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Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Yani el Dom 22 Jul - 14:26

                     
 
Traducido por Katt090 Corregido por LizC
 DAY
 
Tess consigue ser evacuada de primero, veo su forma laxa ir cargada en los brazos de una enfermera cuando salen de la Torre Bank. La tomo de los brazos de la enfermera tan pronto como llegan a la planta baja, y luego la cargo junto a la corriente de
otros evacuados. Parece estar sólo medio consciente, ajena a mi presencia, con la cabeza colgando a un lado. A medio camino hacia el refugio, me detengo. Maldita sea, estoy tan cansado y con tanto dolor.
Pascao toma a Tess de mis brazos. Él la alza contra su pecho. En los techos, las chispas vuelan: signos de disparos.
              —Vuelve a la entrada de la Torre Bank —me grita antes de dar la espalda—.
¡Me encargaré de sacarla de aquí! —Y luego se va antes de que pueda
discutir.
 
Los veo marchar por un tiempo, no dispuesto a mirar hacia otro lado hasta que esté seguro de que Tess está a salvo al otro lado de la plaza. Al llegar al refugio, dirijo mi atención a la torre. Eden debe haber bajado para ahora. Estiro el cuello, entrecerrando los ojos a través de las multitudes para ver una cabeza de rizos rubios. ¿June ya habrá bajado? Tampoco la veo entre las masas aterradas y su ausencia envía una sacudida de preocupación a través de mí.
Entonces, una explosión. Soy arrojado al suelo.
 
Humo. Una bomba de humo, me las arreglo para pensar a través de los latidos en mi cabeza. Al principio no puedo ver nada a través de todo el humo, hay caos por todas partes, las chispas, y el sonido sordo ocasional de disparo; a través del polvo blanco flotante, veo una mancha de gente corriendo hacia la seguridad de las barricadas de la República, sus piernas en movimiento como en cámara lenta, la boca abierta en gritos silenciosos. Sacudo la cabeza con cansancio. Mis propios miembros se sienten que están


 
arrastrándose por el barro, y la parte posterior de mi cabeza palpita, amenazando con ahogarme de dolor. Parpadeo en contra de ello, tratando de mantener mis sentidos en orden. Desesperadamente llamo de nuevo a Eden, pero ni siquiera puedo escuchar mi propia voz. Si yo no puedo escucharla, ¿cómo puede él?
Las personas se desdibujan frente a mí por un momento.
 
Y entonces lo veo. Es Eden. Está inconsciente en los brazos de una enfermera aterrorizada de la República, quien parece estar tropezando ciegamente a través del humo, yendo en la dirección equivocada: en línea recta hacia las tropas de las Colonias que recubren la parte izquierda de la plaza, opuesto a donde está el refugio. No me detengo a pensar o gritarle, no dudo ni espero a un buen intervalo en los disparos. Simplemente empiezo a correr hacia él.




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Yani

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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Yani el Dom 22 Jul - 14:28

Traducción SOS por Aяia Corregido por LizC
 
 JUNE
     La comandante Jameson va a dispararle, la dirección a la que está apuntando su arma es inconfundible.
Day está corriendo a través del polvo que cubre la calle. ¿Day, qué estás haciendo? Se tambalea en su carrera, e incluso desde los
tejados puedo notar que está luchando para hacer que su cuerpo se mueva, que hasta el último centímetro de él está gritando por el cansancio. Se va a esforzar demasiado lejos. Miro en la dirección a la que está yendo, buscando lo que ha llamado su atención.
Eden. Por supuesto. La enfermera que sostiene a Eden se tropieza y cae en el
             medio de todo el ondulante humo, y cuando se levanta, el miedo saca lo mejor de ella porque simplemente empieza a correr alejándose. La furia se
alza dentro de mí. Deja atrás a Eden, moviéndose lentamente y completamente vulnerable en plena calle, ciego, separado del grupo, y tosiendo incontroladamente a causa del humo.
Me pongo de pie de un salto. Con la forma en que Day está corriendo en dirección contraria a todos los demás, pronto estará en un área donde será un objetivo abierto.
Mi mano vuela a mi cintura, y entonces recuerdo que mi propia arma está sin balas. Corro de vuelta a través del tejado hacia mi último objetivo, donde no había tirado su arma por el tejado. Cuando miro hacia la comandante Jameson otra vez, la veo tensarse y apuntar. No. ¡No! Dispara.
La bala esquiva a Day por un par de metros. Él se tambalea en su carrera, lanzando un brazo brevemente sobre su cabeza por instinto, pero se levanta y continúa obstinadamente. Mi corazón late frenéticamente contra mi pecho. Más rápido. Doy un salto al vuelo desde un tejado al otro. Abajo, veo a Day acercándose a Eden.


 
Entonces él está ahí, lo ha alcanzado, se para junto a Eden y lanza un brazo protectoramente alrededor de su hermano pequeño. El polvo alrededor de ellos los hace difícil de localizar, como si ambos fueran fantasmas con colores desvanecidos. Mi respiración viene entrecortada mientras me acerco más a los soldados caídos. Espero que el polvo confunda el objetivo de la comandante Jameson.
Alcanzo el soldado caído. Tomo su arma. Le queda una bala.
 
Abajo, Day recoge a Eden, pone una mano protectoramente contra la nuca de su hermano, y luego empieza a tambalearse hacia el refugio tan rápido como le permite su cuerpo roto. La comandante Jameson apunta otra vez; grito en mi cabeza y me empujo para ir más rápido. Toda mi adrenalina, cada fibra de mi atención y concentración, ahora está centrada como una flecha en ella. Ella dispara. Esta vez la bala esquiva a los hermanos, pero da apenas a un metro de Day. Él ni siquiera se molesta en mirar arriba. Solo agarra más fuerte a Eden, luego se tambalea hacia delante.
Finalmente me acerco al tejado donde está ella. Salto a él, aterrizando en su superficie de cemento plano. Desde aquí, puedo ver el tejado en el que estoy
            y la calle bajo él. Tres docenas de metro por delante de mí, parcialmente oculta por las chimeneas y los respiraderos, la comandante Jameson está agachada de espaldas a mí, con su concentración en las calles.
 
Dispara otra vez. Abajo, oigo un grito áspero de dolor de una voz que conozco demasiado bien. Todo mi aliento se me escapa. Miro rápidamente a la calle para ver cómo Day cae sobre sus rodillas, dejando caer a Eden por un momento. Los sonidos a mí alrededor se apagan.
Le han disparado.
 
Tiembla, luego se levanta otra vez. Recoge a Eden en sus brazos otra vez. Se tambalea hacia delante.
La comandante Jameson dispara una vez más. La bala impacta. Tomo el arma en mis manos, luego la apunto directo a ella. Estoy lo suficiente cerca ahora, lo suficiente cerca para ver las crestas de su chaleco antibalas que le cubren la espalda. Mis manos tiemblan. Tengo una vista ideal, un tiro directo a la cabeza de la comandante Jameson. Se está preparando para disparar otra vez.
Apunto.


 
Como si el mundo se ha detenido de repente a un millón de fotogramas por segundo, la comandante Jameson se da la vuelta. Siente mi presencia. Sus ojos se entrecierran, y luego apunta su pistola hacia mí, quitando su concentración de Day. Pensamientos corren por mi mente a la velocidad de la luz. Aprieto el gatillo de mi arma, disparando mi última bala directo a su cabeza.
Y fallo. Nunca fallo.
No hay tiempo para pensar en esto, la comandante Jameson tiene su arma apuntando a mí, y cuando mi bala pasa a un lado de su rostro, veo su sonrisa y dispara. Me tiro al suelo, luego ruedo. Algo brilla apenas a un centímetro de mi brazo. Me apresuro a ponerme detrás de una chimenea cercana y me presiono tan apretado contra la pared como puedo. En algún sitio detrás de mí, el sonido de botas pesadas se acerca. Respira. Respira.
Nuestra última confrontación pasa por mi mente. ¿Por qué puedo enfrentarme a cualquier cosa en el mundo menos a la comandante Jameson?
—Sal y juega, pequeña Iparis —me llama. Cuando permanezco en silencio, ella ríe—. Sal, para que puedas ver a tu chico bonito desangrándose en la calle.
Sabe exactamente cómo cortar a través de mi corazón. Pero aprieto los dientes y fuerzo las imágenes de un sangrante y moribundo Day fuera de mi cabeza. No tengo tiempo para estas idioteces. Lo que tengo que hacer es desarmarla; y con ese pensamiento, miro a mi inútil arma. Hora de jugar a un juego de fingir.
Ella está callada ahora. Todo lo que puedo escuchar es el suave sonido de botas aproximándose, el constante acercamiento de la asesina de mi hermano. Mis manos se tensan en mi arma.
Está lo suficiente cerca. Cierro los ojos por un instante, murmuro un rápido susurro de buena suerte, y luego me doy la vuelta para salir de mi escondite. Apunto mi arma a la comandante Jameson como si estuviera a punto de disparar. Ella hace lo que espero: retrocede a un lado, pero esta vez estoy preparada, y arremeto directamente hacia ella. Salto, luego le doy una pata en la cara tan fuerte como puedo. Mis botas hacen un sonido satisfactorio en el impacto. Su cabeza cae hacia atrás. Su agarre en su arma se afloja, y


 
aprovecho la oportunidad para patearla fuera de sus manos. Se desploma en el techo con el golpe, su arma sale volando hacia un lado, luego cae del tejado a las calles de abajo llenas de humo.
No me atrevo a detener mi impulso. Mientras ella todavía está caída, golpeo mi codo contra su cara en un esfuerzo para dejarla inconsciente. Mi primer golpe le da, pero el segundo no. La comandante Jameson agarra mi codo, agarra su otra mano en mi muñeca como un grillete, y luego la retuerce. Yo me doy la vuelta con él. El dolor se dispara por mi brazo mientras se dobla en su agarre. Antes de que pueda romperlo, me doy la vuelta y piso su brazo con el afilado tacón de mi bota. Ella hace una mueca, pero no me suelta. Piso otra vez, más fuerte.
Su agarre se afloja ligeramente, y finalmente me las arreglo para deslizarme fuera de su alcance.
Ella salta a sus pies justo cuando pongo algo de distancia entre nosotras y me vuelvo para enfrentarla. Empezamos a dar vueltas, las dos respirando con dificultad, mi brazo todavía gritando de dolor y su rostro desfigurado por un
hilo de sangre que viene de su frente. Ya sé que no puedo ganar contra ella            en una pelea en toda regla. Es más alta y más fuerte, equipada con años de
entrenamiento que mis talentos no pueden igualar. Mi única esperanza es atraparla por sorpresa otra vez, encontrar una forma de volver su propia fuerza contra ella.
Mientras continúo dando vueltas, esperando y buscando una abertura, el mundo a nuestro alrededor se desvanece. Me baso en todo mi enfado, dejando que reemplace mi miedo y me dé fuerza.
Sólo somos tú y yo ahora. Esta es la forma en que se suponía que iba a ser, este es el momento que he estado esperando desde que todo empezó. Nos enfrentaremos hasta el final con nuestras manos desnudas.
La comandante Jameson ataca primero. Su velocidad me aterroriza. En un segundo está frente a mí, y al siguiente está a mi lado, su puño volando hacia mi rostro. No tengo tiempo para esquivarlo. Todo lo que me las arreglo para hacer es levantar mi hombro en el último segundo, y su puño me golpea en su lugar como un golpe de refilón. Estrellas explotan en mis ojos. Me tambaleo hacia atrás. Me las arreglo para esquivar su siguiente golpe… apenas. Ruedo lejos de ella, luchando por aclarar mi visión, y me vuelvo a levantar. Cuando se


 
lanza otra vez, salto y le doy una patada en su cabeza. La alcanza, pero es demasiado rápida para que sea frontal.
Corro lejos otra vez. Esta vez retrocedo despacio hacia el borde del tejado, mis ojos aterrorizados de dejarla. Bien, me recuerdo. Luce tan asustada como puedas. Finalmente, la parte posterior de mi bota golpea la cornisa del tejado. Miro hacia abajo, luego otra vez a la comandante Jameson. A pesar de una ligera inestabilidad, parece impertérrita. No me es difícil fingir el miedo en mis ojos abiertos. Camina hacia mí como una predadora. No dice una palabra, pero no lo necesita, todo lo que alguna vez me ha querido decir ya ha sido dicho antes. Corre por mi cabeza como un veneno.
“Pequeña Iparis, cuánto me recuerdas a mí misma en tu edad. Adorable. Algún día, aprenderás que la vida no es siempre lo que tú quieres que sea. Que no siempre conseguirás lo que quieres. Y que hay fuerzas que se escapan de tu control que te convertirán en quien eres. Lástima que tu tiempo termine aquí. Hubiera sido divertido ver lo que llegarás a ser”.
Sus ojos me hipnotizan. En este momento, no puedo imaginar peor vista.
 
            Se lanza hacia delante.
Solo tengo una oportunidad. Me agacho, agarro su brazo, y la doy la vuelta por encima de mi cabeza. Su impulso la envía volando sobre el borde del tejado.
Pero su mano agarra mi brazo. Me tira a mitad de camino sobre la repisa, mi hombro derecho se disloca. Grito. Mis talones se cavan contra la cornisa, luchando para no caerme.
La comandante Jameson se aplasta contra el lateral del edificio, luchando para encontrar apoyo. Sus uñas se clavan tan profundo en mi piel que puedo sentir mi piel rasgándose. Las lágrimas saltan a mis ojos. Abajo, soldados de la República todavía están ayudando a los evacuados, disparando contra los soldados enemigos en otros tejados, gritando órdenes a sus micrófonos.
Les grito con todo lo que me queda.
 
—¡Dispárenle! —grito—. ¡Dispárenle!
 
Dos soldados de la República giran sus cabezas en mi dirección. Me reconocen. Cuando levantan sus armas en mi dirección, la comandante Jameson me mira a los ojos y sonríe.


  —Sabía que no podías hacerlo tú sola.
 
Los soldados abren fuego, el cuerpo de la comandante Jameson convulsiona, su agarre se afloja de repente, y se desploma como un pájaro herido en la calle. Me vuelvo para no tener que mirar, pero aun así oigo el enfermizo sonido de su cuerpo contra la acera. Se ha ido. Sólo así. Me quedo con sus palabras y mi propio sonido en mis oídos.
Dispárenle. Dispárenle.
 
Las palabras de Metias suenan en mi mente. “Pocas personas matan por razones correctas”.
Rápidamente me limpio las lágrimas del rostro. ¿Qué acabo de hacer? Su sangre mancha mis manos, froto mi mano buena contra mi ropa, pero no puedo quitármela. No sé si alguna vez seré capaz de hacerlo.
—Esta es la razón correcta —susurro repetidamente.
 
Tal vez se haya destruido a sí misma, y yo sólo he ayudado. Pero incluso este pensamiento parece hueco.
La agonía de mi hombro dislocado hace que me maree. Levanto mi brazo derecho, agarro mi herido brazo izquierdo, aprieto los dientes, y presiono fuerte. Grito otra vez. El hueso resiste por un momento, y luego siento que mi hombro vuelve a su sitio. Lágrimas frescas surcan mi rostro. Mis manos tiemblan incontroladamente, y mis oídos pitan, bloqueando cualquier sonido a mí alrededor excepto el latido de mi corazón.
¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Horas? ¿Unos pocos segundos?
 
La pulsante luz de la lógica se filtra en mi mente, cortando a través del dolor. Como siempre, me salva. Day necesita tu ayuda, susurra. Ve a él.
Busco a Day. Ha alcanzado el otro lado de la calle y las áreas más seguras alrededor del refugio, donde soldados de la República han establecido sus barricadas… pero incluso mientras empiezo a correr hacia el borde del tejado, noto que otros han empujado el cuerpo inconsciente de Eden lejos de Day y le están poniendo a salvo a él. Unos pocos se ciernen sobre Day mientras él está tumbado en el suelo, momentáneamente tapándolo de mi vista. Bajo del edificio tan rápido como puedo, hasta que alcanzo una salida de incendios y me apresuro a bajar por las escaleras de metal.


 
El miedo y la adrenalina entumecen mis heridas.
 
Por favor, suplico silenciosamente. Por favor deja que esté bien.
 
Para cuando le he alcanzado, se ha formado una multitud. Puedo escuchar a uno de ellos gritando:
—¡Muévanse! ¡Retrocedan, déjennos un poco de espacio! ¡Díganles que se apresuren! —Un nudo en mi garganta me ahoga, dejándome sin aire. Mis botas golpean contra el suelo, manteniendo el ritmo con mi corazón. Empujo a la gente a un lado y me dejo caer sobre mis rodillas al lado de Day. La persona gritando era Pascao. Me da una mirada frenética.
—Quédate con él —me dice—. Voy por los médicos. —Asiento una vez, y él se aleja corriendo.
Apenas noto a toda la gente amontonada a nuestro alrededor en un círculo. Todo lo que puedo hacer es mirar a Day. Está temblando de pies a cabeza, sus ojos abiertos de par en par en shock, su cabello enganchado a su rostro. Cuando miro su cuerpo más de cerca, noto dos heridas que derraman sangre oscura en su camisa, una herida en su pecho y la otra en la cadera. Un grito ahogado viene de alguien. Tal vez sea de mí. Como en un sueño, me inclino sobre él y toco su cara.
—Day, soy yo. Soy June. Estoy aquí mismo. Me mira.
—¿June? —se las arregla para decir. Intenta levantar una mano a mi rostro, pero está temblando tanto que no puede. Estiro la mano y acuno su rostro con ambas manos. Sus ojos están llenos de lágrimas—. Yo… creo… que me han disparado… —Dos personas de la multitud ponen sus manos sobre sus heridas, presionando lo suficiente fuerte para hacer que un sollozo doloroso salga forzado de su boca. Intenta mirarles, pero no tiene fuerza para levantar la cabeza.
—Los médicos están en camino —le digo firmemente, inclinándome lo suficiente cerca para presionar mis labios contra su mejilla—. Aguanta. ¿De acuerdo? Quédate conmigo. Sigue mirándome. Estarás bien.
—No… lo creo —balbucea. Parpadea rápidamente, derramando lágrimas por un lado de su rostro. Mojan las puntas de mis dedos—. Eden… ¿está a salvo…?


 
—Está a salvo —susurro—. Tu hermano está sano y salvo y lo podrás ver muy pronto.
Day empieza a responder, pero no puede. Su piel se ve cenicienta. Por favor, no. Me niego a pensar en lo peor, pero cuelga sobre nosotros como una sombra negra. Siento la pesadez de la muerte cerniéndose sobre mi hombro, sus ojos ciegos mirando al alma de Day, esperando pacientemente superar su luz.
—No quiero… irme… —Day se las arregla para decir finalmente—. No quiero… dejarte… Eden…
Le hago callar tocando mis labios con los suyos temblorosos.
 
—Nunca le pasará nada malo a Eden. —repito suavemente, desesperada por mantenerlo conmigo—. Mantente concentrado, Day. Vas a ir al hospital. Están viniendo por ti; no tardarán mucho.
No tardarán mucho ahora.
 
Day sólo me sonríe, una expresión tan triste que rompe a través de mi            entumecimiento, y empiezo a llorar.
Esos ojos azules brillantes. Frente a mí está el chico que ha vendado mis heridas en las calles de Lake, que ha vigilado a su familia con todos los huesos de su cuerpo, que se ha quedado a mi lado a pesar de todo, el chico de la luz y la risa y de la vida, de la pena la furia y la pasión, el chico cuyo destino está entrelazado con el mío, por y para siempre.
—Te quiero —susurra—. ¿Puedes quedarte un rato? —Dice algo más, pero su voz se va apagando tan silenciosamente que no puedo entenderlo. No. No. No puedes. Su respiración se vuelve más superficial. Sé que está luchando por seguir consciente, que con cada segundo que pasa, a sus ojos les cuesta más y más centrarse en mí. Por un momento, Day intenta mirar a algo detrás de mí, pero cuando miro sobre mi hombro, no hay nada ahí sino el cielo abierto. Le beso otra vez y apoyo mi cabeza contra la suya.
—Te quiero —susurro una y otra vez—. No te vayas. —Cierro los ojos. Mis lágrimas caen sobre sus mejillas.
Mientras estoy agachada allí contra él, sintiendo como su vida mengua poco a poco, estoy consumida por el dolor y la rabia. Nunca he sido una persona religiosa. Pero ahora mismo, mientras veo los médicos en la distancia


 
apresurándose hacia nosotros, envío una plegaria desesperada a algún poder superior. A qué, no lo sé. Pero espero que Alguien, Quien Sea, me oiga. Que nos eleve a ambos a Sus brazos y se apiade de nosotros. Envío esta plegaria al cielo con cada fragmento de fuerza que me queda.
Permítele vivir.
 
Por favor no te lo lleves de este mundo. Por favor no dejes que muera aquí en mis brazos, no después de todo por lo que hemos pasado juntos, no después de que Te has llevado a tantos. Por favor, Te lo ruego, permítele vivir. Estoy dispuesta a sacrificar lo que sea para hacer que esto ocurra… estoy dispuesta a hacer lo que sea que Tú pidas. Tal vez te rías de mí por una promesa tan inocente, pero lo digo enserio, y no me importa si no tiene sentido o parece imposible. Permítele vivir. Por favor. No puedo soportar esto por segunda vez.
Miro desesperadamente a nuestro alrededor, mi visión borrosa con las lágrimas, y todo es una mancha de sangre y humo, luz y ceniza, y todo lo que puedo oír son gritos y disparos y odio, y estoy tan cansada de la lucha, tan frustrada, enfadada, impotente.
             Dime que todavía hay bien en el mundo. Dime que todavía hay esperanza para todos nosotros.
 
A través de un velo de agua, siento que unas manos en mis brazos me alejan de Day. Lucho obstinadamente contra ellas. El dolor se lanza por mi hombro lesionado. Los médicos se arrodillan sobre su cuerpo. Sus ojos están cerrados ahora, y no puedo verlo respirar. Imágenes del cuerpo de Metias vuelven a mi mente. Cuando los médicos intentan otra vez apartarme de Day, los empujo con rudeza y grito. Grito por todo lo que ha ido mal. Grito por todo lo que está roto en nuestras vidas.




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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por yiniva el Dom 22 Jul - 15:36

llorón llorón llorón llorón llorón
Que horror no puede estar muerto, maldita Jameson que bueno que le dieron con todo.


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Yani el Lun 23 Jul - 15:25

                     
 
Traducción SOS por Nelshia
 
Corregido por LizC
 
 DAY
 
Creo que June está tendida sobre mí, pero tengo problemas para distinguir los detalles de su rostro. Cuando me esfuerzo demasiado, los bordes de mi visión se filtran dentro de un blanco cegador. El dolor, al principio insoportable, no es nada ahora. Los
recuerdos se desvanecen dentro y fuera… recuerdos de mis primeros días asustado y solo en las calles, con la rodilla sangrando y el estómago vacío; de Tess joven y, luego, de John cuando se enteró de que estaba todavía con vida; de la casa de mi madre, la sonrisa de mi padre, de Eden como bebé. Recuerdo la primera vez que conocí a June en las calles. Su postura desafiante, sus ojos feroces. Luego, gradualmente, tengo problemas para recordar cualquier cosa.
Siempre supe, en algún nivel, que no iba a vivir mucho tiempo. Simplemente no está escrito en mis estrellas.
Algo brillante asomándose detrás del hombro de June atrapa mi atención. Vuelvo mi cabeza lo más que puedo para verlo. Al principio luce como una cierta esfera brillante de luz. Sin embargo, mientras sigo mirando, me doy cuenta que es mi madre.
Mamá, le susurro. Me levanto y doy un paso hacia ella. Mis pies se sienten tan ligeros.
Mi madre me sonríe. Ella luce joven y saludable, y completa, sus manos ya no están envueltas en vendas, el cabello del color del trigo y de la nieve. Cuando llego a ella, suavemente acuna mi cara entre sus manos suaves y sin lesiones. Mi corazón deja de latir; se llena de luz y calor, y quiero quedarme aquí para siempre, encerrado en este momento. Tropiezo en mis pasos. Mamá me atrapa antes de que pueda caer, y nos arrodillamos allí, juntos de nuevo.
—Mi niño perdido —murmura. Mi voz sale como un susurro roto.


  —Lo siento mucho. Lo siento mucho.
 
—Calla, mi niño. —Inclino mi cabeza mientras ella se arrodilla sobre mí. Ella me besa en la frente, y soy un niño de nuevo, impotente y lleno de esperanza, lleno de amor. Más allá de la línea borrosa dorada de su brazo, puedo mirar hacia abajo a mi pálido cuerpo, roto en el suelo. Hay una chica en cuclillas sobre mí, con sus manos en mi cara, el cabello largo y oscuro derramado sobre su hombro. Ella está llorando.
—¿Están John y papá…? —empiezo a decir.
 
Mamá sólo sonríe. Sus ojos son tan increíblemente azules, como si pudiera ver el mundo entero dentro de ellos, el cielo y las nubes, y todo más allá.
—No te preocupes —responde—. Ellos están bien, y te quieren mucho.
 
Siento una necesidad imperiosa de seguir a mi madre a donde sea que vaya, donde sea que eso nos pueda llevar.
—Los echo de menos, chicos —le digo finalmente—. Me duele todos los días, la ausencia de cualquiera que alguna vez estuvo allí.
Mamá desliza suavemente su mano por mi cabello, la forma en que solía hacerlo cuando era pequeño.
—Cariño, no hay necesidad de extrañarnos. Nunca nos fuimos. —Levanta su cabeza y señala hacia la calle, más allá de la multitud de personas que se han reunido alrededor de mi cuerpo. Ahora, un equipo de médicos me está levantando en una camilla—. Regresa a Eden. Él está esperando por ti.
—Lo sé —le susurro. Estiro el cuello para ver si puedo echar un vistazo a mi hermano en la multitud, pero no lo veo allí.
Mamá se levanta, sus manos dejan mi rostro, y me encuentro luchando por respirar. No. Por favor, no me dejes. Extiendo una mano hacia ella, pero algún tipo de barrera invisible la detiene. La luz se hace más brillante.
—¿A dónde vas? ¿Puedo ir contigo? Mamá sonríe, pero niega con la cabeza.
—Todavía perteneces al otro lado del espejo. Algún día, cuando estés listo para dar el paso a nuestro lado, vendré a verte de nuevo. Vive bien, Daniel. Haz que el último paso cuente.




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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Yani el Lun 23 Jul - 15:27

                     
 
Traducido por Isa 229 Corregido por LizC
 JUNE
 
Durante las tres primeras semanas que Day está en el hospital, nunca me retiro. Las mismas personas vienen y van: Tess, por supuesto, quien está en la sala de espera tanto como yo, esperando a que Day salga de su coma; Eden, quien se queda
mientras Lucy se lo permite; los otros Patriotas restantes, sobre todo Pascao; una variedad interminable de doctores y médicos que comienzo a reconocer y saber sus nombres después de la primera semana; y Anden, quien ha vuelto del frente de guerra con sus propias cicatrices. Multitudes de personas siguen acampando alrededor del hospital, pero Anden no tiene el corazón para decirles que se dispersen, aún cuando continuaron vigilando los terrenos durante semanas y luego meses. Muchos de ellos tienen las familiares rayas escarlatas pintadas en su cabello. En su mayor parte, se quedan silenciosos. A veces cantan. Ahora me he acostumbrado a su presencia, hasta el punto de que es reconfortante. Ellos me recuerdan que Day todavía está vivo. Que sigue luchando.
La guerra entre la República y las Colonias, al menos por el momento, está terminada. Los antárticos finalmente vinieron a nuestro rescate, trayendo con ellos su tecnología y armas temibles que intimidaron a África y a las Colonias, haciéndolos regresar a nuestro acuerdo de alto al fuego, llevando tanto a Anden como al Canciller ante el tribunal internacional, imponiendo las sanciones apropiadas contra nosotros y ellos, y finalmente, por último, comenzando el proceso para un tratado de paz permanente. Sin embargo, las cenizas de nuestros campos de batalla todavía están aquí, junto con una hostilidad persistente. Sé que llevará tiempo cerrar las heridas. No tengo ni idea cuánto durará este alto al fuego, o cuándo la República y las Colonias encontrarán la paz verdadera. Tal vez nunca lo tengamos. Pero por el momento, esto es suficiente.
Una de las primeras cosas que los doctores tuvieron que hacer por Day, después de coser las horrorosas heridas de bala, fue operar su cerebro. El


 
trauma que había sufrido significó que no pudo recibir la toma completa de medicaciones necesarias para su correcta preparación para la cirugía… pero siguieron adelante con ello. Si estaba listo o no era irrelevante a este punto; si no lo hacían, habría muerto de todos modos. Aún, sin embargo, esto me mantiene despierta por las noches. Nadie realmente sabe si se despertará completamente, o si será una persona totalmente diferente si lo hace.
Pasan dos meses, y luego tres.
 
Gradualmente, todos comenzamos a hacer nuestra espera en casa. Las multitudes en el hospital finalmente comenzaron a disminuir.
Cinco meses. El invierno pasa.
 
A las 0728 horas del jueves del mes de marzo durante principios de primavera, llego a la sala de espera del hospital para mi registro habitual. Como era de esperarse a esta hora, soy la única aquí. Eden está en casa con Lucy, consiguiendo algo de sueño necesario. Sigue creciendo, y si Day estuviera despierto para verlo ahora, sé que comentaría sobre cómo su hermano comienza a estirarse, perdiendo la grasa de bebé en su cara y
             tomando los primeros pasos en la adultez.
Incluso Tess aún no está aquí. Ella tiende a venir al final de la mañana para trabajar como asistente del médico, opacando a los doctores, y cuando la agarro en sus descansos, nos acurrucamos juntas e intercambiamos conversaciones en voz baja. A veces hasta me hace reír.
—Él te ama, realmente lo hace —me dijo ayer—. Él te amaría aún si esto lo destruyese. Es tu media naranja. Supongo que es algo lindo. —Dijo esto con una sonrisa tímida, pícara en su cara. De alguna manera, ella había logrado regresar al lugar donde la había conocido primero, pero ahora como alguien más mayor, más alta, y más sabia.
Le di un codazo afectuosamente.
 
—Ustedes tienen un vínculo que nunca he podido tocar —contesté—. Aún cuando nosotros estábamos en nuestro peor momento.
Ella se sonrojó, y no pude evitar abrirle mi corazón. Una Tess compasiva es una de las más dulces vistas en el mundo.
—Sólo se buena con él —susurró—. ¿Lo prometes?


 
Ahora saludo a la enfermera en la ventana de la sala de espera, luego me instalo en mi silla habitual y miro alrededor. Esta mañana luce tan vacía. Me encuentro extrañando el compañerismo de Tess. Trato de distraerme con los titulares de las noticias que pasan en el monitor.
 
 
El PRESIDENTE DE LA ANTÁRTIDA, IKARI, JUNTO A LAS NACIONES UNIDAS, MUESTRA SU APROBACIÓN DEL NUEVO TRATADO DE PAZ ENTRE LA REPÚBLICA Y LAS COLONIAS.
ELECTOR PRIMO ANUNCIA EL INICIO DEL NUEVO SISTEMA DE CLASIFICACIÓN PARA SUSTITUIR ANTIGUAS PRUEBAS.
NUEVAS CIUDADES FRONTERIZAS ENTRE LA REPÚBLICA Y LAS COLONIAS SERÁN RENOMBRANDAS LAS CIUDADES UNIDAS, PARA COMENZAR A PERMITIR LA INMIGRACIÓN DE AMBAS NACIONES A FINALES DEL PRÓXIMO AÑO.

LA SENADORA MARIANA DUPREE SE ALISTA OFICIALMENTE COMO PRINCEPS DEL SENADO.
Los titulares de las noticias traen una sonrisa débil a mi cara. Anoche, Anden había pasado por mi apartamento para decirme en persona sobre Mariana. Le había dicho que le daría mis felicitaciones a ella directamente.
—Es muy buena en lo que hace —le dije—. Más de lo que yo era. Estoy feliz por ella.
Anden inclinó su cabeza.
 
—Creo, que te habría ido mejor a largo plazo —contestó con una sonrisa suave—. Tú entiendes a las personas. Pero me alegro de que hayas vuelto a donde te sientes más cómoda. Nuestras tropas tienen suerte de tenerte. — Luego vaciló, y durante un momento tomó mi mano en la suya. Recuerdo el forro de neopreno suave de sus guantes, el brillo de plata de sus gemelos—. Ahora tal vez no consiga verte mucho. Tal vez es mejor así, ¿verdad? Aun así, por favor, visítame de vez en cuando. Será estupendo tener noticias de ti.
—Igualmente —contesté, apretando su mano en respuesta.


 
Mis pensamientos vuelven al presente. Uno de los doctores ha surgido del vestíbulo cerca de la habitación de Day. Nota mi presencia, respira hondo, y se aproxima. Me enderezo, tensándome. Ha pasado mucho tiempo desde que he oído alguna novedad efectiva de la condición de Day del doctor Kann. Una parte de mí quiere saltar del entusiasmo, porque quizás la noticia es buena; otra parte de mí se encoge del miedo, en caso de que la noticia sea mala. Mis ojos escanean el rostro del doctor, buscando pistas. (Pupilas dilatadas ligeramente, rostro preocupado, pero no en la manera en que uno está a punto de informar lo peor. Hay indicios de alegría en su cara.) Mi pulso se acelera. ¿Qué va a decirme? O quizás no son ningunas noticias en absoluto… quizás va simplemente a decirme lo de siempre. Me temo que no hay mucho cambio hoy, pero al menos todavía está estable. Me he acostumbrado tanto a escuchar eso.
El doctor Kann se detiene ante mí. Ajusta sus gafas y se rasca inconscientemente su barba y bigote salpicado de canas.
—Buenos días, señorita Iparis —dice.
 
—¿Cómo está? —pregunto, mi saludo habitual.
 
El doctor Kann sonríe, pero vacila (otra rareza; las noticias deben ser significativas).
—Maravillosas noticias. —Mi corazón se para durante un segundo—. Day ha despertado. Hace menos de una hora.
—¿Está despierto? —suspiro. Está despierto. De repente las noticias son demasiado aplastantes, y no estoy segura si lo puedo aguantar. Estudio su cara con cuidado—. Sin embargo, hay mucho más que eso. ¿Verdad?
El doctor Kann pone ambas manos sobre mis hombros.
 
—No quiero preocuparla, señorita Iparis, no del todo. Day se ha recuperado de su cirugía notablemente bien; cuando se despertó, pidió por agua y luego por su hermano. Parece completamente consciente y coherente. Hicimos un rápido escaneo de su cerebro. —Su voz se torna más emocionada—. Tendremos que hacer una comprobación más exhaustiva, por supuesto, pero a primera vista, parece que todo se ha normalizado. Su hipocampo parece sano, y sus signos parecen estar disparándose con normalidad. En casi cada aspecto, el Day que conocemos, está de vuelta.


 
Las lágrimas hormiguean en los bordes de mis ojos. El Day que conocemos está de vuelta. Después de cinco meses de espera, las noticias son tan repentinas. Un minuto él estaba inconsciente en la cama, aferrándose noche tras noche a la vida, y ahora él está despierto. Así como así. Rompo en una sonrisa con el doctor, y antes de que me pueda detener, lo abrazo. Se ríe, acariciando mi cabeza torpemente, pero no me importa. Quiero ver a Day.
—¿Puede tener visitas? —pregunto. Entonces, repentinamente, comprendo lo que el doctor realmente dijo—. ¿Por qué dice “casi”?
La sonrisa del doctor vacila. Ajusta sus gafas otra vez.
 
—No es nada que no podamos arreglar en el transcurso de la terapia extendida. Verás, la región del hipocampo afecta las memorias, tanto a corto como a largo plazo. Parece que los recuerdos a largo plazo de Day: su familia, su hermano Eden, su amiga Tess, etcétera… están intactos. Sin embargo, después de unas cuantas preguntas, parece que tiene muy pocos recuerdos tanto de las personas y acontecimientos del último año o dos. Lo llamamos amnesia retrógrada. Recuerda las muertes de su familia, por ejemplo… —La
voz del doctor Kann se va apagando incómodamente aquí—. Pero no parece            estar familiarizado con el nombre de la comandante Jameson o la invasión de
las Colonias recientemente. También parece que no te recuerda. Mi sonrisa se desvanece.
—Él… ¿no me recuerda?
 
—Por supuesto, esto es algo que se puede curar con el tiempo, con la terapia apropiada —me asegura el doctor Kann otra vez—. Sus capacidades de memoria a corto plazo funcionan bien. Recuerda la mayor parte de las cosas que le digo, y forma nuevos recuerdos sin demasiado problema. Sólo quise advertirle antes de que lo vea. No se sorprenda de que él no pueda recordarla. Tómate tu tiempo y preséntate de nuevo ante él. Gradualmente, quizás en unos años, sus viejos recuerdos podrían volver.
Asiento hacia el doctor como si estuviera en un sueño.
 
—De acuerdo —susurro.
 
—Puedes verlo ahora, si deseas. —Me sonríe, como si entregara la noticia más grande del mundo. Y lo está haciendo.


 
Pero cuando me deja, sólo me quedo allí de pie durante un momento. Mi mente es una niebla. Pensando. Perdida. Luego tomo pasos lentos hacia el pasillo donde está la habitación de hospital de Day, el corredor se cierra a mí alrededor como un túnel brumoso, borroso. La única cosa que pasa en mi cabeza es el recuerdo de mi desesperada oración por encima del cuerpo herido de Day, la promesa que había ofrecido hacia el cielo a cambio de su vida.
Permítele vivir. Estoy dispuesta a sacrificar lo que sea para hacer que esto ocurra.
Mi corazón se hunde, tornándose gris. Ahora entiendo. Sé que algo ha contestado a mi oración, y al mismo tiempo también me ha dicho cuál debe ser mi sacrificio. Me han ofrecido la posibilidad de nunca hacerle daño a Day otra vez.
Ingreso a la habitación del hospital. Day está alerta, apoyado en almohadas y sorprendentemente más saludable que las veces que lo he visto tumbado inconsciente y pálido durante los pocos meses pasados. Pero algo es
diferente ahora. Los ojos de Day me siguen sin una pizca de familiaridad en            ellos; me mira con la cautelosa distancia, cortesía de un extraño, de la manera
en que me miró cuando nos conocimos por primera vez. No sabe quién soy.
Mi corazón duele, tira de mí mientras me acerco a su cama. Sé lo que tengo que hacer.
—Hola —dice cuando me siento en su cama. Sus ojos vagan curiosamente por mi cara.
—Hola —respondo suavemente—. ¿Sabes quién soy?
 
Day parece culpable, lo cual sólo hace que el cuchillo se entierre más profundo.
—¿Debería?
 
Toma todo de mi esfuerzo no llorar, para soportar la idea de que Day ha olvidado todo entre nosotros: nuestra noche juntos, los sufrimientos que hemos pasado, todo lo que hemos compartido y perdido. Hemos sido borrados de su memoria, sin dejar nada atrás. El Day que yo conocía no está aquí.


 
Le podría decir ahora mismo, por supuesto. Podría recordarle quién soy, que soy June Iparis, la chica que él una vez había salvado de las calles y de quien se enamoró. Podría decirle todo, justo como el doctor Kann dijo, y posiblemente podría desatar sus viejos recuerdos. Dile, June. Sólo dile. Estarás tan feliz. Sería tan fácil.
Pero abro mi boca y ningún sonido sale. No lo puedo hacer.
 
Se buena con él, me había dicho Tess. ¿Lo prometes?
 
Mientras permanezca en la vida de Day, le haré daño. Cualquier otra alternativa es imposible. Pienso en el modo que se había inclinado, sollozando, en la mesa de la cocina de su familia, añorando lo que yo le había quitado. Ahora el destino me ha dado la solución en una bandeja de plata: Day sobrevivió su calvario, y a cambio, tengo que salir de su vida. Aunque ahora me mira como a una extraña, ya no tiene la mirada de dolor y tragedia que siempre parecía venir con la pasión y el amor que él me miraba. Ahora es libre.
Es libre de nosotros, abandonándome como la única portadora de la carga de            nuestro pasado.
Así que trago con fuerza, sonrió e inclino mi cabeza.
 
—Day —me obligo a decir—. Es bueno conocerte. He sido enviada por la República para ver cómo estás. Es maravilloso verte despierto otra vez. El país va a alegrarse cuando escuchen las buenas noticias.
Day asiente cortésmente a cambio, su tensión inconfundible.
 
—Gracias —dice cautelosamente—. Los doctores me dijeron que he estado inconsciente durante cinco meses. ¿Qué pasó?
—Fuiste herido durante una batalla entre la República y las Colonias — respondo. Todo lo que digo suena como si viniese de la boca de alguien más—. Salvaste a tu hermano Eden.
—¿Está Eden aquí? —Los ojos de Day se iluminan con reconocimiento, y una sonrisa hermosa florece en su cara. La vista de ello me trae dolor a pesar de que estoy feliz de que recuerde a su hermano. Quiero tanto ver esa mirada de familiaridad en su cara cuando habla de .


 
—Eden estará tan contento de verte. Los doctores están enviando por él, así que llegará dentro de poco. —Yo devuelvo la sonrisa, y esta vez es una genuina, pero agridulce. Cuando Day estudia mi rostro otra vez, cierro mis ojos y me inclino ligeramente hacia él.
Es tiempo de dejarlo ir.
 
—Day —digo, eligiendo cuidadosamente lo que deberían ser mis últimas palabras para él—. Ha sido un gran honor y privilegio luchar a tu lado. Has salvado a muchos más de nosotros de lo que nunca sabrás. —Durante un breve momento, fijo mis ojos en los suyos, diciéndole silenciosamente todo lo que nunca le diré en voz alta—. Gracias —susurro—. Por todo.
Day parece desconcertado por la emoción en mi voz, pero asiente a cambio.
 
—El honor es mío —contesta. Mi corazón se rompe de la pena por la falta de la calidez en su voz, la calidez que sé que hubiera escuchado si él hubiera recordado todo. Siento la ausencia del amor doloroso que he llegado a anhelar, que quise tanto ganar. Ahora se ha ido.
Si supiera quién era, le diría algo más ahora, algo que debería haberle dicho más a menudo cuando tenía la posibilidad. Ahora estoy segura de mis sentimientos, y es demasiado tarde. A sí que guardo las dos palabras de regreso en mi corazón, por su propio bien, y me levanto de su cama. Absorbo hasta el último, maravilloso detalle de su rostro y lo guardo en mi memoria, con la esperanza de que pueda llevarlo conmigo a dondequiera que vaya. Intercambiamos silenciosos saludos.
Luego me alejo por última vez.
 
* * *
 
Dos semanas más tarde, se siento como si la ciudad entera de Los Ángeles acude para ver a Day dejar el país para siempre. En la mañana que dejé el lado de la cama de Day, la Antártida vino clamando tanto por él como por su hermano. Habían notado el dotado talento de Eden con la ingeniería y le habían ofrecido un lugar en una de sus academias. Al mismo tiempo, ofrecieron a Day la oportunidad de ir.
Yo no me uno a las multitudes. En su lugar me quedo en mi apartamento, viendo los acontecimientos desarrollándose mientras Ollie duerme alegremente a mi lado. Las calles alrededor de mi complejo están llenas de


 
gente, empujándose los unos a los otros para mirar las pantallas gigantes. Su ensordecedor caos se convierte en ruido blanco mientras miro desplegarse en mi pantalla:
 
 
DANIEL ALTAN WING Y HERMANO PARTEN ESTA NOCHE A ROSS CITY, ANTÁRTIDA
 
 
Eso es lo que dicen los titulares. En la pantalla, Day saluda a la gente que se juntó alrededor de su apartamento mientras él y Eden son escoltados hacia un jeep por una patrulla de la ciudad. Debería llamarlo Daniel, como lo hace la pantalla. Quizás ahora realmente es sólo Daniel, sin la necesidad ya de un alias. Observo mientras deja a su hermano entrar en el vehículo, y luego lo sigue, perdiéndose completamente de vista. Es tan extraño, pienso para mí mientras mi mano se mueve distraídamente a través del pelaje de Ollie. No hace mucho tiempo, las patrullas de ciudad lo habrían arrestado a la vista.
Ahora, él deja la República como su campeón, para ser celebrado y recordado            por el resto de la vida.
Apago el monitor, luego me siento en la oscuridad tranquila de mi apartamento, saboreando el silencio. Fuera en las calles, la gente todavía clama su nombre. Lo claman profundamente en la noche.
Cuando la conmoción finalmente se extingue, me levanto de mi sofá. Me pongo mis botas y un abrigo, luego envuelvo una bufanda delgada alrededor de mi cuello y me dirijo a las calles. Mi cabello sopla en la suave brisa nocturna, volutas quedan atrapadas de vez en cuando mis pestañas. Durante un rato vago por las tranquilas calles sola. No estoy segura de a dónde voy. Tal vez trato de encontrar mi camino de regreso a Day. Pero eso es ilógico. Ya se ha ido, y su ausencia deja un hueco, un dolor penetrante en mi pecho. Mis ojos lloran por el viento.
Vago durante una hora antes de finalmente tomar un corto paseo en tren al sector Lake. Allí, paseo por el borde del agua, admirando las luces del centro de la cuidad así como al ahora sin usar y apagado Estadio de Ensayos, un inquietante recordatorio de eventos que ya se fueron. Las ruedas hidráulicas gigantescas se arremolinan en el lago, el ritmo de su movimiento instalándose en una sinfonía de fondo consoladora. No sé a dónde voy. Todo


 
que lo sé es que, en este momento, el sector Lake se parece más a casa para mí que Ruby. Aquí, no estoy tan sola. En estas calles, todavía puedo sentir el latido del corazón de Day.
Comienzo a volver sobre mis viejos pasos, por delante de los mismos edificios a la orilla del lago y de las mismas casas desmoronadas, los pasos que había tomado cuando era una persona completamente diferente, llena de odio y confusión, pérdida e ignorancia. Es un sentimiento raro el pasear estas mismas calles como la persona que soy ahora. A la vez familiar y extraño.
Una hora más tarde, me detengo ante un callejón indescriptible que ramifica en una calle vacía. Al final de este callejón, una abandonada torre se alza a doce pisos, cada una de sus ventanas tapadas y su primera planta justo como la recuerdo, con ventanas ausentes y cristal roto en el suelo. Ando entre las sombras del edificio, recordando. Aquí es donde Day había extendido primero su mano hacia mí en medio del humo y polvo y me salvó hace mucho tiempo, antes de que incluso descubriéramos quién era el otro; este fue el principio de las pocas noches preciosas cuando simplemente nos conocimos el uno al otro como un chico de las calles y una chica que necesitaba ayuda.
            El recuerdo me viene al momento.
Hay una voz diciéndome que me despierte. Cuando miro hacia mi lado, veo a un chico extendiendo su mano para mí. Tiene ojos azules brillantes, suciedad en su rostro, y una vieja gorra puesta, y en este momento, creo que podría ser el muchacho más hermoso que he visto nunca.
Mi paseo me ha llevado al principio de nuestro viaje juntos. Supongo que simplemente es apropiado para mí estar aquí al final de este viaje.
Permanezco en la oscuridad durante mucho tiempo, dejándome hundir en los recuerdos que una vez compartimos. El silencio me envuelve en un abrazo reconfortante. Una de mis manos alcanza mi costado y encuentra la vieja cicatriz donde Kaede me había herido. Tantos recuerdos, tanta alegría y tristeza.
Las lágrimas caen por mi cara. Me pregunto en qué está pensando Day en este momento mientras se dirige hacia una tierra extranjera, y si alguna parte de él, aún si está enterrada profundamente, sostiene algún indicio de mí o no, piezas de lo que una vez tuvimos.


 
Cuanto más me quedo aquí, más ligero se siente la carga en mi corazón. Day seguirá adelante y vivirá su vida. Yo también lo haré. Estaremos bien. Algún día, quizás en un futuro lejano y distante, nos encontraremos el uno al otro otra vez. Hasta entonces, lo recordaré. Extiendo la mano para tocar una de las paredes, suponiendo que puedo sentir su vida y calor a través de ella, y miro alrededor otra vez, hacia las azoteas y luego en todo el cielo de la noche donde unas cuantas estrellas tenues se pueden ver, y allí creo que realmente lo puedo ver. Puedo sentir su presencia aquí en cada piedra que ha tocado, cada persona que ha levantado, cada calle y callejón y ciudad que ha cambiado en los pocos años de su vida, porque él es la República, es nuestra luz, y te amo, te amo, hasta el día que nos encontremos otra vez te mantendré en mi corazón y te protegeré allí, sufriendo por lo que nunca tuvimos, amando lo que hicimos. Deseo que estuvieras aquí.
Te amaré, siempre.




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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Yani el Lun 23 Jul - 15:36

Chicas, solo he leído fragmentos de esta historia pero es desgarradora...qué manera de llorar!!!!!!!! Quieren el final???? Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad




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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por yiany el Lun 23 Jul - 20:36

Miércoles, jueves y viernes, la batalla ha comenzado y nuestros pobres protas no acaban de salir de una para meterse de cabeza en otra.


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por yiany el Mar 24 Jul - 9:13

Dios, estoy llorando a moco tendido en el bus, por un momento creí que moría y estuve maldiciendo mentalmente a todos los autores de distopia q matan a sus protas a pocos capis del final.


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por yiany el Mar 24 Jul - 9:54

@Yani escribió:Chicas, solo he leído fragmentos de esta historia pero es desgarradora...qué manera de llorar!!!!!!!! Quieren el final???? Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad
Sin palabras, a este punto, las personas del bus deben pensar q falleció alguien, terminé con mi novio, o simplemente enloquecí no puedo parar de llorar, con moquera incluida, que hermoso sacrificio de June.
Claro que quiero el final, Yani, preciosa, no podré dormir tranquila de nuevo hasta saberlo


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Yani el Mar 24 Jul - 14:30

                     
LOS ÁNGELES, CALIFORNIA REPÚBLICA DE AMÉRICA
 
 
* * * 
DIEZ AÑOS DESPUÉS

 
Traducido por Miranda. Corregido por LizC
 JUNE
 
1836 HORAS, 11 DE JULIO. SECTOR BATALLA, LOS ÁNGELES 25°C
 
Hoy es mi cumpleaños número veintisiete.
 
Celebro la mayoría de mis cumpleaños sin mucha complicación. En el decimoctavo, me uní a Anden, un par de senadores, Pascao y Tess, y varios compañeros de Drake en una cena sencilla en el
            salón de una azotea en el sector Ruby. El diecinueve tuvo lugar en un barco
en Nueva York, las Colonias reconstruyeron una versión de una vieja ciudad subacuática cuyas afueras se adentran ahora con delicadeza en el Océano Atlántico. Había sido invitada a una fiesta organizada por varios delegados internacionales de África, Canadá, y México. Pasé mi cumpleaños número veinte cómoda en casa, metida en la cama con Ollie roncando en mi regazo, viendo un breve telediario sobre cómo el hermano de Day, Eden, se había graduado más pronto de lo normal en su academia en Antártida, intentando hacerme a una idea de cómo se veía Day como un chico de veinte años, enterándome por las noticias que él mismo había sido reclutado por la agencia de inteligencia de Antártida. Mi veintiún cumpleaños fue un asunto elaborado en Vegas, donde Anden me invitó a un festival de verano y después acabó besándome en mi habitación del hotel. Mi cumpleaños número veintidós: fue el primer cumpleaños que celebré con Anden como mi novio oficial. El veintitrés: lo pasé en una ceremonia de ingreso que me situó como comandante de todos los escuadrones en California, la comandante más joven en la historia de la República. El veinticuatro: un cumpleaños pasado solo con Ollie. Veinticinco: cena y baile con Anden a bordo del RS Constellation. Veintiséis: pasado con Pascao y Tess mientras les decía que acababa de romper con Anden, cómo el joven Elector y yo habíamos llegado


 
a un mutuo acuerdo de que yo simplemente no podía amarlo como él quería que lo hiciera.
Algunos de esos años los pasé con alegría, otros con tristeza; pero los acontecimientos más tristes siempre fueron tolerables. Cosas mucho más peores habían pasado, y nada trágico durante esos años pudo compararse con los acontecimientos de mis años de adolescencia. Pero hoy es diferente. He estado temiendo este cumpleaños particularmente desde hace años, porque me lleva de vuelta a algunos acontecimientos de mi pasado que he tratado con toda mi fuerza mantener enterrados.
Paso la mayor parte del día en un humor bastante tranquilo. Me levanto temprano, sigo mis rutinas diarias de calentamiento en la pista de atletismo, y después me dirijo al sector Batalla a organizar a mis capitanes para sus distintas operaciones en la ciudad. Hoy estoy liderando a dos de mis mejores patrullas a escoltar a Anden durante una reunión con delegados de las Colonias. Puede que no compartamos el mismo apartamento más, pero eso no cambia lo fieramente que vigilo su seguridad. Siempre será mi Elector, e intento mantenerlo así. Hoy, él y las Colonias están sumergidos en medio de
            discusiones sobre el delicado estado de las inmigraciones a lo largo de la frontera, donde las Ciudades Unidas se han convertido en zonas emergentes
con ciudadanos tanto de las Colonias como de la República. Lo que una vez fue una fuerte línea divisoria entre nosotros ahora parece un gradiente. Observo desde las afueras mientras Anden estrecha manos con los delegados y posa para fotos. Estoy orgullosa de lo que ha llegado a hacer. Pasos lentos, pero pasos aun así. Metias habría estado feliz de verlo. Al igual que Day.
Cuando llegan las últimas horas de la tarde, finalmente dejo la Intendencia de Batalla y me dirijo a un delicado edificio de marfil blanco en el lejano este de la plaza de Batalla. Ahí, enseño mi identificación y me encamino hacia el piso veinte del edificio. Recorro pasos familiares por el vestíbulo, mis botas haciéndose eco contra los suelos de mármol, hasta que me detengo delante de una lápida cuadrada de diez centímetros con el nombre CAPITÁN METIAS IPARIS grabado en su superficie de cristal fino.
Me quedo ahí por un momento, después me siento con las piernas cruzadas ante ella e inclino mi cabeza.
—Hola, Metias —digo, con una voz suave—. Hoy es mi cumpleaños. ¿Sabes cuántos años tengo ahora?


 
Cierro mis ojos, y a través del silencio que me rodea creo que puedo sentir una mano fantasmal en mi hombro, la gentil presencia de mi hermano que soy capaz de sentir de vez en cuando, en estos momentos tranquilos. Lo imagino sonriéndome, su expresión relajada y libre.
—Tengo veintisiete hoy —continúo en un susurro. Mi voz se traba por un instante—. Ahora tenemos la misma edad.
Por primera vez en mi vida, no soy más su hermana pequeña. El próximo año cruzaré esa línea y él todavía seguirá en el mismo sitio. A partir de ahora, seré mayor de lo que él fue.
Intento moverme a otros pensamientos, así que le cuento al fantasma de mi hermano sobre mi año, mis problemas y mis éxitos ordenando mis propias patrullas, mis agitadas semanas de trabajo. Le cuento, como siempre, que lo echo de menos. Y como siempre, puedo oír el susurro de su fantasma contra mi oído, su suave respuesta de que él también me echa de menos. De que me está cuidando, desde cualquier lugar en el que esté.
Una hora más tarde, cuando el sol finalmente se ha puesto y la luz que            atraviesa por las ventanas se desvanece, me levanto de mi posición y lentamente recorro el camino fuera del edificio. Escucho algunos mensajes
perdidos en mi auricular. Tess debería salir de su turno en el hospital pronto, probablemente armada con un montón de nuevas historias sobre sus pacientes. Durante los primeros años cuando Day se fue, los dos mantuvieron el contacto, y Tess me mantenía informada constantemente sobre cómo estaba. Cosas como la mejoría de la vista de Eden. El nuevo trabajo de Day. Juegos antárticos. Pero a medida que los años pasaron, sus charlas fueron a menos, Tess creció y se dedicó a su vida, y gradualmente, sus conversaciones se redujeron a escasos saludos anuales. Algunas veces ninguno.
Mentiría si dijera que no echo de menos sus historias sobre Day. Pero aun así, me encuentro anhelando algunas de nuestras cenas con ella y Pascao, quien debería estar viniendo desde la Universidad de Drake, probablemente ansioso por compartir sus últimas aventuras en los entrenamientos de cadetes. Sonrío mientras pienso en lo que ellos podrían contar. Mi corazón se siente más ligero ahora, un poco más libre después de la conversación con mi hermano. Mis pensamientos vagan brevemente hacia Day. Me pregunto dónde está, con quién, si es feliz.
Sinceramente y de todo corazón, espero que lo sea.


 
El sector no está atiborrado esta noche (no hemos necesitado tanta policía en las calles desde hace unos años), y a parte de unos pocos soldados aquí y allá, estoy sola. La mayoría de las luces de la calle todavía no se han encendido, y en la creciente oscuridad puedo ver un puñado de estrellas parpadeando por encima de mí. El brillo emitido de las pantallas gigantes forma un caleidoscopio de colores a través del gris asfalto del sector Batalla, y me encuentro caminando deliberadamente debajo de ellas, extendiendo una mano para estudiar los colores que bailan por mi piel. Veo fragmentos de noticias en las pantallas con tranquilo desinterés mientras escucho por encima mis mensajes perdidos. Las hombreras de mi traje brillan suavemente.
Entonces me detengo en un mensaje que Tess me ha dejado antes en la tarde. Su voz llena mis oídos, colmada de calidez y diversión.
—Hola. Comprueba las noticias.
 
Eso es todo lo que dice. Frunzo el ceño, después río un poco ante el juego de Tess. ¿Qué pasa en las noticias? Mis ojos vuelven a las pantallas, esta vez con más curiosidad. Ninguna de ellas me llama la atención. Sigo buscando,
buscando lo que Tess podría estar hablando. Aún nada. Entonces… un            pequeño, indescriptible titular, tan breve que debo de habérmelo saltado
durante todo el día. Parpadeo, como si lo hubiera malinterpretado, y lo leo de nuevo antes de que cambie.
 
 
EDEN BATAAR WING ESTÁ EN LOS ÁNGELES ENTREVISTADO PARA LA POSICIÓN DE INGENIERO DE BATALLA.
 
 
¿Eden? Una onda rompe el silencio que me ha mantenido quieta durante todo el día. Leo el titular una y otra vez antes de finalmente convencerme de que de hecho están hablando sobre el hermano pequeño de Day. Eden está aquí para una entrevista para un trabajo importante.
Él y Day están en la ciudad.
 
Miro alrededor de las calles instintivamente. Están aquí, caminando en las mismas calles. Él está aquí. Sacudo mi cabeza a la chica adolescente que se ha despertado de repente en mi corazón. Incluso después de todo este tiempo, tengo esperanza. Cálmate, June. Pero aun así, mi corazón si sitúa en mi


 
garganta. El mensaje de Tess resuena en mi mente. Sigo caminando por la calle. Quizás puedo averiguar dónde se alojan, simplemente captar una idea de lo que está haciendo después de todo este tiempo. Decido llamar a Tess de vuelta una vez haya llegado a la estación de tren.
Quince minutos más tarde, estoy a las afueras del sector Batalla; la estación de tren que se dirige a Ruby aparece al girar la esquina. La oscuridad se ha extendido lo suficiente para que las luces se enciendan, y unos pocos soldados caminan hacia la acera opuesta; aparte de ellos, soy la única en esta cuadra.
Pero cuando alcanzo una ligera curva en la calle, veo dos personas juntas encaminadas en mi dirección. Me detengo en seco. Entonces frunzo el ceño y miro más de cerca la calle delante de mí. Aún no estoy segura de lo que estoy viendo.
Un par de hombres jóvenes. Los detalles revolotean a través de mi mente, tan familiares ahora que apenas tengo que pensarlo dos veces. Ambos son altos y delgados, con cabello rubio platinado que resalta en la calle poco
iluminada. Instantáneamente sé que deben ser familiares, con sus rasgos            similares y andares gráciles. El de la izquierda lleva gafas y está hablando
animadamente, apartando rizos rubios de sus ojos mientras camina, sus manos dibujando algún tipo de diagrama delante de él. Sigue subiendo sus mangas hacia sus codos, y el cuello de su camisa está suelto y arrugado. Una sonrisa despreocupada ilumina su rostro.
El hombre más joven de la derecha parece más reservado, escuchando pacientemente a su acompañante de cabello rizado mientras mantiene sus manos en los bolsillos. Una sonrisa toca las comisuras de sus labios. Su cabello es diferente de lo que recordaba, ahora más corto y ligeramente rizado, y mientras camina de vez en cuando pasa una mano por él, dejándolo incluso más rebelde. Sus ojos son tan azules como siempre. A pesar de que es más adulto ahora, con el rostro de un hombre joven en lugar del adolescente que conocía muy bien, todavía muestra señales de ese viejo fuego cuando ríe ante las palabras de su hermano, momentos de sorprendente lucidez y vida.
Mi corazón empieza a latir más rápido, cortando la pesadez que pesa en mi pecho. Day y Eden.
Mantengo mi cabeza baja mientras se acercan. Pero desde la esquina de mi visión, veo que Eden me descubre primero. Se detiene por un momento en


 
medio de su frase, y una rápida sonrisa aparece en su rostro. Sus ojos viajan hacia su hermano.
Day me lanza una mirada.
 
La intensidad de ella me pilla con la guardia baja, no he sido sometida a su mirada durante tanto tiempo que de repente no puedo respirar. Me enderezo y acelero mi paso. Necesito salir de aquí. De otra forma, no estoy segura de que pueda mantener mis emociones alejadas de mostrarse en mi rostro.
Nos pasamos sin una palabra. Mis pulmones se sienten como si fueran a estallar, y tomo unas cuantas respiraciones para estabilizarme. Cierro mis ojos. Todo lo que puedo oír es el torrente sanguíneo en mis oídos, el rápido latido de mi corazón. Poco a poco escucho el sonido de sus pasos desvanecerse tras de mí. Un sentimiento de hundimiento se asienta lentamente. Trago con fuerza, forzando un conjunto de memorias fuera de mi mente.
Me dirijo a la estación de tren. Me voy a casa. No voy a mirar atrás. No puedo.
Entonces… escucho pisadas detrás de mí. Botas apuradas contra el asfalto. Me paro, me enderezo, y miro por encima de mi hombro.
Es Day. Llega hasta mí. A cierta distancia detrás de él, está Eden esperando con sus manos en sus bolsillos. Day mira directamente a los ojos con una suave y desconcertada expresión, enviando una descarga eléctrica a mi columna.
—Disculpa —dice. Oh, esa voz. Más profunda, más amable de lo que recuerdo, sin la rudeza de la infancia y con la nueva elegancia de un adulto—.
¿Nos hemos conocido antes?
 
Por un momento, me quedó sin palabras. ¿Qué digo? He pasado muchos años convenciéndome de que ya no nos conocemos.
—No —susurro—. Lo siento. —En mi mente, me suplico a decirle lo contrario.
Day frunce el ceño, confundido por un momento. Pasa su mano por su cabello. En ese gesto, capto el destello de algo brillante en sus dedos. Es un


 
anillo hecho de alambres. De sujetapapeles. Una respiración se me escapa en shock.
Todavía lleva el anillo de sujetapapeles que le di una vez.
 
—Oh —responde finalmente—. Entonces siento molestarte. Es sólo que… me pareces realmente familiar. ¿Estás segura de que no nos conocemos de algún lugar?
Estudio sus ojos en silencio. No puedo decir nada. Hay una emoción surgiendo en su rostro ahora, en algún lugar entre la extrañeza y familiaridad, algo que me dice que está esforzándose en situarme, en encontrar a dónde pertenezco. Mi corazón protesta, intentando que él lo descubra. Aun así, no surgen palabras.
Day rebusca mi rostro con su suave mirada. Entonces sacude su cabeza.
 
—Te he conocido —murmura—. Hace mucho tiempo. No sé dónde, pero creo que sé por qué.
—¿Por qué, entonces? —pregunto con amabilidad.
 
Se queda quieto un momento. Luego se acerca, lo bastante cerca para yo ver esa diminuta imperfección en su ojo izquierdo. Ríe un poco, un rubor salpicando sus mejillas.
—Lo siento. Esto va a sonar tan extraño. —Siento que estoy perdida en una niebla. Como si fuera un sueño del que no me atrevo a despertar—. Yo… — empieza, como si buscara las palabras adecuadas—. He estado buscando durante mucho tiempo algo que creo que he perdido.
Algo que perdió. Las palabras traen un nudo a mi garganta, una repentina explosión de loca esperanza.
—No es extraño para nada —me oigo responder.
 
Day sonríe en respuesta. Algo dulce y anhelante aparece en sus ojos.
 
—Sentí como si hubiera encontrado algo cuando te vi ahí atrás. ¿Estás segura que… no me conoces? ¿Te conozco?
No sé qué decir. La parte de mí que una vez había decidido salir de su vida me dice que lo haga de nuevo, para protegerlo de su conocimiento que lo hirió hace tanto. Diez años… ¿ha pasado realmente tanto tiempo? La otra parte de


 
mí, la chica que lo conoció en las calles, me urge a decirle la verdad. Finalmente, cuando soy capaz de abrir la boca, digo:
—Tengo que reunirme con varios amigos.
 
—Oh. Lo siento. —Day aclara su garganta, inseguro de sí mismo—-. Yo también, de hecho. Una vieja amiga en Ruby.
Una vieja amiga en Ruby. Mis ojos se agrandan. De repente sé por qué Tess sonaba tan misteriosa en su mensaje, por qué me dijo que viera las noticias esta noche.
—¿Tu amiga se llama Tess? —pregunto dubitativa.
 
Es el turno de Day de verse sorprendido. Me da una intrigada, descolocada sonrisa.
—La conoces.
 
¿Qué estoy haciendo? ¿Qué está ocurriendo? Esto es realmente un sueño, y estoy aterrada de despertarme de él. He tenido este sueño muchas veces. No quiero que se vaya de nuevo.
—Sí —murmuro—. Yo también ceno con ella esta noche.
 
Nos miramos el uno al otro en silencio. El rostro de Day luce serio ahora, y su mirada es tan intensa que puedo sentir calor corriendo a través de cada centímetro de mi cuerpo. Nos quedamos de esa forma por un largo, muy largo momento, y por una vez, no tengo ni idea de cuánto tiempo ha pasado.
—Lo recuerdo —dice finalmente. Busco sus ojos por esa misma tristeza dolorosa, la tormenta y la angustia que siempre habían estado ahí todo el tiempo que estábamos juntos. Pero ya no puedo verla. En su lugar, encuentro algo más… veo una herida sanada, una cicatriz permanente que sin embargo está cerrada, algo de un capítulo de su vida con el que finalmente, después de todos estos años, ha hecho las paces. Veo… ¿puede ser posible? ¿Puede esto ser verdad?
Veo fragmentos de memorias en sus ojos. Fragmentos de nosotros. Están rotos, y dispersos, pero están ahí, poco a poco juntándose de nuevo ante su vista de mí. Están ahí.
—Eres tú —susurra. Hay asombro en su voz.


  —¿Lo soy? —susurro de vuelta, mi voz temblando con todas las emociones que he mantenido escondidas durante tanto tiempo.
Day está tan cerca, y sus ojos son tan brillantes.
 
—Espero —responde suavemente—, poder conocerte de nuevo. Si estás dispuesta a ello. Hay una niebla a tu alrededor que me gustaría aclarar.
Sus cicatrices nunca desaparecerán. Estoy segura de eso. Pero quizás… tal vez… con el tiempo, con la edad, podemos ser amigos de nuevo. Podemos curarnos. Quizás podemos volver al mismo lugar donde estuvimos una vez, cuando ambos éramos jóvenes e inocentes. Quizás podemos salir en citas como otras personas hacen, en alguna calle alguna tarde cálida, donde llamemos la atención del otro y paremos a presentarnos entre sí. Ecos del antiguo deseo de Day me vienen de nuevo, emergiendo de la niebla de nuestros primeros días.
Quizás hay una cosa como el destino.
 
Aun así espero, muy insegura de mí misma como para responder. No puedo tomar el primer paso. No debería. Ese paso le pertenece a él.
Por un instante, creo que no ocurrirá.
 
Entonces, Day se acerca y toma mi mano con la suya. Las cierra en un apretón de manos. Y sólo con eso, estoy ligada a él de nuevo. Siento el impulso de nuestro vínculo, nuestra historia, nuestro amor a través de nuestras manos, como una ola de magia, el retorno de un amigo perdido hace tiempo. De algo destinado a ser. El sentimiento trae lágrimas a mis ojos. Quizás podemos dar ese paso hacia delante juntos.
—Hola —dice—. Soy Daniel.
 
—Hola —contesto—. Soy June.




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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Yani el Mar 24 Jul - 14:34

Bueeeenooooo, no es un mal final pero viendo y considerando que es el tercer libro de la serie y no hay un cuarto y lo más probable es que se haya sufrido mucho en cada uno de los libros...pues que le costaba a la autora darnos un poquito más de esta historia de amor, es un final esperanzador pero no me parece suficiente...y eso que no leí ningún libro completo, apenas si atisbé algo de este...no quiero leer los otros




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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por yiany el Mar 24 Jul - 19:55

Tienes razón Yani, ese final me supo a poco, demasiado apresurado y como por salir del paso, es cierto que la historia no trata de romance, pero 10 años y un saludo, no es ni remotamente lo que esperaba.


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por yiniva el Miér 25 Jul - 12:49

Chicas por lo menos no lo matò, ya con eso me doy por bien servida, además se supone que Day no la recuerda, no va a llegar a abrazarla o que se yo, por eso me imagino solo llega y la saluda.
Pero aun nos queda el 3.5 tal vez se trate de lo que paso después del saludo (chaguitos) si no, pues que mala onda.
Mil gracias Yani por traernos los capítulos y apoyar a Maguita.


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por yiany el Miér 25 Jul - 13:23

@yiniva escribió:Chicas por lo menos no lo matò, ya con eso me doy por bien servida, además se supone que Day no la recuerda, no va a llegar a abrazarla o que se yo, por eso me imagino solo llega y la saluda.
Pero aun nos queda el 3.5 tal vez se trate de lo que paso después del saludo (chaguitos) si no, pues que mala onda.
Mil gracias Yani por traernos los capítulos y apoyar a Maguita.

sabes si ese 3.5 ya esta traducido, o al menos en proyecto? porq segun GR si es un bonus de lo q pasa despues de ese saludo.


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por mariateresa el Lun 6 Ago - 14:04

Chicas mis disculpas no pude terminar el libro con ustedes.
El final como a ustedes me dejo con sabor a poco depues de todo lo que pasaron y sufrieron creo que merecia otro final, lo unico rescatable fue la forma en que se volvieron a ver, se acuerdan que en una conversacion June le pregunto a Day que hubiera hecho si se hubieran conocido en otras circunstancias? Bueno en este final el se presento como dijo que lo haria.


Gracias por la lectura.

@yiany a tu pregunta sobre la historia corta de esta serie aca va la sinopsis.

ANTES QUE SE CONOCIERAN
Day y June eran jóvenes niños que luchaban por sobrevivir en dos mundos muy difrentes dentro de la Republica. En este especial vistazo de sus pasados, conocemos a June en su primer dia de escuela en la Universidad Drake como la cadete más joven jamas admitida. Del otro lado de la ciudad, Day está luchando por comida en las calles del sector Lake.




Es un antes de todo cuando eran niños.


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por yiany el Lun 6 Ago - 17:04

Sii Maria, ya la leí, jijiji, pero es super corta, apenas 35 hojitas, estoy mirando si consigo la última, así sea en inglés para cerrar la serie.


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Celemg el Lun 6 Ago - 18:55

Dejen ke me ponga al dia, please! Entre mudanza y todo andaba sin inter


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Maga el Miér 8 Ago - 11:07

Participantes tercera lectura


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FINALIZACIÓN PROYECTO LECTURA

Mensaje por Maga el Miér 8 Ago - 11:13

FINALIZACIÓN PROYECTO LECTURA 


Participantes primera lectura 
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@berny_girl
@mariateresa
@yiany
@usakoserenity  
@Celemg 
@Emotica G. W 


Participantes segunda lectura
@yiniva
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 @Celemg 


Participantes tercera lectura
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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Maga el Miér 8 Ago - 11:23

Ganadoras de medalla
Nota: Berny y Celemg les otorgo medalla por su esfuerzo y por participar en las primeras dos lecturas.


FALTAN PUNTOS
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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por yiany el Miér 8 Ago - 13:10

Gracias, linda.


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Celemg el Miér 8 Ago - 13:38

@Maga escribió:
Ganadoras de medalla
Nota: Berny y Celemg les otorgo medalla por su esfuerzo y por participar en las primeras dos lecturas.


FALTAN PUNTOS

Gracias, Maga! Me pondre a terminar este libro, no puedo kedarme sin saber jajaja


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Maga el Miér 8 Ago - 14:44

     Gracias a todas por participar


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por Maga el Mar 14 Ago - 11:54

PUNTOS AGREGADOS




Lectura Proyecto Especial

Ganadoras de puntos completos (5000 PTOS C/U)

@yiniva
@yiany
@mariateresa

Ganadoras de parte de puntos (3000 PTOS C/U)
@berny_girl
@Celemg


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

Mensaje por yiany el Mar 14 Ago - 12:39

 gracias linda


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Re: Lectura de Trilogía: Champion-Marie Lu #3

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