranquilidad. Entonces tiré el vaso por la ventana y le rogué al Karma que me perdonara, sabiendo que era tonta y que pisaría caca de perro o vomito pronto porque el universo exigiría retribución en igualdad.










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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por LuVelitta el Dom 12 Mar - 17:02

Es una decisión difícil y fuerte la que tiene que tomar... Un aborto sería lo más fácil dada su situación, a su vez, con la ayuda económica que tendrá gracias a la venta de sus obras no sería todo tan difícil si decidiera quedarselo...

Las etiquetas puede que sirvan, pero mayoritariamente solo te encasillan y limitan y uno tiene que ser consciente de si quiere quedarse con esa etiqueta o cambiarla y quitársela...



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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por citlalic_mm el Dom 12 Mar - 20:43

XII
 
Embarazada!!!! De verdad , no es posible, no lo puedo creer.
 
De cuantas etiquetas no me desharía yo, las que me han puesto y aquellas que yo me he creído y creado, uff! Son miles de millones y ustedes?
 
Sin duda este capitulo me dejo sin palabras que va pasar???
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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por eilyno el Dom 12 Mar - 20:47

Lo lamentable es que vivimos en un mundo que fomenta las etiquetas y limitaciones y nosotros mismos nos la imponemos






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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por Yani el Dom 12 Mar - 21:15

Gracias Eilyn!! Tal como pasó con Manny, esto no me lo esperaba, nunca me imaginé que Blue se embarazaría de Mason...creo que Blue es demasiado fuerte y en el fondo tiene un corazón blando, para mí se quedará con el bebé, prácticamente ya tomó la decisión, cuando dice:
Eufórica con el poder que tenía para tirar mi vida por los tubos... o proteger una vida, se mirara como se mirase.


Las etiquetas son peligrosas, nos llenan de prejuicios que pueden estar equivocados, siempre hay que tratar de no etiquetar a las personas, no soy de etiquetar, tampoco de etiquetarme, la verdad que no sé cómo la gente podría verme, qué etiqueta me pondría, nunca lo pensé...




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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

Mensaje por wordsofthisgirl el Dom 12 Mar - 21:30

WOow, solo wow, este capitulo me dejo sin habla.

Que bueno que despues de seis años alguien todavia se haya preocupado por lo que fue de Jimmy y Blue.

Creo que la hermana de Darcy, Tiffa, sabe que puede que su hermano tiene un enamoramiento hacia Blue.


Esta bien que Blue sea pagada como se debe por su talento; Todo obrero es digno de su salario; que bueno que encontro esta oportunidad con Tiffa y que vaya a tener mas estabilidad.

Está embarazada? OH-POR-DIOS!
Me encanto lo de las etiquetas y que ella se haya negado a etiquetarse. 
No se ni porque estoy llorando en este momento, creo que la vida de Blue es tan dura.



   
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Re: Lectura #1Marzo/A Different Blue - Amy Harmon

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