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Lectura #2 Junio 2017

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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Loam el Jue 15 Jun - 7:16

Pues... Me apunto


-Tú eres mi perfección. Soy todas esas cosas por ti. -dijo sacudiendo su cabeza a lo que él consideró como una seria confusión-. Existo por ti, Nina. Este ser mortal tan precioso para el Creador del Universo que permitió mi existencia. Dime que eso no es increíble.
--Jared Ryel--


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Jue 15 Jun - 10:25

@Loam escribió:Pues... Me apunto
Bienvenida hermosa !!
Espero disfrutes la historia.


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Jue 15 Jun - 10:27

Buenos días solecitos !!
Ya listas para brillar ?!


Como saben, hoy leemos el prólogo y el capi uno. Así que se los dejo a continuación...
Espero sus comentarios ^^

 Así me imagino a nuestra protagonista...


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Jue 15 Jun - 10:28

Prólogo

Mark Twain dijo: “Los dos días más importantes de tu vida son el día que naces y el día que descubres por qué.”
No recuerdo el día que nací, pero recuerdo el día que descubrí por qué.
Su nombre era Deuce.
Él era mi “por qué”
Y esta es nuestra historia.
No es bonita.
Algunas partes son francamente feas.
Pero es nuestra.
Y porque creo que todo pasa por una razón, no cambiaría nada.


'Sra. Maddox!

  
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Tatine el Jue 15 Jun - 10:35

Gracias por el prólogo
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Jue 15 Jun - 11:03

1

Tenía cinco años cuando conocí a Deuce. Él tenía veintitrés y era día de visitas en Isla Riker. Mi padre, Damon Fox o “Predicador” —El Presidente del infame club de motocicletas Demonios Plateados (sección principal) en East Village, Nueva York— cumplía una condena de cinco años por asalto agravado con arma letal. No era la primera vez que mi padre terminaba en la cárcel, y no sería la última. Demonios Plateados MC1 era un grupo notorio de criminales que vivían por el código de la carretera y le daban a la sociedad moderna y a todo lo que conlleva un gran, gran, jódete.
Mi padre era un hombre poderoso y peligroso que gobernaba a los Demonios Plateados a nivel mundial y era muy respetado, pero mayormente temido por otros clubs. Tenía conexiones con el gobierno y vínculos con las mafias, pero lo que lo convertía en el más peligroso y más temido eran sus múltiples conexiones con la gente común, todos los días. Personas que no rondaban en su círculo. Personas fuera de la red. Gente que podía hacer las cosas tranquilamente.
Su habilidad con las palabras y su sonrisa asesina le hacían ganar amigos en todas partes, y teniendo en cuenta que había estado viajando desde que estaba en el vientre de mi abuela, cuando digo en todas partes, me refiero a todas partes.
Los defectos de mi padre, el crimen constante, y el estilo de vida del club no eran extraños para mí, era todo lo que conocía.
Estaba tomando la mano de mi tío “El Tuerto” Joe mientras caminábamos a través de la sala de visitas familiares de Rikers. Dado que mi padre era mi único progenitor, mi tío Joe y mi tía Sylvia habían obtenido mi custodia temporal. Mi madre Deborah “Encanto” Reynolds, falleció un par de semanas después de mi nacimiento. Muchos hombres se desmoronarían con la responsabilidad de cuidar un bebé recién nacido, especialmente un motociclista que no podía estar más de un par de semanas sin la carretera.
Pero no Predicador.
Aparte de ir a la cárcel de vez en cuando, era un buen padre, y nunca me había faltado nada.
Vestido con un mono naranja y el pelo largo y castaño recogido en una coleta en la nuca, Predicador nos vio inmediatamente y se levantó. Se vio obstaculizado por las esposas alrededor de sus muñecas y tobillos unidas por una cadena y el guardia de prisión de pie detrás de él que lo empujó hacia atrás.
—Eva —dijo en voz baja, sonriéndome mientras yo me subía a una incomoda silla de plástico. Mis pies calzados con tenis no llegaban al suelo, y mi barbilla apenas alcanzaba la mesa. El tío Joe se deslizó en la silla a mi lado y puso el brazo alrededor de mí, tirando de la silla más cerca.
—Papi —susurré, tratando con todas mis fuerzas de no llorar—. Quiero abrazarte. El tío Joe dice que no puedo. ¿Por qué no puedo?
Mi padre pestañeó. Entonces, pestañeó de nuevo. No lo supe en ese momento pero mi gran, fuerte, rudo, y duro padre intentaba no llorar.
El tío Joe apretó mi hombro.
—Bebé —dijo bruscamente—, cuéntale a papi sobre el concurso de ortografía.
Emocionada luché contra mis lágrimas y gané.
—¡Gané el concurso de ortografía, papi! Mi maestra, la Sra. Fredericks, dice que aunque solo este en el jardín de niños, ¡puedo deletrear tan bien como un niño de tercer grado!
Mi padre sonrió ampliamente.
Viendo esa sonrisa, y no queriendo perderla, seguí:
—¿Sabes qué edad tienen los niños de tercer grado, papi?
—¿Cuántos años, bebé? —preguntó mi padre sonriendo.
—Tienen ocho —susurré emocionada—. ¡Y algunos nueve!
—Estoy orgulloso de ti, bebé —dijo mi padre, sus ojos brillando.
Sonreí. Cuando eres pequeño, tus padres son tu mundo entero. Mi padre era mi mundo. Si él era feliz, yo era feliz.
El tío Joe me apretó el hombro de nuevo.
—Eva, cariño, ¿por qué no vas a buscar algún bocadillo de la máquina así tu papi y yo podemos hablar?
Eso era típico. En el club todos siempre decían «tenemos que hablar», cosas que yo nunca tenía permitido escuchar. La mayoría de las veces en realidad no me importaba, todos los chicos me querían, me daban muchos abrazos, me dejaban montarme en sus hombros, y me compraban regalos todo el tiempo.
Para una mocosa motorista de cinco años, un club lleno de sustitutos hermanos mayores y papis es el equivalente a un niño normal pudiendo festejar la Navidad todos los días.
Tomé el dinero de mi tío Joe y brinqué hacia las máquinas expendedoras. Dos personas estaban en la fila delante de mí, así que hice lo que siempre hacía cuando me aburría, me puse a cantar.
A diferencia de la mayoría de los niños de mi edad que escuchaban New Kids on the Block o Debbie Gibson, yo escuchaba la música que se reproducía en todo el club. Una de mis favoritos era "Summertime" de Janis Joplin. Así que ahí estaba yo, sacudiendo mi trasero y cantando "Summertime" muy, muy fuera de tono, esperando en la fila por las patatas fritas rancias en la sala de visitas familiares de Isla Ricker, cuando oí:
—¿También te gusta Hendrix, niña?
Me di media vuelta y me encontré con un par de piernas cubiertas con unos vaqueros y con las rodillas desgastadas, pero limpios. Levanté la mirada, y mis ojos se abrieron con deleite. Era un hombre alto y moreno, con brazos y piernas densamente musculosos, y cintura delgada. Su frente era ancha, y su mandíbula fuerte y cuadrada. Tenía la cabeza rapada, sólo mostrando una pelusilla de pelo rubio, y los antebrazos tatuados con diferentes representaciones complejas de dragones. Nunca había visto a un hombre más hermoso.
Hay tres tipos diferentes de hombres en este mundo: Hay hombres débiles, hombres que corren y se esconden cuando la vida les da una palmada en el trasero. Luego están los hombres, hombres que tienen espina dorsal, que sin embrago, a veces, cuando la vida les da una palmada en el trasero, dependerán de otros. Y luego, hay verdaderos hombres, hombres que no lloran ni se quejan, que no solo tienen columna vertebral, son la columna vertebral. Hombres que toman sus propias decisiones y viven con las consecuencias, y que aceptan la responsabilidad por sus acciones o palabras. Los hombres que, cuando la vida les da una palmada en el trasero, se la devuelven y siguen delante. Los hombres que viven duramente y mueren aún más duro.
Los hombres como mi padre y mis tíos. Hombres que amaba con todo mi corazón.
Hombres como Deuce.
—Me gusta Hendrix —dije—. Pero Janis manda. ¡Escucho “Rose” casi todos los días!
Él me sonrió abiertamente y hoyuelos salieron por todas partes.
—Me gustas, niña —dijo, sin dejar de sonreír—. Tienes buen gusto con la música, y tienes un par de Converse en lugar de esos estúpidas jodidas botas que todos usan.
Me gustó. Este era por mucho el mejor día de mi vida.
—Odio las botas —le dije, arrugando la nariz.
Me guiñó un ojo.
—Yo también.
Iría directamente a tirar mis tennis bota cuando llegara a casa.
Cuando llegó mi turno en la fila me puse de puntillas y metí el cambio en la máquina. Me tomé mi tiempo en estudiar la selección, decidiéndome por una pequeña bolsa de cacahuates salados.
Saliendo del camino, vi como el hombre compró dos bolsas de papas fritas, tres barras de caramelo, y una enorme galleta con chispas de chocolate.
—Vaya —dije—, tienes mucha hambre.
Él se echó a reír.
—No es para mí. —Señaló al otro lado de la habitación—. Mi viejo.
Eché un vistazo rápido a mi padre y a mi tío Joe. Sus cabezas inclinadas sobre la mesa todavía «hablando».
—¿Puedo conocerlo? —pregunté.
Levantó las cejas.
—Uh, está un poco de mal humor.
Me eché a reír. Todos los hombres que conocía eran un poco malhumorados.
Lo tomé de la mano y levanté la mirada, lista para ir a conocer a su padre. Su mano era cálida y cómoda, como mi cama después de haber dormido en ella toda la noche.
Él se quedó mirando nuestras manos unidas, con una expresión confusa.
—Lista —dije, tirando de su mano. Se encogió de hombros y me condujo a una mesa cercana, donde estaba sentado un hombre mayor con una barba larga y gris y la cabeza rapada, esposado de la misma manera que mi padre. Soltó mi mano para tomar su asiento, y me subí en el asiento de al lado.
—Hola —le dije alegremente.
—¿Tienes algo que decirme? —preguntó el anciano a su hijo.
—Le gusta Janis —contestó.
El anciano me observó.
—¿Te gusta Janis, niña?
Asentí con la cabeza.
—Y Steppenwolf, Three Dog Night, The Rolling Stones y Billie Holiday.
—¿Billie Holiday? —Me interrumpió, pareciendo sorprendido.

Me metí unos cacahuates en la boca y asentí.
—Ella manda.
El anciano sonrió, y le cambió el rostro. Supe de inmediato, que mucho tiempo atrás, ese viejo gruñón había sido tan hermoso como su hijo.
—Me gusta Billy Holiday —dijo él bruscamente.
—Me agradas —dije espontáneamente, porque yo siempre decía cosas espontáneamente—. ¿Quieres unos cacahuates?
—Claro, niña —dijo, sonriendo—. Me encantarían.
Eché el resto de mi bolsa en su mano, y se los metió todos en la boca al mismo tiempo.
—¡Eva!
Salté al oír la voz de mi tío Joe. Caminaba con rapidez a través de la habitación hacia mí. Una vez que llegó a la mesa, no sólo el tío Joe parecía enojado, sino que también mis dos nuevos amigos.
—¿Tienes ganas de morir? —le susurró el tío Joe al anciano—. Los Jinetes están bien con los Demonios. Dejemos que siga siendo de esa maldita manera.
—Ah —dijo el anciano, mirándome—. Debes ser la hija de Predicador. Él ha hablado acerca de ti. Está orgulloso como la mierda.
Asentí orgullosamente.
—Soy la hija de Predicador. Y voy a ser como él cuando sea grande. Voy a tener una Fat Boy2, pero quiero que la mía sea brillante, y quiero un casco de color rosa con cráneos. Y en lugar de ser la presidenta del club, voy a ser la reina del club, porque me voy a casar con el más grande y más temible motociclista del mundo entero, y va a dejarme hacer lo que quiera porque me va a amar como un loco.
Mi tío Joe se echó a reír, y el anciano sacudió la cabeza, sonriendo. El hombre hermoso se volvió hacia mí y se inclinó hacia delante.
—Voy a considerar eso —susurró.
No respondí. No pude. Estaba cautivada por la intensidad que vi en sus brillantes ojos moteados de azul y blanco. Me recordó a la escarcha sobre un lago. Tenía hermosos ojos azul hielo que me llevaban a un lugar cálido y seguro en el que quería permanecer para siempre.
Él extendió la mano, rompiendo el hechizo.
—Mi nombre es Deuce, cariño, mi viejo aquí es La Parca. Fue lindo hablar contigo.
Puse mi mano en la suya, y sus grandes dedos se cerraron alrededor.
—Eva —susurré—. Ese es mi nombre, y fue muy, muy bueno conocerte, también.
Sonrió. Y sus ojos sonrieron, también. Y me perdí otra vez en sus bonitos ojos.
Entonces, el tío Joe me levantó y me tiró encima de su hombro.
—¿No es jodidamente cara como el infierno esa escuela privada tuya que te enseña a no hablar con extraños? —dijo—. Voy a tener una charla con esos cabrones remilgados. Van a tener una charla con mi puño.
—Adiós —grité, agitando la mano frenéticamente, mientras me marchaba.
La Parca me hizo un gesto con las dos manos esposadas y una gran sonrisa.
Deuce se puso de pie sonriendo y me dio un saludo de dos dedos.
—Adiós, cariño.
Cariño.
Fue oficial. Estaba locamente enamorada.

Deuce observaba al Tuerto Joe, un Demonio Plateado veterano, alejándose con la hija de Predicador colgando sobre el hombro, sonriendo y saludando como una lunática. Él sacudió la cabeza y sonrió. Cuando ya no podía verla, perdió la sonrisa y se volvió hacia su padre.
Su viejo había perdido la sonrisa, también.
—Linda niña —gruñó La Parca—. Debí haber tenido una niña en lugar de ustedes dos cabrones.
Contempló a su padre. Tuvo un momento de nostalgia al verlo sonreírle a la niña, charlando con ella de la manera en que debió haber hablado con sus propios hijos, pero nunca lo hizo. Había estado demasiado ocupado golpeándolo a él y a su hermano.
Buenos tiempos.
—Predicador esta en avanzando —gruñó La Parca—. Quitándote ese maldito contrato con los rusos sin titubear. ¿Por qué carajo no acabaste esa mierda cuando tuviste la oportunidad?
Y ahí estaba. Él era el VP3 y eso es todo lo que significaba para su viejo. Alguien para pasarle el puesto cuando él finalmente —y no podía llegar lo suficientemente rápido— muriera.
—El jefe de ruta de Predicador me ganó. Cerró ese maldito trato antes de que yo incluso oyera hablar de él.
La expresión de La Parca fue glacial.
—Eres un maldito idiota. Debí haber ascendido a Cas VP. Debería hacer que ese jodido hijo de puta se deshiciera de ti.
Su madre había sido una prostituta. No una puta callejera, sino una prostituta de club. Tenía dieciséis años cuando su padre la dejó embarazada, su viejo casi treinta. Después de que él que naciera, su viejo la echó a la calle con nada más que la ropa que llevaba puesta. Todo lo que alguna vez había tenido de su madre era una polvorienta foto de una chica muy joven sentada en la Harley de su viejo; Olivia Martin, estaba escrito en la parte trasera. Le gustaba pensar que ella comenzó una nueva vida en otro lugar con alguien que no era como su padre. Encontró un poco de paz y una familia que la quería.
Su hermano menor, Cas, fue el producto de otra prostituta preñada. Misma historia, diferente día.
Durante veintitrés años aguantó está mierda. Tenía suficiente. Empujando la silla, se levantó, puso las manos sobre la mesa y se inclinó hacia delante.
—Nadie, y cuando digo nadie, me refiero a todo el maldito mundo, da dos carajos por ti, pedazo de mierda miserable. El club respeta a Prez, pero a ninguno de tus chicos les importa un carajo si vives o mueres. Estás vivo, viejo, y he estado manejando el club en tu ausencia, y he administrado toda esa jodida mierda mucho mejor que tú, no tenía que venir aquí. Pero lo hice, por el maldito respeto, y acabo de perder el último vestigio de respeto que me quedaba.
—Pedazo de mierda —susurró La Parca—. Vas a pagar…
—No. Tú vas a pagar. Voy a ponerle precio a tu cabeza en el minuto que salga de aquí.
El miedo pasó por los ojos de su padre. Nunca había visto nada más dulce.
—Recuerda, pedazo de mierda, cuanto estés desangrándote, que fui yo quien lo ordeno.
Se dio la vuelta antes de que su padre pudiera decir una palabra y se dirigió a través de la sala de visitantes de Rikers respirando con fuerza, su corazón martillando en su pecho, decidido a ponerle fin a ese hombre.
—Deuce —chilló una pequeña voz. Se dio la vuelta.
Eva salió disparada hacia él. Poco antes de llegar, se frenó patinando hasta detenerse, respirando fuerte, y extendió la mano.
—No tuve la oportunidad de compartir contigo —dijo sin aliento.
Él se inclinó y cerró la mano alrededor de la pequeña bolsa de cacahuates.
Se le hizo un nudo en la garganta.
Esta niña, esta jodida niña que no lo conocía en absoluto, le acababa de dar su primer regalo sin esperar nada a cambio, ningún favor, sin estipulaciones, ni nada. Se había equivocado. Había algo más dulce que ver el miedo en los ojos de su padre. Eva era mucho más dulce. Si alguna vez tuviera un hijo, quería una niña como ella.
—Gracias, cariño —dijo con voz ronca.
—¿Volveré a verte? —Ella ladeó su cabeza con los ojos abiertos, esperando su respuesta. Él la miró a los ojos, esos fenomenales ojos que eran demasiado grandes para su cara. Grandes y gris ahumado como una tormenta. Jodidamente hermosa.
Le sonrió.
—Espero que sí, cariño.
Ella le dio una matadora linda sonrisa y regresó con su padre y su tío —quienes le lanzaban dagas con los ojos— sacudiendo sus coletas.
Después de empujar los cacahuates en su bolsillo, se fue. En el primer teléfono público que vio en la calle, fijó el golpe. Le tomó una hora, y ya había conseguido a alguien. Tres días después su padre se desangraba en las duchas.



1 MC: Club de Motocicletas.
2 Fat Boy: Tipo de motocicleta producida por Harley-Davidson.
3 VP: Vicepresidente


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por yiniva el Jue 15 Jun - 13:32

órale,  no había querido leer este libro porque no me llamaba la atención, pero ya está aquí y le daré una oportunidad a ver que tal está. Para empezar no me gusta nada nadita que haya tanta diferencia de edad entre los protagonistas, la niña me parece que es muy espontanea y ya de peque sabe lo que quiere, se nota que su papá la adora y que esta muy acostumbrada a la forma de vivir del club, por otra parte Deuce parece un buen tipo y si mando matar a su padre fue por algo.


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Dai el Jue 15 Jun - 13:59

DEUCEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE


Les advierto que este hombre es MIO!!!!



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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Dai el Jue 15 Jun - 14:01

Mi hermoso Deuce, si que sabe como hacerse notar.. Mira que enamorar a una niña de 5 años. No puedo culpar a Eva por sentirse encantada ese hombre es 
Amé el prólogo por cierto, me gusta mucho esta serie. Es mi favorita en cuanto a moteros se refiere. 



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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Maga el Jue 15 Jun - 17:34

Las invito a participar en las propuestas para el mes de Julio-Teams

Pasen a informarse. Aquí 


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Tatine el Jue 15 Jun - 19:45

Gracias
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Jue 15 Jun - 20:04

jymm escribió:órale,  no había querido leer este libro porque no me llamaba la atención, pero ya está aquí y le daré una oportunidad a ver que tal está. Para empezar no me gusta nada nadita que haya tanta diferencia de edad entre los protagonistas, la niña me parece que es muy espontanea y ya de peque sabe lo que quiere, se nota que su papá la adora y que esta muy acostumbrada a la forma de vivir del club, por otra parte Deuce parece un buen tipo y si mando matar a su padre fue por algo.
Ya somos dos, no me llamaba leerlo pero igual que tu le daré una oportunidad.
gracias por comentar Janeth


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Jue 15 Jun - 20:07

Dai Alvarado escribió:DEUCEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE


Les advierto que este hombre es MIO!!!!
Desde ya marcando territorio deja minimo que lo conozca


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Jue 15 Jun - 20:11

Maga Pali escribió:
Las invito a participar en las propuestas para el mes de Julio-Teams
Pasen a informarse. Aquí 


Voy Maga ya me uno !!


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Jue 15 Jun - 23:59

Y... Comenzamos con todo esta historia !! Very Happy
Me gusta, gusta Smile Eso de enamorarse desde los cinco años es algo raro xD Pero interesante... Me gusta como la describen tan alegra, buena onda y compartida, a pesar de crecer en ese ambiente.
Y me gusta como dice que va a llegar a tirar todas sus botas LOL
Ya quiero seguir leyendo !!!


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por LuVelitta el Vie 16 Jun - 0:37

Creo que si a los cinco hubiera conocido a alguien así como Deuce también me hubiera enamorado enseguida... O en realidad no jejej, lo más probable es que me hubiera asustado y salido corriendo!

Me gusta que ya de tan chiquita Eva tuviera bien claro lo que quería y cómo lo conseguiría, determinada desde el principio, espero que al crecer se mantenga así!!

Cómo que no les gustan las botas?! Las botas son perfectas y las amo!!! Viviría en botas!!!

Gracias por el prólogo y el primer capítulo!!!



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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Vie 16 Jun - 11:47

@LuVelitta escribió:
Me gusta que ya de tan chiquita Eva tuviera bien claro lo que quería y cómo lo conseguiría, determinada desde el principio, espero que al crecer se mantenga así!!
a mi tambien me gusta lo determinada, gracias por comentar


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por AMPARO el Vie 16 Jun - 11:50

llegue corriendo nenas, mmm moteros me encantan
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Vie 16 Jun - 12:00


Feliz Martes guapas!!


El dia de hoy sabremos más de ese bello 
y sexy motero, ustedes esperarían 7 años? 

puede que yo si


Hoy leemos los capítulos 2 y 3 disfrutenlos.


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Vie 16 Jun - 12:04


Pasaron siete años antes de que Deuce y yo volviésemos a
cruzarnos.
Durante esos años, mi padre salió de prisión, y yo crecí
más. También tenía un hermano, Frankie, que era un
dolor en el trasero.
Franklin Deluve, Padre, era un motociclista de carretera. Murió
hace algunos años atrás al chocar contra una camioneta, y su mujer
había muerto varios años antes por cáncer de mama. Como era el caso
con la mayoría de chicos motoristas, Frankie no tenía ninguna otra
familia con cual quedarse. Dado a que mi padre no tenía hijo varón,
tomó a Frankie bajo su ala y comenzó a trazar su futuro como un
Demonio. Si Frankie se mantenía en ese rumbo, algún día, mi padre le
dejaría su puesto. Lo cual estaba bien, genial, incluso, pero había un
muy gran problema.
Frankie estaba enojado.
Todo el tiempo.
Tanto, que todo lo que hacía era meterse en peleas. En la escuela,
en el club, en las calles, en los supermercados. Frankie lucharía contra
una pared de ladrillos si ésta hacía algo para molestarlo. No creerías
cuantas paredes han encabronado a Frankie.
Su pobre cuerpo con apenas quince años ya se encontraba
cubierto de cicatrices debido a las peleas callejeras. Desde que comenzó
a vivir con nosotros, ha sido hospitalizado unas dieciséis veces por
varios huesos rotos, heridas de arma blanca y contusiones múltiples.
Frankie también sufría de serios problemas de abandono.
Al principio, cuando se mudó con mi padre y conmigo, tenía
violentas pesadillas. Se despertaba aterrorizado, cubierto en sudor, y
gritando a todo pulmón. Las pesadillas se convirtieron en noches de
terror, y Frankie comenzó a golpearse dormido, golpeaba su cabeza con
los puños mientras gritaba y lloraba incontrolablemente. Mi padre tenía
que sujetarlo hasta que se calmaba o recuperaba la conciencia.

Una noche, cuando mi padre se encontraba en la carretera,
Frankie se coló a mi habitación y se metió en la cama conmigo. Por
primera vez desde que se mudó con nosotros durmió profundamente, y
ha estado en mi cama desde entonces.
Y la vida continuó.
Dos semanas después de mi cumpleaños número doce, mi padre
decidió que ya era hora de que Frankie hiciera su propio recorrido en
motocicleta. Cuando se enteró de que yo no iría, tuvo un violento
ataque hasta que mi padre cedió. Cuando se trataba de Frankie, mi
padre era todo un débil, fácil de manipular.
Sentada en la parte trasera de la moto de Frankie, salimos de
Manhattan rumbo al norte de Illinois. Nuestra primera parada: una
granja de calabazas. Cuando tu padre y sus amigos están involucrados
en negocios ilegales y deben reunirse en privado, las reuniones
clandestinas en granjas de calabazas son más frecuentes de lo que te
imaginarías.
Este tipo de reuniones suelen durar un par de días; los adultos se
quedan dentro y los niños afuera. Siempre se escuchan un montón de
gritos, millones de peleas, y hay alcohol por todas partes. También
montones de putas.
Comencé a desarrollarme a muy temprana edad, y más bien, me
veía toda extraña, al ser tan flaca y alta como lo era —puro hueso con
un par de copas C. Varios de los chicos que acompañaban a sus
padres a la reunión habían estado siguiéndome, jugueteando con el
tirante de mi sujetador, y llamándome “relleno”. Esa era la razón por la
que ahora mismo me encontraba escondida detrás de un árbol, con mis
auriculares puestos y escuchando a los Rolling Stones, mientras
cantaba, balanceando mis piernas y mi cabeza al son de la música.
Aparté mi pie cuando sentí un tirón en la punta de mis zapatos.
—¡Lárgate, Frankie! —grité.
Frankie tiró de mi dedo una vez más, me quité los auriculares y
lo miré.
No era Frankie.
A excepción de su cabello, el cual ahora era más grueso y más
rubio y le caía hasta los hombros, él se veía exactamente igual.
Devastadoramente hermoso.
Sonrió con sus hoyuelos.
—Escuché que andabas por aquí, cariño. ¿Te acuerdas de mí?
—Deuce —susurré, mirándolo—, de Rikers.
Soltó una carcajada. —En realidad, no soy de allí. Mi hogar, dulce
hogar, está en Montana. Sólo visitaba a mi viejo, al igual que tú. ¿Lo
recuerdas?

Asentí. —La Parca. Me agradó.
Su sonrisa se desvaneció. —Él ya no está con nosotros.
Nunca había sabido qué decirles a las personas que perdían a sus
seres queridos. Nada sonaba correcto.
Pero al ver la mirada perdida en los ojos azul hielo de Deuce, supe
que tenía que decir algo.
—Tenía una linda sonrisa —dije en voz baja—, como la tuya.
Sus ojos se encontraron con los míos, sonrió.
Le sonreí de vuelta.
—Sabes —dijo mientras sacaba una fina cadena de oro de su
sucia camiseta blanca y la alzaba sobre su cabeza—, tú deberías tener
esto.
Tomó mi mano y colocó allí la cadena.
—Era de mi Viejo —dijo—, nunca nadie ha dicho si siquiera algo
agradable de ese bastardo. Nunca. Ni siquiera su propia madre. Hasta
ahora. Así que esto debería ser tuyo.
Levanté la cadena y estudié el pequeño y redondo medallón que
colgaba de ella. La insignia de Los Jinetes del Infierno se encontraba
plasmaba en frente. La palabras “Jinetes del Infierno” rodeadas por La
Parca encapuchada sobre una Harley, sosteniendo una guadaña.
En la parte trasera leí: —Parca.
—Ese día, hace siete años, fue la primera vez que vi a ese idiota
sonreír. También fue la última.
Ni supe qué decir. Por lo tanto, no dije nada y simplemente
deslicé la cadena por mi cuello.
—Gracias —dije, y metí el medallón debajo de mi camisa de Jimi
Hendrix—, me gusta.
Asintió, su mente parecía estar en otro lugar.
—Daré un paseo por las calabazas, cariño. ¿Quieres unirte?
Colgué mis auriculares alrededor de mi cuello, metí mi Walkman
en el bolsillo de mi pantalón y me levanté de un salto.
No le di mucha importancia y simplemente deslicé mi mano entre
la suya, como lo haría con mi padre o Frankie. Él bajó la mirada, pero
no se apartó, y sus dedos gruesos y cálidos se enroscaron entre los
míos cuando comenzamos a caminar.
Mientras caminábamos, Deuce miraba el humo grisáceo y pesado
de su tabaco, sin decir una palabra.
—¿Estás triste? —pregunté.

Me miró, y frunció el ceño. Mordí mi labio. ¿Acaso dije algo malo?
Quizás él no quería que nadie supiera que estaba triste. Mi corazón
comenzó a latir más y más rápido. Sentí mi palma comenzar a sudar, y
debido a que mi mano se encontraba entrelazada con la de Deuce, sentí
vergüenza y comencé a sudar aún más.
—Mi hermano pequeño murió, cariño. Hace unos días.
Dejé de caminar y lancé mis brazos alrededor de su cintura,
abrazándolo tan fuerte como podía. —Lo siento tanto —susurré.
Deuce contuvo el aliento. —Cariño.
Entonces, cayó de rodillas y me abrazó con tanta fuerza que casi
no pude respirar, pero no me importó, porque se sentía demasiado bien,
y sabía que él lo necesitaba.
—Eres una buena chica, cariño. Una chica muy buena y dulce —
susurró en mi oído.
Se apartó y me miró a los ojos. —Prométeme que siempre serás de
está manera, ¿sí? Tu y yo, niña, nacimos en está jodida vida, fuimos
criados en carreteras y ruedas; es lo que conocemos y a donde
pertenecemos, pero eso sólo significa que nunca nada será sencillo. Así
que, prométeme que sin importar lo que veas, sin importar qué mierda
te ocurra, nunca permitirás que esto te amargue la vida.
Miré fijamente sus ojos azul hielo, fascinada por la seguridad y
comodidad que me cubrían, calentándome. No podía apartar la mirada.
Quería meter este sentimiento en mi bolsillo trasero, llevármelo a casa
conmigo, y mantenerlo seguro bajo mi almohada para tenerlo cuando
más lo necesitara.
Eventualmente, cuando recordé lo que había dicho, asentí.
Acarició mi mejilla con sus nudillos y se levantó. Deslicé mi mano
de nuevo entre la suya, y continuamos caminando. Deuce volvió a
fumar, y yo comencé a señalar las calabazas más grandes.
—¿Has visto alguna vez “Es la Gran Calabaza, Charlie Brown” —
preguntó Deuce—. Esa estúpida mierda me hace reír todo el tiempo.
Decidí que a mí también me gustaba esa mierda de Charlie
Brown. Hice una nota mental para ver cada episodio de Charlie Brown
tan pronto como llegara a casa.
—¿Vas a disfrazarte para Halloween, cariño?
—Aún no me he decidido —dije—, Halloween es muy difícil. Sólo
una vez al año puedes disfrazarte y fingir que eres alguien o algo
diferente. No hay nada como eso. Y no quiero echar a perder el día,
¿sabes? Es importante elegir cuidadosamente, de esa manera no te
arrepentirás, solo tendrás fabulosos recuerdos.
Deuce se detuvo y me miró.
—¿De que te gustaría disfrazarte?

—Maya Angelou —contesté de inmediato—, o Eleanor Roosevelt.
Comenzó a ahogarse.
—Pero —me apresuré a continuar—, para vestirme como Mara
Angelou, de alguna manera tendré que hacer ver mi piel negra sin
insultar a la comunidad afroamericana. Probablemente terminaré
siendo Eleanor Roosevelt. No es que sea tan malo. Fue una mujer
increíble.
—¿Qué edad tienes? —preguntó bruscamente, golpeando su
pecho con el puño.
—Doce.
—¿Doce?
Luciendo perplejo, sacudió su cabeza. —Pensé que eras una niña
bastante inteligente cuando te conocí. Ahora sé que lo eres.
Me sonroje. Deuce, el presidente de los Jinetes del Infierno,
pensaba que yo era lista. ¿Cuán genial era esto?
—¿Qué edad tienes tú? —pregunté.
—Treinta, cariño. —Me miró y arrugó la nariz—. Viejo, ¿no es
cierto?
Me encogí de hombros. —Mi papá tiene treinta y siete. Y él sigue
siendo estupendo.
Sus ojos casi se salen de sus orbitas. —Déjame ver si entiendo.
Tienes doce. Probablemente para Halloween te disfraces como Eleanor
Roosevelt. ¿Y crees que tu padre es estupendo?
Asentí.
Sacudió la cabeza, sonriendo. —Maldición.
Me estómago cayó. Se estaba riendo de mí.
Quité mi mano de la suya y crucé los brazos sobre mi pecho. —Sé
que soy rara. Todos en la escuela siempre me dicen eso. Todos excepto
mi mejor amiga, Kami. Odian mi música porque es vieja. Odian mi ropa
porque es para niños. ¡Creen que soy un fenómeno! Así que, adelante,
dilo. Crees que soy un fenómeno, ¿verdad?
Deuce se arrodilló frente a mí. —Cariño, no eres un fenómeno.
Tienes doce. Y esos chicos no te odian, ni si quiera un poco. Las chicas
están celosas porque eres condenadamente linda, y los chicos no son
suficientemente hombres para saber coquetear, no tienen ni una pista
de cómo hacerlo.
Eres condenadamente linda.
—¿Soy linda?

Sus labios temblaron. —Sólo tienes doce y ya traes locos a todos.
Sí, cariño, eres linda. Serás hermosa algún día. Harás más feliz a un
chico que un cerdo revolcándose en mierda.
Sonreí. ¿Quién pensaría que las palabras “cerdo” y “mierda”
usadas en la misma oración harían a una chica completamente feliz?
—Ahí está —dijo en voz baja—, eso es lo que me gusta ver. Nada
mejor que una chica guapa sonriendo.
Lo miré fijamente; él bajó la mirada hacia mí. Sus ojos duros se
suavizaron y sentí mi cuerpo convertirse en mantequilla. Algo me
estaba ocurriendo, algo importante, posiblemente monumental.
El cambio de niña a adolescente. Aunque no lo entendí hasta que
fui mucho más mayor, lo que sucedió y el por qué lo hizo, allí, de pie
en medio de un campo de calabazas, supe que algo había cambiado
irrevocablemente. Y yo misma también había cambiado por y para este
hombre.
—¡EVA! ¡QUE MIERDA!
Me di la vuelta. Frankie caminaba a zancadas hacia nosotros,
pateando las pobres calabazas fuera de su camino.
—Grandioso —gemí—, Frankie me encontró.
—¿Es tu hombre? —preguntó Deuce, mirando al berrinchudo
temperamento de Frankie con marcado interés.
Mis ojos casi se salen de mi cabeza. —¡Asco! ¡Es mi casi hermano!
El largo cabello castaño de Frankie volaba detrás de él, y sus ojos
oscuros se ennegrecían cada vez más con la creciente ira. Sólo tenía
quince y ya medía casi uno metro ochenta, con el cuerpo de un
mariscal de campo. No era tan grande como Deuce, pero lo sería algún
día.
—¿Te conozco? —siseó Frankie, deteniéndose a pocos centímetros
de Deuce.
Deuce subió y bajo las cejas, y sonrió. —No, niño. Me temo que
no hemos tenido el placer.
Frankie odiaba que lo llamaran niño, sobre todo delante de mí. Vi
como sus manos se envolvieron en puños.
Deuce ya no sonreía. —Tu actitud no me asusta. Yo no me creo
toda esta mierda de hombre salvaje, y estoy seguro de que a nadie le
impresiona tu actuación sólo porque te crees hombre y quieres bajarles
las bragas a las chicas.
Cerré los ojos. Deuce no conocía a Frankie, por lo tanto, no sabía
que Frankie no estaba intentado impresionarme. Así era todo el tiempo.
Antes de que él pudiera lanzar un golpe y consiguiera que Deuce
le pateara el trasero, me interpuse entre ellos y envolví mis brazos
alrededor de Frankie.

—Te extrañé —dije apresuradamente—, he estado buscándote por
todas partes y no te encontraba. Le pedí a Deuce que me ayudara a
buscarte.
Los brazos de Frankie se envolvieron a mí alrededor, y su duro
cuerpo se fundió contra el mío. Una de sus manos empuñó mi cabello, y
la otra se aferró en mi cintura.
—Lo siento —murmuró—, yo pensé… no sé… tienes que quedarte
cerca de mí. No puedo protegerte si no sé donde mierda estás. Si algo te
ocurre, nena, me mato. No podría estar en este mundo sin ti. Me
vuelves putamente loco.
—Oh, Frankie —susurré—, deja de preocuparte. Nada va a
ocurrirme, y nunca te dejaré.
Deuce vaciló al dejar a Eva a solas con ese lunático, pero parecía
que ella era la única capaz de controlarlo, así que la dejo irse. Conocía a
los chicos como Frankie. Mal de la cabeza, sin control, lunáticos, y
usualmente muertos antes de los treinta. Predicador tenía que
controlarlo antes de que fuera demasiado tarde. Él mismo no soportaría
esos problemas por mucho amor que le tuviera a un hijo. Cuando la
mierda se ponía intensa —y siempre lo hacía— necesitabas una mano
dura para dirigir a tus hombres.
—Te reto a que toques sus tetas.
Deuce se detuvo al lado de un granero en el límite de la finca.
—Te reto a que te la folles.
—Predicador te mataría.
Se tensó. Esos pendejos hablaban de Eva.
—No le tengo miedo a Predicador. Ella es la única puta aquí con
edad suficiente para follar.
—Es tan fea. Excepto por sus tetas; esas tetas son asombrosas.
Me la follaría solo para ver esas tetas.
Deuce lo vio todo rojo. Eva tenía sólo doce. Sí, tenía tetas, una
niña de doce años con tetas. Y estos hijos de puta tenían entre dieciséis
y diecisiete. Hizo crujir sus nudillos y caminó dentro del granero.
Cinco idiotas se encontraban apoyados contra una fila de
caballerizas vacías, fumando cigarrillos, y actuando como si ya fueran
muy maduros.
—Deuce —dijo uno de los idiotas—, ¿qué hay de nuevo, hombre?

Él no respondió. Simplemente caminó hacia el primer idiota, lo
pateó en el rostro, y luego se movió al siguiente. Levantando al idiota
número dos por el cuello, le escupió el rostro, le dio un puñetazo en el
estómago, y luego lo arrojó hacia un lado.
Los otros tres ya se habían ocultado detrás de los fardos de heno.
—Trae tu maldito culo hasta aquí —dijo, tirando de un idiota por
la cinturilla de sus vaqueros—, y toma tu puto castigo como el hombre
que no eres. Si no lo quieres tomar, tengo algunas balas con tu jodido
nombre escrito en ellas.
—¿Que mierda te hicimos? —chilló, enfrentándolo como todo un
idiota desgarbado.
Usando su arma, le señaló hacia donde ellos habían estado
sentados unos momentos atrás. —Muevan. Su. Puto. Culo. Allí.
Lo hicieron.
—Los escucho hablando de Eva otra vez. Los observo mirando a
Eva. Los veo a diez metros de Eva. Y todos están muertos. ¿Lo
entendieron?
Asintieron, con los ojos muy abiertos.
—Voy a buscar a sus padres y les diré que son unos cabrones
pervertidos. Y les diré que les den su merecido, pero primero se los daré
yo.
Tomó un puñado de cabello grasiento del tercer idiota y lo lanzo al
suelo, sobre sus rodillas. Fuera de combate, el chico huyó.
El cuarto idiota, un poco cabreado, dio un paso atrás cuando
Deuce lo enfrentó. Riendo, se movió hasta el último idiota. El que llamó
fea a Eva. Agarrándolo del cuello, metió el cañón de su pistola en la
boca del chico.
—Sé que tienes un par de hermanas. Sé que una de ellas solo es
un año mayor que Eva. ¿Qué te parecería si voy a buscar a tu
hermanita y me la follo? ¿Qué te parecería si mis chicos también se la
tiran? ¿Quizás deberíamos follarla todos al mismo tiempo? Follarle la
boca, y su coño, y su jodido culo. ¿Suena bien?
Lloriqueando, el chico sacudió la cabeza.
—Respeta a las mujeres, pequeña mierda. Fue una jodida mujer
quien te llevo en su jodido cuerpo, quien te parió y te amo. Y será una
mujer quien te mantenga caliente por la noche, quien te permitirá
entrar en su cuerpo, y será una mujer quien traiga al mundo tus putos
hijos. Respeta a las putas mujeres —a todas— o te mataré.
Lo liberó, y el chico cayó sobre sus rodillas, vomitando.
—Váyanse al diablo, idiotas —murmuró. Metió la pistola en la
cinturilla de sus vaqueros, y se marchó.


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Atómic_Mellark

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Fecha de inscripción : 24/02/2017

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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Vie 16 Jun - 12:07


Tenía dieciséis.
Era verano en Manhattan.
Precisamente entre el Morrissey's Bar y un supermercado
Middle Eastern, en el techo del edificio de cinco pisos de
arenisca de los Demonios en Portland, la parrillada familiar estaba en
pleno apogeo. Las esposas, novias, hijos, primos, amigos, y los
compañeros de trabajo charlaban y reían, bailando y bebiendo,
mientras que las salchichas y hamburguesas eran volteadas en las
parrillas tan rápido como los barriles de cerveza se vaciaban.
Sobre una mesa de picnic, Frankie y yo estábamos sentados lado
a lado, compartiendo un par de auriculares. Mi discman apretujado
entre nosotros y nuestras cabezas presionadas juntas, mientras las
mecíamos al ritmo de "Dazed and Confused" de Led Zeppelin. Tenía mi
brazo colgando por encima del hombro de Frankie, y sus manos se
deslizaron arriba y abajo por mi muslo, sus dedos golpeteando al ritmo
de la canción.
—¡Atención, hermanos, los Jinetes están aquí!
Mi cabeza se volvió para mirar.
Otro grito.
—¡Escondan a sus mujeres!
Esto fue seguido por carcajadas y un montón de risas femeninas.
Observé mientras un gran grupo de hombres vestidos de cuero se
unía a la multitud en la azotea. Tenían en el dorso de sus chalecos la
insignia de los Jinetes del Infierno.
Igual a la insignia de mi medallón.
Mi corazón comenzó a acelerarse. ¿Deuce estaba aquí? Escaneé la
multitud, pero los Jinetes ya se habían dispersado entre el mar de
gente.
Frankie me apretó el muslo para llamar mi atención. Me saqué mi
auricular e incliné mis ojos hacia él.
T
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—¿Quieres que esconda algo de alcohol para más tarde? ¿Algo
para fumar?
Las parrilladas de los Demonios eran infames por volverse
salvajes y temerarias, y muy a menudo, todos los motociclistas
terminaban desmayados de la borrachera antes de medianoche. Esto
siempre pasa cuando abunda la bebida y las hierbas sobran.
—Sí —dije y le sonreí.
Frankie se levantó, pasó sus dedos por mi largo cabello oscuro y
tiró de mi cabeza hasta rozar su duro abdomen.
—Vuelvo enseguida —susurró—. ¿Y Eva?
Levanté la mirada.
—No te vayas a ninguna puta parte hasta que yo vuelva.
Rodando los ojos, me puse los auriculares y reanudé mi meneo de
cabeza, los golpecitos con mi pie, y el canto a todo volumen, felizmente
ignorando las miradas boquiabiertas que mi canto siempre ocasionaba.
El instituto había sido duro para mí, pero ya había madurado con
mi torpeza. Me aferré a mi extrañeza, y estaba bien con mis rarezas. Yo
era quien era, y ya no me importaba lo que los demás pensaran. La
escuela secundaria había sido muy buena para mí. Era linda, popular,
y tenía un montón de amigas. Sospechaba que la mayoría de mis
amigas me usaban para acercarse a Frankie tratando de cazarlo.
Frankie era un chico que se veía bien, grande y ancho, con rasgos
finamente cincelados. Era un italiano pura sangre con ojos marrones, el
color del chocolate amargo, y espeso cabello castaño que había dejado
crecer mucho.
Las chicas lo seguían y él tenía sexo con ellas. A montones.
Jamás lo hacía dos veces con la misma chica. Así que, aparte de tener
que escuchar a todas las chicas de la escuela gimotear y suspirar por
Frankie, la vida era buena. Era divertida y sin complicaciones, y yo era
feliz.
Mis ojos se fijaron en el asfalto debajo de mí mientras una sombra
caía sobre mí y un par de botas de cuero caminaron a mi línea de
visión. Bajé la mirada hacia ellas. Cuero negro de grano completo con
suela de goma. Hebillas de metal en los tobillos, se veían provocadoras,
sexys.
Levanté la mirada.
—Todavía usando Chucks y cantando fuera de tono, veo.
Sip. Provocador y sexy. Justo como el hombre que las vestía.
Deuce era todo hoyuelos y sonrisas y gélidos ojos azules que
combinaban perfectamente con su largo cabello rubio que lo había
tirado hacia atrás en una corta cola de caballo. Era tan grande como yo
lo recordaba, amplio y bien construido; mucho más alto que yo y por lo 
Página27
menos medio cuerpo más ancho. Se veía ardiente como el infierno en
una ajustada camiseta blanca, su chaleco de cuero y los raídos jeans de
cintura baja. Está vez cuando le sonreí, no fue con la admiración de
una niña; fue con la fascinación sexual de una chica de dieciséis.
—Eva jodida Fox —dijo arrastrando las palabras—. Has crecido.
—Deuce —dije, sonriendo con picardía—. Has envejecido.
Echó la cabeza hacia atrás y soltó una profunda y retumbante
carcajada que hizo que mi vientre se apretara y mis pezones se
endurecieran. No era la única mujer afectada; varias chicas en el techo
lo adulaban abiertamente.
Buscando dentro de su chaqueta, Deuce sacó un paquete de
cigarrillos. Mantuvo sus ojos en mí mientras lo encendía.
—¿Cuántos años tienes ahora, cariño? ¿Dieciocho, diecinueve?
—Dieciséis —dijo entre dientes Frankie, apareciendo a mi lado—.
Dieciséis.
Los ojos de Deuce descuartizaron a Frankie, y observé mientras
se iluminaron al reconocerlo. No era una mirada feliz.
—Loco jodido Frankie —dijo Deuce sonriendo—. Tienes una
reputación bastante impresionante para ser un chico tan joven.
Frankie fue apodado «Loco Frankie» algunos años atrás porque...
bueno, estaba loco.
Con las manos apretadas en puños, Frankie le dirigió una mirada
feroz a Deuce.
—Más te vale que retrocedas esa mierda de Eva, Jinete.
Tiré de su chaqueta.
—Tranquilízate. Es amigo de papi.
Frankie volvió su mirada hacia mí.
—No, nena, no lo es. Hace negocios con él. Es jodidamente
diferente. No deberías estar por aquí; es peligroso. Si Predicador
pudiera, lo mandaría directo al infierno.
Miré boquiabierta a Frankie.
Él se encogió de hombros.
—Así son las cosas, nena.
Sin verse afectado por la casual conversación de Frankie sobre su
muerte, Deuce dio una profunda calada a su cigarrillo y lanzó una larga
corriente de humo justo en la cara de Frankie. Él se puso rojo de la ira.
—Mataste a dos de los chicos de Bannon la semana pasada en
Pittsburg, ¿verdad, Frankie? El circuito entero lo sabe. Se dice que va a
causarte problemas. Mantén a Eva esposada a tu lado todo el tiempo.
¿Creo que eso sería algo bastante peligroso para ella?
Página28
Mi boca cayó abierta.
—¿Mataste a alguien? —susurré, abrumada de que Frankie fuera
capaz de matar. Sabía que eso pasaba cuando los negocios de MC iban
mal, pero nadie jamás habló directamente conmigo sobre eso, y
ciertamente, yo no creí que mi hermano de diecinueve años estuviera
haciendo su parte en el negocio.
Las fosas nasales de Frankie estaban ardiendo; sus ojos oscuros
calificando a Deuce.
—Jódete —dijo entre dientes.
Deuce se encogió de hombros.
—Así son las cosas, hermano —dijo él, devolviéndole las mismas
palabras de Frankie.
—Frankie —susurré—, Bannon te va a matar.
Mickey Bannon era un tipo malo. Malo del tipo mafia irlandesa.
Hacía la mayor parte de su negocio fuera de Pittsburg, pero tenía
vínculos en todas partes, incluso en el extranjero. Sabía que mi padre
comenzaba a tener problemas con él por incumplir los acuerdos, pero
no pensé que fueran tan graves como para terminar en un asesinato.
Con los ojos todavía en Deuce, Frankie agarró mi hombro.
—No, nena. Ya me encargué de eso. Yo y Trey. Nadie va a venir,
joder.
Trey era mi primo, el hijo mayor del tío Joe y no era un buen tipo.
Bueno... era bueno conmigo y con su mamá, pero eso era todo. Que
Trey cometiera un asesinato no era una sorpresa.
Deuce resopló.
—Vas a necesitar un nuevo poste para seguir contando tus
marcas4. Estás acumulando cuerpos más rápido que los alemanes con
los judíos.
Por reflejo, me alejé de Frankie.
—¡Qué!
Su cabeza giró en mi dirección.
—Ev...
—¡No! —espeté—. ¡Necesito que te vayas ahora mismo!
—Cabréate todo lo que quieras, Eva. ¡Me importa una mierda!
¡Pero no te dejaré sola con este imbécil!

4Juego de palabras, en inglés original son "notches in a bedpost" (marcas en un poste
de cama) y se refiere a las marcas en el mango de un arma, una para cada persona
que se mata. Se usa la palabra "bedpost" en referencia a ir contando con cuántas
mujeres se duerme.
Página29
—¿Cuánto tiempo has estado siguiéndola, Frankie?
¿Protegiéndola de jodidamente nada?
—Diez años —Gacilité amablemente. Frankie bajó la mirada
furiosa hacia mí.
—¿Vas a seguirla hasta el altar, también? ¿Mudarte con ella y su
hombre? ¿Ser su jodido niñero?
En lugar de mirar a su cara, Deuce estaba mirando las manos de
Frankie, esperando a que hiciera su movimiento para poder derribarlo.
Si él conocía la reputación de Frankie, entonces sabía de su carácter
explosivo, y lo provocaba a propósito.
—Yo. Soy. Su. Hombre —escupió Frankie entre dientes—.
Cualquier puto bebé que vaya a tener lo tendrá conmigo.
Oh, buen Señor.
—Frankie —dije con severidad—. Primero que nada, no eres mi
hombre. No tengo un hombre. Y no planeo tener uno muy pronto,
¡especialmente no uno que se ha follado a mi secundaria entera!
Segundo, no quiero hablar de hipotéticas bodas o bebés. Nunca más.
Tercero, si te metes en otra pelea con uno de los compañeros de
negocios de papi con el que él está bien, te va a matar está vez, no sólo
te dejará en el hospital con una leve inflamación de cerebro. También te
va a mandar al infierno. Así que, hazme un favor, ve a traer una
cerveza, a dar una vuelta, a que te hagan una mamada, lo que sea. Sólo
cálmate, infiernos. Y por último, necesito algo de tiempo para procesar
toda esta nueva información. Así que, por favor, dame algo de espacio.
Frankie me gruñó. Un gruñido honestamente feo.
—Voy a decirle a papi —advertí.
—¿Tienes idea de lo peligroso que es este idiota?
Le eché un vistazo a Deuce. Nuestras miradas se encontraron, y
esos ojos azul hielo me succionaron. Joder, era hermoso.
—Supongo que es igual de peligroso que tú —dije, todavía
observando a Deuce, incapaz de quitar la mirada—. Así que vete —exigí.
—Hablaremos más tarde, Eva —dijo Frankie, echando humo—.
Cuenta con ello.
Se alejó entre la multitud.
—Ese chico está perdidamente enamorado de ti, cariño —dijo
Deuce, tomando asiento a mi lado. Levanté la pierna derecha sobre la
mesa y me giré para enfrentarlo. De repente, todos mis sentidos se
pusieron en alerta. La cercanía de él me permitía oler el alcohol en su
aliento y el sudor equivalente a un día de verano en su piel. No era del
todo un mal olor. Me recordaba a... hombre—. No es que lo culpe. Si
tuviera su edad y tú fueras mía, yo también estaría ladrando y
buscando problemas por ti.
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«Si tuviera su edad y tú fueras mía» Guau. Sólo... guau.
—No soy de nadie —le respondí.
Su ceja se arqueó.
—No estoy seguro de que Frankie esté de acuerdo con eso.
Solté un bufido.
—Frankie es un mujeriego.
—¿Se está follando a tus amigas?
—Sip. A todas, excepto a Kami, mi mejor amiga. Ella jamás lo
tocaría.
Kami y yo somos amigas desde el jardín de infantes. Era hija de
un ex Senador y una heredera. Fue criada por niñeras, pero pasa la
mayor parte de su tiempo conmigo, y se mantiene alejada de Frankie.
No le agrada, y con toda honestidad, creo que él la asusta.
Sonriendo, Deuce negó con la cabeza.
—Está tratando de llamar tu atención. Intenta ponerte celosa.
Cualquier ciego podría ver lo mucho que ese chico quiere bajarte los
pantalones.
Asqueada, arrugué la nariz.
—No va a pasar. Es como mi hermano. Además, no soy de tener
novio. Ni siquiera me gustan los chicos.
Excepto él. Sólo que Deuce no era un chico; era un hombre,
completamente maduro. Era ridículo sentirse así, pero no podía
evitarlo. Cada fibra de mi ser se sentía drogada con su presencia.
Seguía atrapándome, inclinándome a su espacio.
—Cariño, sólo no has conocido al chico indicado —dijo
sonriendo—. Si fueras sólo un poco mayor...
Él dejó de hablar y sacudió la cabeza.
—Si fuera mayor… —insistí, necesitando escuchar lo que había
estado a punto de decir.
Se apoyó de lado e inclinó la cabeza hacia la mía. Sus labios
rozaron mi mejilla.
—Si fueras mayor, cariño, te tomaría en la parte trasera de mi
moto y en mi jodida cama. Y a ti no sólo te gustaría, sino que lo
amarías, rogándome por más.
Mis labios se separaron, y mi pecho se expandió mientras
inhalaba una gran cantidad de aire necesario. Mierda santa. Había
sentido esa declaración hasta las puntas mis pies y de vuelta hacia mi
cabeza. Y quería sentirla otra vez. Sólo que desnuda y envuelta
alrededor del cuerpo de Deuce.
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—Allí está, cariño —dijo suavemente, sus labios curvándose
lentamente en una sexy sonrisa—. No hay nada como ver a una linda
chica encenderse.
Yo. Sólo. Observé.
—La parte trasera de la moto llegará para ti muy pronto, también.
Porque, nena, la manera en que me miras me dice que lo deseas. Y lo
deseas muchísimo.
Saliendo del banquillo, me guiñó el ojo una vez y desapareció
entre la multitud.
Mi corazón latía con fuerza, miré alrededor sintiéndome
avergonzada y sobre expuesta, pero nadie me prestaba atención.
Me volví a poner los auriculares y comencé a cantar otra vez, no
tan fuerte como lo usual ya que mi voz temblaba.
Deuce se quedó en la azotea mucho tiempo después de que todos
se hubieran adentrado en el club para seguir festejando, comenzar a
follar, o desmayarse como el infierno de borrachos.
Tenía una batalla interna y ya había bebido media botella de licor
Jäger y fumado dos paquetes de cigarrillos.
Eva. Esa jodida chica. Debería haberse mantenido torpe y
flacucha —toda huesuda y con piernas demasiado largas para su
cuerpo, con la inseguridad ardiendo en aquellos grandes ojos grises.
Ella era malditamente hermosa ahora. Su rostro se había labrado
agradablemente, las facciones de niña habían desaparecido, la piel de
marfil hasta donde alcanzaba la vista, el cabello oscuro y ondulado
cayendo por su espalda, labios jodidamente llenos, y esos grandes y
malditos ojos hermosos, del color de una nube de lluvia. Maldita sea.
Su horrible canto. Esos horribles zapatos. Esas jodidas tetas —
voluminosas y pesadas, pezones endurecidos, presionando a través de
su raída camiseta de Harley Davidson. Jeans, grandes y anchos, lo
suficientemente bajos como para ver los huesos de sus caderas.
Quería estar dentro de ella. Era enfermizo, y lo sabía. Enfermizo
por lo de su viejo padre. Sin embargo, allí estaba.
Y él no era el único. Frankie estaba perdido y no de una buena
manera. El chico estaba jodido. Tenía los ojos enloquecidos cada vez
que la miraba. Tenía celos. Eva tenía todo el paquete; siendo tan dulce
como era, tan inteligente como era, y sin importarle una mierda los
intentos de él de llamar su atención, eso sólo la hacía más ardiente.
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—Joder —murmuró. Tenía que salir de allí. Subirse a su
motocicleta e irse de Manhattan. Lejos de Eva jodida Fox y sus ojos
chupa-almas.
Llegó hasta las escaleras del cuarto piso cuando escuchó gritos
provenientes de la planta baja. Deteniéndose, se inclinó sobre la
barandilla.
—¿Qué hay de malo en mí? —exigió Frankie.
—Nada —dijo Eva—. No eres sólo tú. No quiero estar involucrada
con nadie... así.
—¡Parecías bastante involucrada en el techo, hablando con ese
puto Jinete! ¡Te vi con ese idiota! ¡Estabas coqueteando con él! ¡Dejaste
que tocara tu jodida cara!
—Sí, Frankie, estaba coqueteando con él, no metiendo mi lengua
en su garganta. Él es ardiente, ¿y qué? ¡No es como si le importara una
chica de dieciséis que apenas conoce!
¿Ella pensaba que él era ardiente? Las mujeres no pensaban que
él fuera ardiente. Pensaban que era terrorífico. Pero, esta chica
hermosa, joven, y dulce como la mierda pensaba que él era ardiente. Su
polla se sacudió.
Joder.
«No vayas allí, idiota. No vayas allí.»
—¡No es el jodido punto, nena! ¿Qué mierda te dije? ¿QUÉ
MIERDA TE DIJE ACERCA DE LOS OTROS JODIDOS TIPOS?
Eva suspiró ruidosamente.
—Dijiste que me lastimarían. Que me usarían y me desecharían.
—Sí, nena. —El tono de Frankie se había vuelto suave y
amenazante—. ¿Qué más te dije?
—Joder, Frankie, ¿qué mierdas te pasa esta noche?
—Qué. Más. Te. Dije.
—Que ellos jamás me amarían. Que sólo tú me amarás.
Hombre, este chico estaba enfermo.
—Te quiero en mi polla, Eva. Estoy harto de esperar.
Los dientes de Deuce se apretaron. Si Frankie no fuera el chico
dorado de Predicador, lo mataría.
—¡Entonces deja de esperar! —contestó ella—. ¡Porque no va a
pasar! ¡Eres como mi hermano, Frankie! ¡Mi hermano!
—Sigues diciendo eso —gruñó él—. Pero dormimos uno al lado del
otro todas las noches, y presionas tus tetas en mi brazo, y tu culo en mi
polla, y estoy tan jodidamente duro que no puedo ver bien. Ya no harás
más eso. Hacerme salir y follarme a otras perras mientras sabes que 
Página33
sólo te deseo a ti. Cuando sabes que no voy a dejar que nadie más se
acerque a ti. Jamás. Jamás de los jamases, Eva. Me tienes a mí, o no
tienes nada. ¿Entendido? Si no estás conmigo, jamás vas a estar con
nadie más.
Im.Bé.Cil.
—Frankie —dijo ella de manera uniforme—. Deja de actuar como
un loco. Yo no presiono nada contra ti. Tú me abrazas como una
maldita manta, y eres tú quien siempre está frotándose contra mí y
teniendo sentimientos. Y si sigues tirándome esa mierda en la cara, voy
a decirle a papi que duermes en mi cama todas las noches. Y le diré que
te masturbaste justo a mi lado.
Él escuchó las botas pesadas de Frankie golpeando el suelo de
madera y luego una puerta cerrarse. Esperó un instante, y luego siguió
bajando las escaleras.
Eva estaba sentada en una esquina del rellano del tercer piso, con
las rodillas pegadas a su pecho, fumando un cigarrillo. Su cabeza se
volvió en su dirección, y sonrió. Él le devolvió la sonrisa.
—Hola —dijo suavemente ella—. Creí que te habías ido.
Había intentado irse. Aún debería estar intentando irse.
—Los escuché —dijo él, bruscamente—. A ti y a ese maldito loco.
Ella presionó los labios y miró hacia otro lado.
—Él sólo es sobreprotector.
—Entonces, ¿tu definición de sobreprotector es asegurarse de que
ningún hombre se acerque a ti, obligándote a estar con él?
Se encogió de hombros.
—Mi papá le cederá su puesto algún día, y Frankie y yo juntos le
daríamos paz a su mente.
Él entendía eso. Predicador cuidaba a su niña pequeña. Tenía
sentido. Pones a tu Vice Presidente y a tu hija juntos y sabes que el
club estará allí para ella cuando tú ya no puedas estarlo. Lo que él no
entendía era cómo Predicador podía, a consciencia buena, entregarle su
hija a un loco como ese.
—A mi no me parece que eso sea lo que quieres.
Él la observó chuparse el labio inferior y rodarlo bajo sus dientes.
Infiernos. Joder. Mierda. Realmente necesitaba controlar su polla.
—No lo quiero —susurró ella, hundiendo su cabeza, mirándolo a
través de sus pestañas.
«Vete» se dijo a sí mismo. «Vete a la mierda de aquí»
Se inclinó delante de ella.
—¿Qué es lo que quieres, nena?
Página34
Ella se apartó de él y se escondió detrás de su cabello, pero no
antes de que él la viera ponerse brillantemente colorada.
Se llenó de satisfacción masculina y primitiva. Ella lo deseaba.
Ella, un jodido ángel en un lío de Demonios, lo deseaba, a uno de los
jodidos demonios más grandes que conocía.
—Dilo —dijo con dureza.
Joder. ¿Qué demonios estaba haciendo?
Ella se volvió a él y se colocó el cabello detrás de su oreja. Dios,
ese rostro. Ese dulce, perfecto rostro.
—¿Eres virgen, Eva? —Ya sabía la respuesta.
—Sí —susurró. Cristo.
Él se inclinó más cerca, lo suficientemente cerca como para sentir
la nicotina y la cerveza en su aliento.
—¿Alguna vez te besaron, nena?
Ella contuvo el aliento fuertemente.
—No —Respiró.
Bueno. Tan jodidamente bueno.
Él giró la cabeza y frotó su mejilla contra la de ella, inhalando su
cabello con aroma a fresa.
—¿Quieres que te besen? —susurró en su oído.
Él lamió la piel justo debajo de su oreja, y ella se estremeció. Él
chupó su piel, mordió ligeramente y la hizo rodar entre sus dientes.
Ella respiraba con dificultad, el pulso en su cuello corriendo
salvajemente y sus piernas cayeron abiertas. Él se aprovechó y se metió
entre ellas.
Extendió besos a través de su cuello y debajo de su barbilla,
hasta su mejilla, besando un camino hasta su boca. Sus labios se
encontraron con los suyos. Ella tembló.
—Una vez más, nena —dijo baja y roncamente—. ¿Quieres que te
besen?
—Sí —gimió ella.
Él inmediatamente estuvo de pie, tirando de ella contra él.
Agarrando su cintura, la levantó y la inmovilizó contra la pared.
—Piernas, nena —dijo con voz áspera.
Ella envolvió sus piernas alrededor de su cintura y metió su
erección entre los muslos de ella y empujó su lengua dentro de su
dispuesta boca.
Había perdido su jodida cabeza. Nada de esto debería estar
pasando.
Página35
Pero allí estaba.
El camino al infierno está empedrado de buenas intensiones, y él
se había comprado un billete de ida.
La mano de Deuce se enredó en mi cabello mientras que la otra
tomaba mi mandíbula y apretaba mis mejillas, haciendo que mi boca se
abriera. Su lengua se hundió en ella, se deslizó a lo largo de la mía, y
comenzó a explorar mi boca. No, explorar no es la palabra correcta. Se
situó en mi boca. Saqueó y saqueó hasta que ya no tuve reservas, u
opciones más que besarlo, así que lo besé con todo el fervor y la pasión
que tiene una chica de dieciséis años que jamás ha sido besada cuando
besa al hombre de sus sueños.
Lo cual era mucha pasión.
No tengo idea de por cuánto nos besamos. Tiendes a perder la
noción del tiempo cuando eres joven y estás cautivada. Pero, como
todas las cosas de naturaleza sexual, pronto el beso ya no era
suficiente.
Intenté desesperadamente acercarme a él. Ardiendo, sintiéndome
lista para explotar, arranqué sus manos de mi cabello y las lleve a mi
pecho, gimiendo con necesidad y dejando salir pequeños sonidos dentro
de su boca. Necesitaba más, mucho más. Quería sus manos en mí,
tocándome. Quería piel contra piel desnuda.
Desplazándome en sus brazos, me levantó más alto y deslizó su
mano por la parte trasera de mis pantalones. Una mano apretaba mi
trasero mientras que la otra se deslizaba debajo de mi camiseta y hacía
lo mismo con mi pecho. Estaba jadeando, y él maldijo. Era la cosa más
maravillosa que jamás me había pasado. Si me lo hubiera preguntado,
habría saltado a la parte trasera de su motocicleta y habría montado
hasta los confines de la tierra con él.
—Deuce —exclamé en voz baja—. Oh Dios mío, Deuce.
Sus caderas estaban entre mis muslos, y él frotaba su cuerpo
contra el mío. La fricción de nuestros jeans, el tacto de sus manos en
mí, y su lengua en mi boca… algo estaba pasando, algo que se sentía
bien y mal y también demasiado y no suficiente. Algo que quería más
que a mi próximo aliento.
Él me volvió a mover y metió su mano en la parte delantera de
mis vaqueros.
—Shhh —gruñó en mi boca—. Te tengo. Te tengo, joder. Sólo
déjalo ir, nena, sólo déjate ir, joder.
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Sus dedos se deslizaron dentro de mí, y mi cuerpo lo atrapó
firmemente. Mi sexo se contrajo y explotó, pulsando a través de las
maravillosas sensaciones.
Inclinó la cabeza, presionando su frente contra la mía.
—Desearía poder sentir eso en mi polla.
Oh. Dios.
Sacó sus manos de mis pantalones sólo para deslizarlas de vuelta
a mi camiseta y volver a jugar con mis pechos. Su mano se movió de
uno a otro, y sus dedos se engancharon en mi collar. Tomando el
medallón en sus manos, levantó la mirada.
—Nena —respiró—. Qué demonios.
—Tú me lo diste —dije sin convicción. Dejé afuera la parte en que
decía que lo amaba, que jamás me lo quitaba, y que a veces lo sostenía
en mi mano y lo observaba por horas.
—Sí —susurró él. Comenzó a acariciar mi pezón con el pulgar,
pellizcando y amasando la carne a su alrededor. Su ingle presionó más
fuerte entre la mía. Comenzó a respirar más rápido. Yo comencé a
respirar más rápido.
—Bésame —dije sin alieno, necesitando su boca—. Por favor...
Gentilmente, él chupó mi labio inferior dentro de su boca, tirando
y lamiendo ligeramente, y mi cabeza cayó hacia atrás contra la pared.
Su boca otra vez encontró mi cuello, y mi cuerpo se encendió como un
petardo. Busqué entre nosotros, buscándolo a él, agarrándolo.
Gimiendo, él se empujó en mi mano. El mundo dejó de existir. Sólo
éramos Deuce y yo y este hermoso y perfecto momento.
Terminó abruptamente.
—Joder —murmuró, pasándose las manos por el cabello,
alejándose de mí—. Joder, la jodí.
Di un paso hacia él, extendiendo la mano, queriendo que
volviera, pero él se tambaleó hacia atrás, poniendo más distancia entre
nosotros. Dejé caer mi mano.
—Lo siento —susurré, sin lamentarlo en absoluto.
Él sacudió su cabeza.
—No, cariño, no hiciste nada malo. Todo es mi culpa, porque yo lo
sabía, y lo hice de todas formas.
Nos miramos el uno al otro. Él todavía me deseaba. Podía darme
cuenta por sus ojos. Frankie me miraba así, como si quisiera comerme
viva.
—Estoy casado —dijo en voz baja.
Sabía eso. Mi padre tenía fichas de todos aquellos a los que
consideraba una leve amenaza para él, y las de la gente a que 
Página37
consideraba una gran amenaza —personas como Deuce— tenía mucha
información.
—Lo sé —dije igual de bajo.
—Y tú tienes dieciséis... y yo treinta y cuatro.
Sabía eso, también.
—Joder —murmuró, pasando sus manos por su cabello—. ¡Joder!
Se me quedó mirando un instante más; su indecisión llana como
el día.
Lo siguiente que supe fue que la puerta de la escalera estaba
cerrándose detrás de él, y yo me encontraba sola. Me senté de vuelta y
encendí otro cigarrillo. Y sonreí.
Deuce se alejó de Eva tan rápido como pudo, tomó las escaleras
saltando de dos escalones a la vez, salió a la acera, y se desplomó
contra la sede del club, respirando fuertemente. La había jodido. La
había jodido a lo grande. Estaba mucho más que disgustado consigo
mismo, pero su polla estaba dura como una roca, doliendo por un coño
de dieciséis años. Cristo. Sí. Era igual como su viejo. La mierda más
baja.
Ni siquiera podía culpar a su jodido matrimonio, ya que había
estado resolviendo ese problema con putas del club. Esto era diferente,
tan jodidamente diferente y tan jodidamente confuso. No había deseado
a una chica de dieciséis años desde que tenía dieciséis, tal vez
dieciocho. Pero, deseaba a Eva, y ahora que había tenido una probadita
de ella, la deseaba con algo feroz.
La chica estuvo a punto de abandonarse a él, también. Y no
porque la estuviera obligando a hacerlo, sino porque ella puramente lo
deseaba. No tenía el menor indicio de cómo besar, pero en lugar de ser
tímida, como las adolescentes que él recordaba de cuando era joven,
ella puso toda su emoción en el beso. Y cuando se corrió en su mano —
joder— eso fue hermoso.
¡Maldita sea! ¡Qué demonios! ¿Cómo pudo perder el control tan
completamente? Él siempre tenía el control. ¿Cómo podía una chica de
dieciséis años haberlo jodido tanto?
—Santa mierda —murmuró, frotando sus palmas sobre sus
ojos—. Santa mierda jodida, la jodí.
—Sí, lo hiciste.
Sus manos cayeron a sus lados. Predicador estaba de pie a unos
metros de distancia. Solo.
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No era bueno. No había testigos para delatar a Predicador si su
cuerpo alguna vez era encontrado.
—Tengo cámaras en todo el club —le informó—. Incluso en las
escaleras.
Asintió. Si hubiera estado pensando claramente, habría sabido
eso y se habría ido a la mierda. Él también tenía cámaras por todo su
club. La seguridad en este negocio era jodidamente necesaria.
—¿Estás listo? —preguntó Predicador, sacando su pistola. Lo
observó activar el silenciador.
¿Estaba listo para morir? No.
¿Merecía morir? SÍ. Desde hacía tiempo.
¿Iba a simplemente darse la vuelta y dejar que Predicador lo
matara? Joder, no.
—Callejón, Deuce. Ahora. —Predicador apuntó con su arma.
Fingió darse la vuelta y agarró su propia arma. No fue lo
suficientemente rápido, y la primera bala de Predicador dio en su pierna
derecha. Se tambaleó hacia atrás y cayó de lado en una pila de basura.
Las botas de Predicador golpearon el hormigón, y Deuce se
preparó para el golpe mortal. Qué jodidamente apropiado era que fuera
a morir en una pila de basura. Su viejo siempre había dicho que era
basura. Se sentía una basura.
Su cuerpo se sacudió cuando el dolor explotó en su hombro.
—Joder —gimió. Odiaba ser disparado. Esa mierda dolía, joder.
—Llamaré a tus chicos para que vengan a recogerte —dijo
Predicador, sorprendiéndolo—. Desafortunadamente, te necesito vivo.
Nuestros chicos están muy relacionados; tengo demasiado en juego con
la mierda en la que tienes tus manos. Dicho esto, si te acercas a mi hija
una vez más, la primera bala irá a esa enfermiza polla tuya, la segunda
a tu cerebro. Además, si se te ocurre vengarte, destriparé hasta el
último chico en tu sección de Queens.
—Entendido —dijo Deuce con voz ronca. Debido a que le
gustaban justo como estaban tanto su polla como su cerebro, y porque
ninguno de sus chicos merecía ir al infierno por sus jodidos pecados,
jamás se iba a acercar a Eva Fox otra vez.
Pero el destino era una perra malvada.
Y dos años después, le daría una bofetada en la cara.


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Vie 16 Jun - 12:09

@AMPARO escribió:llegue corriendo nenas, mmm moteros me encantan
bienvenida corazón!


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Maria-D el Vie 16 Jun - 16:46

    Gracias por los capítulos. 



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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Vie 16 Jun - 18:30

Hola hermosas !!
Espero estén teniendo un excelente martes, así vamos con la lectura...



15-Junio --> Sinópsis y capítulo 1
16-Junio -->Capítulo 2 y 3
17-Junio --> Capítulo 4 y 5
18-Junio --> Capítulo 6
19-Junio --> Capítulo 7 y 8
20-Junio --> Capítulo 9
21-Junio --> Capítulo 10 y 11
22-Junio --> Capítulo 12
23-Junio --> Capítulo 13 y 14
24-Junio --> Capítulo 15
25-Junio --> Capítulo 16
26-Junio --> Capítulo 17
27-Junio -->Capítulo 18 y 19
28-Junio --> Capítulo 20
29-Junio --> Capítulo 21
30-Junio --> Capítulo 22 y Escenas Extras


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por wordsofthisgirl el Vie 16 Jun - 19:53

Eva Fox, pensando en un Sugar Daddy desde los 5 años!

Bueno, Deuce me cae mal, con todo el hecho de que el es mayor que ella por 18 años y que este casado, bien merecido tenia lo que le hizo Predicador.
Y Bueno, Frankie, ese chico malo, robo mai hart 


   
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Re: Lectura #2 Junio 2017

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