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Lectura #1 Julio 2017

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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por Walezuca Segundo el Mar 4 Jul - 0:38

creo que esta vez si me dara tiempo 
Pues soraya es una chica un poco temeraria, el simple hecho de tener un taatuaje y el cabello teñido dice que es muy extrovertida y eso es bueno en  las protagonistas.
Graham... alguien es un ogro  Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil jajajaja que carácter se carga Razz


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Walezuca Segundo

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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por citlalic_mm el Mar 4 Jul - 16:18

SIII , SUERTE CHICAS
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citlalic_mm

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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por Veritoj.vacio el Mar 4 Jul - 22:18

Hola Chicas, aquí les vengo a dejar los capítulos de hoy.
Espero que los disfuten.






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Veritoj.vacio

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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por Veritoj.vacio el Mar 4 Jul - 22:25



Soraya 
 
Morgan Financial Holdings ocupaba todo el vigésimo piso de acuerdo a la señal en el vestíbulo. Mi estómago gruñó mientras esperaba un ascensor. Teniendo en cuenta que acababa de desayunar, sabía que eran los nervios, y eso me enojaba. ¿Por qué se me ocurrió enfrentarme cara a cara a este imbécil que me ponía nerviosa? Su apariencia. En el fondo, sabía que era su apariencia, y eso era ridículo. Yo no era una persona superficial, pero una parte de mí no podía dejar de derretirse por este Imbécil. Esa parte de mí realmente necesitaba callarse ahora. El ascensor hizo un ding y se abrió, permitiendo que un hombre de negocios más viejo y yo entráramos. Éramos solo nosotros dos mientras las puertas se cerraban. Cuando el hombre se rascó sus bolas, miré hacia abajo al tatuaje de plumas en mi pie para distraerme. ¿Por qué era un imán para los hombres que rascaban su basura? Afortunadamente, el elevador llegó a la vigésima planta pronto. Salí del ascensor, permitiendo que el hombre reinara libre en su espacio privado. Una señal negra con letras doradas que decía Morgan Financial Holdings colgaba encima de dos puertas de vidrio transparente. Tomando una respiración profunda y ajustando mi pequeño vestido rojo, caminé a través de la entrada. Sí, me había emperifollado para esta mierda. No juzgues. Una recepcionista joven y pelirroja me sonrió.  —¿Puedo ayudarla? —Sí, estoy aquí para ver a Graham Morgan. Parecía que estaba a punto de reírse de mí.  —¿Está esperándola? —No. —El Sr. Morgan no ve a nadie que no tenga una cita. —Bueno, tengo algo muy importante suyo, así que realmente necesito verlo. —¿Cuál es su nombre? 
—Soraya Venedetta. —¿Puede deletrear su apellido para mí? ¿Vendetta? ¿Cómo una venganza contra alguien? —No, es Ven-E-detta. Hay una E en el medio. V-E-N-E-D-E-T-T-A. —Si tuviera un centavo por cada vez que alguien cagó mi apellido... bueno, sería más rica que Graham J. Morgan. —De acuerdo. Señorita Venedetta. Bueno, si lo desea, puede tomar asiento allí mismo. Cuando el Sr. Morgan llegue, le preguntaré si está dispuesto a verla.  —Gracias. Enderezando mi vestido, tomé asiento en el lujoso sofá de microfibra diagonalmente enfrente de la recepción. No debería haberme sorprendido que Sr. Gran Imbécil no estuviera aquí todavía, ya que no estaba en el tren habitual esta mañana. Me pregunté cuánto tiempo exactamente tendría que esperar; solo pedí ausentarme medio día, y debía volver a Ida después de la hora del almuerzo. Estaba buscando sin pensar a través de algunas revistas financieras con la cabeza baja cuando las puertas se abrieron. Mi corazón comenzó a palpitar cuando noté a Graham, que parecía enojado como siempre. Estaba engalanado con pantalones negros y una nítida camisa blanca enrollada en las mangas. Tenía ese reloj reluciente envuelto alrededor de su muñeca. Sostenía una corbata borgoña en una mano y una laptop en la otra. Cuando pasó, una ráfaga de su embriagante colonia inmediatamente me golpeó como un puñetazo en la nariz. Estaba mirando hacia delante, completamente ajeno a mí o a cualquier otra cosa a su alrededor. La recepcionista se iluminó cuando pasó por ella.  —Buenos días, Sr. Morgan. Graham no respondió. Simplemente soltó un gruñido apenas audible en respuesta cuando rápidamente nos pasó y desapareció por el pasillo. En serio. La miré.  —¿Por qué no le dijiste que estaba aquí para verlo? Rió.  —El Sr. Morgan necesita tiempo para relajarse en la mañana. No puedo golpearlo con un visitante inesperado en el momento en que entre por la puerta. —Bueno, ¿exactamente cuánto tiempo voy a tener que esperar? —Hablaré con su secretaria en unos treinta minutos. —¿Estás bromeando? 
—Absolutamente no. —Eso es jodidamente ridículo. Me tomará dos minutos hacer lo que tengo que hacer. No puedo esperar toda la mañana. Voy a llegar tarde al trabajo. —Señorita Vendetta... —Ven-E-detta... —Venedetta. Lo siento. Hay ciertas reglas aquí. La regla número uno es que, a menos que el Sr. Morgan tenga una reunión importante programada por la mañana, no debe ser molestado tan pronto como llegue. —¿Qué hará exactamente si lo molestas? —No quiero averiguarlo. —Bueno, yo sí. —Levantándome de mi asiento, corrí por el pasillo mientras la pelirroja se apresuró detrás de mí. —Señorita Venedetta. No sabe lo que estás haciendo. ¡Vuelva aquí ahora mismo! Lo digo en serio. Me detuve cuando encontré una puerta oscura de madera de cerezo con el nombre Graham J. Morgan grabado en una placa sobre él. Las sombras de las ventanas de cristal que rodeaban la puerta estaban completamente cerradas. —¿Dónde está su secretaria? Señaló un escritorio vacío frente a su oficina.  —Normalmente se sienta justo allí, pero no parece estar todavía. Así que, eso es una razón más por la que no puedo molestarlo ahora, porque probablemente está enojado por eso.  Miró a otra empleada que estaba trabajando en un cubículo cercano. —¿Sabes por qué Rebecca no ha llegado todavía? —Rebecca renunció. La agencia está buscando un reemplazo. —Genial —bufó la recepcionista—. Y duró que... ¿dos días? La mujer se echó a reír. —No está mal, considerando... ¿Qué maldita clase de persona era este Graham Morgan? ¿Quién se creía que era? La adrenalina repentinamente me recorrió. Me acerqué al escritorio vacío de la secretaria y presioné el botón del intercomunicador que estaba etiquetado GJM. —¿Quién demonios crees que eres...? ¿El Mago de Oz? Estoy bastante segura de que tendría un acceso más fácil a la reina Isabel II. 
El miedo en los ojos de la recepcionista era palpable, pero sabía que era demasiado tarde, así que se quedó al margen y observó. No hubo respuesta durante un minuto completo. Luego llegó su profunda y penetrante voz.  —¿Quién eres? —Mi nombre es Soraya Venedetta. —Venedetta. —Había repetido mi nombre claramente. No se me pasó que a diferencia de todos los demás, él había pronunciado mi nombre perfectamente bien. Cuando no dijo nada más, volví a pulsar el botón.  —He estado esperando pacientemente para verte. Pero aparentemente, estás masturbándote allí o algo así. Todo el mundo está muerto de miedo de ti, así que nadie quiere decirte que estoy aquí. Tengo algo que imagino que has estado buscando. Su voz llegó de nuevo.  —¿Oh en serio? —Sí. Y no te lo daré a menos que abras esa puerta. —Déjeme preguntarle algo, Srta. Venedetta. —Bien… —Esta cosa que usted afirma que estoy buscando. ¿Es la cura para el cáncer?  —No. —¿Es un Shelby Cobra original? ¿Un qué? —Um… no. —Entonces, te equivocas. No hay nada que posiblemente podrías tener que estoy buscando, eso haría que abrir esa puerta y tener que lidiar contigo valga la pena. Ahora, por favor, deja este piso, o tendré a seguridad escoltándote. Maldición. No iba a seguir lidiando con esta mierda. No quería tener nada que ver con él de aquí en adelante, así que decidí dejar su estúpido teléfono. Agarrando mi propio teléfono, tuve una idea. Un regalo de despedida. Tomé tres fotos de mí misma: una de mi escote con un gran dedo medio en el medio, una de mis piernas y una de mi trasero. Entonces programé mí número en su teléfono, nombrándome a mí misma De Nada Imbécil. Elegí específicamente no mostrar mi cara ya que no quería que me reconociera en el tren. Envié las tres fotografías y las seguí con un texto final. Tu madre debería avergonzarse de ti. 
Le di el teléfono a la recepcionista y le dije:  —Asegúrate de que reciba su teléfono. Salí de allí a pesar de sentirme un poco derrotada y muy furiosa. Mi humor solo empeoró cuando volví a trabajar. Lo único bueno fue que Ida tuvo una inesperada reunión fuera de la oficina, así que no tuve que lidiar con ella. Acabé tomando ventaja y saliendo una hora antes. Después del trabajo, me aventuré a ver a Tig y a su esposa, Delia, antes de regresar a mi apartamento. Él y yo habíamos sido mejores amigos desde que éramos pequeños, creciendo como vecinos. Tig y Del poseen Tig's Tattoo and Piercing en la Octava Avenida. Podía oír el sonido de la aguja de Tig zumbando en la esquina; estaba ocupado con un cliente. Tig manejaba todas las cosas de tinta y Delia se encargaba de los piercings. Siempre que estaba en este tipo de estado de ánimo inestable, tendía a ser muy impulsiva. Ya había decidido que esta noche en casa iba a teñir las puntas de mi cabello rojo, pero eso no parecía suficiente para satisfacerme. —Del, quiero que perfores mi lengua. —Vete de aquí. —Agitó su mano desdeñosamente. Era muy consciente de mis cambios de humor. —Lo digo en serio. —Dijiste que nunca conseguirías un piercing. No quiero que vuelvas y me eches la culpa cuando cambie de nuevo tu humor. —Bueno, cambié de opinión. Quiero uno. Tig nos escuchó y apartó su atención de su cliente por un segundo.  —Te conozco. Alguna mierda debe haber caído hoy para que quieras perforar tu lengua de repente.  Soltando un suspiro profundo, dije:  —Alguna mierda, correcto. Procedí a contarles la historia completa, desde encontrar el teléfono de Graham hasta su rudeza hacia mí por el intercomunicador hoy. Tig habló a través del sonido de la aguja.  —Así que, olvídalo. Ya no tienes que lidiar con ese imbécil. Estás dejando que llegue a ti. Solo bórralo de tu memoria. Sabía que Tig tenía razón. Simplemente no podía entender por qué el rechazo de Graham estaba teniendo tal efecto en mí. No iba a sobre analizarlo esta noche o relacionarlo con mis problemas de rechazo por parte de mi padre. Tal vez solo estaba esperando ser agradablemente sorprendida hoy en lugar de totalmente decepcionada. Algo me impedía dejarlo ir. Había más cosas que esperaba descubrir sobre Graham y nunca llegaría a hacerlo. 
 
No entendía por qué importaba tanto, y hasta que pudiera averiguarlo, me desquitaría conmigo misma. —Todavía quiero que perfores mi lengua. Rodó sus ojos.  —Soraya... —Vamos, Del. ¡Solo hazlo! Mi lengua punzaba en el viaje en tren a casa. Leyendo sobre la lista de instrucciones post-tratamiento, no pude evitar reírme. No besar o participar en otras actividades orales hasta que esté completamente curado. Sí... eso no iba a ser un problema, viendo que no tenía a nadie para participar en dichas actividades. Todas las instrucciones parecían bastante fáciles hasta que llegué a la última. No tome bebidas ácidas o alcohólicas mientras la herida esté sanando. Bueno, mierda. Me habían disparado en el pie con esa, decidiendo perforar mi lengua en una noche donde realmente necesitaba ahogar mis penas en un poco de alcohol. Al regresar a mi apartamento, me quité mi ropa y comencé el proceso de volver las puntas de mi cabello rojo, lo que significaba mi peor estado de ánimo posible. Justo cuando pensaba que sabía exactamente cómo iba a ir esta noche, lo último que esperaba ocurrió.   


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Veritoj.vacio

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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por Veritoj.vacio el Mar 4 Jul - 22:30



Graham 



 
Mi día había sido invadido por un par de tetas sin rostro y un tatuaje de plumas. Peor, ellos podían hablar. De todas las cosas jodidas que podría haberme enviado a mí, junto con todas esas tomas corporales, tuvo que elegir esas palabras. Tuvo que enviar el mensaje que me desarmaría y jodería completamente el resto de mi día. Tal vez de mi semana. Tu madre debería estar avergonzada de ti. Jódete, Soraya Venedetta. Jódete, porque tienes razón. Esta extraña mujer se había metido bajo mi piel. Había dicho su nombre una vez a través del intercomunicador, pero se quedó conmigo. Normalmente, los nombres entraban por un oído y salían por el otro. Soraya Venedetta. Bueno, técnicamente, su nombre completo era Soraya De Nada, Imbécil Venedetta. ¿Cómo consiguió mi teléfono? El texto siguió obsesionándome mientras lo leía una y otra vez. Tu madre debería estar avergonzada de ti. Cada vez, me puso más enojado que la anterior, porque en el fondo, sabía que no había palabras más verdaderas. Mi madre se habría avergonzado de mí, de la forma en que trataba a la gente a diario. Todos tratan con la tragedia de forma diferente. Después de que murió mi madre, había elegido sacar a la gente de mi vida, concentrando toda mi energía en la escuela y mi carrera. Ya no quería sentir nada, no quería conectar con nadie. La forma más fácil de lograr eso era alejar a las personas. Si ser un Imbécil era una forma de arte, entonces yo lo había dominado. Cuanto más exitoso me volví, más fácil se volvió. Era increíble lo que un hombre de mi posición y apariencia podía conseguir. Casi nadie distinguía mi mierda o me cuestionaba. Solo lo aceptaban. En todos estos años, ninguna persona me había hablado en mi lugar de trabajo de la forma en que Soraya Venedetta lo había hecho hoy. Nadie. 
 
Mientras su actitud valiente por el intercomunicador me impresionó, casi había me olvidado de ella hasta que Ava, la recepcionista, golpeó mi puerta y me entregó mi teléfono. Y ahora, horas después, todavía estaba sentado aquí completamente obsesionado con la profunda comprensión que provenía de las palabras de Soraya. Y completamente obsesionado con su conjunto de tetas derramándose de su vestido que era del color del diablo. Adecuado. Soraya Venedetta era un pequeño diablo. Me había dejado incapaz de concentrarme en el trabajo, así que cancelé la reunión que tenía en la tarde y dejé la oficina. De regreso en casa, me senté en mi sofá y sorbí un coñac mientras seguía rumiando. Sintiendo que algo estaba roto conmigo, mi terrier de West Highland, Blackie, se sentó a mis pies, sin siquiera preocuparse por intentar que jugara con él. Mi condominio en Upper West Side tenía vista al horizonte de Manhattan. Ahora estaba oscuro, y las luces de la ciudad iluminaban el cielo nocturno. Mientras más bebía, las luces parecían más brillantes, y más se escapaban mis inhibiciones. En algún lugar de la vasta ciudad, Soraya se sentía satisfecha con su pequeño acto, ignorando que me había hecho polvo en el proceso. Mirando fijamente la imagen del tatuaje de pluma en su pie de nuevo, se me ocurrió que no mostraba su cara porque probablemente era fea como el infierno. Ante ese pensamiento, mi propia risa resonó a través de la piedra fría, de la sala vacía. Ojalá supiera cómo se veía. Ojalá hubiera abierto la puerta de la oficina para poder cerrarla en su cara. Mi dedo se detuvo sobre su nombre, De Nada Imbécil. Quería hacerla sentir como ella me había hecho, como la mierda. No estaba más allá de ir ahí. Así que, lo hice. Respondí el mensaje de texto. De hecho, mi madre está muerta. Pero sí, supongo que estaría avergonzada. Tal vez pasaron cinco minutos antes de que mi teléfono sonara. Soraya: Lo siento. Graham: Deberías. Debí dejarlo estar. Se habría sentido como la mierda, y eso habría sido el final de ello. Pero estaba borracho. Sin mencionar jodidamente caliente. Mirar fijamente a sus tetas, piernas y trasero todo el día me había excitado. Graham: ¿Qué llevas puesto, Soraya? Soraya: ¿Lo dices en serio? Graham: Arruinaste mi día. Me lo debes. 
 
Soraya: No te debo nada, jodido pervertido. Graham: Esto es de la mujer que me mandó una foto de su escote. Lindas tetas, por cierto. Son tan grandes que, al principio, pensé que era una imagen de un trasero. Soraya: Tú eres el trasero. Graham: Muéstrame tu rostro. Soraya: ¿Por qué? Graham: Porque quiero ver si coincide con tu personalidad. Soraya: ¿Qué significaría eso? Graham: Bueno, eso no sería mal agüero para ti. Soraya: Nunca vas a ver mi rostro. Graham: Probablemente es mejor. Así que, dame una pista de lo que estás usando. Soraya: Es rojo. Graham: ¿Así que no te has cambiado de ese vestido? Soraya: No, estoy desnuda con agua goteando por mi cuerpo y mi lengua está palpitando gracias a ti. Eso fue algo extraño de decir. Graham: Esa es una imagen interesante. Soraya: En verdad estás loco, amigo. Graham: ESTOY un poco loco, de hecho. Probablemente necesito que mi cabeza sea revisada porque he estado fantaseando con una persona sin cabeza todo el día. Soraya: Bueno, la foto desnuda no va a suceder. Graham: ¿Y si yo voy primero? Debió quedar traumatizada porque no volvió a responder después de eso. Decidiendo dejar de meterme con ella, lancé mi teléfono al otro lado del sofá y levanté a Blackie en mi pecho desnudo donde se quedó hasta que me dormí. 
*** Me las arreglé para sacar a Soraya de mi cabeza un poco al día siguiente, pero dos mañanas después, la obsesión regresó con toda su fuerza. El tren de la mañana estaba particularmente abarrotado, y no conseguí un asiento. Sosteniéndome de un poste de metal para mantener el equilibrio, miré a mi alrededor. De hecho, casi nunca prestaba atención a la gente en el tren, y ahora, estaba recordando por qué. Jodidos fenómenos. 
En un punto, mis ojos vagaron por el suelo, en los pies de una mujer diagonalmente a través del pasillo. Mi corazón latía furiosamente mientras mis ojos aterrizaban en un tatuaje de pluma igual al de Soraya. Los dedos de su pie también estaban pintados del mismo tono de rojo. Santa mierda. Era ella. ¡Ella tomaba el mismo tren! Así es cómo debe haber encontrado mi teléfono. No podía levantar la vista. No quería decepcionarme. Sería mucho mejor mantener la fantasía sin tener que enfrentar la realidad. Pero Dios, tenía que hacerlo. Tenía que saber cómo se veía realmente. Contando lentamente hasta diez, dejé a mis ojos viajar lentamente por la longitud de sus piernas que estaban cruzadas. Falda negra de piel, bolsa con estampado de leopardo a su lado, blusa corte bajo de color púrpura brillante mostrando la piel atormentada con la que había estado fantaseando. Luego, mis ojos aterrizaron sobre el cuello.  Joder. Joder. Joder. Estaba mirando al frente. Cabello sedoso y liso de color negro, teñido de rojo sangre en la parte inferior, atado atrás en una coleta, mostrando un largo y delicado cuello. Brillantes labios rojos en la forma de un arco perfecto. Nariz perforada. Grandes ojos marrones como platillos. Como sabes, el diablo tenía cara de ángel. De hecho, Soraya Venedetta era un bombón. Mi verga se estremeció con emoción. Si me costaba olvidarla antes, ahora iba a ser imposible. Cuando se giró y se dio cuenta de que la estaba mirando, nuestros ojos se bloquearon. Inseguro de si sabía quién era yo, mi latido se aceleró. Luego, simplemente apartó la vista inafectada hacia la ventana del tren. ¿No sabía cómo me veía? Sacudí mi cerebro. Solo había un par de fotos mías en mi teléfono, unas donde vestía de forma casual mientras visitaba a mi abuela. Tal vez no había pasado por mis fotos. No, Soraya Venedetta definitivamente habría abierto su gran boca si me reconociera. Ella no sabía. Dejando escapar un suspiro de alivio, seguí mirando fijamente a su hermoso rostro, asombrado de que fuera la misma persona que había vuelto mi vida del revés el otro día. Un asiento vacío llamó mi atención, así que me senté, saqué mi teléfono, y me deslicé por su nombre. Esto iba a ser divertido. 
Graham: ¿Tu cabello es largo o corto? Era la cosa más inofensiva que podía pensar en decir. Me di cuenta que si hubiera empezado diciéndole lo que fantaseaba en la ducha esta mañana (limpiando esas tetas grandes e increíbles y deslizando mi polla entre ellas) podría no responder de nuevo. Soraya: ¿Tienes una preferencia? Graham: Largo. Me encanta una mujer con cabello largo. No podía mirar en su dirección, pero me di cuenta que por la ventana podía ver su reflejo. Su cabeza se levantó, y dio un vistazo en mi dirección antes de bajar la vista a su teléfono. Soraya: Corto. Tengo el cabello muy corto. Mentirosa.  Después que envió el mensaje de texto, una sonrisa traviesa tentó sus labios. Yo lo arreglaría. Graham: Eso es muy malo. Tuve una fantasía recurrente todo el día de ayer acerca de ti teniendo el cabello lo suficientemente largo como para sujetarlo a la altura de mi cintura. Tuve un estremecimiento al ver que su sonrisa traviesa desaparecía. Sus labios se separaron, y estaba seguro de que si estuviera más cerca podría haber escuchado una respiración fuerte. Se movió inquieta en su asiento por un minuto antes de responder. Soraya: Lo siento. No se puede hacer. Estoy bajo instrucciones estrictas de no participar en ninguna actividad oral por un tiempo. ¿Qué mierda? Graham: ¿Quién? Soraya: De quién. De quién, sería la frase apropiada. Graham: La etiqueta apropiada para textos, de una mujer que envía pornografía a extraños. Soraya: No envío pornografía a extraños. Tú simplemente me enfadaste. Quería mostrarte lo que te estabas perdiendo al negarte a bajar de tu trono y verme. Graham: Si ese es el resultado, planeo enfadarte de nuevo. Con frecuencia. Se quedó mirando por la ventana por un tiempo. Me estaba acercando a mi parada. Esta mujer tenía una forma de meterse bajo mi piel, y sabía que no sería capaz de concentrarme en mi reunión de las ocho en punto con su comentario de restricción en la actividad oral colgando en el aire. Así que cedí. Graham: ¿De quién? 
Soraya: Delia. Joder. ¿Era lesbiana? Ese pensamiento nunca había cruzado por mi mente. ¿Qué clase de lesbiana envía tomas de piel a un hombre? Graham: ¿Eres gay? El tren desaceleró cuando llegamos a mi parada. Si no tuviera una reunión importante, me habría quedado solo para ver con lo que salía. Contra mi mejor juicio, dejé a mis ojos vagar hacia ella antes de que estuviera de pie para irme. Su cabeza estaba baja mientras escribía el texto, pero había una sonrisa en su cara. Una hermosa, sonrisa real. No una de esas sonrisas forzadas y practicadas en el espejo que la mayoría de mis citas parecía perfeccionar. No. Soraya Venedetta sonrió realmente. Era una poco torcida y muy jodidamente hermosa. Mi teléfono destelló indicando que había llegado un nuevo mensaje. Afortunadamente, sacó mi atención de verla antes de ser atrapado. Soraya: LOL. No, no soy gay. Delia perforó mi lengua hace dos días. De ahí la estricta prohibición en las actividades orales hasta que haya tenido el tiempo de sanar. Joder. Cerré los ojos en un intento de calmarme, pero solo empeoró las cosas. Una imagen de su dulce carita con esa pícara lengua perforada bajando sobre mi polla tenía a mis ojos saltando abiertos de nuevo. Completamente distraído, apenas logré salir del tren antes de que se cerrara la puerta. ¿Cómo diablos iba a lograr nada hoy con ese nuevo trozo de información? 


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por Veritoj.vacio el Mar 4 Jul - 22:36


Soraya 

 
Era un hermoso día, del tipo en el que no hay ni una nube en el cielo azul. Miré por la ventana tratando de averiguar qué diablos se había metido en mí. Había estado en torno a hombres guapos antes, incluso había salido con algunos. Entonces, ¿por qué estar cerca de Graham J. Morgan me envió de regreso a cuando tenía trece años y me ponía nerviosa cuando el chico lindo se sentaba frente a mí en la cafetería de la escuela? Odiaba la reacción que mi cuerpo tenía hacia él. Había una química que venía naturalmente y era casi imposible de reprimir. No podía luchar contra lo que me invadía, de la misma forma en que no podía forzar la química que faltaba con Jason, el último buen tipo con quien salí. Al estar en un tren temprano esta mañana, no estaba preparada para encontrarme cara a cara a Graham. Cuando nuestros ojos se bloquearon, sus pupilas se dilataron y durante una fracción de segundo pensé que quizá estaba teniendo la misma reacción física hacia mí que yo tenía por estar cerca de él. Pero luego apartó la vista completamente, sin verse afectado. Su apenas reconocimiento de mi existencia fue un virtual rechazo, pero mis manos seguían temblando cuando llegó su primer mensaje. Lo único bueno era que, al menos, el impacto de verlo no parecía haberse registrado en mi rostro. No tenía idea de quién era yo, y yo planeaba mantenerlo así. Ida interrumpió mi pensamiento. Dejó caer una gruesa pila de cartas desplegadas en mi escritorio. ¿Quién realmente escribe una carta y la envía por correo a una columna de consejos hoy en día? ¿Hola, correo electrónico? ¿Estás ahí? Soy yo, el siglo XXI. —¿Crees que puedes trabajar en algunas respuestas para la columna de Internet? —Claro. Puedo hacer eso. —Tal vez esta vez, puedas dar el consejo apropiado. Me sentía jodidamente inapropiada esta mañana.  —Lo intentaré. —Intentarlo no es lo suficientemente bueno. Hazlo bien esta vez. — Cerró de golpe la puerta de su oficina, y yo estiré mi dedo medio. Lo que tú digas 
Pasé cerca de una hora escudriñando la pila hasta que encontré unas cuantas cartas que pensé que sería capaz de responder al estilo Ida. Mis primeros borradores resultaron en arrugadas bolitas de papel que se perdieron en el bote de basura. Entonces me di cuenta que había un truco para sacar los consejos de mierda. Primero, redactaría la respuesta como creía que debía ser. Entonces, cambiaría cada oración exactamente a lo opuesto del que sería mi consejo. Sorprendentemente, el proceso de dos pasos parecía realmente generar esa vibra estilo Ida. 
 
Querida Ida, El año pasado atrapé a mi novio engañándome. Dijo que fue un terrible error y prometió que fue algo de una sola vez. Después de muchos dolores de cabeza, accedí a seguir comprometida con nuestra relación. Pero simplemente no puedo superarlo. Hay un hombre en el trabajo al que me siento muy atraída. Creo que, si durmiera con él, podría ayudarme. ¿Pueden dos errores salvar una relación? —Paula, Morningside Heights 
 
Paso 1. Querida Paula, ¡Sí! ¡Dos errores no hacen un acierto, pero hacen un infierno de buena excusa! ¡Ve por ello! Claro, una relación requiere compromiso, pero también lo hace la locura. La infidelidad no es un error; es una opción. Sé realista. Una vez infiel, siempre infiel. Devuélvesela, monta ese bombón, y luego vete antes de que tu novio lo haga de nuevo. 
 
Paso 2. Querida Paula, No. Dos errores nunca hacen un acierto. Si realmente estás comprometida a salvar tu relación, debes evitar la tentación a toda costa. La gente comete errores, pero también pueden aprender de ellos y cambiar. Errar es humano, perdonar es divino. Sé divina. Confía en que no lo volverá a hacer. Sobrellévalo si realmente lo amas. 
 
Después de conseguir el truco, eliminé dos días de respuestas antes de dárselas a Ida para revisar. Cuando mi teléfono zumbó a mediodía, estaba emocionada, esperando que fuera Graham. Tan ridículo como era, realmente ansiaba sus mensajes enfadados, cachondos. La desilusión se instaló en mí al encontrar un mensaje de Aspen. Me había olvidado de nuestra cita de esta noche. Mi reacción inmediata fue cancelar. Pero en vez de eso, mentí y escribí que estaba deseando salir. Era un amigo de un amigo que conocí en una fiesta y parecía un tipo muy agradable. Además, sentarme en casa y esperar un mensaje de un hombre que nunca tendría interés en una mujer como yo, era simplemente triste. Después del trabajo, hice un esfuerzo adicional para verme bien esperando que cambiara mi estado de ánimo. Me metí en unos jeans ajustados y una camisa púrpura brillante que mostraba mi abundancia de escote. Añadiendo un sexy par de sandalias con tiras negras tachonadas, me miré al espejo. Me veía malditamente bien. Jódete, Graham Morgan, quien no creía que valiera un segundo vistazo. Viviendo en Brooklyn, por lo general me encontraba con mis citas en cualquiera que fuese el lugar al que íbamos. El transporte público no era exactamente propicio para recoger a la gente, lo que funcionaba para mí, ya que no era particularmente aficionada a dar mi dirección a extraños. Pero Aspen planeaba llevarme a algún lugar en Long Island, así que me había recogido. —Espero que no te moleste. Solo necesito hacer una parada rápida. —Claro, no hay problema. A diferencia de cuando nos habíamos conocido en la fiesta, el viaje en auto estuvo lleno de una conversación incómoda. Tuve que hacer preguntas para mantener la conversación. —¿Así que, a dónde vamos? Mencionaste un club. —Es un club de comedia. No voy hasta las nueve. —¿Estás actuando? —Sí. —Se encogió de hombros—. Pensé dos pájaros, un tiro. Algo acerca de su respuesta me molestó. Implicaba que nuestra cita era una tarea. Pero traté de sacar lo mejor de ello. Había pasado mucho tiempo desde que fui a un club de comedia, y tal vez estaba tratando de mostrarme. Cuando mi teléfono zumbó en mi bolso, me asomé para ver quién era. Odiaba admitirlo, pero parte de mí quería que fuera Graham. Aspen entró en el estacionamiento y estacionó.  —Solo será un minuto. ¿Me estaba dejando en el auto?  —¿Dónde estamos? —Miré alrededor en la oscuridad. Había un 7 Eleven a la izquierda y White's Funeral Home a la derecha. —Tengo que detenerme en White’s. Mi tía murió. —¿Tu tía murió? —Sí. Solo serán diez minutos. —Empezó a salir—. ¿A menos que quieras venir conmigo? —Umm... voy a esperar aquí. 
¿Qué demonios? Me senté allí perpleja en el estacionamiento. Esencialmente me estaba llevando al funeral de su tía para luego actuar. Cuando volvió a sonar mi teléfono, pensé que podía usar la distracción.
 Graham: ¿Cómo está tu lengua? 
Soraya: Mejor. La hinchazón ha bajado. 
Graham: He estado preocupado por eso todo el día. 
Soraya: Ah, ¿sí? Sonreí. Mi conversación con el bellísimo pervertido podría ser el punto culminante de mi cita con Aspen. 
Graham: ¿Qué estás haciendo ahora mismo, Soraya?
 Escuché su sexy voz raspar la pregunta en mi oído mientras leí su texto. El vello de mis brazos se levantó. Mi cuerpo lo tenía mal por este hombre, sin tener en cuenta lo que mi cerebro decía. 
Soraya: Estoy en una cita, en realidad. Mi teléfono se quedó en silencio durante mucho tiempo. Comencé a pensar que era eso. Pero entonces volvió a vibrar. 
Graham: ¿Es seguro asumir que no va bien ya que estás enviando mensajes? 
Soraya: Eso sería una suposición segura. 
Graham: ¿Cómo se llama? 
Soraya: ¿Por qué quieres saber? 
Graham: Así tengo un nombre para ponerle al hombre que de repente me desagrada. De nuevo sonreí al maldito teléfono. 
Soraya: Aspen. 
Graham: Es un Imbécil. 
Soraya: ¿Y sabes eso por su nombre? 
Graham: No. Lo sé porque estás enviando mensajes a otro hombre durante su cita. 
Soraya: Supongo que, si estuviera contigo, no enviaría mensajes.
 Graham: Si estuvieras conmigo, no te importaría dónde está tu teléfono.
Soraya: ¿Es así? 
Graham: Ciertamente lo es. Curiosamente, tendí a estar de acuerdo con él. Suspiré y decidí compartir los detalles de mi lamentable cita. 
Soraya: Me llevó a un funeral. 
Graham: ¿Para su cita?
 Soraya: Síp. Graham: Espero que me envíes mensajes mientras caminas hasta el tren más cercano.
 Soraya: El funeral está en Long Island. Estoy un poco atascada con él por el resto de la cita.
 Graham: ¿Hay algo más que solo un funeral? 
Soraya: Sí. Me está llevando a trabajar después. 
Graham: ¿Cómo dices? 
Soraya: LOL Graham: ¿Dónde estás? Iré a buscarte. Eso era... ¿Agradable del Sr. Gran Imbécil? 
Soraya: Gracias. Pero estoy bien. 
Dejó de enviar mensajes después de eso. Peor aún, Aspen regresó al auto. Las cosas se pusieron peor desde allí. Al llegar al club de comedia, mi cita procedió a bajar dos vodkas por su garganta. Cuando le mencioné que él nos estaba llevando a casa, me dijo que conocía su límite. Al parecer, no conocía el mío. Tres minutos después de que subió al escenario y contó sus primeros chistes malos, hice un viaje al baño de mujeres, y luego salí por la puerta trasera. Once dólares en taxi más tarde, estaba esperando el primero de lo que serían tres trenes para volver a casa. Tal vez necesitaba tomar un paréntesis de salir por un tiempo.   


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por ile_arch el Miér 5 Jul - 2:51

Me mata de risa sus mensajes
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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por Loam el Miér 5 Jul - 13:53

Me gusta como va progresando esto, muchas gracias por el capi!!


-Tú eres mi perfección. Soy todas esas cosas por ti. -dijo sacudiendo su cabeza a lo que él consideró como una seria confusión-. Existo por ti, Nina. Este ser mortal tan precioso para el Creador del Universo que permitió mi existencia. Dime que eso no es increíble.
--Jared Ryel--


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por yiniva el Miér 5 Jul - 14:31

bueno ya sabemos porque la actitud de Graham y Soraya es muy explosiva, mira que tomar decisiones dependiendo de su humor.


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por berny_girl el Miér 5 Jul - 15:11

Esta bastante divertido todo este enrededo


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por Walezuca Segundo el Miér 5 Jul - 15:50

Son tan cómicos Razz
El trabajo de soraya lo es aun mas, no imagino estar respondiendo y dando consejos a las parejas además que cosas escriben!!
Mmmm al parecer graham no es tan ogro Wink


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por mariateresa el Miér 5 Jul - 22:56


Graham


Estuve de un humor pésimo toda la mañana. Pensándolo bien, mi 
ira empezó a surgir en algún momento la noche anterior. Justo en 
el momento en que la mujer con cuerpo de diablo y rostro de ángel, me dijo 
que preferiría estar en una cita con algún imbécil que la llevara a un funeral, 
a que yo la invitara a salir.
Si no tuviera una reunión temprana esta mañana, me habría metido 
en ese tren y le diría exactamente quién era yo. Mirando la imagen de sus 
deliciosas tetas en mi teléfono de nuevo, me di cuenta de exactamente quién 
era yo... más o menos un acosador, últimamente. Y eso me molestaba aún 
más. A la mierda ella y su cita.
—¡Rebecca! —Presioné el intercomunicador y esperé que mi secretaria 
respondiera.
Nada.
—¡Rebecca! —La segunda vez, gruñí tan fuerte, que el 
intercomunicador no era necesario. Toda la maldita oficina tenía que 
haberme escuchado.
Aún nada.
Lanzando una carpeta en mi escritorio, caminé hacia mi secretaria. 
Una pelirroja estaba sentada en su escritorio.
—¿Quién eres tú?
—Soy Lynn. Su secretaria por los últimos dos días. —Frunció el ceño 
como si yo supiera de qué diablos estaba hablando.
—¿Qué le pasó a Rebecca?
—No lo sé, señor Morgan. ¿Quiere que lo averigüe?
—No. Me gustaría que me trajeras un almuerzo. Pavo en trigo integral 
ligeramente tostado con una rebanada de Alpine Lace Swiss. No dos. Una. 
Café. Negro.
—Bueno.
—La recepcionista controla el dinero para gastos menores. Habla con 
ella.
Me sonrió, pero no se movió.
—Bueno, ¿qué estás esperando? Ve.
—Oh. ¿Quiere que vaya ahora?
Me quejé y regresé a mi oficina.
Era temprano por la tarde cuando mi teléfono vibró y destelló una 
nueva imagen de las piernas de Soraya. Nunca antes había iniciado 
nuestras conversaciones.
Jódeme.
Esta mujer iba a ser mi muerte. Necesitaba que estuviera de acuerdo 
en verme.
Graham: Muéstrame más.
Soraya: Eso es todo lo que vas a recibir.
Graham: Eres tan provocadora. Ábrelas para mí.
Soraya: De ninguna manera.
Graham: ¿De repente tienes moral?
Soraya: Tengo mis límites, y mostrarte entre mis piernas es 
definitivamente un límite duro.
Graham: Y definitivamente no hay límite en cuán DURO me 
pondría. De hecho, solo imaginarlo me está poniendo como una roca 
en este momento.
Soraya: Pervertido. ¿No estás en el trabajo?
Graham: Sabes que estoy en el trabajo. ¿Por qué me enviaste una 
foto de tus piernas entonces? Estás tratando de irritarme.
Soraya: No se necesita mucho.
Graham: No me mostrarás tu coño. Al menos déjame oír tu voz.
Soraya: Ya has escuchado mi voz.
Graham: Sí, pero estabas molesta. Quiero oír cómo suenas cuando 
estás mojada y caliente.
Soraya: ¿Y cómo sabes que estoy mojada y caliente?
Graham: Puedo sentirlo.
Soraya: De verdad...
Graham: Sí.
Mi teléfono empezó a vibrar. Soraya.
Mi voz fue intencionalmente baja y seductora.
—Hola, nena.
—No me digas nena.
Solo el sonido de su voz hizo que mi cuerpo vibrara de excitación.
Mi voz sonaba tensa.
—Quiero verte. Necesito saber cómo eres.
Dios, necesito tocarte.
—No creo que sea buena idea.
—¿Por qué no?
—No creo que seamos indicados el uno para el otro. No soy tu tipo.
Levantando una ceja, le pregunté: 
—¿Y cuál es exactamente mi tipo?
—No lo sé... ¿una perra pretenciosa y rica? Alguien que elogie a un 
arrogante trajeado como tú.
Una profunda risa me invadió.
—Un arrogante trajeado, ¿eh?
—Sí. Eres pomposo, y crees que puedes andar sobre toda la gente.
—Bueno, solo hay una persona sobre la que quiero estar ahora, Soraya. 
Completamente. Encima. De. Ti.
—¿Cómo llegaste a ser tan Imbécil de todos modos?
—¿Por qué todo el mundo es cómo es? No hemos nacido de esa manera. 
Se aprende.
—Entonces, ¿ser un Imbécil es un arte que has dominado?
—Soy un Imbécil porque... —titubeé—. Porque no quiero lidiar con la 
mierda que inevitablemente viene cuando dejo bajar mi guardia.
—¿Qué pasó para hacerte querer tener la guardia alta?
—¿Qué sucede con las preguntas profundas, Soraya? No me abro a las 
mujeres que ni siquiera he follado.
—¿Si te dejo que me folles, me contarás todos tus secretos?
Mi polla se estremeció pensando en estar con ella.
—Te diré lo que jodidamente quieras saber si tener sexo contigo es una 
posibilidad ahora.
—Exactamente. ¡Exactamente ese es mi punto!
Aunque discutimos un poco, pude sentir el humor en su tono. De 
alguna manera supe que estaba sonriendo conmigo y disfrutando de nuestro 
pequeño intercambio.
Me aclaré la garganta y le dije: 
—Está bien... vamos a cambiar las cosas. ¿Cómo te volviste una chica 
traviesa tan rara?
—Siempre he sido así.
Me reí entre dientes. De alguna manera, creía eso. Parecía ser 
naturalmente valiente, no haciendo un drama. Así era realmente.
—¿Qué haces para vivir, Soraya?
—¿Qué crees que hago?
—Esa es una pregunta difícil. —Me rasqué la barbilla y puse mis 
piernas sobre mi escritorio—. Basándome en lo poco que sé sobre ti... un 
increíble par de tetas y piernas... diría que tal vez eres una bailarina de 
striptease en algún club oscuro y lleno de humo.
—Bueno, acertaste en la parte oscura y llena de humo. Mi oficina es 
aburrida, y a mi jefe le gusta esconder colillas6.
—Será mejor que no se esté escondiendo con tu trasero.
Jesús. Tranquilízate antes que piense que eres un lunático celoso.
—Él es un ella... y son colillas de cigarrillos las que esconde detrás de 
una puerta cerrada en su oficina. Trabajo para una columna de consejos. 
Es un trabajo triste, solo paga mis facturas.
—En realidad creo que suena muy intrigante. ¿Qué columna es?
—No estoy segura que deba decírtelo. Podrías intentar acecharme en el 
trabajo.
—¿No sería irónico? ¿No recuerdas cómo te presentaste?
—Es Pregunta a Ida.
—Siento que conozco ese nombre.
—Ha estado alrededor por años.
Está bien. Mamá solía leerla.
—Mi madre solía leer esa columna. ¿Qué haces ahí?
—Me encargo de organizar papeles y respondo a algunas de las 
consultas que llegan a través del sitio web, y asisto a Ida.
Me reí.
—¿Así que tú le das consejos a la gente?
—¿Qué es tan difícil de creer?
—Necesito un consejo.
—Bueno…
—¿Cómo puedo hacer que aceptes verme?
—Créeme. A veces, es mejor mantener las cosas en misterio. No puedo 
pensar que salga algo bueno de encontrarnos.
—¿Por qué?
—Solo me estarías usando por sexo.
Tuve que pensar si tenía razón. La atracción sexual estaba fuera de 
cuestión. Pero en el fondo, sabía que esta conexión con ella era mucho más 
profunda que eso. Simplemente no podía averiguar de dónde venía o qué 
significaba. Soraya había encendido una especie de fuego en mí que no 
podía extinguir. Tenerla desnuda debajo de mí era definitivamente una 
meta, pero no era solo eso. Necesitaba entenderlo.
—No es por ser un imbécil, pero puedo conseguir lo que quiera cuando 
quiera, de casi cualquier persona. No se trata de eso.
—¿Entonces qué es?
—No lo sé exactamente —dije, sinceramente—. Pero quiero averiguarlo.
Permaneció en silencio durante unos segundos y luego pareció 
retirarse.
—Creo que debería irme.
—¿Por algo que dije?
—Solo necesito irme.
—Bien entonces. ¿Cuándo volveremos a hablar?
—No lo sé.
Entonces, simplemente colgó.
Soraya Venedetta jodidamente me cortó. Un deseo por perseguirla me 
alcanzó.
Calma tu polla, Graham.
Mi estómago gruñó, recordándome que incompetente-Lynn nunca 
volvió con mi sándwich y café.
Al acercarme a la recepción, pregunté: 
—¿Dónde demonios está mi secretaria? Se suponía que volvería con mi 
almuerzo.
—Me temo que ha notificado a la agencia que no volverá.
Jodidamente genial.
Me dolía la cabeza por la abstinencia de cafeína. Volví a mi oficina y 
agarré mi chaqueta antes de dirigirme a la tienda de delicatessen en la calle.
Al abrir mi computadora portátil en la mesa, se me ocurrió una idea 
brillante. Miré en la parte superior del sitio web de Pregunta a Ida y decidí 
enviar una pregunta con la esperanza de que llegara a Soraya. Empecé a 
escribir:
Querida Ida,
Hay una mujer que no puedo sacar de mi mente. Me envió fotos de 
sus tetas, piernas y trasero, pero no me dejó verla en persona. La única 
razón que se me ocurre es que es muy fea y tiene miedo de mostrarme 
su rostro. ¿Cómo puedo lograr que acepte verme y entender que no 
todos los hombres son tan superficiales como parece pensar?
—Arrogante Trajeado, Manhattan
Riéndome sólo, cerré el portátil y terminé mi Pastrami en pan de 
centeno. Esta mujer incluso me hacía comer como la mierda. Hice un par 
de llamadas de negocios y revisé a Meme en el hogar de ancianos antes de 
abrir de nuevo mi portátil. Una respuesta de Pregunta a Ida estaba 
esperando en mi bandeja de entrada.
Querido Arrogante Trajeado,
Es muy posible que estés sacando la conclusión equivocada. No 
hay evidencia que sugiera que esta mujer es fea. Tal vez, simplemente 
no le interesas. También puede que quieras mirarte en el espejo y 
considerar el hecho de que una personalidad fea, es mayor disuasión de 
lo que rostro feo alguna vez podría ser.
Inclinando mi cabeza hacia atrás por la risa, me maravillé con el ingenio 
de esta mujer. Esa boca… no podía esperar a follarla. Además del hecho de 
que era graciosa, sincera, hermosa, sexy, y a diferencia de cualquier persona 
con la que había estado antes, había una parte de ella que parecía 
vulnerable y cautelosa. Quería saber más de porqué tenía tanto miedo de 
mí. Esta clase de curiosidad no era característica de mí en absoluto. 
Mientras que eso era perturbador, mi necesidad de llegar a conocerla 
desbancó a todo lo demás.
Sentarme frente a ella en el tren sin comerla descaradamente con los 
ojos era realmente una forma de arte. Como un ventrílocuo que maneja un 
maniquí sin mover los labios, tuve que mirarla de alguna manera sin que lo 
supiera.
Esta mañana en particular, en verdad fue un reto mantenerlo sutil, no 
solo porque se veía condenadamente sexy, sino porque no estaba sola. Un 
hombre fuertemente tatuado que parecía mucho más su tipo que yo, estaba 
sentado junto a ella. Estaban hablando y riendo, y básicamente quería 
golpear su cuello de lápiz.
Mi sangre empezó a bombear cuando él se inclinó hacia ella y la besó. 
No podía decir si fue en la cara o en los labios dado que solo fui capaz de 
esconderme. Entonces se levantó y salió del tren, dejándola detrás.
Los celos, que antes habían estado persistiendo bajo la superficie, 
ahora habían estallado. Era tan cegador, de hecho, que ni siquiera estaba 
pensando cuando de repente escribí un texto.
Graham: ¿Quién demonios es él?
Pareció congelarse antes de mirarme lentamente. Su piel, ya pálida, se 
volvió casi blanca. Su cabeza se había levantado y se encontró con mi 
mirada al instante. Sabía que era yo.
¿Siempre había sabido que tomábamos el mismo tren?
Pensé sobre ello un poco más. Sin ninguna duda, sus ojos habían 
aterrizado directamente en los míos como si supiera exactamente dónde 
mirar.
Había estado fingiendo no saber quién era todo este tiempo.
Debió buscar mi foto en línea. No sabía de qué otra forma podía 
reconocerme, pero eso en verdad ya no importaba. Todo lo que importaba 
era que ahora estaba cara a cara con la mujer que se había infiltrado en mi 
mente, cuerpo, y alma desde el momento en que abrió su gran boca en ese 
intercomunicador.
Mi parada era la siguiente, pero no iba bajar. Bueno, sinceramente, iba 
a bajarme en otra cosa: este altamente tenso concurso de miradas. 
Comprendí que ella también estaba absorbiendo ese hecho, que también yo 
conocía su identidad.
Se levantó de repente. Su parada debía venir después. Hice lo mismo, 
caminando hacia la salida y parándome justo detrás de ella. Estaba mirando 
mi reflejo en el vidrio de las puertas. Mi boca se curvó en una sonrisa 
engreída. Era como el gato de Cheshire que finalmente había atrapado a su 
pequeño ratón. Un toque de diversión brilló a través de su expresión.
Cuando las puertas se abrieron, la seguí, caminando tranquilamente a 
su lado. Los dos nos movíamos muy lentamente, inseguros de dónde ir o 
qué hacer. Cuando el tránsito de personas pareció desaparecer por la 
escalera mecánica del segundo nivel, estábamos casi solos en la plataforma 
del metro. De repente la agarré de la cintura, obligándola a girarse y 
mirarme.
Su pecho estaba agitado, y pude sentir el temblor de su cuerpo. Mi 
propio corazón estaba corriendo. Saber que estaba teniendo esa clase de 
efecto en ella era sorprendente, excitante. Tan jodidamente excitante. 
El olor de su piel prácticamente me estaba drogando. Eso, en 
combinación con la calidez de su cuerpo tan cerca del mío, me había dado una rabiosa erección. Era como un adolescente a punto de correrme en mis 
pantalones de tres mil dólares.
Cuando me moví lentamente hacia ella retrocedió hacia un gran pilar 
de concreto. La apoyé contra la columna y acuné sus mejillas entre mis 
manos, plantando mis labios sobre su boca. Se abrió para mí cuando mi 
lengua ansiosa fue en busca de la suya. Toda la vida a mi alrededor 
desapareció. El sonido de rendición que hizo en mi boca me incitó a besarla 
más profundo. Sus tetas cálidas y abundantes se sentían como una manta 
eléctrica en mi pecho. El metal frío del anillo de su lengua contra el calor de 
mi propia lengua envió lo que se sintió como espasmos a través de mí. Si no 
estuviéramos en público, no podía imaginar ser capaz de detenerme solo 
besándola. No quería nada más que tomarla aquí.
Me empujó y se aclaró la garganta:
—¿Cómo supiste que era yo?
Acaricié su labio inferior con mi pulgar.
—No voy a responder a eso hasta que me digas quién era ese chico que 
estaba besándote.
—Eso no fue un beso. Fue un besito en la mejilla. Era mi amigo, Tig. 
Se reunió conmigo para desayunar temprano esta mañana.
—Amigo, ¿eh?
—Está muy casado. Su esposa también es una buena amiga.
—Entonces, ¿no hay nada ahí?
—No, pero si lo hubiera, no te debo una explicación. —Se limpió la 
boca, que probablemente todavía estaba adolorida por mi ataque—. 
Entonces, dime cómo sabías que era yo.
—La pluma en tu pie, genio. Tus pies estaban en la fotografía de tus 
piernas. Utilicé ese tatuaje para identificarte. He estado observándote 
durante días. Al parecer tú hiciste lo mismo conmigo.
No negó que sabía quién era yo todo el tiempo.
Moví mi boca más cerca de la suya.
—¿Te gustó lo que viste? ¿Es por eso que sigues enviándome mensajes 
de texto? Cuando me di cuenta por primera vez que eras tú, no podía creer 
lo jodidamente hermosa que eras.
—Entonces, todo eso de que pensabas que podría haber sido fea fue…
—Una vasija de mierda. Estoy tan increíblemente atraído por ti, Soraya. 
Y tu cuerpo ahora está diciéndome que te sientes de la misma manera.
—No importa lo guapo que seas. Eres un ser humano peligroso.
—No tienes idea de lo peligroso que soy cuando quiero algo. No me 
detendré ante nada para conseguirlo. Y en este momento no hay nada que quiera más que tú. Pero si puedes decirme honestamente que no tienes 
ningún interés, me alejaré, y nunca volverás a escuchar de mí de nuevo. Y 
si el hecho de que estés temblando es alguna indicación, te estás sintiendo 
exactamente como yo.
—Yo no quiero sentirme de esta forma por un tipo como tú.
Escucharla decir eso fue un verdadero balde de agua fría. ¿Por qué 
clase de jodido ser humano me tomaba? Podría haber tratado a la gente 
como mierda de vez en cuando, pero no era un jodido criminal, por el amor 
de Cristo.
—Déjame decirte algo, Soraya. Puede que no sea el tipo más amable en 
el planeta o incluso el mejor para ti. De hecho, sé que no lo soy. Pero no 
puedes negar lo que está pasando entre nosotros. Solo hay un final para 
esto.
—¿Y cuál es?
—Yo enterrado profundamente en tu interior.
—Eso no puede pasar.
—Cada maldita noche, sueño con ese jodido anillo en tu lengua 
arremolinándose alrededor de mi polla. Eres lo único en lo que puedo 
pensar. De hecho, eres lo único en lo que podía pensar antes de siquiera ver 
tu maravilloso rostro. Pero después de todo lo que pasó, fui hombre muerto. 
—Acaricié su mejilla de nuevo—. Solo pasa tiempo conmigo.
—Si te dijera que no quiero dormir contigo, ¿todavía querrías verme?
Cerrando los ojos brevemente, los abrí y dije:
—Respetaría eso.
—He sido lastimada demasiadas veces en mi vida. He jurado no 
entregarme a nadie de esa forma de nuevo a menos que estuviera segura de 
sus intenciones. Así que, si quieres estar conmigo, entonces no hay sexo. 
¿Quieres hablar conmigo? Bien. ¿Quieres llegar a conocerme? Bien. Pero se 
detiene allí. ¿Es eso lo que realmente quieres?
—Lo quiero todo, pero tomaré lo que pueda obtener… por ahora.
—Entonces, ¿cuándo va a pasar esto?
—Esta noche. Te recogeré, y te llevaré a una cita real que no involucre 
el cadáver en descomposición de alguien en la otra habitación.
—Eres tan romántico.
—Iré con la cosa de no sexo, pero apunta mis palabras. Cuando llegue 
el momento, no voy a ser el que esté rogando por ello.
Por el resto de ese día, la perspectiva de verla más tarde me consumió. 
Para pasar esa espera insoportable, decidí escribir a Pregunta a Ida.
Querida Ida:
Estoy viendo a una mujer que ha dejado claro que no quiere tener 
sexo conmigo. La cosa es que, ella no sabe lo que se va a perder. Estoy 
pensando que, ¿debe haber algo que pueda hacer para cambiar su 
opinión? 
—Arrogante Trajeado, Manhattan.
Alrededor de una hora después, una respuesta apareció en mi bandeja 
de entrada.
Querido Arrogante Trajeado:
Tengo la sensación de que tal vez solo asumes que todas las 
mujeres deben querer abrirte las piernas. Estoy suponiendo que hay un 
motivo por el que esta mujer siente que tener sexo contigo sería 
perjudicial para su bienestar. Tal vez trata de llegar a conocerla por un 
tiempo, de darle un motivo para confiar en ti. Demuestra que estás 
involucrado. Mientras tanto, TÚ deberías invertir en una buena ducha 
fría. Suena como que la vas a necesitar.


Última edición por mariateresa el Jue 6 Jul - 0:06, editado 1 vez


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por mariateresa el Miér 5 Jul - 23:28


Soraya


Soraya: ¿A dónde vamos?
Había dejado el trabajo una hora antes para prepararme. Más 
de la mitad de la ropa que poseía estaba en una pila apilada en mi cama. 
Normalmente, cualquier estado de ánimo dictaba mi atuendo. No era 
melindrosa. Para mí, el estilo era una expresión de mi propia personalidad 
individual, no seguía las últimas tendencias o la de las Kardashian. Por lo 
tanto, me estaba volviendo loca encontrarme en mi décima combinación.
Graham: A un restaurante, por desgracia. A menos que hayas 
cambiado de opinión. Seré más que complaciente si prefieres que te 
deleite en mi casa.
Si fuera alguien más, todos sus pequeños comentarios perversos me 
molestarían. Pero por alguna razón... Graham me hacía sonreír. Mi 
respuesta a su invitación siempre lo arruinaba.
Soraya: En realidad, tal vez cambié de opinión.
Graham: Dame tu dirección. Todavía estoy en la oficina, pero 
puedo estar allí en diez minutos, donde quiera que vivas.
Me reí de su desesperación. Por mucho que creyera que estaba llena de
mí misma, había algo muy entrañable en la honestidad que mostraba 
deseando estar conmigo. Normalmente, para un tipo como él, mostrar 
desesperación era un signo de debilidad. Casi me hacía sentir mal por jugar 
así con él. Casi.
Soraya: Quería decir sobre cenar esta noche. No estoy segura de 
que sea una buena idea.
Graham: Mierda. Si no te presentas, espera un golpe en tu puerta.
Soraya: Ni siquiera sabes dónde vivo.
Graham: Soy un hombre muy ingenioso. Pruébame.
Soraya: Bien. Estaré allí. Pero solo me diste una dirección. ¿A 
dónde iremos? Necesito saber qué ponerme.
Graham: Usa lo que tengas puesto ahora mismo.
Miré hacia abajo.
Soraya: ¿Un sostén de encaje y una tanga? ¿A dónde me llevarás, 
a un club de striptease?
Pasaron unos sólidos cinco minutos antes de que respondiera.
Graham: No me digas mierda como esa.
Soraya: ¿No eres fanático del rosa caliente?
Graham: Oh, lo soy. El tono se verá tan encantador como la huella 
de una mano en tu trasero si no dejas de jugar conmigo.
Las nalgadas no eran algo que me gustara. No era la palabra clave. Sin 
embargo, el pensamiento de él golpeando mi trasero tuvo a mi cuerpo 
tarareando. Estaba excitada por un texto. Jesús. Este hombre era peligroso. 
Necesitaba descansar, tiré el teléfono en mi cama y volví a meterme en mi 
armario. Un pequeño vestido negro sobre saliendo de la parte trasera me 
llamó la atención. Lo había comprado para un funeral. Me arrepentí 
pensando que debería haberlo usado la otra noche para mi cita con Aspen. 
Cuando lo saqué de la percha, mi teléfono estaba parpadeando con un nuevo 
mensaje de texto entrante.
Graham: Dejaste de responder. Voy a tomar eso como que estás 
ocupada fantaseando con mi mano golpeando ese trasero fino.
Tenía una extraña habilidad para convertir una simple pregunta en 
algo sucio.
Soraya: Estoy ocupada tratando de averiguar qué usar. Lo que 
me lleva de nuevo a la pregunta original que te envié, ¿a dónde 
iremos?
Graham: Hice una reserva en Zenkichi.
Soraya: ¿En Brooklyn?
Graham: Sí, en Brooklyn. Solo hay uno. Dijiste que vivías allí, y 
como te niegas a dejar que te recoja, escogí un lugar cercano a ti.
Soraya: Vaya. Genial. He querido probar ese lugar. Es una especie 
de dolor en el trasero el llegar desde tu oficina, sin embargo.
Graham: Sin problema. Ya que eres un dolor en mi trasero. Nos 
vemos a las siete
La estación de metro estaba a una cuadra y media del restaurante. 
Cuando doblé la esquina, había un auto negro de la ciudad estacionándose. 
No tengo idea de porqué, pero me agaché en una puerta para ver a la persona 
salir. Mi estómago me dijo que era Graham.
Mi intestino no estuvo mal. Un chofer uniformado salió y abrió la puerta 
trasera, y Graham salió a la acera. Dios, el hombre rezumaba poder. Estaba 
vestido con un traje caro diferente del que había llevado esta mañana. Por 
la forma en que le quedaban los trajes, no había duda que los mandaba 
hacer a la medida. Aunque no era el traje de fantasía que llevaba puesto lo que le daba el aire de supremacía; era la forma en que lo usaba. De pie frente 
al restaurante, se detuvo erguido y confiado. Tenía el pecho abierto y ancho, 
los hombros hacia atrás, las piernas separadas y firmemente plantadas. 
Miraba hacia delante, sin tocar su teléfono ni mirar sus pies para evitar el 
contacto visual. Una mano estaba en el bolsillo de sus pantalones, con el 
pulgar fuera. Me gustaba el pulgar enganchado en el exterior.
Esperé unos minutos, y cuando finalmente miró en otra dirección, salí 
por la puerta. Cuando se volvió y me vio, me volví consciente de mi andar. 
La forma en que observaba cada paso que daba, hacía que una parte de mí 
quisiera correr hacia otro lado, pero a la otra parte le gustaba la intensidad 
de su mirada. Mucho. Así que bajé mis nervios, agregué un poco de 
movimiento a mis caderas y decidí que no sería un ratón para su gato. Sería 
el perro.
—Graham. —Asentí mientras me detenía delante de él.
—Soraya. —Imitó mi tono de negocios y asintió.
Nos quedamos mirándonos uno al otro en la acera, a una distancia 
segura entre nosotros, por el minuto más largo en la historia de los minutos. 
Luego gruñó:
—Al diablo esto. —Caminando hacia delante en mi espacio, tomó un 
puñado de mi cabello alrededor de su mano, lo usó para inclinar mi cabeza 
donde la quería, y entonces su boca devoró la mía.
Por una fracción de segundo, traté de resistirme. Pero era un cubo de 
hielo tratando de luchar contra el calor del sol. Fue imposible. En vez de 
eso, me derretí en la cegadora luz. Si no hubiera envuelto su otra mano 
alrededor de mi cintura, habría una buena posibilidad de que hubiera 
quedado en el hormigón. Mi mente quería pelear contra él a cada paso, pero 
mi cuerpo no pudo resistirse a ceder. Traidor.
Habló sobre mis labios cuando finalmente soltó mi boca. 
—Pelea todo lo que quieras, algún día estarás rogándome. Grábate mis 
palabras.
Su arrogancia me trajo a mis sentidos. 
—Estás tan lleno de ti mismo.
—Preferiría estar llenándote a ti.
—Cerdo.
—¿Qué dice eso de ti? Estás mojada por un cerdo.
Traté de apartarme del puño que había envuelto alrededor de mi 
cintura. Pero solo lo hizo apretarme más fuerte.
—No estoy mojada.
Arqueó una ceja. 
—Solo hay una manera de verificar eso.
—Retrocede, Morgan.
Graham dio un paso hacia atrás y levantó ambas manos en rendición. 
En sus ojos había un brillo de diversión.
Dentro, Zenkichi estaba oscuro y no era lo que esperaba. Una mujer 
japonesa vestida tradicionalmente nos llevó por un largo pasillo que me hizo 
sentir como si estuviéramos saliendo. La pasarela estaba llena de rocas y 
piedras de pizarra, como si estuviéramos caminando por un sendero a través 
de un jardín asiático al aire libre. Ambas partes estaban alineadas con 
bambú alto y linternas encendidas. Pasamos una apertura a una gran zona 
de asientos, pero la anfitriona siguió. Al final del pasillo, nos acomodó en 
una cabina privada, rodeada con lujosas y gruesas cortinas. Después de que 
tomó nuestra orden de bebidas, señaló el timbre en la mesa y nos dijo que 
no molestaría a menos que la llamáramos. Luego desapareció, cerrando las 
cortinas. Se sentía como si fuéramos las únicas dos personas en el mundo, 
en vez de dentro de un concurrido y elegante restaurante.
—Esto es hermoso. Pero extraño —dije.
Graham se quitó la chaqueta y se acomodó en su lado de la mesa, con 
un brazo en la parte superior de la cabina. 
—Adecuado.
—¿Estás diciendo que soy extraña?
—¿Vamos a pelear si digo que sí?
—Probablemente.
—Entonces sí.
Mi frente se arrugó. 
—¿Quieres pelear conmigo?
Graham tiró de su corbata, aflojándola. 
—Me parece que me excita.
Me reí. 
—Creo que necesitas terapia.
—Después de los pasados días, creo que puedes tener razón.
La camarera regresó con nuestras bebidas. Colocó un vaso alto delante 
de él y un vaso de vino delante de mí.
Graham había ordenado Hendrick y tónica. 
—Esa es la bebida de un viejo, ginebra y tónica —dije mientras bebía 
un sorbo de vino.
Rodó el hielo en su vaso, luego lo llevó a sus labios y me miró por 
encima del borde antes de beber.
—Recuerda lo que me hace el que discutas conmigo. Tal vez quieras 
mirar debajo de la mesa.
Mis ojos se abrieron.
—No lo estás.
Sonrió y arqueó una ceja. 
—Adelante. Pon tu cabeza debajo. Sé que te mueres por echar un 
vistazo de todos modos.
Después de que ambos terminamos nuestras bebidas, y algunos de mis 
nervios habían comenzado a calmarse, finalmente tuvimos nuestra primera 
conversación verdadera. Una que no era sobre sexo o anillos en la lengua.
—¿Cuántas horas trabajas por día en esa gran oficina de lujo?
—Normalmente llego a las ocho y trato de irme a las ocho.
—¿Doce horas al día? Son sesenta horas a la semana.
—Sin contar los fines de semana.
—¿También trabajas los fines de semana?
—Los sábados.
—¿Entonces tu único día libre es el domingo?
—A veces también trabajo la noche del domingo.
—Eso es una locura. ¿Cuándo encuentras tiempo para divertirte?
—Me gusta mi trabajo.
Me burlé. 
—No sonó así cuando me detuve el otro día. Todo el mundo parece 
tenerte miedo, y te negaste a abrir la puerta.
—Estaba ocupado. —Cruzó los brazos sobre su pecho.
Yo hice lo mismo.
—Yo también. Tomé dos trenes para entregarte el teléfono 
personalmente, ¿sabes? Y no tuviste la decencia de salir y darme las gracias.
—No sabía lo que estaba detrás de la puerta esperando por mí, o habría 
salido.
—Una persona. Una persona estaba detrás de la puerta. Una que salió 
de su camino por ti. Si fuera una mujer casada de sesenta años con el 
cabello azul, deberías haber salido a darme las gracias.
Suspiró.
—Soy un hombre ocupado, Soraya.
—Sin embargo, aquí estás en una noche de semana a apenas las siete
p.m. ¿No deberías estar trabajando hasta las ocho si estás tan ocupado?
—Hago excepciones cuando es necesario.
—Qué considerado de tu parte.
Arqueó una ceja. 
—Quieres mirar debajo de la mesa, ¿verdad?
No pude evitar reírme.
—Cuéntame algo más sobre ti. Aparte de que eres un adicto al trabajo 
con un complejo de superioridad que toma bebidas de lujo. Todo eso, podría 
haberlo adivinado de mis observaciones en el tren.
—¿Qué te gustaría saber?
—¿Tienes hermanos o hermanas?
—No. Soy hijo único.
—Rayos, nunca lo hubiera imaginado —murmuré en voz baja.
—¿Qué dijiste?
—Nada.
—¿Qué hay de ti?
—Una hermana. Pero no nos hablamos en este momento.
—¿Y por qué?
—Mala cita a ciegas.
—¿Te arregló una?
—Sí.
—¿Con el tipo que te llevó al funeral? ¿Cómo se llamaba, Dallas?
—Aspen. No, no me arregló con Aspen. Escogí ese desastre por mi 
cuenta. Me arregló con un tipo con el que solía trabajar. Mitch.
—Y no te fue bien, ¿verdad?
Lo fijé con una mirada. 
—Lo apodé Estridente Mitch.
Soltó una risa con eso. 
—No suena muy bien.
—No lo fue.
Entrecerró los ojos. 
—¿Y voy a tener un apodo mañana?
—¿Te gustaría uno?
—No si es algo como Estridente Mitch.
—Bueno, ¿qué tenías en mente?
Las ruedas giraron en su cabeza durante unos treinta segundos.
—¿Morgan con el órgano grande7?
Puse los ojos en blanco.
—Puedes comprobar bajo la mesa en cualquier momento. —Hizo un 
guiño.
Seguí tratando de llegar a conocerlo, a pesar de que todos los caminos 
llevaban a entre sus piernas. 
—¿Alguna mascota?
—Tengo un perro.
Recordando al pequeño perro que vi en su celular, dije: 
—¿Qué clase de perro? Pareces ser de la clase de gente que tiene uno 
grande y da miedo. Como un gran danés o un mastín napolitano. Algo 
representativo de lo que me sigues incitando a mirar bajo la mesa. Ya sabes, 
perro grande, gran...
—El tamaño de un perro no es un símbolo fálico —me interrumpió.
Entonces, era el lindo perrito de las fotos.
—¿En serio? Creo que leí un estudio una vez que decía que los 
hombres, sin saberlo, compraban perros que representaban el verdadero 
tamaño de su pene.
—Mi perro era de mi madre. Falleció cuando era un cachorrito, hace 
doce años.
—Lo siento.
Asintió. 
—Gracias. Blackie es un terrier de West Highland.
—¿Blackie? ¿Es negro? —El perrito de la foto había sido blanco.
—En realidad, es blanco.
—¿Y por qué Blackie? ¿Por llevar la contraria? ¿O hay otra razón para 
el nombre?
Su respuesta fue recortada.
—No hay otra razón.
Justo en ese momento, la camarera vino con nuestra cena. Pedí el 
entrante de pescado de Bonito Shut, básicamente solo porque el menú decía 
que era para comedores aventureros. Y Graham ordenó Sashimi. Ambos 
platos parecían arte cuando llegaron.
—Odio comerlo, es tan hermoso.
—Tengo el problema opuesto. Es tan hermoso que no puedo esperar a 
comerlo. —Su sonrisa me dijo que su comentario no tenía nada que ver con 
su elegante cena.
Me moví en mi asiento.
Ambos cavamos en nuestras comidas. La mía era increíble. El pescado 
literalmente se derretía en mi boca. 
—Mmm... esto es tan bueno.
Graham me sorprendió al estirarse y cortar un pedazo de mi plato. No 
parecía de los que compartía la cena. Lo miré tragar, y dio un pequeño gesto 
de aprobación. Luego me acerqué y tomé un trozo de su comida. Sonrió.
—Entonces. Me hablaste de Mitch el Estridente y del funeral. ¿Sales 
mucho en citas?
—No diría que mucho. Pero he conocido mi parte justa de Imbéciles.
—¿Todos fueron imbéciles?
—No todos. Algunos fueron buenos chicos, pero no funcionó para mí.
—¿No funcionó para ti? ¿Por qué?
Me encogí de hombros. 
—Simplemente no me sentí así por ellos. Ya sabes. Como nada más que 
un amigo.
—¿Y tienes más citas próximas en tu calendario?
—¿Próximas en mi calendario? —Dejé escapar un resoplido de dama—
. Vas de una charla sucia a sonar como un profesor de colegio estirado con 
bastante facilidad.
—¿Eso te molesta?
Pensé en mi respuesta por un momento. 
—No diría que me molesta. Es más como que me divierte.
—¿Soy divertido?
—Sí. Sí lo eres.
—Estoy bastante seguro de que nunca me han llamado divertido antes.
—Apostaría a que es porque la mayoría de la gente solo ve el Imbécil 
que muestras en el exterior.
—Eso implica que soy más que un imbécil por dentro.
Nuestros ojos se encontraron cuando respondí. 
—Por alguna razón, creo que lo eres. Que hay más en ti que un Imbécil 
con exterior sexy.
—Crees que soy sexy. —Sonrió, lleno de sí mismo.
—Por supuesto que sí. Quiero decir, mírate. Tienes espejo. Supongo 
que ya lo sabías. No debe ser difícil llenar las tardes de tu próximo 
calendario.
—¿Siempre eres tan sabia?
—Bastante.
Sacudió la cabeza y gruñó algo. 
—Hablando de los próximos calendarios. Quisiera que lo limpiaras de 
otras citas. Aparte de mí, por supuesto.
—Estamos a mitad de nuestra primera cita, ¿y me estás diciendo, no 
pidiéndome, que no salga con otras personas?
Se enderezó en su asiento.
—Me dijiste que no te ibas a acostar conmigo. Que íbamos a salir y a 
conocernos. ¿Sigues en eso?
—Sí.
—Bueno, si no te estoy follando, tampoco debería hacerlo nadie más.
—Qué romántico.
—Es un trato para mí.
—¿Y eso iría en ambos sentidos? ¿No estarías viendo a nadie más?
—Por supuesto.
—Déjame pensar en ello.
Sus cejas saltaron con sorpresa. 
—¿Necesitas pensar en ello?
—Sí. Te contestaré más tarde. —Era, sin lugar a dudas, la primera vez 
que Graham J. Morgan no estaba logrando su camino con una mujer.
Horas más tarde, mi teléfono zumbó en mi bolsa. Era Delia cuidándome 
debido a que sabía que estaba fuera en una primera cita. Le envié un texto 
rápido para decirle que estaba a salvo y eché un vistazo a la hora en mi 
teléfono. Habíamos estado sentados en el restaurante por más de tres horas. 
No me perdí el hecho de que era la primera vez que había pensado en mi 
teléfono.
—Bueno, tenías razón en una cosa.
—Tendrás que ser más específica. Tengo razón en la mayoría de las 
cosas.
Sacudí la cabeza. 
—Y aquí estaba a punto de hacerte un cumplido, y lo arruinaste con tu 
arrogancia.
—Creo que arrogancia es cuando tienes un sentido exagerado de tus 
propias habilidades. No exagero. Era realista.
—Arrogante Trajeado es realmente un nombre apropiado para ti, ¿no?
Ignorándome, preguntó: 
—¿Cuál fue el cumplido?
—Cuando estuvimos enviándonos mensajes de texto durante mi cita 
fúnebre la otra noche, dijiste que, si estuviera contigo, no me importaría 
dónde estuviera mi teléfono. Hasta que empezó a zumbar en este momento, 
ni siquiera me había dado cuenta de que nunca lo había sacado.
Eso lo complació. Un poco más tarde, Graham pagó la cuenta, e hice 
una parada rápida en el cuarto de señoritas. Refrescándome, me pareció 
que realmente no quería que nuestra cita terminara. El pensamiento trajo 
un sentimiento casi melancólico que me sorprendió.
Fuera del restaurante, el auto negro de Graham ya estaba en la acera. 
Debió llamar al chofer cuando fui al baño.
—Si no vas a venir a casa conmigo, insisto en por lo menos darte un 
viaje hasta tu casa.
—El metro está a la vuelta de la esquina. Estoy bien.
Me lanzó una mirada molesta.
—Cede un poco, Soraya. Es un viaje a casa, no un paseo en mi pene. Y 
creo que ya sabes que no soy un asesino en serie.
—Eres muy grosero.
Me puso la mano en la parte más baja de la espalda y me condujo hacia 
la puerta abierta del auto. No peleé. Graham tenía razón, estaba siendo 
testaruda mientras él había aceptado casi todo lo que exigí. Algo me dijo que 
era rara la ocasión en que el hombre era tan flexible.
Cuando llegamos a mi apartamento, Graham me acompañó hasta la 
puerta.
—¿Cuándo voy a verte de nuevo?
—Bueno, mañana es sábado, así que supongo que quizás el lunes en 
el tren.
—¿Cenas conmigo de nuevo mañana?
—Tengo planes.
Su mandíbula se tensó. 
—¿Con quién?
Nos embarcamos en una larga mirada. Su mirada era dura. Cuando 
ninguno cedió por unos minutos, murmuró un Cristo en voz baja, y antes 
de darme cuenta de lo que estaba sucediendo, mi espalda estaba contra la 
puerta, y su boca estaba en la mía.
Me besó como si quisiera comerme viva. Antes de soltar mi boca, tomó 
mi labio inferior entre sus dientes y tiró. Duro. Con sus labios vibrando 
contra los míos, habló. 
—No me empujes hasta el límite, Soraya.
—¿Por qué? ¿Qué sucederá?
—Voy a presionarte también. Y estoy tratando de no hacer eso contigo.
Estaba siendo honesto, y me di cuenta de que debía apreciarlo. 
—A la casa de mi hermana. Es la fiesta de cumpleaños de mi sobrina. 
Ahí es donde iré mañana por la noche.
Asintió. 
—Gracias.
Tomó cada pedazo de mi fuerza de voluntad entrar y cerrar la puerta 
detrás de mí. Incliné mi espalda contra la puerta, incapaz de recordar la 
última vez que había estado tan excitada y molesta. Tal vez nunca. Su boca 
era pecaminosa; El pensamiento de lo que podía hacer con esa malvada 
lengua en otros lugares de mi cuerpo me mantenía en un estado de 
excitación que bordeaba lo frenético. Pero era más que eso. La forma en que 
dominaba y controlaba, y sin embargo ejercía moderación por respetar mis 
deseos, era lo más sexy que había visto. El hombre estimulaba algo que 
había estado dormido dentro de mí. Necesitaba una copa de vino y un 
orgasmo. No necesariamente en ese orden. Si iba a ser firme en mi postura 
y no tener sexo, entonces tomar las cosas por mis propias manos era 
absolutamente esencial.
En mi dormitorio, me quité la ropa. No dormía desnuda cada noche, 
pero esta noche era definitivamente una noche desnuda. Cuando me metí 
en la cama, mi celular sonó.
—¿El sexo telefónico está sobre la mesa? —La voz de Graham era un 
gruñido necesitado. Lo poco que se me enfrió el cuerpo desde que lo dejé al 
otro lado de la puerta fue instantáneamente recalentado. Su voz 
definitivamente podía acelerar las cosas para mí. Pero…
—El sexo está fuera de la mesa. Eso debería incluir probablemente 
todos los tipos de sexo. Coita, oral, telefónico.
Gimió. 
—Oral. Dios, quiero probarte. Y sentir el anillo de metal de tu lengua 
en mi pene. No tienes ni idea de lo difícil que fue controlarme esta noche 
cada vez que vislumbré ese metal cuando hablabas. Es como si te estuvieras 
burlando con cada palabra. ¿Qué llevas puesto, Soraya?
Esa voz. Necesitaba grabarla diciendo ¿Qué llevas puesto, Soraya? Así 
podría reproducirla una y otra vez en un bucle cuando necesitara satisfacer 
mis propias necesidades.
—En realidad no estoy usando nada. Me desnudé y me metí en la cama.
—¿Duermes desnuda?
—A veces.
Él realmente gruñó.
—Tócate a ti misma.
—Eso planeo. Pero creo que voy a necesitar ambas manos esta noche. 
Así que voy a colgar primero.
—¿Cuánto tiempo planeas volverme loco, Soraya?
—Buenas noches, Graham. —Colgué sin esperar a que respondiera. A 
pesar de que el cuerpo me dolía físicamente por el hombre, no estaba 
dispuesta a abrir esa puerta con él todavía. Aunque mientras deslizaba mi 
mano por mi cuerpo sola en mi cama, en lo único que pude pensar fue Dios, 
ojalá fuera su mano.


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por Loam el Jue 6 Jul - 6:30

Gracias!!


-Tú eres mi perfección. Soy todas esas cosas por ti. -dijo sacudiendo su cabeza a lo que él consideró como una seria confusión-. Existo por ti, Nina. Este ser mortal tan precioso para el Creador del Universo que permitió mi existencia. Dime que eso no es increíble.
--Jared Ryel--


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por berny_girl el Jue 6 Jul - 13:07

Este juego de tira y afloja es muy entretenido. 


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Jue 6 Jul - 14:21

jymm escribió:valla todo lo que pasa cuando viajas en tren, Soraya me parece muy divertida hasta ahorita, y por que Graham viajaría en tren, siendo tan rico y prepotente uno pensaría que tiene a un chófer a su disposición, o tal vez es más humilde, no sé hay que seguir leyendo.
Tienes razón !! Todo lo que pasa por un viaje en tren !!
Es una lástima que en mi ciudad no te dejen subirte a los trenes  Rolling Eyes Rolling Eyes
Y yo también me pregunté lo mismo sobre Graham, pero hay que seguir leyendo para averiguarlo!
Razz Razz Razz
Gracias por tu comentario!


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Jue 6 Jul - 14:28

Hola chicas !!

Ya estoy de regreso...
Están disfrutando de la historia ??
A mi me encanta! Es super divertida, me hace reír mucho.
Creo que fue una muy buena decisión de lectura, así que muchas gracias a todas las que nos apoyaron con sus votos y por acompañarnos en esta hermosa historia.
Dejenme decirles que estoy leyendo todos sus comentarios, tal vez me tarde un poco, pero son muy divertidos.
Ahora, sin más por el momento, los capítulos de hoy...


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Jue 6 Jul - 14:44


Graham

No escuché de ella todo el día del sábado, no es lo que esperaba.
Soraya Venedetta tenía la intención de volverme jodidamente loco.
Nunca había estado en esta posición antes. Había perseguido incansablemente empresas comerciales que quería hasta que inevitablemente cedían cuando endulzaba la olla y hacia una oferta que no podían rechazar. Pero perseguir a una mujer era nuevo para mí. Claro, hubo algunas que me hicieron correr por una primera cita. Pero al final de la noche, siempre estaba seguro de qué era lo que las motivaba. Querían ser agasajadas y festejar con una comida, aduladas, una conexión de negocios, un cierto estilo de vida. No era difícil de entender. Hasta ahora.
¿Qué es lo que te motiva, Soraya Venedetta?
Cuanto más me molestaba la mujer, más la deseaba. A las diez de la
noche no pude resistir más. Me estaba convirtiendo en un coño.

Graham: ¿Cómo estuvo tu fiesta?
Respondió unos minutos más tarde. Me dio sensación de paz que no
estuviera embelesada con alguien que conoció y dejara de revisar su
teléfono.

Soraya: En el tren a casa ahora. ¿He mencionado que no me
gustan los payasos?

Graham: No lo has hecho. Pero creo que es una fobia bastante
común.

Soraya: Mi pequeño monstruo de sobrina no tenía miedo en lo más mínimo. Imagina. ¿Qué hiciste esta noche?
Yo estaba sentado solo en mi sala de estar con pilas de documentos
esparcidos por toda mi mesa de café y un coñac en mi mano. Hoy había sido un día de catorce horas. Cada vez que pensé en contactarla, forcé mi nariz de nuevo a mi trabajo. Mis ojos se despejaron ante mi deseo.
Graham: Trabajé hasta tarde.

Soraya: Conoces el viejo dicho... solo trabajo y nada de diversión...

Graham: Hace de Graham un muchacho rico.

Soraya: Tal vez. Pero, ¿de qué sirve la riqueza si no tienes tiempo para disfrutarla?
Bebí el resto de mi vaso. Había escuchado esas exactas palabras
demasiadas veces para contar. De mi abuela.

Graham: ¿Has pensado en lo que te pedí?

Soraya: ¿Te refieres a mi calendario?
Sabionda. Me estaba volviendo loco saber que estaba fuera esta noche
y se había negado a comprometerse a no ver a otras personas. Ayer, le había dicho que era un factor decisivo. En ese momento, estaba tratando de empujarla hacia una decisión de todo o nada a mi favor. Pero después de las últimas veinticuatro horas, estaba seguro de que no había manera de que pudiera tener una relación abierta con esta mujer. Por lo general, soy quien lo evita. Supongo que estaba probando mi propia medicina.
Graham: Sí.

Soraya: ¿Qué tal esto? Vendrás conmigo a un evento social de mi elección, y yo asistiré a uno de tu elección. Si todavía quieres verme exclusivamente después, estoy en ello.
¿Qué pensaba? ¿Qué pasar tiempo con sus amigos iba a hacerme darme cuenta que éramos tan diferentes que nunca podría funcionar? ¿O era al revés? No encajaría en mi estilo de vida. Claramente, sobreestimó la medida en que me importaba una mierda lo que la gente piense en cualquier campo.
Graham: Es totalmente innecesario, pero si eso te hace feliz, lo haré. ¿Cuándo puedo asistir a un evento social de tu elección?

Soraya: Jueves por la noche. Tig y Delia están haciendo una fiesta en su tienda de tatuajes. Es el primer aniversario de la inauguración.

Graham: Viernes por la noche. La gala Pick Ribbon en el Met. Es una recaudación de fondos anual que apoyo.

Soraya: Una gala, ¿eh? Voy a tener que teñir mis puntas para que coincida con mi vestido elegante.

Graham: ¿Es una cita?

Soraya: Dos citas. Y sí.
Esa noche, dormí mejor que la semana pasada. Como de costumbre, el domingo por la tarde visité a mi abuela. Me hizo llevarla de compras y luego me hizo una de mis comidas favoritas. Era generalmente mi única comida casera cada semana.

El lunes por la mañana me levanté temprano y corrí once kilómetros
en lugar de mis usuales seis mañaneros. Mientras me dirigía a la estación de tren, me di cuenta de lo mucho que esperaba ver a Soraya. Cuando su parada llegó y se fue, y ella no subió, hice una mueca, luego llamé a mi secretaria para darle una lista de cosas por hacer antes de llegar. Sabía que no era posible lograr todas ellas, pero al menos me dio una excusa para descargar mi frustración en alguien.
Ese día, estaba especialmente irritable. A las cinco, me encontré otra
vez escribiendo a Pregunta a Ida.
Querida Ida:
Hay una mujer que espero ver en el tren todos los días. Esta mañana no estaba allí. Creo que podría estar evitándome
intencionadamente porque es incapaz de luchar contra su atracción sexual por más tiempo y está preocupada de rendirse y dejarme hacer lo que quiera con ella. ¿Cómo puedo estar seguro?
—Célibe en Manhattan
Veinte minutos después, apareció una respuesta en mi bandeja de
entrada.

Estimado Célibe:
Contrólate. Contrariamente a lo que parece que puedes creer, el mundo no gira en torno a ti. Tal vez esta mujer tenía una cita matutina temprana con el médico para reponer sus píldoras anticonceptivas.
Algo que un hombre célibe como tú podría apreciar; es decir, si alguna vez se te da la oportunidad de romper ese voto de celibato. Tal vez debes tomar un tren diferente por un tiempo. Mejor aún, hacer un viaje a tu propio médico para algunas pruebas. En la posibilidad de que tengas una oportunidad con esta mujer misteriosa del tren, desearás estar preparado.

Mi día ya había sido monopolizado pensando en por qué no estaba en
el tren esta mañana. Jodidamente genial. Ahora sería imposible pensar en otra cosa que no fuera entrar en ella, durante toda la noche.

Soraya no apareció en el tren los dos días siguientes. Tenía la sensación de que había decidido evitarme intencionalmente hasta nuestra cita. Gracias a Dios esta noche era la fiesta en la tienda de tatuajes. De lo contrario, podría haber perdido mi maldita cabeza.
Estaba a punto de estallar en más de una forma. Mis emociones
estaban fuera de control, y ya no se sentía saludable mantener todo dentro. Solo había una persona en la que podía confiar con detalles de mi vida personal. Normalmente nunca llamaba a mi abuela durante la semana, pero por alguna razón, sentí que necesitaba que me pusiera en orden hoy, antes de quedar como un imbécil esta noche. Dejando a un lado el montón de papeles en mi escritorio, cogí el teléfono. Sonó tres veces antes de responder.
—¿Graham? ¿Estás bien?
—Todo está bien, Meme.
—Normalmente no me llamas un jueves.
—Lo sé.
—¿Qué está pasando? Parecías preocupado el domingo pasado. ¿Hay
algo mal?
—Nada está mal.
—Bien, ¿Qué es?
Dejando escapar una respiración profunda, fui al grano.
—¿Soy una mala persona?
—¿Qué clase de pregunta es esa?
—Está esta... mujer que he estado viendo. Parece desconfiar de mí. Y
me pregunto si hay una razón legítima para eso. Tal vez no sea bueno para ella. Tal vez no sea bueno para nadie.
Sin pelos en la lengua, Meme se echó a reír y dijo:
—Tienes tendencia a ser un imbécil, cariño. Pero por lo que me dices,
eso es lo normal en el proceso cuando se trata de tus negocios. Tratar con una mujer, por otro lado, es un juego de pelota completamente diferente. Y tienes ciertamente trabajado de campo...
—Esa es la cosa. Lo tengo... pero ésta es diferente. Se siente diferente. Ni siquiera sé cómo explicarlo. En realidad, no tiene sentido. No somos nadaiguales. Ella es de Brooklyn... una italiana, irascible, impredecible con el cabello multicolor. Me desafía con cosas. Incluso puede ser francamente mala a veces. Sin embargo... no puedo tener suficiente de ella. Pero puedo decir que no confía en mí. No sé cómo lograr comunicarme con ella.
Meme resopló.
—Estoy asumiendo que por lograr comunicarte... ¿también significa que no te ha permitido salirte con la tuya con ella?
—No ha permitido que nada suceda en esa área, no.
—No estás acostumbrado a que las mujeres mantengan las piernas
cerradas. Hay tales cosas como una dama con respeto propio, ¿sabes? Creo que me gusta esta chica.
Suspiré en el teléfono mientras continuaba:
—Se necesita tiempo para ver a la gente por lo que realmente son.
Necesitas ser tú mismo y tener paciencia, y eventualmente, verá el verdadero tú.
—Pero ¿y si el verdadero yo no es bueno para ella? ¿Y si soy tóxico?
—¿Quién dijo eso?
—No sé si soy capaz de amar ya...
—Solo el hecho de que te importe, Graham, es una buena señal. Si es
la persona adecuada, todos somos capaces de hacerlo. Te enamoraste de esa Genevieve, ¿verdad?
Solo la mención de su nombre hizo a mi estómago agriarse.
—Mira dónde me llevó eso.
—¿Sabes lo que pienso?
—¿Qué?
—Creo que has estado tratando de controlar todo, intencionalmente
escogiendo a la gente equivocada para que no te lastime. Y ahora empiezas a creer que eres incapaz de nada más. Estás empezando a creer tus propias mentiras.
—Tal vez.
—Creo que esta chica... ¿cuál es su nombre?
—Soraya...
—Soraya... eh... bonito.
Cerré los ojos y giré mi reloj alrededor de mi muñeca.
—Lo es.
—De todos modos, creo que esta chica es una llamada de atención para ti, que no siempre tenemos el control sobre las cosas. Solo déjate llevar. Deja que las cosas sucedan por su cuenta. Abandona el control. Pero lo más importante, por el amor de Dios, no seas un imbécil.
No pude evitar reírme en voz alta.
—Lo tendré en cuenta, Meme.
Definitivamente, Soraya no fue la primera mujer en mi vida en decir las cosas como son.


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por Loam el Jue 6 Jul - 15:41

Me encanta su abuelita!!
Gracias por el capi


-Tú eres mi perfección. Soy todas esas cosas por ti. -dijo sacudiendo su cabeza a lo que él consideró como una seria confusión-. Existo por ti, Nina. Este ser mortal tan precioso para el Creador del Universo que permitió mi existencia. Dime que eso no es increíble.
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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por yiniva el Jue 6 Jul - 16:32

me gusta su intercambio de llamadas y mensajes cada uno se saca de quicio, vamos a esperar a ver que tal les va en sus citas como se acoplan y los consejos de Meme son geniales, Graham tiene una buena relación con su abuela.


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por micafp_2530 el Jue 6 Jul - 17:23


Soraya

Evitar a Graham los últimos días fue realmente difícil, pero sentía
que necesitaba alejarme por mi propio bien. La verdad era que no
podía confiar en mí misma. Cualquier mínimo contacto me habría llevado al límite. Fue bastante malo que pensase en él todo el día y me masturbase con imágenes de él toda la noche. Que yo sepa, en el momento en que me rindiese, se habría ido. Y no quería que esto terminase. Me encantaba la excitación de preguntarme qué haría o diría, preguntándome qué sería lo siguiente. No podía arriesgarme a rendirme demasiado pronto y perder esta sensación… o perderlo a él. Odiaba esa parte de mí que aún sentía como si fuese a desaparecer una vez nos acostásemos.
Sin embargo, estaba preparada para que eso pudiese ocurrir, porque
realmente no confiaba en mí misma a su alrededor. Incluso aunque me juré no tener sexo con él todavía, me aseguraba de tener las piernas depiladas y vestir la lencería con más encaje que tenía. También me aseguraba de tener el control de natalidad al día.
Eché zumo de naranja y ron en el bol de ponche que estaba sobre la
mesa de buffet que habíamos colocado en la tienda de tatuaje. Delia colgó unas alegres luces rojas de Navidad como decoración, aunque no eran vacaciones. Bob Marley sonaba mientras sacaba algunos aperitivos. Tig aún estaba trabajando en el último cliente en la parte de atrás antes de cerrar para la fiesta. Habían colocado un bar improvisado en la esquina con nuestro amigo Leroy, que hacía tanto de camarero como DJ.
Mariposas revolotearon en mi estómago ante el pensamiento de Graham conociendo a mis amigos. Aunque no podía imaginarlo entrando aquí con su carísimo traje. Esa iba a ser una visión divertida. Esperaba que Tig y Delia no pensasen que estaba loca por traerle aquí. Ya estaban desconfiando por mis descripciones iniciales de su brillante personalidad. Había sido difícil dar marcha atrás y explicarles por qué, de repente, estaba enamorada del Sr. Gran Imbécil. Aún seguían llamándolo así.
Comprobando el teléfono innecesariamente, noté que Graham llegaba
unos cinco minutos tarde. La gente estaba comenzando a llegar, pero él era todo en lo que podía pensar. Decidí distraerme sacando algunos dulces. Fue ahí cuando escuché la voz de Delia.
—Por favor, dime que el sexy Clark Kent que acaba de entrar no es el Sr. Gran Imbécil, porque puede que tenga que pelearme por él contigo.
El corazón comenzó a latir sin control ante la visión de Graham en la
puerta.
Oh. Dios. Mío.
Su vestimenta no se parecía en nada que hubiese visto antes. No había traje. En cambio, estaba llevando un polo blanco que le quedaba en el pecho como un guante hecho para sus pectorales, junto con un vaquero negro. Su cabello estaba alisado hacia atrás desde un lado de un modo que le hacía parecer más joven. Funcionaba para . Un poco demasiado.
Mi cuerpo reaccionaba más con cada paso que daba hacia mí. El golpe
de su aroma casi quitándome el aire. Mientras había estado intentando refrenarme, Graham me tomó en un relajado abrazo y hundió la boca en mi cuello.
—Te eché jodidamente de menos, Soraya.
El sonido tenso de sus palabras contra mi piel fue suficiente para
matarme. La noche ni siquiera había comenzado y mis bragas ya estaban húmedas. Estaba preparada para meterlo en el armario de suministros.
Jesús. Contrólate.
Graham tenía sus ojos marrones fijos en mí bajo sus lentes. Los bajó
hasta mi escote y los subió de nuevo. Me había teñido las puntas del cabello de púrpura y llevaba un vestido de un color similar a juego. Tomó unos cuantos mechones y tiró suavemente, susurrando seductoramente en mi oído:
—Violeta, ¿eh?
Me aclaré la garganta.
—Sí.
—Me comentaste que el rojo significaba enfado. ¿Qué significa el violeta?
—¿Qué sucede con los lentes?
—Respóndeme primero.
—El violeta representa confusión o dilema.
Sonrió.
—Ya veo.
—Así qué, ¿por qué los lentes?
—Honestamente, no he estado durmiendo bien. He estado preocupado
por ti, pero intentando darte algo de espacio. Cuando no consigo descansar, mis ojos se secan. Los lentes son más cómodas que las lentillas.
Estuvimos allí mirándonos a los ojos el uno al otro durante casi un
minuto antes de que Delia interrumpiese nuestro momento.
—Bueno, si es el Sr. Gran Imbécil…
Maldición.
G
raham abrió los ojos como platos mientras le ofrecía la mano, antes
de mirarme con una expresión molesta.
—Supongo que mi reputación me precede. Elegiré creer que Soraya creó ese apodo basada en la traducción literal y no figurativa de prick8.
—Era lo que te llamaba antes de conocernos… en la época cuando te
estaba guardando el teléfono.
—¿Y qué te hizo salir con ese nombre específicamente?
—Me recordaste al imbécil Sr. Big de Sexo en la Ciudad. Así que, Sr. Gran Imbécil.
Graham deslizó la mano por mi cintura.
—¿Y quién serías tú… la obscena Samantha?
Entrecerré los ojos con sorpresa.
—¿Veías ese programa?
—Mi madre solía hacerlo.
—Eso es divertido. —Sonreí.
—Ahora que ya me conoces un poco mejor, ¿aún te sigo recordando a
ese tipo?
—Bueno, tienes un conductor. Así que, supongo que hay algunas
similitudes.
Frunció el ceño.
—Aunque, no hay sexo en nuestra ciudad, ¿cierto?
Cuando lo miré, me besó juguetonamente la mejilla luego pasó su mano por mi espalda, causando que me recorriese un escalofrío. Esta iba a ser una noche larga.
Después de presentarle a Leroy y otros cuantos invitados, lo convencí para presentarle a Tig. Mi amigo tenía un cigarro colgando de su boca cuando le ofreció a Graham un apretón de manos.
—Señor Gran Imbécil… ¿Cómo cojones estás?
Graham puso los ojos en blanco.
—Estoy bien. Debes ser Tig.
—De todos modos, no sé si Soraya te lo contó, pero es como mi
hermana. Y viendo que no tiene hermanos de sangre o siquiera un padre que valga un trozo de mierda en su vida, eso significa que, si le haces daño, voy a tener que ser el que te pateé el trasero. Solo quería sacar eso del camino.
Graham asintió lentamente con entendimiento.
—Aprecio que la cuides.
—Encantado de que aclarásemos eso —se burló Tig—. Te preguntaría
si quieres un tatuaje gratis mientras estás aquí… pero algo me dice que no te gusta la tinta.
—Me gusta su tinta. —Graham me guiñó un ojo, luego se rascó la
barbilla, como si estuviese considerando algo—. En realidad, puede que esté interesado. ¿También arreglas tatuajes?
—Sí. ¿Qué quieres decir concretamente?
—Tengo uno que ya no quiero. Fue un error y me gustaría cubrirlo,
convertirlo en otra cosa.
¿Tenía un tatuaje? De ninguna manera.
—Echemos un vistazo. —Tig movió la mano, indicándonos que le
siguiésemos.
Tenía la mirada pegada en el trasero de Graham, que se veía increíble
en ese pantalón. Mis manos deseaban apretarlo. Me preguntaba cómo
reaccionaría si lo hiciese.
Los sonidos apagados de los invitados desaparecieron en el fondo
cuando entramos en la silenciosa habitación trasera. Se me aceleró la
respiración cuando Graham se sacó lentamente la camiseta por la cabeza, despeinándolo. Era la primera vez que había visto su pecho marcado en carne y hueso. Su físico era más hermoso que en mi imaginación. Estaba claro que ejercitaba. No podía apartar la mirada de sus abdominales marcados. Su piel era muy suave y morena. Era todo lo que había fantaseado y más.
Me hormigueaban las manos con una desesperada necesidad de sentir
su piel. Pasé la mirada sobre la fina estela de vello que llevaba hacia su pantalón antes de volver a subir la mirada y que aterrizase en él: el tatuaje en la parte izquierda del torso. Entrecerré los ojos. Era un nombre escrito en cursiva: Genevieve. Me dio un salto el corazón. Tragando mis celos, específicamente elegí no hacer la pregunta que me estaba muriendo por hacer.
¿Quién demonios es Genevieve?
Sentí como si me estuviesen ardiendo las orejas. Lo único peor que
preocuparme de que Graham fuese un mujeriego, era la posibilidad de que hubiese alguien ahí fuera que en realidad había significado algo para él, significado lo suficiente como para marcar permanentemente su cuerpo con su nombre.
Tig me miró, sintiendo mi incomodidad se giró hacia Graham.
—¿Quién es Genevieve?
Graham me miró cuando respondió:
—Es una ex novia. Como dije, el tatuaje fue un error. —Su expresión
carecía de humor y me hizo sentirme más curiosa sobre lo que podía haber pasado entre él y esta mujer.
Tig sacó un libro que ofrecía todo tipo de diseños con detalles que
podían enmascarar las letras del nombre. Graham eligió un intrincado
diseño tribal.
Permanecí allí hipnotizada, escuchando el sonido de la aguja. La
tensión en el aire estaba cargada mientras Graham miraba hacia mí de vez en cuando. Tig fue capaz de colorear y sombrear sobre el nombre así que al final, parecía que nunca había estado allí. El nuevo tatuaje se veía increíblemente sexy contra la piel olivácea de Graham. Para ser honesta, quería pasar la lengua sobre él.
Tig puso un vendaje sobre el diseño y le dio instrucciones sobre los cuidados posteriores antes de que Graham volviese a ponerse la camiseta.
—Gracias, hombre. ¿Cuánto te debo?
Tig extendió las manos.
—Por favor. Es a cuenta de la casa.
—Insisto.
—Simplemente cuida a mi chica. Es todo lo que necesito de ti. Nada más.
Graham me miró.
—Puedo hacer eso.
Poniendo su mano en mi espalda, Graham me guio por la puerta y de
vuelta a la habitación principal.
—¿Puedo conseguirte una bebida? —preguntó.
—Sí. Tomaré algo de esa bebida de allí.
Graham volvió con dos vasos del zumo con alcohol y ambos lo tragamos con rapidez. Un reguero de líquido rojo goteó por mi escote, Antes de que pudiese limpiarlo, sentí el largo dedo de Graham deslizándose por el medio de mi pecho.
—Niña sucia —comentó mientras lamía la bebida de su dedo índice. Ese único golpe prácticamente me mató. Estaba tan increíblemente atraída por él, pero nunca le había querido tan desesperadamente como esta noche. La ropa casual, los lentes, la forma en que me estaba mirando, viéndolo sin camiseta… todo fue demasiado. Pero más que nada, los persistentes celos sobre “Genevieve” era lo que más me estaba volviendo loca. Un extraño e incontrolable sentido de posesividad me atravesó. Mi reacción era una llamada de atención. Ya estaba demasiado hundida, destinada a ser herida. Darte cuenta de eso, añade un poco de ponche de ron y tienes un desastre.
—Esta noche estás ensimismada, Soraya. Dime qué se te pasa por la
mente.
Lo que se sentía como un sofoco comenzó a impregnar mi cuerpo. Nunca en mi vida había reaccionado así a un hombre. Nunca había sentido tanto miedo y deseo al mismo tiempo. Ciertamente, nunca tuve al monstruo de los celos alzando su fea cabeza. No quería que él lo notase. Necesitaba tranquilizarme.
—Volveré ahora mismo —comenté antes de dirigirme a la parte trasera de la tienda. Antes de poder llegar muy lejos, sentí una mano firme en la cintura. Luego, me metió en la oficina de Tig y cerró la puerta, apoyándome contra ella, atrapándome entre sus brazos.
—¿Crees que eres la única que está jodida por lo que está sucediendo
aquí? —masculló.
Permanecí en silencio, intentando recuperar el aliento.
No había luz y no intentó encontrar una. En la oscuridad de la oficina,
apenas podía ver nada. Solo podía sentir su pecho contra el mío y su
respiración contra mis labios mientras decía:
—Me estás volviendo loco. Necesito tocarte. Por favor, simplemente
déjame saborearte… solo una vez.
Echando la cabeza hacia atrás, presioné su cabeza contra mi pecho
mientras pasaba lentamente su lengua sobre mi escote, gimiendo sobre mi piel. Bajó la parte de arriba de mi vestido, exponiendo mis pechos y tomando un pezón en su boca, chupándolo tan fuerte que me hizo chillar. Los músculos entre mis piernas estaban palpitando con necesidad. Incluso, aunque lo quería en mi interior, estaba aterrorizada. De repente alejé el rostro de él y comencé a cubrirme.
Jadeando, hundió la nariz en mi cuello y puso la mano sobre mi
corazón. Me acercó a él.
—Dios, escucha tus latidos. Me quieres. Puedo sentirlo. Pero estás
extraordinariamente asustada de mí. ¿Por qué?
—No lo sé —susurré.
Se echó hacia atrás y tomó mis mejillas entre sus manos.
—Habla conmigo. Por favor. ¿Qué sucedió para hacerte tan
desconfiada?
—Solo estoy asustada de resultar herida.
—¿Quién te hirió?
Era duro incluso para mí entender de dónde provenía esto. Ni siquiera
había tenido un novio que rompió mi confianza o me partió el corazón. No tenía sentido. Realmente nunca antes había estado enamorada. Los sentimientos que tenía por Graham eran nuevos para mí, pero no quería admitírselo. Lo único que sabía con certeza era que, de algún modo, mi padre era la raíz de mi paranoia. Así que decidí contarle una historia a Graham que pudiese explicar mi miedo al rechazo, aunque no podía decir que realmente lo entendiese yo misma con claridad. Aunque, cualquier cosa era mejor que admitirle que nunca me había sentido de este modo antes.
—Cuando tenía unos diez años, mis padres se divorciaron. Mi padre
acabó casándose con una mujer del vecindario. Theresa era viuda. Tenía tres hijas, una de las cuales tenía mi edad e iba a mi escuela… Brianna. De todos modos, mi padre comenzó a convertirse en su padre y pasaba menos y menos tiempo con mi hermana y conmigo como resultado. Hubo una ceremonia de la rosa padre e hija y un baile que la escuela estaba representando para las niñas de mi grupo de edad. Se suponía que los padres comprasen una docena de rosas para sus hijas y luego se tomasen fotografías juntos en el baile.
»En fin, mi madre le había preguntado a mi padre si era capaz de llevarme. Nunca volvió. Así que acabé apareciendo en la escuela, completamente engalanada y esperando que él apareciese. Y lo hizo… con Brianna. Ahí estaba ella, sosteniendo un gran ramo en una mano y con la otra la mano de mi padre. Corrí a casa llorando y cuando mi madre se enfrentó a él, le dijo que no se dio cuenta de que yo estuviese interesada en ir. Dijo que, ya que el padre de Brianna estaba muerto, era importante que él estuviese ahí para ella. Dijo que pensó que yo lo entendería. De todos modos, esto no tiene nada que ver contigo, Graham. Me preguntaste por qué tenía problemas de confianza y mi padre es realmente la única razón en la que puedo pensar.
Volvió a tomar mi rostro entre sus manos y me dio un beso firme y apasionado en los labios. Relajé mi cuerpo contra él y cuando se alejó, anhelé que simplemente siguiese besándome.
—Siento que eso sucediese. Eso es increíblemente asqueroso. Y explica muchas cosas.
—Si… gracias.
—Fui hijo único —comentó—. Mi padre nunca estuvo en la fotografía, lo que supongo que ha sido mejor que un rechazo posterior. No lo sé.
—Así que, ¿era simplemente tu madre y tú?
—Sí.
—¿Cómo murió?
—De cáncer de pulmón cuando era un adolescente.
—Lo siento mucho.
—Gracias. —Se detuvo, luego añadió—: Fue duro. Juré nunca permitirme estar tan encariñado a alguien después de eso. No quería volver a sufrir ese tipo de pérdida. La muerte de mi madre es una gran razón por la que soy como soy… cerrado y frío. Al mismo tiempo, me motivó a ser lo mejor que pudiese de otras formas, para hacer que se sintiese orgullosa. Así que, algo bueno y malo salió de ello.
Se me revolvió el estómago mientras me preparaba para hacer una pregunta de la que necesitaba una respuesta.
—¿Te encariñaste con Genevieve?
—Sí —contestó simplemente.
Me estaba palpitando el corazón.
—¿Cuánto tiempo estuviste con ella?
—Dos años y medio.
—Ya veo.
Cuando bajé la mirada puso una mano en mi barbilla y movió mi rostro para encontrar sus ojos en la oscuridad.
—¿Qué quieres saber, Soraya? Pregúntamelo.
—¿Qué sucedió entre tú y ella?
—Genevieve aceptó un trabajo conmigo como bróker justo después de
la universidad. Éramos serios… o eso pensé. En fin, para resumir la historia, en realidad comencé mi compañía con un amigo mío llamado Liam Gainesworth. Liam, Genevieve y yo trabajábamos muy de cerca todos juntos. Con el tiempo, averigüé que estaban teniendo una aventura a mis espaldas. Liam se marchó para comenzar su propia compañía, que ahora es una de mis competidoras y Genevieve se fue con él.
Vaya.
—Eso es espantoso. Ni siquiera sé qué decir. Lo siento.
—No lo estés. No estaba destinado a ser.
—Lo sé, pero puedo decir que te hirió.
—Estoy aquí contigo, ¿no?
—¿Qué tiene que ver con ello?
—Porque no quiero estar en otro lugar. Si algo fuese diferente en mi
vida, puede que no estuviese. Tampoco lo entiendo, Soraya. Esto. Lo que está sucediendo entre nosotros. No puedo hacer ninguna promesa. Simplemente sé que no quiero que se detenga.
Yo tampoco.
—Sería mejor que volviésemos allí antes de que piensen que estamos…
—¿Follando?
—Sí.
Hundió el rostro en mi cuello y rió contra mi cuello.
—¡Dios me libre!
—Gracias por ser paciente conmigo.
Masculló:
—Paciente no es la palabra correcta…
—Tal vez no.
Mientras tomaba su mano para guiarlo fuera de la habitación, me
empujó atrás un momento.
—Oye… —Cuando me giré para enfrentarlo, apoyó la frente sobre la
mía—. Esperaré tanto como quieras. No voy a ninguna parte.
—Gracias.
Ambos estábamos mucho más relajados después de nuestra charla.
Pasamos el resto de la noche escuchando tranquilamente las conversaciones a nuestro alrededor en la fiesta. Me recliné contra Graham, quien me rodeó la cintura con los brazos, el calor de su cuerpo manteniendo a raya mi piel erizada por el contacto. No sabía a dónde iba esto y, por primera vez, decidí no analizarlo.


8 Literalmente prick significa polla, figurativamente suele traducirse como imbécil.


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por yiniva el Jue 6 Jul - 17:52

pues nos queda claro que los dos se traen ganas, eso de tapar su tatuaje delante de Soraya creó que fue buena idea así ella se da cuenta de que en realidad ya no significa nada, además sirvió para que los dos hablaran sobre sus miedos.


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por mariateresa el Jue 6 Jul - 19:37

Son muy lindos los 2 me encantan el Sr Gran Imbecil y ella.


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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por ile_arch el Jue 6 Jul - 21:14

Y sorprendió Soraya con su cobertura del tatuaje
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Re: Lectura #1 Julio 2017

Mensaje por Walezuca Segundo el Jue 6 Jul - 21:41

Jajajaja para que soraya vea que graham es intrépido y sslve.
Muy bien guardadito que lo tenia Morgan Wink
Genevieve , ya la odio!! Jajaja


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Re: Lectura #1 Julio 2017

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