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Lectura Marzo 2018

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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por Celemg el Sáb 24 Mar - 1:04

Me enkanta todo el embrollo entre mundos.. pr alg Arim no kiso facilitarles las kosas hasta ahora..
Aerolus no me kae..
Samantha ya se fia de Darius, solo ke no kiere aceptarlo


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Celemg

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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por yiany el Sáb 24 Mar - 10:04

Capítulo Seis
 
 
Darius podía sentir sus ojos echando calientes chispas. Hacer el amor con Samantha no había sido, de ningún modo, inteligente. No había hecho nada para saciarle, y todo para que volviera a desearla. No por un buen rato, teniendo en cuenta de que recientemente ella había llegado al final.
Maldiciendo bajo su aliento, él controló su poder, lo suficiente como para enfriar sus ojos bajo las incomodas lentes de contacto oscuras que se veía obligado a llevar.
Samantha simplemente seguía mirando fijamente y él creyó haberla empujado demasiado lejos.
Suspirando, él la cogió de los hombros y bajó la mirada a sus ojos verdes abiertos y atontados.
-Mira, sé que todo esto es difícil de creer. Confía en mí, conozco el sentimiento demasiado bien – inspiró profundamente y se paso una mano por el pelo.
Tal vez el ordenándole que fuera con él había sido rudo. Sus ojos se demoraron sobre su vulnerable cuello. Después de que ella había llegado al final, no solo con Sin Garu sino también con la combustible química que parecían compartir, ella tenía que ser precavida.
-Samantha, te pregunto si te gustaría venir conmigo. Prometo, que una vez que estemos en mi casa, contestaré a todas tus preguntas y te diré más de lo que probablemente desees saber nunca.
 
Ella clavó la mirada en él, su mirada intensa y calibrante.
-Iré contigo –dijo ella lentamente-. Pero quiero que me prometas que te mantendrás fuera de mi mente.
Él asintió con la cabeza, aunque no era necesario que se esforzara para darle el espacio que pedía. Por alguna razón, su mente sintonizaba con la de ella de modo natural, y cuanto más estaba cerca de ella, menos podía permanecer lejos, tanto mental como físicamente.
No se encontraba cómodo con la necesidad repentina de un constante “toque mental”, y el deseo que sentía cuando ella estaba cerca no había disminuido. De ningún modo. No, el orgasmo que acababa de tener no le había saciado, solamente le había hecho tener más hambre por el cuerpo delicioso de Samantha.
Mientras la mirada echar sus cosas dentro de un bolso, se asombró por la falta de vida en el cristal incrustado en su piel. Si Samantha fuera su verdadera affai, el cristal debería haber empezado a latir o hacer, pues bien, algo.
Pero no hizo nada, solamente estaba como una cicatriz en su pecho.
Samantha terminó de coger sus cosas en un tiempo record y él agradecidamente cogió su bolso, usando el movimiento para sacar de su mente todo lo relacionado con la palabra “affai”.
Caminaron hasta su camión en silencio, su atención puesta en el oscuro mundo que les rodeaba, ahora consciente de la amenaza Djinn. Samantha, supuso él, estaba intentando afrontar lo que había pasado en el hotel.
Ya había conducido la mitad del trayecto a su casa cuando ella habló.
-¿Qué es affai?
Él la miró asombrado.
-¿Qué?
-¡Mira la carretera!
Él apenas logro evitar el coche delante de sí.
-¿Dónde oíste eso?
-De ti.
-¿Cuándo? –no recordaba haber mencionado nada acerca de un affai cerca de ella. Maldición, había pensado en evitar explicarle esa parte de la historia hasta que lo tuviera completamente claro. El pensar en el matrimonio aun le agitaba el estómago.
-Mientras hacíamos el amor. Me llamaste affai.
Su mirada seguía fija en la carretera pero pudo verla ruborizarse por el rabillo del ojo.
-Es un termino de cariño, solamente.
¿Por qué la había llamado affai? Concedido, hacer el amor con ella era mejor de todo lo que había experimentado, pero el sexo magnifico estaba muy alejado de toda una vida de compromiso.
El estúpido cristal alrededor de su cuello no ayudaba. A pesar de no desear una affai -en lo más mínimo, se dijo a sí mismo- estaba decepcionado de que la piedra no hubiera reaccionado ante Samantha.
Maldiciendo silenciosamente la piedra incrustada en su piel, supo que sería mejor mantener en privado toda conversación acerca de una prometida y permanencia, al menos hasta que supiera realmente lo que significaba su conexión con Samantha.
Mejor medir su reacción ante la explicación acerca de Tanselm y los Storm Lord. No había necesidad de hablar sobre un obligatorio destino juntos, sobretodo si no lo había.
Por su parte, Samantha parecía haber aceptado su explicación y se mantuvo quieta durante el resto del camino. Treinta minutos después la escoltaba a su casa, más que curioso de ver como reaccionaría ante sus hermanos. En Tanselm, un lugar donde los Cuatro Reyes existían y eran aceptados, el pueblo se detenía y los miraba cuando él y sus hermanos estaban juntos.
A su madre le gustaba pensar que era por “la pura belleza de sus cuatro hijos guapos” juntos en un sitio lo que causaba semejante miedo, pero Arim especulaba que las energías de los hermanos cargaban el espacio a su alrededor de una poderoso presencia que era imposible ignorarla.
Desde que había llegado a ese plano un año antes, Darius solo había llevado a otras tres mujeres a su casa a conocer a sus hermanos. Una de las mujeres se había sentido tan intimidada que había roto de inmediato con él. Las otras dos, hizo una mueca al recordarlo, atrevidamente habían mencionado de modo indirecto sobre una clara relación sexual con él y sus hermanos, a pesar de que había probado las aguas prometiendo una relación más permanente.
Perturbado por su avaricia, había destruido su relación sin escrúpulos. Por regla general, él y sus hermanos no compartían las mujeres, no hasta el punto de que una mujer se interpusiera entre ellos. Sin embargo, las mujeres con las que había ido a casa no le hubiera importado menos compartirlas. Su falta de principios le disgustaba.
Pero ahora, con Samantha… no le gustaba la posesividad que sentía. No quería pensar sobre su reacción si ella resultaba tan inconstante y vacía como las otras mujeres que había llevado a casa. Pero más que eso, no quería afrontar el secreto deseo que creía en él esperando que ella pasara una falsa prueba.
 
 
 
* * * *
 
 
Samantha pasó a través de la puerta de la casa extremadamente cara y afrontó a la familia de Darius, se congeló con lo que esperaba que fuera la última sorpresa del día.
Darius había hablado poco en el trayecto en coche hasta su casa. Después de quedarse aturdido por su mención sobre “affai”, fuera lo que fuera eso, había hecho una corta llamada. Por lo visto no había tenido la intención de llevarla a su casa hasta que vio su herida en la habitación del hotel, pues dio una explicación más bien ambigua con quienquiera que estaba hablando por el móvil antes de gruñir y colgar.
Cuando le preguntó sobre su casa, él evadió sus preguntas y se puso rígidamente silencioso. No es que esperara una conversación con Darius, pero incluso un comentario sobre el clima hubiera aliviado la tensión dentro del destartalado camión. Cansada, acepto su quietud. Podría haber reaccionado de modo distinto si no tuviera que calmarse de la pesadilla del infierno y de su asombrosa falta de control cuando llegó Darius.
Sin embargo, ahora deseaba haberle presionado. Darius Storm era uno de cuatro cuatrillizos idénticos. Idénticos. Cuatrillizos. Dios mío, que un hombre tan atractivo como Darius Storm existiera aturdía la mente. Pero ver a cuatro como él, todos juntos, bien, era todo lo que podía hacer para no ponerse a babear incontroladamente.
Ella se quedó de pie en el vestíbulo clavando los ojos en todos ella, dudando que decir. Poseían un magnetismo que encontraba irresistible, y mientras se ajustaba a su presencia, sus ojos fueron al hombre enfadado que había a su lado.
Darius la miraba como un gato a punto de atacar, y ella era consciente de que se encontraba de pie en alguna clase de precipicio, que su respuesta ante su familia respondería alguna prueba que inconscientemente se le había puesto.
-Por favor, dime que esta es la última sorpresa del día –masculló cansadamente ella, siendo incapaz de pensar en nada ocurrente en ese momento-. Tengo un fuerte dolor de cabeza, y la causa del dolor de cabeza me trajo aquí. No puedo manejar tres más de él, no con cuatro horas de sueño y nada de cafeína –escuchando sus insípidos comentarios, miró ceñudamente a Darius. Era culpa suya que ella sonara como una estúpida.
Tres de los cuatro hombres sonrieron, la abierta sonrisa de Darius tardó más en aparecer.
-Muy bien dicho –respondió uno de ellos y movió su mano. Los cuatro tenían la misma altura y el misma belleza musculosa que hacía que se le secara la boca. Y mientras los estudiaba intentando un modo de diferenciarlos, bruscamente Darius se los presentó.
-Marcus, Cadmus y Aerolus, esta es Samantha Brooks. Samantha, mis hermanos.
Ella inclinó la cabeza con atención, asombrada al notar que cada hermano tenía un color de ojos distintos. Marcus los tenía azules, debía de ser el hombre al que había visto fuera del restaurante ayer. Lo miró ceñuda, después miró al hombre que había movido la mano, Cadmus con ojos de color café, y finalmente digirió una sonrisa forzosa a Aerolus que los tenía grises.
Darius dio un paso acercándose a ella y colocó su brazo alrededor de sus hombros viéndose extrañamente satisfecho.


-Bienvenida a mi casa, Samantha –él la condujo hasta el sofá de la sala de estar y se sentó a su lado. Demasiado cerca. Ella se dio cuenta de que su calor corporal alteraba su sangre en todas las partes en que se tocaban.
-Siento mucho interrumpir de esta manera –dijo ella en el cuarto grande, las tres imágenes idénticas de Darius empequeñeciendo el espacio mientras se sentaban a su alrededor. Ella digirió una mirada furiosa contra el hombre terco sentado a su lado-. No fue idea mía.
-No te preocupes –dijo Cadmus con un rápido movimiento de ojos-. Confía en nosotros, sabemos lo asno que es Darius. Vivimos con él.
-Sí –Aerolus miró a su hermano seriamente-. Es un completo asno.
Sus palabras sonaban chistosas, dichas con un acento extrañamente exótico y un muro de caras estoicas.
Marcus puso los ojos en blanco.
-Todos sabemos lo referido a los dolores que puede causar Darius. Ahora, Darius, dinos exactamente que pasó. Obviamente, Samantha no quiere estar aquí,
¿entonces por qué la arrastraste hasta aquí? Creí que el plan era que te quedaras con ella en el hotel.
-Exactamente no es que no quiera estar aquí pero… ¿cómo que el plan era que se quedara conmigo en el hotel? –ella se apartó del brazo de Darius.
Los demás quedaron silenciosos pero Samantha solo tenía ojos para Darius. Él se veía incómodo, más aún rodeado por sus hermanos.
-Samantha –comenzó él en voz baja queriendo suavizar lo que tenía que decir. Ella no parpadeó, negándose a doblegarse, y él suspiró-. Te dije que te explicaría.
Silencio.
-¿Y bien? –lo aguijoneó ella, sus brazos cruzados, su postura gritando que o le daba las respuestas que quería o explotaría.
-Estupendo –maldijo él, su ceño fruncido por la irritación-. ¿Quieres respuestas?
¿Cómo esto? Nosotros cuatro –hizo una pausa mientras señalaba a sus hermanos-, somos conocimos como los Cuatro Reyes, los siguientes en la línea de sucesión para guiar a Tanselm, un mundo sobre el que nunca has oído hablar que está siendo atacado por el mismo mal que experimentaste esta mañana.
-¿Qué? –Aerelus se disparó del sofá, Marcus y Cadmus estaban igual de aturdidos.
La cabeza de Samantha latió.
-¿Repítelo?
-Por la Luz, Darius –Marcus negó con la cabeza-. Creo que una explicación razonable se necesita aquí, para Samantha y para nosotros.
Cadmus asintió con la cabeza, su entrecejo fruncido claramente en una actitud desaprobadora.
-Sí. Tu en realidad no tienes sentido del tacto –se giró a Samantha-. Aunque tu gusto en mujeres definitivamente ha mejorado.
Darius soltó un gruñido y Samantha alzó una mano para parar esa locura.


-Que todo el mundo se calle –se voz se alzó sobre la pelea de los hermanos-. Tu, Aerolus, has guardado medianamente silencio. ¿Por qué no me explicas esto?
El más tranquilo de los cuatro, y el que tenía ojos más misteriosos, dijo suspirando:
-Con los actos de mi hermano, es admirable que aun estés aquí –dirigió una mirada acusadora a Darius, una que le hirió en su silencio.
-Samantha, lo que Darius ha dicho es cierto. Puede ser difícil de aceptar, pero nosotros cuatro somos de otro mundo, un lugar donde la magia existe y el mal y la Luz luchan por el control.
-Por supuesto que eres de otro mundo. Debería haberlo imaginado desde el principio –creyó haberlo dicho con naturalidad, pero Marcus se reía disimuladamente.
-Quítate las lentillas, Darius –dijo Aerolus-. Eso podría ayudar.
Con un gesto de asentimiento, ella observó como los oscuros ojos de Darius se volvían de un sorprendente rojo, al igual que en la habitación del hotel. Pues bien teniendo demasiado, debería haber imaginado esa teoría. Repentinamente el sueño erótico que había tenido en la habitación del hotel cobró un vibrante significado. Ojos rojos. Affai. Precipitamente visualizó una barrera mental cuando su ceño se frunció por la sorpresa, después enrojeció. Eso sobre no leer mis pensamientos.
-Aquí, en Seattle, todos salvo Darius podemos ser considerados de tu raza, aunque aun me falta ver a cuatro cuatrillizos idénticos –Aerolus le dirigió una mirada prudente y Darius gimió.
-Solamente sigue con ello.
-Sí, de acuerdo –Aerolus tosió para cortar las risas-. Somos hijos de un poderoso Storm Lord, un hombre nacido de la magia elemental que regía la sección occidental de Tanselm, nuestro mundo. En concreto, nuestro padre dominaba el viento. Murió hace un año.
Samantha sintió claramente su dolor, y sin pensar intentó coger la mano grande de Darius. El calor se desplegó por ella en su contacto, y ella sujetó su palma antes de intentar soltarse. Él no la dejaba. Por que esto la complacía no podía decirlo, pero sin querer demostrarlo y darle la mano ganadora, se quedó sentada quedamente, esperando que Aerolus siguiera.
Él clavó los ojos en sus manos unidas y la esquina de sus labios se curvó.
-Mi papá era uno de cuatro hermanos idénticos, como nosotros, y así también estaba destinado a controlar uno de los cuatro reinos. Nuestros tíos controlaban el sur, norte y este, llevando a sus reinos bajo el poder de los Storm Lord.
-¿Qué significa eso exactamente? –ella los miró a todos, preguntándose como era posible que creyera algo de esto.
-Los Storm Lord dominan los elementos –Aerolus movió la mano en el aire y una corriente de aire se movió en el cuarto-. Como puedes ver, domino el viento. Cada uno de nosotros, los Cuatro Reyes, nace con una habilidad para manejar y controlar un elemento especifico de la naturaleza. Marcus controla el agua, Cadmus la tierra, y Darius crea el poder del fuego.
Ella se quedo mirando con asombro como Marcus hacía aparecer agua en la palma de su mano por arte de magia y Darius creaba una llama. Se giró a Cadmus, el cual se encogió de hombros.


-Si vuelvo a hacer que tiemble la casa se me ha amenazado con una semana de platos. Los terremotos no son muy populares aquí.
Habiendo visto su poder con sus propios ojos, la incredulidad de Samantha comenzó a desvanecerse, reemplazada por el temor y la incertidumbre.
Aerolus pareció sentir su ansiedad pues continuó con un tono cortés.
-A pesar del poder del Storm Lord, ellos, nosotros, somos mortales. Padre fue asesinado por magia negra, y al poco tiempo nuestros tíos y sus familias también fueran asesinados, todo a causa de un brujo malvado llamado Sin Garu y sus sirvientes los Netharat.
Darius apretó su mano.
-Sin Garu es el rubio con el que te encontraste esta mañana –brevemente explicó su sueño, sin mencionar que habían hecho el amor, por lo que ella estaba agradecida.
Escuchándolo todo otra vez, sin embargo, reforzaba su miedo.
Su boca se secó. El cuento sobre un mundo alternativo, que había comenzado como entretenido, ahora se sentía demasiado horriblemente real.
-¿Dicho todo, qué quiere Sin Garu de mí? Aerolus abrió la boca pero Darius le interrumpió.
-No estamos seguros. La última parte cierta, es que tu corres peligro, y que no te marcharás hasta que sepamos que es lo que quiere –su voz se volvió ruda, sus ojos parecidos a lásers tan precisos como el deseo de escapar de ella.
Ella tragó, decidida a no perder frente a él o sus hermanos. Enfocando su atención en su fortaleza, encontró con resistencia su arrogancia, demostrando simplemente que no iba a tratarla mal, que no estaba tan asustada.
-Si me quedo es porque elijo quedarme, no porque me lo ordenes –ella intentó mirarle furiosa pero no pudo mantener la mentira cuando sus ojos chocaron con los rojos de él. Aun no se veía ni mínimamente fuera de lo normal, mas parecido a un amante sobrenatural capaz de conmoverla con una mirada.
Alguien se aclaró la voz y ella se dio cuenta de que se había quedado mirando fijamente a Darius, y él a ella.
-Siempre que te quedes, no me importa la razón –concedió con voz ronca-. Está claro que estas cansada y necesitas tiempo para, ah, ajustarte a todo esto. No debería haberte presionado –ella notó la sorpresa de sus hermanos-. Vamos, te llevaré hasta tu cuarto.
Ella se levantó al mismo tiempo que él, su pesado cuerpo finalmente colapsando.
Habría caído sobre sus rodillas si Darius no la hubiera atrapado.
-Se quedará conmigo –murmuró Darius mientras la sacaba de la habitación y subía las escaleras con ella en brazos.
Ella escuchó los barboteos masculinos pero no tenía ánimo para seguir cuestionando a Darius. Tanto como deseaba andar por sí misma, no podía detener el giro que hacían sus ojos, o la debilidad que invadía sus extremidades.
Darius la llevó con facilidad, su deseo de ser fuerte sin consecuencias. Sentía su dolor, podía sentir como ella se acercaba a perder su agarre sobre su control.
Maldiciendo su estupidez por no tener primero en cuenta su comodidad, la colocó suavemente en la cama.


Cuando ella no se movió para levantarse, supo que había alcanzado el límite de su resistencia. Mirándola, una espiral de ternura nació, asombrándole la cantidad de sentimientos que repentinamente sentía por la preciosa Samantha Brooks.
El simple hecho de tenerla cerca hacía que su pene le doliera y asaltaba su corazón, sin moverse para seducirla, sabiendo que ella no diría que no pero incapaz de aprovecharse. Con cualquier otra mujer hubiera sido fácil llegar a ello, usar cada una de las formas disponibles para presionarla a que aceptara su protección.
Sin embargo, Samantha le había consciente de su que su actitud se había ablandado. Sus ojos se movieron sin abrirse y ella respiró suavemente en su cama, bajo su vigilancia. Los pensamientos sobre Tanselm perdieron importancia comparados con la necesidad de mantener a esta mujer a salvo y junto a él.
Los pensamientos de Tanselm perdieron importancia… mientras la conciencia de el momento penetraba, el cristal alrededor de su cuello cobro vida. Ardiendo, el Cristal del Saber quemo a través de su carne, alzándose del lugar en que descansaba en su pecho con luces azules y plateadas.
Cayó de rodillas en la cama y perdió el equilibrio sobre las sábanas al lado de Samantha, furioso por el dolor en su garganta que se desvanecía bajo una repentina alarma. El poder del cristal le estremeció, como si por primera vez en su vida se encontrara incapaz de controlar el fuego que ardía en su interior.
 
 
 
* * * *
 
-¿Crees que Darius ha estado bebiendo? –Cadmus sonrió abiertamente, sus ojos fijos en la puerta por la que su hermano acababa de salir.
-Si no lo hubiera escuchado con mis propios oidos, no lo creería – Marcus negó con la cabeza-. Realmente Darius le pidió perdón a esa mujer por ser demasiado despótico? Lo hizo, ¿no? ¿No estoy soñando?
Aerolus apenas pudo reprimir una risa ahogada. Había estado esperando que algo como esto ocurriera. Finalmente. Darius había encontrado alguien capaz de penetrar las barreras que protegían su corazón. Afecto, posiblemente incluso amor, había estado en el modo en que Darius miraba a Samantha, en la manera en que pronunciaba su nombre.
-¿Qué piensas, Aerolus? –tanto Cadmus como Marcus clavaron los ojos en él, esperando una respuesta.
-Creo que Darius finalmente ha encontrado un adversario de su
nivel.
-Ardiente maldición –Cadmus se puso en pie de un salto y alzó los
puños al aire-. Casi puedo sentir la tierra oscura de Tanselm corriendo por mis dedos. Casi puedo oler el dulce aroma de las flores leraffes mientras el comienzo de la primavera me llama a casa.
Marcus puso los ojos en blanco mientras Cadmus seguía volviéndose poético, pero Aerolus podía ver que la excitación de las palabras sobre Tanselm volvía su mirada azul brillante.


-Podrías querer no ponerte demasiado feliz justamente ahora –le advirtió Aerolus, sin querer extinguir la esperando pero sin embargo siendo realista-. Tenga éxito o no Darius con esta mujer, no es seguro el retorno.
-Él esta en lo cierto –la voz de Arim los asombro. Él dio un paso desde la pared más alejada de la habitación como si se separara de la misma pintura y yeso, una brumosa niebla que se combino en carne y huesos formando a un hombre-. Ha habido un disturbio entre los planos, una oscuridad ganando los reinos donde solo debería haber habido espacio.
Sus ojos negros brillaron con una tenue luz azul, después violeta, moviéndose en un arco iris de colores, todo brillando con una furia que Aerolus solo había visto una vez en todo el tiempo que hacía que conocía a Arim.
-Necesito ver a Darius ya.
El repentino miedo por Darius lleno el corazón de Aerolus.
-Pero él acaba de subir con Samantha –Marcus frunció el ceño, sin gustarle el tono de Arim.
-¿Dónde? –Arim enredó la palabra, la preocupación evidente en sus ojo, y sobresaltado, Marcus le llevó hasta el dormitorio de Darius.
En un instante Arim desapareció. Aerolus se telen transportó con una sacudida al cuarto de Darius. Se quedó mirando horrorizado como su hermano y Samantha estaban rodeados por unas malvadas llamas, de un brillante negro y azul que cantaba por sus cuerpos y almas mientras yacían indefensos bajo el Beso Fantasmal.
Sus ojos se centraron en la cama en llamas, aun no se había dado cuenta de que el canto de Arim resonaba desde el otro lado de la habitación. El brujo introdujo su mano en las llamas en el mismo momento en que Cadmus y Marcus atravesaban la puerta.
-Por el santo fuego de la Luz –Cadmus palideció con impotencia mientras observaba a Arim luchar contra el Beso Fantasmal, un hechizo maldito que había nacido en el rincón más oscuro. Todos ellos lo habían visto usado demasiado fácil y exitosamente por Netharat.
Haciendo una mueca, Arim cerro el puño alrededor del Cristal del Saber. Poco a poco, las llamas pasaron de Samantha y Darius a él. La piel de Arim se volvió de un oscuro y moteado azul, el olor a carne quemada llenaba el aire.
Entonces, repentinamente el antinatural fuego terminó.
Arim se levantó, completamente blanco pero ileso. Después de algunas respiraciones tranquilizadoras, lentamente recuperó el color, y se agachó para poner una mano sobre el pecho quieto de Darius.
Aerolus escuchó un pequeño silbido y exhaló aliviado cuando Darius inspiro profundamente. Los ojos de su hermano se abrieron, rojos y furiosos.
-¿Qué diablos fue eso? –pregunto él con un graznido, estremeciéndose mientras se sentaba con la ayuda de Arim. Rápidamente miro a Samantha, relajándose un poco cuando la vio respirar.
-Has encontrado a tu affai. Ahora no puede haber preguntas –Arim movió la cabeza hacía Samantha, quien se mantenía inmóvil bajo su estimación.


-¿Nada de preguntas? –Darius se puso de pie con los pies temblorosos-. Casi morí en esa cama.
-No fue una imagen bonita –Cadmus se encogió asustado-. De ningún modo.
-Creía que se suponía que el Cristal del Saber te mostraba a tu affai, no que la quemara hasta dejarla crujiente –dijo Marcus, como si no acabara de ver el baile mortal de llamas que acababa de experimentar su hermano.
Arim no dijo nada, solamente se lo quedo mirando fijamente hasta que Marcus apartó la mirada y seguidamente masculló una disculpa.
-¿Qué haces aquí de todos modos, Arim? –Darius miró furioso al brujo-. Parece que solo te molestas en dejarte ver para decirnos que esperemos y tengamos paciencia
–bufó-. No es que me queje de lo oportuno de momento, pero estoy seguro de que no estás aquí para llevarnos a casa.
Arim dirigió una dura mirada a los cuatro hombres que esperaban con impaciencia que él se explicara. Aerolus pensó que se veía cansado, un leve oscurecimiento bajo sus ojos.
Inspirando suavemente antes de hablar, Arim permanecía cerrado, su cara sin expresión. Salvo por sus ojos, que brillaban más ardientes que cualquier fuego que Darius pudiera crear con la magia o controlar.
-Sin Garu se ha infiltrado en la Casa real. Hasta que se encuentre la brecha y sea eliminada, todo queda sin decidir. Debéis manteneros en guardia, y quedaros aquí.
Marcus, Cadmus y Darius hablaron al mismo tiempo, sus voces haciendo un perfecto eco de frustración, cólera e incredulidad.
-¿La Casa Real?
-¡Madre! ¿está a salvo? ¿lo sabe?
-¿A qué esperas? ¡Devuélvenos antes de que todo sea destruido!
Arim se cruzó de brazos y negó con la cabeza, pero Aerolus podía sentir como la tensión le agobiaba.
-Podemos ayudarte –dijo Aerolus con calma.
La fija mirada negra de Arim recorrió la habitación, demorándose en Aerolus con una perturbadora intensidad antes de encontrarse con Marcus.
-Necesitas perfeccionar tus habilidades, y pronto. Trucos de salón; mover ganas, tirar una silla, y traer un periódico con tu mente es una cosa, otra luchar con los fantasmas –se giró a Cadmus-. Deberías estar usando tus visiones para prevenir futuros problemas, no cuestionando todo lo que crees ver. Abre tu mente y utiliza tu visión, Cadmus, antes de que comiencen a utilizarte.
-Y Darius –se detuvo para inspirar profundamente-. El más terco de los Cuatro Reyes. Que apropiado que hayas sido el primero encontrar a la affai real. No querías casarte, aun y así ella esta aquí –Arim caminó con pasos largos hasta el lado de la cama en que estaba Samantha y acarició su mejilla-. Una tierna flor capaz de soportar cualquier tormenta. No menosprecies su poder –entrecerró los ojos-. Y vigila tu temperamento a su alrededor. No deseo tener que apagar más llamas azules.
-Bromeas –Darius miró fija e incrédulamente a Samantha-. ¿Me estas diciendo que ella lo hizo? ¿Ella me echó un hechizo? ¿un hechizo Netharat?


-No, pero ella es capaz de resistir la magia elemental. No muestra reacción ante las llamas azules. Entonces, teóricamente, ella podría aprender a controlarlas –Arim se giró a Aerolus-. Y tu –dijo suavemente él, haciendo una pausa como si discutiera consigo mismo. Sus ojos brillaron-. Ven conmigo.
Aerolus desapareció junto a Arim, de regreso a Tanselm o a dondequiera que Arim pasara su tiempo. Darius no sabía que decir o hacer, y sus hermanos se veían igual de atontados. El cuarto olía a lana quemada, y en el aire permanecía caliente, incluso para Darius. Estaba a punto de preguntar a Marcus y Cadmus que habían visto exactamente cuando Samantha parpadeo abriendo los ojos.
En vez de la mirada verde que esperaba, sus ojos ardían con un brillante y curioso rojo.


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por yiniva el Sáb 24 Mar - 13:39

Orale, Samantha también es especial, me sorprendió que aceptara ir con Darius súper rápido, tienen que hacer algo, el mal los está alcanzando


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por Emotica G. W el Sáb 24 Mar - 15:09

Ohhh....!
Esto se esta poniendo fuerte!
Y que es eso del beso fantasmal??? Y como es que ocurrio por el cristal???
Los ojos de Samantha cambiaron... por el fuego o por otra cosa???
Mas preguntas...!!!



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Emotica G. W

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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por berny_girl el Dom 25 Mar - 6:00

Capitulo 5
Sigo creyendo que todos los personajes están actuando a lo ciego, nada tiene real sentido en esto de la magia y los mundos... al parecer los únicos que los pueden guiar, solo les dan mas enredadas indicaciones...
Pobre Samantha en verdad que la pobre no tiene la menor idea, que ahora esta al medio de dos mundo o de dos verdaderos poderes.  
Capitulo 6
Este capitulo fue mas confuso que en anterior... en algún momento esta historia comienza a revelar todas las cosas... o seguiremos encontrando desafió y mas desafió del cual nadie tiene la menor idea de como resolverlos. 


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por mariateresa el Dom 25 Mar - 6:38

Gracias yiany.
Esto cada vez esta mas complicado y confuso.
Que fue lo del beso? Muchos misterios pocas explicaciones


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por yiany el Dom 25 Mar - 10:11

Capítulo Siete
 
 
 
 
Samantha pasó la mirada de Darius a sus hermanos y de regreso otra vez. Nada se veía fuera de sitio en la habitación, pero olía a quemado, y tenía la clara impresión de que había estado dormida mientras pasaba algo importante. Se incorporó hasta sentarse y se preguntó cuanto tiempo habría pasado.
-¿Qué me he perdido?
Darius seguía sin parpadear, su mirada fija en la de ella en lo que parecía estado de shock, y ella comenzó a sentir miedo.
-¿Darius? Dime por que te ves tan asombrado.
Él negó con la cabeza y se acercó más a ella, mirando perdidamente sus ojos.
-No puedo creer esto –él chasqueó los dedos y una anaranjada llama apareció. Sin darle tiempo a protestar, llevó su palma a la de él y colocó la llama en su mano.
Ella soltó un grito agudo mientras intentaba liberarse, instintivamente queriendo distanciarse del fuego, pero sin poder escapar del agarre de Darius.
Para su asombro, el fuego no quemaba. Se sentía caliente, sí, pero agradable, un acogedor calor que hacía que sus entrañas ardieran con deseo, con el deseo de acercarse a Darius.
Tras un minuto de mirar fijamente de Samantha a la llama y de vuelta otra vez, Darius maldijo y soltó su mano. Mientras se echaba hacía atrás, ella vio que el deseo se reflejaba en su mirada, en sus oscuros ojos rojos… un recordatorio de que ahora vivía en la Zona Crepuscular.
Se tragó el nudo que habían formado los nervios en su garganta y se puso de pie, necesitando toda su presencia de ánimo para estar en una habitación llena de gigantes guapos que clavaban los ojos en ella como si tuviera tres cabezas.


Por desgracia, la posición la acercaba más a Darius, haciendo que su ya acalorada libido chisporroteara. Ella se sonrojó y se aclaró la voz.
-Entonces, ah, ¿alguien puede decirme que pasa? ¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?
Los hombres la ignoraron y comenzaron a hablar al mismo tiempo. Captó retazos ambiguos sobre que Aerolus había desaparecido y sus ojos se habían atolondrado, sin embargo eso tenía poco sentido teniendo en cuenta que veía perfectamente.
-Perdonad –volvió a intentarlo ella. Cuando siguieron ignorándola, pateó a Darius en la parte trasera de la rodilla, haciendo que tropezara. Él se giró para atontarla con una cara lo suficientemente ceñuda como para partir un árbol. Lo malo es que su cólera solo lo hacía más atractivo, su impaciencia infinitamente más atrayente que los hombres suaves de negocios con los que trataba a diario.
Negando con la cabeza, se enfocó e hizo otro intento.
-Dejadme decirlo un poco más fuerte. ¿Qué diablos pasa? Cadmus tuvo el descaro de sonreír abiertamente.
-Suena como tu, Darius. ¿Qué extrañísimo es eso? –le preguntó él a Marcus-.
¿Tan atractiva como el infierno, pero tan hosca como él?
Viendo como se entrecerraban sus ojos, Darius respondió furiosamente a su pregunta.
-Tranquilízate, Samantha. Por lo que sé solamente cerraste los ojos por unos minutos.
-¿Huh? –ella se sentía mucho más descansada para creer que apenas acababa de dormirse.
-Bien, vosotros dos hacía solos unos minutos que os habíais ido cuando Arim apareció con malas noticias -Cadmus miró fijamente a Darius con una estúpida sonrisa, y ella fácilmente pudo ver porque Darius siempre estaba tan impaciente. Sus hermanos eran suficiente como para que se diera a la bebida.
-¿Alguno de vosotros podría explicarme que ha pasado mientras yo dormía? –su voz se fue afilando con cada palabra hasta que terminó gritando.
-Todo lo que quieres decir –Marcus se encogió de hombros-. Tu y el chico llama dejasteis la sala de estar –con un movimiento de la mano, un escudo de agua apagó la bola de fuego. Siguió con mayor naturalidad, sin duda acrecentando la molestia de Darius-. Dos segundos después Arim, nuestro brujo, apareció en la sala de estar con malas noticias sobre que el mal estaba entre los reinos o algo por el estilo.
-Realmente –le interrumpió Cadmus-, él dijo: “Hay un disturbio entre los planos, una oscuridad dominando los reinos donde solo tendría que haber espacio”.
Con la irritación nadando en sus ojos azul océano, Marcus se quejó:
-Odio cuando haces eso –se giró dándole la espalda a Cadmus-. Como decía, después le dio a Arim un ataque y exigió verte, Darius. Personalmente creí que iba a freírte, que los Storm Lord y el destino fuera condenado. Pero cuando atravesé la puerta, lo encontré liberándote del Beso Fantasmal.


-Es un hechizo creado por Sin Garu como munición para sus sirvientes, los Netharat –dijo antes de que ella preguntara Darius-. ¿Viste a un Netharat en tu sueño, ese macabro monstruo con filas de dientes negros y afilados? Los llamamos Fantasmas.
Ella asintió con la cabeza lentamente, intranquila al comenzar a entender y seguir el increíble relato.
-De todos modos, Arim le quitó el Cristal del Saber, ahora que pienso sobre ello – Marcus hizo una pausa, sus ojos entrecerrándose-, eso no era un Cristal del Saber en lo más mínimo.
-La traición en la Casa Real –dijo atentamente Cadmus.
-Correcto, creo que entiendo parte de esto –Samantha tendría que haber tenido un dolor de cabeza a causa de la tensión y la confusión por esto, pero su cabeza se sentía perfecta. De hecho, la única vez que se había sentido mejor era después de haber tenido sexo con Darius. Ella lo miró solo para ver como la tensión abandonaba su cuerpo. Sus ojos se agrandaron antes de tirar sugerentemente contra las esquinas.
No tiene sentido. Esa cosa de adivinar el pensamiento.
Instruyendo su expresión, se alejó de su mirada sensual y le preguntó a Marcus, el arrogante, como pensaba de él:
-¿Entonces, por que todos me miráis como si fuera un alien, o peor, un enemigo? -no había perdido las sospechas de antes.
-Porque Arim mencionó que tienes la capacidad de un gran poder, sin mencionar tu encuentro con Sin Garu, la mayor amenaza que ha enfrentado Tanselm en unos mil años –Marcus clavó los ojos en ella, como si midiera su inocencia.
-¿Crees que tengo poder? –ella clavó los ojos en ellos asombrada-. No me parezco ni de lejos a vosotros cuatro. ¿O debería decir tres? ¿Dónde esta el de ojos grises? Aerolus, ¿verdad?
Darius acortó la distancia entre ellos y cogió su barbilla, inclinando su rostro para inspeccionarlo.
-Oh, hay poder en ti, dulce. Corre rápidamente por ti mientras hablamos.
Ella solo pudo parpadear, el calor que desprendían las palmas de las manos de él era como miel caliente, dulce y conocedor.
-Tus ojos son rojos, Samantha, como los míos. Y el fuego que resististe es magia elemental, mi magia. Es el fuego que arde en tu interior. Puedo sentirlo –su voz bajo, sonando gutural y necesitada y era mucho más de lo que ella podía manejar estando cerca de él.
-Ahora no –protesto Cadmus-. Quiero oír mi parte de las cosas. Marcus maldijo y obligó a su hermano a salir de la habitación.
-Vamos, idiota –escuchó ella fuera de la puerta-. A Darius no le gusta compartir, y a mi no me gusta mirar. Ella, seguro, ¿pero él? Raya en la perversidad.
La puerta se cerró de un golpe repentinamente, dejando a Darius y Samantha a una pulgada de distancia.
-¿Darius? –preguntó ella jadeante.


-Después, amor –susurró él besando la esquina de su boca con un ligero toque y gimió-. Me matas –se quejó antes de acaparar su voluntad de respirar, pensar, hacer cualquier cosa salvo el beso antes de que él se apartara.
Rápido y furioso, su deseo abanicó un infierno de fuego. Darius rasgó su ropa, tan desesperado por entrar en su interior como Samantha por sentirle dentro de sí. Ella le ayudo lo mejor que pudo, necesitando que apaciguara el dolor que solo él avivaba. Los vaqueros y la ropa interior se deslizaron al suelo, siguiendo a los zapatos. Después su espalda estaba sobre la cama mientras Darius la aplastaba bajo su cuerpo en un erótico acto de pura posesión.
Él manejo a tientas el cierre de sus vaqueros en poco tiempo, después sin advertencia se zambulló dentro de ella, sin estimulación o endulzamiento necesarios para avivar el ardiente deseo que ambos sentían.
Samantha gimió por la sensación de plenitud, el modo tan perfecto en que él la atacaba. Estaba mojada y salvaje por él y cruzó los tobillos alrededor de su cintura, haciendo que dijera con un gemido su nombre. Varias veces empujo, la deliciosa fricción de su pene contra su clítoris siempre presente y en aumento.
Y entonces ella explotó en un millón de trozos, con la mirada perdida en su rostro tenso mientras él rápidamente la seguía. Él siguió empujando, golpeando duramente por un segundo, el orgasmo consumiéndole extrayendo el fuego de ella a él. Ella podía sentir su corazón latiendo al unísono, su conexión un enlace vivo de sentimiento y calor.
Cuando por fin su respiración se calmo, ella miró perdidamente hacia sus ojos claros, profundos y rojos llenos de satisfacción.
-No tengo fuerza de voluntad en lo que se refiere a ti –dijo él con voz áspera perezosamente. Sus vaqueros le rozaban las piernas y ella se dio cuenta de que él solo se había detenido lo suficiente como para quitarle la ropa y liberar su erección antes de hacer el amor con ella.
Retirándose lentamente de su cuerpo, la cogió mientras rodaba sobre su espalda.
-Como sigue ocurriendo esto es un misterio para mi –dijo y acarició con la nariz alegremente el lateral de su cara.
Asombrada por su estado de ánimo dulce, y la locura de tener sexo con él incluso otra vez, Samantha deseó gritar de frustración pero solo pudo soltar un hmmph amortiguado. ¿No había jurado que renunciaría a los hombres, queriendo apuntalar su autoestima antes de volver a tener citas?
Y esto, esto no era salir con él. Esto era seco caliente, pura lujuria, sin mácula por un desconocido. Pues bien, al menos era en su mayoría. Ella comenzaba a sentir algo por ese dolor impaciente, arrogante, real. Cerró los ojos con súbita desilusión. Así mismo, él era de la realeza, de hecho un príncipe… de otro mundo.
-Sé que no estás feliz conmigo, Samantha, y no puedo decir que esté feliz con toda la situación –él la sujetó con sus brazos, fácilmente enjaulándola con sus músculos, y ella rezó por haber sido más discreta al ocultar sus pensamientos. Solo podía imaginar lo que él pensaría si supiera que estaba desarrollando sentimientos por él-. Pero no estás a salvo en ningún sitio de tu mundo sin mi –su mirada fija se entrecerró mientras la contemplaba-. Así que no cometas el error de intentar escapar. A dondequiera que vayas Sin Garu estará a la espera. Y después de ver lo fácilmente que has manejado mi fuego, es una apuesta segura el que él piensa usarte en mi contra.


Ella suspiró, cualquier alegría después de su intimidad completamente apagada.
Preocupada por los sentimientos que nacían por Darius y los recuerdos del rubio con esa asquerosa actitud movieron el viento en el que navegaba.
-Lo siento –se quejo él y la abrazó más fuerte. ¿Dos disculpas en veinticuatro horas? Tenía que haber sido un record.
Oí eso. En vez de sonar molesto, sonaba divertido.
-Estoy completamente confundida –ella se enderezó apoyándose sobre los codos y bajó la mirada a él-. No puedo estar cerca de ti sin desear saltar sobre tus huesos, y eso significa algo para una mujer como yo. Entonces sobre tu amigo Sin Garu…
-¿Cómo que una mujer como yo? –ella se retorció bajo su mirada. Ella no supo como esconder su putrefacta herida-. ¿Una referencia sobre Josh el Culo, no?
Ella se sonrojó.
-Te dije que dejaras de leer mis pensamientos.
-No puedo evitarlo. Eres mucho más fuerte cuando estás enfadada.
Erizándose, deseó ignorarle pero sintió su honesto interés y se encontró explicándole.
-Encontré a Josh a través de una compañía para la que trabajé hace años.
Comenzamos a salir, y antes de darme cuenta ya había pasado todo un año. Nos divertíamos, y era muy cómodo. Cuide mucho de Josh, considerándolo una relación permanente.
-Era guapo, encantador y de éxito –ella sintió como sus brazos se quedaban rígidos-. Pero cuanto más intensa era nuestra relación, más cuenta me daba de que había dejado mi vida en espera para alentar la de él.
-Sus clientes, sus fiestas, su placer iban primero. Después de un tiempo me cansé de cancelar mis planes para satisfacerlo. En vez de ser honesto con lo que quería, utilizaba la culpabilidad para que yo cediese. Si le amaba tanto como él me amaba, me saltaría mi convención. Si tenía la mitad de la devoción de él, estaría de acuerdo en ser la anfitriona de su tertulia comercial –ella frunció el ceño-. Tomó su tiempo, pero finalmente me di cuenta de que había jugado en un segundo lugar para Josh.
-Ahora me encuentro atrapada en un lío con un brujo malvado de otro mundo. Y hombre, no puedo creer que acabe de decir eso. Suena como algo del canal SciFi.
Ella se dio cuenta de que había estado hablando sin detenerse, que Darius no había hablado, cuando hizo una pausa para inspirar profundamente.
-¿Darius?
-¿Aun tienes sentimientos por ese Josh?
Ella supo que él podía haber buscado en su mente las respuesta, y apreció el hecho de que evitara hacerlo.
Pensó sobre su pregunta y respondió lentamente.
-No, ya no. Ahora creo que pensé amarlo, pero lo que en verdad amaba era el sentimiento de ser importante para otra persona. Ella exhaló pesadamente, mirando profundamente sus ojos etéreos-. Probablemente no entiendas nada de esto.


Darius se la quedó mirando fijamente, sus pensamientos chocando con su conciencia. Podía sentir el dolor de ella latiendo en su corazón a causa de su relación fallida. Samantha quería ser lo primero, ¿y por qué no debería? Era una mujer hermosa, compasiva, trabajadora que merecía ser tratada como una reina. Desgraciadamente, de nuevo ella estaba en el segundo lugar en una relación, en este caso por la batalla que comenzaba entre Sin Garu y Tanselm.
Igual que Josh la había herido, Darius también iba a hacer el papel de presumido amante. Por completo aunque no fuera culpa suya, se había colocado en el papel, pero a diferencia de Josh el Culo, no tenía la intención de dejar ir a Samantha.
Aun le faltaba entender la repentina seguridad de su importancia para su vida. La química que había entre ellos traspasaba todo lo que había experimentado, y la cruda emoción que seguía a sus encuentros sexuales aturdía su mente.
¿Cómo podía poner en palabras la irracional idea de que él y ella estaban destinados a estar juntos? Darius Storm, el Príncipe del Fuego, ¿finalmente había encontrado a su compañera en un mundo que era tan extraño para él? ¿Y que probablemente ella se negaría a ser su compañera, por las mismas razones por las que había abandonado a Josh?
Comenzó a dolerle la cabeza, y cerró los ojos, manteniendo los brazos cerrados firmemente alrededor de Samantha. De repente se sentía cansadísimo, y se dio cuenta de que no había dormido mucho en las ultimas cuarenta y ocho horas. Se preguntó cuanto se habría ingeniado Samantha para dormir.
Justo entonces ella descansó la frente sobre su pecho y suspiró suavemente. En segundos su respiración se hizo pareja y cayó dormida, muy para su satisfacción. Su necesidad de estar con ella le quitaba el aliento y aún así…. Se sentía feliz. Aunque odiaba hacer una concesión a Arim, sabía, en lo más profundo, que había chocado con su affai. Ahora si solamente Samantha jugara su parte sin demasiada persuasión.
Ella se movió en el sueño y él apretó sus brazos alrededor de ella. Él bufó. Como si la diablesa entre sus brazos fuera a facilitarle algo. Maldición, desde que la había encontrado había ido de un lío a otro. Y aun así ella le excitaba como ninguna otra, le hacía ansiar sus caricias, un golpe de su perfume.
No había encontrado una frágil flor aquí, sino una brasa con tanta pasión como un firewalker. Sonrió abiertamente mientras clavaba los ojos en su piel dorada, brillante bajo una perdida niebla solar que pasaba por la ventana. Samantha Brooks era muy ardiente y antagónica en resumidas cuentas. Sin mencionar que era apasionada y sexualmente atractiva como el infierno.
Rezo a la Luz por paciencia, un rasgo del que carecía. No podía darse el lujo de perder en este intento de cortejo, no por Tanselm y no por Samantha.
Con algo de suerte podría convencerla para que le acompañara a casa, antes de explicarle sobre affai y que tendría que entregar todo lo que tenía por amor para salvar tanto su tierra como su vida.


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por yiniva el Dom 25 Mar - 19:32

Gracias yiani, ahora Samantha también maneja el fuego, yo espero que confíe en ellos, y no intente irse


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por Veritoj.vacio el Dom 25 Mar - 22:44

Uy Samantha tiene mas poder del que pensaba. Y que pasa con el hechizo, de donde vino? Sera que se lo pusieron a Samantha en sueños?


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por berny_girl el Lun 26 Mar - 2:35

Samantha posee un poder y domina el fuego como su amado... ahora viene la parte difícil, hacer entender que eso del otro mundo de magia es mas profundo y real de lo que en realidad creo que entiende... que sea de paso encuentro que se lo tomo muy bien. 
Estoy esperando que nos expliquen algunas coas que hasta ahora están completamente enredadas para todos 


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por yiany el Lun 26 Mar - 9:50

Capítulo Ocho


Samantha tenía que darle crédito a Darius por ser tan retorcido. Astutamente había aconsejado a sus hermanos que llevaran sus cosas a su habitación mientras ella se quedaba con ellos, sin importar cuanto tiempo fuera eso. Como si ella pudiera resistir la tentación teniendo que dormir a su lado día tras día. Había insistido en tener privacidad, y después de muchas quejas él finalmente le había dado un cuarto a su lado.
De eso hacían cinco días.
Ella echaba de menos el trabajar, y tras una semana sin Darius, sin sexo,
precipidamente se corrigió ella, se sentía sobrecargada por la frustración.
Sin embargo, se negaba a volver a bajar por esa carretera con él, no hasta que tuviera un mejor control de sus emociones y de la situación que afrontaba. Era extraño, le era más fácil aceptar que él era de otro mundo y que se había visto involucrada en una batalla contra el mal que soportar tener sentimientos por el Adonis mandón.
Pasando más tiempo alrededor, observándole tratar con su familia y amigos en casa
–en este mundo- la harían aprender mejor la clase de hombre que era en realidad. No quería que el deseo la confundiera, si bien no sabía como parar la reacción de su cuerpo a su cercanía.
Se había pasado el lunes manejando a Gerry y terminando el trabajo administrativo. El martes Darius le había llevado su ropa de invierno desde su almacén. Eso sobre ir a una tienda de compras. Por lo menos no desaprovechaba el dinero en el alquiler.
El miércoles, el jueves y esa mañana las había pasado de un modo parecido.
Deseando relajarse, pensar en ese tiempo como en unas vacaciones, unas que no había tenido en años. Fácilmente comparó su nuevo alojamiento con un hotel de lujo y creyó que tenía suerte de tener tal comodidad.
Clavando los ojos en las montañas que se veían por la ventana de la sala de estar, no podía evitar admirar la casa en la que Darius vivía con sus hermanos. Si tuviera dinero, hubiera comprado algo parecido. Amaba la zona de Greenlake, y la casa tenía unas magnificas vistas tanto del lago como de las montañas.
El cuarto que había pedido ella, fuera del de Darius, estaba en el primer piso, dándole una hermosa imagen del huerto congelado ahora por las tormentas. Justamente podía imaginar las flores en la tardía primavera, la cual según Cadmus, no se acercaba a rivalizar con la de su tierra natal.
Le había costado mucho no reírse en su cara cuando él lo había dicho, doblemente divertido cuando Darius había hablado furioso y había incendiado la servilleta de su hermano. Ella había encontrado extremadamente satisfactorio el ver a Darius celoso, por ella.
Sonriendo abiertamente ante el recuerdo, clavó los ojos en la imagen sombría de la mañana del viernes y pensó en como Darius parecía haber tomado bien la separación.
Cuando inicialmente había pedido una habitación, él había parecido insultado. Pero después de algunas horas él había cambiado la melodía.
-Necesitas tiempo y espacio para ordenar tus cosas –se había quejado él, un perceptivo comentario inesperado, y uno que le hacía pensar en las profundidades ocultas en la pregunta de Darius.
Sin embargo, siendo normalmente brusco, mandón y grosero alrededor de sus hermanos, nunca suponía con ella. Además de saber exactamente lo que su cuerpo


necesitaba físicamente, no tomaba sus deseos mentales y emocionales pues estuvo de acuerdo.
Había sido sorprendentemente solícito con ella desde que había entrado, asegurándose constantemente de que tuviera todo lo que necesitaba. Y le había dado espacio, saliendo de la casa a menudo para hacer lo que quiera que hacía durante el día. La única vez que le había preguntado se había puesto tan espinoso que no había vuelto a preguntarle.
Cadmus y Marcus demostraron ser compañeros encantadores, otra espina en el costado de Darius. Oh, ella podía afirmar que él los quería, aunque pudiera atormentarle el admitirlo. La forma en que se trataban, como él intentaba mantenerlos apartados del peligro, mostraba cuanto les importaba.
Ayer mismo se había negado a su petición de ir al centro, a pesar de la promesa de Marcus de no abandonar su lado.
-No es seguro, y no voy a perderte ya sea por tu arrogancia –dijo él con una mirada a Marcus-, o tu impaciencia –dijo con una mirada a ella.
Mientras ella apreciaba su cariño, no valoró su constante necesidad de control.
Marcus había mascullado algo condescendiente bajo su aliento, y en secreto ella había estado de acuerdo.
Tras cinco días de engancharse con el trabajo, sus necesidades personales, y los últimos DVD’s y novelas, se sentía dispuesta a explotar si la obligaban a quedarse dentro un solo minuto más.
Uno de los hermanos entró en la sala de estar a su espalda, su cara visible en el reflejo de la ventana. Ella giró, notó los ojos café, y sonrió.
-Buenos días, Cad. Es bueno ver que eres madrugador. Él hizo una mueca.
-Odio admitirlo, pero aun estaría durmiendo si no estuvieras aquí –cogió un café y un plátano y se acomodo reclinándose en un asiento de cuero-. ¿Cómo amaneciste?
-Agitación loca.
Él inclinó la cabeza.
-Le dije a Darius que no tomarías bien el estar enjaulada por mucho más tiempo. Francamente, estoy sorprendido de que no hayas escapado antes de ahora. Concedido, Darius tiene un buen punto para mantenerte. ¿Pero realmente, que hay de malo en que des un paseo alrededor del bloque? –él sonó enfadado, en parte, sospechaba ella, porque odiaba estar sentado dentro con ella.
-Lo siento –empezó ella pero él hizo gestos con las manos para detener su disculpa.
-No. Es mi culpa. Marcus tiene trabajo y Aerolus, pues bien, no estoy seguro de que está haciendo ahora. Soy el único disponible por el momento para cuidar a los niños
–con una mirada rápidamente se corrigió-. Para protegerte.
-Gracias –dijo torcidamente ella, negando con la cabeza-. Sabes, el primer día en que os vi a los cuatro estaba sorprendida por lo parecidos que érais. Ahora no puedo imaginar por que pensé eso.
Él sonrió abiertamente, sus ojos de color café brillando con regocijo, y ella se dio cuenta de la verdad que había en su declaración. Ella sabía instintivamente cuando era


Darius. Podía sentir su presencia cuando entraba en una habitación, podía sentirle sin verle.
Marcus y Cadmus, por otra parte, tenían personalidades bien definidas que hacían que su apariencia idéntica se desvaneciera en contraste. Ahora cuando los miraba, no veía la imagen de Darius en un espejo.
Marc, como le gustaba a ella llamarle porque le molestaba, se inclinaba por la arrogancia mucho más de lo que Darius era condescendiente. Marcus actuaba como parte de la realeza, como si ella debería apreciar cada instante que pasaba en su presencia. Incluso bajo esa actitud ella sentía calor y aceptación, y tenía que admitir que admiraba su seco sentido de humor.
Cad, por otra parte, amaba el apodo que le había dado ella. Tranquilo y abiertamente cariñoso, constantemente estaba bromeando. A pesar de ser cuatrillizos, en realidad él parecía ser el bebé de la familia y los demás le trataban como tal. Aunque tenía que molestarle, trataba a Darius y Marcus siempre con tolerancia y humor.
Ella también notó que estaba en sintonía con la naturaleza. El pequeño invernadero adjunto a la cocina florecía con vida vegetal, todo gracias a la destreza como jardinero de Cad. Y estando dentro estaba reprimido. Ella podía ver lo que le costaba quedarse dentro de la casa y deseaba que pudiera ser diferente.
-Seguro que piensas duro –se quejo él mientras se terminaba el plátano.
-Sí, pues bien, eso es todo lo que puedo hacer estando aquí adentro. Sin intención de ofender, me encanta vuestra casa, pero realmente, ¿tenemos que quedarnos dentro?
Ella miró fuera y vio como el sol partía las nubes que revoloteaban sobre el Monte Olympus. Él siguió su mirada y le disparó una mirada astuta.
-Sabes, si nosotros salimos, podríamos dar un hermoso paseo antes de que alguien…
-No –Darius entro en la cocina con los ojos hinchados. Secretamente emocionada por verle, Samantha enfoco su atención en mantener sus escudos internos intactos y el latido de su corazón constante.
-Aw, topamos con Darius –protestó Cad-. Nos morimos aquí adentro. Es tan aburrido mirarse a los ojos el uno al otro durante todo el día –él le guiñó el ojo a Samantha-. Aunque si pensamos en ello, podríamos encontrar alguna otra cosa divertida si tienes planes de volver a irte –la mirada lascivamente sugestiva que le lanzó hizo que ella deseara reír. Sin embargo, Darius no encontró en lo más mínimo divertido a Cadmus.
Dijo algo en un idioma extranjero que hizo que Cad arqueara una ceja.
-Quisquilloso.
-Samantha –dijo Darius, ignorando meticulosamente a su hermano-, ¿te gustaría salir fuera conmigo esta noche?
Ella parpadeó.
-¿A dónde?
-Creí que podríamos coger algo para comer en el centro –dijo él casualmente, sus ojos intensos mientras esperaba su respuesta-. No será selecta, ni nada parecido, pero pensé que podrías desear un descanso de mi familia.
Ella sonrió abiertamente ante el comentario sarcástico que hizo Cadmus.


-Me gustaría.
Darius inclinó la cabeza y pareció relajarse, tanto como algunas veces lo hacía últimamente.
-Estupendo. Volveré a verte a eso de las seis –diciendo esto, dirigió una furiosa mirada de advertencia a Cad y salió sin otra palabra.
Siguiéndole con la mirada, no fue conciente de que fruncía el ceño hasta que Cad lo mencionó.
-Se que es un dolor en el culo, pero tiene sus razones –cogió otra taza de café, ofreciéndole a ella una.
-Ha estado ocupado esta semana.
La fastidiaba infernalmente que él permaneciera tan sigiloso sobre donde estaba.
Cad bufó.
-Bien, correcto. Con excepción de trabajar en el club ye l tiempo que pasa ayudando al padre Denton, ha estado volviéndose loco por mantenerse lejos de ti.
Se le abrió involuntariamente la boca.
-¿Está ayudando a un cura? - no podía imaginarse a Darius cerca de una iglesia, y mucho menos ofreciéndose a ayudarles.
-De rebote. Una de las camareras del Outpour pidió a Darius que se ofreciera para dar algunas clases de defensa personal. Lo siguiente que sabes es que Darius está ayudando al tutor de los huérfanos, apareciendo en los refugios para reparar los radiadores cada vez que se apagan, e incluso ofreciendo nuestros servicios cuando sean necesarios –él negó con la cabeza-. Él nos dijo que no te dijéramos nada acerca de esto, pero, le da algo de crédito al tipo.
-Wow –fue todo lo que ella pudo decir. Darius, ¿un buen samaritano?
-Mira, Samantha, Darius está intentando darte espacio para que tomes una decisión acerca de él. Le dije que él emprende todo esto mal, ¿pero me escucha? No.
Ella no entendía lo que oía.
-¿Perdón? Cad suspiró.
-Darius realmente quiere causarte una buena impresión.
-¿Visitando refugios para los sin hogar y no diciéndome nada de ello, sin mencionar el evitarme, ¿se imagina que me impresiona?
-No, no, no. Lo que quería decir, es que él ayuda a esos necesitados porque puede. Es un guerrero. Caramba, todos lo somos, y proteger a esos necesitados es lo que mejor hacemos. Por lo que respecta al refugio, piensa sobre ello. Esa capacidad para el fuego que tiene para luchar contra el frío es un verdadero regalo. Pero nunca haría alarde de algo de esto. No le gusta llamar la atención sobre sí mismo.
Otra capa de Darius Storm que lentamente se revelaba.
-¿No podría haber mencionado a donde iba cuando le pregunté?
-No –Cad frunció los labios con asco-. Mi hermano puede ser el mayor de nosotros, pero es un idiota en lo referido a mujeres.


Ella no podía evitar reír.
-Y tu qué eres, ¿un regalo de Dios para las mujeres?
-Exactamente –sus ojos brillaron, un hermoso color marrón que le hizo pensar en chocolate derretido-. Le dije que te sedujera con palabras, que te dijera como se siente. Pero él me dijo… pues bien, no es adecuado para compañía educada.
-Correcto –ella volvió a reír, escogió cuidadosamente sus palabras-. ¿Por qué debería decirme cómo se siente? Por lo que veo, me hace un favor protegiéndome de Sin Garu.
La mirada de Cadmus se entrecerró, y ella apuntó ese hecho.
-Podrías decir que tu nos estas haciendo también un favor, quedándote cerca. La próxima vez que Sin Garu intente atacar estaremos listos y con suerte lo terminaremos.
-¿Pero por qué yo? ¿Por qué el caos en mis sueños?
-Puede que por que eres capaz de ver cosas que los demás no pueden ver –él hizo una pausa, después clavó los ojos en ella con una intensidad que la dejó sin aliento-., incluso si Darius no nos hubiera contado sobre tus visiones, lo sabría. Siento tu don, Sam. Lo sé porque yo también puedo ver.
-¿Lo haces? –Darius no lo había mencionado. Él asintió.
-Mi magia elemental es mi unión con la tierra. Aparte de eso, mis poderes de clarividencia han aumentado. Sueño con cosas que van a pasar, algunas de las cuales suceden mientras que otras no.
-¿Por qué? ¿Por qué los has cambiado, has impedido que ocurrieran?
-O porque eran solamente sueños. No pienso que todo lo que veo es una visión del futuro –él sonrió torcidamente-. Pero entonces he recibido órdenes de dejar de cuestionar mi poder y aceptarlo. ¿Y tu?
Ella se detuvo a pensar, admitiendo ante Cad lo que no había admitido para si misma.
-Siempre he tenido sueños extraños, pero me obligo a olvidarlos pues no puedo hacer mucho para cambiarlos. Las pocas veces en que intervine, no salió ningún bien de ello.
Él esperó mientras ella luchaba para poner en palabras la desesperación que le provocaba su talento.
-Dos casos me vienen a la mente. Dos veces he intentado evitar que pasara algo terrible, y en ambas fallé. La primera fue la vez que mi hermana se rompió una pierna en vez de la conmoción cerebral que preví.
-¿Y la segunda?
-La segunda fue cuando un vecino murió en un accidente de coche.
-Pero si ese es el caso, eso solamente quiere decir que tu vecino –quiero decir- muere, sin importar lo que hagas o digas para impedirlo.
-Correcto.
-No, de verdad –él se veía intentando atentamente aclarar su conciencia, y a ella le tocó que a él le importara lo suficiente como para que lo intentara-. ¿Qué es lo que viste exactamente que te hizo pensar que tu vecino iba a morir?


-Vi al señor Rumfeld agarrándose el corazón. Cayó de rodillas solo en su cocina.
La ambulancia llego demasiado tarde para reanimarle.
-¿Allí, para que lo vieras?
-Pero a día siguiente le convencí de que viera a un doctor por los dolores en el corazón que había estado experimentando, fue golpeado por un camión fura de control mientras iba a la consulta.
-Eso es porque era su momento de morir. He hablado con Arim sobre esto, muchas veces, y parece que hay una línea que se encarga de cambiar el futuro y reencauzarlo.
Normalmente cuando alguien va a morir, hay poco que puedas hacer para cambiarlo. Quizás mueren por la espada en vez de por veneno, o por un accidente de coche en vez de sufrir un problema de salud fatal.
-Pero a veces vemos una cosa que no significa nada, una situación causada por lo etéreo. Toma nuestro caso aquí.
-¿Tu y yo?
-No, mis hermanos y yo. Vivimos los primeros meses en este mundo en las montañas Snowqualmie. Después tuve una visión de un futuro posible, uno en el cual moríamos por el ataque de fantasmas poco después de llegar.
-No estarás hablando en serio –ella estaba sorprendida por lo bueno que se sentía hablar con alguien que podía hacer lo mismo que ella, pero quien, a diferencia de ella, abrazaba su don.
-Se lo conté a Darius y los demás, y logramos contactar con Arim a tiempo de impedir que el Netharat descubriera este plano. Al menos es lo que creímos en el momento –añadió quedamente .
-¿Entonces cómo es que llegaste a vivir aquí?
-Arim me dijo que buscara en mi interior un futuro alterno. Esa noche soñé con seis números de la suerte. Y como la magia, ya llegamos.
Samantha sonrió abiertamente.
-Amo la lotería. Intenté controlar mis visiones cuando era pequeña. Pero después de la muerte de mi vecino, dejé de escuchar mis sueños. Vienen de forma esporádica pero por norma los olvido a la mañana siguiente.
Ella inmediatamente pensó en su sueño erótico sobre Darius. ¿Una fantasía o una realidad posible? ¿Lo había visto venir? ¿Y por que la hacía sentir deprimida el pensamiento de que no ocurriera?
-¿Cadmus?
-¿Hmm?
-¿Qué significa el término “affai”?
Él se atragantó con su café y ella esperó mientras se recuperaba. Interesante reacción. Y una que la hacía decidirse a saber lo que significaba la palabra.
-¿Dónde escuchaste eso? ¿Darius?
-¿Qué significa?
Él hizo una pausa, durante demasiado tiempo para su comodidad.
-¿Qué te dijo él que significaba?


-Dijo que era un término de cariño, pero tengo el presentimiento de que significa más que eso –su corazón golpeaba, como si estuviera a punto de descubrir algo importante.
-¿Acerca de qué diablos estáis hablando vosotros dos? –Marcus estaba en la puerta de la cocina, sus ojos agrandados mientras miraba de ella a Cadmus y a su espalda.
-Marcus, es genial verte de pie y aquí –Cadmus miró a su hermano con un obvio alivio.
-Voy a cambarme, estoy sudando. Estúpido hermano, unidos.
-Puedes venir conmigo o salir a dar un paseo solo alrededor del bloque. Es tu elección –gruñó ella y salió en estampida de la habitación.
Al minuto que ella salió, Marcus miró furioso a Cadmus.
-Darius dijo específicamente que le explicaría sobre la situación del affai, llegado su momento. Y el momento no es ahora. ¿Quieres ahuyentarla antes de que tenga la posibilidad de declararse? –rechifló quedamente él.
Cadmus se encogió de hombros.
-¿Qué se suponía que tenía que decir? Ella me preguntó lo que significaba affai como caído del cielo.
-Estoy sorprendido de que no vieras llegar eso, adivino –dijo Marcus arrastrando las palabras, sin embargo por una vez Cadmus no veía la gracia en la situación-. Puedo ver que se me necesita más aquí que en el trabajo –suspiró pesadamente, como si supusiera una gran carga-. ¿Qué me dices si me tomo el día libre y te ayudo a salir antes de que tu la ayudes directamente a salir por la puerta?
-Eres un idiota, ¿lo sabes? –Cadmus lo miró ceñudo, apretando los puños para abstenerse de darle un puñetazo a Marcus en su engreída mandíbula.
-Lo sé, pero solo porque soy mejor que tu no significa que no pueda tolerarte –los ojos de Marcus brillaron por la risa, y sin otra pensamiento, Cadmus lanzó su puño.


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por yiany el Lun 26 Mar - 9:51

Cronograma


Lectura 1

Lunes 5/03 parte 1
Martes 6/03 parte 2
Miércoles 7/03 parte 3
Jueves 8/03 parte 4
Viernes 9/03 parte 5
Lunes 12/03 parte 6
Martes 13/03 parte 7
Miércoles 14/03 parte 8
Jueves 15/03 parte 9
Viernes 16/03 parte 10
Sábado 17 y Domingo 18 - Descanso y comentarios finales.


Lectura 2



Lunes 19/03 capítulo 1
Martes 20/03 capítulo 2
Miércoles 21/03 capítulo 3

Jueves 22/03 capítulo 4
Viernes 23/03 capítulo 5
Sábado 24/03 capítulo 6
Domingo 25/03 capítulo 7
Lunes 26/03 capítulo 8

Martes 27/03 capítulo 9
Miércoles 28/03 capítulo 10
Jueves 29/03 capítulo 11

Viernes 30/03 Comentarios finales
Sábado 31/03 Cierre


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por yiniva el Lun 26 Mar - 13:03

Pues si que Samantha necesita salir se va a volver loca encerrada, parece que se lleva bien con los hermanos y como tomara las cosas cuándo descubra que significa affai, gracias yiani


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por mariateresa el Lun 26 Mar - 19:38

Yo ya me hubiera vuelto loca en esa situacion.
Mas si nadie explica nada y Darius no esta nunca con ella.
Ojala valla bien en la cena.
Gracias por el capi


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por Maga el Lun 26 Mar - 20:33



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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por yiany el Mar 27 Mar - 10:00

Capítulo Nueve
 
 
Cuando Darius llegó a casa antes de las seis, se encontró a Marcus y Cadmus mirándose con furia a través de un tablero de ajedrez con Samantha riendo mientras observaba.
-¿Qué pasa aquí? –se quejo él, arrebatado por su risa. Nunca la había visto tan libre o así de feliz, y odió los celos que le provocaba que ella hubiera encontrado esa alegría con sus hermanos en vez de con él.
Cuando ella empezó a mirarle, sus ojos brillando con la bienvenida, todo lo que él pudo hacer fue saludar con la cabeza y sonreír, como si su pene no se hubiera endurecido hasta el extremo de ser doloroso, como si cada inspiración que ella hacía no le despertara de algún modo.


Dándole espacio para aceptarle, ir a agarrar todo este desorden, le estaba matando.
Había hecho un esfuerzo extraordinario para evitarla esa semana, siguiendo con su trabajo tras la barra aunque hubiera preferido velarla en casa. Pero pasar la noche tan cerca de Samantha sin poder tocarla, pues bien, era más de lo que podía soportar. Él también necesitaba espacio para ajustarse a su presencia en su vida. Pero si esta semana pasada era algo que pudiera pasar, supo que nunca sería capaz de dejarla ir.
-Darius, bienvenido a casa –Samantha enrojeció, y solo por pura voluntad él se obligo a no moverse.
-¿Quién está ganando? –indicó con la cabeza el juego.
-No puedo decirlo con seguridad. Cada vez que Cadmus mueve una pieza, el tablero se mueve y aparece agua debajo de sus alfiles.
-Siempre fuiste un mal perdedor –desdeñó sarcásticamente Cadmus a Marcus a través de la mesa. Movió su reina-. Jaque.
Marcus alzó una ceja y el tablero se inundo, piezas cayendo por todas partes. Darius comenzó a girar los ojos, sus labios curvándose con humor.
-Vamos, Samantha. ¿Teníamos una cita, recuerdas? –la observó con ojos hambrientos, conciente de que ella sentía su necesidad. Mientras más cerca le atraía, más se tensaba ella. Cuando ella salvó el espacio que había entre ellos, él extendió la mano y cogió la de ella, reprimiendo un gemido por el ardor sensual que atravesó su cuerpo como una lanza.
-¿Ridículo? Te tengo. Gracias por todo lo que has hecho esta semana –dijo él de modo brusco-. ¿Por qué no lo celebras? Sal fuera y ten sexo –detuvo bruscamente su tren de pensamientos cuando Samantha lo miró furiosa-. Digo, sal y pasa un buen rato, en una barra o algo por el estilo.
Él cogió su abrigo del armario del vestíbulo y la ayudó a ponérselo, esperando su respuesta. No fue hasta que llegaron al camión que ella la soltó.
-Bonito, Darius –sus palabras eran recortadas, y él reprimió una abierta sonrisa-. Sal y ten sexo. Eres semejante hombre –él supuso que ese hombre era un insulto-. ¿Qué es tan malo para tus hermanos que os quedéis juntos, o que te quedes dentro esta noche? O quizás lleguen a conocer a una mujer antes de dejar su cerebro fuera.
Él se rió e intentó coger su mano para apretarla.
-Vamos, Samantha. Has pasado una semana con mis hermanos. ¿Realmente crees que Marcus y Cadmus son del tipo que llega a conocer a una mujer? ¿Todo toque y sensaciones?
-No estoy segura de Marcus –contestó ella lentamente-. Pero me gusta Cad. No ha sido otra cosa que un caballero durante toda la semana, y me sentí mal por que se viera obligado a quedarse dentro por mi.
Darius gimió.
-Él se ofreció , Samantha. No soy el tipo ruin aquí. La única razón por la que él no ha intentado meterse en tu cama es porque sabe que lo mataría si lo intenta.
Caballero, ha.
¿De modo que Cadmus había intentado impresionar a Samantha con modales y cumplidos? Buen intento, y por lo visto Samantha se inclinaba por eso.


Solo esperaba que no quisiera palabras bonitas de él. Hizo una pausa ante el pensamiento.
-¿Entonces son de ese tipo los que te gustan?
Le mataría si tuviera que actuar como un “caballero”. Lo había intentado una vez y los resultados habían sido desastrosos. A la mujer no le habían preocupado sus palabras, solo su aspecto y su alta posición en el tribunal, pero sus hermanos, pues bien, aún les gustaba hacerle bromas acerca del incidente de los cumplidos.
-¿Qué?
-El tipo que te gusta, uno que te halague y te traiga regales.
-Por favor –ella lanzó un resoplido y él sintió como la tensión salía de él-. Nunca me han gustado los falsos halagos, y no soy mucho de flores. Duran cosa de una semana antes de que tengas que tirarlas. Ahora, por otra parte, los chocolates –ella hizo una pausa y se chupo los labios, haciendo que él gimiera silenciosamente. Se movió en el asiento, su erección hacía que la tela de los vaqueros se tensara.
Maldición, necesitaba aliviarse.
-No deberíamos tener que esperar mucho para comer –dijo él cambiando de tema-. Hice reservas para las seis y media. Habría estado en casa antes pero tuve que hacer algunos mandados.
-¿Para el padre Denton? –ella clavó la mirada en él con los ojos extrañamente brillantes.
Él se sonrojó. Cadmus y su gran boca. Ahora ella probablemente pensaba que él era suave.
-No es mucho –él trato de desentenderse del asunto y sintió como la vergüenza crecía mientras ella lo observaba como si fuera un insecto exótico-. ¿Qué? –ladró él.
Sus labios se fruncieron en una sonrisa.
-Nada –se aclaró la voz y él se relajó-. Aprecio el tiempo que me has dado, para recoger mis pensamientos, quiero decir.
-Oh, bien –Mantén tu mente en la carretera, no en la plenitud de su boca.
-No te he visto mucho. Espero que el que yo estuviera en tu casa no te haya mantenido lejos.
-De ningún modo –mintió él-. He estado haciendo horas extra en el trabajo…
-Y dando clases de defensa personal. Él frunció el ceño.
-Siento que el que te hayan estado vigilando mis hermanos te haya molestado.
-De ningún modo. Tranquilo, has estado fuera durante un tiempo terriblemente largo esta semana. Incluso Cadmus hizo comentarios sobre ello.
-¿Me echaste de menos? –ella se sonrojó y la satisfacción le lleno. Decidiendo dar parte de si mismo, admitió-. Estar lejos de ti ha estado matándome. No se si te has dado cuenta, pero no soy un hombre paciente.
Su expresión alarmada no tenía precio, como el puro regocijo que la siguió. Gruesa y profunda, la risa de Samantha la abarcó, haciendo que la mirara. Semejante cariño auténtico permaneció durante mucho tiempo alrededor de un corazón que llevaba


mucho tiempo destrozado pero firmemente sujeto… y esa si que era una magia poderosa.
La pura alegría del momento, de ser justo con ella, le convenció de que estaba teniendo éxito, que podría persuadir a Samantha para que le acompañara a casa, unirla a él como su verdadera affai.
-Tan pensativo –murmuró ella, estudiándolo con curiosidad.
-¿Hmm?
-Quiero decir prudente, preocupado, amenazante…
-Entiendo –gruñó él, pero no pudo contener una risa ahogada-. Eres un dolor en el culo mucho más que yo. Quizás por eso nos llevamos tan bien.
Sus ojos brillaron y sus labios dibujaron una gran sonrisa, una que hizo que su corazón latiera más rápido. Mientras encontraba sitio en el aparcamiento, se preguntó cuan rápido podría terminar con la cena y empezar a hacerle el amor. Emitió una onda sutil y sintió la respuesta a su pregunta que permaneció durante mucho tiempo en su mente.
Maldición. Ahora la cena resultaría larguísima. Solamente lo sabía.
Media hora después de la hora de su reserva, su predicción se había hecho realidad.
Suspiró, decidió utilizar el tiempo.
Tomando a grandes tragos la cerveza muy inferior a la del Outpour, miró perdidamente los preciosos ojos de Samantha e ignoró su último comentario, preguntando algo que le había estado rondando durante días.
-¿Simplemente cuánto puedes investigar en el futuro, y desde cuándo tienes ese


don?



Ella paró de beber su vino y parpadeó, ofuscada por su pregunta.
-Eso en cuanto a mi pregunta sobre la utilidad en Outpour –dio un mayor trago-.


Sabía que antes o después me preguntarías por los sueños.
La camarera los interrumpió, anunciando que la mesa estaba lista. Después de sentar a Samantha, Darius se sentó en el otro lado de la mesa y espero a oír su explicación. Repentinamente, una cena largo no tenía tan mala pinta cuando podrían pasar un tiempo juntos.
-El primer sueño que recuerdo que realmente ocurrió después fue cuando tenía cuatro años. Eran días de fiesta y yo había querido un pequeño juego de hornear par el día de Navidad. Pues bien, arruine cualquier sorpresa “viendo” todos los regalos del día siguiente.
-No le dije nada a mis padres o a mi hermana sobre el sueño. Pero después cuando visité a mi abuela se lo mencioné. Parece que la precognición es normal en mi familia. Se salta una generación aquí y allá, pero básicamente la arrastro por mi familia materna.
-¿Así que tu abuela también tenía ese don? ¿Lo tenían tu madre y tu hermana?
-No, se saltó a mama y a Cheryl. Que yo sepa, soy la última Varell, que es el nombre de soltera de mi madre, en tener el “regalo”. No es que todo sea malo.
Él la estudió, consciente del dolor que ella no mencionaba. Percibió un eco en sus pensamientos de su anterior conversación con Cadmus.


-Debe ser duro, no tener a nadie con quien compartir tu habilidad. Ella inclinó la cabeza.
-Al hablar con Cadmus hoy, he sentido como si me quitaran un enorme peso de los hombros. No estoy loca –dijo ella con firmeza, como si él pudiera albergar semejantes pensamientos-. Y es bueno hablar con alguien que te entiende.
Ese “alguien” debería haber sido él. Frunció el ceño.
-Dame una oportunidad, Samantha. Entiendo más de lo que puedas creer.
Ella se sonrojó e iba a responder cuando llegó el camarero con los menús. Una vez que se marchó, Samantha cambió de tema.
-¿Entonces, cómo es eso de tener a tres hermanos idénticos? Crecer con una hermana mayor fue lo suficiente malo para mi.
Él se rió ahogadamente.
-Tiene sus momentos. A pesar de nuestro parecido, cada uno es decididamente diferente a los otros, como estoy segura de que te habrás dado cuenta.
-Ya lo creo.
-Pero también tenemos nuestros parecidos. Podemos sentir cuando alguno está en peligro, pero nada más telepático que un sentimiento compartido de presentimiento.
Nos gustan las mujeres –él la miró de reojo y fue recompensado con un aleteo de ojos y una amplia sonrisa-. Pero más que eso, cada uno de nosotros quiere nuestra tierra natal, nuestras gentes, y no menos que nada, a nuestra familia.
Él sonrió, recordando la sonrisa acogedora de su madre, su fuerza al hacer frente a la muerte de su padre, y haciendo frente a ese perfume único, uno que siempre le hacía sentirse en casa.
-Es obvio que tienes una familia única –ella sonaba envidiosa.
-Y tu no la tienes –dijo suavemente él, volviendo a sentir el velado dolor de ella por lo que sentía como una relación fallida.
-No. Mi hermana, como ya mencioné, era irritante en extremo. Al principio cuando ella tenía cinco años, secuestró a todas mis Barbies. Nunca mejoró. Mi madre y mi padre me quieren, lo sé, pero tenemos tan poco en común que es patético.
El camarero regresó y rápidamente hicieron el pedido. Darius, sin embargo, no había puesto fin a la conversación, aunque sintió el alivio de Samantha por la interrupción. Le fascinaba la compenetración en sus caracteres. Quería saberlo todo sobre ella, de sus preferencias por sus sueños y sus decepciones.
-¿Viven tus padres cerca?
-No –ella frunció el ceño por su insistencia en mantener la conversación-. Viven en Filadelfia cerca de mi hermana y su marido y sus tres niños. Los visito durante los días fiesta cuando puedo, pero es incómodo para todos nosotros. Francamente, haría mejor en gastar mis días de fiesta sola, o mejor aún, trabajando –ella atravesó el tomate sacándolo del plato-. ¿Algo más que quieras saber de la familia Brooks, señor Curioso?
Él le dirigió una abierta sonrisa sardónica y negó con la cabeza. A pesar de la simpatía que sentía por sus preocupaciones por sus relaciones, no podía evitar alegrarse de su falta de lazos en este mundo.
-¿Qué es esa apariencia en tus ojos? –ella sonaba sospechosa.


-¿Qué? –preguntó él, todo inocencia-. Solamente pensaba que estábamos hablando de tu don y como nos hemos apartado del tema. No contestaste mi pregunta de hasta cuanto puedes investigar el futuro. ¿Aún tienes visiones?
-Pues bien, visiones, supongo que puedes llamarlo así, de esos con los dientes, esos Netharat, y Sin Garu fueron condenadamente poderosas.
-Sí, pero eso no era otra cosa que una compenetración con el presente. ¿Qué acerca del futuro? ¿Qué has visto de él? –siguió aguijoneando, queriendo ver más del sensual sueño que había tenido ella sobre él, el que a veces aparecía brevemente en su imaginación.
Ella enrojeció hasta un tono escarlata y supo que lo había recordado, pero sus escudos impidieron que lo viera.
-Tuve un pequeño sueño después de conocerte.
Él se apoyó acercándose más, deseando saber que había puesto un brillo feliz en sus mejillas. Una imagen de su cara hambrienta, sus ojos rojos y su pecho desnudo sobre ella paso como un relámpago por su mente y la de él.
-Luce bien –se quejó él, mirando perdidamente sus ojos.
-Sí, bien –ella anduvo a tientas débilmente, removiendo su comida-. Estaba en una racha de celibato y entonces te encontré –ella sonaba irritada y él rió. Entonces ella alzó, la consternación ya no estaba en sus ojos-. En el sueño, mientras hacías el amor conmigo, me llamaste “affai”.
Su risa se cortó, y se quedó mirándola sorprendido. Él buscó en su interior alguna respuesta fácil pero solo pudo salir con un:
-¿De verdad?
-De verdad –ella clavó los ojos en él, quieta mientras el camarero retiraba los platos y traía el primer plato, dos humeantes platos de camarones asados a la parrilla y crujientes y coloridas verduras-. Gracioso como enmudecéis tu y tus hermanos cuando se menciona la palabra. Affai. Affai. ¿Qué significado puede tener?
Gracioso, pero lo que más le decía ella, era lo bien que la veía sentada a su lado en la Casa Real. Sus pensamientos sombríos sobre el matrimonio se desvanecieron bajo la unión creciente entre ellos. Su cuerpo latía por unirse al de ella, pero mientras se sentaba hablando con ella, celebró su inteligencia, su encanto e ingenio. No se inclinaba ante él, como tantos otros hacían.
-No te importa en lo más mínimo que sea un príncipe, ¿verdad? –tenía que saberlo.
Ella comenzó.
-¿Es otra forma de distraerme de mi pregunta? Pregunto lo que quería decir “affai”, y no me digas que es un termino de cariño. Cadmus casi se traga la lengua, y creí que Marcus iba a sufrir un ataque de apoplejía cuando pregunte.
-¿No te impresiona la realeza? –insistió él.
-No –sus ojos se enfriaron considerablemente, un desdén cubierto de escarcha-. No lo estoy. Solamente porque vengas del dinero, la realeza o lo que sea –ella movió violentamente las manos en el aire-, no te hace mejor que yo, que el resto de nosotros.
Buena respuesta. No, es una gran respuesta.
-¿Ahora vas a decirme lo que significa affai o te lo tengo que sacar?


Clavando los ojos en ella, preguntándose si su tendencia a la impaciencia le complementaria o sería un hándicap en su reinado juntos, consideró cuidadosamente como responder.
-Darius –gruñó ella y él se encogió de hombros.
-Bien. Pero no me culpes si no es lo que quieres oír –ella ni parpadeó y él juró, pintoresca y creativamente en su lengua materna. No había tenido la intención de acercarse a ella, ¿pero que diablos? Ella forzó la decisión. Ese era un momento tan bueno como cualquier otro para ver lo que ella hacía. Solamente deseaba que al explicar la palabra no le hiciera parecer un burro estúpido, desanimado.
-Affai quiere decir bien amado. Significa compañero del corazón, la otra mitad de mi alma. ¿Feliz ahora? –masculló él bajo su aliento, sintiendo el color sobre sus mejillas. No se había sonrojado desde su décimo cumpleaños. Esto era peor que el asunto de las flores. Mucho peor.
Ella clavó los ojos en el atontada, su boca completamente abierta, y él sintió una llamarada en sus nervios de vida. El ataque como un relámpago de alarma le asustó… que pudiera tener semejante miedo por la aceptación de un mujer, y que pudiera perder a causa de ello el control sobre sus poderes elementales. Clavando los ojos en los agrandados de ella, su boca se secó y reprimió el deseo de destrozar algo.
Sus reacciones tenían poco sentido. Ella era solamente una mujer, solamente una mujer alienígena de un mundo extraño sin magia, que no tenía poder sobre el Príncipe del fuego.
Ella se lamió los labios y él sintió como su temperatura subía varios grados.
-¿Darius? ¿Me estas diciendo la verdad? –ella clavó los ojos en con sospecha mordiéndose el labio inferior, inconsciente de la vulnerabilidad que demostraba ese gesto.
-¿Importa?
Deseando escuchar una apasionada declaración de amor antes de ceder en algo más, supo la escasa posibilidad de que eso pasara y sintió una enorme ola de frustración subiendo, necesitando una salida. ¿Por qué no le podía decir ella como se sentía?
Él intentó atisbar sus pensamientos pero fue reprimido por un fuerte muro. Y ella decía que no tenía poder. Mientras su frustración crecía, su servilleta comenzó a humear y ella precipitadamente echo sobre ella su vaso de agua, mirándole sorprendida.
-¿Qué fue eso? –ella sonaba más que definitivamente molesta, y el tono espinoso la hizo desearla aún más.
Maldito todo el infierno. Estaba enamorado.


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por yiany el Mar 27 Mar - 10:01

Cronograma

Lectura 1

Lunes 5/03 parte 1
Martes 6/03 parte 2
Miércoles 7/03 parte 3
Jueves 8/03 parte 4
Viernes 9/03 parte 5
Lunes 12/03 parte 6
Martes 13/03 parte 7
Miércoles 14/03 parte 8
Jueves 15/03 parte 9
Viernes 16/03 parte 10
Sábado 17 y Domingo 18 - Descanso y comentarios finales.



Lectura 2

Lunes 19/03 capítulo 1
Martes 20/03 capítulo 2
Miércoles 21/03 capítulo 3

Jueves 22/03 capítulo 4
Viernes 23/03 capítulo 5
Sábado 24/03 capítulo 6
Domingo 25/03 capítulo 7
Lunes 26/03 capítulo 8

Martes 27/03 capítulo 9
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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por yiniva el Mar 27 Mar - 14:05

me pareció bien que por fin la sacaran, aunque fuera a cenar y pues Darius terminó diciéndole que significa affai, creo que eso la tomo por sorpresa ahora sabe que es enserio, gracias yiany


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por Veritoj.vacio el Mar 27 Mar - 22:20

De repente se me hizo que se puso lento tood, empezó muy rapido y luego se detuvo.


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por berny_girl el Miér 28 Mar - 0:03

Capitulo 8
Para mi gusto un capitulo de relleno, que no aclara nada de lo que ya sabemos... sabemos cual es el poder de Samantha, puede que para ser un affai debe tener un poder??
Sigo esperando que llegue un capitulo que aclare algo o todo...
Capitulo 9
Samanthapor fin logro que le explicaran que es affai, aunque si reacción no me quedo muy clara... era buena o mala??

Estoy totalmente de acuerdo con @Veritoj.vacio, como que estos últimos capítulos son mas y mas relleno.


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por Emotica G. W el Miér 28 Mar - 0:38

Cap 7:
Bueno bueno bueno...
Darius el duro se esta ablandando poco a poco... y todo gracias a Samantha
Como es eso de que ella maneja su fuego??? es el requisito para ser su affai???
Ese estupido Josh the ass! ¬¬



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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por Emotica G. W el Miér 28 Mar - 0:53

Cap 8:
Sinceramente no entiendo como Darius esta tratando de impresionar a Samantha... No entendi mucho la explicacion de Cadmus sobre eso
Y Samantha deberia confiar mas en Cadmus sobre sus visiones, tal vez podria aprender de el



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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por Emotica G. W el Miér 28 Mar - 1:07

Cap 9:
Bueno ahora que Sam por fin sabe que es affai como se lo tomo???
Porque desde el pov de Darius tuvimos una revelacion que ya se dejaba suponer, eso de estar enamorado pero seria genial saber los pensamientos de ella al escuchar la explicacion



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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por Celemg el Miér 28 Mar - 2:07

Kapi 6: Ya pensaba yo ke el Cristal del Saber no reakcionaria hasta ke el supiera ke ella le importaba. Fuego azul? Beso fantasmal? Sera ke eso se produjo gracias al enkuentro entre Samantha y Sin Garu?
Kapi 7: Definitivamente el ha kaido en ke la kiere, Samantha aun esta trankila, sabe Dios por ke! Por otro lado kedan muchas kuestiones abiertas, de hecho aun ni sikiera se sabe realmente la historia kon Sin Garu, espero enterarnos de todo antes de ke akabe esta historia...
Kapi 8: Me agrada Cadmus, es muy dulce kuando le explika todo a Samantha. Y es bueno ke Samantha se sienta apoyada respekto a sus visiones.
Kapi 9: Awww el esta enamorado, y el signifikado de affai me sono muy bonito, aunke kreo ke ella deberia bajar un pokin la guardia y darle chance...


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Re: Lectura Marzo 2018

Mensaje por carolbarr el Miér 28 Mar - 8:04

Gracias! 
Ya. Falta poco, ya sabe que es Affai y ahora? 
Para ser una mujer tan centrada e independiente acepto muy bien y rápido la reclusión en la casa, una semana sin salir! Me vuelvo loca!
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Re: Lectura Marzo 2018

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