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Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por wordsofthisgirl el Miér 12 Abr - 21:58

No se si es porque ya madure un poquitin o por otra cosa, pero pienso que Pagan esta siendo estupida, por Dios mujer la felicidad no depende de un hombre, asi sea caliente como el infierno lol, deja de mortificarme.

En todo caso, creo que Leif fue a ver a Kendra.


   
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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por mariateresa el Miér 12 Abr - 23:38

Pagan todavia no se aclara sigue con Leif y extraña a Dank que honda con ella!!!
Dank con esa actitud tampoco ayuda mucho, no sabemos por que esa presencia trata de matarla o asustarla sigo insistiendo en que Lief es muy dulce
Gracias chicas


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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por Veritoj.vacio el Jue 13 Abr - 0:00

Primero ¿Porque no pueden estar juntos? ¿Que esconde Dank?
Segundo demonios si no quiere a Leif pues que se lo diga de una vez, para que lo engaña, se engaña ella. Solo sufre por cosas que solo ella puede resolver. No es justo que siga con Leif solo porque es un ancla o porque no pueda estar con Dank.


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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por Emotica G. W el Jue 13 Abr - 0:08

@wordsofthisgirl escribió:No se si es porque ya madure un poquitin o por otra cosa, pero pienso que Pagan esta siendo estupida, por Dios mujer la felicidad no depende de un hombre, asi sea caliente como el infierno lol, deja de mortificarme.

En todo caso, creo que Leif fue a ver a Kendra.
No creo que sea ese el enfoque
Para mi creo que es como tengo todo lo que podria pedir (en sus cortos años claro xD) eso seria buenas notas, ni tan rica ni tan pobre, tiene a su mama, tiene amigos pero seria bonito compartir con alguien esa felicidad y sentirte de una manera especial con chico que al parecer tambien corresponde tus sentimientos pero no pueden estar juntos por cosas que el esconde y lo unico que te deja es una confusion enojo y tristeza grandes es... complicado



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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por jesikap el Jue 13 Abr - 1:55

maldita sea esto ya se volvio desesperante... pagan por Dios decidete este personaje hace parecer a las mujeres debiles, lloronas y como si necesitaramos de un hombre para sentirnos completas... ya por Dios necesito que inicie la acción porque este triangulo amoroso ya me desespero... me cantas pero manoseas a otra mujer e igual asi te sigo buscando y te lloro pero igual me refugio en otro hombre porque solo me importan mis sentimientos y no los sentimientos de los demas .... aggggg


"No vivas la vida escondiéndote detrás de tu pasado, vive para el ahora, cuando encuentres a alguien con quien quieras pasar el resto de tú vida, no la dejes ir, ya sea si ese para siempre resulta ser un día o un año o cien años. No dejes que el miedo de perderlos te contenga de amarlos"

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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por LuVelitta el Vie 14 Abr - 17:31

11
A la mañana siguiente, Dank se había ido. Lo esperaba, pero aun así bajé corriendo las escaleras por si se hubiera quedado. Pasaron los días y Dank siguió ignorándome. Durante los días en la escuela continuó flirteando con Kendra. Me volví invisible en cualquier sitio dónde él estuviese. Por la noche, él entraría a la sala alrededor de la hora de dormir y se sentaría en el sofá sin reconocerme. Nada tenía sentido. No importó cuántas veces intenté hacer conversación y él permaneció en silencio. Una persona solo puede sufrir cierta cantidad de humillación y yo llene mi cuota. Si quería ignorarme, entonces está bien. Me daba por vencida.
—No voy a aceptar un no por respuesta. Si tengo que ir personalmente a tu casa y vestirte y luego llamar a Wyatt para que te recoja y te tire sobre su hombro para llevarte al concierto, lo haré. No dudes de mí. —Miranda puso una mano en su cintura y alzó la barbilla con determinación.
Discutir con ella cuando se ponía así era inútil.
Wyatt se rió entre dientes. —La llevaré sobre mi hombro si tengo que hacerlo, pero tal vez deberíamos discutir primero el transporte con Leif. No estoy realmente seguro de que vaya a querer que lleve a su chica cargada en mi hombro.
Miranda sacudió su mano hacia él. —¡Da igual! Él no le hará nada que ella no quiera hacer. Tú vas a tener que cargarla y yo voy a tener que hacer frente a Leif y sentarme sobre él mientras ustedes escapan lejos.
Me reí y me sorprendió lo bien que se sintió.
—¿Qué es eso de ti sentándote sobre mí? —Preguntó Leif mientras se acercó y pasó su brazo alrededor de mi cintura.
Miranda puso los ojos en blanco. —Estoy intentando explicar a Pagan que no voy a aceptar un NO por respuesta. Va a ir al concierto esta noche y punto.
Leif me apretó ligeramente la cadera.
—¿Así que entonces hablamos de una posible situación de rehenes? —dijo con voz burlona.
Wyatt se rió entre dientes. —Parece que sí.
Leif me miró, sonriendo maliciosamente. —¿Quieres que salgamos corriendo y ver si pueden alcanzarnos?
Me reí y sacudí la cabeza. —No, está bien. Iré si es tan importante para Miranda.
Miranda dejó escapar un suspiro demasiado dramático. —Oh, bien, no tenía ganas de discutir con él.
—Hubiera sido divertido verte intentarlo. —Wyatt rió y me costó mucho no pensar que acababa de aceptar ir al concierto benéfico de Cold Soul en la playa. Ver a Dank en el escenario con la misma guitarra en sus manos con la que me había tocado tantas noches y escuchar su voz siendo compartida con miles de personas, hicieron que el agujero que tengo en el corazón creciese. Si pudiera encontrar una forma para detener el dolor, lo haría. Nada parecía ayudar.
—Va a ser increíble, Pagan. Ya sé que realmente no te importa lo de Dank Walker, pero confía en mí, él sabe tocar. —Miranda deslizó su brazo entre el de Wyatt y le miró con una sonrisa tímida—. Pero no puede disparar tres punteros como tú, cariño, así que quita esa mueca de tu sexy cara. —Wyatt sonrió y la besó en la cima de la cabeza.
Ver el amor en los ojos de Miranda cuando miró a Wyatt hizo que el agujero de mi corazón doliera aún más. Nunca amaría a Leif de esa manera. Dank Walker había dañado mi corazón y lo reclamo en el proceso.
—Solo no empieces a babear con eso de la estrella del rock. Soy un fan de su música también, pero puedo aprender a odiarle rápido si me siento celoso. —El tono de Wyatt sonaba burlón, pero nadie dudaba de que lo que decía era la verdad.
Leif se rió entre dientes. —No creo que tenga que preocuparme de que Pagan comience a babear. Cold Soul no canta su tipo de música. Tengo la sensación que no estará allí por mucho tiempo.
Miranda miró más a Leif. —No le des ninguna idea o excusa. No estoy bromeando. Te patearé el trasero si siquiera miras a la salida de mala manera. —Leif echó la cabeza hacia atrás y rió.
—Estoy muy feliz de que tengas un buen sentido del humor —dijo Wyatt con una sonrisa—. Tus brazos son mucho más grandes que los míos.
Empecé a reír, pero el impulso murió instantáneamente cuando mis ojos se encontraron con Dank. Se puso frente a Kendra, cuya espalda estaba contra la pared mientras ella le sonreía. Se inclinó y le susurro al oído. Necesité toda mi fuerza y auto-preservación para apartar mis ojos de la intimidad entre ellos. Mi respiración se volvió profunda por el dolor en mi pecho.
Leif debió sentir el cambio en mí, porque me acercó más a él y me acarició el brazo desnudo. Cuanto más nos alejamos de Dank, más fácil se volvió respirar.
***
La brisa de la noche del golfo era inusualmente cálida teniendo en cuenta que eran finales de otoño. Un largo escenario con brillantes luces que lo rodeaban fue montado en el paseo marítimo frente a la playa. Había miles de personas cubriendo la arenosa costa. Las hogueras se podían ver bajo la multitud. Un par de estudiantes de secundaria ya eran esposados por consumir bebidas alcohólicas. No sería la primera, ni la última noche. Sujeté la mano de Leif con más fuerza mientras tuvimos que zigzaguear entre la multitud siguiendo la estela de Miranda. Ella había organizado para la compañía de su padre el comprar algunos de los asientos especiales bajo una gran carpa, por un precio superior a los demás boletoss. Yo habría sido feliz juntándome con la multitud en la arena, pero Miranda no. Nos detuvimos en la entrada.
—Miranda Wouters y tres invitados. —dijo con un aire altivo que solo parecía salir de ella cuando alardeaba sobre el poder de su padre. No lo hace a menudo, a menos que quisiese algo, como librarnos de comprar entradas. Harold Wouters propietario de Wouters Realty. Wouters Realty controla todos los bienes comerciales de alta gama del estado. En otras palabras, eran los dueños de la ciudad.
—Por aquí, Señorita Wouters. —dijo la joven mujer, mientras se volvía y nos llevó en frente de una fila de asientos con una vista perfecta del escenario.
Genial, no solo tendría que escuchar la voz que tan desesperadamente quería olvidar, sino que tendría un perfecto panorama suyo también. Eché un vistazo a Leif, quien arqueó las cejas como si estuviese impresionado con nuestros asientos y me dio una de sus sonrisas ansiosas.
Fingir un dolor de cabeza no iba a funcionar. Miranda enloquecería y Leif realmente parecía estar entusiasmado por los buenos asientos.
—¡Estamos bien atendidos! Esto es de lo que estoy hablando. —Wyatt sonreía y miraba a su alrededor hacia la mesa de elaborados refrescos montada al final de la carpa.
—Chicos, pueden comer al deseo de sus corazones. Vayan y dejen de babear. —dijo Miranda, con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
Wyatt la besó con fuerza en los labios y miró a Leif. —Vamos, hombre, vamos a acabar con esa comida de lujo. —Leif se volvió hacia mí como si estuviera pidiendo permiso. Asentí con la cabeza. Me recordó a un fiel cachorrito. Se agachó y me dio un beso rápido en los labios antes de seguir a Wyatt.
—Deja de fruncir el ceño como si te hubiera traído a un bar lleno de humo. Vamos, chica, diviértete. —Forcé una sonrisa, lo que solo consiguió profundizar el ceño fruncido de Miranda—. ¿Qué pasó contigo, Pagan? Te costaba no mirar a Dank y poner esa mirada de tonta admiración en tu cara. Ahora, le ves y pareces como si estuvieras a punto de vomitar ¿Hirió tus sentimientos o algo? ¿Es eso por lo que no quieres estar aquí?
¿Me hirió? Ella nunca podría saber lo mucho que me había herido. Negué con la cabeza e intenté esforzarme aún más para que mi sonrisa pareciese más realista.
—Por supuesto que no. Solo me di cuenta que era un idiota. Algo en él es frío y no me gusta estar cerca de él. —Miré a las olas rompiéndose en la orilla. Si ella profundizase en mis ojos, notaría mi agonía.
—Hmmm, de acuerdo entonces. Supongo que tienes razón acerca de lo del frío. Algo en él parece difícil y muy irreal.
Ella no tenía idea de lo irreal que él era.
La brisa había empezado a enfriarse y los asientos bajo la carpa estaban llenos. Quería estar en cualquier otro sitio lejos aquí, no con una perfecta vista del escenario en el que Dank cantaría pronto. Las luces se apagaron y el público enloqueció. Leif puso sus brazos alrededor de mi espalda y me incliné hacia él, esperando que su cercanía me ayudase a pasar esto.
Con un redoble de tambor y el sonido de una guitarra eléctrica, las luces destellaron tan brillantemente como los fuegos artificiales que explotaban por encima. Un grupo de tres chicos había tomado el escenario. Uno sentado detrás de la batería con largos rizos rubios y los otros dos de pie a cada lado del escenario con guitarras en sus manos. La música llenó el aire nocturno y gritos salieron de la playa. Había tanta multitud en la costa que ya no podías ver la arena. Una fuerte explosión y una nube de humo me hicieron saltar. Los gritos y los cánticos solo sonaron más fuerte. Dank salió del humo que ahora se filtraba del escenario. Vi como su cabello oscuro danzaba con la brisa y como llegó al micrófono que le esperaba en el centro del escenario.
Lo cogió entre sus manos y luego se volvió directamente hacia la carpa. Directamente hacia mí.
“Quieres lo que no puedes tener. Lo veo en tus ojos. El dolor que llena tus noches es a causa de mi sarta de mentiras. Te he abierto la puerta para que te vayas. Hay un camino mejor para ti, aunque yo quiero que te quedes. He roto las reglas, me he desviado del camino pero cuando te conocí supe que salvarte valía la ira. Déjame irme ahora, antes de que sea demasiado tarde. Déjame irme ahora, antes de que sepas que soy y tu amor se vuelva odio.
Aléjate de mí antes de que colapse y te lleve conmigo. No puedes venir a donde estoy yendo, no puedes atravesar mi infierno. Aléjate de mí antes de que colapse y te lleve conmigo. Mi camino solo me está destinado a mí. No hay manera de que lo tomes también. Te he dado vida cuando estaba en mis manos darte muerte. Aléjate de mí.
Veo la vida que sé que llevarás sin mí aquí. Es lo que te mereces, es a donde perteneces, es todo lo que quiero y todo lo que temo. Una vez que te conocí tenía que salvarte, pero me salvaste. Ahora me estoy marchando y dejándote ir libre. En ni un solo momento se me olvida que hay un fuego dentro de mí que enciendes con tu toque. Lastimarte no era el plan pero tenía que ocurrir por mi mano.
Aléjate de mí antes de que colapse y te lleve conmigo. No puedes venir a donde estoy yendo, no puedes atravesar mi infierno. Aléjate de mí antes de que colapse y te lleve conmigo. Mi camino solo me está destinado a mí. No hay manera de que lo tomes también. Te he dado vida cuando estaba en mis manos darte muerte. Aléjate de mí.”
Me temblaban las manos en mi regazo. Su mirada nunca se apartó de la mía.
Las palabras eran para mí. No podía respirar por el dolor constriñéndome la garganta. ¿Por qué hacía esto? ¿No me había herido lo suficiente? Las lágrimas que picaban en mis ojos caerían libremente, rodando por mis mejillas, anunciando a mis amigos lo mucho que me habían afectado las palabras de Dank. No lo podían saber.
Nadie podía. Me puse de pie y me alejé. No podía sentarme allí y escuchar nada más. En una especie de trance desesperado me abrí paso entre los fans gritando y los cuerpos sudorosos. Podría respirar si solo pudiese escaparme, poner alguna distancia entre sus palabras y yo. Una vez que salí de la carpa, me giré y corrí hacia la oscuridad. Lejos del miedo. No le tenía miedo a él, pero sus palabras me asustaban. Él se iba. Se me hizo un nudo en el estómago cuando lo pensé y corrí más deprisa hasta que la arena de la playa estuvo oscura y vacía. El sonido de la música sonaba en la distancia y miré sobre mi hombro para ver si Leif o Miranda habían conseguido seguirme. Nadie iba a venir. Estaba realmente sola. Jadeando, caí de rodillas y solté el llanto que había estado tratando de aguantar desde que empezó a cantar. Lágrimas calientes se arrastraron por mi cara. El pecho me dolía mucho, y me era imposible realizar respiraciones profundas.
El aire nocturno bajó varios grados. No era dolor el que asfixiaba mi respiración, era el frío que venía con ella.
Me di la vuelta lentamente, sabiendo que ella me miraba.
Podía sentir su presencia. Ella era ese miedo helado. Sin embargo, el agujero negro de dolor que Dank había dejado en mi pecho hacía que el peligro que ella poseía palideciese en comparación. Me puse de pie y la enfrenté, dándome cuenta que mi miedo había sido remplazado por el odio. Ya no me asustaba. Me enfadó. Algo acerca de su aparición causó la angustia de Dank e hizo que quisiera hacerle daño por el papel que interpretaba en mi dolor. La miré mientras su cabello rubio flotaba, sin restricciones con la brisa del golfo.
—¿Qué es lo que quieres de mí? —Grité a través de mis lágrimas.
Di un paso hacia ella, apretando mis manos en puños. No quería que pensase que podía hacer que me acobardase. No quería que pensara que me podía asustar nunca más. Su risa tintineante llenó la oscuridad que nos rodeaba.
—Está designado. —dijo, con una voz que había llegado a aborrecer.
—¿Qué está designado? ¿Eh? ¿Sabes? ¡Consigue una maldita vida y déjame jodidamente en paz! —Di un paso más hacia ella, queriendo golpearla pero sabiendo que eso no haría ningún bien.
Su risa tintineante se volvió profundamente siniestra.
—Estaba designado y rompió las reglas. —Su risa murió y miró hacia mí—. ¡Por ti! ¡Rompió las reglas por ti! ¿Por qué por ti? Una simple humana con un tiempo designado, era todo muy sencillo, pero él lo complicó tanto —Curvó su dedo hacia mí—. Vamos, acércate y corregiré su error. —Tragué y el miedo que pensé que había superado comenzó a volver poco a poco. Dank también había dicho que ella había venido a corregir un error.
—¿Qué error? —Pregunté.
Inclinó la cabeza como si me estudiase. —Tú eres diferente a los demás. Supongo que eras interesante para él. Su existencia es más bien monótona.
Luché contra la tentación de arremeter contra ella, a sabiendas de que probablemente la atravesaría. Quería que me acercase. Necesitaba mantener las distancias. Negué con la cabeza y di un paso atrás. Mi respiración comenzó a hacerse más profunda. Traté de retroceder otro paso, pero una mano de hielo envolvió mi muñeca y comenzó a tirar de mí hacia las olas, con una fuerza contra la que no podía luchar. El primer chapoteo con el agua fría y salada me sobresaltó. Esto era real. Esta vez me encontraba sola y nadie me escucharía.
Empecé a dar patadas y a forcejear, pero ella continuó arrastrándome hacia el golfo con poco esfuerzo. No tenía ninguna oportunidad de sobrevivir en las aguas profundas. Las olas se hacían cada vez más grandes y ella me arrastraba hacia abajo. Iba a ahogarme. ¿No podía solamente matarme asfixiándome como había empezado a hacer en el colegio antes de que Dank la interrumpiera? Las luces y la música danzaban en la distancia. Esta vez estaba sola y nadie me salvaría. Por extraño que parezca, no tenía ganas de gritar. No temía a la muerte por más tiempo. Pero ojalá hubiera sido capaz de despedirme.
Cerré los ojos mientras el agua me llegaba a la barbilla y la primera ola se estrellaba contra mi cabeza. Mientras dejé que mi cuerpo se aflojase y acepté este destino, escuché a alguien gritar mi nombre.
¿Alguien me había encontrado aquí? Empecé a sacudirme fuera de su agarre y gritar, pero me di cuenta que probablemente solo le quitaría la vida a él también. Ella no estaba aquí para ellos. Tenía que irme en silencio. El que había venido a por mí, no se merecía este destino.
Un destello de luz brillante llenó el agua oscura y mi muñeca fue instantáneamente liberada de su apretón de hielo. Luché para encontrar la superficie del agua y llenar de aire mis ardientes pulmones.
—¡NO! ¡Dije NO! Yo hice esta elección y rompí esta regla, pero fui yo quien la rompió. He dejado tu interferencia impune el tiempo suficiente. Esto termina ahora.
Quería abrir los ojos y verle. Podía escucharle pero el agua salada se metía en mis ojos y lo hacía imposible.
Otra ola se estrelló contra mí y empecé a patalear frenéticamente mientras el agua llenaba mi nariz no preparada para ello. Cálidos brazos rodearon mi cintura y me aferré a ellos sabiendo que le pertenecían a él. Ahora me encontraba a salvo. Mi cabeza atravesó la superficie y comencé a ahogarme con el agua salada.
—Aquí, déjame. —Dank secó mis ojos con un pañuelo frío y el ardor desapareció al igual que mi tos. Era como si nunca hubiera sido hundida bajo las frías olas del mar. Finalmente pude ver la cara de Dank. Él me cargaba de nuevo.
—¿Por qué, Pagan? —Cerró los ojos y tocó mi frente con la suya y respiró hondo—. ¿Por qué? Sabías que ella seguía asechándote. La sentiste. ¿Por qué viniste aquí sola? ¿Pensaste que enfrentarla era la respuesta?
Negué con la cabeza y le miré fijamente a sus ojos tan cercanos a los míos. —No, solo quería alejarme. Necesitaba pensar. Verte… —Me detuve antes de decir nada más.
Una sonrisa triste se formó en su boca.
—Todo lo que ella podía hacer era tratar de matarte. En tanto que tú realmente te enfrentases a la muerte, La Muerte habría tenido que venir y llevarte. Eso no iba a suceder —Se detuvo y respiró entrecortadamente antes de tocar mi cabeza con sus labios. Sus labios se movieron a mi mejilla antes de detenerse en mi boca—. Por mucho que quiera besarte, no puedo —Dejó salir una risa suave—. Eres una chica frustrante. No eres como ninguna de las almas que he conocido. —Toqué su cara y me incliné para tocar sus labios con los míos, pero él se echó hacia atrás y negó con la cabeza—. No —Susurró—. No lo hagas. No puedo. Eres demasiado especial. Mi deseo por ti se sobrepone a lo que sé que es mejor para ti. No puedo arriesgar eso de nuevo.
—No me dejes. —Supliqué.
Tocó mis labios con la yema de su dedo. —No lo haré. Al menos, no esta noche.



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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por LuVelitta el Vie 14 Abr - 17:33

12
—¿Qué hiciste todo el fin de semana? Leif dijo que no te habías sentido bien después del concierto. Pensé que escucharía algo de ti. Pero no tengo nada, nada. Cold Soul tocó un rock impresionante. Deberías haberte quedado después. Conocimos a la banda, bueno, excepto al cantante, Dank. Se fue pronto o algo. No importa, ¡Fue increíble! Podría haber besado la cara de papá por esta. —Miranda enganchó su brazo con el mío mientras balbuceaba. Escaneé la entrada, necesitando ver a Dank en algún sitio en el mar de caras—. ¿A quién estás buscando? —Había un toque de interés en la voz de Miranda. Dank no estaba entre la multitud, sin embargo, Kendra flirteaba abiertamente con Justin. Eso me pareció extraño.
—¿Has visto a Dank esta mañana? —Le pregunté, mirando a Miranda y rezando para que ella no hubiese leído nada más en mí pregunta.
Su frente se arrugó en una mueca. —¿Dank como Dank Walker, el cantante de Could Soul?
Asentí con la cabeza y escaneé las taquillas. —Sí, Dank. —Repetí. La confusa expresión en la cara de Miranda activó la campana de alarma en mi cabeza.
—Um, ¿Estás tomando esos medicamentos para el dolor de nuevo, cariño? ¿Por qué iba a estar aquí el cantante de Cold Soul?
Algo iba muy mal. Mi pecho se hinchó de pánico.
—Buenos días. —dijo Leif mientras caminaba hacia mí y me pasaba su brazo por los hombros.
Miranda lo miró con una sonrisa preocupada.
—Buenas, Leif. Es tan dulce que vayas a por todos sus libros en el momento en que llegas. ¿Te importaría darle algunos consejos a Wyatt?
—De ninguna manera. —Se echó a reír y me apretó los hombros con suavidad, normalmente tenerle cerca me ayudaba cuando estaba al borde del pánico. De cualquier manera, justo ahora necesitaba saber dónde se encontraba Dank y por qué Miranda no parecía saber de lo que yo hablaba.
Miré a Leif. —¿Has visto a Dank? —La misma confusión se apoderó de su rostro.
—¿Quién? —Preguntó, igual de confuso.
—Me ha preguntado lo mismo a mí. Estoy pensando que podría haber tenido que tomar algunos medicamentos contra el dolor otra vez esta mañana. ¿Sigues herida? ¿Lo sabe tu madre? Porque chica, estas drogada si crees que Dank Walker está en nuestro colegio. —Miranda y Leif me miraban como si fuese una razón para preocuparse. Miré a Kendra, quien seguía cerca de Justin.
—¿Está Kendra saliendo con Justin ahora? —Pregunté en un tono que esperaba fuese conversacional y no delatase el creciente pánico dentro de mí.
Leif frunció el ceño. —Ellos han estado saliendo desde hace meses. ¿Estás bien, Pagan?
Forcé una sonrisa y asentí. —Oh, um, lo olvidé. No, estoy bien. Solo necesito hacer una parada en el baño antes del primer periodo. —Me puse de puntillas, besé rápidamente a Leif en los labios y me fui por otro camino. Necesitaba escapar de su escrutinio para poder pensar. Dank se había ido y nadie se acordaba de él.
El baño estaba benditamente vacío. Dejé mis libros en el húmedo mostrador y me apoyé contra una pared para sujetarme. Mi corazón se contrajo tan dolorosamente en mi pecho que temía que pudiera dejar de funcionar. Alguien entró y me enderecé. Necesitaba privacidad para mi crisis nerviosa. Pero tan solo dos pasos después, me di cuenta que la puerta del baño nunca se había abierto. Una adolescente de pelo negro había atravesado la pared. Me giré, di un paso hacia ella y se percató de mí. Parecía sorprendida de que pudiese verla y una sonrisa apareció en su rostro.
—¿Quién eres? —Pregunté, pero ella solo me miraba—. ¿Puedes hablar conmigo? —Ya no me preocupaba ignorarles. Tal vez ellos tenían las respuestas. Sacudió su cabeza y su sonrisa se volvió triste. Se dejó llevar más cerca de mí, extendió su mano y me tocó el cabello. Nada. Ni escalofríos ni frío. Era como si ella no estuviera allí. Esto era lo que siempre había sabido de las almas—. ¿Por qué no puedes hablar? —Le pregunté y ella se acercó hasta que estuvo de pie ante mí. Negó con la cabeza como si me corrigiese por preguntar esa pregunta—. ¿No tienes permitido hablar conmigo o no puedes? —No le tenía miedo. Sabía que no tenía el poder para hacerme daño. Su expresión comenzó a agitarse, negó con la cabeza de nuevo y se apartó de mí despacio. Di un paso más cerca de ella—. Por favor, necesito algunas respuestas y creo que podrías ayudarme —Su expresión se volvió asustada y siguió sacudiendo la cabeza y alejándose de mí como si fuera algo a lo que temer—. Por favor —Supliqué, y en mi último favor se dio la vuelta y se desvaneció en la pared.
Me quedé mirando hasta que la puerta del baño se abrió y una chica de primer año entró. Se detuvo y me estudió. Debo haber parecido una idiota allí, de pie, mirando una pared vacía. Le sonreí para tranquilizarla. Tal vez este incidente no se extendiese por toda el colegio. No es que me importase que la gente hablara de mí. Pero no necesitaba que Miranda y Leif se preocupasen por mí, más de lo que ya lo hacían. Además, necesitaba respuestas y ya estaba muy cansada de esperar para que Dank me las diese. La joven alma no había sido capaz de ayudarme, por motivos que no podía entender. Sin embargo, tenía la sensación de que si seguía buscando, pronto encontraría a alguien dispuesto a hablar o que al menos pudiese hacerlo.
Los pasillos se encontraban vacíos, lo que significaba que ya llegaba tarde a Literatura Inglesa. El dolor regresó mientras pensaba en afrontar la clase de Literatura sin Dank. Incluso, cuando había sido ignorándome, era capaz de escucharle hablar y sentir el calor de su mirada. Ahora, ni siquiera iba a tener ese pequeño pedazo de comodidad.
Lo que más me dolía era que nadie parecía recordarle. Era como si nunca hubiera existido. Me detuve en frente de la puerta. Ir dentro me parecía insoportable. Me coloqué las manos sobre el estómago para sostener el dolor que me destrozaba y me apoyé contra la pared. Me quedé en el pasillo vacío, deseando que otra alma viniese vagando.
En cambio, el silencio vacío se mantuvo. Por primera vez en mi vida, quería ser molestada por la presencia de las almas y no había ninguna alrededor. Si solo pudiese ir a algún sitio que estuviese infectado de almas errantes, entonces podría preguntarles a ellas.
Podría preguntar y preguntar hasta que encontrase alguna que hablase conmigo. Algo acerca de la joven alma en el baño me dijo que podría haberme hablado si hubiera querido. Ella parecía asustada.
¿Asustada de qué? ¿A que tienen miedo las almas? Están muertas después de todo, o al menos sus cuerpos.
—El hospital. —Susurré en voz alta, recordando que el único lugar en que había visto un sinfín de almas errantes era el hospital. Me di media vuelta y fui hacia las puertas del colegio. Iría allí y empezaría a preguntar a cada alma que me encontrase.
Una de ellas estaría obligada a responderme. Averiguaría la manera de encontrar a Dank. Él era real. Le había conocido. Le amaba. Le encontraría.
—¿Señorita Moore? Nuestra clase está por este camino. —La voz del señor Brown cortó mis pensamientos, me detuve y suspiré de derrota antes de volverme y enfrentar la ronda de mi profesor de Literatura Inglesa.
—Sí, señor, yo estaba, um, tan solo iba a conseguir un justificante por llegar tarde. —Sonrió y sacudió la cabeza—. No es necesario, pero date prisa por favor, estamos comenzando con la belleza de la ficción. Vuelve enseguida —Dio un paso atrás, esperando que yo entrase primero. Caminé de vuelta hacia la clase, con ganas de girarme y salir corriendo en dirección contraria, sabía que si mamá recibía una llamada diciéndole que me había saltado clases, se pondría furiosa y mis oportunidades de encontrar a Dank serían casi nulas una vez que me encerrase en mi habitación el resto del año.
Entré en clase y me acerqué a mi asiento vacío junto a la ventana. La silla detrás de mí estuvo vacía. Miré a Kendra y la silla detrás de ella era ocupada por Justin. Él solo era un remplazo y tomó el sitio de Dank.
Asqueada, me di la vuelta. ¿Cómo podía haber sido tocada por Dank y besada por él y olvidar tan fácilmente que él había existido? Yo no lo había olvidado. ¿Cómo lo había hecho ella? ¿Cómo podía no sentir el dolor por su ausencia? Él era demasiado bueno para ella.
¿Por qué había perdido tanto tiempo con ella? Me hundí en mi asiento y se formó en mi interior un nudo por la emoción. No podía pasar esta clase sin él.
—La asignación de lectura de hoy se va a hacer tranquilamente en nuestros escritorios. No hablen con sus compañeros. Quiero completo silencio mientras inhalan la belleza de la palabra escrita. Tómenla. Dejen que penetre en sus venas y les llene de un maravilloso asombro que es tan positivo que brilla intensamente —La sala se llenó de gemidos—. Tsk, tsk, tsk. Excitados por su belleza. —Las quejas continuaron sonando con los sonidos de las páginas pasándose por toda la habitación. Este sería una gran oportunidad para la mayoría de estudiantes de tomar una siesta detrás de sus libros de texto. Yo abrí el mío, esperando encontrar algo para alejar mis pensamientos de Dank. Cuando el día se terminase, iría al hospital y comenzaría a hacer preguntas. Algún alma tenía respuestas en algún lado.
—Ugh, esta cosa es poesía. —Sonó una voz estridente desde el fondo del aula.
El señor Brown levantó la vista del libro que tenía en sus manos.
—Ah, sí, es el señor Kimbler, que agradable que te des cuenta. —Más gemidos sonaron y encontré la página indicada en la pizarra. Era la obra de William Wordsworth. Sentí el impulso de gritar de desesperación. Estudiar el inicio del Romanticismo no era algo que necesitase en este momento. ¿Dónde estaban los trágicos dramaturgos cuando los necesitabas?
—¿Cómo nos ayudará este desastre en la vida real? —dijo Justin con voz arrogante. La risa estalló en el aula.
—Escucha, escucha. —Alguien llamó con un golpe en su pupitre.
El señor Brown nos miró una vez más con una expresión ligeramente molesta en su rostro. —Caballeros, si uno no estudia las palabras de los poetas románticos famosos, ¿Cómo podrá alguna vez aprender a cortejar a una mujer el día que se enamore? Puedo aseguraros que P Diddy no tiene palabras de instrucción en sus creaciones líricas.
Sus palabras causaron algunas risas. Habría encontrado todo esto muy divertido, si el asunto de leer las letras de las canciones de P Diddy no me pareciese una idea tan atractiva en este momento. Miré al poema que íbamos a estudiar y sobre el que tendríamos que escribir un ensayo de dos páginas. To a Young Lady (A una joven), por William Wordsworth. Solo esperaba que no fuese un poema sobre el amor duradero.
Querido Hijo de la Naturaleza, ¡déjales poner límites!
Hay un nido en un verde valle,
Un puerto y una bodega,
Donde a una Esposa y Amiga verás
Tus propios deliciosos días, y ser
Una luz de joven a anciano.
Allí, sano como un joven Pastor,
Como si tu herencia fuera la alegría,
Y el placer fuese tu negocio,
Tú, cuando tus chicas se aferren a ti
Nos mostrarás como harás cosas divinas que
Una mujer tal vez hizo.
Tus pensamientos y sentimientos no morirán,
Tampoco te dejaré, cuando las canas estén cerca,
Un melancólico esclavo
Pero una vejez, viva y brillante,
Y adorable como una noche de Laponia,
Te llevará a la tumba.
El placer se propaga por la tierra
En los regalos perdidos que serán reclamados por quien los encuentre.
Mi destrozado corazón latía. Empecé a escribir. El dolor dentro de mí se derramó sobre el papel. Se sentía casi como si estuviera sangrando con cada palabra que garabateé. Perdida en mi necesidad de expresar a alguien mi dolor interior, me sorprendió cuando el papel fue sacado de debajo de mi mano. Alcé la cabeza.
El señor Brown me dio un pequeño asentimiento con la cabeza y se aclaró la garganta.
—Ah, parece que la señorita Moore conoce a William Wordsworth o ya ha leído su tarea —Miro sobre sus lentes de media luna a la clase—. Lo cual es mucho más de lo que puedo decir sobre la mayoría de ustedes —Bajó su mirada hacia mi trabajo y se ajustó sus pequeñas y redondeadas gafas.
—Wordsworth recordaba a su hermana, a quien le habían regañado por dar largos paseos con él en el campo. Pensaba en la vida de ella, y la plenitud que ella experimentaría. La felicitó y la elogió por sus esfuerzos de divertirse con la belleza a su alrededor, en vez de seguir las reglas.
Sonó el timbre y los estudiantes comenzaron a luchar para salir del aula, por el temor a que el señor Brown fuese a obligarles a escuchar más de mi trabajo, o peor, ordenarles que leyesen los suyos en voz alta. Volvió a poner mi trabajo sobre mi pupitre y me sonrió.
—Eres una verdadera delicia, Pagan. Estoy deseando leer el resto mañana. —Se volvió y se dirigió a su mesa con un contoneo.
Leif entró en la clase sonriéndome.
—¿Vienes, preciosa? Sé que te gusta Literatura Inglesa pero se ha acabado por hoy.
El señor Brown me miró. —Ah, sí, pero en cualquier momento que quieras dejar de hablar de su belleza, por favor, siéntete libre de hacerlo.
—Gracias, señor Brown. —Esto no estaría sucediendo, pero en realidad él era un hombre dulce, mayor. Un poco excéntrico, pero dulce.
—No le dé ninguna idea, señor Brown. —Leif bromeó mientras cogía los libros de mis manos.
—Ah, el bello hombre que posee su corazón no quiere compartir —dijo el señor Brown, con una sonrisa que empujó sus gruesas mejillas un poco hacia atrás.
Leif rió entre dientes. —Es cierto.
***
—Ahora, cuéntame una vez más ¿Qué es eso que vas a hacer que es más importante que ir de compras a por las perfectas botas de invierno? —La mano derecha de Miranda, colocada en su cadera, mientras me miraba, como si acabase de hablar en español. Subí la correa de la mochila más arriba sobre mi hombro y mantuve mis ojos en el aparcamiento.
—Voy a apuntarme a hacer trabajo voluntario en el hospital. —No tenía una explicación moral real para ello. No me atreví a decirle a Miranda cómo sentía la necesidad de darme a mí misma o lo que sea que uno diría que siente cuando tiene la necesidad de ir de voluntario a ayudar a enfermos y moribundos. La verdad era que odiaba los hospitales y Miranda lo sabía. Ella no sabía por qué los odiaba. Solo sabía que lo hacía. Nunca había sido capaz de explicarle cómo me molestaban las almas errantes que llenaban las habitaciones de los hospitales.
—Así que, ¿Has superado la aversión a los hospitales ahora que has pasado una semana allí? —Preguntó con curiosidad. Me encogí de hombros porque mi estancia no tenía nada que ver con esto.
—Supongo. —Era una excusa tan buena como cualquier otra.
—Bien entonces, si tienes que hacer algo por el bien de los demás mientras voy a hacer algo por el bien de mi armario de invierno, entonces supongo que estoy bien con eso.
Le dediqué una sonrisa y luego fui hacia el coche de Leif.
Me había dejado sus llaves y me dijo que iría a su casa con Justin. Yo le había engañado con esta cosa de “quiero ir a ser voluntaria” también. No era totalmente una mentira. Había decidido que este era la mejor forma de ver suficientes almas sin alguien metiéndome en un manicomio por vagar por los pasillos hablando conmigo misma. De esta manera tenía un motivo para estar allí y encontraría un montón de almas a las que hablar. Con el tiempo, encontraría alguna que hablase.
—Llámame cuando vuelvas a casa de tus buenos actos y llevaré mis compras y te las enseñaré.
—Vale, buena suerte. —dije mientras abría la puerta del coche y entraba. Por primera vez en tres días tenía alguna esperanza. Seguía recordando la mirada en los ojos de Dank, la noche del viernes mientras me abrazaba. Él había sido muy real. El hecho de que nadie pareciese recordar que alguna vez camino por los pasillos del colegio no significaba que comenzara a volverme loca. El hecho era que yo había estado viendo a la gente que nadie más podía ver desde que nací. Algo era diferente en mí. Esto no era una primicia. Dank tenía secretos y yo los iba a descubrir. Necesitaba saberlos porque le necesitaba. La respuesta detrás de su partida estaba dentro de sus secretos y sabía que si podía averiguarlo entonces podría encontrarle y traerle de vuelta.



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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por wordsofthisgirl el Vie 14 Abr - 19:44

Ay noooo, mi vena feminista se me sale con esta protaaa.

Diooos mujer, reaccionaaaa.

Dank esta muy mal lo que estas haciendo, ahora haces creer a los demas que pagan esta loca porque les borraste la memoria sobre ti estudiando en su colegio. Y PAgan que es eso de dejarte morir por un hombre, POr DIOS!!!!!!!!!


   
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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por Isa el Vie 14 Abr - 21:26

Que les digo aparte de que Dank tiene la culpa de todo le dice a Pagan que se aleje la ignora y luego le canta pues claro que ella regresa





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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por Veritoj.vacio el Vie 14 Abr - 22:35

No, bueno, pues que es el siglo XIX? Como puede pensar en dejarse morir o matar por un hombre? las mujeres ya tenemos mucho mas para estar esperando a que se decidan por una, Mujer reacciona, si no quiere o puede estar contigo pues pasa a otra hoja y no sigas engañando a Leif que no es justo.
Por otro lado ¿que paso? ¿porque nadie lo recuerda?


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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por mariateresa el Vie 14 Abr - 22:45

Hay que entender que igual tiene 17 años y las emociones son volatiles y se siente como si se le fuera a acabar el mundo no por eso tiene que seguir jugando con los sentimientos de Leif.
Quiero saber que ocurrio que ya nadie recuerda a Dank
Gracias por los capitulos @Luvelitta


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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por Tatine el Vie 14 Abr - 23:13

Chicas las invito a que voten por Dank en el sondeo de rockeros. Les dejo el link. Hay plazo hasta el domingo para votar y va perdiendo   porfa ayudenlo

http://bookqueen.forosactivos.net/t2743-protagonista-de-la-semana-2#128719 

Gracias por su atención! 
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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por Emotica G. W el Sáb 15 Abr - 0:31

Deos...!
DANK!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Tmr sufro me siento como si YO fuera Pagan xD
Creo que soy una romantica empedernida y sumandole el hecho de que he estado leyendo novelas de epoca no ayuda...
Anyway lo que decia es que si encuentras a alguien que te mueve el piso de tal forma que es imposible poner en palabras no estarian dispuestas a tener a esa persona??? o al menos conseguir las respuestas de por que no puede estar con ella aunque quiera???
No se ustedes pero yo si y no saben cuanto...!
PD: eso NO justifica las tendencias suicidas de la chicas, olvide que esa parte existia u.u' Cuando te enamoras de Dank te absorbe xD


Última edición por Emotica G. W el Sáb 15 Abr - 14:59, editado 1 vez



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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por jesikap el Sáb 15 Abr - 11:51

Esto ya es el colmo.. A Pagan dan ganas de darle una buena sacudida para que reaccione... Ahora resultó Hasta suicida.... dejarse morir por un hombre por Dios... Hasta este punto este libro da un mal mensaje en el que las mujeres son débiles, lloronas y que no pueden vivir sin un hombre a su lado.... Y lo más increíble la parte en que dice que lo ama.... Pero chica te ignora, manosea a otra chica y tu vas y te enamoras, esto es el colmo.... Y Dank es un desgraciado que dice que no pueden estar juntos e igual la ilusiona.... Ya quiero acción llevan medio libro con el mismo triángulo amoroso. 
Creo que el hecho de estar enamorada no  justifica permitir   que te humillen.


En fin espero el  siguiente capítulo... esperemos que esto mejore 


"No vivas la vida escondiéndote detrás de tu pasado, vive para el ahora, cuando encuentres a alguien con quien quieras pasar el resto de tú vida, no la dejes ir, ya sea si ese para siempre resulta ser un día o un año o cien años. No dejes que el miedo de perderlos te contenga de amarlos"

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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por LuVelitta el Sáb 15 Abr - 15:16

13
Eché un vistazo a mi ID. Mi madre estaría encantada. Esto iba a lucir maravilloso en mis aplicaciones de la universidad. Entre más servicio a la comunidad mejor, bueno, mientras que sea voluntario y no obligatorio. Me habían asignado el deber de leer a los niños hoy, como era mi primer día y no tenían a nadie más que pudiera entrenarme para los trabajos más difíciles.
Me bajé del ascensor en la planta de pediatría y tres de las almas que había pasado en la planta anterior se detuvieron a mirarme. Asentí con la cabeza a ellos.
—Hola. —dije, alegremente, y todos ellos parecieron sorprenderse. Me volví y seguí las instrucciones que el voluntario de recepción me había dado. No tardé más que solo unos segundos en darme cuenta de que la planta de pediatría se encontraba llena de almas errantes. Caminé pasando a unos niños en silla de ruedas mirándome con curiosidad. Sonreí y dije hola al pasarlos. Mi corazón empezó a doler por otras razones que la de mi pérdida. Ver las pequeñas sonrisas en sus rostros pálidos no fue fácil. Una niña pequeña con un largo, rizado y rojo cabello llamó mi atención. Se paró en la puerta de su habitación de hospital mirando, no a mí, sino a ambos lados y detrás de mí con curiosidad antes de mirarme directamente a mí. Reduje mi andar y miré hacia atrás, dándome cuenta de que la mayoría de las almas a las que les había sonreído comenzaban a seguirme. Ella podía verlos. Me detuve y estudié su pequeño y dulce rostro. Estaba de pie con el uso de lo que parecía ser un andador. Miró hacia las almas de nuevo y sonrió cálidamente, luego sus pequeños ojos me encontraron.
—¿Los ves? —Le pregunté en un susurro, temerosa de que alguien pudiera escucharme y pensar que estoy demente. Asintió con la cabeza, haciendo que todos los rizos rojos rebotaran a su alrededor.
—¿Y tú? —Me preguntó en un fuerte susurro. Yo asentí con la cabeza.
—Genial. —Contestó, sonriente. Le guiñé un ojo y luego seguí mi camino hacia la sala de actividad. No podía pararme a hablar con una niña en los pasillos sobre las almas que ambas podíamos ver, sin llamar la atención. Yo nunca había conocido a nadie más que pudiera ver a las almas. Fue difícil el solo caminar lejos de su pequeña cara conocedora. Pero sabía que la vería de nuevo. Tenía la intención de encontrarla más tarde.
Encontré la puerta azul cielo con la frase “Hoy tú eres tú, eso es más que cierto. No hay nadie vivo que sea más tú que tú.” Dr. Seuss, en colores brillantes pintado en ella. Aquí era donde se suponía que debía estar. La abrí e inmediatamente encontré la estantería de libros a la derecha.
Me di la vuelta y le sonreí a las almas que me habían seguido dentro.
—¿Alguno de ustedes tiene una sugerencia? —Todas me estudiaron y algunas se deslizaron más cerca para mirarme o tocarme. Yo no podía sentirlas—. ¿Nadie? —La habitación permaneció en silencio. Suspiré y me volví a los libros—. Muy bien, voy a elegir uno yo misma.
—Mi favorito es “Donde viven los monstruos” —Giré de nuevo, pensando que un alma por fin había hablado. Todas las almas veían a la pequeña niña de cabellos rojos desde el pasillo. Estaba de pie en la puerta, sonriéndome—. No van a hablarte, ya sabes. No pueden. —dijo al tiempo que entraba.
—¿No pueden hacerlo? —Pregunté mirando hacia abajo, hacia sus ojos que parecían más viejos que su pequeño cuerpo.
Sacudió su cabeza lentamente y suspiró.
—No, yo he tratado de hacer que lo hagan. Les gusta que tú hables con ellos —Hizo una pausa—. Bueno, algunos de ellos les gusta que tú les hables, pero no pueden responder. Son almas luchando por su regreso, así que permanecen aquí vagando sin rumbo —Miró hacia atrás, por encima de su hombro, hacia las almas, suspirando—. Pero empiezan a olvidar quiénes son o por qué están aquí. Es en verdad triste. Si se hubieran ido a la primera oportunidad, se les habría asignado otro cuerpo y otra vida en lugar de esta existencia sin sentido.
Me acerqué y me senté en la silla frente a ella. —¿Cómo sabes eso? —Pregunté, sorprendida de que alguien tan pequeño pudiera saber mucho más que yo sobre las almas que he visto toda mi vida.
Se encogió de hombros. —Supongo que él no quería que yo tuviera miedo. Ellas le temen, como puedes ver, y no quería que yo le tuviera miedo. Y creo que, tal vez, no quería que yo me convirtiera en algo como ellas.
Sacudí la cabeza tratando de averiguar de quién hablaba. —¿A qué te refieres? ¿Quién es él?
Frunció el ceño y las almas que se habían reunido en la habitación se desvanecieron. —Tienen miedo de él, como he dicho. Es lo único que recuerdan, porque fue la última cosa que vieron mientras estaban vivos. Tonto, de verdad, eso no es culpa suya. Simplemente les había llegado su hora. —Me quedé helada ante sus palabras y me aferré al brazo de la silla en la que me encontraba sentada en busca de apoyo.
Mi corazón empezó a palpitar en mi pecho mientras preguntaba:
—¿A qué te refieres con “su hora”?
Ella me miró un momento y luego susurró: —Era su tiempo designado para morir. Al igual que el mío, que llegará pronto. Me lo dijo. No se suponía que me lo dijera, pero puede romper las reglas si quiere. Nadie puede detenerlo. Al final, es su decisión.
Tragué mi mal genio ante la mención de la pequeña niña al hablar sobre su muerte.
—¿Quién te lo dijo? —Pregunté otra vez.
Ella sacudió la cabeza. —No te pongas tan triste. Dijo que este cuerpo que tengo, está enfermo, y una vez que me muera, voy a conseguir un cuerpo nuevo y una nueva vida. Las almas no están obligadas a vagar por la Tierra. Solo aquellas demasiado asustadas para seguir, son dejadas aquí para vagar. Si eliges dejar la Tierra, regresarás en un cuerpo nuevo y en una nueva vida. Tú alma será, sin embargo, la misma. Él me dijo que el hombre que escribió mis libros favoritos, Las crónicas de Narnia, dijo que “Tú no eres un cuerpo. Tú tienes un cuerpo. Tú eres un alma.” —Ella sonrió ante la idea, como si fuera brillante.
Respiré hondo, para tranquilizarme antes de preguntar una vez más. —¿Quién es “él”?
Ella frunció el ceño. —¿El autor? C.S. Lewis.
Negué con la cabeza. —No, el “él” que te ha dicho todo esto. El “él” al que las almas tanto le temen. —Frunció el ceño y se volvió para irse—. No, por favor, espera… necesito saber quién es. —Le rogué.
Volteó para atrás, mirándome y sacudió la cabeza. —Hasta que te llegue la hora, no puedes saberlo. —Se fue.
Sostuve el libro, “Donde viven los monstruos”, en mis manos, lista para leer cuando los niños se presentaran, pero no vino con ellos. Forcé una sonrisa y un tono alegre al leer las palabras que recordaba de mi infancia. Varios niños pidieron otros libros cuando terminé y, aturdida, tomé cada libro fuera de la estantería y les leí los que me pidieron hasta que las enfermeras insistieron en que era hora de regresar a sus cuartos para la cena. Después de varios abrazos y “gracias”, me dirigí de nuevo por los pasillos. Esta vez no me molesté en sonreírle a las almas. Ellas no me podrían ayudar. Estoy bastante segura de que la única que podría, era la pequeña niña que había hablado con “él” y en el fondo me temía, que yo sabía exactamente quién era “él” y qué era lo que hacía.
***
—Tengo una sorpresa para ti. —Leif anunció mientras paseaba por la sala de mi casa a las siete de la noche. Me asomé desde el libro de texto abierto sobre la mesa y le sonreí. Ver a Leif ayudó a aliviar el vacío dentro de mí. Se inclinó, me besó en los labios suavemente y luego dejó un folleto frente a mí, en la mesa.
—¿Gatlinburg, Tennessee? —Pregunté, leyendo el folleto frente a mí con la imagen de una montaña nevada con un telesilla y las calles festivamente iluminadas.
Sonrió y se sentó en la silla a mi lado. —Todo un fin de semana de esquí y compras. Mis abuelos tienen una cabaña allí a la que vamos cada año en esta temporada. Hablé con Miranda y ella tiene el visto bueno por parte de su padre. Él cubriría los gastos del viaje de ella y Wyatt, y mis padres quieren agradecerte por todo el trabajo duro que hiciste al ayudarme a sacar una A+ en Oratoria. —Sonrió con malicia—. Y porque sabían que yo no iría a menos que tu fueras también.
Irme de vacaciones a esquiar no era algo sobre lo que quería pensar en estos momentos. Emocionalmente, apenas podía sostenerme y necesitaba encontrar a Dank. Simplemente no podía entender cómo iba a encontrarle exactamente.
—Wau. —Forcé una sonrisa. Él tomó mi falsa sonrisa como un estímulo y abrió el folleto. Comenzó a hablar sobre todas las cosas que se podían hacer en la cima de la montaña. Yo daba vueltas en mi cabeza, pensando en cómo podría decirle que no, cuando mi madre entró.
—Hola, Leif, ¿Has comido? Traje a casa comida china de la reunión con mi agente literario. ¿Alguno de ustedes tiene hambre? —preguntó.
—Estoy muerto de hambre. —dijo Leif con entusiasmo.
—No, gracias. —Respondí. Pensar en comida me revolvió el estómago. Me di cuenta de que Leif le hablaba a mi madre sobre el viaje a esquiar y me entró pánico, tratando de pensar en alguna manera de detenerlo.
—Oh, eso sería perfecto, Pagan. La tía Margie nos ha pedido ir al rancho por Acción de Gracias, pero odiaría volver a llevarte allí para que seas testigo del llanto de su primer día de Acción de Gracias sin Ted. Ella me necesita y yo podría ir si tú pasaras las vacaciones en las montañas con tus amigos. No me sentiré como que estas sufriendo. Eso es simplemente perfecto. Leif, gracias. Tengo que llamar a tus padres esta noche para conseguir más detalles. Quiero enviar dinero, sin embargo, no me gusta la idea de que tus padres paguen por ella.
Leif negó con la cabeza. —¡Oh, no, señora¡ Eso no es necesario. Ellos quieren pagar. Ha sido una respuesta a sus oraciones con mis calificaciones de Oratoria este año. No podrían haber pagado por un mejor tutor. —Me dedicó una sonrisa maliciosa y luego sonrió a mi madre con cortesía.
Lo planeaban como si ya fuera un hecho. Mamá no iba a decirme que no, o a cuestionármelo. No tenía escapatoria, a menos que quisiera herir, no solo a Leif, quien no lo merecía, sino también a Miranda. Ella, sin duda, parecía emocionada por el viaje y, aunque todo lo que yo quería hacer era buscar a Dank, no podía. Por el momento, no estoy segura sobre cómo comenzar. Mi plan había llegado a un interrumpido registro de trayectos. En un súbito estallido de esperanza buscaría en Ebay boletos para Cold Soul pensando que, tal vez, si fuera al concierto, podría verlo y saber que él era real. Podría acabar con todos estos temores revolviéndose dentro de mí, de que él era algo que yo no podía tener o tocar. Incluso, si pudiera comprarme los boletos, no podría financiarme el costo del viaje para llegar a las próximas fechas de sus próximos conciertos.
—Supongo que eso es lo que tenemos que hacer mañana. —dijo mamá alegremente. No tenía idea a lo que se refería.
La miré fijamente y fruncí el ceño. —¿Qué?
Ella rodó los ojos. —Ir a comprar tu equipo para la nieve, tontita. Vas a necesitar ropa de invierno también. ¡Oh, esto va a ser muy divertido! Estoy tan emocionada. Ustedes dos hagan su tarea y yo iré a llamar a Margie y le haré saber que estaré allí en Acción de Gracias. —Mamá nos dejó y Leif se dio la vuelta, sonriendo triunfante, con una caja de arroz frito en una mano y los palillos en la otra.
—Ella es más que genial, lo juro. Los padres de Wyatt dieron una pequeña pelea. Ella fue tan fácil —Besó la parte superior de mi cabeza mientras volvía a sentarse frente a la mesa—. Será mejor que llames a Miranda y le cuentes las buenas noticias antes de que empecemos. Está esperando saber las noticias —Asentí con la cabeza y alcancé el teléfono. Iba a tener que actuar emocionada por el bien de Leif, y el de ella. El teléfono sonó una vez antes de que un intenso chillido estallara en la otra línea.
—Por favor, di que ella dijo que sí, por favor, por favor, por favor. —La voz de Miranda cantó desde la otra línea.
—Dijo que sí. —Le respondí, dedicándole una sonrisa a Leif.
—¡FANTABULOSO! Vamos a pasárnosla tan bien. De compras en la nieve. ¿Qué tan romántico es eso? Quiero decir ¿Hay realmente algo mejor que la nieve sobre las pequeñas calles llenas de tiendas? No, no lo hay. Sin embargo, te advierto en este momento que no pondré mi pie en un esquí. De ninguna manera. Quiero ir de compras, no a visitar la sala de emergencias ¿Tú vas a esquiar? —Miré a Leif, quien obviamente podía escuchar la voz desde el teléfono. Asentía con una gran sonrisa en su rostro.
—No creo que tenga elección. —Respondí.
—Uf, bueno, yo sí, y no lo haré. Quiero decir, te caes y tu trasero queda completamente húmedo. De ninguna manera. No lo haré.
Leif se rio entre dientes. —Llevarás puesto un traje de nieve Miranda, eso mantiene tu trasero seco. —Gritó en voz alta.
—Lo que sea, sigo sin hacerlo. Oh, tengo que llamar a Wyatt y decirle. Tenemos que ir a comprar verdadera ropa de invierno. Vas a tener que hacer a un lado tu servicio comunitario por una tarde o quizá dos. ¡De acuerdo, bien! Hablaré contigo más tarde. —Colgó.
Cerré mi teléfono y lo puse sobre la mesa. —Será un poco difícil vivir con ella las próximas dos semanas. —dije, bromeando.
Leif asintió. —Creo que tienes razón —Se recostó en su silla—. Así que dime, ¿Qué paso con ese servicio comunitario?
No quería hablar con él acerca de esto. Miré hacia abajo, en el bloc de notas frente a mí.
—Bueno, estoy trabajando como voluntaria en el hospital. Hoy leí libros a los niños. —Esperaba que esa fuera toda la información que él necesitaba. Levanté la vista, mirándolo y la admiración en sus ojos me hizo sentir como una terrible persona. No había ido como voluntaria porque estuviera preocupada por otros. Había ido a encontrar respuestas. Sin embargo, había encontrado todas las respuestas que me era posible conseguir allí. Ella había sido solo una niña, pero había hablado como si supiera exactamente a lo que se refería. Pensé en mañana hablar con las personas mayores que sabía que no les quedaba mucho tiempo para ver si alguno de ellos me decía si había visto a ese “él” al que se refería.
—Eres una chica especial, Pagan Moore, y yo soy increíblemente afortunado. —dijo Leif, mirándome con una emoción en sus ojos que yo no merecía.
Negué con la cabeza. —No, soy tan normal como las demás. Confía en mí. Ahora, vamos a terminar algunos deberes —Necesitaba cambiar el tema antes de romper en llanto y admitir qué clase de horrible persona era yo realmente. Usé a Leif como consuelo y lo tuve por tanto tiempo. Ahora, utilizaba gente enferma para encontrar a Dank. ¿Me detendría ante algo para encontrarlo? ¿El amor debe ser tan intenso?
—Bien, esta semana nos enfrentamos a la desafiante pregunta: ¿Deberían los estudiantes de secundaria apoyarse en la ayuda de beber café por las mañanas? Realmente profundo ¿eh? —Dejé escapar una risa que no sentía y alcancé mi portátil.
—Creo que tenemos que buscar esta. Porque por lo menos yo pienso que el café es el néctar de los Dioses y, sí, lo necesitamos desesperadamente. Sin embargo, estoy pensando que tu profesor opina diferente.
Leif se encogió de hombros. —Odio esta cosa, así que no soy de ayuda. ¿Realmente crees que el Internet va a tener información sobre esto?
Lo miré al presionar la tecla enter. —Um, sí, lo creo. Tendremos los argumentos de los grupos preocupados por la salud y los argumentos de Starbucks, ambos en nuestras manos en tan solo un segundo.
Leif se inclinó, miró la pantalla, y sonrió. —Genial, así que, ¿De qué lado debo estar para este discurso?



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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por mariateresa el Sáb 15 Abr - 15:31

Insisto Leif me da una pena enorme el esta muy enamorado de Pagan y ella lo unico que hace es buscar a Dank y respuestas creo que no es justo utilizarlo de esa forma en estos momentos odio a Pagan y a Dank ya que el es el unico que va a sufrir 
Gracias


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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por jesikap el Sáb 15 Abr - 19:53

Los capítulos en los cuales no está pagan retorciéndose en su miseria son buenos..
Quiero más acción 
En fin espero el siguiente capítulo Smile


"No vivas la vida escondiéndote detrás de tu pasado, vive para el ahora, cuando encuentres a alguien con quien quieras pasar el resto de tú vida, no la dejes ir, ya sea si ese para siempre resulta ser un día o un año o cien años. No dejes que el miedo de perderlos te contenga de amarlos"

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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por wordsofthisgirl el Sáb 15 Abr - 20:52

Oh Pagan por Dios, aparte de que tienes el toque del niño del Sexto sentido del "Veo gente muerta", deja tu drama por favor.Te llevas la corona.

Menos mal que te diste cuenta de que has estado usando a Leif para tratar de "superar" a Dank. Mi amore eso es imposible jajajajaja.


   
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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por Vela el Sáb 15 Abr - 22:38

En serio ella nunca se día cuenta quien era Dank? ??
Y creo que Dank es un cobarde pero a ver que pasa..

Gracias por los capítulos @LuVelitta


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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por Isa el Sáb 15 Abr - 23:52

Se esta siendo my obvio quien es Dank, asi que que no se haga tonta Pagan ya lo sabe





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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por Veritoj.vacio el Dom 16 Abr - 0:09

Pues si, ya con todo lo que le dijeron es obvio quien es, y ella todavia cuestionandolo.
Lo triste es que las almas que se quedan es porque no aceptan que estan muertas y no pueden avanzar. Eso si es triste, no andar tras uno que no te hace caso, ya te dijo que no puede, y ademas tienes uno que si te quiere, que se desvive por ti y tu solo lo utilizas. 
Si entiendo lo de los 17 años, pero por dior no creo que sea para tanto el drama. Estoy de acuerdo que los capitulos en lo que no se tira al drama son buenos.


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Veritoj.vacio

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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por Emotica G. W el Dom 16 Abr - 1:20

Ahi si tienen razon chicas! De verdad lo lei hace bastante como para no acordarme xD (uy!!! rimo xD)
Tmrrr Pagan ya terminale a Leif!
Oh! O sea nadie se merece sufrir pero en serio no me importa Leif



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Emotica G. W

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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por LuVelitta el Lun 17 Abr - 8:26

14
Las calles están decoradas con luces navideñas en todos los árboles. Los escaparates engalanados con la alegría de las fiestas. Las calles olían a chocolate caliente y las tiendas de dulces que exhibían caramelos de bastones, se llenaban en cada esquina. La nieve se derretía perezosamente y se pegaba a los abrigos a medida que caminabas por las calles. Wyatt llevaba cinco bolsas en sus manos, llenas de compras de Miranda. Una brisa helada retumbaba en mi adormecida nariz. Escondí mi barbilla en la bufanda que había envuelto alrededor de mi cuello repetidas veces. No estaba acostumbrada a este clima. Nuestros inviernos en Florida, nunca tenían este frío. Leif me atrajo hacia su lado.
—Vamos a ese café y pidamos algo que nos ayude a entrar en calor.
—Buena idea. Necesito un descanso de estas bolsas y estoy bastante seguro de que Miranda no encontrará nada allí para comprar.
Me reí de Wyatt a través de la bufanda que cubría mi boca. Señalé las bolsas, mirándolo.
—Tienes que estar bromeando. Sabes que puede encontrar cualquier cosa en cualquier tienda en donde entremos. Hasta ahora, hemos estado en cinco tiendas y tienes en tus manos cinco bolsas.
—Como sea. —dijo Miranda, con un gesto de su peluda mano enguantada—. ¿Para qué están todas estas pequeñas y lindas tiendas, si no es para comprar cosas?
Leif se río entre dientes detrás de mí y nos fuimos todos a una mesa. Suspiré cuando el calor de la cafetería parecía descongelarme la nariz congelada. Era la única parte del cuerpo que no había sido capaz de cubrir.
—¿Qué quieres? —Preguntó Leif, quitándose la bufanda y colgándola junto a su gran abrigo negro, en el respaldo de la silla junto a mí.
—Un Latte caramelo con crema batida. —Contesté. Se dio la vuelta y se unió a Wyatt en el mostrador y miré a Miranda.
—Siento mi nariz como si hubiera sido enterrada en la nieve. —Me quejé y la froté con las manos enguantadas. Ella asintió con la cabeza y se frotó la suya también.
—Sé lo que quieres decir. Ahora que estoy aquí y no centrada en las compras, me siento adormecida.
Empecé a decir algo más, cuando noté un alma junto al cajero, observando a las personas con una expresión confusa. Ahora sabía lo que eran y por qué siempre se veían tan perdidos y confundidos, me hubiera gustado poder hacer algo para ayudarlos. Pudieron haber vivido más vidas si hubieran seguido adelante. En cambio, el miedo les había retenido y todo lo que podían aspirar era a vagar, perdidos.
—¿A quién estás mirando como si tuvieras ganas de llorar? —Preguntó Miranda, asomando la barbilla a lo largo de la bufanda alrededor de su cuello. Aparté mi vista del alma y le devolví la mirada
—No, simplemente estoy perdida en mis pensamientos. —Miranda miró por encima del hombro, pero todo lo que vio fue a Wyatt y Leif caminando de regreso hacia nosotras, sosteniendo unas humeantes tazas de café. Bueno, al menos las de todos, menos la de Leif, el suyo sería un chocolate caliente.
—Aquí vamos. Veamos si podemos hacer que la sangre helada en las venas se ponga de nuevo en marcha —dijo Wyatt jovialmente, mientras dejaba el Latte de Miranda frente a ella. Tomé el mío de Leif y le di un pequeño sorbo, necesitando tener un poco de calidez fluyendo a través de mí cuerpo. Miranda tomó la taza y la acercó a su nariz. Me reí y Wyatt rodó los ojos.
—Ríete todo lo que quieras, pero se siente bien. —Estudié mi taza y decidí que no me importaba lo tonto que se viera, quería calentar mi nariz también. El calor de la taza provocaba una sensación maravillosa.
—Ustedes, las chicas de Florida, exageran con un poco frío.
Miranda bajó la taza y miró a Leif con incredulidad. —¿Un poco de frío? ¿Estás loco? ¡Es como si estuviéramos bajo cero! —Gimió y regresó la taza hasta su nariz.
—Um, no. En realidad, allí afuera hay sólo diez grados. Ni siquiera se acerca.
Coloqué mi taza sobre la mesa.
—Um, yo diría que es mucho más frío que un poco de frío. —Miranda me sonrió por defenderla y le dedicó a Leif una sonrisa de suficiencia.
El brazo de Leif se deslizó alrededor de mí y me permití fingir que mi vida era normal: que amaba a Leif y mi corazón no sufría daños irreparables, porque estoy enamorada de alguien que no podía encontrar y temía nunca volver a ver. La risa tintineante de mi mejor amiga y su felicidad al estar rodeada de amigos y de compras parecía tan normal. Podría fingir que esto era todo. Fingir que era feliz y pretender que un alma perdida no vagaba a través de la pared detrás de Wyatt, buscando a alguien que pudiera tener la respuesta a su problema. Nadie podía ayudarle ahora. Mi sonrisa falsa era difícil de mantener, pero lo hice, porque ignorar lo sobrenatural es lo que he estado haciendo toda mi vida.
* * *
—Estoy pensando en que no deberíamos salir esta noche. Quiero decir, sé que no es exactamente ideal pasar el rato en una cabaña con tus padres, Leif, pero hace mucho frío allí. —Miranda fruncía el entrecejo, mientras miraba por la ventana en su lado de la Hummer, que los padres de Leif habían alquilado, para que utilizáramos en nuestra estancia.
—Estamos dentro de un monstruo, bebé, no te preocupes. —Wyatt se inclinó y besó el cuello de Miranda, haciéndola reír. Observé el camino delante de mí, lejos de la feliz pareja a mi espalda.
—Wyatt tiene razón, Miranda. Mis padres alquilaron este vehículo para poder desplazarse fácilmente en el clima helado. Además, el Pancake House no es algo que te quieres perder. Hay pilas de panqueques cubiertos en cualquier acabado que puedas imaginar. Estoy babeando sólo de pensarlo. —dijo Leif, con una sonrisa.
—¡Uf! Voy a tener varios kilos de más cuando nos vayamos de aquí. Todo lo que hacemos es comer. Si me hacen entrar en unas de esas tiendas de dulce, creo que saldré corriendo en sentido contrario. —Miranda hizo un mohín desde el asiento trasero. Wyatt se echó a reír.
—O querrás probar todas las muestras que tienen.
Miranda le dio un puñetazo en el brazo bromeando. —Oh, cállate. No me recuerdes mi debilidad y el daño que le he hecho a mis caderas.
—Me gustan tus caderas. —Respondió Wyatt en un susurro ronco, que se podía escuchar claramente en la delantera.
—Bueno, ustedes dos, los haré caminar al restaurante si no se enfrían de nuevo. —Advirtió Leif, noté su sonrisa en el espejo retrovisor.
Mantuve mi atención en la carretera, mientras la nieve que caía, parecía volverse más pesada. Me toqué el cinturón de seguridad y una pequeña puñalada de dolor me atravesó, mientras recordaba a Dank de pie en mi habitación del hospital, diciéndome que mi cinturón de seguridad había salvado mi vida. Sin embargo, mi madre había dicho que había sido expulsada por no llevar el cinturón de seguridad y no usarlo había salvado mi vida. Hubiera sido aplastada si me hubiera quedado en el interior del coche. El recuerdo de un gran peso sobre mi pecho, dificultándome respirar, me golpeó. Estuve dentro del coche cuando por fin había dejado de rodar. Pensé que me iba a asfixiar por la pesadez sobre mí. Entonces, me habían sacado del auto y dejado en la hierba. El dolor había sido tan intenso que no podía abrir los ojos. ¿Cómo había salido del auto? Alguien me había sacado. Alguien me había desabrochado el cinturón de seguridad y me sacó del coche aplastado para dejarme a salvo en la hierba. Nunca había preguntado por el cinturón de seguridad otra vez. Ahora, mientras conducíamos por la carretera helada de la montaña, poco a poco caí en la cuenta. La persona que me había sacado del accidente, tenía que haber sido la única persona que sabía que yo había estado usando mi cinturón de seguridad. ¿Por qué no le pregunté de nuevo? Olvidé que él sabía sobre mi cinturón de seguridad. Leif se había presentado y me permití olvidar el accidente y los acontecimientos que condujeron a ello.
—¿Estás bien? —Leif deslizó la mano a través de mi pierna y tomó mi mano entre la suya. Oculte mi dolor y me giré para darle una sonrisa tranquilizadora.
—Sí. —Asintió hacia los árboles cubiertos de nieve fuera de mi ventana. —Es hermoso, ¿No?
Asentí con la cabeza, porque él tenía razón, lo eran, pero también, porque me dio una excusa para seguir con la mirada perdida en la oscuridad.
—¡LEIF! ¡CUIDADO! —La voz de Wyatt rompió la tranquilidad relajante de la Hummer, como una bala y Leif maniobró el vehículo fuera de la carretera y lo deslizó contra la ladera de la montaña antes de estar a punto de estrellarnos con un auto volcado frente a nosotros. Leif abrió de golpe la puerta.
—¡Llamen al 911! —Nos gritó y Wyatt saltó del vehículo con él. Llegué a ciegas a mi bolso, sin querer quitar los ojos del humeante carro en caso de que las viera. Las almas que se alejaban de él, si el accidente había matado a los pasajeros. Sabría pronto si habrían muerto... ¿O no?
—Ha habido un accidente muy feo frente a nosotros. —Oí la voz de Miranda detrás de mí y supe que había encontrado su teléfono y había hecho la llamada. Dejé caer mi bolso y me arrastré hasta el asiento de Leif, para salir por su puerta, porque mi lado fue atascado contra la montaña.
Las chispas comenzaron a volar desde el coche y Wyatt agarró el brazo de Leif para alejarlo.
—No, hombre, detente. —dijo, y Leif pareció debatirse en si debía tratar de ayudarles a salir o mantenerse a salvo. Las chispas y el humo significaban que en cualquier momento el auto se prendería en llamas y posiblemente explotaría.
—RETROCEDAN. —Gritó Miranda, saltando fuera del coche y corriendo hacia nosotros con el teléfono en la mano. —La señora en el teléfono dice que retrocedan. El humo y las chispas son una mala señal y dijo que los paramédicos y camiones de bomberos se encuentran en camino, pero que no necesitan más accidentados, eso no ayudara en esta situación.
—Tiene razón, Leif, vamos. Retrocede. —Leif miró frenéticamente hacia mí.
—Retrocede, Pagan. —Llamó.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, el fuego aumentó y el coche frente nosotros ardió en llamas. Un grito hizo eco en mis oídos y me estremecí al pensar en las personas en su interior que yo no fui capaz de ayudar. Congelados por el horror, todos nos quedamos allí y miramos, sin poder hacer nada para salvarlos. Los lamentos de Miranda fueron amortiguados por la suave voz de Wyatt. Los brazos de Leif llegaron a mí alrededor y me apartó del calor de las llamas. Dejé que me alejara, pero no aparté los ojos del coche. Necesitaba ver si murieron.
—No mires, Pagan. —Pidió Leif, en voz baja, en mi oído. Él no entendía por qué tenía que ver y yo no podía decírselo. Entonces lo vi. Salió de la oscuridad y se dirigió directamente al fuego. Me liberé del agarre de Leif y corrí hacia el fuego. Estaba aquí. Dank estaba aquí.
—Pagan, ¡NO! —Llamó la voz de Leif detrás de mí.
—¡DETENLA! —Gritó Miranda, con voz de pánico, pero yo no podía parar. ¡Dank estaba aquí! Él estaba allí. El fuego no le haría daño. Ahora lo comprendía. Unos brazos aparecieron alrededor de mí y me hicieron retroceder mientras luchaba en contra de ellos.
—No, déjame, no puedo… ¡Tengo que llegar hasta allí! Tengo que ver —Le rogué mientras luchaba contra los brazos de Leif, sin apartar la vista del coche en llamas. Dank surgió con dos personas a su lado. Eran una pareja joven. Comencé a gritar mientras Leif me abrazaba con fuerza en sus brazos, inflexible. —Por favor, por favor, déjame ir. Tengo que ir. —Le supliqué, viendo como Dank se detenía y me miraba. Sus ojos eran de un azul intenso, brillante en la oscuridad, mientras me veía luchar y gritarle desde los brazos de Leif. Él estaba allí, tan cerca, y la gente a su lado miraba al coche en llamas del que acababan de escapar. Apartó la mirada y con un gesto de su mano, los tres desaparecieron. Vi con horror cómo volvía la oscuridad. El coche seguía ardiendo y escuché los camiones de bomberos que se acercaban.
—Vamos, Pagan. Vuelve, bebé. —Susurró Leif, en mi oído.
—Están muertos. —Le susurré, sabiendo por qué había venido Dank.
Leif me atrajo hacia sí y me sostuvo en un fuerte abrazo. Lo dejé. No tenía ni idea de lo que acababa de ver. Nadie la tenía. Todo lo que veían era el vehículo en llamas. Acababa de ver la hermosa alma, que había robado mi corazón, emerger de la oscuridad y tomar las almas de las personas en el interior del coche en llamas. Él no era un alma normal. Siempre me había dicho que era diferente. Ahora comprendía lo que quería decir. Él es diferente.
Su existencia era fría y solitaria. Un sollozo sacudió mi cuerpo y me estrujé contra el cuerpo de Leif. Lloré con la comprensión de que a Dank nunca se le daría una oportunidad para enamorarse. Vivía dentro de la tristeza. Tenía que caminar de la mano con la muerte. Escuché la voz de Leif tratando de consolarme, pero no podía aceptar sus palabras. Nada de lo que dijo hizo que me sintiera bien. A Dank no se le dio una oportunidad para vivir y ser feliz. Mi respiración era entrecortada por los disparos de dolor a través de mi corazón. Todo era demasiado. Tenía un límite y acababa de sobrepasarlo.
—No, señor, que no está herida. No estábamos lo suficientemente cerca cuando el vehículo se accidentó y todos llevábamos los cinturones de seguridad, tuve que maniobrar para salir de la carretera. Ella no puede con todo lo que vimos y.... —La voz de Leif se fue apagando. Una voz desconocida habló desde detrás de mí.
—Tiene que ser ingresada y darle algunas medicinas para calmarla. Ese tipo de trauma emocional puede dejar efectos devastadores. —Apreté mi cuerpo contra Leif. No puedo ir al hospital ahora. No quería ver más almas enfermas o perdidas. Negué con la cabeza violentamente contra su pecho.
—Está aterrorizada y no puedo dejarla ir sin mí. No puedo dejarla. —Oí a Leif discutir.
—Se puede montar con ella, pero necesita un poco de atención médica. Esta no es una forma normal de tratar con algo así. La otra chica está manejándolo bien, pero ella parece estar perdida.
—Bien, pero no voy a apartarme de ella. —dijo Leif, con firmeza en su voz.
—No quiero ir a un hospital. —dije , presa del pánico. Me aparté de Leif, tratando de escapar, así podría correr hacia una persona segura, alguien que no me obligara a ir. Nadie entendía lo que yo había visto. Lo que había visto esta noche.
—No, no. —Escuché las protestas de Leif y pensé por un momento que me hablaba a mí, pero después sentí el pinchazo de una aguja y el mundo fue nebuloso, antes de volverse negro.
***
—No, le dieron un tranquilizante para noquearla. Intenté detenerlos, pero sucedió antes de que pudiera evitarlo. —Escuché la voz de Leif en la oscuridad.
—He llamado a su madre y se ha preocupado muchísimo. Le dije que no viniera. Nos iremos de aquí en unas pocas horas. —La voz de la señora Montgomery sonaba preocupada.
—¿Cómo están Miranda y Wyatt? —Preguntó, antes de que los dedos de Leif suavemente acariciaran mi brazo. Sabía que era su tacto.
—Ambos están muy bien. Miranda está bien. Está muy preocupada por Pagan. Le aseguré que está descansando. —Hubo unos minutos de silencio. Dejé que la caricia de Leif me confortara. Ayudándome a luchar contra el horror que a duras penas podía contener. Sabía que era el dolor que me esperaba, pero no estaba lista para enfrentarlo.
—Cariño, ¿Es siempre tan inestable? Sé que fue una cosa horrible de presenciar, pero no para que enloquezca completamente, bien ¿Crees que tiene algunos problemas mentales de los cuales pueden no ser conscientes? —Leif no dijo nada al principio, y me pregunté si negaba con la cabeza o se encogía de hombros. Le oí suspirar.
—No sé, mamá. —dijo en voz baja. Leif siempre parecía completamente ciego a mis problemas. Siempre me había preguntado si notaba la manera en que yo presenciaba y veía cosas que él no podía ver. Luego, mis cambios de humor, que él siempre parecía pasar por alto. Tal vez había visto más de lo que yo me había dado cuenta. Una oleada de pánico me apretó el pecho cuando noté que podía estar perdiendo a Leif también. Esta vez no sería capaz de ignorar mis serios problemas. Yo no era normal. Nunca lo había sido.
—Puede que tengas que pensar sobre tu relación con ella. No es saludable involucrarse con alguien que es emocionalmente vulnerable. La gente que es débil emocionalmente puede ser peligrosa. —La mano de Leif dejó de acariciar mi brazo.
—No pedí tu opinión. No digas cosas como esas sobre Pagan nunca más. ¿Me entiendes? No hay nada malo con ella que sea peligroso o nocivo. Sólo siente más que otros. —Pensé en lo mucho que amaba a Dank y no podía discutir con él. Sentía más profundamente de lo que era normal.
—Lo siento, cariño. No debería haber dicho nada, pero es la preocupación de una madre, eso es todo. Quiero lo mejor para ti. Asegúrate de que ella lo sea.
Quería abrir los ojos y decir: "Escucha a tu madre. No soy buena para ti, Leif” pero no lo hice. Porque era egoísta y me encontraba asustada.



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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por LuVelitta el Lun 17 Abr - 8:28

15
No sé cuánto tiempo tardó el viaje de regreso a casa. El tiempo pasaba desapercibido para mí. No hay noche, ni día. Levantarse de la cama era casi imposible a veces. En mis sueños, Dank se encontraba allí. Sólo quería dormir. Hablar era algo para lo que simplemente no estaba preparada.
Había visto las preguntas y la preocupación en los ojos de Leif en el vuelo a casa, pero no había hablado con él. No quise enfrentarme a él ahora que sabía que tenía problemas, aunque realmente no sabía cuáles eran. Piensa que estoy loca y ese no es mi problema. Mi problema era que amaba a alguien a quien no podía tener. Veía almas que vagaban perdidas por la tierra y había sido atacada por un alma que tenía la intención de matarme. Yo era la única persona que recordaba que Dank Walker había ido a la escuela y si sacaba su nombre a colación otra vez, todo el mundo pensaría que realmente perdí la cabeza. Así que, sí, he tenido problemas, pero no psiquiátricos. Tenía los sobrenaturales.
Un golpe en la puerta de mi habitación me sorprendió y me volví para ver la puerta cerrada, sabiendo que era mi madre. Mi madre preocupada. ¿Cómo explicarle que estoy lastimada tan profundamente que no estoy segura de poder recuperarme? Faltaba algo en mi vida, algo que jamás conocí.
—Adelante. —Mi voz sonó ronca por falta de uso. Mi madre abrió la puerta lentamente y asomó la cabeza en el interior, como si evaluara la atmósfera antes de entrar.
—¿No irás a la escuela esta mañana? —Preguntó con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Olvidé qué día era, pero sabía que no estoy preparada para hacer frente a la escuela. Tampoco preparada para enfrentarme a Leif o Miranda o Wyatt. Tenía que permanecer en mi habitación y encontrar la fuerza dentro de mí para seguir viviendo. Negué con la cabeza y la pretensión de sonrisa dio paso a un ceño de preocupación, arrugas en su frente. —Cariño, has perdido una semana de escuela hasta ahora. Te he permitido quedarte aquí, con la esperanza de que pudieras superar el trauma que has experimentado. Pero ahora me preocupa que no vayas a salir de aquí. He estado estudiando tus síntomas en Internet y tienes todos los signos de un trastorno de estrés postraumático. Tienes pesadillas horribles y gritas en tus sueños, gritando por Dank o Sank o Crank … no puedo entender entre los sollozos. No sales de tu habitación y no aceptas llamadas o visitas. Cuando trato de hablarte es como si te ocultaras. No me estás escuchando.
Me quedé allí sentada, escuchándola. Sufría por tener el corazón destrozado, roto sin remedio, pero no iba a decírselo. Me quedé en silencio. Ella parecía tomar mi silencio como un estímulo.
—He hecho algunas llamadas y te conseguí una cita con una psiquiatra. Necesito que vayas a hablar con ella. Es muy buena y trabaja con los adolescentes exclusivamente. Está muy recomendada y no tienes que decirle a nadie que vas a verla. —Las lágrimas brotaron en los ojos de mi madre. Las apartó de golpe y dejó escapar un jadeo entrecortado. —Yo... la verdad es que debería haberte enviado hace años. Cuando eras pequeña hablabas de personas en las paredes. Pensé que era tu imaginación, pero ahora me pregunto si, de alguna manera, tienes alguna enfermedad y este trauma que has experimentado ha provocado algo. —Olfateó. —Te hablas a ti misma en la noche aquí. Te escucho hablarle a alguien. Cariño, necesitas ayuda. —Asentí con la cabeza. Sabía que iba a aliviar su miedo. Ella se preocupaba mucho por mí y yo no podía explicar nada sin que pensara que estoy loca.
Sonrió a través de sus lágrimas y asintió con la cabeza. —Está bien, bueno. Te voy a dar algo de tiempo, pero hay que levantarse y tomar una ducha. Entonces vístete y vamos a ir a ver a la doctora Hockensmith. Nos está esperando.
Asentí con la cabeza de nuevo y vi que mi madre salió de la habitación, dejando la puerta abierta como un recordatorio de que necesitaba levantarme. Había aceptado ir a ver a un psiquiatra. Mi madre perdería el dinero, pero yo sabía que tenía que ir, o ella tendría que ver a un psiquiatra, por la tensión que le provoco emocionalmente. Odiaba estar disgustándola, pero me parecía que no había una manera de salir de la desesperación que me consumía.
* * *
La enorme casa, de dos pisos, de estuco blanco, daba vista a lo largo del Golfo de México. Mi mamá ralentizó y se quedó mirando la casa, lo suficientemente grande como para contener al menos cinco familias cómodamente. Pero no era una casa para una familia. La alegre casa en la playa, era un lugar para sanar a las adolescentes que sufren de problemas psiquiátricos.
Eché un vistazo a mamá, me esperaba para dar el primer paso. Habíamos empacado mis cosas en silencio, después de que estuve de acuerdo con el psiquiatra, de que sufría un trastorno de estrés postraumático y necesitaba ayuda. Estuve dispuesta a aceptar cualquier cosa para salir de la oficina donde era obvio que ella realmente quería que cambiáramos personalidades o admitiera mi locura. Yo no era una psicópata y este parecía ser el diagnóstico que me dieron.
—¿Quieres hacer un par de llamadas antes de ir a instalarte? Una de las reglas es que no se puede tener el teléfono aquí. —La expresión de mamá me dijo que temía que la noticia de ningún teléfono iba a destrozarme. Asentí, pensando en Leif y Miranda. Tenía que hacerles saber dónde iba a estar por un tiempo. Mamá asintió con la cabeza. —Está bien. Voy a empezar a llevar tus maletas y a registrarte. —dijo las palabras con un pequeño hipo, como si estuviera a punto de romper a llorar. Había manejado todo esto tan bien y ha sido tan fuerte, pensando que esto es lo que necesito. Estiré la mano y cogí la suya, apretándola con fuerza.
—Mamá, estoy bien. Creo que me va a ayudar. No te pongas tan sentimental. Todo va a estar bien. —Asintió con lágrimas en los ojos. Sabía que tenía que mejorar para ella. Tenía que encontrar una manera de vivir con el agujero en mi pecho. Mamá subió las escaleras con las maletas en la mano y cogí el teléfono, marcando primero a Miranda.
—Bueno, todo el jodido tiempo veo tu nombre moviéndose por mi pantalla. ¡Por Dios, Pagan! Me has estado asustando. —Sonreí aliviada al escuchar su voz.
—Lo siento. —Tomé una respiración profunda. —He sido diagnosticada con trastorno de estrés postraumático. Estoy a la espera de ser ingresada en este centro de rehabilitación para personas con problemas similares. No puedo tener mi teléfono, pero me dijeron que podía recibir visitas, por si quieres venir a verme alguna vez.
Miranda se quedó en silencio y comencé a preguntarme si mi teléfono había colgado su llamada.
—Entonces, puedes mejorar... Quiero decir, ¿Te ayudarán? —Preguntó lentamente, sonando como si estuviera aterrorizada.
—Sí, pueden hacerlo. —Le dije para tranquilizarla. Pero sabía que no me podía sanar. Nunca podría ser normal. Sólo quiero aprender a fingir, para que mis seres queridos no se preocupen por mí.
—¿Le has dicho a Leif? —Su voz había perdido la alegría de antes, y odiaba que fuera mi culpa.
—No, te llamé primero. —Con un suspiro irregular dijo: —Te quiero. —Sentí las lágrimas ardiendo en mis ojos por primera vez. Yo también la quería. —Llama a Leif y te visitaré lo antes posible.
—Está bien. Nos vemos pronto. Adiós. —Presioné el botón para terminar la llamada y luego llamé a Leif.
—Pagan. —Su voz sonaba tan aliviada como la de Miranda.
—Eh, tú. —dije, necesitando tranquilizarlo antes de asestarle la misma noticia que acababa de dar a mi amiga.
—¿Te sientes mejor ahora? Espero que sí, Pagan, porque te extraño como loco. —Sonreí ante la calidez que su voz siempre me causaba.
—Tengo trastorno de estrés postraumático, Leif. Fui a ver a un psiquiatra.
—¿Qué es eso? ¿Te dará alguna receta para medicina? —En su voz sonaba el pánico.
—No exactamente. Tengo problemas para volver a la normalidad por el trauma que sufrimos. Ustedes lo manejaron normalmente. Yo no. Podría ser un desequilibrio químico, pero no están seguros. Estaré en un centro psiquiátrico por un tiempo. Se supone que me curaré aquí. No tendré mi teléfono, pero puedo recibir visitas.
Leif parecía estar tomando una respiración profunda. —¿Entonces podré ir a verte? ¿Por cuánto tiempo estarás allí?
—Sí, puedes venir, y no estoy segura todavía.
—Siento mucho lo que te está sucediendo, Pagan. Lo siento mucho. —Su voz sonaba llena de dolor y culpa.
—Escúchame, Leif. Estoy lidiando con esto, por las cosas que están mal conmigo. Lo que hemos visto sólo lo provocó. Voy a mejorar. —Necesitaba escuchar esa mentira, tanto como él. Después de tranquilizarlo varias veces más, colgué el teléfono y dejé mi celular en el asiento del pasajero del coche. Mi bolso quedó en el asiento trasero, así que lo tomé y me dirigí hacia las escaleras, hasta mi nuevo hogar, al menos por ahora.
* * *
La sala de color amarillo pálido que me habían asignado contenía una pequeña ventana redonda con vistas a la playa. Abracé a mi madre en la planta baja hacía treinta minutos. Recordándome que hacía esto por ella. Sería de gran ayuda para lidiar con sus miedos de mi locura. Y estar lejos de mi dormitorio, donde hay tantos recuerdos de la existencia de Dank, eso me ayudaría a encontrar una manera de vivir sin él.
Una señora mayor se quedó afuera en la arena, con una bolsa de lo que parecía pan, lanzándolo en el aire mientras las gaviotas volaban en círculos sobre su cabeza. O bien era una turista y no se daba cuenta de que le caía caca en la cabeza, o era una paciente psiquiátrico, demasiado loca como para preocuparse por el excremento de pájaro.
Me aparté de la oleada creciente de pájaros hambrientos y estudié la pequeña habitación de madera de por lo menos la mitad de una habitación regular. Teniendo en cuenta que este lugar ocupaba veinticinco pacientes a la vez, y diez enfermeras y dos médicos, las habitaciones no podrían ser demasiado grandes, incluso si la casa era de dos plantas. Una cama individual se asentaba en el centro de la habitación con una pequeña mesa redonda, blanca, la cual sostenía una lámpara cubierta de conchas. Un solitario espejo ovalado colgaba en la pared en un armario con tres cajones. Un armario muy pequeño, sólo lo suficientemente grande como para colgar quince artículos y mantener tres pares de zapatos, estaba en la pared opuesta. Se me permitió sólo una hora en mi habitación durante el día. Podría usarlo para estar aquí toda la hora, también podía no venir. Era su manera de mantener a los pacientes rodeados de otras personas. Evitar la depresión del aislamiento, era su regla de oro aquí.
Le eché un vistazo al pequeño despertador que había dejado sobre la mesa redonda. Ya había utilizado diez de mis minutos en mi habitación. Tenía que ir a pasear y ser vista, así tendría tiempo para volver más tarde.
Caminé por el pasillo y cerré detrás de mí. La pequeña llave que me habían dado seguía en mi bolsillo y cerré mi puerta con ella. Al parecer, no había motivos para preocuparse de los robos entre pacientes. No se permitía traer cualquier cosa de valor contigo, pero aquellos que sufrían de trastornos de la personalidad tomaban cualquier cosa y yo necesito mi ropa. Sólo había sido asignada una cantidad pequeña y necesitaba lo que tenía.
Una puerta se abrió por el pasillo y una niña con el pelo espeso, de color castaño, y enormes gafas redondas se me quedó mirando, y luego, rápidamente, estampó su puerta para cerrarla. Oí el seguro haciendo clic detrás de ella. Se asustó con facilidad y espanto. Debe de ser alguien que realmente sufre de Trastorno de Estrés Postraumático, ya que está aquí. Me quedé mirando las otras puertas cerradas, preguntándome si todo el mundo en esta sala tenía el mismo trastorno. Si las noches iban a ser ruidosas, con gritos causados por pesadillas.
Bajé las escaleras hasta el salón principal, o lo que ellos denominan la Gran Sala. Allí era donde las televisiones interpretaban comedias y lo juegos de mesa eran jugados. No había ordenadores o Internet para los pacientes. Una enfermera me sonrió alegremente mientras caminaba con una cesta llena de aperitivos.
—Comeremos nuestra merienda pronto. Pásate por aquí y conseguirás algo para comer y conocer a algunos de los otros pacientes. Tenemos varios de tu edad. —Conocer adolescentes con trastornos psiquiátricos no era muy atractivo para mí. Pero no dije nada. En su lugar, me dirigí a las puertas dobles de cristal que daban hacia el piso.
—No serás capaz de abrirlas. Se bloquean. Ya sabes, para nosotros, los locos podemos tener el salvaje capricho de comprobar si volamos. Aunque, me imagino que la arena amortiguaría el golpe. —Me di vuelta para ver a una chica joven con el pelo teñido de rubio que le llegaba hasta los hombros. Lo tenía peinado en dos coletas en la cima de su cabeza. Llevaba labial rojo brillante, que contrastaba con su piel pálida.
—Gracias. —Ella se encogió de hombros.
—No hay problema. Si deseas salir y disfrutar de la playa puedes pedir que una enfermera te acompañe. Les gusta tener una excusa para salir a la calle. —Recordé la señora alimentando a las aves. Sola. Realmente no quiero saber quién era, por lo que una vez más asentí y dije: —Gracias. —Inclinó su rostro delgado de lado a lado y actuó como si estuviera examinando algo más espectacular.
—No estás loca, ¿verdad? —No esperaba que esta chica extraña hiciera tal observación precisa. Después de todo, los médicos, todos creían que necesitaba ayuda. Me encogí de hombros, sin saber cómo responder.
—Bueno, parecen pensar que lo estoy. —Arqueó sus oscuras cejas.
—Pueden equivocarse. Lo han estado antes. —Me pregunté si se refería a sí misma. Miré a la enfermera, sentada detrás de un escritorio de trabajo en un ordenador portátil. No parecía reaccionar a la acusación de que había gente aquí que no era loca.
—Karen sabe que es verdad. Pero no lo va a admitir. ¿Ves a la enfermera Karen? —La rubia sonreía a la enfermera, quien levantó la vista y rodó los ojos con cariño y volvió a escribir. —Ella lo sabe, pero está demasiado ocupada en Twitter para admitirlo. —La enfermera se acercó y le dio unas palmaditas a la pila de papeles que había a su lado antes de mirar a la rubia de nuevo.
—Estoy revisando medicamentos y resultados de pruebas.
—Bla, bla, bla. No dejes que te engañe, ella es una adicta de Twitter. Por eso esta todo el jodido tiempo pegada allí. —La enfermera le disparó una mirada de advertencia.
—Cuida tu lenguaje, por favor. Perderás diez minutos de tu tiempo de habitación si no tienes cuidado.
La rubia se encogió de hombros y me miró.
—Como he dicho, no siempre tienen la razón por aquí. Lo puedo ver en tus ojos. Estás muy sana. No tienes los demonios en tus ojos, como la mayoría de la gente de aquí. —Se puso de pie y se estiró, mostrando un muy pálido y plano estómago. Tenía una gran barra negra a través de su ombligo.
—Soy Gee, por cierto. —Alargó su brazo, extendiéndola hacia mí, cuando fui a sacudirla, ella retiro la mano. —Regla número uno, no estreches la mano de nadie. Este lugar está lleno de locos.
Sonreí.
—Supongo que no eres uno de ellos.
Ella soltó una carcajada. —Oh no, yo estoy tan jodida como ellos creen. —Comenzó a pasear y golpeó los papeles en los que la enfermera tenía a su lado mientras pasó por allí.
—No Twitees demasiado, Karen, es malo para los ojos. Es una estupidez.
—Diez minutos, Gee. —dijo a la enfermera, sin levantar la vista. Gee miró hacia atrás y me guiñó un ojo.
—No les gusta las malas palabras, así que si tienes una boca de marinero necesitas dominarla.
—Veinte minutos, Gee. —dijo la enfermera de nuevo, todavía centrada en la pantalla. Gee soltó una carcajada de nuevo y se dirigió hacia el comedor. La enfermera me miró.
—Gee es definitivamente un caso especial. Aprenderás a no hacerle caso. Es hora de la merienda en el comedor, poder si quieres comer algo y conocer a otros pacientes.
Sonreí.
—Gracias, pero no estoy muy hambrienta. ¿Puedo quedarme aquí y ver la televisión? —La enfermera Karen asintió con la cabeza y volvió a su trabajo. Me acurruqué en un sillón y me quedé mirando fijamente a la pantalla de televisión, sintiéndome más sola que nunca.



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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

Mensaje por mariateresa el Lun 17 Abr - 10:00

OMG!!! QUE HORROR VER MORIR GENTE Y QUE VEAS A LA MUERTE LLEVÁNDOSELO Y MAS ENCIMA ESTAR ENAMORADA DE EL
AHORA YA NO PUEDE NEGAR LO QUE SABE SE PASARIA SI NO LO CREE AUNQUE, SÍ SE METIÓ EN UNA INSTITUCIÓN MENTAL DE FORMA VOLUNTARIA.....POR ALGO ES...
Y LEIF SIGUE APOYANDO INDISTINTAMENTE A LO QUE PASE.
GRACIAS POR LOS CAPI


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mariateresa

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Re: Lectura Abril/ Existence-Abbi Glines

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