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Lectura #2 Junio 2017

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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Tatine el Sáb 17 Jun - 1:21

Gracias. Me esta gustando
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Sáb 17 Jun - 13:11

@wordsofthisgirl escribió:Eva Fox, pensando en un Sugar Daddy desde los 5 años!

Bueno, Deuce me cae mal, con todo el hecho de que el es mayor que ella por 18 años y que este casado, bien merecido tenia lo que le hizo Predicador.
Y Bueno, Frankie, ese chico malo, robo mai hart 

Rayos !!! Adoré tu comentario del Sugar Daddy !!!
Y si, merecido se lo tenía, pero pienso que Deuce si se está enamorando, a pesar de que es tantos años mayor, solo necesita esperar un poco más y jodidamente poner fin a su matrimonio.
Y Frankie, no lo sé, a mi no me da confianza... se lee un poco loco 


'Sra. Maddox!

  
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Sáb 17 Jun - 13:17

@Tatine escribió:Gracias. Me esta gustando
Nada que agradecer !!
Y que bueno que te esté gustando, lo hacemos con mucho gusto.
Very Happy Very Happy Very Happy


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Sáb 17 Jun - 17:46

Hermosas !!
Perdón por la tardanza pero estoy muy ocupada hoy, enseguida dejo los capis del día...


Por cierto! Soy la única a la que Frankie no le da buena espina?! No lo sé, es bastante loco.
Pero cuentenme, les está gustando el libro?! Que creen que sucederá con esta disfuncional pareja?


'Sra. Maddox!

  
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Sáb 17 Jun - 17:52

4

Adoraba bailar. Adoraba el Club Red. Y adoraba a mi mejor amiga Kami. Ella estaba ebria. Yo estaba ebria. Ella era mimada. Yo era mimada. Ella estaba fuera de control, se sentía asfixiada hasta la muerte. Dado a que éramos chicas mimadas y nos aburríamos mucho, nos sentíamos sofocadas. Con la ayuda de otro chico rico, mimado y aburrido, conseguimos identificaciones falsas y fuimos capaces de escapar a nuestro lugar feliz cada sábado por la noche. El Club Rojo.
La mejor parte: Frankie no tenía idea de donde estaba yo.
Fuimos capaces de lograrlo con la ayuda del chofer de Kami, con quien ella había estado acostándose desde que tenía trece y Jacob dieciocho. Estoy casi segura de que Jacob estaba perdidamente enamorado de ella, pero dejó de intentar algo más que sexo años atrás.
Kami, tan hambrienta de atención como lo estaba, se convenció a si misma que dormir con muchos hombres era una buena forma de conseguir lo que le faltaba en casa. Nunca funcionó, pero nunca dejó de intentarlo.
De todos modos, así era como pasaba mis sábados. Frankie me dejaba en el penthouse de Kami, si los padres de Kami estaban en casa, nos íbamos a embellecer, esperábamos hasta que se fueran a la cama, y luego salíamos a escondidas por las escaleras de servicio. Jacob se reuniría con nosotras en el aparcamiento subterráneo de Kami, nos conducía hacia la salida que era utilizada solamente por los trabajadores del penthause —sin que Frankie pudiera detenernos— y nos íbamos.
Libertad.

Deuce odiaba ferozmente Nueva York. Siempre lo hizo y siempre lo haría. Incluso más que eso, odiaba a los neoyorquinos que residían en la ciudad. Incluso más que eso, odiaba a los neoyorquinos que iban los clubs nocturnos de Nueva York.
Dos de sus chicos venían con él por negocios. Ellos querían salir de fiesta y encontrar algunas chicas, y de alguna manera, él quería conseguir una chica para sí mismo, así que los acompaño.
Deseó no haberlo hecho.
Estaba de pie contra una pared en un club nocturno repleto de satén rojo colgando por todo el lugar y con bolas rojas de disco girando en el techo de pared a pared, idiotas borrachos frotándose unos contra otros al ritmo con lo que él suponía era música, pero se parecía mucho más a la estática de la televisión.
Él era un hombre sencillo. Le gustaban los barriles de cerveza, la música country, y follar a su chica en casa. No veía la necesidad de buscar esté ambiente para emborracharse y relajarse. Todo era lo mismo al final. Besos descuidados, sexo rudo y una resaca repugnante. ¿Por qué mierda poner un ambiente decorativo a la realidad?
Sus chicos lo abandonaron hacía aproximadamente una hora para encontrar algunas zorras del club. Vio desaparecer a Cox con dos latinas con ropa diminuta, y Mick se fue a bailar con una mujer de la que él estaba bastante seguro que escondía un pene debajo de su minifalda. Se sentía tan aburrido que momentáneamente considero tomarles fotos con sus putas y enviárselas a sus esposas como venganza por hacerle aguantar esta mierda.
—Hooolaaaa —Una voz femenina arrastró la palabra. Giró la cabeza a la izquierda. Cristo. Había perras flacas en todas partes de esta cuidad. Sin tetas. Sin culo. Todas con ropa ajustada que resaltaban el hecho de que no tenían tetas y culo. Está perra rubia en especial —alta y pálida— era tan jodidamente flaca que su esternón se exhibía a través de su piel. La tela que suplía como un vestido era prácticamente transparente, y pudo ver que no llevaba nada de ropa interior.
—Vete al diablo —dijo.
Sus ojos se abrieron de par en par. —¿Qué?
—¿Eres sorda? —dijo—. Te dije: «vete al diablo».
Su boca se abrió. —¿Qué? —susurró.
Cristo.
—Perra, no quiero follarte. Así que no voy a comprarte bebidas y decirte cuan jodidamente caliente te verás montándome para que me abras esas huesudas piernas. Porque uno: No eres caliente. Es posible que lo seas algún día si comienzas a comer, pero a como estás en este momento, no lo eres. Y dos: No quiero follarte, así que te lo estoy diciendo directamente. Vete al diablo.
Ella parpadeó. Luego se inclinó hacia el frente y colocó una mano sobre su huesudo pecho. Y sonrió. Él bajó la mirada hacia su mano, debatiendo sobre si debía o no romper sus dedos.
—Donde quiera que lo quieras, donde quiera que lo desees —Respiró—. Aquí mismo, en el baño, detrás del club. Donde. Tú. Lo. Quieras.
Sus cejas se alzaron. Tenía serios problemas de autoestima, problemas con sus padres, o simplemente estaba jodidamente loca.
—¡Kami! —gritó una voz femenina—. ¡Kami!
La perra junto a él se enderezó y miró alrededor. —¿Evie? —gritó.
Una masa de cabello oscuro se abrió paso entre la multitud y caminó directamente hacia la rubia. Las dos estaban ebrias. En lugar de abrasarse, sólo se balancearon de un lado a otro, y casi caen sobre él. Irritado, las empujó hacia atrás, y la bebida de la rubia salió volando. La gente se dispersó cuando el cristal se rompió en pedazos.
Riendo histéricamente y abrazándose, ambas se enderezaron. Observó congelado como un medallón de Jinete se deslizó fuera de la blusa de la morena. Su casi intento de blusa.
En ese momento, ella se apartó el cabello de la cara, y su sangre se heló. Luego, hirvió. Real y jodidamente caliente.
La última vez que vio a Eva Fox estuvo a dos segundos de hundir sus pelotas profundamente en toda esa dulzura, y recibió dos balas por ello.
—¡Kami! —gritó ajena de su presencia—. ¿Dónde has estado? ¿Te he buscado por todos lados?
Ajena era la ultima cosa que ella era. La perra vestía un tipo de blusa que en realidad no era una blusa, sino un triangulo de lentejuelas que parecían pegarse en ella sólo por una serie de complicadas cadenas. Esa cosa apenas cubría sus tetas. Sus grandes, pesadas, perfectas tetas. Su espalda entera y vientre estaban expuestos, su ombligo perforado por alguna cosa brillante, y el resto de ella estaba metida en unos ajustados pantalones de cuero negro.
Tan apretada en ellos que se sintió tan jodidamente posesivo que quería lubricar sus piernas y su jugoso trasero para que todos supieran que tenía dueño.
En sus pies, unos Chucks negros.
Su pecho se contrajo.
Ya equilibrada, metió el medallón de su Viejo de nuevo en su casi-blusa e hizo un pequeño movimiento para enderezar el escote, haciendo que sus tetas rebotaran. Se puso duro. Sólo así. Como si fuera un adolecente de diecisiete años.
Todavía riéndose, mientras miraba a su alrededor, finalmente posó sus ojos en él. Sus labios hechos para chupar su polla se separaron, sus tormentosos ojos se agrandaron y se tambaleó un poco a la derecha.
—Deuce —susurró.
No sabia que mierda decirle, así que dijo lo primero que le vino a la cabeza.
—Nena.
Kami miró entre ellos. —¿Lo conoces?
—Sí —dijo con lo ojos fijos en él. Jesucristo, esos ojos. Era malditamente hermosa.
—¡Preséntanos!
—Deuce, esta es mi amiga Kami. Kami, este es mi... amigo Deuce. Pero... —Se volvió hacia su amiga—, está casado. Tiene hijos, también. Así que mantén tus manos lejos.
Él la miró fijamente, confundido. ¿Estaba casado? ¿Tenía hijos? Oh, cierto. Estaba casado, por así decirlo. Y sí, tenía hijos. Amaba a sus hijos. A su madre... no tanto.
—Es una pena —ronroneó Kami—. Toda esa actitud aterradora y la motocicleta de chico malo realmente te pegan.
Sus labios se curvaron con disgusto. Acababa de decirle a esta perra que la encontraba poco atractiva, que sin lugar a dudas no quería nada que ver con ella, y sin embargo, seguía coqueteándole. Jodida loca. Zorra-loca-de-la-cabeza.
—Él no es aterrador —Regaño Eva—. Él es hermoso.
Maldición.
Nadie lo había llamado alguna vez hermoso, y estaba bastante seguro que no quería ser llamado hermoso... Hasta que Eva Fox lo llamó hermoso y ahora quería que lo repitiera. Pero ahora, quería sus pelotas dentro de ella mientras se lo decía.
—¿Quieres bailar? —preguntó Eva.
Sus ojos se renfocaron. —¿Qué?
—Bailar, ¿quieres?
—No.
—¿No?
—Esta no es música y no puedo bailar.
Ella se mordió su labio y sabía que trataba de no reírse de él. Por lo general, cuando alguien se reía de él, o trataba de no reírse de él —lo cual no era muy a menudo por ya que no era un tipo gracioso— les daba un puñetazo en la jodida cara. Que Eva se riera de él hizo que su polla se sacudiera. Esas sensaciones eran extrañas para él. Su cerebro no funcionaba a su alrededor, y sus jodidas bolas se contrajeron, listas para repoblar al mundo siempre y cuando lo hiciera dentro de su coño.
—Todo el mundo puede bailar. —Se rió.
Negó con la cabeza. —No puedo. Tengo dos pies izquierdos. Mi esposa lo dice siempre.
Arrugó su nariz. —Tu esposa me vale mierda.
Él se ahogó. Tosió. Golpeó su pecho. Tomó un trago de su cerveza. Aclaró su garganta.
—Cariño, no tienes ni idea.
Sonriendo, se deslizó a su lado y apoyó su espalda contra la pared, por lo que la parte delantera de su cuerpo quedó frente a él y bebió un sorbo de su bebida, una bebida de color rosa brillante con una sombrilla rosa y un montón de cerezas flotantes que olía a tequila.
Entrecerró sus ojos. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la vio, desde que recibió dos balas porque fue un jodido idiota? No habían pasado cinco años, así que sabía que no tenía veintiún años.
—¿Cuántos años tienes, cariño?
Sus labios se curvaron. —Mi identificación dice que tengo veinticuatro.
Él arqueó una ceja y sonrió. —¿Y qué dice tu certificado de nacimiento?
Lo miró fulminándolo, y él se inclinó hacia ella.
—Tengo dieciocho —dijo en voz baja, y sus ojos se suavizaron. Conocía esa mirada. Había follado a muchas mujeres en su vida, conocía los signos y los conocía bien. Eva Fox, con dieciocho años, le entregaba su coño en bandeja de plata.
Y él se moría de hambre.
Carajo.
—¿Deuce? —Se inclinó hacia él, apretando sus gordas tetas contra su brazo.
Él la miró fijamente. —¿Sí?
Manteniendo los ojos centrados en los suyos, ella envolvió los dedos tanto como pudo alrededor de su bíceps, y comenzó a deslizar la mano lentamente por la parte interna de su brazo. Cuando llegó a su mano, sus dedos se extendieron y resbalaron entre los suyos. Su mano se cerró y él hizo lo mismo sobre la de ella.
—Vamos a bailar —susurró.
—De acuerdo —le susurró de vuelta, porque, joder, no sabía lo que estaba haciendo.
Esos insondables labios regordetes se curvaron en una sonrisa, y su polla vibró. Si no lo hubiera invitado a bailar, la habría arrojado contra la pared y hubiera huido como cobarde de vuelta a casa.
Lo llevó al centro de la pista de baile. Estaba lleno de cadáveres. Cuerpos sudorosos retorciéndose. Se sentía completamente fuera de lugar. Entonces, Eva comenzó a moverse, y se olvidó del lugar, las perras flacas, y las estúpidas bolas de discoteca de color rojo. Todo lo que podía ver era Eva. Nada más existía, sólo Eva y lo que le hacía sentir.
De espaldas a su torso, levantó los brazos sobre su cabeza y enganchó sus manos alrededor de su cuello. Él la agarró, más duro de lo que pensaba, y hundió sus dedos profundamente en los huesos de su cadera. A medida que aquel jugoso culo se frotaba contra su polla, gimió.
—¡Todo lo que tienes que hacer es moverte conmigo! —gritó sobre la música.
No lo hizo. No pudo. Estaba demasiado ocupado tratando de convencerse a sí mismo de que sería una mala idea tomarla justo allí, en la pista de baile.
Su culo se frotaba contra su endurecida polla; su cabeza cayó sobre su pecho y sus manos...
Ella tomó sus manos, sus dedos entrelazados, y lo hizo acariciar su vientre desnudo, las caderas, la uve entre sus piernas, y, joder, sus tetas. Al ver que no podía aguantar mucho más, deslizó su mano por sus pantalones y le dio lo que ella pedía en silencio.
Con la cabeza sobre su pecho, lo miró. Sus ojos grises desenfocados, sus fosas nasales abriéndose con respiraciones pesadas, sus labios húmedos entreabiertos.
Consiguió dos balazos por culpa de está chica. Si aquella noche terminaba de la manera en que él quería, Predicador lo enterraría. Debía preocuparle eso. Sus hijos necesitaban a su padre, y su club un Presidente. Tenía asuntos que necesitaba resolver, y aún no estaba listo para ser asesinado todavía.
Debía preocuparse por todo eso. Sin embargo, no le importó. Y no le importó porque la deseaba tanto que podía saborear la necesidad, podía sentirla en sus entrañas como lava hirviendo. Llevó su boca a la de ella y la besó con fuerza y rápido, todavía empujando sus dedos dentro y fuera, tragándose sus gritos mientras sus cuerpos se apretaban, empujándose de un lado a otro al ritmo de la música vibrando en sus oídos.
Llovía, estábamos empapados, y el callejón olía a basura podrida de hacía más de un mes. Deuce hurgaba en sus vaqueros, y yo había perdido por completo mi mente. Estaba frenética, trepando como un mono araña hambriento de sexo por su cuerpo grande, duro y caliente. Lo besé, tratando de hacerlo sentir como él me hacía sentir. Cada beso estaba lleno de lluvia y húmeda lengua, a veces dominándolo, a veces dejándolo tomar el control. Los dientes chasqueaban juntos, los labios eran mordidos, y las narices estaban chocando. Lo besaba sin importarme donde su boca o la mía aterrizaban, o qué parte de su rostro estaba besando, lamiendo, o mordiendo. Sus mejillas, la frente, la barbilla, el cuello, besé todo lo que podía. Sus manos ahuecaban mi trasero, mis manos enredadas en su cabello, y nuestras bocas estaban llenas una de la otra. No tenía ni idea de a dónde había ido a parar mi ropa. Y no me importaba.
Quería a ese hombre dentro de mí, profundamente dentro de mí, tan adentro que él nunca sería capaz de salir.
—Dame lo que necesito, nena. Dame ese dulce coño con el que he estado soñando.
Oh Dios.
No creía que fuera posible desearlo más de lo que ya lo hacía. Pero él demostró que me equivocaba.
—Por favor, por favor, sólo tómalo de una vez —murmuré, desesperada por más de él.
Mirando fijamente en los ojos del otro, respirando con dificultad, mientras que la lluvia caía entre nosotros, sobre nosotros, en todas partes, él comenzó a empujar dentro de mí.
—Oh, joder, sí —suspiró—. Estás tan mojada. Joder, ansiabas mucho esto, ¿cierto?
—Sí —lloriqueé.
—Sí, lo ansías —gruñó y empujó con más fuerza—. Jodidamente estrecha, nena, eres tan estrecha.
Había una razón para ello. Una razón que él descubriría en dos o cinco segundos.
—Déjalo ir, Eva, carajo, ábrete para mí.
Cada vez más impaciente, agarró mi trasero y tiró de mí hacia abajo, hasta que se estrelló contra mí. Grité, y él quedó paralizado. Se convirtió en una estatua.
—¡Maldita sea! —gritó—. ¡Maldita sea, Eva! ¡Madre de Dios!
Oh mi Dios, se retiraba.
—¡No! ¡Por favor! ¡Quiero esto! —Clavé las uñas en su espalda y apreté mis piernas alrededor de su cintura—. ¡Quería que fueras tú! ¡He estado soñando con esto! ¡Sobre nosotros! ¡Desde que me besaste! ¡Incluso antes de eso!
Se apoyó en mí. —Joder —susurró.
Todavía estaba dentro de mí, y yo me sentía tan llena de él. Se sentía tan bien, y cuando traté de moverme, porque tenía, quería, necesitaba moverme, él se quejó. Me gustaba oírlo gemir, casi tanto como me gustaba la sensación de tenerlo dentro de mí, y quería más, quería que se moviera. Por eso se lo dije, le dije todo lo que sentía y todo que quería sentir. Simplemente seguían saliendo de mi boca, sentimientos y necesidades, porque necesitaba que supiera lo mucho que aquello significaba para mí, que quería que fuera él quien tomara esto de mí, que quería dárselo. Que era el único a quien siempre había querido en mi interior, y sólo a él quería volver a sentir dentro de mí.
Sus ojos se encontraron con los míos, azul gélido y hermoso.
—Por favor —supliqué—. Deuce, por favor.
—Estoy jodidamente casado, Eva. Tengo dos hijos. Esto es una mierda. No debería haber sido yo.
¿Qué? Aquí estaba él, dentro de mí, porque lo quería dentro de mí, porque era el único hombre que he necesitado dentro de mí, y tenía el descaro de decirme que no debería haber sido él. ¿Después de hacerme rogar?
—¡Vete a la mierda! —solté—. ¡No me importa una mierda tu esposa y a ti tampoco, o no habrías metido tu dedo en mí coño en el club! ¡Y definitivamente no me hubieras traído aquí con toda la intención de follar conmigo! ¡No puedes decirme que no deberías haber sido tú! ¡No puedes tomar esa decisión! ¡Yo lo elegí! ¡Y lo hice, y está hecho! ¡No voy a echarme atrás!
Sus ojos brillaban de furia. —¡No te puedo ofrecer nada! —siseó—. ¡Todo lo que tengo para darte es mi jodida polla, y eso no es lo suficientemente bueno! ¡No para ti! ¡Ni putamente cerca! ¡Te mereces algo mejor que esto! ¡Mejor que un callejón lleno de basura y definitivamente mejor que yo!
Allí estaba. El dolor que vislumbraba cada vez que nos cruzábamos. La tristeza que nunca parecía abandonarlo.
—Eres mejor de lo que crees —susurré—. No lo noté cuando era pequeña, no comprendía esa mirada en tus ojos, por la que siempre te ves tan triste, pero ahora lo entiendo. Alguien se metió dentro de ti y te jodió, arriba, abajo y a ambos lados, por lo que ahora crees que eres una mierda cuando no estás ni siquiera cerca de eso. Así que necesitas escucharme cuando te digo que eres mejor de lo que piensas. Eres mejor que eso. Para mí, tú eres el mejor.
Sus fosas nasales se dilataron. —Eva —se quejó.
—¿Qué?
—Cállate. —Su boca se encontró con la mía y nos besamos lentamente, profundamente, y deliciosamente de forma perezosa—. Te voy a joder ahora, nena —murmuró en mi boca.
Oh. Bueno. Tan bueno.
—Está bien —suspiré.
Y lo hizo. Contra una pared de ladrillos sucia, en un callejón lleno de basura, hogar de ratas y gatos callejeros, con pasión, la lluvia de verano cayendo sobre nosotros. Y fue perfecto. Mejor de lo que había imaginado. Mejor que nada. El mejor.
Pasé los próximos cuatro años en la universidad, pasé mis días estudiando, yendo de compras con Kami, tratando de deshacerme de Frankie, y disfrutando de mi vida. Y me pasé las noches reviviendo mis momentos con Deuce. Los cuatro de ellos.
El día después de mi graduación empaqué una mochila, a Kami, le escribí una nota a mi padre, y me subí a un avión rumbo a Miles, Montana.
Rumbo a Deuce.


'Sra. Maddox!

  
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Sáb 17 Jun - 18:01

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Si necesitaba más pruebas de que los Jinetes del Infierno estaban metidos en alguna mierda ilegal, otra más que su alianza con mi padre, todo lo que tenía que hacer era echar un vistazo a su casa club.
Justo en el medio de las colinas de Montana, por un camino de tierra apenas visible, cerrado con una cerca eléctrica con alambre de púas, estaba su almacén blanqueado, enorme, con alrededor de tres mil metros cuadrados, con su insignia pintada en grande en la parte delantera del edificio. Una línea de Harleys estacionadas afuera, junto con algunas camionetas y un brillante auto deportivo rojo.
Estacioné nuestro auto rentado en la entrada y me asomé a la cámara. El intercomunicador interno sonó.
—¿Puedo ayudarte con algo, cariño?
Aclaré mi garganta. Estaba muy nerviosa.
—Yo… um… quería… um…
—Fluido, Evie —susurró Kami—. Realmente fluido.
La fulminé con la mirada.
—¿Están aquí para la fiesta? —Sonó el intercomunicador.
—Uh —dije y miré a Kami. Ella me dio una mirada molesta—. ¡Di que sí, idiota!
—Uh, sí.
La puerta hizo clic y lentamente se abrió, y Kami comenzó a brincar entusiasmada.
Estaba estacionándome cuando dos chicos vinieron corriendo. Kami sonrió.
—S-E-X-Y —deletreó—. Quiero lamerte.
Di una risa temblorosa. Tenía nudos en el estómago. No he visto a Deuce en cuatro años. Desde la noche en la que le di mi virginidad. No estaba segura sobre cómo iba a reaccionar ante mí, apareciendo de la nada.
Un chico latino, fornido, muy guapo con la cabeza afeitada, muchas perforaciones, y tatuajes hasta donde alcanzaba la vista nos sonrió.
—Mi nombre es Cox —dijo, mirándome de arriba abajo—. Este es Destripador —Señaló con el pulgar al hombre junto a él. Un hombre tan hermoso como para caer muerta. Tenía el aspecto de un surfista salido directo desde Cali. Cabello rubio, largo, ondulado y ojos azules oscuros. Habían hombres deliciosos de donde escoger.
—Hola —Saludó Destripador, sus ojos en Kami—. ¿Han estado aquí antes?
Negué con la cabeza. —Estoy buscando a Deuce.
—Yo no —dijo Kami—. Te estoy buscando a ti.
Cubrí mi boca, ahogando la risa.
—O a ti —le dijo a Cox, encogiéndose de hombros—. No importa.
Cox y Destripador se miraron el uno al otro.
—No quiero pelear contigo, hermano —dijo Destripador—. Pero, lo haré, maldita sea.
—Vas a perder —gruñó Cox.
—¿Chicos? —Kami tomó su largo cabello rubio y lo colocó sobre sus hombros y ladeó su cadera—. Este es mi último verano de libertad. Mi papá es un idiota rico que va a hacer que me case con otro idiota rico. Tengo tres meses antes de volverme propiedad del pequeño Jackie O y tener que empezar a follarme a mi personal para poder tener un orgasmo. Habiendo dicho eso, si no les molesta compartir chicos, tengo mucho que dar.
—A mí no —dijo rápidamente Cox.
—Nop, a mí tampoco —dijo Destripador.
—Genial, ahora ¿tienen algo de licor en este enorme y temible edificio suyo?
Destripador la tomó por el codo, Cox colgó su brazo sobre su hombro, y la condujeron hacia la casa club.
Joder. Era como si fuera invisible.
Rodando mis ojos, los seguí hacia adentro.
Todo a mí alrededor eran motociclistas que iban desde dieciocho a ochenta años y prostitutas que los seguían. Noté que los Jinetes del Infierno tenían lo que mis chicos en Nueva York llamaban “fiesta de coños,” lo que era sin duda la única razón por la que nos permitieron entrar a Kami y a mí. Recorrí la habitación buscando a Deuce.
El interior del almacén no se veía como el exterior. El lugar completo había sido destrozado, renovado, y remodelado. Recorriendo la longitud del almacén frontal, había una cueva como para un hombre gigante con unos techos de cuatro metros y medio, y paneles solares modernos que le daban el aspecto de una catedral.
Un bar muy surtido formaba una línea entera al lado derecho del salón rodeado de varias mesas de bar y taburetes, y más allá, cinco mesas grandes de billar ocupaban una gran parte del salón. El lado opuesto daba la impresión de un club para hombres de clase alta, completo con muebles de cuero negro, por lo que se podía ver, televisores de pantalla plana, y un sistema de estéreo que estaba cerca de ser obsoleto. Habían dos entradas a pasillos en cada lado de la pared de atrás y, justo en el centro había una serie de puertas rodeadas por fotografías de los miembros. Por encima de las puertas había una tabla de madera clavada en la pared que decía “Oficina del Pres.” mi corazón comenzó a latir fuerte, y mis manos se humedecieron.
Obligué a mis pies a moverse y me dirigí hacia su oficina. Tomando una respiración profunda, curvé mi mano en un puño y golpeé la puerta.
—¿QUÉ?
Oh Dios, esa voz. Esa fuerte, ronca y hermosa voz.
Tragué saliva y le di vuelta a la perilla.
Vi a una mujer primero. Alta, rubia, muy bronceada, y demasiado curvilínea como el infierno. Hermosa. Estaba usando una falda de mezclilla apretada, deshilachada en la parte interior y una blusa rosada que mostraba su amplio escote. Yo tenía pechos grandes, pero casi nunca los mostraba a menos de que fuera a salir. Simplemente no le veía el punto.
Miré a mi camiseta recortada de Led Zeppelin, pantalones demasiado holgados que colgaban bajo, y mis Chucks. La camiseta que había pertenecido alguna vez a mi madre, y que la alteré para hacerla más a mi estilo para mostrar el arete en mi vientre y el círculo de estrellas negras y rosadas que tenía tatuado alrededor de mi ombligo. Los vaqueros que he tenido siempre; ni siquiera estaba segura de dónde los había conseguido. ¿Frankie, tal vez? Ese fue un tema recurrente durante mis años de adolescencia, robar su ropa. Eran cómodos, y tan deliciosamente usados, se sentían como seda contra mi piel. Lo más importante, se arrastraban cuando caminaba. Esa era una cosa importante para mí; me gustaba ser capaz de esconder mis pies dentro de mis pantalones a toda costa. Raro, lo sé, pero era hija única, una chica nada menos, que creció con un Presidente de la Sección Principal soltero, su pandilla, y el Loco Frankie. Pude haberme convertido en algo mucho más raro.
Pero me sentía como una persona sin hogar al lado de esta mujer. Esta hermosa mujer tipo-súper-modelo quien era muy probablemente su esposa.
Deuce estaba sentado detrás de su escritorio, dándome la espalda, maldiciendo en un teléfono celular.
Quien decoró la oficina era secretamente gay o una mujer. Aunque el escritorio de roble oscuro, la trampa para ratones, y la mesa de reuniones eran claramente masculinos, ningún hombre, corrección, ningún motociclista, habría escogido estas piezas especialmente para combinar entre sí. Eran demasiado perfectas, cada pieza, aunque fueran diferentes combinaban juntas. Una mujer, supuse, probablemente esta mujer, metió las narices en la decoración. Saber esto me hizo sentir increíblemente incómoda.
La rubia me miró, me miró otra vez, y sus labios pintados de rosado hicieron una mueca de desprecio. —¿Quién diablos eres tú?
—Yo… um… estoy buscando a Deuce.
—Bueno, tú… um… ya lo encontraste, idiota.
Joder. Actitud.
—¿Estás bromeando conmigo? —gruñó Deuce en su teléfono—. ¡Le dices a Street que lleve su trasero a los muelles y recoja el envío, o voy a enterrar tu maldito club! ¿Me entiendes? ¡Dispersaré a tus hijos y te enviaré bajo tierra! ¡No te metas con la familia Buonarroti! Hice malditas promesas, y mi propósito es cumplirlas. La maldita palabra de un hombre es la maldita palabra de un hombre. ¿Piensas que esto es un juego? ¿No? Bien. ¡Ahora pon tu puto culo en acción!
Se giró alrededor, sus ojos entrecerrados fueron hasta la rubia, a través del cuarto, y finalmente a mí. Y me miró fijamente.
Se dejó crecer la barba; habían señales de gris intercaladas entre el rubio y unas líneas alrededor de sus ojos. Contuve el aliento. Se había vuelto más hermoso con la edad.
—Tengo que irme —dijo en su teléfono y lo tiró en el escritorio.
Me aclaré la garganta. —Estaba en el vecindario —dije torpemente—. Se me ocurrió pasar por aquí.
—Estabas en el vecindario —repitió.
Asentí. Guau. Era tan idiota. ¿Por qué dije eso?
—Cole —susurró la mujer—. ¿Quién diablos es esta chica?
Nunca había escuchado a nadie llamar a Deuce de otra forma que no fuera Deuce. Sabía su nombre real, Cole West, pero no calzaba. Deuce, que significa “Diablo”, le calzaba.
Deuce parpadeó y volvió a mirar a la rubia. —Vete por la mierda de aquí, Christine. Tienes tu puto dinero, ahora vete.
Me miró de nuevo, y yo miré sus fríos ojos azules beberme de pies a cabeza y viceversa, deteniéndose en el medallón de su padre. Sus labios se curvaron en una sonrisa.
Sentí mi cuerpo suavizarse, cálido, y necesitado. Me hacía esto sólo con mirarme. Su poder sobre mí era increíble e indescriptible, como lo había sido siempre. No importaba que no lo hubiera visto en cuatro años; lo deseaba tanto como la última vez y la vez anterior a esa. Incluso más porque lo tuve y lo había anhelado desde entonces.
Vio el cambio en mí, lo notó al instante. Sus fosas nasales se dilataron y sus ojos se oscurecieron con hambre. Conocía esa mirada. Deuce tenía hambre, y yo era comida.
Amaba esa mirada. Me hacía sentir hermosa, poderosa, y totalmente femenina.
Respiré por la nariz obligándome a quedarme quieta cuando lo que más quería era correr hacia él, desnudarlo, y follármelo hasta que quedara ciego.
—¿Estás aquí sola? —preguntó con brusquedad.
Negué con la cabeza. —Traje a Kami conmigo.
Sus ojos se entrecerraron, y ahogó una carcajada. Obviamente la recordaba.
—¿Dónde está?
—Entreteniendo a algunos de tus chicos.
Sonrió. —¿Cox?
—Y Destripador.
Rodó los ojos. —Bien.
—¡Cole! ¿Quién carajo es esta perra, y por qué coño está usando un medallón de los Jinetes?
Su cabeza giró de nuevo hacia Christine. —¿Qué carajo te dije? ¡Sal de aquí!
Su rostro se congeló. Glacial. —No —dijo entre dientes—. ¡Dime por qué esta niña está en tu oficina usando un medallón de los Jinetes! Las mujeres no los tienen. Los chicos no las obtienen a menos de que consigan un chaleco, y ninguna chica tiene chaleco. Y las putas estoy segura de que no las tienen. Así que, ¿por qué esta perra tiene una?
Deuce se levantó. Su hebilla Harley del cinturón colgó por debajo cuando se levantó, vaqueros anchos, vaqueros que estaban igualmente agujereados como su camiseta blanca. Para citar a Kami, S-E-X-Y.
—Sal —gruñó.
—¡DIME POR QUÉ ELLA LA ESTÁ USANDO!
Los puños de Deuce cayeron de golpe en su escritorio, haciendo que papeles y carpetas de archivos volaran por todas partes. —¡Porque, mierda, yo se lo di!
La cabeza de Christine cayó a los lados. —¡Tú, maldita pequeña puta! —gritó.
Mi boca se abrió, y di un paso hacia atrás. Esto era exactamente por lo que mi padre no permitía que las mujeres de sus chicos entraran al club a menos de que fuera una visita planeada o una barbacoa en domingo.
—¡Christine! —gritó Deuce—. ¡Toma el dinero que viniste a buscar y saca tu puto culo fuera de aquí!
Ignorando a Deuce, ella mantuvo su mirada aterradora en mí. —¿Qué demonios tuviste que hacer para conseguirla? —protestó—. ¿Eres algún tipo de loca pervertida que se folló a tres motociclistas a la vez? ¿Fue ese tu jodido premio por ser semejante puta, por follarte a los hombres de otras mujeres? ¿Estás orgullosa de ti misma, estúpida, pequeña puta?
Guau. Sólo… guau. ¿Cómo responde uno a eso?
Miré a Deuce por ayuda. No sabía qué hacer o decir o si no debía hacer o decir nada en absoluto. Esto no había salido como lo planeé. No es que realmente planeara algo en concreto, sólo escenarios inciertos, todos incluían a Deuce sin pantalones y estando muy feliz de verme. Ser gritada por la esposa de Deuce, puedo decir honestamente, no cruzó por mi mente.
—Christine —gruñó bajo. Aterradoramente bajo—. Sólo diré esto una vez más. Saca tu puto trasero de mi club.
—Te voy a quitar todo —dijo entre dientes—. Voy a quitarte todo lo que tienes. Voy a llevarme a tus hijos, tu dinero, y cuando le diga a los policías lo que pasa aquí, voy a quitarte tu puta libertad.
Esto pasó de ser incómodo a ser peligroso. Nunca debí haber venido aquí. Mientras estaban ocupados mirándose el uno al otro, comencé a dar marcha atrás, fuera de la habitación y choqué con un cuerpo fuerte.
Reconocí al motociclista de pie detrás de mí. Su nombre era Mick, y lo había visto por aquí y por allá, creciendo. Su cabello negro y desordenado colgaba largo. Tenía unos bonitos ojos verdes y una barba bien cortada. Era alto, pobremente musculoso, y se veía extremadamente enojado.
—¿Pres? —preguntó—. ¿Necesitas ayuda con esta perra? Deuce estaba rodeando su escritorio y avanzando hacia Christine. La encontró de frente, balanceando su bolso en el aire. Él se agachó, agarró la correa de su bolso y arremetió contra ella. Ella subió hacia arriba y sobre su hombro, gritando y pataleando.
Deuce, con Christine, atravesó la habitación. Mick y yo nos apresuramos a quitarnos de su camino. Tan pronto como Deuce se fue, Mick se volvió hacia mí.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —gruñó.
Mi boca se abrió, pero ningún sonido salió. ¿Qué?
Negó con la cabeza, mirándome. —Creí que Deuce aprendió su lección cuando Predicador lo envió al hospital, pero Cristo, ustedes sólo siguen yendo por más.
Mi corazón dejó de latir. —¿Qué dijiste? —susurré.
—Tu viejo, nena, lo baleó dos veces. Casi se desangró. Estuvo a punto de morir por un puto minuto. Necesitó transfusión. Estuvo en el hospital por semanas.
Parpadeé rápidamente, tratando de procesar todo lo que él acababa de decir. ¿Le disparó dos veces? Desangrar. Cirugía. Transfusión.
—¿Por mí? —susurré. Mi voz se quebró, y mis ojos se llenaron de lágrimas. No lo sabía. Si lo hubiera sabido me hubiera alejado de él. Nunca, jamás, habría puesto a Deuce en peligro. Dios, yo era tan estúpida. Estúpida por presionarlo para tener sexo conmigo. Estúpida por pensar que mi padre no lo sabría. Él siempre sabía; él sabía todo.

—Vete —demandó Deuce, empujando a su esposa hacia su auto—. Ahora.
—¿Quién es esa? —chilló. Cerró los ojos, haciendo una mueca. Dios, esta maldita mujer.
—Ella no es de tu maldito interés, perra. Ahora vete.
—¡Vi la forma en que la miras! ¡Nunca me has mirado de esa manera! ¡Nunca!
—Nunca te miré en gran parte porque no eres gran cosa, excepto una maldita puta loca.
Se acercó a él, uñas postizas volando. Tomándola por los hombros, la levantó contra el auto. —¡Sal de aquí! —gritó.
—¿Qué diablos está mal conmigo? —demandó—. ¿Qué tiene ella que no tenga yo?
La soltó y se apartó de ella.
—¿Qué está mal contigo? —Se burló—. No eres ella; eso es lo que está mal contigo. ¿Qué tiene ella que tú no? Perra, ella me tiene a mí, y tú nunca jodidamente me tuviste.
La observó tragar aire. Parpadeó rápidamente tratando de detener las lágrimas que él sabía que venían. Quería preocuparse, de verdad quería, pero no lo hacía. No más. Demasiadas cosas malas habían ocurrido entre ellos a lo largo de los años, por demasiados malditos años. Conocerla a los veinticinco, casarse cuando se embarazó, y vivir en miseria con ella desde entonces. Sólo hubo demasiados regaños, gritos, y lágrimas que un hombre puede aguantar. Había dejado de follársela desde hace años, y ahora apenas podía mirarla.
—Te voy a dejar, Christine, y me voy a mudar a la cabaña —dijo en voz baja—. No puedo seguir con esto más. No he dormido en casa desde hace más de un año. Te has aparecido aquí, pidiendo dinero, con tu mala actitud, y cabreándome con tus putas amenazas. No puedo hacer esto más.
Puso su mano en su garganta, y el gigante anillo de compromiso capturó el sol. Él se había quitado su argolla hace años, no para conseguir mujeres, eso nunca había sido problema, pero porque mirarlo lo enfermaba.
—Le diste un medallón —susurró con voz ronca—. No dejas que ninguno de tus chicos le de a sus mujeres medallones.
La miró fijamente. —Ella no pertenece a uno de mis chicos. Es completamente mía.
Le golpeó entonces lo acertado que sonaba eso. Cuatro años pasaron desde que estuvo dentro de ella, cuatro años pensando en ella, preguntándose qué estaba haciendo, y a quién se estaba cogiendo.
Siempre pensando en ella.
—Cole —susurró—. No hagas esto. Podemos hacer que funcione. Lo hemos hecho antes.
—¡Vete! —gritó—. No vuelvas más aquí.
La dejó llorando y se dirigió hacia adentro. Acababa de llegar a su oficina cuando lo que escuchó desde el interior le hizo hervir la sangre.
—Sí, nena. Casi murió. Por tu culpa. Así que, estoy aquí de pie, mirándote, preguntándome por qué demonios él cree que vales la puta pena ser baleado, porque no lo entiendo. ¿Tienes un coño de oro o algo así? ¿O hacerte la inocente es lo que le gusta?
—¿Qué diablos? —dijo furioso.
Mick se dio la vuelta. Una rápida mirada a Eva sólo lo enfureció más. Estaba temblando, derramando lágrimas por su rostro.
Mick encontró su mirada. —Necesitaba saber todo lo que habías pasado sólo para tener el coño de una Demonio menor de edad.
Vio rojo. Vio todo rojo.
Lo golpeó, primero su puño derecho, luego su puño izquierdo, y luego el derecho de nuevo. Mick voló hacia atrás con cada golpe hasta que salió de la habitación y se estrelló contra la pared. Agarrando el cuello de la camisa de Mick, lo levantó.
—Agarra tu puto chaleco y sal de mi club.
Los ojos de Mick se abrieron mucho. —No puedes…
Golpeó su puño contra la mandíbula de Mick, y el rostro del hermano fue hacia la derecha y se golpeó contra un ladrillo. —Carajo, claro que sí puedo. No tienes idea con lo que te acabas de meter. Ni puta idea. Crees que lo sabes todo, pero no lo sabes porque yo no te he dicho ni mierda sobre esto, porque no es tu puto problema. Así que toma tu jodido chaleco y vete a casa. Cuando me de la puta gana enviaré a Cox a que te traiga de vuelta.
Sin soltar la camisa de Mick le dio un tirón lejos de la pared y lo sacó de su oficina. Mick cayó al suelo e intento levantarse para caminar con poco equilibrio a través de la habitación. Jase saltó fuera de su camino, y Mick chocó contra una mesa de billar.
—Sácalo de aquí —gruñó a nadie en particular—. Alguien más que haya dicho algo sobre Eva, o que diga algo sobre ella, le responderá a mi jodido puño. ¿Estamos claros?
Recibió una serie de gruñidos y cabezas asintiendo que duraron hasta que cerró las puertas de golpe y les puso llave.
—Eva, nena, mírame.
Ella negó con la cabeza. —Debería irme —susurró entrecortadamente. Su pecho se apretó. No había manera de que la dejara ir.
—¡Eva! —dijo con fuerza—. ¡Maldición, mírame!
Abrazándose a sí misma, se alejó de él. —Hice que te dispararan —susurró.
Maldición.
—¡EVA, MALDICIÓN! ¡MÍRAME ANTES DE QUE TE SAQUE A GOLPES ESA JODIDA IDEA!
Levantó la cabeza, y sus ojos entrecerrados lo miraron de cerca. Sonrió.
—Nena, no te atrevas a pensar que lo que ocurrió fue tu culpa. Fue mi culpa, cariño, así de simple. Debí dejarte sola, pero no pude evitarlo. Mi matrimonio ya andaba mal, y te vi sentada allí con tus enormes tetas, moviendo tus Chucks, sacudiendo tu cabeza, y cantando a todo pulmón. Y te veías tan malditamente inocente y tan dulce, sin importarte el puto mundo a excepción de ese momento, justo ahí. Y yo estaba tan jodidamente celoso. Habría dado un brazo y una pierna porque mi vida fuera así de simple de nuevo. Entonces, ese cabrón llegó y supe que te adoraba. Y luego escuché la mierda que te dijo, y supe que nada evitaría que ese chico se alejara de ti hasta que consiguiera entrar en tu dulce coño. Por eso te besé, nena, porque fui egoísta. Quería probar tu maldita dulzura antes de que él tomara todo.
«Y, nena, cuando te besé y me correspondiste, sin saber qué carajo hacías pero haciéndolo de todos modos, sin importarte, sólo sintiendo, me perdí completamente en ese beso. No puedo recordar haberme perdido así en un beso hasta entonces»
«Ese maldito beso, Eva, me ha hecho pasar muy malas noches. Ese maldito beso me recuerda que la vida no es tan mala.»
«En cuanto a lo que pasó en el callejón, tu viejo nunca lo supo. Pero, incluso si lo hubiera sabido y me hubiera enterrado, no me habría importado ni un poco, porque cuando se trata de ti, cariño, pierdo el maldito sentido. Me gustas tanto que eres todo lo que veo. De pronto, no puedo respirar, pero no me importa porque tú, nena, tú eres tú. Y, nunca he conocido a alguien tan malditamente perfecta como tú. Saber que me diste tu primer beso, y luego me diste tu dulce coño primero, saber que tengo eso y que nadie más puede tenerlo porque es mío, maldición, Eva, no hay día que pase que no piense en eso, en ti, y cómo desearía que esta mierda fuera diferente»
«Y, esa es la verdad de Dios, cariño. No cambiaría una puta cosa excepto por ti estando tan metida con los Demonios, yo siendo un Jinete, yo estando casado con el más vengativa mujer del planeta, y tu padre siendo quien es. Aleja toda esa mierda y estarías en la parte trasera de mi motocicleta y en mi maldita cama. No te irías, y yo no tendría que alejarme de ti nunca más»
«Ahora, mujer, necesitas comenzar a hacer lo que viniste a hacer aquí, o yo lo voy a hacer por ti»

Corrí hacia él, envolví mis brazos alrededor de su cuello, y hundí el rostro en su pecho.
—Te extrañé —susurré—. Tanto, tanto, tanto.
—Nena, sí —dijo suavemente—. Ahora, ¿vas a darme esa dulce boca o necesito tomarla por la fuerza?
Me puse en de puntillas, y él se agachó. Tomé su boca, tomé su lengua, y me lo comí vivo. Cuatro años había pasado sin él, sin sus fascinantes ojos, sin su devastadora sonrisa, sin su boca perfecta, sin sus perfectas manos, sin su perfecto cuerpo, y su perfecta polla. Un deseo resbaladizo e hirviente calentó mi sangre y se agrupó en mi bajo vientre.
Tenía tanto tiempo por recuperar, y no podía tenerlo lo suficientemente rápido.
Desesperadamente, empujé hacia abajo su chaleco. Se encogió de hombros para sacárselo, y lo arrojó a un lado.
Su camiseta fue hacia arriba, por encima de su cabeza, y cayó en algún lugar de la habitación. La mía le siguió; tiró de ella por encima de mi cabeza y la arrojó a un lado. Luego, mis pechos estuvieron en sus manos y luego en su boca, y tuve una muerte celestialmente feliz. Nos probamos, tocamos, agarramos, y apoderamos el uno del otro hasta que ya no era suficiente, ni siquiera cerca de serlo.
Lo solté, me deslicé hacia abajo por su perfecto cuerpo y me puse de rodillas. Luego de luchar por abrir sus vaqueros, lo tomé en mi boca, todo él, y otra vez lo devoré vivo. Contuvo la respiración y sus manos agarraron mi cabello. Me aferré a la parte trasera de sus muslos, enterrando mis uñas en ellos, manteniéndome firme ya que de otro modo me habría derrumbado debajo de las embriagadoras sensaciones que ondulaban a través de mi.
Le hice el amor con mi boca de la misma manera frenética y desesperada que siempre lo había besado. No podía detenerme, no quería detenerme jamás. Me sentí tan viva, tomando todo lo que podía mientras le daba todo lo que yo tenía. Mi boca amó a Deuce, mis manos amaron a Deuce, mi cuerpo amó a Deuce. Amé, amé, amé, amé... Amaba a Deuce.
Amaba.
—Nena —gimió, cerrando un puño en mi cabello, tirando de él dolorosamente—. Ca… ra… jo.
Explotó, y lo tomé todo, lloriqueando desesperada, dejando escapar codiciosos y pequeños gemidos, queriendo más. Quería poseer el cuerpo de este hombre, la sexualidad innata de este hombre. Quería poseer a este hombre.
Levanté la mirada hacia él a través de mis húmedas pestañas, temblando, mi cuerpo tembloroso bajo el ataque de ansiedad. Por él.
—Eva, nena, joder, ¿sabes lo que me haces? —Se agachó para tomar mis mejillas y pasó la yema de sus pulgares por mis agitados párpados.
—Me vuelves loca —respiré. Dios, era verdad.
—Nena —dijo con voz áspera—. Sí.
Levantándome en sus brazos, me llevó a su sofá de cuero negro y me desnudó, despojándose a sí mismo de sus jeans y me inclinó por encima del brazo del sofá. Se acomodó entre mis piernas, levantó mis caderas, y se colocó sobre mí. Su pecho presionó contra mi cabeza, su estómago se frotó contra mi espalda, y su creciente erección empujó dentro de mí.
Estábamos benditamente desnudos uno contra el otro. Piel a piel.
Tu madre te sostiene piel a piel cuando llegas a este mundo, te alimenta con su propio cuerpo, piel a piel. Tu padre pasa sus dedos por tu mejilla llena de lágrimas, presiona sus labios contra tu frente, piel a piel. Haces el amor, piel a piel, con un hombre al que amas, un hermoso hombre. Y entonces, si eres afortunado, tu propio bebé entrará a este mundo, y lo sostendrás, piel a piel. Lo alimentarás con tu propio cuerpo, piel a piel. Es algo mágico.
Nada se compara.
—Te voy a follar ahora, nena.
—Sí, por favor —susurré.
Empujó dentro de mí y contuve la respiración. Se retiró y empujó de nuevo; esta vez más fuerte, esta vez más lejos. Gemí.
—Nena —dijo con voz áspera—. Tan malditamente apretada.
—Sólo tú —respiré—. Nadie más desde ti.
Contuvo el aliento. —Cristo, Eva. ¿Qué demonios hice para merecerte?
—Eres tú —lloriqueé.
Se salió y volvió a empujar. Ambos gemimos.
—Maldita sea tu perfecto cuerpo, tan jodidamente ardiente, nena.
Volvió a salir de nuevo, y otra vez empujó con más fuerza. Yo empujé hacia atrás para intentar tomarlo más profundo.
—Tan jodidamente dulce y deseando a un cabrón como yo.
Sus caderas girando, machacando contra mi cuerpo, haciéndome gemir. Hizo esto cuatro veces más antes de alejarse y empujar con brusquedad. Fue todo lo que necesité. Mi cuerpo se abrió para él, se estiró y extendió, permitiéndole situarse por completo dentro de mí.
—Sin importarte que sólo tengo mierda para darte. Sólo queriéndome a mí y no el club ni dinero, sólo me quieres puramente a mí.
Salió y se estrelló de nuevo en mi interior. Clavé las uñas profundamente en el cuero y grité.
—Joder —dijo con voz rasposa, sus caderas bombeando arriba y abajo, dentro y fuera de mí, dolorosamente lento—. Maldición, apareces de la nada, mintiendo, dices que estabas en el vecindario y te paras en mi oficina usando el collar de mi Viejo, siempre usando el collar de mi Viejo, y luego te arrodillas.
Se quedó quieto, y me retorcí hasta que sus dedos apretaron dolorosamente la piel en mis caderas y me mantuvieron inmóvil. —¿Lo quieres duro, nena? —susurró—. ¿O lo quieres lento?
—Duro —suspiré.
—Sí —dijo bruscamente—. Quieres que te haga mía, ¿verdad, nena? Has esperado a que te haga mía por un largo tiempo, ¿cierto?
Oh, Dios mío, mi corazón iba a explotar. Deseaba tanto a este hombre. Deseaba que me poseyera. Toda entera. Cada. Centímetro.
Me estremecí con necesidad. —Sí, Deuce.
—Dulce niña —dijo con voz áspera y empujó duro y profundo.
—Dulce y hermosa —Volvió a empujar más fuerte.
—Por favor —gemí—. Más.
Agarró mis caderas. —Cualquier cosa que quieras, cariño. Cualquier cosa que tú quieras.
—A ti —susurré—. Todo lo que quiero es a ti.
—Joder —murmuró—. Joder.
Entonces, me dio todo lo que quería, y me lo dio duro.

Acunada en los brazos de Deuce, levanté la mirada hacia él con ojos desenfocados, mi cuerpo saciado se sentía flojo y pesado. Pasó su mano por el costado de mi rostro, hacia mi cuello, a través de mi clavícula, y sobre mis pechos.
Arqueé la espalda, empujando más de mí en su mano.
—Joder —murmuró, frotando mis pezones, endureciéndolos. Su otra mano se deslizó por mi estómago y se metió entre los huesos de mi cadera, donde sus dedos trazaron mi marcado abdomen.
—Debes saber que no merezco nada tan dulce como tú —susurró misteriosamente mientras su mano caía en mi entrepierna—. Todo lo que un hombre tenga que robar para tenerlo, no lo merece.
—No robaste esto —suspiré, retorciéndome contra su mano—. Yo te lo entregué.
Sus ojos azules brillaron con diversión. —Inocente, cariño —murmuró—. Te robé desde hace un largo tiempo. Por la época en la que tú jodidamente me robaste.
Tú jodidamente me robaste.
Acababa de decir eso. Realmente, realmente, dijo eso.
—Te amo —suspiré en su boca, presa de la sensación pura y la fuerza más grande que la vida que era Deuce.
Se puso rígido y la niebla inducida por el placer en la que yo flotaba instantáneamente se aclaró. Oh, no. Oh, no, no, no, no. No acabo de decir eso. No había manera en el mundo de que fuera a entender lo que él significaba para mí. Yo apenas lo entendía; sólo aceptaba que simplemente así era.
—Espera... eso no es lo que quise decir —tartamudeé—. Yo no... Yo no...
Deuce no me escuchaba; me estaba posicionándome para alejarme de él, acostándome sobre mi espalda, poniendo su cadera entre mis muslos y volviendo a empujar dentro de mí.
—Dilo otra vez, Eva —gruñó.
Me mordí el labio.
—Nena. Dilo otra vez.
No lo hice. Más que nada porque él estaba dentro de mi otra vez, tan pleno, tan grande, y me follaba deliciosamente lento. Me volví suave debajo de él, mirándolo a los ojos. Ojos de los cuales jamás podía apartar la vista. Ojos que me empujaban dentro de él, donde era cálido y seguro. Ojos que amaba. Y allí fue cuando descubrí que él no me estaba follando. Me hacía el amor.
—Dilo —exigió, su expresión feroz. Dominante. Posesiva.
—Yo... no quise decir...
Echó de sus caderas hacia atrás y golpeó dentro de mí. —Me amas. Dilo.
—No, me refería...
—Me amas.
Me rendí. —Sí —exclamé—. ¡Te amo! ¡Te he amado siempre!
Sus ojos se cerraron, y su cabeza cayó sobre mi pecho. —Joder —susurró.
—Deuce —murmuré.
Levantó la mirada hacia mí. —¿Sí, nena? —preguntó con voz ronca. Sus ojos entrecerrados, su boca ligeramente abierta, y su respiración saliendo en cortos y pesados jadeos. Gotas de sudor salpicaban su frente. No era Deuce, el motociclista problemático, y yo no era Eva, la hija de su enemigo motociclista problemático. Él era un hombre peligrosamente hermoso, yo era una mujer que él deseaba, y era tan jodidamente hermoso. Quería congelar el tiempo y quedarme con él para siempre, tocándolo, follándolo, y amándolo.
—Córrete en mí —dije, impulsada sólo por la necesidad—. Quiero que te corras sobre mí.
Su cuerpo se puso rígido, sus fosas nasales se dilataron. Apenas tuvo tiempo suficiente de salir de mí antes de que su cuerpo se dejara ir.
—Dios, nena... carajo... jodidamente bueno.
Ver el orgasmo de Deuce fue absolutamente hermoso, hermoso como la aurora boreal. Su rostro se contrajo con fuerza y luego se soltó mientras comenzaba su liberación. Por un momento, pareció más joven de lo que era, joven y vulnerable como recordaba que lucía el día en que lo conocí. Sus ojos estaban vidriosos; sus párpados entrecerrados. Un pequeño y ruidoso suspiro pasó entre sus labios y se deslizó cálidamente por encima de mis pechos. Calor húmedo se disparó por encima de mi estómago y pecho, y de repente, los dedos de Deuce estaban dentro de mí, bombeando. Mi sexo se contrajo nuevamente, lanzándome hacia el orgasmo.
Sacando sus dedos, deslizó su mano por mi cuerpo, frotando su calor líquido en la piel de mi estómago y mis pechos, entre mis muslos, y hacia mi sexo, mirándome a los ojos todo el tiempo.
Estaba marcándome.
Reclamándome.
Adueñándose de mí.
—Dilo otra vez —exigió.
—Te amo, Deuce —susurré.


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por wordsofthisgirl el Sáb 17 Jun - 20:03

@micafp_2530 escribió:
@wordsofthisgirl escribió:Eva Fox, pensando en un Sugar Daddy desde los 5 años!

Bueno, Deuce me cae mal, con todo el hecho de que el es mayor que ella por 18 años y que este casado, bien merecido tenia lo que le hizo Predicador.
Y Bueno, Frankie, ese chico malo, robo mai hart 

Rayos !!! Adoré tu comentario del Sugar Daddy !!!
Y si, merecido se lo tenía, pero pienso que Deuce si se está enamorando, a pesar de que es tantos años mayor, solo necesita esperar un poco más y jodidamente poner fin a su matrimonio.
Y Frankie, no lo sé, a mi no me da confianza... se lee un poco loco 
No se, siento una pequeña atraccion  hacia los personajes dañados, asi que Frankie esta en mai hart.
Los padres de Kami, no estaban presos? 

Ay Dios, pero si esta es loquisima.Que expectativas  la de eva, y que loca de irse a buscarlo, rayos el tiene 39 años. No estoy juzgando ni nada, pero sin duda se lleva el titulo de Sugar Daddy, jajajaja.
Esto me encanto
Tu madre te sostiene piel a piel cuando llegas a este mundo, te alimenta con su propio cuerpo, piel a piel. Tu padre pasa sus dedos por tu mejilla llena de lágrimas, presiona sus labios contra tu frente, piel a piel. Haces el amor, piel a piel, con un hombre al que amas, un hermoso hombre. Y entonces, si eres afortunado, tu propio bebé entrará a este mundo, y lo sostendrás, piel a piel. Lo alimentarás con tu propio cuerpo, piel a piel. Es algo mágico.


   
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Tatine el Sáb 17 Jun - 20:51

Gracias
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Sáb 17 Jun - 22:37

@wordsofthisgirl escribió:
@micafp_2530 escribió:
@wordsofthisgirl escribió:Eva Fox, pensando en un Sugar Daddy desde los 5 años!

Bueno, Deuce me cae mal, con todo el hecho de que el es mayor que ella por 18 años y que este casado, bien merecido tenia lo que le hizo Predicador.
Y Bueno, Frankie, ese chico malo, robo mai hart 

Rayos !!! Adoré tu comentario del Sugar Daddy !!!
Y si, merecido se lo tenía, pero pienso que Deuce si se está enamorando, a pesar de que es tantos años mayor, solo necesita esperar un poco más y jodidamente poner fin a su matrimonio.
Y Frankie, no lo sé, a mi no me da confianza... se lee un poco loco 
No se, siento una pequeña atraccion  hacia los personajes dañados, asi que Frankie esta en mai hart.
Los padres de Kami, no estaban presos? 

Ay Dios, pero si esta es loquisima.Que expectativas  la de eva, y que loca de irse a buscarlo, rayos el tiene 39 años. No estoy juzgando ni nada, pero sin duda se lleva el titulo de Sugar Daddy, jajajaja.
Esto me encanto
Tu madre te sostiene piel a piel cuando llegas a este mundo, te alimenta con su propio cuerpo, piel a piel. Tu padre pasa sus dedos por tu mejilla llena de lágrimas, presiona sus labios contra tu frente, piel a piel. Haces el amor, piel a piel, con un hombre al que amas, un hermoso hombre. Y entonces, si eres afortunado, tu propio bebé entrará a este mundo, y lo sostendrás, piel a piel. Lo alimentarás con tu propio cuerpo, piel a piel. Es algo mágico.
No pues ya te creo que si te gustan los dañados porque de verdad Frankie se lee bastante loco. Pero supongo que nos toca esperar para ver que sucede con él.  Rolling Eyes Rolling Eyes
Los padres de Kami presos? Yo me perdí eso D:
Y tienes razón todo un sugar daddy, pero si está tan bueno como lo describe entonces yo quiero uno  Razz Razz
Gracias por acompañarnos !!


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Sáb 17 Jun - 22:39

@Tatine escribió:Gracias
Nada que agradecer, es un gusto.
Smile Smile Smile


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Dai el Dom 18 Jun - 1:36

@micafp_2530 escribió:
Hermosas !!
Perdón por la tardanza pero estoy muy ocupada hoy, enseguida dejo los capis del día...


Por cierto! Soy la única a la que Frankie no le da buena espina?! No lo sé, es bastante loco.
Pero cuentenme, les está gustando el libro?! Que creen que sucederá con esta disfuncional pareja?

Frankie es una psicópata... están advertidas...



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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Maria-D el Dom 18 Jun - 6:20

sunny   Gracias, queridas amigas.



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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Dom 18 Jun - 12:21

Espero que este Domingo la este pasando bien y disfrutando de su gran descanso bien merecido.




Hoy leemos el capítulo 6 este dia sera liviano.



Última edición por Ross L de Mellark el Dom 18 Jun - 12:24, editado 1 vez



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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Dom 18 Jun - 12:24



Mis párpados se abrieron, y pestañeé somnolienta. El pesado brazo de acero alrededor de mi estómago apretó el agarre. Levanté el brazo y rodeé el cuello de Deuce, acercándole hasta que pude ver sus ojos. —Buenos días —suspiré. Su mano dejó mi vientre y se movió más abajo, acunándome. Levanté la pierna y enganché mi pie detrás de su rodilla. Hizo un ruido hambriento con la parte baja de su garganta que envió un escalofrío hasta mis pies. —¿Estás adolorida? —preguntó roncamente. —Sí —susurré—. Pero de una manera muy, muy buena. Se rió entre dientes. —¿Lo quieres? —Por favor —suspiré. —¿Lo quieres duro? —Por favor —jadeé. —Esta mierda va a matarme. —Rió—. Eres insaciable. Oh, Dios, se burlaba de mí. Estábamos aquí, recostados en su cama, y él se burlaba de mí. Era tan… doméstico. Me encantó. Gruñó cuando me penetró. Gemí mientras me estiraba a su alrededor, moldeándole, y, finalmente, aceptándole ansiosamente. Todo de él. Me corrí, y me corrí duro. Sacudiendo la cabeza, dejó escapar un divertido gruñido. —Joder. Nunca he visto a una mujer arder como tú, cariño. La manera en que aprietas mi polla y ese cuerpo tuyo estremeciéndose tan duro mientras gritas en mi oído, jaloneando mi puto cabello, y enterrando tus garras en mi espalda. Cuando te deje salir de mi cama, cariño, voy a pasar el resto de mi vida pensando en tu coño y queriendo estar dentro de él. Y, nena, mis pelotas seguramente explotaran. M Página64 Cambiamos de posición y comenzó a moverse de nuevo, está vez con vigor, duro y rápido, piel chocando con piel. Luego, lento y dulce, nuestros cuerpos sudorosos deslizándose uno contra el otro. No había nada que se pareciera a esto. Y no había nadie ni siquiera parecido a Deuce. —¡Oh, joder! —grité, maldiciendo y arañándolo durante mi segundo orgasmo—. ¡Santa mierda! Sonrió ampliamente, todo lo que vi fueron unos hermosos ojos azules y brillantes, líneas de expresión marcadas, y hoyuelos. —Ahí está —dijo apreciativamente—. Ahí está mi chica. Su chica. ¿Cuánto tiempo estuve esperando oír eso? Después de follar con Eva toda la mañana, ella se quedó dormida de nuevo. Era media tarde, Deuce y un par de sus chicos bebían cervezas y asaban carnes en el patio trasero de la casa club. —¿Dónde está el bombón? —preguntó Tap abriendo una cerveza. —¿Cuál? —preguntó Jase—. ¿La rubia o la morena? Ambas están muy buenas. ZZ rió. —La rubia ha estado haciendo un sándwich con Destripador y Cox desde que llegó. Hawk hizo una mueca. —Mierda, eso no es justo. Si me hubiera visto a mi primero esa perra estaría en mi cama. Deuce se encogió de hombros. —Kami es una maldita puta. Dudo que se oponga si te unes a su fiesta. —No —dijo Chips—, ya lo intenté. No quieren compartirla. No los culpo. No hay muchos hoyos disponibles cuando están follándola al mismo tiempo. Así que, ¿qué hay de ti, Prez? ¿Quieres rular a tu chica ya? ZZ escupió su cerveza. —Cabrón —murmuró Jase—. No hablamos de una puta. Es Eva Fox, la hija de Predicador. La perra hace que nuestro Prez no pueda pensar claramente cuando está cerca. Consiguió que le dispararan. Los ojos de Chips se abrieron ampliamente. —Yo conseguí que me dispararan —murmuró—. No fue su jodida culpa. Ella tenía dieciséis. Metí la mano en sus bragas, y mi lengua en su garganta. Él es su viejo; ¿puedes culparlo? Página65 —Casi mueres —dijo Marsh, su expresión dura—. Entonces, sí, culpo a ese cabrón. —Dieciséis, ¿eh? —Sonrió Danny—. Genial. Tap le frunció el ceño a Danny. —Eres un jodido enfermo, amigo. Tengo una hija de quince. Si alguno maldito imbécil mayor, como Prez, se le acerca a sus bragas lo entierro bajo tierra. Un balazo por cada año de diferencia. —Tap se giró hacia él—. Nada de dieciocho años. —No es así —murmuró Deuce, sintiéndose extrañamente avergonzado—. No tiene nada que ver su edad. Nunca lo ha sido. Ha sido así desde que era una niña, y ahora que es una mujer a mi polla le gusta también. Pero esto nunca tuvo que ver con la edad. De hecho, siempre ha sido ella. Sus chicos lo miraron fijamente como si le hubiera crecido una segunda cabeza. —Maldición, Prez —murmuró Jase—. Sólo… maldición.


Última edición por Ross L de Mellark el Dom 18 Jun - 12:33, editado 1 vez



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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por yiniva el Dom 18 Jun - 12:31

Capi 2
Ese Frankie va a traer muchos problemas, tal vez le gusta Eva ya que es la única que puede calmarlo y Deuce  todo lindo con ella y me gustó como defendió a las mujeres, todo lo que les dijo a los demás.
Capi 3
Que posesivo Frankie con Eva, está loco, Eva no le da la importancia que merece y debe de poner más atención. Y Deuce  no se aguantó y predicador se dio cuenta de lo que paso, le fue bien lo dejó vivo.
Capi 4
Mmm, que onda con Eva si está enamorada, de Deuce o que, o sólo es admiración, capricho, está endiosada, no me gusta su actitud y Deuce no se queda atrás, como te enamoras de una niña ! Por favor! , que alguien me explique , esto no me gusta.
Vamos a ver si cambio mi opinión al final.
Capi 5 
Apenas se juntaron Kami y Eva las dos par de locas, porque lo busca después de 4 años, que no hay más hombres o que??, no entiendo, lo bueno que tiende pocos capítulos el libro, por que de verdad no me dan ganas de leerlo.
Capi 6
Hasta sus propios amigos o compañeros piensan que lo que esta haciendo Deuce está mal, ya quiero saber que hará predicador cuando se entere.


Última edición por jymm el Dom 18 Jun - 12:46, editado 1 vez


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Atómic_Mellark el Dom 18 Jun - 12:34


15-Junio --> Sinópsis y capítulo 1
16-Junio -->Capítulo 2 y 3
17-Junio --> Capítulo 4 y 5
18-Junio --> Capítulo 6

19-Junio --> Capítulo 7 y 8
20-Junio --> Capítulo 9
21-Junio --> Capítulo 10 y 11
22-Junio --> Capítulo 12
23-Junio --> Capítulo 13 y 14
24-Junio --> Capítulo 15
25-Junio --> Capítulo 16
26-Junio --> Capítulo 17
27-Junio -->Capítulo 18 y 19
28-Junio --> Capítulo 20
29-Junio --> Capítulo 21
30-Junio --> Capítulo 22 y Escenas Extras



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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Dom 18 Jun - 12:57

Dai Alvarado escribió:
@micafp_2530 escribió:
Hermosas !!
Perdón por la tardanza pero estoy muy ocupada hoy, enseguida dejo los capis del día...


Por cierto! Soy la única a la que Frankie no le da buena espina?! No lo sé, es bastante loco.
Pero cuentenme, les está gustando el libro?! Que creen que sucederá con esta disfuncional pareja?

Frankie es una psicópata... están advertidas...
Ja! Yo lo sabía.. Ya ven chicas! Se los dije...


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por mariateresa el Dom 18 Jun - 13:12

Chicas sin Hacer spolier como les comente antes esta serie la leo completa cada vez que sale uno nuevo o sea este ya lo e leido 5 veces.
Me encanta Deuce y eva ese tipo de amor es sublime independiente la diferencia de edad,  si son 18 años lo cual va hacer un problema y el loco frankie gr=r es un psicopata desalmado y sin redencion.
Gracias mica


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por mariateresa el Dom 18 Jun - 13:21

Capi 6

No se olviden que eva es la hija del prez de un club que no esta en los mejores terminos con las parcas eso puede traer problemas y por lo que se ve al resto de las parcas no les gusta mucho que su prez este engachado de ella.
Gracias Ross


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Tatine el Dom 18 Jun - 20:34

gracias por el capi!!!
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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por Veritoj.vacio el Dom 18 Jun - 22:04

Uy me tarde un poco en comentar.Pero aqui estoy.
Me esta gustando el libro aunque no es lo que acostumbro a leer.
si creo que la diferencia de edad es un tanto excesiva, pero por otro lado Eva siempre fue muy madura para su edad. 
Me gusta como cada vez que se encontraban se iban acercando mas.
Frankie todo loco y a ver que pasa con el y el padre de Eva a ver si no lo manda matar.
Esta muy intrigante todo, por lo que decia al principio, ya estan juntos pero que pasara


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Lun 19 Jun - 11:10

@mariateresa escribió:Chicas sin Hacer spolier como les comente antes esta serie la leo completa cada vez que sale uno nuevo o sea este ya lo e leido 5 veces.
Me encanta Deuce y eva ese tipo de amor es sublime independiente la diferencia de edad,  si son 18 años lo cual va hacer un problema y el loco frankie gr=r es un psicopata desalmado y sin redencion.
Gracias mica
Nada que agradecer hermosa !!
A mi también me están encantando Deuce y Eva, son excelentes, espero que a pesar de ya haberlo leído, nos acompañes con la historia.
Saluditos


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Lun 19 Jun - 11:23

@mariateresa escribió:Capi 6

No se olviden que eva es la hija del prez de un club que no esta en los mejores terminos con las parcas eso puede traer problemas y por lo que se ve al resto de las parcas no les gusta mucho que su prez este engachado de ella.
Gracias Ross
Ay !!  Shocked Shocked  Que distraída yo, si estás siguiendo la lectura  Laughing Laughing
Y si, Eva es hija de un prez y él es otro, así que no creo que salga algo bueno de aquí, haber como se lo toma todo el mundo...
Gracias por acompañarnos !!


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Lun 19 Jun - 11:29

@Veritoj.vacio escribió:Uy me tarde un poco en comentar.Pero aqui estoy.
Me esta gustando el libro aunque no es lo que acostumbro a leer.
si creo que la diferencia de edad es un tanto excesiva, pero por otro lado Eva siempre fue muy madura para su edad. 
Me gusta como cada vez que se encontraban se iban acercando mas.
Frankie todo loco y a ver que pasa con el y el padre de Eva a ver si no lo manda matar.
Esta muy intrigante todo, por lo que decia al principio, ya estan juntos pero que pasara
Nunca es tarde, siempre eres bienvenida Vero !!
Yo te apoyo! Eva es muy madura para su edad, y algo precoz porque se enamoró desde los 5 Shocked Very Happy
Gracias por acompañarnos.


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Re: Lectura #2 Junio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Lun 19 Jun - 11:59

Buenos días chicas hermosas !!
Sonrianle a la vida porque el sol ya brilla...
Es lunes !!



Muchas gracias a todas las que nos están acompañando.
Es un gusto contar con todas ustedes.
Enseguida les dejo los capis del día...


No olviden dejar su comentario y diganme...
Creen que la relación entre los dos protas dará frutos?
Que piensan de Frankie?


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Re: Lectura #2 Junio 2017

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